Capítulo 12
La habitación seguía igual de oscura como la recordaba y él se encontraba a tan solo unos centímetros de mí. Su respiración era lenta y calmada. "Oh cuanto deseo que haya más luz" Pensé para mis adentros. De pronto, la habitación se iluminó y nos miramos sorprendidos. ¿Lo había hecho yo? Sonreí y el extraño me miró desconcertado. ¡Pues claro! Aquel era mi sueño y, por tanto, también mis normas. Deseé estar en un prado y la habitación poco a poco fue desvaneciéndose. Los olores de las flores y la hierba estaba presente en el aire y la brisa era suave y agradable. Todo parecía tan real...
El chico se quedó sorprendido, tanto como yo lo había hecho al encenderse la luz en la estrecha sala.
-¿Lo... has hecho tú?- Su voz era profunda y muy atractiva. Me sentí paralizada, sin nada que poder contestar. Me limité a asentir.- Entonces, yo también podría hacerlo ¿no?
-No, creo que tú no podrías hacerlo.- Le respondí tímidamente tratando de no hacerle sentir mal.
-¿Por qué no?- Ahora que podía observarle a plena luz del día me parecía mucho más hermoso. Era alto y fuerte. Apretó la mandíbula después de pronunciar la pregunta, haciéndola aún más marcada. de lo que ya era. Aquellos profundos ojos azules me escrutaban mientras aguardaban mi respuesta.
-Por qué tú eres producto de mi imaginación y en mi sueño tan solo puedo manejar todo lo que sucede en este pequeño mundo.- Dije tristemente, recordando que pronto me despertaría del sueño llevándoselo con él. El joven me miró aún más extrañado.
-Creo que tratas de confundirme.- Dijo finalmente tras un silencio que me pareció interminable.- Tú no eres real y este es mi sueño, no el tuyo.- El chico mantenía sus ojos en los míos y de alguna forma me sentía reconfortada. Mi mente trataba de jugármela y decidí no hacer caso de lo que el extraño me acababa de decir. El prado se desvaneció y poco a poco un bosque lleno de vegetación y animales apareció ante nuestros ojos. Lo miré asombrada. Aquello no lo había hecho yo. Él se encogió de hombros y me dirigió una sonrisa que le devolví. Me senté en una raíz y él hizo aparecer una roca en frente mía.
-Esto es mucho mejor que la realidad. Puedes ser tu misma. Sin complicaciones, sin presiones. ¿No crees?- Dije mirándole. Recordé que no sabía como llamarle. Seguramente tendría que bautizarle.-¿Como prefieres que te llame Brandon o Justin?
-¿Perdona?- Preguntó divertido. En aquel momento me sentí ridícula.
-Ya sabes, tengo que ponerte un nombre.- Le dije, me parecía lo más obvio del mundo.- Yo creo que tienes cara de Brandon. Si, creo que te llamaré así.
-Mejor si me llamas Ian.- Respondió mientras jugueteaba con una pulsera que llevaba de color marrón reprimiendo una carcajada.
-Ian... eso suena mucho mejor que Brandon. ¿Cómo no se me habrá ocurrido?- Dije pensativa, el chico rió y me pareció la risa mas bonita que jamás había escuchado.- Mi nombre es Ella
-Encantado, Ella.- Se levantó e hizo aparecer una flor preciosa de color turquesa en su mano. Me la ofreció con una sonrisa impecable.
-¿Y esto?- Pregunté tímidamente. Sentía que el corazón se me aceleraba. Tomé la flor y la observé detenidamente.- Jamás he visto una igual.
-Claro, porque no existe. La he creado para ti.- Dijo satisfecho.- Si nos volvemos a ver te crearé jardines enteros con flores como estas.
-¿No es difícil imaginarse algo tan bello?
-No lo sé. Tan solo he pensado en ti cuando la he hecho aparecer.
-No quiero que esto desaparezca. No quiero despertarme en un mundo dónde estoy rodeada de personas y ninguna de ellas parece escucharme. No después de estar aquí.
-Yo tampoco.- Ian se acercó y posó sus labios en mi frente. El beso fue como un aleteo de mariposa cuando levanté la mirada él ya no estaba.
Desperté. Retiré la manta de encima mía y me fijé en que en la mesita de noche descansaba una frágil y bella flor de color azul turquesa. Era el regalo de Ian. La flor que él había creado para mi.
La tomé y olí su perfumen, sonreí. La noche siguiente dormiría y desearía con todas mis fuerzas volver a verle. Ian existía en alguna parte.
Observé como Abbie seguía durmiendo en su cama. Tenía una pierna fuera de la manta y un pequeño charco de saliva asomaba al lado de su boca. Me pregunté en que estaría soñando y deseé que el mío se volviera a repetir.
Me levanté de la cama y me miré en el espejo, en él vi reflejada a una chica que volvía a creer en la magia.
