Capítulo 26: La cúspide de la humanidad
De inmediato los gritos se callaron como si fueran velas apagadas por el viento.
El estadio entero quedó sumido en silencio de sepulcro; Dioses y humanos se miraron unos a otros confundidos, soltando murmuros que apenas existían y fijando su vista en la humana. El único que tuvo la suficiente voz para hablar, aquel pequeño nórdico presentador, preguntó con un tartamudeo.
- ¿Q-Qué... usted dijo... qué?
Cleopatra le miró con fastidio y soltó un suspiro.
- ¿Algún problema? ¿No me oyeron bien, Dioses y humanos? Solo lo diré una vez más - se movió los cabellos de su cabeza con un giro de orgullo, y apretando el cuerno volvió a hablar hacia los palcos de los Dioses principales - Me declaro representante de los Dioses.
- ¿¡¿¡Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé!?!?
Repentinamente el estadio entero soltó un grito al unísono, que aturdió a todos rápidamente por igual.
- ¿¡Queeeeeeé!? ¿¡Qué mierda!? - Osiris se puso de pie lleno de sorpresa, pero más que nada enojo - ¿¡Qué mierda está hablando esa maldita!? ¡¡Debe ser una broma!!
Horus, con los ojos como platos, apenas tenía fuerzas para permanecer sentado en su trono, cosa que se podía ver en la forma en que sostenía su trono.
Los más afectados fueron los humanos espectadores. Ninguno pudo creer esas palabras, aunque las había repetido, y hablaron unos a otros llenos de miedo y confusión.
- ¿¡Qué rayos!?
- Está hablando en broma, ¿no?
- ¿¡No está bromeando!?
- ¡Estoy tan confundida!
- ¡No puede ser!
Los 3 hijos de Cleopatra estaban en silencio y atónitos con esas palabras de su amada madre.
La primera en romper en sus sentimientos fue la joven Selene: sus ojos dejaron soltar ríos de lágrimas, impregnados de confusión, y sus rodillas cedieron ante el invisible crujido se su corazón.
-¿Q-Qué? ¿Qué acaba... De decir... mamá?
Alejandro también se dejó caer, pero para sostener a su hermana. Con incredulidad, el chico comenzó a mover su cabeza de lado a lado.
- Debe ser una broma... Es solo una mala broma.
Cesarión, junto con su padre, miraba la arena. Se llevo una mano a la boca, antes de ir con sus medios hermanos.
- Mamá... ¿Qué haces?
Marco Antonio y Julio César estaban con las bocas abiertas y sin parpadear. Se miraron el uno al otro, con esa misma sorpresa entre ellos, y después volvieron hacia la arena.
- ¿Qué ella... hizo qué?
- ¿Realmente está cambiando de bando?
- Debe ser una broma, ¿verdad?
- La conozco más tiempo que tu - respondió Julio - Y no me parece que haya hablado con su tono juguetón de broma. Está hablando en serio...
- Si, ya lo recordé - comentó Marco - Siempre que habla en serio, usa esa voz y mueve así su cabello. Así cuando peleamos contra Octavio...
- ¿¡Octavio!? ¿¡Lucharon contra Octavio!?
- Bueno... - Marco Antonio levantó sus hombros con inocencia - Te lo dije, ¿no? Te perdiste de muuuuuuuchas cosas...
A pesar de su terrible estado físico, la humana aún podía estar de pie por tanto tiempo. Respiró profundo y volvió a hablar por el Gjallarhorn.
- No sólo seré su representante. De hecho, me declaro a mi misma una Diosa.
- ¿Ahhh?
- Ya lo dije. Ustedes no saben hacer su maldito trabajo, así que cuando terminemos esto cruzaré por su puerta y seré una de ustedes, y ya que estamos en el cielo, o lo que sea, me bautizarán como una Diosa. Conmigo entre ustedes, aprenderán cómo debe tratarse a la humanidad: no cómo la mierda que son ustedes, sino como una hermosa, inteligente, poderosa y fina reina de mi estilo.
Ares estaba muy confundido. Especialmente por la discusión que había tenido con esa pequeña y desaparecida valkiria.
« ¡¿Qué diablos está pasando!? ¿¡Esto... podría ser resultado de quien sea que vaya a traicionarnos a los Dioses!? ¿¡Podría estar planeado o solo ser una desafortunada casualidad!? »
Zeus y Hermes compartían un par de cosas: silencio abrumador y un terrible enojo hacia la humana que se reflejaba en sus miradas.
Atenea estaba sorprendida y callada, pero a diferencia de sus mayores, después un rato soltó una risa risueña y dio un par de palmadas de victoria.
- Amazing! Una humana que se declara Diosa... ¡Esto es un excelente cambio de planes!
Ares se sorprendió bastante por las palabras de su hermana menor.
« ¿¡"Excelente cambio de planes"!? ¿¡Hermana, qué estás...!? »
- No puedes hablar en serio... ¡¿No te enoja esta situación!?
- ¿Y por qué a ti si, Ares onii-chan? - sonrió la Diosa con inocencia - ¿Acaso no ha ocurrido más de una vez, como con Hércules-chan y Buda-chan?
Ares se quedó en silencio un momento antes de querer explicar.
- Pero... ellos son casos distintos... Hércules era un justiciero y mi mejor amigo. Pero... ¡Pero con Buda-!
- Tú ves excepciones extrañas, ¿Pero sabes lo que yo veo? - Atenea escondió su rostro con una de las mangas de su suéter holgado - Lo mejor de la humanidad reclamando la divinidad que merecen. Una oportunidad para todos.
- ¿De qué hablas?
- Déjame explicarte - la Diosa sacó la mano de su manga y comenzó a contar.
- Hércules-chan: el débil humano que entrenó motivado por la noble intención de proteger a los débiles y traer justicia en un mundo de tinieblas; un gran guerrero y justiciero imposible de quebrar. Cuando los Dioses decidieron castigar a la humanidad, demostró su valía al tomar la ambrosía y convertirse en un Dios que destruyó la vanguardia divina.
» Buda-chan: el rey lleno de gloria y riquezas, destinado y preparado a ser un gran gobernante sobre un imperio; sin embargo, cuando obtuvo la iluminación prematuramente se dio cuenta del propósito de su vida y acabó con su destino, creando uno nuevo a pesar de la voluntad de los Dioses; siempre llevando a cabo sus propias decisiones y ayudando a la humanidad de nuestra tiranía.
» Y finalmente Cleopatra-chan: la reina más poderosa en la humanidad. A pesar de que los Dioses ya habían fijado la fecha de caducidad de Egipto, ella usó todos sus métodos y planes posibles para elevar a Egipto a una gloria nunca antes alcanzada, además que enfrentó y casi derrotó a los imperios de esa época. Demostró que una única persona es capaz de tener al mundo en sus manos, y de convertirse en su propia Diosa.
Ares en silencio divagaba en otras cosas, pero trató de ponerle atención.
- Y he aquí... - continuó la menor - La primera humana en enfrentar y sobrevivir a un Primigenio, el único Dios que no dobla la rodilla ante Zeus-sama. Además que la ha matado tantas veces que podría haber ganado más de 10 rondas de Ragnarok.
- Pero... eso es solo gracias a esa armadura que le forjaron los enan-
- Sin ambrosía, sin iluminación, sin arma divina: cualquier humano sin esas cosas no es más que un punto invisible. Aunque... creo que no cambiaré de opinión si Cleopatra hubiera peleado más tarde...
