Cap. 51: Un nuevo comienzo (Parte III)


Aún era temprano; afuera todavía estaba oscuro y sólo un ligero rastro de luz aparecía a lo lejos en el horizonte. Por lo mismo el peliblanco se extrañó al escuchar voces a esas horas en la casa y, más aún, risas. Le hubiese gustado decir que era molesto o irritante, pero la verdad era que, escuchar esa melodiosa risa al despertar, era simplemente... agradable.

- ¡Sesshomaru! - lo saludó la castaña al verlo llegar a la cocina. La señora Aneko estaba con ella y también le sonrió amablemente -. ¿Cómo dormiste? Inuyasha y Kagome ya se fueron. Preparé café, ¿quieres?

Él sólo asintió.

- Gracias.

Rin le llevó una taza y, al recibirla, él no pudo evitar mirarla detenidamente de pies a cabeza, no tan disimulado como hubiera querido.

Llevaba tacones, por eso le había parecido un poco más alta que lo usual, aunque aún así no le llegaba más arriba que sus hombros. Adorable, si, pero más aún... Rin estaba dolorosamente exquisita esa mañana. Iba con una falda corta y ajustada color guinda, que resaltaba la forma perfecta de sus piernas largas, suaves y torneadas, una chaquetita del mismo color con un escote en v que lo hizo fantasear y su cabello de chocolate caía en brillantes y sedosas ondas por sus estrechos hombros en contraste.

Subió su mirada un poco más, demorándose en sus labios gruesos que brillaban con un delicado color rosa, similar al que adornaba sus ojos...

Se veía ridículamente hermosa.

Las mejillas de la castaña se sonrojaron ligeramente y pestañeó un par de veces, haciendo bailar sus largas pestañas.

- ¿Ocurre algo? - le preguntó con su voz suave, sacándolo de su trance.

Él aclaró su garganta y negó, serio.

- Estás... distinta.

- ¿Distinta? - murmuró la señora Aneko y soltó una silenciosa risa -. ¡Se ve muy guapa! Eso es lo que pasa.

Sesshomaru frunció su ceño y Rin bajó su mirada, apenada, sonrió con sus mejillas más sonrosadas aún y echó un mechón de sus cabellos castaños detrás de su oreja con timidez.

- Oh, es que... hoy sólo tendré varias reuniones con clientes, pensé que... debía verme más presentable.

Él asintió, sin expresión aparente y, sin desearlo, los recuerdos de Rin trabajando en la fábrica llegaron de golpe a su cabeza. Si en esos momentos ella hubiese sabido todo lo que él pensaba cada vez que la veía, seguramente lo hubiera tratado de pervertido...

O si lo supiera ahora.

Bebió un sorbo de café, intentando alejar esos pensamientos, y miró la hora en su reloj.

- Ya deberíamos salir si no quieres llegar tarde - dijo serio, en un intento por cambiar de tema.

Rin asintió, emocionada, se despidió de la señora Aneko y de Ah-Un, tomó su bolso y su abrigo y lo siguió hasta su auto.

- ¿Te molesta si pongo música? - le preguntó una vez que partieron.

- Adelante - dijo él, con su vista al frente y fingiendo que no notaba como Rin lo miraba cada cierto tiempo, inquieta, como si quisiera preguntarle tantas cosas y no supiera por dónde empezar. De todas formas, él decidió no decir nada al respecto.

- Y... ¿ya decidiste qué harás con tus autos? - se atrevió a preguntar ella al fin - ¿Te los llevarás? O... ¿los dejarás aquí?

- Los llevaré - respondió Sesshomaru tranquilamente.

- Oh... - la castaña calló por un segundo y luego se volvió a mirarlo nuevamente - ¿Y a dónde los llevarás?

- ¿Por qué quieres saber?

Ella se encogió de hombros y volvió su vista al frente.

- Curiosidad - murmuró y guardó silencio por algunos segundos -. ¿Por qué no quieres responderme?

Él la miró disimuladamente de reojo.

- Te responderé - dijo al ver como comenzaban a caer las comisuras de sus labios en un inocente puchero -. Pero entonces tú también tendrás que responder mis preguntas.

Rin soltó una leve risa.

- No Sesshomaru - dijo negando -, no jugaré este juego contigo de nuevo, porque la última vez no fuiste completamente sincero.

