Cap. 37: La cena (Parte II)
- Rin, el señor Taisho me invitó y no iba a venir, estoy aquí únicamente porque necesito hablar contigo. Escucha lo que tengo que decir...
La castaña no pudo evitar sentirse extrañada al oírlo. La forma en que la miraba... era clara la determinación en los ojos verdes, y los suyos probablemente reflejaron una pizca de curiosidad, pero aún así, no podía escucharlo en ese momento.
No le gustaba la manera en que la mantenía agarrada, se había acercado demasiado y cualquiera que los viera... podría pensar mal.
- No Kirinmaru..., este no es el momento ni el lugar - negó nuevamente, intentando alejarse de él -. Lo que sea que tengas que decirme, puede esperar hasta el lunes.
- No, no puede...
- Bueno, pero va a tener que esperar de todas formas - arremetió, antes de que él pudiera decir algo más -, porque ahora no voy a ir a ni un lado contigo, así que, por favor, déjame y no vuelvas a acercarte de esta forma...
- Joder, Rin... - insistió, sin soltar el agarre de su brazo. Ella lo miró con seriedad y firmeza.
- ¿Hay algún problema? - preguntó Inuyasha, acercándose a ellos.
Ignorándolo completamente, el pelirrojo le mantuvo la mirada a la castaña por algunos segundos más, pero al ver que ella no cedía, finalmente negó con desprecio y, sin dar más explicaciones, continuó su camino.
- ¿Qué fue todo eso? - preguntó Kagome.
- No lo sé - respondió Rin, confundida y con la mirada perdida entre la gente -. Pero fue... extraño.
- Que idiota - murmuró Inuyasha -. No lo paso. No me extraña que Sesshomaru y él se hayan agarrado a putazos... Y no puedo creer que me lo perdí.
- ¡Inuyasha! - lo regañó Kagome.
- ¡¿Qué?!
La castaña compuso una débil sonrisa bajo su expresión preocupada y disimuladamente recorrió el salón con su mirada.
A lo lejos, finalmente dio con Sesshomaru, caminaba cruzando el salón... y Kirinmaru caminaba hacia él.
***
Cuando le dijo a su padre que no podría interesarle menos ese imbécil, lo había dicho en serio. Realmente no le interesaba si aparecía o no, pero en ese momento no pensó que podría llegar a ser tan desmedidamente estúpido como para acercarse a Rin de esa manera. A su Rin.
La manera en que la había mirado cuando llegó...
Sentía unos deseos irracionales de partirle la cara, y aumentaban con cada segundo que pasaba y lo veía caminar hacia él con su fingida sonrisa.
- Sesshomaru - saludó el pelirrojo, con esa falsa cordialidad que tanto detestaba -. Mis más sinceras felicitaciones. Por lo que escuché, ya estás sólo a un paso de convertirte en el siguiente presidente del conglomerado...
El peliblanco lo miró de reojo y pestañeó lentamente, guardando su estoica expresión de costumbre.
- Si vuelves a acercarte a ella, me va a importar un carajo quien esté mirando o quien te haya invitado - dijo con una inquietante calma -. Yo mismo te sacaré a patadas de aquí.
Kirinmaru tensó su mandíbula al escucharlo. Rápidamente relajó su expresión y negó con una sonrisa retorcida.
- Tranquilo, amigo - dijo aún sonriendo -. Por más que me gustaría verte perder la presidencia por un ataque de celos, no haré nada más por ahora. No sería muy educado de mi parte arruinarle la noche a tu padre, ¿no crees? - inquirió alzando una ceja -. Me marcharé luego de saludarlo. Puedo hablar con Rin en otro momento, después de todo... trabajamos juntos - le guiñó un ojo e iba a palmear su hombro, pero antes de que pudiera tocarlo, Sesshomaru lo detuvo sosteniendo su muñeca, mientras clavaba en él su mirada fría y afilada.
- Recuerda con quién te estás metiendo, Kirinmaru - su agarre se hizo más fuerte justo antes de soltarlo y, sin decir más, caminó alejándose de él a paso lento, con dirección a una salida en la parte trasera del salón.
