Cap. 55: Dulce venganza
🎆[Aviso: capítulo largo]🎆
Apenas llegaron a la gran mansión Taisho, Sesshomaru se bajó a abrir la puerta del auto para ella. Rin tomó su mano con delicadeza y caminaron juntos y en silencio hasta llegar a la entrada; ella tratando de no recordar la última vez que estuvo ahí y él sumergido en sus propios pensamientos mientras la miraba cada tanto, disimuladamente de reojo.
Pararon bajo la luz que iluminaba las grandes puertas de entrada y antes de abrirlas, el peliblanco bajó su mirada encontrándose con los expresivos ojos cafés.
Rin estiró la mano que tenía libre y acarició con suavidad su pómulo y el contorno de su rostro, con una tímida sonrisa, mientras ese rosado tan natural adornaba sus mejillas. Aún era extraño para él acostumbrarse a esa ternura que impregnaba cada una de sus acciones, pero ese simple gesto se había sentido tan reconfortante, como un muy real recordatorio de que no estaba solo. De que ella estaba ahí, a su lado.
Y entonces, guiado por la cercanía del momento, Sesshomaru se inclinó un poco más sobre ella para besar con suavidad sus labios. La atrajo hacia su cuerpo y no perdió la oportunidad de ir más allá en el segundo en que su castaña le permitió profundizar la caricia, olvidándose de dónde estaba - o sin que eso le importara realmente -, tomó su rostro con su mano grande y cálida mientras su lengua llegaba a embestir suave y lentamente la dulzura de su boca, extasiado con su sabor, apretando su cintura con su otra mano y mordisqueando sus labios cada tanto.
Y Rin, rendida y completamente derretida entre sus brazos no pudo hacer más que corresponderle.
Sólo cuando el aire escaseó entre ambos y al recordar lo que tenía en mente en un segundo de lucidez, se separó de él, sólo un poco, sin alejar su mano que aún acariciaba su rostro y se empinó para dejar un cálido beso en su cuello.
- Está muy guapo esta noche, señor Sesshomaru - susurró en su oído, rozando su piel justo antes de morder su oreja muy suavemente y sonrió para sus adentros cuando pudo sentir los músculos de su mandíbula tensarse -. Me encantaría tenerlo sólo para mí...
Los ojos del peliblanco se abrieron ligeramente más de lo normal cuando sintió su sangre bajar de golpe a su entrepierna.
Rin no pudo contener la traviesa risita que escapó de sus labios. Arregló su cabello, volviendo a su lado y recuperando la compostura, mientras él se cuestionaba qué tan posible sería cargarla sobre su hombro y desaparecer de ahí. No creía que su castaña pusiera reparos y al parecer nadie los había sentido llegar, luego se excusaría con Izayoi por faltar a la cena.
Si salía justo ahora...
- ¡Rin! - la puerta se abrió y la voz de Izayoi lo sacó de sus pensamientos.
Sesshomaru aclaró su garganta mientras maldecía en su mente. Rin sonrió ampliamente; muy tranquila, y él no pudo evitar mirarla con sus ojos entrecerrados mientras ella abrazaba cariñosamente a la mujer de su padre.
- Por dios, no puedo creer que estén aquí... Rin, no sabes cuánto me alegra que hayas venido, que hayan venido juntos... - decía emocionada, mientras estrechaba a la castaña entre sus brazos -. De verdad, no puedo creerlo...
- Gracias a usted por recibirnos, señora Izayoi.
- ¡Pero qué dices! No sabes cuántas ganas tenía de verte, pero no pensé que... - calló con sus ojos vidriosos y tomó las manos de la castaña entre las suyas, como un silenciosos agradecimiento. Sonrió y se separó de ella para saludar al peliblanco con un beso en su mejilla -. Gracias por venir, hijo.
Sesshomaru asintió tranquilamente.
- Ay, pero qué descuidada soy, entren, por favor - dijo, haciéndose a un lado en la puerta -. Kagome y tu hermano ya llegaron, ¿cuánto tiempo llevan ustedes aquí afuera? ¿Por qué no habían entrado ya?
- Acabamos de llegar - dijo el peliblanco secamente, mirando a Rin de reojo.
- Si, me pareció haber escuchado tu auto... por eso salí a ver si ya estaban aquí.