Ian
La había vuelto a ver. Y recordaba su imagen a la perfección. Era preciosa y ahora podía llamarla por su nombre, Ella. Si tan solo pudiera tocarla y sentirla realmente, tenerla aquí en frente y poder decirle todo lo que quería...
La chica estaba convencida de que era producto de su imaginación y eso en un principio me desconcertó, ya que pensaba que era totalmente al revés. Pero pronto me vi barajando una posibilidad propia de un loco que jamás hubiese creído. Tal vez existía en alguna parte del mundo, tal vez era una persona de carne y hueso que respiraba y sentía como yo lo hacía.
No sabía nada de ella. Y quería descubrirlo todo.
Cada noche antes de dormir pensaría en ella con todas mis fuerzas. Y aquel lugar sería nuestro pequeño mundo creado a medida. Nuestro lugar de ensueño.
Crucé los dedos y deseé no estar equivocado.
Cogí la chaqueta y conecté los auriculares al teléfono. Había una sola persona en el mundo que creería mi historia. Miré el reloj. Marcaba la una del mediodía, justo a tiempo. Salí de mi cuarto y saludé cortésmente a todo aquel estudiante que se cruzaba conmigo en los pasillos de la residencia. La vida ya no era tan triste, una luz de esperanza se había encendido.
Fui corriendo hasta el colegio de Harley. Y la esperé con una sonrisa. Cuando me vio vino como una bala y se lanzo hacia a mi. La cogí y la puse sobre mis hombros.
-¡Ala! ¡Que bien se ve desde aquí!- Exclamó entusiasmada.
-Así puede ver todo el mundo lo guapa que eres.- Le dije contento.
-¿Verdad que si? A mi me parece una excelente idea.- Contestó la niña mientras me alborotaba el pelo.
-¡Granuja!.- Exclamé bajándola de mis hombros. La niña fingió ponerse triste.
-¿Donde vamos a ir hoy?-Preguntó.
-Había pensado en ir a comer a un restaurante ambientado en los cincuenta muy chulo que hay no muy lejos de aquí.
-¡Ala! ¡Que guay!
-Eso sí, tus padres tienen que dar su consentimiento.-Dije.
-No te preocupes por ellos. Mis papis quieren que sea feliz y dicen que les caes bien.- Dijo sonriendo.
-¡Bien, entonces vamos que tengo hambre!
Comimos hamburguesas y patatas fritas. Harley devoraba el plato como si jamás hubiese probado una hamburguesa. Se la veía tremendamente feliz, y eso me hacía a mi también dichoso.
-¡No te quejaras! Te estoy malcriando. Espero que tus padres no me maten por ello.- Dije sonriendo.
-No creo que se enfaden. Ellos són muy buenos siempre conmigo.- Dijo con una sonrisa.
-He conocido a una chica, Harley.- Ella se puso triste.
-¿Eso significa que ya no vamos a volver a vernos?- Dijo triste.
-No, claro que no. Tu siempre serás mi favorita.- Le dije dirigiéndole mi mejor sonrisa.
-¿Y es más guapa que yo?
-Las dos sois preciosas.- Harley se pasó las manos por sus trenzas satisfecha.
-¿Y dónde la has conocido?
-En un sueño.- Respondí seriamente.
-¿Y es una princesa?- Un brillo especial apareció en su mirada.
-Algo parecido.
-Yo también veo a gente en sueños. Mis padres juegan conmigo en ellos y me dicen como tengo que comportarme para ser una señorita y mantener a Dana contenta.- Me extrañé. Algo no me cuadraba.
-¿Dana? ¿Quién es Dana?- Le pregunté a la niña.
-Es mi tía. Vivo en su casa, con la condición de que no la moleste mucho. Ella me compra todo lo que necesito y me deja dormir en un cuarto muy bonito.
-¿Y tus padres?-Temía hacerle demasiadas preguntas.
-Ya te lo he dicho, los veo todas las noches en sueños. A veces cuando pueden me visitan y me traen regalos muy bonitos.
-Me gustaría que algún día me presentaras a tu tía. No creo que le haga mucha gracia que su sobrina ande sola por la ciudad. -Había gato encerrado, y sentía que tenía que cuidar a Harley como a mi hermana.
-No creo que te guste. No es muy agradable. -Mostró descontento ante mi petición.
-Seguro que no es tan mala.
-Te presentaré hoy al monstruo de las uñas rojas entonces.-No pude evitar reirme. La niña estaba muy seria.-No tiene gracia. Yo creo que se las pinta con sangre de niños malos.
-Pues mejor no enfadarla. -Le dije contento.
Harley me llevó hasta su casa. Era una mansión antigua, construída a finales del siglo XVIII. La fachada era majestuosa y parecía que su dueña debía de gastar una fortuna al año en su conservación.
Harley llamó a la puerta, y un mayordomo abrió la puerta. La niña me indicó con la mano que entrara y la seguí.