Y por más que quiso mantenerse enojada, apenas esas palabras salieron de su boca, Rin no pudo evitar sonrojarse al recordar cómo había terminado esa noche, sobre todo por la manera en que él la miraba en ese momento. 

Sesshomaru esbozó una sonrisa arrogante y lobuna, perfectamente consciente de lo que pasaba por su cabeza y Rin se cohibió aún más al notarlo. 

- Si lo fui, Rin.

- Responder a medias no es ser sincero - arremetió ella, rehuyendo de su intensa mirada -. No me dijiste toda la verdad.

- No te mentí.

- Es lo mismo.

- No lo es.

- ¡Uhg! - renegó fastidiada - ¿Y qué quieres saber de todas formas?

Él la miró de reojo con indiferencia.

- Eso lo decido yo, es el precio de tus preguntas.

Rin rodó sus ojos y negó divertida, se giró en el asiento para verlo de frente, con su cabeza descansando en una mano y sus maravillosas piernas cruzadas, y esbozó una sonrisa traviesa y radiante.

Exquisita, jodidamente exquisita.

- Lo olvidaba, siempre quieres algo a cambio, ¿no? - le preguntó casi desafiante y él tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no detener el auto y saltarle encima.

- Así es.

- Bien, Sesshomaru, como quieras... - dijo con toda su seguridad y tratando inútilmente de parecer seria - pero no ganarás nada de todo esto, porque al contrario de ti, no hay prácticamente nada que yo no te haya dicho ya.

- ¿Dónde aprendiste a robar autos?

La castaña abrió sus ojos a todo dar y sintió como sus mejillas se enrojecieron al instante. Se hundió en su asiento e infló sus cachetes en un puchero.

- P-pero... no, no es justo - murmuró -. Yo... yo pregunté primero.

- Es mi turno, Rin - la castaña frunció su ceño y soltó un resoplido. Él sonrió ligeramente de lado al verla en esa rabieta -. ¿Y bien? - insistió.

- ¡Nunca he robado un auto! - respondió apenada -. Eso... ¡eso fue una emergencia! Y además ya me disculpé... - cruzó sus brazos y se hundió aún más en el asiento -. Y-y tampoco puedes molestarte por eso.

- No he dicho que esté molesto - dijo él, con toda su calma -. Y nada de eso fue lo que pregunté, Rin.

- ¡Hpmh! Bien... Trabajé de ayudante en un taller de autos mientras estudiaba en la universidad. Ahí... un amigo me enseñó - respondió con sus mejillas aún sonrojadas.

- ¿Un amigo? - le preguntó él, con una ceja arqueada.

- ¡A-ha! ¡Esa ya es otra pregunta! - dijo orgullosa -. No te pases de listo, ahora es mi turno, Sesshomaru... - Él sonrió ligeramente -. ¿A dónde llevarás tus autos?

- Aún no lo tengo claro.

Rin lo miró con sus ojos entrecerrados con suspicacia y enfado.

- Mientes, de nuevo.

- De momento los llevaré a la fábrica y después no tengo claro que haré con ellos - agregó -. ¿Ahí si, Rin?

La castaña entrecerró sus ojos aún más y luego se encogió de hombros y dejó escapar un suspiro.

- Bien, supongo que no tengo como realmente saber si me estás diciendo la verdad, ¿no? - dijo en un mal intento de parecer molesta y mordaz.

- Supongo que no - agregó él despreocupadamente, Rin frunció su ceño y antes de que tuviera tiempo de decir algo más, él se adelantó -. ¿Este "amigo" también fue quien te enseñó a conducir?

Ella soltó una leve risa y negó con sus ojos cerrados.

- Nop. Cuando trabajé en el taller ya sabía conducir. Me enseñó mi papá, cuando tenía 11.

- ¿11? - le preguntó Sesshomaru con una ceja arqueada.

Rin asintió, aún sonriente.

- Tenía una camioneta vieja en la que acarreaba algunas cosas para su trabajo y casi siempre lo acompañaba. Recuerdo que le insistí tanto para que me enseñara, hasta que finalmente aceptó, pero lo hacíamos a escondidas de mamá y las prácticas no duraron mucho tiempo porque un día cuando salíamos de casa, en un descuido choqué el portón.

- ¿Qué dijo tu madre?

Rin soltó una risita.

- En ese momento, nada, porque mi papá le dijo que había sido él.

- ¿Por qué?

