Capítulo 39
Ella
Harley se lanzó contra Ian y yo no pude evitar sonreír.
Cuando ella posó sus ojos claros sobre los míos un chispazo recorrió mi columna vertebral. Mi familia, mis amigos, mi... vida ¿Como podía haberlo olvidado todo? Harley se aferraba con ambas manos al cuello de Ian mientras este la sujetaba y susurraba algo a su oreja, sus ojos seguían encima de mí examinando cada reacción. Comencé a recordar todo lo que había dejado atrás y la añoranza se abrió paso a zarpazos hasta que me soprendí deseando volver a casa.
Una luz cálida me envolvió invitándome a avanzar hacia a ella, me giré de nuevo hacia Harley que sonrió y indicó que me marchara. Yo, sin embargo, quería despedirme de Ian pero la luz se hacía cada vez más intensa y me arrastraba con ella.
Caminé por aquel túnel hasta llegar a un espejo que mostraba mi cuarto. Toqué la superficie del cristal y, como el agua, comenzó a dibujar ondas enturbiando la imagen. Lo miré curiosa y me pregunté si realmente quería volver a casa ¿Realmente quería separarme de Ian?
Miré atrás.
A lo lejos lo vi. Se preguntaba dónde demonios me había metido. No me veía, pero yo a él sí. Observé como sus labios comenzaban a formar una fina línea y sus ojos escrutantes me buscaban por todas partes en vano.
—Lo siento, Ian—susurré.
Una lágrima se deslizó por mi mejilla.
No sabía cuando lo volvería a tocar, ni siquiera sabía si lo volvería a ver a mi lado, pero no podía dejar tantas cosas atrás. No podía abandonar mi vida.
Giré de nuevo y me limpié las lágrimas. Respiré hondo y atravesé el espejo, estaba de vuelta a mi cuarto y el cristal ya solo mostraba mi reflejo.
Suspiré.
De pronto mi móvil comenzó a vibrar en mi bolsillo. Observé la pantalla y vi todos los mensajes y llamadas acumuladas durante los dos últimos meses. Al parecer mi móvil solo funcionaba en mi mundo. Había recibido cuarenta y tres llamadas perdidas y más de un centenar de mensajes. La gran mayoría eran de Abbie y de mi madre pero Zack y Sean también habían mandado unos cuantos.
Leí unos pocos y los borré.
Por alguna extraña razón había perdido la noción del tiempo al estar allí, por no hablar de mi repentina perdida de memoria.
Había pasado dos meses junto a Ian, dos maravillosos meses...
Pero el sueño había terminado y ya estaba de vuelta a mi vida sin Ian. Me deshice de todos esos pensamientos y me dije que si había conseguido verle una primera vez debería poder verlo una segunda.
Una llave se introdujo en la cerradura de la puerta, giró y se abrió.
Alcé la mirada y observé a una Abbie sorprendida.
Pensaba que al volver me encontraría con un mundo completamente distinto, pero no. Todo seguía igual, ella seguía vistiendo con prendas coloridas y llevando el pelo corto recogido en una coleta. La única que había cambiado era yo.
—Yo...—Ella soltó las bolsas que llevaba y antes de que pudiera hablar me abrazó. Se apartó de mí y me miró a los ojos llorando, acto seguido me propinó una fuerte bofetada que dejó mi mejilla palpitando. Me llevé una mano al lugar dónde me había pegado y posé mis ojos desconcertados sobre los suyos enfurecidos.
—Eres una egoísta de mierda. ¡Dos meses y ni una maldita llamada!—gritó ella.
—Abbie, lo siento. Yo... es muy difícil de explicar—Ella apretó los dientes y yo esperé una segunda bofetada. Sin embargo se quedó mirándome rabiosa sin decir palabra—Soy una amiga de mierda y sé que debería haber llamado pero... no pude hacerlo, es muy complicado Abbie. Confía en mí ¿Vale?—Ella me observó aún enfadada y suspiró. Los enfados de Abbie nunca duraban demasiado, independientemente de lo grave que fuera la causa.