Ares respiró con pesadez antes de volver la mirada a su hermana.
- ¿Entonces... estás de acuerdo con esto? Que esa humana se declare Dios enfrente de todos nosotros...
- ¡Totalmente! - sonrió Atenea - Los 26 Einherjer de esos 2 Ragnarok's tienen y tuvieron esas oportunidades. Pero, solo unos pocos las aceptaron y otros pocos las aceptarán... ¡Además, sería muy divertido tener a Cleopatra de visita en el Olimpo! ¡Tendríamos una alucinante tarde de chicas ♡!
Ares suspiró nuevamente, pero esta vez con decepción y preocupación.
« No puede ser… ¡Realmente eres la traidora de los Dioses, hermana! » Apretó uno de sus puños con el ceño fruncido « No, no me apresuraré aún. Todavía puedo demostrar tu inocencia. »
Lífthrasir tenía los ojos muy abiertos y de vez en cuando temblaba entre los brazos de su tutora.
- ¿Qué... Qué diablos fue eso? - la pequeña volteó a ver a Eva - ¿Qué fue eso, mamá Eva?
Pero ella, en cambio, estaba totalmente estupefacta, con los ojos llenos de preocupación clavados en su hija Cleopatra. Su mente hizo caso omiso a la valkiria y su voz quebrada le dio atención a la egipcia.
- ¿Hija...? ¿Qué... qué estás haciendo...?
En el lado de los Dioses, las opiniones diferían bastante.
Afrodita, en su diván y tomando de un racimo de uvas, no lo mostraba tanto pero estaba sorprendida. Soltó una risa coqueta y se llevó una uva a la boca para después acaricias su mejillas.
- Ara ara~ Una más para mi linda colección...
El Dios gobernante del Svarga tenía todos sus ojos abiertos, y con sus brazos se agarraba del barandal de su palco para evitar caer de su almohada flotante.
- ¿Amor? - Parvati se acercó tímidamente al Dios hindú - ¿Estás bien?
- ¿Señor Shiva? - Kali se acercó por el otro costado - ¿Esto es... real?
- ¡No puede ser posible! - Ganeesha y Durga eran los únicos que actuaban con enojo y rabia - ¡Esa humana... es imposible que haga esto!
- ¡Nos está blasfemando y maldiciendo..!
- ¡Y ahora quiere ser un Dios como si estuviera en su derecho!
Rudra y Lakshmi estaban silenciosos, con la Diosa aferrándose al Dios de las tormentas. Después de un rato, tartamudeo con una voz silenciosa.
- ¿Señor Rudra?... ¿Esa humana podría ser... una Diosa... con una sola orden?...
Rudra no respondió en absoluto, pues la conmoción no le dejó. El que respondió fue nada más que Shiva, quien lanzó un rugido de enfado.
- Anciano... Mas te vale no hacer una tontería con esto...
Los 7 Dioses de la fortuna estaban sorprendidos y atónitos. Únicamente Bishamonten mantenía su figura imponente y autoritaria a pesar de la situación; de hecho, en su mirada hacia Cleopatra no había nada más que "castigo divino".
[Nota de autor: eso dolió :"v]
Dentro del estadio, los Einherjer que veían el combate mostraban distintas emociones. Principalmente enojo.
Hrist saltó de su camilla para caminar a la autorretrato del estadio, pero Sasaki y Nostradamus, el médico y profeta Einherjer del primer Ragnarok, le detuvieron.
- ¡¡Cleopatra...!!
- ¡Señorita! - Sasaki trató de calmarla, sin ningún resultado.
Nostradamus no pudo evitar soltar una risa burlona, típica de él.
- ¡No puedo creer que esa egipcia realmente lo hiciera!
Ese comentario llamó toda la atención de la valkiria y Sasaki, quienes le voltearon a ver.
- Tú... pequeño demonio, ¿¡Lo sabías!? - Hrist 'la que ruge' tomó posesión de ella.
- Más o menos lo esperaba - respondió con tranquilidad - Pero, también creí que sería capaz de tomar otro camino...
Geir fue quien le pegó peor dicha noticia. A su lado, Leonidas apretó los puños con mucha rabia e impotencia, y sus hermanas Skuld y Sigrune estaban atemorizadas a sus costados.
- No puede ser... - comentó Sigrune.
- Ella tiene que estar bromeando... - habló Skuld, con los ojos llenos de enojo, pero más que nada estaba soltando lágrimas.
Lágrimas que reflejaban su gran preocupación por la situación.
- ¡No puede ser cierto que esté... traicionando a la humanidad! ¡Nos está traicionando! - exclamó muy enojado Leonidas, elevando su voz mucho más que antes.
La pequeña no aguantó más. Sus rodillas cedieron y cayó rotundamente al suelo, y rápidamente fue auxiliada por su Einherjer y sus hermanas.
- ¡Geir!
- ¡Hermana!
Entre tanta confusión y sentimientos que estallaban dentro de la pequeña e inestable valkiria, un castigo pocas cosas surgieron.
« No puede ser… ¿Qué... he...? » Sus ojos vieron la figura de su onee-sama y sintió una gran culpa « ¿Qué fue lo que hice?... Tenía razón Hrist... Cometí el… peor error... para la humanidad... »
Brökk y Eitri soltaron sus herramientas, con sus miradas fijas en la pantalla rota que mostraba el combate.
- Demonios...
- Creo que... cometimos un error...
Se miraron el uno al otro.
- Estamos fritos.
- Completamente.
Cleopatra aún de pie, con su orgullo en alto sobre sus heridas, y con la vista arriba de la confusión e ira latente en las gradas. De hecho, le daba igual lo que todos ellos pensaban; solo sus propias conclusiones invadían el espacio de su mente:
« No importa lo que digan esos malditos Dioses y la humanidad… » sonrió de oreja a oreja, orgullosa de sí misma. « Yo misma me hice la Diosa que realmente necesitan... Y esto es lo que merezco. »
...
Año 51 a.C
Tras la muerte de su padre, una joven Cleopatra VII de 18 años, junto con su hermano menor Ptolomeo XIII, se volvieron faraones de Egipto.
Desde el comienzo hubo problemas, y de los grandes: una hambruna en la tierra e inundaciones inusuales del río Nilo. Deudas terribles adquiridas por su padre, una guerra civil en Roma que ponía en duda la ayuda que darían, y poca protección por el cambio de faraón. Todo en los para ella sola.
¿Cómo podría resolver tanto?
En ese entonces, solo había una solución que le daría todas las respuestas: los Dioses.
Todos los días, sin sin falta, la joven asistía al templo de los Dioses, a todos y cada uno de ellos, para dejar ofrendas y una plegaria; a quienes más les rezaba eran a las Diosas Isis y Nut. Sus ofrendas eran variadas, pero siempre ponía todo su empeño por encontrar algo digno para ellos.
- Lo que le dije a mi padre es verdad. Quiero vivir en nombre de la humanidad, pero... - suspiró con nostalgia - Él nunca tomaba en cuenta a los Dioses. Creo que nadie en mi familia lo hizo, y por eso estamos en tantos estragos. Pero... siempre que uno traiga el cambio, todo estará bien.
Tras acomodar sus ofrendas, dobló las rodillas frente a la estatua de Isis, suspirando con un toque coqueto.