Un par de sirvientes llegaron a recibir sus abrigos y luego Izayoi los guió hasta la sala de estar donde saludaron al resto de la familia. Fue agradable contar con la presencia de Kagome e Inuyasha también, para estar un poco más relajada. Aunque aún así, no podía evitar sentirse... extraña.
La mansión era realmente ostentosa; las veces anteriores que había estado ahí - cuando conoció a Sesshomaru y para la fiesta de compromiso de Kagome e Inuyasha - sólo había conocido los jardines, ya que ambos eventos habían sido al aire libre, pero si desde afuera esa casa ya se veía magnífica... por dentro era otra historia.
Había tantos pasillos, corredores y piezas que si no tenía cuidado podía llegar a perderse. De hecho, no era mala idea memorizar el camino por el que habían llegado... en caso de que quisiera salir de ahí corriendo.
Rodó sus ojos.
¿Por qué pensaba en eso? Miró al padre de Sesshomaru, disimuladamente... Las cosas no podían salir tan mal, ¿o si?
- Kagome, Rin - las llamó la señora Izayoi -. ¿Me acompañan? Me muero por ver las fotos que me prometiste - le dijo a la pelinegra -, ¿por qué no me las muestras mientras termino de alistar los últimos detalles?
Las dos la siguieron hasta la amplia cocina donde había toda una operación organizada. Rin quedó bastante asombrada al ver a los cocineros preparando un banquete digno de la realeza...
- Vaya - murmuró -. Todo se ve... fantástico.
- Si, es verdad señora Izayoi - agregó Kagome -. Ya me dio hambre de sólo ver todo esto... ¿Vendrá alguien más?
- No, sólo seremos nosotros... quizás me excedí - aceptó la mayor, con una risita un tanto apenada, mientras preparaba algunos aperitivos sobre una bandeja -. Es que estaba muy emocionada y quería que todo saliera bien. ¡Es una ocasión muy importante! Falta tan poco para su boda y me hace muy feliz que hayan venido todos... ¿Sabes, Rin? Es la primera vez que Sesshomaru trae a alguien a casa...
- A alguien además de Jaken - murmuró Kagome divertida, haciéndolas reír.
- ¿De verdad? - preguntó la castaña un tanto asombrada.
Izayoi asintió varias veces.
- Me alegra mucho saber que mis hijos encontraron a dos mujeres como ustedes. De verdad... me hace muy feliz tenerlas aquí.
Rin sonrió enternecida y, al verla, supo que había tomado la decisión correcta. Porque por primera vez en la noche... se sintió verdaderamente tranquila y feliz de estar ahí.
- ¿Y bien? - preguntó la mayor, dirigiéndose a Kagome - ¿Cómo te quedó ese vestido?
- ¡Oh, es verdad, las fotos! - dijo sacando su teléfono para enseñarlas.
Continuaron conversando sobre temas de la boda hasta que Inuyasha entró en la cocina y se arrimó junto a su novia.
- ¿De qué tanto hablan? - preguntó curioso mientras estiraba su mano para sacar un bocadillo de la bandeja que Kagome ayudaba a decorar.
- Inuyasha - lo regañó ella -. Toma, mejor ayúdame - le pidió, entregándole los utensilios para que pudiera terminar la decoración.
- Hpmh. Ya tengo hambre... ¿Cuánto falta?
- Ya estamos, hijo. ¿Puedes llevar esto a la mesa? - le pidió Izayoi, acercándole otra de las bandejas con varios platillos.
- Tengo... las manos... ocupadas - murmuró con la boca llena. Kagome rodó sus ojos y Rin soltó una risita.
- Yo lo llevo, señora Izayoi - se ofreció la castaña.
- Pero Rin, tú eres nuestra invitada. Mejor le pediré a uno de los ayudantes.
- No se preocupe por eso, ellos están ocupados y además, no me gusta sentir que no ayudo en nada, por favor... - pidió apenada y tomó la bandeja de sus manos para dirigirse hacia la mesa.
El peliblanco miró disimuladamente hacia el comedor al sentir unos pequeños y reconocibles pasos. Su castaña iba sola, cargando una bandeja, y parecía tan tranquila como hace un rato. Sabía que el sólo hecho de estar en el mismo lugar que Toga probablemente la haría sentir incómoda, pero aún así ella... se veía bien.
