Capítulo 4

Ian

Ella era una persona fría, distante. Se alejaba de todos, y de sí misma. Supongo que exigí demasiado de ella...
Se hacía la dura, creía que podía con todo y con todos, pero ni siquiera podía mantenerse en pie. 

Era frágil. 

Ahora comprendo que no puedes pedirle a una persona que no se quiere que te quiera a ti como tu lo haces por ella...

Cualquiera que la viese diría que era una chica complicada, pero yo la conocía y sabia como tratarla en cada momento.

Cuando nos conocimos ella no quería saber nada sobre mí, tenía un carácter fuerte ¡Vaya si lo tenia! De alguna manera ella me atrajo sin que me diera cuenta, y poco a poco, me dejó ver que se escondía tras esa barrera de indiferencia. 

Cuando la miraba ella me fascinaba, me parecía realmente fuerte y decidida. Alguien especial y diferente a todas las demás. Más tarde me dí cuenta de que ella sufría, no era feliz consigo misma y tampoco aceptaba al mundo tal y como era. 

El hecho de convertirme en el único al que le abría sus puertas me encantaba. Me hacía sentir especial, útil. 

Ella me hizo creer que me necesitaba, decía que me quería pero ahora sé muy bien que mentía. Y yo, como un tonto, me enamoraba cada día más de ella.

—Buenos días mi amor. ¿Has dormido bien? 

Una rubia imponente apareció apoyada en el marco de la puerta semi-desnuda.

Ya llevaba un mes despertándome sin recordar con claridad que es lo que la noche anterior había pasado, pero podía hacerme una idea de lo ocurrido.

 Realmente no me importaba que esas chicas fueran usadas como trapos para olvidarme de la única a la que quise, seguramente si mi madre me hubiese visto por aquel entonces me hubiese dicho que debía tratar a las chicas con más respeto ya que ellas también eran la hijas de alguien. Pero realmente a mi no me importaba nada de eso. ¡Que les den a sus padres! ¿Que coño? ¿Porque estoy pensando en los sentimientos de unos padres preocupados por una tía de la que ni su nombre recuerdo? Estaba buena, y ella parecía muy contenta, no me acordaba de que es lo que le había hecho sentir aquella noche, pero podría repetirlo y refrescar la memoria de ambos. 

Hemos pasado la noche juntos y ya cree que podría ser su caballero andante, pero, no es mi culpa, yo nunca dije que quería algo más que sexo, de la parte de inventar romances de la nada ya se encargaban ellas solitas. ¿Enserio creía que podía encontrar a su media naranja en una discoteca un sábado por la noche? ¡Por favor! Esa historia ya la había vivido mucha veces desde que Char... mejor no recordarlo. 

Aquella tarde  que tanto trataba de eliminar de mis recuerdos la dejé y fui directo a la discoteca dónde mis amigos y yo solíamos ir antes de distanciarnos, al parecer sus estúpidas novias les ocupaban demasiado tiempo. 

Supongo que iba a ese local porque me traía recuerdos de cuando no me preocupaba por nada y empezaba a vivir. Me sentía extraño cuando entraba en otras discotecas.  Me acuerdo cuando todos nosotros tratábamos de ligar con chicas  mucho mayores con cutres piropos sacados de Internet, por supuesto, nos mandaban a paseo. Éramos unos críos largiruchos con acné que ni siquiera sabían como comportarse delante del sexo opuesto.

 Pero ya era un hombre, y bastante atractivo a decir, conseguir lo que quería de una chica era bastante fácil.  Y desde luego la que tenía enfrente mía era una muy buena candidata para proporcionarme el placer que necesitaba. 

No me acordaba de que es lo que aquella extraña me había preguntado, aguardaba con una sonrisa mi respuesta y yo decidí silenciar su voz de pito y sus tontas palabras. 

Me deshice de las mantas que me cubrían perezosamente y me acerqué a ella lentamente.

 La chica era seductora, y ella parecía ser consciente de ello. Tenía la larga melena rubia cayéndole sobre los hombros como si fuera una cascada dorada.

 Como ella antes de estropearla con un tinte.

 Pero el parecido entre Charlotte y la desconocida acababa ahí. Charlotte tenía los ojos grandes de un color verde intenso, muchas veces me perdía en ellos, como si ellos me contaran una historia trataba de interpretar su mirada. Casi siempre parecían cansados, y tristes pero a mi me gustaban, me encantaban. 

Yo era el único que hacía que brillaran con cada sonrisa que le sacaba. Y me gustaba darle momentos de felicidad. 

En cambio, la chica que estaba en frente mía, poseía unos ojos con forma almendrada y de color miel, me miraba con deseo y no con amor. Como si se hubiese estudiado cada movimiento cuidadosamente la chica se movía. Supongo que eso era lo que mejor se le daba, se sentía orgullosa de su gran éxito con el sexo masculino y eso le otorgaba seguridad. 

"Pobre chica, es lo único que tiene." pensé

Aunque Charlotte en ocasiones me trataba mal, o se enfadaba por nimiedades me hacía sentir especial. 

Yo adoraba cada curva de su cuerpo, cada imperfección que ella odiaba, cada cicatriz y macha. Amaba todo lo que la formaba, y me daba igual tener a una modelo a su lado, como aquella chica que esperaba que la tocara y le arrebatara lo poco que le cubría el cuerpo, yo siempre la escogía a ella, pero un día, ella no me escogió a mi.

Coloqué un mechón de la melena de la desconocida detrás de la oreja y me dijo algo que no alcancé a oír. Le sonreí como si la hubiese escuchado y la besé apasionadamente sin permitirle pronunciar ni una sola palabra más. 

Ella puso un mano alrededor de mi cuello y, cuando me di cuenta, ambos estábamos en la cama con las sabanas revueltas. La desconocida estaba sobre mí buscando con la mano mi miembro mientras me besaba desesperadamente.

Desabroché su sujetador ágilmente y la chica se incorporó para colocarme el preservativo. Ella se dispuso a ponerse encima de mí pero yo no tenía ganas de mirar a aquella rubia a la cara, nunca lo hacía así, además, no quería hacer el amor con aquella extraña.  

—No—la detuve tomando su mano con fuerza.

 Ella se mostró preocupada temiendo que algo de lo que ella había hecho estaba mal. 

Clavé mi fría mirada sobre la suya y ella se estremeció. Me daban igual sus sentimientos, un objeto no tiene sentimientos.

En cuanto la puse en otra postura diferente su expresión cambió y volvió a recuperar la confianza. La agarré del pelo y me olvidé de todo mientras su boca se esforzaba en complacerme y hacía todo el trabajo por mi. 

Y entonces ya no había nada. 

 Solo sexo.



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