Una vez afuera, el peliblanco sacó una cajetilla de cigarros de un bolsillo interno de su saco, pero antes de poder echarse uno a la boca, sintió la puerta abrirse a su costado.
- No te había visto fumar antes - dijo Rin con suavidad.
Él no le dirigió la mirada y ella caminó hasta quedar frente a él. Apoyó sus pequeñas manos en su pecho y finalmente se encontró con sus ojos.
- ¿Estás molesto, Sesshomaru?
- No tendría por qué estarlo - respondió con arrogancia e indiferencia y dejó la cajetilla a un lado.
Rin arrugó su frente al escucharlo.
- No te creo.
- Ese no es mi problema.
La castaña se separó de él.
- Ya veo... - murmuró - Creo que... mejor te dejaré solo.
Pero antes de que pudiera irse, Sesshomaru rodeó su cintura con un brazo, reteniéndola y acercándose a ella. Ella giró su rostro hacia un lado, escapando de sus ojos y él tomó sus mejillas, obligándola a mirarlo.
- No arranques, Rin - ordenó.
- No arranco, Sesshomaru - dijo ella con el ceño fruncido -. Pero no me gusta cuando me hablas así. Si estás molesto porque... Kirinmaru llegó a hablarme, eso... no fue mi culpa.
Él entrecerró sus ojos y atrapó un gruñido en su garganta.
- Ya te lo dije, no estoy molesto - espetó -. Pero tú me perteneces.
La castaña frunció su ceño aún más y él, como si jugara con su enfado, la acercó más todavía a su cuerpo, en un gesto de pura posesividad.
- No, Sesshomaru - protestó intentando ocultar lo que produjo en ella su cercanía -. N-no funciona así. Que... - sus mejillas se sonrojaron y miró hacia un lado antes de continuar - Que esté enamorada de ti, no quiere decir que... te pertenezca - dijo intentando parecer firme y él esbozó una sonrisa lobuna llena de satisfacción al escucharla, completamente malvada y seductora.
Acarició su labio inferior con su pulgar, y con su mirada fija en ellos, presionó levemente hasta que sus labios rosados y gruesos se entreabrieron, sintiendo su cálido aliento.
La castaña sintió un cosquilleo recorrer su cuerpo. Sus facciones se relajaron y sus sentidos se nublaron con su cercanía, y a él lo hizo reaccionar un tirón en su entrepierna cuando sintió la lengua tímida de Rin rozando su dedo.
Apretó su mandíbula para no saltar sobre ella y devorarla como un lobo hambriento y sólo se limitó a acercar su rostro al suyo.
- Puedes decir lo contrario, pero me perteneces, Rin - gruñó -. Desde el primer momento en que te vi.
Sin darle tiempo de volver a protestar o ni siquiera de reaccionar a sus palabras, asaltó sus labios con rudeza. La acercó más a él, pegándola completamente a su cuerpo mientras invadía su boca con su lengua experta de una manera casi perversa, que la dejó completamente aturdida.
Le quitó el aliento.
Ese no era un beso normal, suave o tierno; Sesshomaru estaba follando su boca con esa lengua pecaminosa que tenía.
Rin se removió y se derritió entre sus brazos, completamente rendida y él, aprovechándose de la situación, la giró sobre sus talones y pegó su espalda contra la pared.
- Eres mía - susurró, grave y bajo. Se agarró de su trasero con ambas manos y levantando ligeramente las telas de su vestido, coló una pierna entre las suyas, separando sus pies y rozándose descaradamente con ella.
La castaña gimió en respuesta y él se ahogó en deseo al oírla. Enterró una mano entre sus cabellos castaños, atrayéndola más hacia sí y la otra mano recorrió su costado hasta sus pechos, masajeando uno por sobre el vestido.
Se separó de ella sólo cuando el aire escaseó entre ambos y mordisqueó su labio con suavidad.
- Creo que... deberíamos... volver - murmuró Rin entre un suave jadeo, intentando aferrarse a los últimos vestigios de sentido común y autocontrol que quedaban en su cuerpo.