- Espero que les caiga bien a los Dioses. Mi familia estuvo en el trono, pero castigados por los Dioses, por lo que siempre vivieron bajo el yugo de otros, sin poder alcanzar su máximo esplendor. Pero yo... - cruzó sus manos sobre su pecho y alzó su vista - Yo quiero esto: quiero cuidar y recuperar la gloria de mi nación, suplir sus necesidades y ser una buena gobernante para ellos. Quiero servir a ellos al servir a ustedes, los Dioses...
Cerró sus ojos con esperanza y procedió a hablar temblorosa.
- Por favor, Dioses, escuchen mi plegaria: concédanme mi deseo. Sé que es egoísta porque les hice un juramento que no cumplí, pero por favor... Realmente quiero cuidar a mi gente. Por favor, se los ruego...
- ¿Qué haces?
La aparición de su hermano-esposo fue una sorpresa para ella, lo que provocó que soltara un grito de susto.
- ¿Eh? ¿Qué haces tu aquí? - preguntó al tiempo que se levantaba de un salto - Se supone que eres el frío y serio chico que se queda en casa.
- ¿De dónde sacaste ese cliché? - Ptolomeo señaló la entrada del templo - Pregunte a tus criados, y me dirigieron hasta aquí.
- Oh, ya veo.
- ¿Y qué hacías? ¿Le rezabas a los Dioses?
- Si, así es... - respondió la dama con orgullo - Es una costumbre que tengo desde que tenía tu edad.
Ptolomeo se quedó serio un largo rato, hasta que soltó una risa sarcástica.
- ¿En serio haces eso? ¿Sabes que ellos jodieron a nuestro padre y ahora nos están jodiendo?
- Por esa razón yo les rezo. Estoy segura que ellos cambiarán nuestra suerte... ¡Y ese día me lo agradecerás!
- Si claro, como no.
Cleopatra se molestó un poco, pero se le ocurrió una idea mejor y, sin pensarlo, pescó a su hermano y lo abrazó con cariño.
- ¡Vamos, hermanito! ¡No seas tan pesado!
Otra cosa a la que esa joven era devota: su familia.
A pesar de que vivió en un sinfín de viajes con toda clase de gente, esa chica desarrolló un gran amor y apego emocional a todos los miembros de su familia, incluso a su hermana Berenice IV que prácticamente nunca conoció.
Para ella no importaba el costo a pagar: si su familia estaba en juego, ella estaba dispuesta a lo que fuera para protegerlos, y estaba dispuesta a lo que fuera para darles lo mejor a ellos.
- ¡Que asco! ¡No te me acerques! - Ptolomeo se removió como lombriz entre los brazos de Cleopatra, pero ella no cedió.
- ¡No te pongas así hermanito! Déjate querer.
- Habíamos acordado nada de eso, así que suéltame.
- Dijimos nada de cosas de matrimonio. Nunca dijimos nada de hermanos.
- ¡Dile eso al abogado!
- ¡Jaja!
Esa se podría describir como la parte más feliz en la vida de Cleopatra. Después, llegaron más problemas.
Unos malentendidos en cuanto a decretos fue la piedra de tropiezo.
Cleopatra firmó unos cuantos decretos a su nombre, dando a entender que negaba a Ptolomeo como corregente. En realidad fue un error estúpido que cometió la mujer, tal vez por prisa o como una broma dada su actitud, pero la reacción externa fue peor.
Rápidamente los consejeros y secretarios de Ptolomeo XIII tomaron este gesto como un acto de maldad; mas acorde con sus palabras, la conclusión era que Cleopatra buscaba tomar el trono y quedárselo para ella sola.
Ptolomeo, que ya de por sí era muy alejado de ella, no tardó en actuar con decisiones apresuradas, a las cuales Cleopatra contestó de forma similar. Un año después, hermano contra hermano disputaban el trono, provocando una guerra interna en Egipto.
Pero, tras un año de guerra, el resultado estaba prácticamente dado: Ptolomeo tenía una gran ventaja sobre su hermana. Ella no pudo hacer nada más que retirarse a Tebas para recuperar refuerzos y después volver a atacar.
Después de un largo y cansado viaje, lo primero que hizo la mujer fue entrar al templo de Zeus. Gracias que sus estudios en el Museion, ella conocía de esos Dioses tanto como de los propios de Egipto.
Entró en el templo, con pasos cansados y enojada, especialmente contra su hermano.
- Mi hermano... me está ganando el trono... ¿Pero por qué?...
Caminó en el recinto hasta llegar a los pies de la estatua de Zeus. Se detuvo para caer de rodillas frente al mismo, y levantó su vista a la estatua.
- ¿Por qué Zeus-sama? ¿¡Por qué!? - Cleopatra se sentía muy impotente - He actuado con rectitud ante los Dioses; siempre he hecho ofrendas para ustedes, les he dado tributos y rezo todos los días. Cumplí mis votos de cuidar a mi gente, he sido una buena joven frente a sus ojos, pero...
Sin evitarlo, comenzó a llorar de impotencia.
- He hecho todo bien... ¿Entonces, por qué? ¿Por qué me quieren quitar el reino? ¡No lo entiendo!
La mujer se quedó dentro un largo, largo tiempo para meditar y sopesar la situación. Después, se levantó en movimientos lentos e inseguros; secó sus lágrimas y caminó hacia el exterior de templo, donde la esperaban un par de criadas.
- ¿Se encuentra bien, Majestad?
- Si. Un poco mejor que antes.
- Venga. El frío empieza a llegar a este lugar.
- Si, es un lugar frío, Majestad.
- Cómo digan...
Cleopatra anduvo con sus criadas; su cuerpo se movía, pero su cabeza estaba llena de esas tristes, solitarias y especialmente culpables palabras.
« ¿Qué he hecho mal?… ¿Por qué los Dioses no me permiten tomar el trono para cumplir mis votos?... ¿Qué hice mal? »
Los Dioses ya habían puesto fecha de caducidad a Egipto. Pronto llegaría su fin y daría inicio a nuevos imperios. Eso no lo sabía Cleopatra, pero incluso si lo hubiera sabido...
No estaba dispuesta a aceptarlo.
...
Las derrotas contra su hermano Ptolomeo no hicieron más que subir. Y hubiera continuado así de no ser por Julio César: gracias a que Julio se convirtió la nueva cabeza de Roma, comenzaría a atar "cabos sueltos" y uno de ellos era la guerra civil de los hermanos.
Hubo tregua por entre ambos mientras llegaban a un acuerdo con Julio César; pero en ese ritmo, como siempre, la mente de la reina Cleopatra estaba todo el tiempo en movimiento. Para esta ocasión, su mayor deseo era tener nuevamente Egipto en sus manos, aún si eso significaba hacerle algún daño a su hermano menor; no lo quería muerto, pero quería que se separara del trono que tanto deseaba.
Eso quería, pero... ¿Cómo podría hacerlo? ¿Cómo podría obtenerlo?
¿Han escuchado esa versión del encuentro entre Cleopatra y Julio César? De hecho hay muchas, pero nos referimos a la de Plutarco: Cleopatra se vistió de forma exótica y hermosa para seducir a Julio, pero para entrar al palacio del romano se tuvo que envolver en una alfombra.
De hecho... esa idea fue una broma hecha por una de sus criadas. Parece que al final resultó mejor de lo que esperaba.
