Cap. 48: Atardecer de invierno


Sesshomaru abrió la puerta de su despacho y se hizo a un lado, incitándola a pasar.

Ella entró caminando casi con cautela, y lo miró por debajo de sus largas pestañas. Los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos y la frialdad que encontró en sus ojos dorados le provocó un escalofrío.

Estaba nerviosa, pero aún así guardó silencio. No quería ser la primera en hablar, no después de la última conversación que habían tenido.

- ¿Quieres irte, Rin? - le preguntó él de pronto y su voz seria, grave y molesta la dejó helada.

- ¿Nos escuchaste? - preguntó la castaña, con un nudo en su garganta. Él no respondió nada - ¿Qué fue lo que escuchaste, Sesshomaru? - insistió, con más firmeza de lo que hubiese querido.

- Lo suficiente - espetó él.

- Claramente no... 

- ¿Por qué mejor no me respondes? Es una pregunta sencilla - su voz sonaba gélida, afilada y golpeada -. Quieres irte, ¿si o no?

- Yo no... no es tan sencillo... - balbuceó.

Él soltó una silenciosa y sarcástica risa.

- Si lo es. Para ti lo es. 

Rin abrió más sus ojos grandes y vidriosos.

- Sesshomaru... - susurró, con dolor en su voz.

- ¿Qué? ¿Estoy equivocado, Rin? - le preguntó avanzando hacia ella - ¿Acaso no estás pensando en arrancar justo ahora?

Rin retrocedió hasta que su espalda chocó con la pared. Él continuó avanzando hacia ella, con su mirada endurecida y oscura, desprovista de cualquier brillo. Acercándose lentamente, como un cruel depredador.

- No sigas...- pidió la castaña con su voz quebrada, bajando su mirada.

- Entonces respóndeme - ordenó él.

Ella tragó pesado y sus labios temblaron con indecisión.

- ¿Por qué haces esto?

El peliblanco metió una mano a su bolsillo, sacó un sobre y se lo extendió.

- ¿Q-Qué es esto, Sesshomaru? - preguntó ella sin comprender. Él no dijo nada, sólo siguió mirándola con aquella expresión fría y seria.

Rin tomó el sobre, confundida. Sacó el documento que había adentro y lo leyó en silencio.

Tenía fecha de hoy...

- Naraku... su juicio... terminó - murmuró, con sus ojos empañados -. Se acabó... al fin... - después de algunos segundos levantó su rostro para verlo -. Me estabas buscando - asumió -. Ibas a decírmelo...

- Si quieres arrancar no voy a detenerte - dijo él de pronto, ignorando sus palabras -. Haz lo que quieras, Rin. Pero si lo haces, asegúrate de llegar lejos, porque Hakudoshi aún sigue libre - espetó -. Si vas a hacerlo de todas formas... mejor temprano que tarde, ¿no? - dijo haciéndose a un costado y mostrándole la puerta.

- Sesshomaru, lo que dije... no es así... yo... - sus palabras salían atropelladas, porque en realidad ni siquiera sabía qué decir.

¿Quería irse? Había una parte dentro de ella que le decía que definitivamente sería lo mejor... pero luego estaba aquella otra parte, esa parte que sin importar qué, no quería volver a dejarlo. Esa parte que le suplicaba volver a sus brazos, ahí donde se había sentido segura, ahí donde había sido feliz.

Aunque quizás... esa ya no era una opción.

- ¿No es así? - habló Sesshomaru nuevamente, al comprender que Rin no diría nada más -. Sólo dilo de una maldita vez - espetó y negó -. Si no eres capaz de admitirlo, te lo voy a dejar incluso más fácil.

Se alejó de ella y caminó hasta detrás de su escritorio. Sacó una hoja de uno de los cajones y la dejó con brusquedad sobre el mesón.

Rin se acercó lentamente, tomó la hoja y la leyó, una y otra vez, como si no pudiera convencerse de lo que veía, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

- ¿Por qué tú tienes esto, Sesshomaru? - le preguntó con toda la firmeza de la que fue capaz, sin poder contener las lágrimas que comenzaron a caer por sus mejillas.

Ese documento... era el mismo que su padre había ocupado para sobornarla, tantos meses atrás, para alejarla de él. La misma cantidad absurda de dinero, más del que podría ver en toda una vida; la misma promesa de un buen puesto y la misma condición de desaparecer...