Sesshomaru la liberó y tomó su mano, guiándola hacia adentro. Rin lo miró algo extrañada por su obediencia, pero en vez de volver al salón con todos, como ella pensó que harían, él la llevó en el sentido contrario, por un estrecho pasillo.
- ¿Adónde me llevas, Sesshomaru?
- Esta vez vendrás conmigo, Rin. Y no aceptaré un no por respuesta.
La castaña soltó una risita nerviosa, abrió su boca para protestar, pero antes de alcanzar a decir algo, entraron por la primera puerta que había en el pasillo, a una habitación que parecía ser una pequeña bodega donde se guardaban sillas y mesas.
La pieza estaba escasamente iluminada, únicamente con la tenue luz de la luna que entraba por una pequeña ventana en lo alto.
El peliblanco cerró la puerta tras ellos y, sin molestarse en prender la luz o en decir algo más, la levantó del piso y atrapó sus labios de nuevo; hambriento y demandante, y Rin, inevitablemente le correspondió, aferrándose a su cuello, rodeando su cintura con sus piernas y gimiendo al sentir su erección; durísima y punzante, contra su intimidad.
Sesshomaru la sentó sobre una de las mesas y su mano no tardó en internarse bajo su vestido hasta alcanzar sus delicadas braguitas de encaje, las que sacó de un sólo tirón.
- ¡Noo...! - calló al escuchar el sonido de la tela desgarrarse - ¡Sesshomaru!
Él sólo sonrió perversamente de medio lado y las guardó en su bolsillo antes de volver a besarla con rudeza. Rin gimió y jadeó contra sus labios cuando sintió sus dedos rozando su intimidad en una dulce tortura; acariciándola suave y lentamente. Y él dejó escapar un gruñido que salió desde su garganta al sentirla así de mojada.
- Más... - pidió, completamente ida y él metió uno de sus dedos en ella. Rin se mordió su labio para no gemir fuerte mientras se aferraba a su cuello y a sus cabellos plateados, totalmente extasiada - ¡Ah!, más, por favor...
Sesshomaru la obligó a apoyar su espalda en la mesa, levantó una de sus piernas y siguió un camino de besos mordidas y lamidas por el interior de ella, hasta llegar al final, deleitándose con su sabor, su desenfreno y sus súplicas, y Rin volvió a ahogar un gemido al sentir su lengua jugueteando en círculos por toda esa zona tan desastrosamente húmeda y sensible.
- ¡Oh por d...! - tapó su boca con sus manos cuando él comenzó a follarla con su lengua y sintió que iba a explotar. Se removió, jadeó y gimió sin poder contenerse más, hasta terminar en su boca.
Aún jadeando, se tapó la cara con ambas manos sin poder creer lo que había hecho, ¡con cientos de personas ahí afuera!, y como un recordatorio de aquello, de repente escuchó el teléfono del peliblanco sonar. Lo más probable era que llevara sonando un tiempo y ellos ni siquiera lo habían notado... Pero aún así, no fue capaz de pararse o decir algo; sólo se quedó ahí, con sus ojos cerrados, sus mejillas ardiendo y su respiración agitada.
Sesshomaru le tendió una mano, ayudándola a levantarse y, como si nada hubiese pasado, volvió a besarla, tirando un poco de su labio antes de soltarla.
- Tenemos que regresar - susurró, con su voz tan jodidamente sexy y ahora levemente agitada -. Terminaremos con esto luego.
La castaña sólo pestañeó un par de veces, incrédula, y soltó una risa nerviosa mientras negaba.
- Dioses... Sólo espero que nadie nos haya escuchado - dijo aún sonrojada, asomándose por la puerta y mirando en todas las direcciones antes de salir. Acomodó su pelo y se giró a mirarlo -. Tengo que... - suspiró y sacudió su cabeza, intentando ordenar sus ideas - Iré al baño... ¿Nos vemos adentro?
Sesshomaru asintió con una corta sonrisa al verla titubear de esa manera, y antes de dejarla ir, la agarró de la cintura y le plantó un último beso. Rin se tambaleó, sonrió contra sus labios y salió caminando apresurada.
