Cap. 34: El vestido perfecto (Parte I)
Los meses de verano oficialmente habían llegado a su término. La fresca brisa otoñal había reemplazado por completo la calidez de las tardes despejadas, y aunque en algunos días el sol parecía brillar con intensidad y aferrarse a los vestigios de su estación favorita, el calor simplemente ya no era el mismo.
Hoy era uno de esos días y, mientras miraba distraídamente por la ventana, comenzaba a sentir las señales del cansancio del año, acumulado en sus hombros.
Desde la sala en la que se encontraba, en el edificio de la consultora, podía ver por el gran ventanal como los árboles en la calle comenzaban a teñirse de llamativos colores rojizos y anaranjados, y como algunas de sus hojas secas eran arrastradas por el viento con resignación. En ese momento, se descubrió a sí misma recordando haber leído hace poco, que el otoño era la estación idónea para acabar con lo que fuera; para arrancar de raíz cualquier cosa que no quieras que vuelva a crecer... Ahora que lo veía con sus propios ojos le encontraba más sentido, quizás porque en otoño todo parecía más dispuesto a morir.
- Rin.
La grave voz del pelirrojo sentado frente a ella la obligó a salir de sus pensamientos. Volvió su vista a él; llevaba sus cabellos rojizos, como las hojas del otoño, atados en un moño y sus ojos verdes la escudriñaban con impaciencia.
Ya llevaba horas en esa sala junto a él y la verdad es que ella también comenzaba a impacientarse. Había otras cosas que tenía que hacer y en su mente sonaban mucho más entretenidas que repasar todos los gastos de sus últimos trabajos con su ex.
- Discúlpame, ¿qué decías?
- Te preguntaba si ya tenías hambre, podríamos pedir algo para comer y luego seguimos - sugirió relajadamente -. ¿Qué se te apetece?
- Kirinmaru...
- Rin, no pienses mal - la interrumpió al saber que vendría un inminente rechazo -. Es sólo un almuerzo entre colegas, nada más.
- No pienso mal, no es eso - dijo negando con sus manos -. Es que tengo un compromiso y ya debo irme, lo siento - se disculpó con toda la cordialidad posible -, pero puedo decirle a Eiji que venga a ayudarte con todo esto.
El pelirrojo frunció su ceño, evidentemente molesto.
- ¿Entonces ahora también piensas dejar tu trabajo por él? - le preguntó acusatoriamente. Quería mantener la calma, de verdad quería, pero este asunto lo sacaba de sus cabales.
- ¿Disculpa? - inquirió la castaña con expresión algo ofendida.
- Lo he visto cuando viene a buscarte, Rin - masculló el pelirrojo con los dientes apretados -. Sé que están juntos, todo el mundo lo sabe...
- Quizás porque nunca ha sido mi intención ocultarlo - dijo encogiéndose de hombros con tranquilidad y él chasqueó su lengua -. Y no es que sea tu asunto, pero no estoy dejando mi trabajo para nada - continuó con un tono bastante más áspero que el anterior -. Es mi día libre, ¿lo olvidas? Vine a ayudarte sólo porque me lo pediste y si me hablas de la manera correcta, puedo seguir ayudándote mañana también, pero ahora tengo un compromiso, así que me iré y no tengo porqué darte explicaciones al respecto.
Él negó con desprecio.
- No tienes ni idea de dónde te estás metiendo - espetó, viéndola con sus ojos entrecerrados mientras ella guardaba sus cosas -. Te vas a arrepentir de esto, Rin.
La castaña levantó su rostro, mirándolo con el ceño fruncido y él pareció notar que lo estaba echando a perder. No hacía más que alejarla cada vez más... y no era eso lo que en realidad quería.
- No quiero verte sufrir, eso es todo - se disculpó con un tono más suave que el anterior -. Él no te merece.
"¿Y tú sí?" Pensó molesta, pero decidió simplemente omitir aquel comentario.
Kirinmaru realmente parecía enojado, se notaba que venía guardándose sacarle eso en cara hace ya un tiempo, pero ella no pensaba perder su tiempo explicándole que su compromiso era con Kagome y la señora Izayoi; no con Sesshomaru, porque la verdad es que, además de que no tenía porqué hacerlo, a estas alturas... realmente le daba lo mismo lo que él pensara.
- Si quieres seguir trabajando, llama a Eiji y si no, bueno, pues... haz lo que quieras.