—Llama a tu madre, ella es la que más mal lo ha pasado—asentí y marqué el número de mi madre en la pantalla de mi teléfono. Comenzó a sonar y esperé a oír su voz.
—¿Ella?—preguntó con la voz rota de tanto llorar.
—Sí, soy yo mamá. Estoy bien.
—¡Oh dios mío! Ella me tenías muy preocupada—dijo aliviada mientras comenzaba a llorar al otro lado de la línea.
—Mamá... lo siento, yo... os he dado un buen susto a todos.
—No vuelvas a hacerlo—dijo severa. Ahora que se había repuesto del susto se estaba preparando para darme el sermón del siglo—Te creía más responsable. ¿Te das cuenta de como lo he pasado?—dijo alzando la voz.
—Mamá...
—Dios Ella... Me temí lo peor... ¿Dónde estás?
—En la universidad—contesté. Ella profirió un largo suspiro y yo cerré los ojos. Las cosas eran mucho más complicadas que cualquier cosa que ellos hubieran imaginado jamás.
—¿Dónde demonios has estado?
—Me... marché a Europa. Conocí a un italiano y nos fugamos juntos, fue una locura...—mentí. Abbie me miró arqueando una ceja, sabía que mentía. Incluso yo sabía lo poco convincente que había sonado, sin embargo mi madre me creyó puesto que confiaba en mí.
—Ella... sé que ya eres una adulta y piensas que ahora que ya eres mayor puedes hacer lo que quieras con tu vida pero soy tu madre y sigo preocupándome por ti.
—Lo sé mamá...—dije con el corazón en un puño.
—Lo importante es que ahora estás bien.
—Sí—dije. Ella suspiró y se hizo el silencio—Bueno, mi pequeña y rebelde niña... —sonreí—tengo que colgar, nos vemos la semana que viene.
—¿La semana que viene?—pregunté. No tenia ni idea de que se refería.
—¿No lo recuerdas?—se extrañó
—No...
—¡La boda!—exclamó.
Había olvidado que mamá y Trevor se casaban ese mismo mes, estaba tan ensimismada con mis asuntos que lo olvidado por completo.
—Ah si, la boda...—Mi madre estaba muy entusiasmada con la boda y todo lo que ello conllevaba pero yo vivía con los pies en la tierra y, sabiendo lo impulsiva que era mi madre, ya me conocía la historia.
Mi madre se había casado y divorciado de varios hombres en un tiempo récord, dudaba que Trevor fuera esta vez el definitivo. Ella solo se había enamorado de un hombre y ese fue mi padre, el capullo y egoísta de mi padre.
Sabía que estos últimos años ella había intentado llenar el vacío que Elliot había dejado con otros hombres, pero, al cabo de unos pocos meses de romanticismo Mara discutía con su nuevo marido y acababa por poner fin a aquel matrimonio.
Yo miraba con recelo a cada hombre que entraba por la puerta y decía ser mi padre, en cambio Owen se encariñaba de ellos y acababa llorando cuando su nuevo "padre" se marchaba sin despedirse.
Con el paso del tiempo aprendí que los hombres eran veneno y que el amor jamás dura para siempre, pero Owen jamás lo entendió y siguió tropezando con la misma piedra una y otra vez.
Recuerdo que por aquel entonces yo lo único que quería era que ella dejará de buscar el amor en otro hombre ¿Acaso nosotros no le proporcionábamos todo lo que necesitaba? Pero, irónicamente, seguí sus mismos pasos y quebranté mis propias leyes haciendo caso omiso de mis principios. Me enamoré de Dean.
Su traición fue la gota que colmó el vaso y eso no hizo más que reforzar la opinión negativa que tenía sobre los hombres y comencé a creer que el amor solo era un mito.