- Porque supongo que pensó que así lo iba a regañar menos que si le decía que voluntariamente le había pasado la camioneta a su pequeña hija, que con suerte alcanzaba los pedales.

Sesshomaru negó con una corta sonrisa al escucharla.

- Igual se enteró un par de días después. Supongo que mi papá no pudo ocultarlo más y se lo dijo de todas formas... y entonces nos regañó muchísimo a los dos - le contó sonriendo y de pronto frunció su ceño -. ¡Oye! Ya me debes como tres preguntas.

El peliblanco se hizo el desentendido, aunque gracias a la insistencia de la castaña eso no duró por mucho tiempo y continuaron conversando por el resto del viaje. Rin reía animadamente como si entre ellos nunca hubiese habido nada más que sol, hasta que finalmente llegaron a la ciudad, más pronto de lo que quizás a cualquiera de los dos les hubiese gustado

.Apenas el edificio de la consultora apareció frente a ellos, un extraño silencio se apoderó del auto. Habían llegado a la hora, pero aun así, Sesshomaru no se detuvo justo afuera para que ella bajara, sino que entró al estacionamiento subterráneo del edificio y paró ahí. 

Rin lo miró de reojo, nerviosa. 

"La última vez" seguía repitiéndose en su cabeza una y otra vez y, antes de poder decir algo en voz alta, el peliblanco tomó su abrigo y salió a abrirle la puerta, en silencio, con su expresión ilegible y toda su usual elegancia. 

La castaña dejó escapar un resoplido, completamente segura de que él no diría nada más al respecto y, de pronto, apenas bajó del auto sumida en sus pensamientos, tuvo que contener el aliento. Se sintió casi intimidada al darse cuenta de que él no se había movido para que ella bajara, como cualquiera hubiese hecho, sino que se quedó justo ahí y ella se vio encerrada entre la fría puerta y su cuerpo grande. 

Y tragó pesado. Es que a veces olvidaba lo grande que era... por mucho más grande que ella.

Sesshoamaru le extendió su abrigo y le ayudó a ponérselo. Rin obedeció silenciosamente a sus intenciones y se estremeció entre sus brazos, de espaldas a él, cuando sus pecaminosos dedos largos rozaron la piel sensible de su cuello.

Se volteó, algo desconcertada, para quedar de frente y su olor tan varonil y delicioso la dejó más aturdida aún. Sesshomaru la tenía aprisionada tan cerca de él que respiraba su mismo aliento, podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo grande y firme, y sin apartar sus ojos dorados de ella, tomó uno de sus mechones castaños y lo dejó detrás de su oreja con delicadeza.

Una corriente de necesidad recorrió sus cuerpos en ese momento. 

Rin inconscientemente cerró sus ojos y, completamente rendida, dejó escapar un suave suspiro, casi como un ronroneo al sentir su caricia y él apretó su mandíbula, en un intento desesperado por contenerse y no asaltar su boca.

Quería besarla. Siempre quería besarla, pero en ese preciso momento sus labios lo llamaban con una incontrolable urgencia. Más aún cuando era una verdadera tortura recordar tan perfectamente como esos labios perfectos y dulces se sentían contra su lengua, como su piel suave, cálida y tersa se sentía al rozar su cuerpo... recordar el sonido de su voz llamándolo por su nombre cada vez que la hizo suya.

Entonces acarició su mejilla con sus últimos resquicios de autocontrol y se descubrió deseando poder volver el tiempo atrás...

- Vas a llegar tarde - susurró con su voz grave, alejando su mano y obligándose a hacerse a un lado.

Rin abrió sus ojos y pestañeó un par de veces, completamente descolocada. De verdad pensó que él... iba a besarla.

- Sesshomaru... - murmuró, y él sólo guardó silencio - De verdad... ¿no me dirás nada más?

- ¿Qué más quieres que te diga? - le preguntó, tan serio y frío como de costumbre -. Ya respondí todas tus preguntas.

Rin bajó su mirada y frunció su ceño. Ni siquiera entendía porqué se molestaba, no era como... si no se lo esperara.

- Está bien - espetó seria, iba a seguir su camino pero él la detuvo, sosteniendo su muñeca.

- Si necesitas algo...

- Ya lo sé - lo interrumpió -, se lo diré al señor Jaken.

- Llámame, Rin.

La castaña levantó su mirada y lo vio esbozar una ligera sonrisa de lado. Y la verdad es que a esas alturas ya no tenía muy claro si se estaba burlando de ella o no, pero al verlo... no pudo evitar sonreír también.

