Capítulo 1

Ella

Dolor... sentirlo nos hace humanos. Quieres echarlo de tu vida, eliminarlo, incluso a veces nos hace volvernos algo que nunca queríamos llegar a ser.

Pero, cuando se trata de una persona a la que quieres no puedes evitarlo, bloquear tus sentimientos ya no es una opción, sino un hecho.

 A veces pienso que debería existir un botón que permitiera escapar de él, como una salida de emergencia que solo usas en caso de incendio. Pero eso sería un engaño, un dulce y hermoso engaño. 

Es triste ver como todo se apaga, como todo se acaba marchitando...

Pero ¿que se puede hacer cuando el daño ya está hecho? 

En ese momento ni siquiera pensé lo que debía hacer, y aunque no tenía ni idea de qué iba pasar después de plantarle cara decidí que quedarme quieta no era una opción viable. 

Si quería ser respetada debía aprender a enfrentarme a mis problemas, aunque eso significara encontrarme cara a cara con mi mayor y temido enemigo, la traición. 

Una lágrima resbaló por mi mejilla reflejando todos aquellos sentimientos que no quería mostrar, al principio me sentí débil por ello pero entonces recordé que todas las heridas escuecen para curarse bien.

Me enjugué las lágrimas y me dirigí a Dean con paso decidido mientras me decía a mi misma: "No estás triste por él sino por el tiempo malgastado, estás enfadada por haber confiado, por haber pensado que él podía ser la excepción..."

No podía dejar que me viese llorar.

 En aquel momento, más que nunca, debía ser la chica fuerte que todos pensaban que era.

Cuando me paré delante de ellos lo único que fui capaz de hacer fue darle un bofetón a aquel miserable que había conseguido arrancarme infinitos suspiros y mantenerme despierta numerosas veces hasta altas horas de la madrugada. 

Ambos nos limitamos a guardar silencio. A pesar de que ninguno de los dos pronunció ni una sola palabra nuestras miradas hablaban por si solas.

Mi mirada cargada de furia y desprecio se fijó en la suya durante unos instantes expresando todo el odio que crecía en mi interior como una pequeña chispa que se extendía hasta crear el mismísimo infierno.

Él me miró asustado. Más que asustado parecía sorprendido. "¿Pensabas que esto te saldría bien?" pensé para mis adentros.

Por un segundo me olvidé de la chica que no entendía lo que acababa de suceder y, en cuanto me percaté de su existencia, descubrí que tenía unas tremendas ganas de arrancarle los ojos, pero, sabía perfectamente que quien tenía la culpa era Dean, ella sólo se había dejado querer.

—¿Quién es ella?—quiso saber la joven morena.

 Todo parecía dar vueltas.

Poco a poco la chica empezó a comprender y sus ojos anteriormente brillantes e ilusionados se sumieron en una sombra de profunda tristeza.

La ira que sentía no me había permitido fijarme en que era una joven muy atractiva, desde luego Dean no tenía mal gusto. Poseía unos cabellos del color del carbón y un flequillo en forma de cortinilla que enmarcaba perfectamente las facciones de su rostro pálido recubierto de pecas.

Era realmente guapa, una chica guapa que se había permitido el lujo de confiar en alguien que no fuera ella. 

Pobre tonta.

Dean nos había engañado a las dos con falsas promesas, y mentiras bonitas. Las dos pensábamos que eramos las únicas, las dos pensábamos que eramos especiales...Pero solo éramos unas tontas avanzando a través de un tablero mientras él lanzaba los dados como si se tratara de un juego antes de decidir su próximo movimiento. 

—Adelante. Díselo.—insté. 

Pasaron varios segundos y él siguió sin contestar, estaba continuamente mirándose las puntas de los pies avergonzado sin decir una sola palabra. "Cobarde"

—Mira,—dije, rompiendo el tenso silencio que se había formado, dirigiéndome a la chica que con ambas manos se cubría el rostro en un inútil esfuerzo de esconder su desdicha—yo estoy igual de sorprendida que tú. No siento tristeza, no pienso en él como en algo maravilloso que he perdido.

"Venga Ella, lo estas haciendo muy bien"

— Estoy enfadada por ser ciega, por haberme dejado engañar con tanta facilidad y haberme hecho falsas ilusiones. Pero, sobretodo, de lo que más me arrepiento, es de haber perdido mi tiempo con alguien que ni siquiera sé si me ha querido.

Por mucho que me doliera mantuve la mirada fría y los sentimientos a raya, me giré hacia Dean apretando la mandíbula y me permití respirar hondo, este tuvo el valor de mirarme de nuevo a la cara y yo le devolví el gesto desafiante. 

Sentía que en cualquier momento me iba a derrumbar, a caer, pero me sentí aliviada al descubrir que seguía en pie, pues si caía esta vez no sabría como volver a levantarme. 

Reuní fuerzas y continué con la máscara puesta.

—Me siento impotente, humillada y muy furiosa.—confesé.

 Noté como mis ojos comenzaban a arder, amenazando con mostrar las lágrimas que mis ojos se esforzaban en contener y mi voz, quebrada, tampoco quería colaborar en mi plan de salir airosa.

Me aclaré la garganta y esta vez soné mucho más hostil de lo que en realidad pretendía.

—Así que sí, Dean. Puedo decir perfectamente que te desprecio con toda mi alma. Deseo que te pudras en algún lugar muy lejos de mí.

La chica tras oír esto se puso a llorar y yo me dí cuenta de que todo lo que había dicho me había cambiado.

Era una mujer libre y mejor, ya no tenía motivos por los que sentirme triste, sin embargo, no era tan fácil pasar página.

Aquel era el primer paso de una nueva y renovada Ella, el primer paso para abandonar la mala costumbre de enamorarse.