Aún con un ligero rastro de curiosidad por lo que había ocurrido antes de entrar a la casa, decidió ir hacia ella. Con su caminar lento, elegante y apacible se acercó lo suficiente para que Rin pudiera sentirlo y recién en el momento en que ella dejaba la bandeja sobre la mesa, se volteó a verlo.
Lo miró por sobre su hombro y le sonrió, tan deliciosa como siempre. Pero esta vez no fue una de esas sonrisas inocentes que ella solía regalarle, en lo absoluto. Esta fue... diferente, completamente diferente.
Parecía más bien una invitación, traviesa y atrevida; lo miró de manera desafiante y él se sintió especialmente tentado a descubrir más. Pero en el momento en que dio otro paso acercándose a ella, Rin volvió a lo suyo, aún sonriente y tan concentrada como si él no estuviera ahí.
Rin... lo acababa de ignorar.
Sesshomaru entrecerró sus ojos, más aún cuando ella se inclinó sobre la mesa ligeramente, para distribuir mejor los platos que llevaba sobre la bandeja e, inevitablemente, sus ojos dorados se desviaron hacia su figura. Las curvas de su trasero perfecto levantado hacia él, en contraste con su estrecha cintura...
¿Había notado antes lo corta que era esa falda? Por supuesto que lo había notado. Pero justo en el momento en que ella se había inclinado, le había mostrado un poco más... sólo un poco más de lo necesario. Sintió como sus músculos se tensaban para no abalanzarse sobre ella, especialmente cuando vio dónde terminaban sus medias a medio muslo y donde comenzaba su piel.
Rin... ¿Qué pretendía esa castaña traviesa? ¿Acaso no comprendía que lo que estaba haciendo era muy peligroso?
Ya llevaba un buen tiempo conteniéndose y cada beso, cada caricia y cada inocente toque dolían en su entrepierna... pero lo estaba aguantando.
Últimamente no habían tenido tiempo para estar realmente solos y por supuesto que también había decidido no insistir en algo más hasta que ella se sintiera nuevamente preparada para ello, no quería apresurarla a nada, no ahora, cuando tenían todo el tiempo del mundo por delante. Pero si Rin pretendía torturarlo de esa manera, terminaría por mandar al carajo toda cautela. Porque exactamente en ese momento no podía pensar en nada más que empujar su pequeño cuerpo aún más sobre esa mesa y enterrarse profundamente en ella. Sin reparos ni delicadeza de por medio. Sólo follarla fuerte y duro, hacerla pedir por más y escucharla gritar su nombre hasta el cansancio.
Dejó salir el aire por su nariz pesadamente y le quitó los platos de sus manos.
- No hagas eso - ordenó con su voz ronca a su oído.
Ella soltó una risita y se volteó a verlo con cara de fingida confusión.
- ¿Que no haga qué? - preguntó, sin borrar su sonrisita y manteniéndole la mirada tan cerca que podía sentir la calidez de su respiración chocándole en la cara.
Sus ojos castaños tenían un exquisito brillo, uno que él ya conocía muy bien. Y aunque su sonrisa parecía tranquila y desafiante, sus mejillas se habían sonrojado en el instante en que él se acercó.
Y eso le había encantado.
- Ay, hijo, gracias por ayudar también - la voz de Izayoi lo tomó por sorpresa.
Ella entraba al comedor junto con Inuyasha, cargando más cosas.
¿Tan absorto estaba que ni siquiera los había escuchado acercarse? Y no comprendió a lo que se refería hasta que recordó que sostenía esos platos con comida en sus manos.
Rin les sonrió.
- ¿Sesshomaru ordenando la mesa? - Inuyasha gritó al verlo, sonriendo con burla - ¿Qué le hiciste, Rin?
- Sesshomaru siempre ha sido muy amable, Inuyasha - dijo la castaña.
- Já, si claro - rió el pelinegro mientras Izayoi los miraba enternecida.
- No molestes a tu hermano, Inuyasha - dijo la mujer -. ¿Por qué mejor no vas a avisarle a tu padre que ya está todo listo?
Rin soltó una suave risita que se ensanchó al ver la manera en que su peliblanco la veía, con sus ojos entrecerrados con evidente molestia.