El paquete llegó milagrosamente intacto hasta la alcoba personal de Julio, y segundos después la mujer tomó la orilla de dicha alfombra para abrirla de par en par, como una puerta que se dirigía hacia aquella belleza egipcia.
Julio César sintió una combinación extraña entre sorpresa y deleite.
- ¿Y esto?
- Oh... - Cleopatra se sacudió el pelo de la alfombra que quedó en su ropa, además que se movió un poco el cabello que estaba desordenado - Me quedé dormida en esta alfombra y antes darme cuenta termine aquí.
- ¡Cuanto descuido!
Cleopatra terminó de arreglarse, y poniendo ambas manos en sus caderas se dirigió al romano.
- Supongo que me recuerda. Cleopatra VII, esposa de Ptolomeo XIII y corregente en Egipto. Estuve en la reunión que organizó...
- Por supuesto que la recuerdo... Recuerdo que estuvo divagando, con la cabeza en las nubes. Podría decir que la idea de reconciliarse con su hermano no es de su agrado.
- Nada de eso. Es solo que... soy una mujer ocupada.
Julio César tomó asiento en una silla.
- ¿Le gustaría tomar asiento, Majestad?
- Que considerado de su parte.
Cleopatra sonrió coquetamente; sin embargo, dentro de su cabeza el nerviosismo y su inocencia de su inmadurez explotaban como caldero.
« ¡Vamos, Cleopatra! No te desanimes, y menos ahora… ¿Qué más debo hacer? »
Una idea feroz llegó a su mente, y sin recapacitarla la llevo a cabo. Fue hasta Julio y usó su regazo como asiento, sorprendiendo en gran manera al romano y a ella misma.
« ¡B-Buena idea! E-E-Esto está saliendo bien... »
- ¿No es un tanto atrevida Majestad?
- Directa. Ya sabe, intuición femenina~ - con una de sus manos acarició la mejilla de Julio.
No vale la pena alargar mucho esta historia. Mas bien, se quería que ustedes imaginarán esa curioso relato de Cleopatra dentro de una alfombra :D
La mujer consiguió cautivar a Julio César con su atrevida seducción, y finalmente lo selló con lo que más tarde dar a luz como el primer hijo de Cleopatra: Cesarión, o también llamado Ptolomeo XV.
Se vendió a si misma por primera vez en su vida, cometiendo algo "indigno" ante los ojos de los Dioses, todo por el propósito que tenía que cumplir; su mente estaba convencida de ello, pero sus delicados y aún inmaduros sentimientos nunca pudieron estar menos listos para esas acciones.
« ¡Esto es…! Justamente lo que quería. Pude conseguir recuperar mi reino con usar unas palabras y... esas otras cosas... »
Su orgullo se elevaba, pero algo dentro de ella aún le decía que estaba mal.
« Lo hice yo misma... He recurrido a hacer esto, para tener lo que los Dioses me quieren negar... ¿Está bien que lo haga así? ¿Está bien que tome mis propias decisiones sin considerar a los Dioses? »
Por primera vez en su vida, mientras el placer erótico de aquella noche se imprimía en su memoria, la avaricia apareció en su corazón que fue acompañado de una invisible sonrisa malvada.
« Ya no... Ya no me importa. Si los Dioses no actúan, yo actuaré. Ya no me importa el costo... Yo haré lo que los Dioses no quieren darme... »
Y pareciera que los Dioses, por primera vez, escucharon lo que tenía que decir Cleopatra en el asunto. Mal momento para escuchar sus palabras, ya que fue como una declaración de guerra contra los Dioses.
Con una alianza hecha con Julio, Cleopatra ganó las batallas que le faltaron contra su hermano, y después de su muerte por causas naturales, la egipcia retomó el poder en Egipto, ahora si como única gobernante.
Pero, con la primera vez llegó la tormenta: Dioses y humanos planearon y realizaron la muerte de Julio César, en el año 44 a.C.
Una parte de su corazón se quebró de forma terrible; pero lo demás en ella se quedó intacto. El día de su muerte fue una día en que Cleopatra volvió a usar su cabeza para pensar y pensar en un plan de respaldo.
« ¡Maldita sea Dioses! ¡Apenas les doy la espalda y me comienzan a joder de nuevo! » se pasó una de sus manos sobre su cabellera para acomodarlas y soltó un suspiro « Pero no importa. Ellos han movido su pieza contra mi, pero aún no estoy acabada. »
Respiró con seriedad para después acostarse cómodamente en su diván, de forma que podría pensar acompañada de la suavidad de sus almohadas.
- Mi trabajo y alianza con Julio se ha ido a la basura. Mi asiento en Egipto será afectado por el nuevo gobernador de Roma; incluso Cesarión estará bajo amenaza. Mierda... Los problemas han crecido debe nuevo...
Con delicadeza y como si fuera un puchero, mordió la orilla de una de sus almohadas.
- Creo que deberé recurrir a ese mismo método de antes... Seducir al nuevo gobernante y acostarme con él para asegurarme que no tomará mi trono. Pero... está vez tendrá que ser una alianza más fuerte que perdure hasta mi muerte... ¿Cómo podría?
La puerta de su habitación se abrió repentinamente, y entró por ella el correr rápido de unos pasos pequeños y traviesos, seguidos de pasos grandes y desesperados que perseguían al pequeño.
Cleopatra dirigió su atención a ello ir guiándose en el diván, y pudo ver a una de sus criadas que perseguía a Cesarión de 3 años de edad.
- ¡Majestad! - la sierva tomó la niño en sus brazos e hizo una reverencia respetuosa - Lo siento mucho. Sé que dijo que quería privacidad absoluta, pero su hijo se perdió de mi vista y antes de darme cuenta estaba entrando aquí. No volverá a suceder.
Cleopatra se quedó en silencio un segundo, y cuando la criada de dio la vuelta para salir, la faraona le detuvo.
- Dame a mi hijo, por favor.
- ¡S-Si! Por supuesto Majestad.
La mujer se dio la vuelta de regreso y con un movimiento dejó al niño de 3 años en el regazo de la faraona, quien le sostuvo con sus brazos. El niño sonrió con emoción.
- ¿Mami?
Cleopatra solo le miró en silencio unos segundos, antes de sonreír combinando su felicidad por tener a su hijo y su avaricia por el plan que se le acababa de ocurrir.
- ¿Te gustaría ayudar a tu mamá en el trabajo?
...
El tiempo que siguió fue una búsqueda truncada, al parecer por los mismos Dioses.
Mil y un veces Cleopatra trató de demostrar a Cesarión como heredero de Julio César, pero mil y un veces fue rechazada, burlada y sacada de Roma.
Al mismo tiempo, la mujer se dio cuenta de un posible nuevo candidato para su escalera a la cima: su nombre era Marco Antonio, miembro del Segundo Triunvirato (quienes tomaron el poder en Roma después de la muerte de César). Tanto él como Octavio, otro miembro en el núcleo de poder, fueron buenos allegados a César; y, por si fuera poco, era lindo a sus ojos.
En una reunión llevada a cabo en las afueras de Tarso, los juegos coquetos y seductores de Cleopatra dieron resultado para seducir a Marco Antonio; y a finales del 41 a.C, la mujer de 28 años logró llevar al romano hasta sus aposentos reales en Alejandría, lista para la siguiente parte de su plan.
