Capítulo 21
Abbie
Ocurrió hace tan solo dos años. Recuerdo como me sentía por aquel entonces, cuando tan solo era una novata de primer curso y no sabía nada a cerca de la facultad. Eufórica e inmadura, tan solo buscaba diversión y emoción.
Cuando conocí a mi compañera de cuarto, Julie Andrews, me sentí menos sola; ella era una novata también y estaba igual de perdida que yo. Nos hicimos amigas casi al momento de conocernos, ella era responsable y muy amable, era aplicada e inteligente. La típica niña que no rompería un plato, vestía con polos sin una sola arruga y usaba gafas de pasta. Julie era la típica niña de la que cualquier padre estaría orgulloso; en cambio, yo era rebelde, me gustaba quebrantar las normas y pasarlo bien ante todo, era una mala influencia.
Poco tiempo después de instalarme conocí a Felix Van Houten, un drogadicto que vendía todo tipo de drogas ilegales, desde marihuana hasta pastillas, muchas veces ni él sabía lo que vendía. Decidí comprarle y más tarde comenzamos a colocarnos juntos en la caravana dónde el vivía.
Felix tenía tres años más que yo y me encantaba su rollo de tipo duro, supongo que por eso acabamos por enrollarnos varias veces, me atraía lo prohibido. La cuestión es que acabé por enamorarme de él y decidí cocinar para él drogas sintéticas para él ya que era estudiante de química y tenía alguna idea de como debía hacerlo, él se encargaba de venderla y yo de prepararla, más tarde nos repartíamos las ganancias entre los dos. Era un perfecto negocio y nos iba verdaderamente bien, literalmente nos estábamos forrando, comenzamos a hacer planes de futuro y pensamos en irnos a Las Vegas para casarnos allí. Todo estaba perfectamente planeado, tan solo una semana más y seríamos marido y mujer.
Como todos los jueves las fraternidades solían celebrar fiestas, convencí a Julie para que viniera conmigo y, tras mucho insistir decidió acompañarme, ella prefería quedarse en casa tranquilamente y estudiar.
-No va a pasar nada por qué te diviertas una noche.- Le dije, no tenía ni idea.
-No se... tampoco me hace mucha gracia que tu novio ande por ahí, no me da buena espina.- Dudó mi compañera de cuarto.
-Felix es un tío estupendo, no va a hacerte nada.- Exclamé quitando importancia al asunto. Ella finalmente cedió y acepto acompañarme.
Felix estaba allí e iba vendiendo a los jóvenes asistentes que tan solo querían divertirse, nuestros ojos se cruzaron y el me dirigió una sonrisa picante.
-Hola preciosa.- Me saludó como de costumbre. Yo me mordí el labio y lo envolví con los brazos. Julie puso los ojos en blanco y miró hacia otro lado.
-¿La tienes?- Pregunté a Felix.
-Pues claro que la tengo.- Esbozó una sonrisa y aguardé a que me mostrara lo que quería. Mi novio sacó una pequeña bolsita con unas pocas pastillas azules y me la tendió.
-¡Oh dios! ¡Esta preciosidad debe ser la bomba!- Besé la bolsa y miré a Julie quién se encontraba ajena a la conversación.- Julie.- Dije llamando su atención.
-Dime.
-¿Quieres ser tú la primera que pruebe mi nueva creación?- Pregunto contenta, esperando que diga que si.
-¡Ni hablar! ¡A saber que llevará eso!- Dijo alarmada.
-¡Vamos! Ni siquiera te la cobraré por ser mi amiga.- Ella se apartó de mí y negó con la cabeza.- No va a pasarte nada, bueno si, pasarás un rato estupendo.- Le dirigí una mirada cómplice a Felix y él me empujó suavemente del hombro.- ¿No te cansas siempre de mantenerte al margen? Tienes dieciocho años ¡Diviértete joder!- Ella se lo pensó y finalmente tomó la pastilla y la ingirió con su cerveza.- ¡Así me gusta!- Exclamé.
-¿Y esto que se supone que me hará?- Cuestionó ella preocupada, arrepintiéndose de haber cometido un acto tan imprudente.
-Dentro de quince minutos estarás viendo las estrellas.- Aclaró Felix detrás mía mientras pasaba los brazos por mi cuello.- Si no te importa me llevo a Abbie para hacerle ver las estrellas de otra forma.- Yo me puse colorada y Julie me imitó.