Era exactamente la misma hoja y ahora, esa hoja... la tenía él...

- ¡¿Por qué?!

- Antes no pudiste aceptarlo, quizás ahora quieras - dijo Sesshomaru con frialdad.

Su estómago se revolvió al escucharlo. Un nudo apretó su pecho y su garganta, y con pocas fuerzas levantó su mirada para verlo a los ojos.

Él se mantenía tan serio e implacable como siempre.

- Eres un... 

Una sonrisa siniestra y oscura se dibujó en los labios del peliblanco. 

- ¿Un qué, Rin? - preguntó, con su voz serena, grave y profunda -. Cualquiera pensaría que a estas alturas ya lo tendrías asumido. Di lo que soy, Rin - insistió, odiándose cada vez más con cada palabra que salía de su boca -.Te lo dije desde un principio, ahora admítelo. Di que soy un hijo de puta - ordenó -. ¡Di que no soy un jodido ángel, di que quieres irte y que soy malo para ti! ¡Dilo!

La castaña se dio la vuelta y corrió lejos de la habitación, sin mirar atrás.


Él se quedó ahí de pie, viendo la puerta que se había cerrado frente a él, apretando sus puños con fuerza. 

A lo largo de su vida había hecho cosas realmente despreciables y había pasado por alto otras más despreciables aún. Pero por alguna razón, esta... se sentía como la peor de todas.

La había herido. La había alejado de él. Ya no había vuelta atrás...

Era mejor así.

Salió de su despacho, caminando con toda su usual elegancia, moviéndose con la destreza de un hombre que tiene el mundo a sus pies... aunque por primera vez, sentía que lo había perdido todo.

Subió a su auto y encendió el motor por inercia. Con su expresión sombría, su mandíbula tensa y sus manos aferradas al volante, cada vez más fuerte, cada vez más, hasta que sus nudillos se emblanquecieron, se sumergió en sus oscuros pensamientos.

Aceleró hasta perderse en el estrecho camino y de pronto su teléfono comenzó a sonar. Lo ignoró, como si fuera un molesto ruido lejano, pero el sonido no se detuvo, una y otra vez, mensajes y llamadas entraban, hasta que finalmente respondió.

- ¿Qué ocurre? - preguntó evidentemente molesto... y sus ojos se abrieron con sorpresa al escuchar la respuesta.


***


Las orejas de Ah-Un reaccionaron cuando escuchó a alguien tocar la puerta de la habitación.

- Adelante - dijo la castaña con voz suave y sonrió débilmente al ver entrar al señor Jaken.

- ¿No crees que ya está muy grande para dormir contigo? - le preguntó él, viendo al animal que descansaba a los pies de su cama. Realmente había crecido mucho en muy poco tiempo.

Rin sonrió y negó.

- Está bien, yo no ocupo tanto espacio - dijo ella, encogiéndose de hombros.

Jaken negó en un suspiro y por un momento, a Rin le pareció ver que traía una mirada compasiva y preocupada. 

"Nos escuchó", pensó la castaña y desvió su mirada.

- Señor Jaken, creo que por hoy no me siento de ánimos para jugar al ajedrez - se disculpó con una sonrisa un tanto forzada. La verdad era que necesitaba estar sola, necesitaba ordenar sus ideas y decidir qué hacer -. Además, no entiendo cómo no se aburre de ganarme todo el tiempo, quizás deba buscarse a un mejor jugador - bromeó.

Jaken la miró fijamente, con seriedad.

- No estoy aquí por eso, Rin - dijo él, y esa mirada de preocupación se hizo más evidente aún.

- ¿Ocurrió algo, señor Jaken?

- Rin... ¿Podrías acompañarme? Hay algo que necesito conversar contigo y con tu padre...


La castaña lo siguió extrañada hasta la sala de estar y se sentó junto a su papá, en uno de los elegantes sillones, a un costado de la gran chimenea, esperando a que hablara.

- Me está asustando, señor Jaken - dijo al verlo caminar de un lado para otro, evidentemente nervioso -. ¿Por qué no nos dice qué sucede? 

Él se detuvo al escucharla y los miró a ambos. Primero a Rin y luego a su padre y finalmente dejó escapar un suspiro.

- Encontraron a Hakudoshi - contó -. Ya está con la policía.