Él la siguió desde atrás, buscando a Toga con su mirada, y entre la gente dio con Irasue. Su madre negaba y reía irónicamente al verlo llegar, como si pudiera adivinar en donde estaba, e ignorando por completo a los hombres que le conversaban, se acercó a él.
- Eres un descarado - Le dijo. El peliblanco guardó silencio, pero inevitablemente esbozó una ligera y maliciosa sonrisa de lado -. Yo no te crié así, Sesshomaru.
- Tú no me criaste.
- ¡No sé qué hice para merecer a un hijo tan malagradecido! - dijo dramáticamente.
- Hpmh. ¿Has visto a Toga? Me estaba llamando.
- Si, te estaba buscando, ya dará su discurso - suspiró -. Apúrate, ya me cansé de hablar con estos vejestorios, había olvidado lo desagradables que eran.
Sesshomaru sólo la miró de reojo y continuó su camino.
***
Al salir del baño, la castaña se encontró con toda la aglomeración de gente y los reporteros a la espera del señor Taisho. Sesshomaru la esperaba afuera y la dejó con la señora Izayoi y Kagome, mientras él e Inuyasha acompañaban a su padre.
El discurso no fue muy largo, y todos lo escuchaban con mucha atención. Rin se percató de que incluso la señora Irasue parecía muy concentrada en lo que decía. Era la primera vez en la noche que la veía prestarle atención a alguien más.
La mayoría de las personas en ese salón parecían admirarlo... o quizás temerle. Era difícil discernir entre ambas a esas alturas, pero era fácil notar como él y Sesshomaru emitían aquel mismo aire de imponencia y respeto.
Luego de algunos minutos, Toga le cedió la palabra a su hijo mayor. Sesshomaru fue mucho más breve que él, conciso y directo, cómo siempre. Y al terminar, todos se acercaron a saludarlos y a conversar, pareciendo muy satisfechos con las palabras de ambos.
- Iré a buscar a Inuyasha - avisó Kagome.
- Lo siento si te sentiste incómoda hace un rato, Rin - dijo la señora Izayoi a su lado, aprovechando el bullicio de la gente y llamando su atención -. Los colegas de Toga pueden llegar a ser bastante indiscretos en ocasiones.
- Oh, no se preocupe señora Izayoi, no le doy importancia.
Ella negó con un deje de resignación en su mirada.
- Si me preocupo. Y también lamento si tuviste que aguantar comentarios similares de Toga. Sé que puede llegar a tener mucho en común con esos hombres, sé que tiene sus fallas, no soy ciega... - Rin sonrió débilmente -. Pero... no es un mal hombre, él... daría todo por su familia.
Rin asintió.
- No tengo dudas de eso, puedo ver que la ama, señora Izayoi.
- Aún así no es excusa, pero espero que puedas perdonarlo algún día. No me gustaría que te sintieras incómoda estando con nosotros; es bueno tenerlos cerca, Rin... a ti y a Sesshomaru - la castaña la miró enternecida -. Y quizás, Toga no lo dirá nunca, pero sé que te respeta. Lo conozco lo suficiente como para notarlo.
Rin sonrió y tomó su mano cariñosamente.
- Gracias por preocuparse por mi.
Izayoi miró sus manos y luego a ella, y le sonrió emocionada, casi cerrando sus ojos.
- No tienes qué agradecer, linda - negó -. Y me alegra mucho ver la forma en que Sesshomaru se preocupa por ti. Nunca antes lo había visto así; es evidente que se siente orgulloso de tener a su lado a una mujer como tú.
La castaña se sonrojó.
Inuyasha y Kagome llegaron con ellas en ese momento, acompañadas de dos hombres de edad, que saludaron muy amablemente a la señora Izayoi.
- Rin, Sesshomaru quedó atrapado con el viejo - le dijo Inuyasha. Ella asintió tranquilamente -. Estos son Myoga y Totosai, también son parte del directorio.
- Y viejos amigos de la familia - comentó Izayoi.
Rin se acercó a saludarlos. Ambos parecían bastante más amigables que el resto de los hombres que había conocido esa noche. El más pequeño de ellos era muy amoroso y el más alto, a quien Inuyasha presentó como Totosai, tenía los ojos grandes y un gesto preocupado.
