El mundo está empeñado en emparejarte a toda costa. Tus amigas siempre te preguntan sobre ese chico lindo del otro día, las madres insisten con su típica frase de “para cuándo los nietos”, tus amigos varones repiten incansablemente lo increíble que es que estés sola todavía y el mercado busca cualquier excusa para meterte por donde quepa imágenes de parejas perfectas y felices. Todo gira en torno a lo que yo denomino “industria del amor”... Y déjenme decirles que, cuando una está soltera, esa industria se las ingenia para hacerte quedar en ridículo y, en el peor de los casos, como una marginada social. La soltería parece ser una peste y uno un enfermo. Un enfermo fracasado.
Y si hablamos de fracasos, yo soy uno de veintidós años continuos. O eso es lo que el mundo quiere hacerme creer, sobre todo en el día que se acerca. San Valentín, el epítome del encumbramiento del amor y el compromiso, también conocido como el recordatorio de que (otra vez) estás más sola que un hongo. Deprimente, como poco. Es una fecha estúpidamente comercial, pero ver tanta pareja celebrando puede terminar afectándolo a uno de diversas maneras, incluyendo largas maratones de películas románticas para sentirse aún más miserable.
Así que este es el trato: en siete días, un príncipe azul va a aparecer y rescatarme de la avalancha de corazones. Un príncipe azul, un caballero, el mecánico de la esquina, un sapo... Da igual. Este San Valentín no pienso estar sola.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top