La castaña soltó el aire que tenía retenido en sus pulmones, con alivio.

- Esas son buenas noticias, señor Jaken - dijo el señor Takahashi con una débil sonrisa y acarició con ternura el cabello de Rin.

- También... encontraron a su padre... Nakamura Onigumo - continuó Jaken -. Era quien más le interesaba a la policía y al detective, llevaban años sin poder probar todo lo que hizo y sin poder encontrarlo. Hakudoshi lo traicionó, él terminó por entregar toda la información que faltaba una vez que lo arrestaron - Jaken pausó por un segundo y aclaró su garganta -. Pero cuando llegaron a buscarlo, Onigumo... decidió... matarse, antes de que pudieran atraparlo.

El señor Takahashi bajó su mirada.

- Ya veo... - murmuró.

Rin tragó pesado.

- Por dios... ¿Por qué... llegar a eso?

- No hubiese esperado más de un hombre como él - dijo Jaken -. Supongo que... este fue el fin de los Nakamura.

Rin bajó su mirada.

- Sólo... espero que, donde sea que esté... Kagura esté a salvo - murmuró, más para ella misma. Levantó su mirada y de pronto, algo más llamó su atención. Se quedó viendo fijamente al hombre frente a ella. Esa expresión de preocupación... aún no se iba de su rostro -. ¿Hay algo más que no nos está diciendo, señor Jaken?

Él bajó su mirada y movió sus dedos entrelazados.

- La razón por la que encontraron a Hakudoshi... fue porque el señor Sesshomaru tenía hombres custodiando su casa - dijo al fin -. Ya sabes... en caso de que... regresara.

- ¿Nuestra casa? - preguntó la castaña, extrañada. Jaken asintió - ¿Qué hacía Hakudoshi en nuestra casa?

- Ayer terminó el juicio de Nakamura... - recordó su padre.

Jaken asintió.

- Un último mensaje de Naraku...

- ¿Qué hizo, señor Jaken? - insistió Rin, con más firmeza -. ¿Qué pasó?

- La quemó - murmuró -. Lo siento, Rin... Los hombres del señor Sesshomaru lo atraparon anoche, mientras intentaba escapar, pero fue muy tarde para poder salvar algo...

Rin bajó su mirada, en silencio.

- ¿Alguien salió herido? - preguntó su padre luego de algunos segundos.

- No... nadie - dijo Jaken -. Bueno... - aclaró su garganta - sólo Hakudoshi - murmuró bajo.

- Está bien... - dijo el señor Takahashi -. No tiene que sentirse mal, señor Jaken. Ya todo acabó, y... estamos bien. Lo demás... no importa.

Jaken asintió con su mirada baja. Rin tocó su hombro y asintió también, con una débil sonrisa y con sus ojos vidriosos y empañados.

- Señor Jaken... - habló Rin, luego de algunos segundos - ¿Y... Sesshomaru? ¿Sabe... dónde está él?

- Ehem... El señor Sesshomaru está con la policía - contó -. Sobre eso... Hay algo más que debo conversar con ustedes. Con usted precisamente, señor Takahashi...


***


- No tenía que hacerlo - dijo el hombre, regañándolo con una expresión suave -. Vamos a estar bien de todas formas, usted ya hizo suficiente. Esto... no era su responsabilidad.

- Lo era - arremetió él -. Es lo mínimo que puedo hacer. Y de todas formas, ya no hay vuelta atrás.

El hombre sonrió.

- No creo que eso sea cierto... - negó y dejó escapar un suspiro -. Gracias, joven Sesshomaru...

- No me agradezca.

El hombre soltó una débil risotada y miró a su alrededor.

- Creo que no me queda otra opción - dijo con una ligera sonrisa -. Pero por sobre todo... gracias por cumplir su palabra. Gracias por mantenerla a salvo.

- ¿Cómo está ella? - se atrevió a preguntar luego de algunos segundos de silencio.

- Bien... aunque aún hay harto que procesar, pero... - ladeó su cabeza antes de continuar - ¿Por qué no se lo pregunta usted mismo? No esperábamos verlo hoy... Rin preguntó por usted, quizás le gustaría verlo.

Sesshomaru negó.

- Ya debo volver a la ciudad.

El señor Takahashi dejó escapar un suspiro.