- No me mires así, es la verdad, eres muy amable - susurró en voz baja, tomando su brazo cariñosamente y rió al ver que él entornaba sus ojos aún más, sin cambiar su expresión seria -. Y eso que no les dije que también cocinas muy bien - sonrió divertida y lo miró de reojo -. Aunque claro, eso no es lo único que haces muy bien - dijo pícara, justo antes de dejar un rápido beso en la comisura de sus labios y salir caminando tras Izayoi.
Él la vio alejarse, todavía sintiendo su sangre caliente. Pero... eso no era en lo absoluto porque estuviera enojado. No, y menos con ella.
Quizás Rin era la única persona sobre la faz de la tierra que podía molestarlo de esa forma y salirse con la suya. Hasta cierto punto, claro. Porque su inocente castaña no estaba pensando bien si creía que esto se lo iba a dejar pasar así como así.
***
El resto de la cena transcurrió tranquilamente, dentro de todo.
Aunque no podía negar que era bastante divertido sentir la intensa mirada de su peliblanco fija en ella mucho más de lo habitual, en ocasiones ella también se sentía verdaderamente nerviosa. Cada vez que sus piernas rozaban por accidente o cuando lo tocaba cariñosamente podía ver en sus ojos dorados que la quería devorar.
Literalmente, devorar.
Pero dejando todo eso de lado, esa noche no había sido tan extraña como imaginó. La cena en sí había estado deliciosa y si cada tanto había algún silencio incómodo, Inuyasha y Kagome se encargaban de llenarlo con alguna ocurrencia. Incluso ella misma lo había hecho también en alguna ocasión.
- Que preciosas flores, señora Izayoi - comentó la castaña mirando los delicados floreros que adornaban la mesa.
- La señora Izayoi hace unos arreglos preciosos - le dijo Kagome -. Ella se ofreció a hacer mi ramo de flores para la boda.
- ¡¿De verdad?!
La mayor asintió.
- Sólo es un pasatiempo - comentó con modestia -. Pero siempre me han gustado mucho las flores. ¿Quieres ver algunos de los arreglos que he hecho, Rin?
- ¡Me encantaría! - respondió la castaña, muy emocionada.
Ya llevaban un buen tiempo haciendo sobremesa y cada uno estaba en lo suyo, así que Rin la siguió sin problemas por uno de los largos pasillos hasta llegar a una habitación con grandes ventanales donde Izayoi preparaba sus ramos.
Había decenas de flores de diferentes tipos y colores, muchas reposando cortadas en algún florero, otras ya listas en elegantes y hermosos ramos y muchas también en maceteros.
- Son... realmente preciosas.
- Gracias, linda - sonrió ligeramente -. La mayoría son de los jardines - contó -. Supongo que últimamente he pasado mucho tiempo aquí... Me ayuda a despejar la mente - Rin dirigió su atención hacia ella en ese momento y le pareció que había algo inquieto en su mirada -. ¿Podría preguntarte algo, Rin? - movió su cabeza con algo de timidez -. No tiene nada que ver con todo esto...
- Claro, dígame.
- Tú y Sesshomaru... - murmuró -. ¿Cómo lo hiciste para...? - aclaró su garganta suavemente -. Quiero decir... ¿Cómo...? ¿Cómo solucionaron las cosas entre ustedes? No debe haber sido fácil, pero... los dos - suspiró - se ven muy bien juntos.
La castaña sonrió débilmente.
- ¿Me lo pregunta por el señor Taisho y usted?
- ¿Es demasiado evidente? - preguntó apenada, bajando su cabeza levemente.
Rin negó.
- No, no es eso. Sólo... me lo imaginé.
- Si, bueno... Las cosas no han estado bien entre nosotros durante estos últimos meses - se encogió de hombros desapasionadamente -. Sólo recuerdo haberme sentido así de apartada de él una vez antes, también por culpa de... su trabajo. Y en ese momento él me dijo que lo dejaría... Por supuesto que me costó creerle, su trabajo siempre había sido realmente importante para él, pero luego... comenzó de a poco a dejar las cosas en manos de Sesshomaru e Inuyasha cada vez más, su ánimo había mejorado mucho y pasaba mucho más tiempo conmigo, hasta que finalmente... algunos años después, dio el anuncio de que se retiraría. No sabes lo feliz que me puse en ese momento. Saber que... él había decidido dejar todo eso atrás para pasar sus días a mi lado, me hizo mucha emoción - esbozó una sonrisa rota y luego negó -. Pero ahora... no puedo evitar preguntarme si realmente yo pueda pasar mis días a su lado, después de saber todo lo que hizo, todo el daño que causó...