Se colgó al cuello su bella bufanda de cashmere, que como la señora Izayoi le había dicho; en estos días era una real bendición, y salió del edificio sin mirar atrás.
Tomó un taxi hasta el fino restaurante donde ella y Kagome la esperaban, y las divisó en una mesa a lo lejos, pero además, también se fijó en algo más perturbador que llamó su atención.
Un hombre las observaba atenta y disimuladamente desde la barra.
Rin sintió un leve escalofrío en su espalda, pero rápidamente negó para ella misma, pensando en que quizás estaba siendo demasiado paranoica. Así que sin darle más vueltas al asunto, siguió caminando hasta llegar a su mesa, donde ambas mujeres la saludaron efusivamente, recibiéndola con besos y abrazos.
- La bufanda te queda preciosa, Rin - le comentó amablemente la señora Izayoi.
La castaña le sonrió mientras se la sacaba para dejarla colgada en el respaldo de su silla.- Gracias señora Izayoi, la verdad es que me encanta y ¡además es tan calentita! - le decía emocionada cuando pudo sentir nuevamente la escrutadora mirada de aquel hombre sobre ellas. No podía seguir ignorándolo, así que aclaró su garganta y tomó asiento antes de volver a hablar -. No quiero asustarlas - susurró pareciendo preocupada -, pero... creo que hay alguien que las está vigilando.
Izayoi se giró para ver a quién se refería y luego esbozó una débil sonrisa de entendimiento, con un deje de resignación.
- Si, linda, es Yamato.
- ¿Yamato? - preguntó Rin confundida.
- Yamato me acompaña cada vez que salgo.
- Oh, como... ¿su guardaespaldas?
- Si, eso - suspiró sin perder su gentil sonrisa -. Es un buen chico...
- Entiendo - murmuró. Luego negó y se pegó una palmada en la frente -. Qué tonta, debo haberme escuchado como una loca...
Izayoi rió y negó.
- No, linda, descuida - dijo despreocupadamente -. Sé que no es muy común, pero Toga se preocupa... quizás demasiado a veces, pero lo entiendo. Supongo que nunca está de más ser precavido.
- Comprendo - dijo Rin con una sonrisa, recordando sin querer su primer encuentro.
- A mi también se me hacía raro en un principio - agregó Kagome -. Luego te acostumbras a su presencia.
Rin sonrió en un asentimiento.
Después de aquel incidente continuaron su almuerzo de lo mejor, conversando principalmente de la boda de Kagome e Inuyasha, para la que ya no faltaba demasiado. Fue bastante entretenido y agradable, y no faltaron las risas. La verdad es que era muy cómodo estar con ellas y la señora Izayoi le inspiraba un aire maternal que no sentía hacía mucho, mucho tiempo.
- Y cuéntanos linda, ¿cómo van las cosas con Sesshomaru? - le preguntó con una sonrisita cómplice - No quiero parecer entrometida, pero estoy muy feliz por ustedes - aclaró con suavidad -. Él... se ve distinto desde que están juntos.
Rin sonrió con sus mejillas ligeramente sonrojadas.
- Me encanta estar con él - dijo tímidamente, pero con una sonrisa sincera -. Quizás a veces no es muy comunicativo, pero tiene un gran corazón. Lo quiero mucho y sé que él también me quiere a mí.
- No tengo dudas de eso, querida.
Rin sonrió nuevamente.
- Últimamente ha tenido mucho trabajo, así que no nos hemos podido ver tanto como me gustaría - agregó pensativa -, pero lo entiendo, todo el asunto de la presidencia... suena bastante complicado.
- Ni me lo digas - concedió Izayoi -. Y sobre eso... ¿Ya tienen sus vestidos para la cena?
Rin negó.
- Vi algunos, pero nada que me convenza aún - dijo Kagome.
- Entonces si me acompañan a buscar el mío, pueden aprovechar de ver algo.
Su amiga pareció verdaderamente emocionada ante esa sugerencia. Las dos aceptaron sin ningún inconveniente y, luego de que la señora Izayoi pagara por el almuerzo; pese a las insistentes negaciones de ambas, Yamato se encargó de llevarlas hasta la elegante tienda en una zona bastante exclusiva en el centro de la ciudad, no muy lejos de donde almorzaban.
Apenas pusieron un pie adentro, la "llamativa" voz de un hombre las hizo sobresaltarse.