- Bueno... cuídese, joven Sesshomaru. Imagino que tiene harto que hacer, pero... procure descansar. Dormir tan poco no le hace bien a nadie, créame.

El peliblanco asintió. Se dio la media vuelta y comenzó a caminar hacia la salida. De pronto se detuvo en uno de los grandes ventanales y se quedó mirando hacia el horizonte. 

El sol se ponía a lo lejos y había dejado de nevar, al fin.

No pudo evitar mirar hacia los alrededores... Ese lugar, la única vez que se había sentido como un hogar... fue cuando lo compartió con Rin.

Quizás las cosas no habían resultado como esperaba, pero... eran como debían resultar, al fin y al cabo.

Iba a continuar su camino, cuando de pronto miró hacia la derecha y la vio a ella. Rin estaba ahí, sentada en la terraza, como un espejismo...

"Quizás le gustaría verlo..."

Bufó por la nariz. No creía que eso fuera cierto. No podía ser cierto. Es más, ayer hubiese jurado que la próxima vez que pisara ese lugar, no la encontraría ahí.

Pensó que no la volvería a ver...

Pero... ahí estaba ella.

Sin nisiquiera darse cuenta, sus propias piernas lo llevaron al lugar. De pronto, se encontró abriendo una gran ventana y cruzando hacia la terraza. 

A lo lejos la vio a ella; los últimos rayos de sol atravesaban las nubes en el cielo, iluminando su pelo y su piel.

Rin resplandecía.

Ah-Un descansaba en sus piernas estiradas, cubiertas con una manta. Su espalda estaba apoyada contra la pared y, aunque sostenía un libro entre sus manos, su mirada estaba perdida en el horizonte; en los colores rojizos del atardecer.

Aquello era mucho más que un espejismo, tenía que admitirlo... Jamás había visto algo parecido.

Se quedó ahí por cortos segundos, en silencio, y se contentó con poder verla, aunque fuera desde lejos. Con poder ver con sus propios ojos que aún estaba ahí, con saber que estaba bien, y finalmente, se obligó a irse.

- Sesshomaru... - susurró la castaña, girándose a verlo antes de que él pudiera siquiera voltearse -. Viniste...

Sus ojos dorados se anclaron rápidamente a los suyos cafés, casi con desesperación. Ni aunque lo hubiese intentado con todas sus fuerzas, hubiese podido dejar de mirarla en ese momento...

- Ya voy de regreso a la ciudad - se obligó a decir, sin expresión aparente -, vine a conversar algunos detalles con tu padre - Ella asintió, como si lo comprendiera y guardó silencio -. Siento lo que ocurrió, Rin.

- Está bien, todas nuestras cosas ya estaban acá, gracias a ti - dijo con su voz tranquila, suponiendo que se refería al incendio -. Y lo demás... son sólo recuerdos.

Él asintió.

- No deberías estar aquí afuera - dijo de pronto, después de algunos segundos de extraño silencio -, te vas a resfriar

Rin sonrió y volvió su mirada al frente, justo donde las nubes se teñían con los rojos colores del atardecer.

- Está bien, sólo será por un momento... No todos los días se puede ver un cielo así - comentó. Se giró a mirarlo nuevamente, con sus mejillas ligeramente sonrojadas - ¿Puedes... sentarte aquí conmigo? - le preguntó, haciéndose a un lado -. Antes de que te vayas...

Él se quedó ahí de pie, sin decir nada por segundos que se sintieron eternos, y finalmente comenzó a caminar hacia ella, en silencio, y se sentó a su lado, justo donde ella le indicaba.

Rin le sonrió con ternura.

- Es hermoso, ¿no crees? - murmuró, con su mirada perdida al frente.

Él la admiró sutilmente de reojo. La forma en que sus cabellos caían por sus hombros, la tranquilidad en su rostro, como su piel y sus ojos brillaban con el débil reflejo del sol...

- Lo es - admitió.

- Nunca me ha gustado el invierno, ¿sabes? Es una estación difícil, es crudo... los días son cortos, fríos y grises, y aún así... los mejores atardeceres son en invierno. A veces, un día gris, del que ya no esperas nada... te sorprende con un cielo así - sonrió -. Vale la pena sentarse a verlo, ¿no?

Sesshomaru no dijo nada. Rin lo miró a los ojos, y notó que tenía un pequeño corte en uno de sus pómulos. Bajó su mirada, tomó sus manos y vio sus nudillos heridos.