La castaña tomó su mano y la miró a los ojos.
- Lo siento, señora Izayoi... Y siento mucho no poder darle la respuesta que está buscando en este momento. Pero solamente usted puede saber si... realmente vale la pena o no.
La mujer sonrió débilmente. Porque aunque quizás eso no era lo que esperaba oír, tener a alguien que comprendiera por lo que ella estaba pasando en ese momento, se sintió... agradable.
- Y sobre Sesshomaru, sólo puedo decirle que... los dos solíamos ser personas muy diferentes. Yo no sé qué clase de hombre era antes, pero estoy segura de que... desde el momento en que nos conocimos, él sólo ha querido protegerme. Y aún así... no puedo decirle que haya sido fácil. Fue difícil, todavía lo es, a veces. Pero sé que... mientras esté a su lado, aunque las cosas se pongan difíciles, todo va a estar bien - sonrió -. Cuando estoy con él me siento segura y se me hace más fácil perdonar y... perdonarme.
- Rin... - Sin poder decir más, la mujer la estrechó entre sus brazos y la castaña soltó una risita con sus ojos vidriosos por el repentino gesto, que se sintió tan extrañamente cálido y familiar.
- Espero que las cosas mejoren para usted, señora Izayoi.
Izayoi se alejó de ella y limpió rápidamente una lágrima que había escapado de sus ojos.
- Gracias, cariño - sonrió -. No quiero retenerte más, será mejor que volvamos... Sesshomaru ya debe estar impaciente, ¡no ha dejado de mirarte en toda la noche!
Rin rió y asintió.
- Pero me gustaría pasar antes al baño.
La mujer le mostró el camino y luego siguió hasta el comedor. Rin salió pocos minutos después y caminaba por los pasillos concentrada, intentando recordar el camino de regreso, cuando de pronto se cruzó con quien menos quería ver en esos momentos.
Mantuvo su mirada baja, como si con aquello pudiera pasar desapercibida, pero el padre de Sesshomaru se detuvo, llamando su atención.
- Debería darte las gracias - dijo de pronto, con su voz seria y grave.
Su cuerpo se tensó ligeramente al escucharlo.
- ¿Disculpe?
- Sesshomaru me comentó que había sido tu decisión venir.
- Oh, eso... - aclaró su garganta y en un arranque de valor levantó su cabeza para poder verlo a los ojos y enfrentarlo -. N-no lo hice por usted - espetó con determinación, aunque aún así su voz salió trémula y entrecortada. Él arqueó una ceja ligeramente y la miró serio y expectante -. L-lo hice por Sesshomaru... y-y por la señora Izayoi - aclaró con su ceño fruncido -. Sé muy bien lo que es sentirse lejos de quienes uno ama y yo... no voy a ser la responsable de alejarla de su familia. Al contrario... si hay algo que pueda hacer para ayudarla, siempre lo haré, porque nadie debería tener que sentirse así. Menos ella... es una gran mujer y no debería... estar triste.
- Tienes razón - aceptó él, con su mirada seria -. Es por eso que tengo que darte las gracias - asintió ligeramente, casi a modo de reverencia, y continuó su camino sin decir más.
Rin pestañeó un par de veces, sin realmente comprender lo que había sucedido y finalmente volvió a la mesa junto con Sesshomaru, pensativa, aunque decidió guardarse esa breve interacción sólo para ella.
El mayor apareció pocos minutos después, cargando una muy elegante botella de algún licor que ella no reconoció y sirvió un par de vasos hasta que Sesshomaru lo detuvo.
- Para mi no - dijo desinteresadamente -. Llevaré a Rin a su casa.
- Sesshomaru, hijo, ¿por qué no se quedan? - le preguntó Izayoi -. Es tarde... y tu habitación está impecable...
- No es necesario.
Rin lo miró por debajo de sus largas pestañas.