- Aún no puedo creer que nuestro señor Toga nos vaya a dejar - dijo Totosai, abatido -. Sesshomaru... - sacudió su cabeza en negación - No quiero tener que obedecer a ese mocoso arrogante... ¡Incluso preferiría a este otro mocoso! - dijo señalando a Inuyasha con su bastón.
- ¡Oye! - refunfuñó el pelinegro.
- Totosai... - Izayoi lo regañó dulcemente por sus palabras.
- ¿Por qué dice eso? - le preguntó Rin.
- ¡¿Por qué?! - preguntó con sus grandes ojos muy abiertos.
- Señorita Rin - dijo Myoga, haciéndole un gesto a su viejo amigo para que guardara silencio -. Supongo que ya debe saber que hay una parte del directorio que... no se sentía muy a gusto con la inminente llegada del joven Sesshomaru al poder. Pero no hay de qué preocuparse, él ya se encargó de convencernos a casi todos... a algunos quizás más bruscamente que a otros - dijo mirando a Totosai -, pero a casi todos al fin y al cabo... Me parece mucho que el único que queda para que la votación sea unánime es el señor Miyamoto.
- ¿Por qué no se sentirían a gusto con él? - preguntó la castaña con el ceño fruncido.
- ¡Porque es aterrador! - gruñó Totosai -. Y malo...
Myoga negó e Inuyasha soltó una leve risa.
- Porque es un idiota presumido - agregó el joven pelinegro.
- Sin duda alguna el joven Sesshomaru es brillante - dijo Myoga -, pero... algunos piensan que quizás puede llegar a ser un poco... indiferente, ambicioso, frío y arrogante.
- ¡Eso no es verdad! - dijo Rin.
- ¿Un poco? - preguntó Totosai incrédulo.
La castaña negó.
- Él no es indiferente, sí se preocupa, aunque no lo diga. Sobre todo de su trabajo... ¡Y no es malo! - agregó -. En realidad es muy amable.
- Creo que no estamos hablando de la misma persona - murmuró Totosai.
- Es verdad que Sesshomaru ha cambiado en el último tiempo - dijo Kagome. La señora Izayoi asintió.
- Me temo que tengo que coincidir con las señoritas - habló un hombre que se acercaba a ellos, haciéndose parte de la conversación -. Lo siento, no pude evitar oír lo que hablaban.
- Yamaguchi - lo saludó Myoga -. Creí que tú tampoco votabas por el joven Sesshomaru.
- Es verdad, nunca he sido su fan y, ciertamente, "amable" no es una palabra que usaría para describirlo, pero su trabajo es impecable y hay que admitir que últimamente Sesshomaru ha madurado bastante. Incluso se podría decir que es un poco más... empático - miró a Rin y le sonrió levemente -. Y ahora me queda más clara la razón.
Ella le sonrió de vuelta con sus mejillas ligeramente sonrojadas. Inuyasha aclaró su garganta.
- Hablando del diablo...
Rin levantó su mirada y sonrió ampliamente.
- ¡Sesshomaru! - lo saludó alegre al verlo acercarse a ellos.
El peliblanco saludó al resto con un leve asentimiento de cabeza y luego se dirigió a la castaña.
- ¿Quieres bailar, Rin?
Ella abrió sus ojos a todo dar, completamente asombrada. Jamás pensó que iba a escuchar una propuesta así de su novio, y al parecer no era la única. Todos lo miraron de forma extraña al escuchar esa petición, pero no fue un problema para él ignorarlos.
- ¡Si! - dijo Rin, y tomó su brazo emocionada.
- ¡Qué romántico! - chilló Kagome cuando los vió alejarse y luego miró a su novio - Inuyasha... - lo llamó suavemente. Él la miró de reojo, asumiendo lo que venía - yo también quiero bailar.
- Hpmh... Está bien.
En la pista de baile, Sesshomaru atrajo a Rin hacia sí; la rodeó con sus brazos, con suavidad y firmeza a la vez, como si estuviera protegiéndola de algún peligro invisible, y ella sólo se dejó ser; apoyó su mejilla en su pecho, con una sonrisa imborrable, sintiéndose tan segura y feliz, mientras ambos se mecían lentamente de un lado a otro.