-Y-yo estaré por aquí. Pasadlo bien.- Dijo tímidamente.
-¿Seguro que estarás bien?- Pregunté no muy segura.
-Sí, si. Además creo que allí están Mandy y Jason, creo que iré con ellos.- Yo asentí y me fui con Felix a la planta superior, recuerdo que me desnudó y comenzamos a hacerlo pero cuando oímos gritos en la planta de abajo y que la música se había detenido me tensé sobre él y lo detuve.
-Para, ha pasado algo. Deberíamos bajar.- Susurré. Felix me cogió de la cintura evitando que me levantara.
-Venga, seguro que habrá sido alguna tonta que se ha asustado por una rata.- Dijo mordiéndome la oreja sensualmente. Lo aparté y me puse seria.
-No, suéltame. Tengo que saber que es lo que pasa.- Me deshice de sus manos y él gruñó descontento.
-¿Por qué eres tan coñazo?- Cuestionó molesto.
-Podemos continuar luego.- Me coloqué el vestido y él me subió la cremallera a regañadientes. Se puso los pantalones rápidamente y bajamos deprisa las escaleras.
Me quedé paralizada cuando vi a Julie tirada en el suelo con los ojos cerrados y una ambulancia apareciendo por la puerta. Miré a Felix con los ojos desorbitados y me acerqué a mi amiga inconsciente con los ojos empañados y enrojecidos.
-No, no, no. Esto no puede estar pasando.- Murmuré para mi misma acariciando una mejilla.- A las personas buenas no les pasan cosas malas, no puedes irte. ¡No puedes!- Exclamé sollozando.
-Por favor señorita tenemos que llevarnosla.- Dijo una voz a mis espaldas. Una mano trató de apartarme pero yo la aparté bruscamente echando chispas.
-¡No! Ella es mi amiga ¡Dejadme verla, dejadme verla!- Exclamé dando patadas en el aire tratando de que el enfermero me soltara.- ¡No podeis llevarosla! ¡Es mi amiga!
-Escuche y tranquilícese señorita, su amiga se pondrá bien si nos deja ayudarla.- Prometió el enfermero que me sostenía contra mi voluntad.
-Déjenme acompañarla, no puedo dejarla otra vez sola.- El enfermero dudó.- Por favor...- Supliqué.
-De acuerdo, pero no arme un escándalo o si no nos veremos obligados a llamar a la policía.- La pusieron en una camilla y la subieron en la ambulancia, yo me arrodillé a su lado y sostuve su mano conectada por un tubo a una máquina.
-Te vas a poner bien, te vas poner bien, te vas a poner bien...- Repetía incesante, convenciéndome a mi misma de que la mierda que le había dado no la iba matar.
Me quedé toda a noche esperando a que despertara, velando por ella y rezando por que volviera a decirme que Felix era una mala influencia y que merecía algo mejor que él, que volviera a hablarme de todos aquellos libros absurdos que leía y que volviera a sonreír una vez más.
A las cinco de la mañana un pitido me despertó, se le había parado el corazón.
-No, no, no. Debe de ser un error.- Me repetí asustada. Los médicos irrumpieron en la habitación y me indicaron que esperara fuera y por primera vez en mi vida hice caso. Me desplomé en la silla mientras esperaba noticias y me cubrí la cara con las manos dejando que las lágrimas se desbordaran. Si no le hubiera convencido de que se tomara la condenada pastilla no estaría así, todo era mí culpa, yo la había creado y ella había pagado las consecuencias.
-Señorita...- Levanté la cabeza y miré al médico que me miraba.- Julie Andrews ha...
-Ni se le ocurra decirlo.-Espeté apretando los puños, ella pronto estaría en casa escuchando música de los ochenta y sonriendo como siempre solía hacer, no podía aceptar que se hubiera ido. Él me miró impotente y comprendí que no habían podido salvarla.
-No sabemos que es lo que había tomado en aquella fiesta, pero realmente no debió de ser nada bueno.- Yo sabía exactamente lo que llevaba, había creado una bomba de relojería. Yo era la responsable de todo aquello, sin embargo me quedé callada y me limité a mirar las frías baldosas blancas del suelo.- No hemos podido hacer nada.
-Cállese de una vez.- Fue lo único que fui capaz de decir. Me atravesó tal frío que no pude llorar, simplemente me sentía como si me hubiesen estrujado el corazón, como si me hubiese quedado sin fuerzas para llorar. Frío, impotencia, rabia... Todos esos sentimientos se agolpaban en mi frágil corazón al mismo tiempo. Sin embargo, con la mirada perdida, era incapaz de pronunciar palabra, me lamentaba por haber perdido una amiga, una hermana.