- En realidad no es mala idea - le dijo en voz baja, con una tímida sonrisa -. No quiero hacerte conducir tanto a estas horas, ya debes estar cansado... - dejó su mano sobre su pierna y la acarició suavemente - ¿Qué dice, señor Sesshomaru?
Él la miró seriamente de reojo.
- Como quieras.
Izayoi sonrió ampliamente, al igual que Rin. La castaña subió ambas manos sobre la mesa, para beber del té que habían dejado para ella y de pronto dio un silencioso respingo al sentir una mano grande aferrándose con fuerza a su muslo.
Miró a Sesshomaru de reojo, con sus ojos castaños muy abiertos por la sorpresa... porque eso distaba mucho de la tímida caricia que ella le había dado a él minutos atrás.
Tuvo que contener el aire al sentir la forma en que su peliblanco la agarraba y sólo lo dejó salir segundos más tarde en un quedo suspiro cuando sintió que el agarre comenzaba a aflojarse. Pero entonces Sesshomaru se inclinó disimuladamente hacia ella, para hablarle al oído.
- No deberías jugar conmigo, Rin - susurró grave y lo suficientemente bajo para que nadie más que ella pudiera oírle. Y Rin tuvo que juntar sus piernas rápidamente cuando sintió que esa malvada mano comenzaba a ascender peligrosamente por su muslo, por debajo de su falda, en lentas y demandantes caricias.
Sus dedos largos juguetearon sin mucha dificultad con el borde de sus bragas y ella sintió que sus mejillas se encendieron como el fuego.
- Sesshomaru... - susurró disimuladamente cuando uno de los dedos amenazó con ir más allá. Juntó sus piernas con fuerza y eso sólo logró que él volviera a agarrar con firmeza su muslo, como si la reprendiera por aquello. Y entonces, uno de sus dedos la rozó ahí, justo ahí y ella tuvo que contener el gemido que quiso escapar de su garganta.
Mordió sus labios por dentro y lo miró fijamente, con el ceño fruncido.
Ella estaba librando una batalla interna y estaba perdiendo escandalosamente, mientras él se veía tan serio e imperturbable como siempre. Incluso contestó parcamente una que otra pregunta que le hizo su padre, mientras bebía un sorbo de su vaso.
Y entonces la tocó de nuevo, y de nuevo.
- Por favor... detente - le pidió tan silenciosamente como pudo, vergonzosamente húmeda y caliente y él, extrañamente obediente... se detuvo.
Arregló sus medias y su falda y quitó su mano, pero Rin, contra todo juicio y sentido, no se sintió aliviada, sino vacía y muy necesitada de él.
- ...Si, buenas noches - saliendo de su trance, escuchó la voz de Kagome a lo lejos -. Gracias por todo, señora Izayoi, la cena estuvo realmente exquisita.
- Nosotros también nos retiramos - dijo el peliblanco secamente, poniéndose de pie.
- Bueno cariño, descansen - respondió tranquilamente la señora Izayoi -. Sesshomaru... ¿Por qué no le enseñas a Rin el lugar? Y linda, si necesitas algo por la noche, no dudes en pedírlo... Por favor, siéntanse como en casa.
- Muchas gracias... señora Izayoi - fue lo único que atinó a decir ella, sintiendo sus piernas temblorosas antes de seguir al peliblanco que la esperaba a un costado, impasible.
Sesshomaru puso una mano en su espalda baja y, guiándola por los pasillos en silencio, cruzaron la casa hasta llegar a unas escaleras en el otro extremo. Luego de subirlas y atravesar un largo corredor, entraron en la última habitación en el fondo, alejada de todas las demás.
- Pensé que ibas a mostrarme el lugar - murmuró divertida apenas se adentró en la gran pieza de decoración minimalista y meticulosamente ordenada, como todo lo que tenía que ver con él - ¿Esta era tu habitación?
- Si. Ahí está el baño, por si lo necesitas - dijo señalando una puerta en la esquina.
Rin sonrió. "Vaya, qué buen tour", pensó.
- ¿Y yo dormiré aquí?
- Claramente - respondió él a su espalda, más cerca de lo que ella hubiese esperado.
Se sobresaltó ligeramente al sentir el cuerpo grande rozarla por detrás y más aún cuando sus manos firmes arrastraron su blazer por sus hombros, hasta sacarlo por completo.