Marco Antonio se paseaba en la habitación decorosa y lujosa con cierto nerviosismo.
- ¿Entonces, realmente le interesa su posición ante Roma?
- ¿De qué habla? - Cleopatra, sentada en su cama, cruzó su pierna de forma tranquila y seductora, alterando a Marco Antonio más que antes.
- Solamente quiero aclarar nuestras intenciones para este momento.
- Oh si. Mi posición ante Roma es taaaaaaaaaan... interesante... - la mujer soltó un bostezo de aburrimiento al tiempo que se ponía de pie.
La mujer caminó ligeramente, como una gacela, hacia el hombre, tomándolo muy por sorpresa.
- ¡Ah-!
- Creo que está mal. Yo seré quien haga esa pregunta.
- ¿Eh?
- Desde nuestra reunión en Tarso... pude detectar que me mira con esa lascivia y deseo.
- E-Eh...
- Cómo mujer... es lindo un detalle así. Pero ya no lo es si usted no da el siguiente paso... - la mujer acarició la barbilla de Marco - ¿Qué dice? ¿Qué es lo que tiene en mente ahora?
El hombre retrocedió un par de pasos, lleno de nervios por la situación en que le encerraba Cleopatra. Respiró un par de veces para calmarse, y finalmente dio los pasos de regreso hacia Cleopatra, tomando de forma cariñosa las 2 manos de la mujer; ese movimiento de verdad la sorprendió.
- Debo confesar esto, Cleopatra. Lo he guardado por muchos años, pero ya no puedo guardarlo más. Yo... Yo te amo, Cleopatra. Estoy enamorado de ti.
- ... ¿Eh?
Cleopatra quedó en blanco.
No como una joven que lo escuchaba por primera vez en su pubertad; todo lo contrario, pues desde Julio César era muy normal para ella escuchar esas palabras.
Lo que le sorprendió más que nada fue que Marco Antonio, con quien apenas había entablado un par de conversaciones, le diera esa confesión con tanta seriedad y al mismo tiempo tan a la ligera.
El rostro de la mujer sin gloria alguna se llenó de ese color rojo incandescente.
« Este tipo… es un completo loco... ¡No puede ser! » por un pequeño instante, su labio inferior tembló « He estado despertando su deseo lujurioso todo este tiempo... ¿¡Y lo mejor que se le ocurre es esta confesión!? ¡No es como que no pueda enamorarlo, pero... No tiene el menor sentido! »
Marco Antonio vio las expresiones de la mujer y decidió soltar sus manos para dar un par de pasos atrás, mientras agachaba su cabeza un tanto avergonzado.
- Parece que esto es extraño para ti; pero es la verdad. Aunque eras muy joven, desde la primera vez que te vi estuve cautivado por tu belleza y la sonrisa desbordante de soltabas. Pero, ahora que te tengo aquí como una mujer aún más hermosa que antes... Solo puedo sentir como mi amor por ti se ha vuelto mucho más loco.
Cleoaptra se llevó una mano al pecho, mientras seguía pensando.
« ¿Eh? ¿Desde que era muy joven? Solo tengo 28 años ahora mismo… ¿A qué "muy joven" se refiere? Espera... ¿¡En serio me veo vieja!? ¡No, espera un segundo! ¡Antes que eso...! »
En el rostro de Cleopatra se dibujó la duda.
« ¿La primera vez que me vio? ¿Nos conocemos desde antes? »
Marco Antonio levantó la mirada y descubrió la duda en Cleopatra. Sin evitarlo, solo una risa para liberar los nervios que sentía; pero, sus palabras parecían estar listas para esos diálogos siguientes.
- ¿No me recuerdas, verdad?
- No. Para nada.
- Eso fue rápido - Y comenzó a explicar - Creo que esto lo sabes bien: Mientras tu padre estuvo en el exilio pocos años antes de terminar su reinado, yo estuve trabajando con él para regresarlo al trono.
- Creo que si... - suspiró Cleopatra, tratando de hacer memoria.
- Bueno... yo fui el hombre que le entrego las cartas de parte del ejército romano a tu padre. Me trataron como mensajero, pero... después de que te vi la primera vez, aunque eras una niña y yo un adolescente, fue cuando quede mi amor quedó marcado para ti.
La memoria hizo su trabajo y Cleopatra recordó un momento en especial; luego de discutir con su padre, cuando un hombre llegó a darle un mensaje y después de ello la niña rezó y prometió ser sacerdotisa con tal que su padre volviera al trono.
Los ojos de la humana se llenaron de color.
« ¡Es cierto! ¡Ese hombre que habló con mi padre en latín...! Espera, ¿Ese hombre es Marco Antonio? ¿¡Todo este tiempo estuvo frente a mis narices!? »
- Debe ser lo más loco y fuera de lugar que has oído... ¡Yo solo sé que te amo! - Marco Antonio se sorprendió en gran manera de la forma en que habló. - ¡L-Lo siento! Esto está saliendo muy mal. Debo irme-
Marco Antonio se dio la vuelta inmediatamente, y estaba listo para retirarse como soldado que perdió la batalla.
Pero no ocurrió. Al contrario, la humana le tomó del brazo con una sola mano y lo detuvo en seco, para después comenzar arrastrarlo unos pocos centímetros hahacia atrás. Marco Antonio se sorprendió por la gran fuerza que tenía una mujer como Cleopatra, pero ahí no terminó el asunto.
Cuando se dio cuenta, la humana lo había rodeado y ahora estaba frente suyo. La mujer elstabaxtendio una de sus manos, recorrió con sus suaves yemas de los dedos todo el brazo del romano, y finalmente sus dedos llegaron hasta la mano para entrelazar la una con la otra.
« Todo está decidido; siempre tuve lo que necesitaba, y no lo perderé de vista. Es tiempo de tomar el lugar que me corresponde… »
Cleopatra levantó su mirada para chocarla con la de Marco, y sus ojos dibujaron una expresión llena de avaricia, lujuria, pero más que nada maldad.
- Justo cuando necesito a un esposo que me ame, apareces tu. Me siento tan afortunada... bendita sea la Diosa Cleopatra ♡
Ese fue el momento que dio a luz a la nueva Cleopatra.
Como regalo de bodas, todos los candidatos al trono de Egipto fueron eliminados, a excepción de su propio hijo Cesarión. Un año después, ella dio a luz gemelos: Alejandro y Selene, y su segundo nombre de ambos fueron dados por Marco Antonio 3 años después:
Alejandro Helios y Cleopatra Selene; en griego significaban respectivamente, "sol" y "luna". Dichos nombres sellaron el propósito que adquirió la pareja tras conocerse mejor: tener al mundo en sus manos.
Cleopatra era la más interesada en ello, mientras que Antonio simplemente la amo tanto que incluso traicionó Roma para unirse a la causa de su esposa.
Su alianza fue como un muro de hierro incluso para los romanos; el poderío propio de Antonio que contaba muchas provincias y tierras fue dejado para sus hijos gemelos. Cleopatra había sido una mujer que destacó en belleza, inteligencia, y otras habilidades físicas que nunca salieron a la luz hasta que comenzó su nuevo imperio, convirtiéndose rápidamente en una guerrera estratégica muy temible.
Tanto poder comenzaba a reunir la mujer; tanta gloria y majestad para su trono, la restauración de Egipto, la expansión de sus fronteras, y el temor que infundió en Roma, todo eso la bautizó de una nueva forma:
La Diosa Cleopatra. La Diosa egipcia que conquistaría el mundo.