- ¡Pero si no es mi suegra! - chilló el chico de saco rosa y bufanda lila rodeando su cuello, mientras se acercaba a saludar a Izayoi.
La mujer rió suavemente cubriendo su boca.
- ¡Oye! - refunfuñó Kagome.
Él simplemente la ignoró como si no existiera.
- Regia como siempre - le decía a Izayoi, mientras se separaba de su abrazo.
- Gracias Jakotsu, ¿ya tienes mi encargo?
- Si, claro que sí - le hizo señas a dos hombres que trabajaban en el lugar para que trajeran lo que necesitaba, mientras otros dos se acercaban a atenderlas con una bandeja con copas de burbujeante champaña -. Le va a encantar, quedó fe-no-me-nal.
Izayoi sonrió mientras tomaba una de las copas.
- Me lo imagino, jamás me has defraudado - dijo con un leve asentimiento -. Esperaba que también pudieras mostrarle algo a Kagome y a Rin.
Jakotsu cambió su gesto sonriente por uno bastante serio y las miró a ambas de pies a cabeza, detalladamente, con los brazos cruzados y una expresión un tanto indiferente.
- No creo que tenga nada para ti - le dijo a Kagome con desprecio y un gesto de negación con la mano, casi como si espantara una mosca -. No tengo cosas de tu talla.
Kagome lo miró molesta con el ceño fruncido, murmurando "idiota" y otra sarta de insultos en voz baja.
- Jakotsu... - insistió Izayoi, llamándole la atención.
- ¡Ugh! Está bien, creo que hay algo por ahí - aceptó y luego miró a Rin -. Tú debes ser la novia del chico guapo y amargado. Mmh, tengo algo perfecto para ti.
Rin sonrió tímidamente, aunque bastante descolocada con esa descripción. Y sin darle más tiempo de reaccionar o de responder algo, el hombre se alejó apresuradamente de ellas, dando indicaciones a los demás trabajadores por todo el lugar.
- Jakotsu puede ser algo...excéntrico en ocasiones, pero tiene un gusto impecable - le contaba Izayoi -. Te aseguro que sabrá lo que quieres incluso mejor que tú.
- Sería perfecto si sólo no estuviera enamorado de Inuyasha - masculló Kagome entre dientes y Rin se carcajeó, comprendiendo recién el porqué de la actitud desdeñosa hacia su amiga.
Izayoi le sonrió y se encogió de hombros.
- Un pequeño detalle.
Rin volvió a reír.
- Todos los vestidos se ven preciosos - comentó bastante impresionada, recorriendo el lugar con la mirada.
- Jakotsu sólo trae lo mejor de lo mejor. Trabaja con varios diseñadores nacionales, pero la mayoría de sus vestidos son traídos directamente desde París o Milán.
- Vaya... - murmuró, mientras se acercaba a mirar algunos de ellos, con miedo de tocarlos y estropearlos de alguna forma.
Esos vestidos eran unas verdaderas obras de arte, "como los que usan las estrellas en las alfombras rojas", pensó para sí misma. Y mientras los admiraba ensimismada, una que otra etiqueta revoloteó frente a sus ojos casi con sorna... Jamás ni en un millón de años podría costearse uno de esos vestidos. Tendría que trabajar al menos tres años seguidos sólo para eso, sin comer ni pagar arriendo, claro.
Eran hermosos, pero... era una extravagancia para alguien como ella.
- ¡Aquí traigo todo! - la aguda voz de Jakotsu la obligó a salir de sus pensamientos. Acarreaba tres vestidos con suma delicadeza y les entregó uno a cada una - Vayan, vayan a probárselos, quiero ver cómo les quedan.
Rin entró en uno de los probadores, guiada por Izayoi y Kagome, y analizó el vestido en sus manos bastante nerviosa.
La tela parecía ser tan fina y delicada que caía sobre sus brazos como una cascada de hilos de oro. Era de un suave color nude o más bien champagne, con un bordado de encaje tan maravilloso que parecía hecho a mano. Y probablemente lo era.
Sintió un leve nudo en su estómago al darse cuenta que ese vestido ni siquiera llevaba etiqueta, porque no le costó comprender que, probablemente, era muchísimo más costoso que todos los que había visto cuando llegó.
Pensó que lo más sensato sería ni siquiera probárselo, porque iba a ser sólo una tortura saber que no lo podría comprar. Estaba segura de que le iba a encantar y luego ni uno de los que viera después, le gustaría tanto como ese.