Aún entre el ruido de la gente y la música que los envolvía, Rin podía escuchar los tranquilos latidos de su corazón, e inconscientemente se aferró más a él, como si quisiera quedarse así para siempre.
A su lado fue fácil olvidarse de todo el resto.
Dejó escapar un corto suspiro y él la miró de reojo.
- ¿Estás bien? - le preguntó con suavidad.
- Si, muy bien... - respondió Rin con una ligera sonrisa - ¿Y tú? ¿Todo salió como esperabas?
- Si - dijo él con tranquilidad -. Aunque no he podido pensar en nada más coherente además de que no llevas ropa interior bajo ese vestido.
La castaña se carcajeó al escucharlo, con sus mejillas encendidas, y él no pudo evitar esbozar una leve sonrisa.
- ¿Quieres salir de aquí, Rin?
Ella levantó su cabeza y lo miró con confusión.
- Pero... ¿Cómo? ¿No tienes que... quedarte más tiempo?
- No - y para ser sincero, la verdad es que no le interesaba. En ese momento, lo único que quería era estar con ella, sin todas esas personas rodeándolo.
Ya todo estaba listo y apenas concretara la reunión con Naraku, se lo diría todo. Pero aún así... no podía saber lo que ocurriría después, y en el caso de que las cosas no resultaran bien, no quería perder el tiempo que tenía a su lado.
Rin sonrió traviesamente y asintió un par de veces. Él tomó su mano y, sin dar explicaciones, caminaron entre la gente hacia la salida.
Cruzaron el puente y llegaron hasta donde Jaken los esperaba con el auto.
- ¡Adiós señor Yamato! - se despidió Rin del hombre que estaba algunos pasos más allá, junto al auto de Toga, y él se despidió de ella con una sonrisa y una leve reverencia.
Sesshomaru no pudo evitar preguntarse por qué Rin le hablaba así al guardaespaldas de Izayoi, cuando ni siquiera él sabía cuál era su nombre, pero decidió no decir nada al respecto.
Se subieron al auto, Rin apoyó su cabeza en su hombro y en menos de lo que tardaron en salir del lugar, ella había caído profundamente dormida. Por el resto del camino, él se permitió descansar y cerrar sus ojos, disfrutando de esa extraña y agradable calma que ella le entregaba y, por segunda vez en su vida, aquel viaje que en algún momento solía parecerle tan tedioso y cansador, se le hizo más corto de lo que hubiese deseado.
Al llegar, Jaken bajó a abrirles la puerta y se encontró a Rin aún dormida en su hombro.
- ¡Ay por todos los dioses! ¡Despierta cham...!
- Silencio, Jaken - dijo el peliblanco con molestia y se inclinó en el asiento para cargarla en sus brazos. En ese momento, Rin comenzó a removerse y abrió sus ojos lentamente.
- Hola - murmuró aún adormilada -. ¿Ya llegamos? - el peliblanco asintió. Rin lo miró algo extrañada al ver que estaba prácticamente sobre ella - ¿Ibas a cargarme?
- No sería la primera vez.
Ella sonrió y recién pareció percatarse de que no estaban en la ciudad. Talló sus ojos con sus manos y miró hacia todos lados confundida.
- ¿Dónde...?
- En la casa del lago.
- Oh por dios, ¿dormí casi dos horas? - él asintió - ¿Ronqué?
- No.
- ¡Si! - gritó Jaken a lo lejos, mientras bajaba algunas cosas del maletero - ¡Como un carretonero!
Sesshomaru le dirigió una fría mirada.
- ¡Ay no! - Rin tapó su cara con sus manos y soltó una risa - Qué vergüenza...
Él sólo tomó su mano, sin decir nada, y la guió hacia la casa.
- Vamos Rin.
Ella asintió y comenzó a seguirlo, pero de pronto se detuvo.
- Sesshomaru... ¿Podemos quedarnos aquí afuera un momento? - preguntó mirando hacia el cielo - La noche está muy linda, ¿no crees?, desde la ciudad nunca se puede ver así.