Rápidamente influyó en su propia gente para que todos ellos abandonarán a los Dioses de Egipto y volvieran un culto en honor a ella, lo que subió más y más el orgullo de su alma. Los Dioses la vieron y se llenaron de cólera contra esa insignificante humana.
Usaron a Roma como el medio para destruirla, pero fue inútil; de verdad Cleopatra era como un Dios, y sin mucho esfuerzo ese imperio estaba siendo derrotado. Batalla tras batalla, la humana demostró que ella sola podía construir su nuevo destino; ser la Diosa por la que había luchado, y tal vez algún día sería capaz de alcanzar los cielos y sentarse en la mesa de los Dioses.
La historia dice que Cleopatra perdió sin tener chances, pero la historia casi siempre es escrita quienes no la vivieron. Y quienes la escribieron...
Es muy obvio que fueron muy tontos en equivocarse tanto con Cleopatra, la verdadera y única cúspide de la humanidad. La reina más poderosa, y la Diosa que retumbaría en los Cielos...
...
La mujer seguía de pie con el Gjallarhorn en mano; en sus ojos se dibujaba aquella terrible avaricia y soberbia en contra de los Dioses de las gradas.
En el palco de la Trinidad principal apareció Isis por la puerta, como si hubiera corrido un maratón para llegar hasta ahí. Osiris se sorprendió de inmediato.
- ¿¡Qué mierda es esto!?
- Isis... - Osiris se quedó quieto un segundo, antes hablar y caminar hacia ella con molestia - ¡¡No puede estar pasando!! ¡Es algo.. sin sentido!
- ¿¡Horus!? ¿¡Tienes algo que decir!?
La mujer, llena de confusión y enojo, se acercó a su hijo Horus; sin embargo el Dios egipcio seguía paralizado por el shock. Eso envolvió a Isis en una gran ira; se apoyó en el barandal de su palco y tras enfocar fijamente a Cleopatra con sus ojos iracundos gritó con todas sus fuerzas.
- ¡Hey humana! ¡Tú no eres digna de hacer esa declaración! ¡Retráctate ahora mismo antes de que los Dioses castiguen tu blasfemia!
Cleopatra movió su mirada sin mostrar mucho interés, y entre cerró los ojos un tanto para identificarlos. En cuanto supo que Dioses eran esos, sonrió con emoción y levantó de nuevo el Gjallarhorn.
- Así que ustedes son los Dioses de mi amado Egipto. Y en especial... tu deberías ser la gran Isis, la Diosa de la belleza y no recuerdo que tanto más...
Isis se enojó en gran manera mientras el tono en las palabras de Cleopatra mostraba gran arrogancia.
- Supongo que tu era de gloria ha llegado a su fin, querida.
- ¿¡Ahhh!?
- Ahora que yo, la Diosa Cleopatra, ha llegado al cielo... Ya no te necesitamos. He venido para actualizar tu puesto - le guiño un ojo con una sonrisa coqueta - ¡Muchas gracias por tu cooperación! ¡Ya puedes retirarte~ ♡!
- ¿¡Qué mierdaaaaaaaaa!?
Una aura malvada y llena de poder rodeó a Isis, quien apretó el barandalcon todas sus fuerzas hasta hacerlo pedazos.
- ¡Te arrepentirás, maldita humana! ¡Si pudimos matarte cuando eras un gusano en la tierra, lo podemos hacer de nuevo en este lugar!
- ¡Ohhhh! Así que de verdad fueron ustedes los que destruyeron mi imperio y me quitaron mi trono. - Cleopatra soltó una risa burlona - Tal como lo esperaba: los Dioses son mierda.
- ¿¡¿¡Cómo te atreves!?!? - Osiris fue a la orilla también
- Tanto hablan y halarden de "muerte a la blasfema" y esa mierda. Si tanto me quieren muerta, me habrían matado bien desde esa ocasión. O son tan ingenuos para creer que los perdonaría por lo que me hicieron... O de verdad son muy estúpidos. O... la tercera que es mi favorita: son solo un montón de mierda.
Isis apretó los puños, apuntó de reventar las venas diminutas en su cuerpo. Pero, a la hora de la verdad, sabía que sería muy malo si ella saltaba a la arena, por lo que sin más solo pudo señalarla y comenzar a gritar como loca.
- ¡¡Qué alguien la mate!! ¡¡Matenla!!
- Cómo pensé, ni siquiera se quieren manchar las manos... - levantó el cuerno y dio un cuarto de giro; esta vez para hablar a todos los Dioses - Los reto a que lo intenten. A todos ustedes Dioses, reto a alguno de ustedes que baje de su silla y venga a matarme. Solo les advierto una cosa...
La humana extendió su mano libre hacia el campo de batalla detrás de ella.
- Todo eso lo hice yo. Todos esos cuerpos de "Nut-sama" los mate yo. Con eso en mente... ¿Quién quiere ser el primero en venir contra mi? - soltó una risa burlona antes de concluir con una mirada autoritaria - Antes que uno de ustedes me saque una gota de sangre, yo adornaré mi pared con su cabeza.
Por primera vez, los Dioses se sintieron verdaderamente amenazados por la mujer; era verdad lo que decía, especialmente con todo el baño de sangre que adornaba el campo de batalla frente a sus ojos.
Zeus solo miraba al suelo con enojo el ira; Atenea sonreía acompañada de las mordidas que le daba a su chicle de mascar, al tiempo que se susurraba a si misma una y otra vez.
- Por supuesto que la aceptaría como Diosa... Es muy linda.
Geir no podía reaccionar. Solo tenía los ojos plantados al suelo, mirando el vacío eternamente con todas sus emociones y sentimientos mezclados. Leonidas a su lado le sujetaba su brazo y sus otras 2 hermanas estaban agachadas a su altura.
Después de un largo silencio, habló con temblor y debilidad.
- Soy una... soy una tonta... Fue un error escoger a Cleopatra.
- ¡No digas eso! - exclamó Sigrune, tomando la mano de su hermana menor - No sabías que sería capaz a hacerlo. Seguramente en su viaje hasta aquí fue una persona distinta.
- No debes cargar con una culpa que no te corresponde - afirmó el espartano a su lado.
- No. Claro que debería - habló Geir con su mirada aún pérdida - La humanidad está en juego. Debí preveer algo así, y ahora... por mi culpa...
- ¡Es muy pronto para levantar la bandera blanca! - exclamó Skuld - ¡Aun nos faltan 10 batallas contra esos malditos! ¡Sin importar los obstáculos, podremos ganar!
Selene lloraba desconsolada, abrazada por su hermano gemelo. Cesarión estaba junto a sus medio hermanos, sin hacer nada que no fuera murmurar para si mismo.
- Mamá... ¿Qué has hecho?
El hermano de la egipcia, Ptolomeo XIII, se llenó de una gran ira y enojo contra ella. Pudo sentir que el latir en su corazón cargaba esas emociones negativas acompañado de sus recuerdos de ella sirviendo a los Dioses en Egipto, y sin querer evitarlo no reprimió nada.
- Estúpida... mujer... Por primera vez te he apoyado en esta cosa tuya... y decides mandar todo a la mierda... ¿Qué otra cosa podría haber esperado de alguien como tu?