Ya no volví a ver a Felix desde la fiesta, al cabo de un mes lo encontraron muerto en su casa por sobredosis. La vida que había imaginado con él, todas las promesas sin cumplir se esfumaron con él. Efímero, inestable, imposible... Así fue nuestro amor.
A los tres días después de la muerte de Julie, se celebró el funeral. Todos los estudiantes asistieron para despedirla, fue horrible. Aquel cementerio estaba lleno de gente que no la conocía, que ni siquiera sabía quien era y sin embargo todos ellos hablaban de lo buena, increíble y especial que había sido para ellos; palabras hipócritas. Aquello no le hubiese gustado, ella hubiese querido que su funeral fuera más intimo, que la enterraran debajo de un árbol y que las flores crecieran sobre el suelo en el que ella estaba enterrada. No era justo que yo estuviera allí observando y ella en aquella fría caja de madera, no era justo que ella no pudiera cumplir su sueño de convertirse en médico, no era justo que yo estuviera viva y ella muerta. Apreté los puños cuando fue mi turno para dar mi discurso de despedida y me acerqué al micrófono vacilante. Me aclaré la voz y comencé a leer el papel que había preparado previamente.
-Todos estamos aquí para despedirnos de Julie Andrews, amiga, hija y...- Miré el papel y observé a los padres de la difunta, merecía algo mejor. Me daban asco todas aquella palabras escritas, rompí el papel y lo lancé al suelo.- No voy a hablar de cómo mis días eran menos horribles estando a su lado ni voy a evocar antiguos momentos del pasado. No, no voy a hacer nada de eso.- Intenté que la voz no se me quebrará y me aferré a la mesa con fuerza, continué el discurso.- Muchos de vosotros dentro de una semana la olvidareis y nadie sabrá quien fue Julie Andrews. El olvido es inevitable pero yo siempre la recordaré. A pesar de que teníamos nuestras diferencias ella me aceptó con todos mis errores, supongo que siempre le tuve un poco de envidia por ser como era. Ella es lo más cercano a la perfección de lo que nunca he estado.- Miré a la madre de Julie que lloraba desconsoladamente, su marido la consolaba mientras me lanzaba una mirada de agradecimiento, apreté la mandíbula evitando derrumbarme.-La vida es injusta y realmente creo que una persona tan noble y pura como ella no merecía morir sin haber cumplido todos sus sueños, no merecía morir de esa manera.- Me limpié una lágrima que descendía por mi mejilla. Miré hacia el cielo y finalicé mi discurso con unas últimas palabras.- Lo siento, Julie. Lo siento por no haber podido cumplir todas aquellas promesas que te hice, por no haber sido la amiga que necesitabas.- Me alejé del micrófono y me acerqué a ella, deposité un pequeño album con todas las fotos que nos habíamos hecho y un disco con todas sus canciones favoritas.- Nos volveremos a ver.- Dije tocando su fría mano carente de pulso.
Me marché del cementerio y me subí a mi bicicleta. Pedaleé hasta la carretera más cercana y me tumbé sobre ella esperando a que un coche pasara y acabara de una vez por todas con mi sufrimiento.
-¿Que estas haciendo ahí?- Dijo una voz masculina al otro lado de la carretera.
-Intento suicidarme. ¿Te importaría dejarme en paz?- Contesté molesta.
-Hace un día demasiado bonito como para suicidarte ¿No te parece?- Dijo con una sonrisa agachándose para verme la cara.
-Para mí es un día horrible.- Contesté indiferente.
-Va venga, deja de hacer el tonto y sal de ahí.
-No.-Repliqué.
-¿Por qué?
-Por que debería ser yo la que estuviera muerta y no ella.
-Sea la persona que hayas perdido apuesto lo que sea a que no querría que sufrieras el mismo destino.- Dijo el apuesto joven preocupado por mi. Me tendió la mano y me ayudó a levantarme. Tenía razón, debía vivir mi vida por ella, sería mejor persona por ella. Miré al desconocido y el me dirigió una sonrisa.- ¿Como te llamas?
-Abbie.- Contesté tímidamente. El recogió su bicicleta del suelo y yo hice lo mismo con la mía.
-Kyle.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top