Pero luego lo conocí. Sus cabellos rubios ondeando al viento y sus labios curvándose en una sonrisa siempre estaban presentes en mi cabeza. Sin darme cuenta volví a caer en la misma trampa.
Él era el único que conseguía hacerme creer que todo estaba bien.
Pensé que dejarme llevar en mi propio sueño estaba bien pero... ¿quién diría que acabaría encontrando al amor de mi vida en un sueño?
Supongo que todos conocemos a una persona que nos rompe los esquemas, alguien que es capaz de salvarte.
Cuando los sentimientos por él se hicieron más intensos comencé a temer. Sufrir de nuevo no estaba dentro de mis planes, pero, una de las muchas cosas que me enseñó Ian, fue a no tener miedo.
Ambos sabemos que el amor solo acaba de una manera: dolor.
Ya sea porque alguien te abandone o no corresponda tus sentimientos de la misma forma, ya sea por traición o por otras causas más complicadas...
El amor siempre acaba así, nada es para siempre.
Pero, a pesar de que él estaba igual de roto que yo, decidió intentarlo de nuevo.
Tal vez por eso el destino nos juntó, nos necesitábamos.
Él me quitó el miedo.
Él me enseñó a amar.
No me arrepentía de nada, por una vez en mi vida sentía que otorgale el poder a Ian de romper mi corazón no me hacía más débil, sino más humana.
Ya no culpaba a mi madre por intentar encontrar de nuevo el amor.
Ella había sufrido tanto o más que yo, se había levantado miles de veces de cada decepción para intentarlo de nuevo.
Mara había elegido vivir y ella era la que escogía quién destrozaba su corazón.
Muchas personas pensaban que Ella Connors era valiente, que era un ejemplo a seguir. Incluso yo lo creía...
Pensaba que mi madre era débil por no saber ponerle freno a todo ese torrente de sentimientos que dejaba aflorar al exterior cada vez que conocía a un hombre maravilloso.
Pero, en realidad, mi madre era la valiente y yo la cobarde.
—¿Ocurre algo? No se te ve muy animada—preguntó ella sacándome de mi ensoñación.
—Estoy cansada, eso es todo. El viaje ha sido largo...—mentí.
—Ya sabes que me lo puedes contar todo, Ella—dijo. "No, todo no." pensé.
—Estarás preciosa y todo será genial
—Gracias Ella, pensé que esto no te hacia gracia—dijo contenta. Yo me giré hacia Abbie que entrecerraba los ojos y había escuchado toda la conversación sin creer una sola mentira que mis labios pronunciaban.
—Todo lo que a ti te haga feliz...
Poco después mi madre se despidió de mí y colgó la llamada. Yo guardé el móvil en mi bolsillo y proferí un largo suspiro. Odiaba mentir a mi madre.
Los ojos de Abbie me examinaban esperando una respuesta.
—¿Hasta cuando vas a estar mirándome así?—dije molesta.
—No puedo creer que tu madre se lo haya creído.
—Bueno. Ella está demasiado ocupada como para fijarse en eso...—Ella cruzó los brazos y se sentó en la cama.
—A mi no tienes por que ocultarme nada—dijo muy seria.
—Abbie...
—¡Te lo he contado todo!—dijo ella comenzando a enfadarse.
—No es tan...
—¿Sencillo?—rió—¡Tampoco fue sencillo enterarme que la loca de Cassie asesinó a mi mejor amiga!
—No lo compares con eso.
—Cierto. No puedo equiparar eso a tus tonterías—respondió—¡Soy Ella y me encanta hacerme la víctima, mis problemas son más importantes que los tuyos y me encanta mandar a la mierda a mis amigos!—se burló.
—¿Quieres saber lo que pasa?—dije elevando el tono de voz.
—Si—gritó ella.
—¡Vale!—respondí. Aquello se había convertido en una competición de a ver quién grita más alto.