Sesshomaru la apresó contra su cuerpo; enterró sus dedos en sus caderas, empujándola hacia él, mientras con su otra mano sostenía su mandíbula con suavidad, pero sin darle la opción de voltearse.
- ¿Te divertiste esta noche, Rin? - le preguntó con ironía, en un susurro ronco, rozando sus labios en su oído, y la castaña sintió como ese calor tan familiar bajaba por su vientre para alojarse en sus bragas, húmedas.
Sólo pudo soltar un suspiro, mientras él adentraba sus manos bajo su blusita, acariciando lentamente la piel de su abdomen y sus curvas y ella no pudo contener el gemido que escapó de sus labios cuando sintió su erección punzante contra su trasero.
Los músculos del peliblanco se tensaron aún más al oírla, luchando para no tomarla en ese mismo instante, continuó subiendo sus manos ávidas por sus costados, arrastrando la blusa a su paso y Rin no puso reparos cuando él la obligó a alzar sus brazos para poder quitarla.
Entonces, cruelmente recorrió con su nariz y rozando sus labios un camino desde su oreja hasta su hombro, dejando suaves mordidas a su paso y justo cuando ella pensó que terminaría por quitar también su sujetador para tomarla entera, él sólo bajó el tirante de aquel mismo hombro, para dejar justo ahí un beso húmedo y caliente.
Y Rin sintió que su piel ardía.
- Estás temblando - susurró malicioso -. ¿Tienes frío? O... ¿estás asustada?
La castaña abrió su boca y luego la volvió a cerrar frunciendo su ceño, entonces él frotó su erección descaradamente contra su trasero, arrancándole otro gemido más fuerte que el anterior.
- Sesshomaru... - jadeó -. L-lo que yo hice... ¡n-no fue n-nada comparado con lo que hiciste tú!
- Ah, es eso - siseó contra su piel -. Crees que quiero vengarme de ti.
- ¿N-no es eso lo que estás haciendo?
Y Rin no tuvo que verlo para saber perfectamente que él estaba sonriendo malvadamente contra su cuello. Cruel, muy cruel. Toda su piel se erizó al sentirlo y él se apegó todavía más a ella.
- Voy a hacer mucho más que eso, Rin.
Su corazón de pronto latió tan rápido que parecía querer escapar de su pecho y ya ni siquiera quería pensar en lo rojo que debía estar todo su rostro en ese momento.
Sintió una de las manos del peliblanco bajar nuevamente hasta su falda para abrir delicadamente el cierre trasero y luego dejarla caer al piso, junto con todo el resto de su ropa y, recién en ese momento, al tenerla sólo con su ropa interior, sus medias y los tacones que aún no se había quitado, él la giró sobre sus talones, para dedicarse a observarla detenidamente de pies a cabeza.
La castaña sintió el instinto de cubrirse, pero él se lo impidió rápidamente, sosteniendo sus muñecas a los costados de su cuerpo.
Y contrario a lo avergonzada que pensó que podía llegar a sentirse en ese momento, al ver ese destello en sus ojos dorados, oscurecidos por el deseo, se sintió... inexplicablemente caliente.
Sesshomaru soltó el agarre de sus muñecas para tomar su mentón con una mano, mientras la otra descendía lentamente por su cintura, hasta tomar su trasero. Rin cerró sus ojos y él sólo se limitó a rozar sus labios con los suyos, a delinearlos cruelmente con su lengua y, entonces, sin previo aviso, la agarró con firmeza de sus muslos, levantándola del suelo para tumbarla sobre la cama en un movimiento ágil y atrapó sus labios con fiereza.
Bajó sus besos por su cuello, por sus clavículas y por sus pechos y Rin arqueó su espalda, para que pudiera terminar de quitarle su sujetador. Libre de la molesta prenda masajeó, mordisqueó y lamió todo lo que tuvo a su paso y fue bajando cada vez más.
Besó concienzudamente hasta sus piernas, sacó sus medias y sus tacones para no dejar ni un sólo lugar sin el toque de sus labios y luego volvió a subir por el interior de ellas. Rin gemía y suplicaba sin sentido, hasta que lo sintió retirar finalmente sus bragas y recorrer de arriba a abajo toda su humedad. La folló con su boca, tan caliente y desesperado como ella, con movimientos ágiles y certeros de su lengua pecaminosa y alguno que otro dedo. La sintió gritar, lloriquear y removerse, mientras sus manos se aferraban con firmeza a sus caderas hasta hacerla explotar.