- ¡Oh por dios! - escuchó la voz de Kagome chillar desde el otro lado del probador - ¡Parezco una jodida princesa!
La castaña no pudo evitar reír y más aún cuando escuchó un bufido de Jakotsu a lo lejos.
- Jakotsu, si dices algo para arruinarme este momento, te juro que te vas a arrepentir - gruñó la pelinegra adelantándose a los hechos.
Rin se carcajeó y, animada con la reacción de su amiga, miró su vestido nuevamente...
"Bueno, qué va, ya estoy aquí".
Se lo puso y miró temerosa hacia el espejo. La tela se ajustaba a su cuerpo como si lo hubiesen hecho a su medida. Un poco más abajo de sus caderas el vestido caía como la elegante cola de una sirena y se podía distinguir el brillo de los finos hilos, casi como si tuvieran una tenue luz propia. Era precioso, realmente hermoso, y además, extrañamente era... sencillo. Nada extravagante ni extremadamente llamativo. Era perfecto. Verdaderamente, parecía hecho justo para ella.
Negó. Se lo quitó rápidamente, antes de encariñarse demasiado, y salió del probador a esperar por Kagome y la señora Izayoi.
- ¿Y? ¿Qué te pareció? - le preguntó Jakotsu al encontrarla afuera - ¿Por qué no lo mostraste?
Rin le sonrió nerviosa.
- Era muy hermoso, muchas gracias, pero... creo que no es tanto mi estilo.
- ¡Já! Por favor - rió sarcástico -. ¿Y cuál estilo es ese? ¿El de alguien al que no le gusta verse decente? - Rin arrugó su frente un tanto incómoda - Era perfecto - insistió él -. Puedo apostar a que jamás en tu vida te habías visto tan bien. Hasta al serio de tu novio se le hubiese caído la quijada... Y eso que aún no has hecho nada con ese pelo que tienes.
- ¡¿Qué tiene de malo mi pelo?!
El hombre simplemente negó y Rin dejó escapar un resoplido.
Alejando todos esos pensamientos, miró su celular con la esperanza de encontrar algún mensaje o señal de su peliblanco, pero no había nada.
Dejó escapar un corto suspiro... Lo extrañaba.
Sabía que tenía mucho que hacer en estos días y no quería molestarlo, pero... quería verlo y saber si estaba bien, aunque sólo fueran algunos minutos. Así que, luego de esa "peculiar" experiencia en la tienda de Jakotsu, cuando la señora Izayoi se ofreció a llevarla hasta su casa, Rin le pidió que la dejara en el edificio de Sesshomaru. Pensó en que quizás podría pasar a saludarlo, y con un poco de suerte lo encontraría en su casa.
Al llegar, se despidió de la señora Izayoi, Kagome y Yamato, y bajó del auto para encaminarse al edificio, pero justo antes de entrar, la detuvo un pequeño hombrecito que casi choca de frente con ella.
- Deberías fijarte por donde caminas - dijo sin darse el tiempo de levantar la mirada -, chiquilla imprudente.
- Hola Señor Jaken - lo saludó Rin amablemente, sin sacar a relucir el detalle de que había sido él quien casi la choca a ella.
- ¡Por supuesto que eras tú, quién más! - dijo haciendo un exagerado gesto de hastío con los brazos - ¿Qué haces aquí?
- Vine a saludar a Sesshomaru, ¿sabe si está en su casa? ¿Usted viene de ahí?
- No, sólo le dejé algunas cosas en la recepción - dijo pensativo -. No es un buen momento para que lo molestes con tus cosas, niña.
- No quiero molestarlo, sólo pasar a verlo algunos minutos.
- ¡Lo mismo! - refunfuñó. Miró de reojo a Rin y suspiró al ver su expresión preocupada - El señor Sesshomaru está de mal humor y tiene mucho que hacer, no te aconsejo que subas.
Rin pareció meditarlo por cortos segundos, pero siguió su camino de todas formas.
- Qué mujer más terca - murmuró antes de alejarse -. ¡Después no digas que no te lo advertí!
Rin sólo negó y entró en el ascensor. A veces el señor Jaken podía ser demasiado exagerado...
Puso la clave que la llevó directamente hasta el último piso, donde las puertas se abrieron de par en par para ella. El ambiente en el Penthouse se sentía tenso y pesado, y el silencio que generalmente lo invadía, era únicamente interrumpido cada tanto por aquella grave voz que tan bien reconocía; evidentemente molesta.