Me dirigí a mi cama y abrí el cajón. Extraje la flor que jamás se marchitaba y se la mostré.
—¿Recuerdas el chico del que te hable?—pregunté. Ella observó la flor desconcertada y volvió a posar sus ojos sobre los míos.
—¿Cuál? ¿El que veías en tus sueños?—asentí.
—Lo que voy a contarte es de locos, no espero que me creas, pero...—respiré hondo y ella aguardó a que comenzara a explicarle todo. "Vamos allá"—Se llama Ian, y aunque parezca increíble existe. He estado todo este tiempo con él.
—Pero e-eso es imposible...—dijo incrédula.
—Lo sé, sé que es imposible pero ha sucedido—Yo tampoco lo creería—Él vive en un universo idéntico al nuestro. Vive en la misma ciudad que nosotras, respira el mismo aire y está estudiando como nosotras.—Ella frunció el ceño y se miró las botas tratando de asimilar toda la información.
—Es como un universo paralelo que por alguna razón tu has conseguido visitar ¿No?
—Algo así.—dije sonriendo. Nunca creí lo que las películas Disney decían sobre el amor, todo eso de que es lo más fuerte del mundo, pero ahora las cosas habían cambiado y me sentía de nuevo como una niña ilusionada.
—Esa flor nunca se marchita—dijo ella—Te pasas horas y horas observándola—confesó ella. Yo la miré. Era cierto, todas las noches acariciaba sus pétalos y la colocaba a mi lado.
—Se supone que estás dormida...
—Ya—respondió divertida. Yo sonreí—Te la ha regalado él ¿verdad?
Asentí.
—No me preguntes por qué no se marchita, la verdad es que no tengo ni idea.
—Tal vez va ligada al amor que sentís el uno por el otro—dijo Abbie—, no se marchita por que vuestro amor tampoco lo ha hecho.
—Puede que sea así
Observé la flor, seguía tan bella como el primer día, incluso me atrevía a decir que con el paso del tiempo se volvía más hermosa. Sonreí.
—Entonces me crees—dije en voz baja. Abbie sonrió y se levantó.
—Aunque sea lo más extraño que he oído, sí, te creo—respondió.
—Bienvenida al club de locas—ambas reímos.
Abbie me puso al día. Me contó que Zack se había reconciliado con sus padres después de enseñar la grabación a sus padres. Me explicó que ahora ella estaba ingresada en un hospital psiquiátrico puesto que era una sociopata.
—Tengo que ir a verla—dije.
—¿A Cassie?¡¡Estás loca!!—respondió Abbie mientras me trenzaba el cabello.
—Necesito saber por qué—confesé.
—¿Por qué? Está loooca—respondió.
—Aun así... necesito una explicación, dejarlo todo resuelto. No espero que me entiendas—zanjé.
—Nunca te entenderé Ella.
—¿Vendrás a la boda de mi madre?—pregunté.
—Ella mismo me mandó una invitación.
—¿Y Zack?—pregunté.
—También.
Suspiré.
—Tu vas con Kyle, Zack con Robert... y yo... sola—dije.
—Pídele a Sean que te acompañe—dijo. Yo me mordí el labio. No podía hacerle eso.
—Yo no puedo hacerle eso...
—¿Por qué no? Sois amigos ¿no?—asentí con la cabeza y ella ató mi cabello con una coleta.
—Pues ya está, no le haces daño a nadie.
—Pero...
—No le haces daño a nadie—repitió ella. Tenía razón, ahora solo eramos amigos. Iríamos como amigos y no pasaría nada. ¿Verdad?—Esta vez me ha quedado genial, un poco deshecha por este lado pero... Mírate mejor.
Me levanté del suelo y observé mi imagen en el espejo. Era la primera vez que le salía bien una trenza de espiga. La deshice un poco con los dedos.
No iba a darle más vueltas al asunto, le pediría a Sean que me acompañara a la boda.
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