- Si eso es lo que quieres.
Rin asintió. Sacó del auto la manta que la cubría y con ella se sentaron en el jardín, con vista al lago.
- No traje más ropa - murmuró Rin, recordando el pequeño detalle, mientras se acurrucaba a su lado -. Mañana tendré que volver con este vestido.
- Jaken te trajo.
- ¡¿El señor Jaken estuvo en mi apartamento?!
- No, Rin... Compró lo necesario.
- Oh... Pobre señor Jaken, si me hubieses dicho algo, pude haber preparado un bolso.
Él no dijo nada más. En cambio, la escuchó mientras ella le contaba sobre todas las personas con las que había conversado mientras él no estuvo a su lado, otras tantas cosas en relación al paisaje y las estrellas, y entre cada tanto alguna de sus miles de preguntas que siempre la acompañaban.
Luego de un rato no hubo más palabras y sólo silencio. Un silencio cómodo y acogedor; libre del bullicio de la ciudad, del ruido de los autos y de la gente.
Un silencio largo, como el del final del otoño, interrumpido únicamente por el sonido de sus respiraciones tranquilas y de la suave brisa silbando entre la hierba y arrastrando las hojas secas y caídas.
Rin acariciaba su mano con la mirada perdida en algún lugar del cielo, y entre ese silencio, en el que solamente eran los dos, él nuevamente se descubrió amándola en secreto; admirándola, aunque esta vez no de lejos. Se descubrió notando como la calidez del alma de Rin lo envolvía por completo; tranquilizándolo, como si hasta ese momento, en toda su vida no hubiese sentido nada más que frío.
Y por un segundo, juró que hubiese vendido hasta su mano derecha con tal de quedarse así para siempre.
Por no tener que volver a la ciudad, por no tener que ver al directorio ni a Naraku y, definitivamente, por no tener que decirle la verdad.
Por no tener que lastimarla.
Quizás, mientras pensaba en todo eso, puede que la haya estrechado más fuerte entre sus brazos, porque de pronto la castaña giró su mirada hacia él. La luz de la luna que iluminaba su piel, se reflejó en sus ojos grandes y brillantes, que parecieron absorberlo todo, y entonces ella le sonrió con toda su ternura... como siempre.
- Te amo, Sesshomaru - susurró. Se acercó lentamente a él y besó sus labios con suavidad.
Él no fue capaz de decir nada. Durante esos cortos segundos en que esas palabras salieron de los labios de Rin, él sintió como se detenía el tiempo, la brisa, e incluso su corazón. Todo lo que pudo hacer fue cerrar sus ojos, disfrutando del suave roce de sus labios mientras esas palabras resonaban en su cabeza, y como una silente contestación, la cargó en sus brazos y la llevó hasta su habitación, donde la reclamó nuevamente bajo las sábanas.
La mañana siguiente los recibió con una ligera llovizna, que usaron como excusa para no salir de la habitación en todo el día.
Luego de almorzar el peliblanco comenzó a prepararse para volver. Salió del baño con una toalla envuelta a la cadera y dejó un traje sobre la cama. Antes de comenzar a vestirse sintió a Rin removerse y quejarse bajo las tapas.
- ¿Qué ocurre? - le preguntó.
- No me quiero ir - respondió ella con un puchero.
- Entonces quédate. Puedo volver luego de la cena con Miyamoto.
Rin resopló y se sentó en la cama.
- No, es un largo viaje, terminarás muy cansado.
- Eso no importa.
- Si importa y, además, debo trabajar mañana, de todas formas tendría que volver.
- No vayas.
Ella sólo rió y negó.
- No puedo faltar a mi trabajo, Sesshomaru - respondió mientras se levantaba -. Además, creo que será una buena semana. En unos días entrego mi proyecto.
Estiró sus brazos desperezándose, ambos terminaron de vestirse y finalmente partieron a la ciudad. En el trayecto, la ligera llovizna terminó convirtiéndose en una fuerte lluvia, que poco dejaba ver hacia adelante en el camino, por lo que les tomó más tiempo de lo esperado llegar hasta el edificio de Rin.