- Gracias... - murmuró con timidez - y gracias por traerme - apoyó sus manos en su pecho y besó su mejilla, dejando un rastro ardiente -. Suerte, Sesshomaru...

Él sólo la vio desaparecer y subió a su auto, en silencio.

Rin ya no era suya, pero eso... no importaba. Él podía ser la persona a la que ella pudiera acudir sin temor a recriminaciones, él estaría siempre para ella, protegiéndola. Y si, siempre habría una parte de él que desearía algo más, que lo desearía todo, sin restricciones... pero podía conformarse con eso. Con ser al menos eso para ella.


***


Sus piernas temblaban.

Realmente no sabía qué estaba haciendo... cualquiera que la viera paralizada en las puertas del lobby de ese lujoso edificio pensaría que había llegado ahí en un simple y precipitado impulso y que ahora acababa de arrepentirse de entrar. Pero no estaba arrepentida, no... sólo estaba nerviosa. Nerviosa porque no tenía ni la más mínima idea de cómo acabaría todo esto.

Y en realidad tampoco había llegado ahí en un impulso. Impulso hubiese sido besarlo aquel día, cuando la dejó en la consultora. Porque si era sincera consigo misma, eso es lo que había querido hacer. Pero... ya habían pasado cinco días desde entonces, cinco días en los que no había dejado de pensar en eso y en él.

De modo que no, tampoco había sido un impulso. Estaba ahí con un propósito...

Así que arregló su chaqueta y enderezó sus hombros, en un intento por darse seguridad. Tomó una bocanada de aire y, con toda la determinación que encontró en su pequeño cuerpo, comenzó a caminar hacia el elevador. Porque Rin Takahashi podía ser muchas cosas... arrebatada, distraída y quizás un poco torpe, pero si había algo que no era, eso era ser hipócrita con sus sentimientos, ¡no señor!

Tenía que decirle a ese hombre lo que sentía.

Alzó su mano temblorosa para apretar el botón del elevador, pero de pronto su voz grave resonó en su cabeza, como un balde de agua fría.

"Ya no somos nada"

"...esta será la última vez"

"¿Qué más quieres que te diga?"

¿Realmente... lo había pensado bien? Él ya había sido claro con ella, entonces... ¿qué era lo que esperaba escuchar? ¿Qué iba a pasar si aún después de decirle todo lo que tenía que decir, él... prefería permanecer lejos de ella?

Maldición, de pronto se sintió tan extraña, sus piernas flaquearon otra vez. Ahora que lo pensaba, ni siquiera recordaba el camino de la consultora hasta ese edificio. Su mente se había desconectado por un momento.

Quizás... esto si había sido un impulso precipitado después de todo. Quizás... necesitaba más tiempo para pensarlo, porque si él la rechazaba... terminaría de romper los restos de su corazón resquebrajado y no quería perder lo poco que tenían por un simple arrebato.

No podía.

Dejó escapar un suspiro, bajó su brazo y dio un paso atrás, cuando de pronto las puertas del elevador se abrieron de par en par y una elegante y reconocible mujer puso un pie afuera.

- Vaya, que... sorpresa - dijo ella, con una ligera sonrisa calculada y una mirada tan fría e ilegible como la de su hijo.

- Señora Irasue - habló la castaña, con sus ojos muy abiertos por la sorpresa -, ho-hola, ¿cómo está?

- ¿Vienes a ver a mi hijo? - le preguntó ella, ignorando por completo su saludo.

- Ehh, eso... pensaba, pero... no me había dado cuenta de lo tarde que es - balbuceó y puso un mechón de sus cabellos detrás de su oreja -. Seguramente debe estar ocupado, creo que mejor... pasaré en otro momento, en realidad no es nada urgente.

- Yo ya me voy. No voy a interrumpirlos, si es lo que te preocupa - dijo la mayor con indiferencia y a Rin se le subieron todos los colores al rostro.

- ¡No!, no, no es eso, claro que no...

Irasue negó rodando sus ojos ligeramente y comenzó a caminar sin prisa hacia la salida, pero se detuvo de pronto al notar que Rin también había comenzado a caminar tras ella.

- Viniste hasta aquí y, ¿de verdad no piensas subir? - le preguntó, legítimamente curiosa y mirándola de reojo.

Rin negó, apenada.