Gritó su cabeza, levantó sus manos y gritó hacia la mujer con todas sus emociones.
- ¡Traidora!
El silencio se hizo ligeramente presente en las gradas, por lo cual Cleopatra escuchó con más claridad. Poco a poco, la confusión en las gradas se fue transformando hasta que todos los humanos sintieron lo mismo que emanaba su hermano: odio hacia la mujer. Y entonces comenzaron a soltar gritos y abucheos contra ella.
- ¡Desgraciada!
- ¡Maldita humana!
- ¡No te mereces estar en la arena!
- ¡Fuera de aquí!
Tomando de los restos que habían traído los escombros del combate, todos los humanos comenzaron a lanzar piedras al mismo tiempo, provocando una lluvia de gran odio contra ella.
Cleoaptra estaba un tanto sorprendida, pero decidió ignorarlo; además, la armadura por mas destruida y agrietada que estuviera podía resistir esa simple lluvia de piedras. En cambio, los Dioses no reaccionaron de la misma manera por su orgullo y miedo.
- ¡No puede ser! ¡No lo permitiré! - Isis se dio la vuelta para dirigirse al pasillo - ¡No permitiré que esa humana sea una de nosotros! ¡Ahora mismo iré con el anciano para asegurarme que no cometa ninguna estupidez!
- Aunque mi título este en juego... ¡Yo también lo haré! - exclamó Osiris igualmente enfadado, y detrás de la mujer.
Ambos Dioses salieron del palco, dejando a Horus únicamente allí, quien aún estaba en shock por la situación.
Cleopatra, mientras su cuerpo recibía esas pequeñas piedras, miraba el silencio que mantenían los Dioses; ninguna afirmaba, pero mejor aún ninguno negaba. Sonrió de lado levemente.
« El que calla otorga... Así que seré como una de ustedes, malditos Dioses. Me emociona. »
Por un momento desvío su mirada hacia la humanidad; esta vez prestó un poco más de atención en la multitud que le gritaban con odio, y pudo encontrar entre sus gritos uno que otro llanto de desesperanza.
- ¿¡Por qué!?
- ¡Confiábamos en ti!
- Nuestra esperanza está perdida...
- ¡Perderemos este Ragnarok!
La mujer con indiferencia siguió mirándolos, aunque prestaba mucha atención en oro que decían sobre ella. Soltó un suspiro mientras sus ojos se movían de un lado a otro.
« Digan lo que quieran. La única que importa soy yo… » Sus ojos se siguieron moviendo por las gradas de la humanidad, hasta encontrarse con su segunda prioridad: sus 2 amantes y 3 hijos.
Por lo bajo sonrió hacia ellos.
« También ustedes me importan. Todo esto es... y será para ustedes... Yo no puedo ni podré derrotar a esta Diosa, pero... puedo tomar las decisiones necesarias para proteger a mi familia. No me importa si la humanidad pierde; podré estar con ustedes por la eternidad. »
Sus ojos se especificaron en sus hijos, y aman pesar de la distancia pudo ver la aflicción que los 3 sufrían. Esa fue la única imagen en las gradas de la humanidad como para sentir culpa de sí misma, que fue acompañado de un leve temblor en la piel.
« No, no lloren, por favor… » Apretó uno de sus puños con impotencia « No lo entienden, pero esto es necesario. Seré la Diosa que quiero ser no sólo para reclamar lo que merezco, sino porque así tendré el poder de protegerlos. Una derrota para la humanidad a cambio de mis pequeños... »
Cleopatra respiró con miedo mientras dirigía su mirada a Nut. Pudo tranquilizar sus emociones al ver la graciosa expresión de su contrincante: con los ojos completamente abiertos y su boca ligeramente abierta; la humana no lo evitó y soltó una risa por lo bajo para no perder su seriedad.
Entonces, levantó el semblante de nuevo y estiró la mano con el Gjallarhorn para golpear ligeramente la cabeza del Dios Heimdall.
- ¿Eh? - el nórdico se sorprendió.
- Termina con esto. Sin representante que pelee por la humanidad, ya no debería haber tercera pelea de Ragnarok. Esto ya acabó.
Heimdall lo meditó un par de veces, llevándose la mano a la cabeza.
- Si... ¿Debería ser válido?
Skuld vio lo que pasaba en pantalla y se molestó aún más.
- Queriendo terminar con esto pronto... ¡Maldita traidora! ¡Debemos enviar a alguien para que le patee la cara!
- Sin... representante de la humanidad... - murmuró Sigrune - Perdimos rotundamente esta batalla...
La valkiria se sacudió la cabeza y volvió a Geir.
- ¡No importa! ¡Aun tenemos más peleas para compensar esto!
- ¡Mejor enviemos a alguien contra ella! No sabemos si les den el punto a los Dioses o si se les ocurre cancelar el combate... ¡Hagamos algo pronto!
- Es inútil.
Geir en el suelo suspiró rendida.
- Ella ha podido luchar contra Nut... con las mejores armas de Brökk y Eitri... ¿Quién podría enfrentarla?
- Tú y yo... - Leonidas le tomó el hombro a Geir - ¡Podemos hacer el Volund una vez más!
Geir se quedó quieta con la mirada vacía, pero después de un momento negó con la cabeza.
- ¡No...! No... puedo...
Heimdall suspiró tras haber pensado por más de 3 veces.
« Cleopatra tiene razón. Sin peleador de la humanidad no puede continuar este combate, pero... Pero, los altos mandos no han dicho nada. No han aceptado o negado esta situación. »
El nórdico se asomó al palco de Geir, y únicamente vio a Lífthrasir, llorando enojada, en los brazos de Eva. Se sintió ligeramente conmovido, pero no perdió la concentración.
« La señorita Geir no está aquí, y... no hay indicios de que vaya a hacer algo con respecto a esto... Pero, creo que será mejor si esperamos un poco más. »
- ¿Qué estás esperando? Terminemos la pelea.
Heimdall se asustó un poco, mientras que Nut tomaba el mango de su hacha ligeramente, como si estuviera a punto de empuñarlo, lo que le provocó a Heimdall aún más miedo.
Sin embargo, Nut respiró con cansancio antes de volver a soltar el mango de su arma, lo que tranquilizó al nórdico; además, bajó su mirada ocultándola detrás de su cabellera espesa.
« Parece que Nut-sama... No tiene más que aceptarlo. Si de verdad es así, no perderé más tiem-. »
Heimdall estaba a punto de levantar su Gjallarhorn, cuando su tableta vibró debajo de sus vestimentas, sorprendiéndolo un tanto.
- ¡Ah! Los altos mandos...
Heimdall tomó el dispositivo y leyó el mensaje que le habían mandado.
- "No hagas nada. Aun no hemos resuelto nada de este lado"...
Levantó la mirada levemente, y se encontró con una discusión entre Isis y Osiris igualmente que estaban en el palco de los Dioses griegos, debatiendo con Zeus y Atenea. Ares y Hermes no se movían de sus sitios.
- ¿Qué ocurre, pequeño Dios? - preguntó Cleopatra.
- Disculpe, pero no puedo terminar esta pelea. No hasta que los altos mandos hayan aceptado esta situación.
- ¿¡Qué!? - la egipcia comenzó a enojarse - Pero yo ya soy una Diosa.
- N-No todos aceptan esto-
- ¡Ya dije lo que tenía que decir! ¿¡Qué más quieren de mi, maldita sea!?