 Dean solo había sido otro bonito error más en mi vida y aquel era el momento de poner punto final a aquella historia y comenzar de cero.

—Cariño, no llores. No vale la pena.—dije tendiéndole un pañuelo a la chica que lloraba desconsoladamente—¡Vamos a hincharnos de helado!—exclamé—¿Que te parece si vamos a mi casa? Aún me quedan las tarrinas de helado de frutas de mis antiguas rupturas.—bromeé.

La joven asintió con la cabeza después de haberse sonado la nariz a la vez que me dirigía una sonrisa triste.

Nos alejamos de él mientras yo le dedicaba un gesto obsceno con el dedo.

—Aún no te he preguntado por tu nombre. Yo soy Ella Connors ¿Y tú?—pregunté poniendo una mano sobre su hombro.

 Trataba de reconfortar a la pobre muchacha pero la verdad es que no tenía ni idea de cómo hacerlo, jamás se me dio bien consolar a nadie.

—Yo...Me llamo Megan, Megan Davis— contestó con la aún presente tristeza en el rostro—O-oye.

La miré a los ojos, se le había corrido el rimmel, pero seguía estando guapa aun así. 

Sus ojos azules relampaguearon y yo le dirigí algo parecido a una sonrisa.

—Gracias por todo—dijo finalmente—llevaba un año con él y me ha afectado bastante su traición. ¡Confiaba en él!—exclamó volviendo a echarse a llorar.

La rodeé con los brazos y acaricié su espalda en un intento de hacerla sentir mejor pero, sospeché que aquello no iba a servir de nada.

—No llores, los tíos de hoy en día son todos unos cerdos.—contesté.

Megan levantó la cabeza y se limpió las lágrimas como pudo.

—Pareces tan fuerte y decidida... Me gustaría poder tener la misma capacidad que tú para olvidar.

Megan me miraba con admiración, de todas formas, tampoco era para tanto; solamente había sabido darle lo que se merecía.

Esbocé una sonrisa de medio lado y continuamos caminando la una al lado de la otra.

—Nena, supongo que he aprendido algo después de recibir golpe tras golpe.—comencé.—He pasado por muchísimas relaciones y, por una razón o por otra, ninguna ha acabado bien.—confesé—Al principio cada ruptura era como si cortaran mi corazón por la mitad una y otra vez, lo peor de todo era que, desesperadamente, tenía que recoger yo solita los trozos de lo que quedaba y recomponerlo de la mejor manera posible, pero siempre se perdían algunas piezas. Piezas que nunca pude recuperar.—posé mis ojos sobre los suyos y me debatí entre si aquello que estaba haciendo, el desvelar mis sentimientos, era realmente bueno para mí.—Megan, las personas te hacen cambiar, para bien o para mal.—dije—Un día... te levantas y te miras en el espejo, no sabes quien es esa desconocida que te mira con curiosidad. Parece que te esté evaluando, como si no fueras lo que ella espera ver de ti. En ese momento y solo en ese momento te preguntas... ¿Y si soy yo el problema?—dije mientras sacudía de mi mente los momentos compartidos con un chico ingrato que había desechado todo el amor que le había entregado—¿Sabes? Una parte de mí pide a gritos que la antigua Ella vuelva, odio la persona en la que me he convertido, pero no puedes hacerlo, por qué sabes que esa es la única manera de protegerse del dolor.—suspiré y le dirigí una sonrisa triste— Supongo, que somos tan estúpidos que dejamos que alguien nuevo entre en nuestra vida para destrozarnos de nuevo—concluí con una sonrisa melancólica.

Me consideraba fuerte, pero una parte de mí parecía derrumbarse. Sentí cosas por Dean, no lo niego pero, dejar que esa relación me persiguiera durante meses era lo peor que podía hacer. 

Dicho esto la muchacha volvió a derrumbarse.

—Megan, por favor, no llores más. Nunca sé que hacer cuando veo a alguien llorar.—confesé desesperada.

Ella asintió y se deshizo de las lágrimas. Sonreí.

—¿Sabes? A veces me gusta pensar que las lágrimas de una chica son como pequeños diamantes que reflejan nuestros sentimientos más sinceros. Una lágrima es muy valiosa. ¿Entregarías algo valioso a quien un día te hizo daño?

Realmente no sabía como consolar a la joven. Yo también necesitaba apoyo aunque no estuviera llorando y sin embargo estaba sola, siempre sola.

 Megan dejó de llorar y negó con la cabeza, su mirada triste se transformó en otra llena de valor y fuerza. La mirada de una valiente. Megan es valiente, sé que lo es. Ahora duele. ¡Oh si duele!

Pero después de la tempestad viene la calma.

Nosotras la esperaremos y la recibiremos con los brazos abiertos.

****

Cuando llegamos a mi casa, invité a entrar a Megan.

La chica que había abandonado la casa estando enamorada de un chico al que consideraba perfecto se había desengañado y vuelto más fuerte y segura de sí misma que nunca.

Ningún chico me haría sufrir más, al menos no hasta que estuviese completamente segura.

A partir de aquel momento yo era el detonante y ellos la víctima.

Aquello era un nuevo comienzo...

...un nuevo comienzo y un último final.

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Iré colgando canciones las cuales podréis escuchar antes, durante o después de la lectura del capítulo (si estáis acostumbrados a leer con música como yo os recomiendo que leáis los capítulos mientras escucháis la canción, si no os gusta leer con música o no podéis concentraros os aconsejo escucharla después del capítulo.) Creo que la música nos hace cambiar de estados de humor y creo que poner canciones en cada capítulo es una buena forma de darle más personalidad a la historia y meterse en ella. Espero que os guste <3

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