- Estuviste con él, ¿no es así? Con Hakudoshi... - El peliblanco guardó silencio - ¿Estás bien?

- Si.

La castaña dejó escapar un suspiro 

- No tenías que hacerlo, Sesshomaru...

Él frunció su ceño.

- Pudo haberte matado, Rin... a ti y a tu padre. Te lastimó y quemó tu casa...

- No me refiero a eso - aclaró la castaña y acarició sus manos con ternura. Él la miró con cuestionamiento -. Me refiero a... lo otro - miró hacia atrás -. Esta era la casa de tu madre... es tú casa, Sesshomaru.

- Ahora es de tu padre. Le pertenece.

- No necesitaba que lo hicieras, yo podía... yo iba a encargarme...

- Lo sé - admitió -, pero yo se lo debía - la castaña bajó su mirada y negó. Él tomó su mentón, levantando su rostro -. No digas que no, Rin, porque es la verdad.

Ella sonrió débilmente y Sesshomaru alejó su mano.

- Anoche me hiciste una pregunta y no fui capaz de responderte - mencionó la castaña. Tragó pesado antes de continuar -. Tenías razón... - admitió - si estaba pensando en arrancar. Me sentía encerrada y perdida... me sentía rota. Aún me siento rota... - sonrió y se encogió de hombros -. Pero supongo que todos lo estamos al menos un poco... no se puede crecer sin romperse.

- Rin...

La castaña negó.

- Pero por sobre todo quería irme, porque... pensaba que tú no me querías aquí.

Los músculos del peliblanco se tensaron al escucharla.

- Esto es de ustedes ahora - dijo con seriedad, luego de un largo silencio -. Y ya no tienes que permanecer encerrada...

Rin dejó escapar un suspiro.

- El señor Jaken me contó... por qué tú tenías ese papel. El documento que... tu papá usó para... sobornarme - murmuró -. Me contó lo enfurecido que estabas cuando te lo dijo... Me contó también que... te lo mencionó de nuevo, hace poco, que dijo que sería lo mejor... pero tú le dijiste que no - ella sonrió con sus ojos brillantes -. Le dijiste que a mi no me gustaría...

Una lágrima cayó de sus ojos cafés y él la secó con su pulgar, perdido en su mirada.

- No entiendo... - continuó Rin, con su voz quebrada -. ¿Por qué me dijiste todas esas cosas? ¿Por qué me alejas de ti?

- Porque todavía me miras así, Rin - dijo serio, con una extraña sensación invadiendo su pecho -. Como si fuera algo para ti, algo bueno... como si significara algo - negó -. Ya es momento de que comiences a olvidarlo - espetó -. A olvidarme.

La castaña bajó su mirada.

- ¿Y tú...? ¿Tú ya me olvidaste a mi? 

Sesshomaru no dijo nada, y Rin estiró su mano hasta tocar su rostro. Recorrió el corte de su pómulo con la yema de sus dedos, con toda su dulzura, y por primera vez en mucho tiempo sintió que podía ver a través de sus ojos. Sintió que esa fría capa de hielo al fin se derretía.

- Jamás podría decir que eres malo para mí - susurró -. No eres malo, Sesshomaru... Jamás lo has sido conmigo. 

- Ingenua - dijo bajo, con seriedad, y antes de ponerse de pie, llevó una mano a su nuca, la atrajo hacia él y besó su frente -. No te merezco, Rin.

La castaña lo miró con su boca entreabierta y él, sin decir más, comenzó a caminar hacia la salida.

- ¡Sesshomaru! - lo llamó, justo antes de que pudiera volver a entrar por la gran ventana. Él se volteó ligeramente, a verla por sobre su hombro y Rin sonrió, con sus mejillas sonrojadas -. No podría olvidarte a ti, ni aunque lo intentara toda la vida.





***



[¡Hola! No pude sacar antes este capítulo porque tuve unos días algo complicados, pero aquí está y espero que les haya gustado 💕. También quería contarles que esta historia ya está llegando a su finnnnn, ya quedan poquitos capítulos, así que aprovecho de agradecerles a todos los que han seguido la historia hasta este punto, a todos los que votan y comentan, de verdad, muchísimas gracias de todo corazón. ¡Un abrazo gigante! 💖]


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