Se saboreó, completamente extasiado con ella, embriagado con su sabor y con el sonido excitado de su voz y la ayudó a acomodar su cuerpo lánguido sobre la cama, mientras Rin desabotonaba su camisa con sus manos temblorosas.
Con fuerzas renovadas, la castaña se encargó de besarlo y recorrerlo a él de la misma manera. Tomó su miembro grande y grueso en su boca y chupó hasta que escuchó un fuerte gruñido escapar de su garganta, y sin pensar en detenerse, continuó chupando y jugueteando con su lengua traviesa, mientras él empujaba hacia ella, hasta que tuvo toda su esencia en su boca.
Y luego, ni siquiera supo en qué momento, entre besos y caricias ardientes, su erección rozaba nuevamente entre sus piernas.
Rin gimió fuerte cuando se acunó justo en su entrada, frotándose con ella pero sin llegar a entrar y movió sus caderas, ansiosa, buscándolo y provocándolo.
- Por favor... - pidió en un sollozo -. Te necesito...
Él entró sólo un poco más y la castaña se estremeció entre sus brazos con sus ojos vidriosos.
Ni siquiera sabía cuánto había deseado volver a tenerla así, tan suya, únicamente suya y pidiendo por él, que no pudo ni siquiera comprender la cantidad de emociones que se agolparon de pronto en su pecho... Finalmente la espera había llegado a su término y esta vez se encargaría de que su bonita y escurridiza castaña no se le volviera a escapar jamás.
- Se-sshomaru...
Con su mirada perdida en los expresivos ojos cafés, entró en ella de una profunda y certera estocada que los demolió a ambos. Ni siquiera tuvo la intención de contener el gruñido gutural que escapó de su boca, menos cuando la escuchó a ella gemir tan exquisitamente.
Se meció entre sus piernas lenta y deliciosamente, cada vez más duro, más fuerte y más profundo, extasiado con la excitante música en la que se habían convertido sus respiraciones agitadas, sus gemidos y el choque de sus cuerpos, besó y mordió todo lo que tuvo a su alcance y la disfrutó como si fuera su último día en la tierra.
La sintió temblar y tensarse bajo él, gritar cada vez más, hasta que un orgasmo arrasador la golpeó tan fuerte, que lo llevó también a él. Como nunca antes sintió que su cuerpo iba romperse en mil pedazos, y aún así no se detuvo; se enterró en ella hasta que ya no pudo más, liberándose por completo en su interior.
Entonces, Rin le sonrió, con su respiración pesada y agitada, con sus ojos cerrados y algunos de sus cabellos castaños pegados a su frente sudorosa y él la admiró fijamente, en silencio, sintiéndose irremediablemente encantado.
La amaba, la amaba como no sabía que podía...
Como ella le había enseñado.
- Yo también - susurró de pronto su castaña, ensanchando su sonrisa satisfecha y él arqueó una ceja ligeramente, interrogándola -. Yo también te amo, Sesshomaru.
Rin, su Rin... era una criatura verdaderamente especial.
Sonrió de medio lado y dejó un cálido beso en sus labios, luego otro en su cuello y en su hombro y de pronto, sin que ella alcanzara siquiera a reaccionar, la giró sobre la cama, levantó sus caderas y recorrió su espalda desnuda con su lengua afilada.
- Dioses... - jadeó sorprendida e inevitablemente dispuesta - ¿Qué...? ¿Q-Qué haces?
- Te hago mía.
***
[¡Espero que lo hayan disfrutado! Estoy aquí para avisarles que el próximo será el último capítulo de este fanfic. Me gustaría agradecerles de todo corazón a todos los que han seguido la historia hasta este punto, de verdad, amé leer cada uno de sus comentarios y lo seguiré haciendo.
🎆¡Muchas gracias por tanto!🎆
Y si les ha gustado la historia y quieren recomendarla, me seguirían haciendo muy feliz. Y quién sabe, puede que por ahí salga algún epílogo.
Gracias otra vez, ¡hasta pronto y un abrazo grande!]
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