- Calmense, por favor. Yo no tengo poder para cambiar-
- ¿No tienes el poder? ¿Entonces no eres un Dios?
- ¡Claro que lo soy! Pero-
- ¿¡Y por qué diablos no haces el cambio!?
Cleopatra y Heimdall se enfrascaron en una discusión de palabras, mucho más ligera que la de Zeus con la Trinidad de Egipto. La humanidad seguía hablando mal de Cleopatra a voz de cuello, y los Dioses comenzaban entre sí en silencio.
La única en silencio total era Nut, que no había quitado su mano del mango del Bastón del Cielo. Tomó el hacha y la levantó con una sola mano, de la misma forma que Thor hace 1000 años tomó el Mjölnir despertado, para después soltar un suspiro agotador.
- ¡Sin peleador de la humanidad, ya no hay pelea por la humanidad!
- ¡Yo no puedo arreglar eso! ¡Solo soy un vocero!
- ¡Deberían hacerlo! ¡Solo tienes que hacer 2 cosas, estúpido y pequeño Dios: ascenderme a divinidad y terminar la tercera pelea!
- ¡P-Pero sin autorización de los altos mandos no puedo!
- ¡Agh, malditos Dioses! - la humana tomó a Heimdall con una mano y lo levantó del suelo - ¡Ustedes son-!
Un atronador golpe sonó en ese momento. Un golpe contundente, metálico y que retumbó en el estadio se hizo presente en ese preciso instante, silenciando las discusiones y gritos del coliseo de forma casi inmediata. Cleopatra se sorprendió mucho, por lo cual soltó a Heimdall; después que este se incorporó del suelo, ambos voltearon al origen de ese sonido:
Nut; específicamente hablando, el hacha del Bastón del Cielo fue responsable de haber hecho ese sonido después que la deidad la había dejado caer.
- ¿Eh?
- ¿Qué?... - Cleopatra le miró con interés - ¿Hiciste eso?
Sin embargo, Nut no respondió, aún cuando captado la atencion de todo el estadio.
Únicamente lo que hizo fue tomar el mango del hacha de nuevo, pero en vez de levantar el arma, sus pies dieron un cuarto de giro y con la mirada al frente comenzó a caminar, con pasos pequeños y arrastrando el Bastón del Cielo sin esfuerzo alguno.
El rechinar del metal contra el suelo, además de los charcos de sangre sobre los que pasaba y la carne que aplastaba, volvieron a atrapar la atención total del coliseo.
La divinidad siguió caminando, lenta y segura, durante unos cuantos metros hasta llegar a su objetivo; se detuvo por unos largos segundos, y después se dio una vuelta de regreso para mirar a la egipcia y al nórdico de frente.
- ¿Qué? - la humana egipcia no entendía nada.
Nut soltó un suspiro de fastidio, mientras su mente estaba más confundida que el público mismo.
« No puedo creer que vaya a hacer esto… »
- ¿Qué rayos...?
La Diosa tomó el mango del arma con su mano, levantó el arma y apuntó hacia su espalda, la puerta por donde había entrado Cleopatra. Levantó su mirada para que, detrás de su melena negra, sus ojos dorados vieran a Cleopatra, y con voz tranquila pero claramente molesta, procedió a hablar.
- En vistas que no hay nadie para defender a estos miserables mortales, yo lo haré. Cambio mi bando y seré la tercera representante de la humanidad.
Los ojos de Cleopatra se abrieron a la par ante esas palabras; incluso su voz se volvió un poco más aguda.
- ¿Eh?
- No viviré en los cielos sabiendo que una basura como tú es aceptada como un Dios. Por eso, seré representante de la humanidad para darte un castigo.
- ¿¡Ehhhh!? - Heimdall se asustó bastante - ¡¡P-Pero no puede hacer eso!!
Nut respiró profundamente antes de continuar.
- Esos Dioses mediocres creen tener autoridad para dar su lugar a un humano. Son patéticos... No permitiré que esta escoria salga de esta arena para tomar algo que no es digno de tener.
- ¡P-Pero, no ha sido aceptada para pelear por los Dioses! ¡No debe apresurarse! - Heimdall exclamó asustado, tratando de hacer entrar en razón a Nut.
Sin embargo, Nut no respondió más. Al contrario; su silencio acompañado de su pose con el hacha hacían lucir que ahora Nut estaba defendiendo a la humanidad. Ellos por su parte, en las gradas, dejaron de lanzar piedras para sumirse de nuevo en su confusión.
- ¿Qué?
- ¿Esa Diosa peleará por nosotros?
- ¡Debe ser una broma de esos Dioses!
- ¿Qué está pasando?
- ¡No entiendo nada!
Lífthrasir se quedó en silencio total, con los ojos más abiertos que había mostrado en muchos siglos y su boca anidado punto de tocar los dedos de sus pies.
- ¿Qué? ¿¡Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeé!? - la valkiria de un salto se separó del abrazo de Eva y cayó al suelo del palco donde estaban - ¿¡Qué!? ¿¡Un Dios tan perfecto está a punto de pelear en nombre de la humanidad!?
Eva estaba callada, pero sorprendida en gran manera.
Los Dioses también se sorprendieron; mucho más que antes; y más que eso, todos ellos se asustaron.
- ¿¡Queeeeeeeeeeeeeeeeeeeé!?
- ¡No puede ser!
- ¡Nuestra peleadora esta con los humanos!
- ¡Igual que ese maldito de Buda!
- ¡Q-Q-Q-Que!
Shiva y sus esposas, Rudra y Lakshmi, Thor con Syf y Forseti, los Dioses de la fortuna; todos y cada uno de los presentes se sorprendieron de inmediato. Buda, presente entre las gradas de la humanidad, rió mientras destruía una paleta entre sus dientes.
- ¡Esto se está haciendo más divertido!
Isis y Osiris guardaron silencio, y ambos miraron estupefactos a la arena sabiendo que su madre se estaba declarando a favor de los humanos.
- ¿Qué?
Zeus miró a Nut, con los ojos fuera de órbita; sobretodo, más calmado comparado a que hace unos pocos segundos Isis le iba a golpear la cara. Habló con un tartamudeo bastante perceptible.
- Esto... si que no me lo esperaba...
- ¡Cierra la boca anciano! - Isis le gritó enojada a Zeus, y después volvió su preocupación a Nut - ¿¡Madre!? ¿¡Qué está haciendo!?
- ¡N-No lo sé! - tartamudeó Osiris, antes de gritar hacia la arena - ¡Madre!
Geb estaba completamente horrorizado, tratando de entender lo que veía. Pero, simplemente era imposible asimilarlo.
- Amor... ¿Qué haces?
Humanos y Dioses volvieron a su estado de confusión, hablando y murmurando entre ellos con gran desconfianza; Nut solo permanecía quieta frente a la puerta de la humanidad.
La Diosa respiró con tranquilidad antes de murmurar algo para si misma
- Al fin y al cabo, los Dioses nunca han sido de mi agrado...
ASFD
...
Nota de autor 1: En un rato subiré el capítulo doble de esta entrega, esperenlo UwU
Nota de autor 2: recuerden votar en "Noticias Ragnarok" para revelar los siguientes peleadores. El cierre de votaciones será pronto.
Nota de autor 3: hablando de votaciones... en "Noticias Ragnarok" publique algo interesante. Vayan a checarlo ;3
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