Era como viajar a otra época. Las lámparas eran espectaculares, las alfombras que recubían los suelos eran preciosas y los cuadros eran obras de arte que cualquier museo desearía poseer.
Harley se detuvo ante una puerta cerrada. Al otro lado se escuchaba una melodía que alguien interpretaba a piano. La niña tocó a la puerta suavemente y la bella música dejo de sonar.
-Pasa.- Dijo una voz suave y carente de emoción. Harley abrió la puerta y pude ver a la dueña de la magestuosa propiedad. Era una mujer de unos cuarenta años delgada y con el pelo rubio recogido en un moño. Llevaba un vestido rojo puesto que combinaba con sus uñas rojas. Llevaba un collar y unos pendientes de perlas. Y a pesar de ser una mujer bastante atractiva parecía fría y distante. -Oh así que tu eres el muchacho del que mi sobrina tanto me ha hablado.- La mujer bajó la tapa del piano con cuidado y se levantó del asiento con elegancia.- Mucho gusto, soy la señora Finch.- Dijo tendiéndome la mano. Sabía cómo tenía que tratar a esa clase de personas. En la facultad tenía que lidiar con personas así, que creen que el valor de las personas se mide por la clase que estas tienen. Tomé su mano y la estreché suavemente.
-Permítame decirle que tiene una casa preciosa. -La mujer sonrió y indicó a Harley que se marchara.
-Te voy a traer un dibujo que te he hecho. -Miré a Harley y se marchó.
-¿Prefiere un té o un café?- Preguntó la señora Finch.
-Un café, gracias.- La anfitriona mandó a un mayordomo a por los cafés. Y cuando ella me lo indicó me senté en un sillón de terciopelo rojo en frente de la tía de Harley.
-Mi sobrina puede ser muy cansina cuando quiere. ¿Sabe?- La mujer suspiró y cruzó las piernas.
-Es una niña encantadora, hace que mis días sean más interesantes.- Dana me miró sin expresión alguna. Me estaba avaluando y me sentía presionado. El mayordomo volvió con las bebidas humeantes y las deposito en la mesita. Tomé mi café y me lo llevé a la boca. Tomé un pequeño sorbo.
-Vaya, es la primera persona que oigo decir lo mismo de ella desde hace mucho. Sus padres, que en paz descansen, también pensaban así.
-No quisiera parecer indiscreto, pero quisiera saber que les pasó.-La mujer tomó la taza y añadió un terrón de azúcar y lo echó en el café.
-Harley tenia cinco años y mi hermana y su marido decidieron viajar a Tailandia por su aniversario de bodas. Durante el viaje de vuelta el avión en el que viajaban se estrelló contra el mar.- Levantó la taza y tomo un pequeño sorbo.- Una tragedia, fué totalmente un tragedia. Yo me ofrecí a cuidar de la niña y desde entonces vive aquí conmigo.- Dijo manteniendo su tono neutro.- Aunque la verdad es que no la soporto cuando se empeña en decir que ha hablado con sus padres o jugado a la rayuela con ellos. Supongo que se aferra a los pocos recuerdos que todavía conserva de ellos.-La señora Finch dejó escapar un suspiro.
-Tal vez si los vea de verdad.- La mujer me miró divertida.
-Tiene unas ideas tronchantes señor...
-Ian, por favor. Llámeme sólo Ian
-Ian, realmente no creerá que los espíritus existen.
-No niego su existencia.- La mujer me observó detenidamente. Me recordaba a una pantera esperando a lanzarse encima de su presa. Aguardando el momento oportuno. Cualquier palabra en el momento mal dicha podía resultar fatal.
-La he llevado a varios psiquiatras y todos coinciden en que mi sobrina padece de esquizofrenia. Pobre criatura, bastante ha tenido que aguantar ya.-En eso coincidíamos. Notaba perfectamente como no le importaba absolutamente nada Harley o lo que le pasara. Sabía que aquella mujer tan sólo la aguantaba por reputación.
Si por ella fuera podría haber muerto con sus padres en el accidente para no hacerse cargo de ella.
Pero realmente no creía que Harley fuera esquizofrénica, supongo que es más fácil creer que padece una enfermedad a que ve a sus padres muertos por las noches. La pequeña apareció con un sobre azul decorado con pegatinas de Mickey Mouse y me lo entregó con una sonrisa radiante.
-No dejes que la bruja lo vea.- Me susurró.
Me levanté del sillón y me despedí de Harley y de su tía.
Al llegar a casa destapé el sobre. Dentro había un dibujo, en él aparecíamos ella y yo agarrados de la mano en una casa y en el cielo sus padres encima de una nube. Había una rata al lado de la casa, debajo de la rata Harley había escrito "Monstruo de las uñas rojas"
En el sobre había una pequeña nota que había escrito la niña con una letra que al principio me costó leer.
"¿Tú me crees verdad?"
Respondí para mí mismo "Sí, te creo"
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top