- ¿Seguro que no quieres pasar? - le preguntó la castaña luego de despedirse.
- Tengo que ir a esa cena, Rin.
- Oh, es verdad... Ve con cuidado, ¿si? Llueve mucho - dijo con ojitos preocupados -. Y suerte en tu cena, todo va a salir bien - le sonrió -. Supongo que esta noche tendré que acurrucarme sola en mi cama.
Él la miró de reojo con sus ojos entrecerrados.
- Pasaré luego de la reunión.
La castaña sonrió ampliamente y le dio un último beso de despedida antes de bajarse del auto y correr al edificio para mojarse lo menos posible. Aún así, sólo en ese par de segundos quedó prácticamente empapada.
Se sacudía la ropa mientras subía por las escaleras y de pronto, al doblar en su pasillo, se encontró con una imagen que la dejó bastante descolocada...
Kirinmaru esperando por ella, justo afuera de su apartamento.
No pudo evitar parecer sorprendida y fruncir su ceño con extrañeza. Por un momento llegaron a ella los recuerdos de cuando estaban aún juntos y él aparecía ahí con flores o chocolates, generalmente a disculparse por haber dicho alguna idiotez. Pero ahora se veía diferente... y no parecía estar ahí para disculparse.
- Kirinmaru... ¿Qué haces aquí? Te dije que lo que sea que tuvieras que decirme podía esperar...
- No, Rin, no puede esperar hasta el lunes - la interrumpió -. Me voy.
- ¿Te vas? ¿A dónde?
- A Nueva York... Me ofrecieron un trabajo.
- Vaya... Felicitaciones - dijo con una leve sonrisa. No era algo de extrañarse; Kirinmaru no era el tipo de hombre que pasara mucho tiempo en algún lugar, pero si le extrañaba el hecho de que estuviera ahí para decírselo -. ¿Eso es lo que querías contarme? ¿Viniste hasta aquí sólo para despedirte?
- No, bueno... no en parte - aclaró -. No quiero despedirme de ti, Rin.
- ¿Cómo? - preguntó ella sin comprender.
Él suspiró antes de hablar y luego la miró a los ojos con la misma extraña determinación de la noche anterior.
- Deberías venir conmigo.
- ¡¿Qué? - Rin negó con una risa nerviosa e incrédula - ¿De qué estás hablando? ¿Te volviste loco?
Él arrugó su frente con molestia al escucharla.
- Quiero que volvamos a estar como cuando vivíamos en Los Ángeles. Quiero regresar a ese tiempo, Rin... Podemos empezar de nuevo, puedo conseguirte un buen puesto en la empresa y...
- Kirinmaru, detente - lo interrumpió antes de que continuara con esas ideas -. Yo no era feliz en ese tiempo, ahora lo soy. No sé en qué estabas pensando, pero... no, no me iré contigo, estoy bien aquí... estoy donde quiero estar.
- ¡¿Cómo puedes estar bien así?! No lo entiendo, Rin... ¿De verdad quieres quedarte con él? ¿Tan ciega estás? Después de todo lo que me contaste... ¿Realmente no te importa que él haya tenido la culpa de todo? ¿No te importa lo que pasó con tu papá? ¡¿Qué dice él de todo esto?!
- ¿De qué estás hablando, Kirinmaru?
El pelirrojo abrió sus ojos al ver la expresión confundida de Rin, como si recién lo comprendiera...
- No lo sabes...
- ¿Qué cosa? ¿Qué estás diciendo?
Soltó una risa irónica mientras sacudía su cabeza en negación.
- El hijo de puta ni siquiera te lo dijo.
- ¡¿Qué?! - gritó Rin irritada.
- Sesshomaru fue quien despidió a tu papá, Rin.
***
[No me odien por dejar el capítulo hasta aquí, pero creo que ya estaba demasiado largo... Espero que les haya gustado, fue de harto amor entre los dos, pero ahora se viene complicada la cosa para nuestra Rincita 😥. Ojalá nos leamos pronto, probablemente durante la próxima semana. ¡Un abrazo gigante! 💕]
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