Su voz firme y gruesa hacía eco entre las paredes del gran apartamento en un idioma que a Rin le costó reconocer en un principio, pero que luego de algunos segundos identificó como alemán..., tal vez. De todas formas, el idioma que fuera, lo hacía sonar incluso más imponente que de costumbre.
Se acercó lentamente, siguiendo el sonido de su voz, hasta llegar a la sala de estar, donde lo encontró discutiendo con alguien por teléfono mientras caminaba con una impaciencia que no se dejaba notar en su tono y masajeaba su frente con irritación. Pocas veces lo había visto así de molesto, sus palabras se escuchaban golpeadas y peligrosas, sin un rastro de titubeos, y sólo cuando calló para escuchar a su contraparte, pareció reparar en la presencia de la castaña frente a él.
Luego de algunas secas palabras más, cortó la llamada. Rin sintió un ligero escalofrío cuando la gélida y afilada mirada del peliblanco quedó fija en ella, y comprendió que quizás no había sido tan buena idea aparecerse de la nada...
- Rin.
- Sesshomaru, siento venir sin avisar. Sólo pasaba a saludarte, no he sabido mucho de ti y... quería verte - admitió con un tono más bajo que lo usual, sin poder notar como los músculos de la cara y del cuerpo del peliblanco se relajaron al escucharla -. Pero al parecer no es un buen momento, quizás... debería volver en otra ocasión.
- No - dijo él, con un tono considerablemente más suave que el anterior, pero igual de firme que una orden, acercándose a ella con su caminar parsimonioso y su porte elegante, sin quitarle la mirada de encima.
- ¿No? - preguntó nerviosa.
- No te vayas, Rin.
- Oh, es que... no quiero molestarte y tienes cosas que hacer, sólo quería saber si estabas bien.
El peliblanco la miró fijamente por largos segundos y sin esperar más juntó sus labios con los suyos en un delicioso roce.
- No quiero que te vayas - susurró en su oído, demandante, mientras sus manos grandes se aferraban a su cintura y la apegaban a su cuerpo.
Rin sintió sus piernas flaquear.
- ¿S-seguro?
Sesshomaru simplemente asintió, mientras inhalaba el delicado aroma floral de sus cabellos castaños y la acercaba cada vez más a él.
- ¿Has comido? - le preguntó Rin preocupada, pero no obtuvo ni un indicio de respuesta - ¿Quieres... - intentó contener una suave risa al sentir su nariz acariciando la piel sensible de su cuello - quieres que te prepare algo?
Más silencio.
- Sesshomaru, ¿está todo bien?
El peliblanco no respondió y mordió suavemente su cuello. Rin volvió a reír por el cosquilleo, pero lo apartó y se alejó levemente de él, mirándolo a los ojos con el ceño fruncido, pareciendo molesta por su insistente silencio.
- Si - respondió al fin.
- Mientes.
- Todo está bien ahora, Rin - dijo serio y la agarró de sus muslos, levantándola y obligándola a rodearlo con sus piernas -. Sólo... sigue hablando.
La castaña abrió sus ojos más de lo normal, lo miró con confusión y la cabeza ligeramente ladeada al escuchar esas últimas palabras, que habían sonado casi como una petición, sin poder evitar la sonrisa incrédula que se asomaba en su rostro.
- ¿Te estás burlando de mí? - le preguntó con sus ojos entrecerrados, sin comprender, y a él se le formó una leve curvatura en las comisuras de sus labios, casi como un amago de sonrisa.
- No - respondió tranquilamente antes de mordisquear su labio y caminar con ella a cuestas hasta su habitación.
***
[¡Hola! Tuve que dejar este capítulo hasta la mitad, porque se me estaba haciendo muy largo, pero intentaré publicar pronto la próxima parte, quizás dentro de esta misma semana. Tengo que decir que estas partes serán un poco como la calma antes de la tormenta 😱. Espero que les haya gustado ❤
Y... no quería irme sin antes agradecer a quienes han recomendado mi Fanfic (este y Destinados). Supe por ahí que los estuvieron recomendando en Twitter, de verdad muchísimas gracias de todo corazón, son lo máximo! Un abrazo gigante para ustedes y también para todos los que siempre comentan y votan, me alegra mucho saber que les está gustando la historia 💖]
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