- No... - decidió en voz baja - será mejor que regrese en otro momento.

La peliblanca la analizó detenidamente. "Demasiado transparente", se dijo una vez más y una corta sonrisa retorcida escapó de sus labios.

- Quizás no haya otro momento - dijo, retomando su paso.

Rin se apresuró para alcanzarla.

- ¿A q-qué se refiere?

- Nada - negó -, sólo digo que quizás deberías subir ahora, aprovechando que no tiene nada más que hacer - miró la hora en su elegante y evidentemente costoso reloj de pulsera -. Ya debe haber terminado de preparar su equipaje.

- ¿Su... equipaje?

- Oh, ¿no es por eso que estás aquí? - preguntó, haciéndose la desentendida -. Nos vamos a Alemania, niña. Partimos en dos horas.

- ¿Qué? ¿Cómo? Pero y... ¿qué hay de las votaciones? ¿Por qué se irían justo ahora? ¿Ocurrió algo?

Irasue dejó escapar un suspiro dramático.

- Por supuesto... no te lo dijo.

Rin la miró con el ceño fruncido, preocupada.

- ¿De qué está hablando?

- Las votaciones no importan, porque Sesshomaru renunció a la presidencia - respondió, sin ni una expresión aparente en su rostro frío.

La castaña paró de golpe.

- ¿Cómo? - preguntó completamente descolocada - ¿Me está... hablando en serio?

- ¿Me ves cara de estar bromeando, niña?

Rin la miró fijamente, con sus ojos muy abiertos.

- ¿Por qué... haría algo así?

- Eso deberías preguntárselo a él - la miró detenidamente de pies a cabeza -, aunque la respuesta parece un poco obvia. - Un hombre a su costado abrió las puertas para ella e Irasue se giró a verla por sobre su hombro por última vez antes de salir -. Dile que si no llega en dos horas tendrá que alquilar su propio avión, porque no esperaré ni un minuto más. Esta ya es la segunda vez que pospone el vuelo. A esos hombres no les gusta esperar y yo no pienso darle explicaciones a nadie cuando él no se presente a la reunión.

Rin pestañeó varias veces, completamente confundida.

- ¿C-Cómo? ¿Su... propio avión? ¿Qué hombres?

Irasue negó irritada.

- ¿Nadie te ha dicho que haces demasiadas preguntas?

- Si... - murmuró la castaña cuando las puertas se cerraron frente a ella, viendo a la mujer partir en el auto que la esperaba justo afuera.

Se giró a mirar hacia el elevador y luego a la salida otra vez, arregló su chaqueta, enderezó sus hombros y tomó una bocanada de aire nuevamente.

A la mierda. Prefería un corazón roto, pero no iba a quedarse sin haberlo intentado.



- ¿Rin? - habló el peliblanco, ocultando bajo su fachada inescrutable la sorpresa que sintió al abrir la puerta. Cortó la llamada en la que estaba y se hizo a un lado, invitándole a pasar - ¿Qué haces aquí?

La castaña entró al Penthouse a grandes zancadas, con su ceño fruncido y sus puños apretados, como si quisiera gritarle a la cara y él la miró con una ceja arqueada, con ligera curiosidad.

- ¿P-por qué no me lo dijiste, Sesshomaru? - le preguntó con su voz temblorosa.

El peliblanco entrecerró los ojos, le dio la espalda y comenzó a caminar hacia adentro.

- Ya hemos hablado de esto - dijo, con su voz grave, seria y calmada, ignorando su pequeña rabieta.

- ¡N-no! no hemos hablado de esto... ¿Por qué no me dijiste que te ibas? - aclaró -. De verdad... ¿ni siquiera pensabas en despedirte de mi? - Él la miró de reojo con cuestionamiento -. Me encontré con la señora Irasue en el lobby...

Sesshomaru bufó silenciosamente y masajeó el puentecillo de su nariz con irritación.

Eso explicaba muchas cosas.

- No deberías creer todo lo que Irasue dice, Rin.

La castaña lo alcanzó y tomó su mano, deteniéndolo y él finalmente se giró a verla.

- ¿Renunciaste, Sesshomaru?

El peliblanco la miró fijamente en silencio y con el ceño fruncido como si estuviera... ¿molesto? ¿Realmente él podía estar molesto en este momento? 

- Si.

