Capítulo 23
Ella
Encendí un cigarrillo, lo puse entre mis labios y cerré los ojos aliviada. Mientras el humo calaba en mis pulmones y mi mirada se perdía entre el gentío de las calles trataba de comprender todo lo que estaba pasando a mi alrededor. "El mundo gira demasiado deprisa y yo no soy capaz de seguirle el ritmo." No pude reprimir una risa irónica. Todo parecía estar patas arriba. Nerviosa, dí una calada aún más profunda que la anterior y expulsé el humo al exterior, sintiéndome mucho más liberada y tranquila. Me apoyé en la barandilla del balcón y dí unos suaves golpecitos al cigarro viendo como las colillas volaban libres sin rumbo, creo que eso me pareció lo más hermoso que había visto en mucho tiempo. "Llevadme con vosotras" Supliqué en mi interior. Tal vez, solo tal vez, si lo hubiese dicho en voz alta podría haberse cumplido mi deseo, pero ese era exactamente mi problema, tenía demasiado miedo a hablar, tenía demasiado miedo a que las cosas fueran a peor y que la vida me pusiera las cosas más difíciles.
-¿Desde cuando fumas?- Dijo una voz masculina a mi espalda, yo sonreí y aplasté el cigarrillo contra la barandilla.
-¿Desde cuando tienes llaves para entrar en mi cuarto?- Dije dándome la vuelta.
Zack me miraba indiferente, sus ojos, que parecían pozos negros, me observaban desde una distancia prudencial. Cruzó lo brazos y entrecerró los ojos.
-Evito, que te metas en problemas.- Dijo calmado como si fuera lo más obvio del mundo.
-Soy mayorcita, creo que podré cuidarme sola.
Cerré la ventana y lo miré fijamente sin entender a que venía todo aquello. Ahora que ya no vivía con él no tenía por qué preocuparse de mí, ya no era un estorbo en su vida, por tanto, podía ignorarme como antes hacía.
-No, no sabes. Llevas tan solo dos semestres aquí y lo único que has hecho es en meterte en líos, eres la persona más impulsiva, cabezota y irresponsable que he conocido después de Abbie.
El joven extraño de cabellos negros y alborotado se apoyó en la pared conservando su habitual aspecto desenfadado. Yo respondí ante su comentario apretando los puños con fuerza y lo miré encolerizada. ¿Por qué no se metía en sus propios asuntos y me dejaba en paz?
-¿Por qué finges preocuparte por mí?-
Cogí el paquete y me dispuse a encender otro cigarrillo, comenzaba a alterarme. Él, me arrebató la caja sin previo aviso y observó como mi ira salía al exterior en forma de gritos y insultos.-¿Pero tú quién cojones te crees que eres?- parecía estar sufriendo una rabieta propia de una niña inmadura y malcriada pero en aquellos momentos me daba exactamente igual lo que pudiera pensar de mi, tan solo quería mi condenado paquete de vuelta y pasar el día sola sin complicaciones de ningún tipo.
-Créeme, no lo hago por ti.- respondió con frialdad mientras se aseguraba de que el paquete estaba fuera de mi alcance, me dije que ya compraría otro y que aquello no tenía demasiada importancia y conseguí con eso mantener la calma.
Jamás entendería a Zack, un día se comportaba como un amigo y otro como un enemigo, a veces era amable y hasta gracioso, otras era insoportable y mezquino.
-¿Qué quieres?-dije yendo al grano para deshacerme de él cuanto antes.
Quería estar sola y tener un momento solo par mí, necesitaba ordenar todo lo que me había pasado hasta ahora y olvidarme de los demás por un momento, necesitaba sentarme conmigo misma y tratar de entenderme. Pero Zack estaba ahí para impedírmelo.
-¿Por qué te has ido?- Preguntó el joven de cabellos negros completamente serio.
Mis ojos se desorbitaron y lo miré sin creer lo que oía. ¿Me echaba de menos? ¿De verás estaba oyendo bien?
-¿Q-que?- Conseguí decir con voz entrecortada y vacilante.
El joven arrugó la frente y se la frotó aparentemente incómodo. Lo miré esperando una respuesta de su parte y él suspiró comprendiendo que no se escaparía tan fácilmente.
-No me hagas repetírtelo.
Yo crucé los brazos y puse los ojos en blanco ignorando su súplica.
-Dilo.
Una sonrisa bailaba en mi rostro disfrutando de aquella situación. Quería oírlo, aquella era mi pequeña venganza por haberme dado la espalda cuando más necesitaba su apoyo. El puso los ojos en blanco y miró hacia el suelo haciendo un enorme esfuerzo en pronunciar aquellas palabras que tanto deseaba que dijera.
-Sí, Ella. Te echo de menos, echo de menos tener una amiga que me soporte y piense que valgo la pena.-El joven suspiró y yo sonreí triunfante.- ¿Lo has oído bien? Porqué no lo pienso repetir otra vez.