¿P-por qué? ¿Por qué no me dijiste nada cuando te pregunté sobre las votaciones? ¿Por qué me lo ocultaste?

- Porque no tiene importancia, Rin.

- ¿Cómo puedes decirme eso? - murmuró, con sus ojos vidriosos.

- Tomé una decisión, eso es todo.

Ella se aferró a su mano y lo miró suplicante.

- ¿Por qué todavía no quieres responderme? Sé sincero conmigo... por favor - pidió con su voz quebrada -. ¿Fue... por mi culpa?

- No, Rin. No fue tu culpa - le aseguró. Se acercó a ella, tomó su rostro y con cuidado limpió una lágrima que caía por su mejilla -. Y precisamente es por esto que no quería decírtelo. No vuelvas a pensarlo.

- ¿Cómo no voy a pensarlo? ¡Es lo que siempre has querido, Sesshomaru! ¡Y lo perdiste! - bajó su mirada y limpió sus lágrimas con frustración -. Lo perdiste por mi culpa.

El peliblanco dejó escapar un corto suspiro y tomó su mentón, levantando su rostro.

- ¿Todavía no lo entiendes, Rin? Eso no importa, aún si lo perdiera todo, nada de eso importa... - susurró, tan cerca de sus labios -. Prefiero perderlo todo, que perderte a ti.

La castaña abrió sus ojos y pestañeó con su boca ligeramente entreabierta, como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.

Sin pensarlo más, tomó su rostro con ambas manos y lo besó. Fue un roce suave y tan intenso a la vez; lento, tibio y tan cargado de necesidad que se sintió estremecer. Sus brazos se envolvieron a su cuello para no caer y él, aunque se sintió desprevenido, no perdió la oportunidad de aferrarse a su cuerpo con urgencia, mientras su otra mano se perdía entre sus cabellos castaños, agarrando su nuca con firmeza, como si no quisiera dejarla ir, como si no quisiera volver a separarse de ella.

¿Y es que cómo había sido posible extrañar tanto a alguien? A esa pequeña criatura que ahora se derretía entre sus brazos, tan suya como siempre...

La castaña se separó ligeramente cuando el aire escaseó entre ambos; sus mejillas estaban rojas y podía escuchar los latidos alborotados de su corazón contra su pecho. Abrió sus ojos lentamente, pero no tuvo tiempo de decir ni de hacer nada más antes de que él atrapara sus labios nuevamente.

Sesshomaru atrajo su cuerpo aún más al suyo, hasta que no quedó ni un espacio entre ellos. Coló sus manos bajo su ropa mientras su lengua pecaminosa se abría paso en su boca y la castaña dejó escapar un suave y delicioso gemido al sentir como sus manos grandes y ávidas recorrían sus costados y todas sus curvas como si no las conociera. 

Todo su cuerpo cosquilleaba. Ese encuentro había sido tan arrasador, como si fuera la primera vez que alguien la besaba y a la vez tan maravilloso, como si ya lo hubiesen ensayado una infinidad de veces. Él mordía sus labios completamente extasiado y delirante con ella y con su sabor y Rin le correspondía de la misma manera, apasionada y tierna. 

Pero de pronto... se detuvo. 

Se alejó de él y lo miró con sus ojos brillantes y empañados, con preocupación, como si acabara de recordar algo... algo importante.

- Te vas... - susurró y él la miró con una corta sonrisa en sus labios, como si estuviera burlándose de ella... ¡de nuevo! - ¡No me mires así, Sesshomaru!

- Sólo serán dos semanas, Rin.

- ¿Dos... semanas? - preguntó con su cabeza ladeada, aún aferrada a sus ropas -. ¿D-De verdad?

- Si.

- P-pero... tú mamá...

- Te dije que no deberías creer todo lo que dice.

La castaña se sonrojó y bajó su mirada. Se acercó más a él y lo abrazó con fuerza, enterrando su cara en su pecho y sonriendo aliviada.

- Rin.

- ¿Uhm? - murmuró aún sin moverse, como si no quisiera salir de su ensueño.

- ¿Me besaste porque creíste que no volverías a verme?

Ella negó. 

Tomó aire profundamente y levantó su mirada hasta encontrar sus maravillosos ojos dorados, que la miraban con aquel brillo extraño.

- No, Sesshomaru - dijo con decisión y un adorable sonrojo en sus mejillas -. Te besé porque estoy enamorada de ti y porque quiero empezar de nuevo... a tu lado.


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