Me lancé contra él y lo abracé emocionada, sabía lo que le costaba a Zack mostrar sus sentimientos y por un momento mi día pareció iluminarse.
- Estás invadiendo mi espacio, me encantaría que te alejaras.-Hice caso omiso de sus palabras.
-¡Callate!- Exclamé aún apretándome más contra él.
Zack se mantuvo rígido sin decir nada y su respiración comenzó a agitarse mostrando que no le gustaba nada que lo tocara, no me importaba que se sintiera incómodo ya que yo estaba feliz de saber que en cierto modo le importaba y de que no me odiaba como él trataba de hacerme creer. Zack me apartó y me miró muy fijamente a los ojos.
-Ella, enserio me estoy agobiando. Aléjate por favor.- suplicó.
Una gota de sudor recorría su frente, lo vi tan frágil e inestable que decidí apartarme de él tal y como me pedía.
-Yo... Lo siento.
Mis mejillas rojas como un tomate eran la prueba de mi vergüenza creciente. Él dudó por un instante y apoyó con cuidado las manos en en mis hombros, cosa que me hizo de nuevo posar la mirada en la suya. No me encontré con la mirada hostil a la que solía estar acostumbrada, sus ojos desprendían calidez en vez de frialdad y su sonrisa se elevaba formando una sonrisa en vez de una mueca.
-No es tu culpa.- dijo tratando de tranquilizarme.- Simplemente no me gusta dar abrazos.- Zack me mostró su sonrisa más cordial y eso me hizo sentir mucho mejor.
"Me gusta este nuevo tú" Me dije a mi misma, entonces pensé que podía contárselo y no me juzgaría.
-¿Puedo contarte algo?- le pregunté tímidamente a Zack. Él se sentó en la cama junto a mí y asintió.- ¿Me creerías si te dijera que todas las noches sueño con un chico tremendamente guapo del cual creo que me he enamorado?- Él me miró extrañado y entonces sentí que había cometido un gran error al contárselo. "Pues claro que no." Respondí en mi interior sintiéndome tonta y ridícula.
-Te diría que estás loca.- dijo esbozando una sonrisa sin darle demasiada importancia.
Yo sentí una punzada en el corazón, era exactamente la respuesta que esperaba de él. Apreté los puños contra mis muslos y miré la solitaria flor turquesa que estaba en la mesita de noche, sentí que podía creerme si le hablaba de ella.
-¿Ves esa flor?- dije convenciéndome a mi misma de que mi querido Ian era una persona de carne y hueso.
-Sí, nunca he visto una igual.- confesó.
-Y jamás verás una igual.- Sonreí. Una imagen de el misterioso chico de ojos azules y cabellos dorados apareció en mi mente.- Él me la regaló.
-Pero no es posible. ¿Cómo demonios...?- Se pasó los dedos por sus rizos negros sin dar crédito a lo que estaba oyendo.- Simplemente es imposible.
-Sí, se que es difícil de creer, ni yo misma lo creía en un principio. Pero siento que en alguna parte respira y vive como yo, es como si estuviese hecho a medida par mí.-Suspiré apartando la vista de la exótica y bella flor.- Pero no está aquí, parece que cuanto más me intento acercar a él más la vida lo intenta alejar de mí.- Zack me miró pensativo.
-¿Y dices que jamás lo has visto en persona y que tampoco puedes verle en otra parte que no sean tus sueños?
Yo asentí ante su pregunta.
-Exactamente. Y luego le vi reflejado en el agua como si estuviera allí pero no le podía tocar porque realmente no estaba a mi lado ¿Me explico?.- Zack me miró fijamente y frunció el ceño.- No estoy loca.
-¿Me estas diciendo que te has enamorado de un chico de un universos paralelo o algo así al que solo puedes ver en sueños?- Mis ojos se abrieron como platos, jamás había contemplado esa posibilidad. Era la única explicación.
-De otro universo... ¿Cómo no me he dado cuenta antes?- me pregunté sintiéndome completamente tonta e inútil. Zack no se daba cuenta de la importancia de lo que había dicho.
-No lo decía enserio. Esto es ridículo oye, Ella... a lo mejor esa flor es producto de una mutación o yo que sé... simplemente creo que no distingues la realidad de la ficción.
Yo lo miré decepcionada, pensaba que mentía y aquello me dolía. No, él estaba equivocado, estaba segura de ello.
-No me imagino nada.- Le volví a mostrar la flor.- Es real.- Pensé que él me creería, pero me equivoqué y pagué mi imprudente confesión con el arrepentimiento.- Está aquí, tu mismo puedes verla y tocarla. Yo soñé con que él me la entregaba y apareció como por arte de magia en mi mano al despertar.- Lo miré esperanzada esperando que dijera: "Ella, te creo".
- Vale. En caso de que lo fuera y viviera en un extraño universo idéntico al nuestro. ¿Qué harías? ¿No te das cuenta de que de todas formas sería prácticamente imposible?
Mis labios se convirtieron en una fina línea y lo miré con frialdad. Zack no entendía que a su lado nada era imposible.
-Él es real.
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