Cap. 28: Acuerdos
Unos golpes en la puerta de su oficina la hicieron desconcentrarse de sus labores, o mejor dicho; de sus pensamientos. Había salido hace poco de una importante reunión en la consultora y, extrañamente, esa no era la reunión que más preocupada la tenía ese día, sino la que tendría en algunas horas en las oficinas del conglomerado...
No tenía un muy buen presentimiento de eso, pero quería dejar atrás ese tema que aún la tenía intranquila.
Suspiró y movió su cabeza, intentando despejarse.
- Adelante - habló con amabilidad, como siempre, pero no pudo evitar la expresión de confusión y extrañeza al ver a quien entró por la puerta -. Kirinmaru, ¿necesitas algo?
- Buenos días, Rin... - saludó con un leve tono de ironía y diversión - Sólo pasaba a felicitarte, la reunión salió muy bien - dijo relajadamente, entrando por completo en su oficina y cerrando la puerta tras él -. Hiciste un gran trabajo, como siempre. El señor Ishikawa está muy complacido, si sigues así, estoy seguro de que pronto te convertirás en la jefa más joven de aquí.
- Gracias, Kirinmaru - correspondió con una cordial sonrisa y un leve asentimiento.
- Y te veías preciosa, por lo demás.
Rin frunció su ceño al escucharlo.
- Inapropiado - murmuró secamente, más seria de lo normal, centrando su mirada en los documentos de su escritorio -. Si eso era todo, tengo trabajo que hacer...
- Lo siento, viejas costumbres supongo... No se dejan de un día para otro - respondió con tranquilidad, sin darle mayor importancia a sus palabras -. Escucha, Rin... hay algo más que me gustaría conversar contigo.
- ¿Es sobre trabajo? Porque si no es así, ya te lo dije, Kirinmaru, no tengo tiempo...
- No particularmente. Sólo quería decirte que lamento mucho la manera en que dejamos las cosas... Te hablé mal y me arrepiento. Saber que esas fueron las últimas palabras entre nosotros me ha tenido intranquilo hasta ahora. De verdad, tienes que saber que yo jamás te hubiese dicho algo así, pero Rin... ¿Cómo esperabas que reaccionara después de que me escupieras en la cara que sentías cosas por ese imbécil?
- Te agradezco que vinieras a disculparte y está bien... yo tampoco lo manejé muy bien - respondió con una débil sonrisa -, pero eso ya es pasado, no te preocupes.
- Me alegra escuchar eso, porque quizás... ahora que todo está más calmado, podríamos juntarnos a conversar con más tranquilidad. Eres importante para mi, pequeña, siempre lo has sido y me duele que hayas llegado a creer lo contrario - caminó acercándose más a ella -. Además... en esta ciudad soy lo único que tienes, aunque no quieras creerlo, sabes que en el fondo aquí nadie te conoce como yo. Sólo nos tenemos el uno al otro, Rin.
- No te confundas, Kirinmaru. Acepto tus disculpas, pero eso es todo. Estoy bien como estoy ahora y no necesito conversar más sobre esto - tomó su bolso, se paró de su escritorio y comenzó a caminar a la salida -. Y no, no eres lo único que tengo. Aquí tengo amigas que también me conocen y... gente que realmente se preocupa por mi y no finge hacerlo sólo cuando le conviene. Quizás esa carta te haya servido cuando estábamos en Los Ángeles, pero ahora las cosas son diferentes - abrió la puerta invitándolo a salir de su oficina -. Si me disculpas, tengo otro lugar donde debo estar.
Una vez que estuvo fuera de su vista resopló con frustración y salió caminando apresuradamente. Tomó un taxi con dirección a las oficinas del centro y se perdió en sus pensamientos mientras miraba por la ventana, moviendo sus dedos con nerviosismo a ritmo sobre sus piernas...
"Aquí nadie te conoce como yo..."
- Ugh, imbécil - murmuró entre dientes, mientras afirmaba su mano con la otra, evitando el movimiento de sus dedos inquietos.
- ¿Disculpe? ¿Me habló? - preguntó el taxista, confundido.
- No, no, lo siento, no le hablaba a usted - negó gesticulando nerviosa con sus manos -, sólo pensaba en voz alta - sonrió y le pagó el viaje al llegar - ¡Muchas gracias, que tenga un buen día!
Bajó del auto y caminó hasta la entrada del gran y lustroso edificio. Paró ahí por un par de segundos y respiró profundo, juntando fuerzas para entrar...
Ahora que lo pensaba mejor... ¿Qué le diría a ese hombre cuando lo viera? ¿"Hola, estoy aquí para sus disculpas y poder dejar atrás todo este asunto de una buena vez"?
Quizás esto no era tan buena idea después de todo...
- Rin - esa grave y reconocible voz la hizo voltear hacia un lado, para encontrarse con su apuesta e imponente figura. No pudo evitar sonreír al verlo ahí, parado esperando por ella como todo un caballero.
Verlo... la hizo sentir inexplicablemente más tranquila, por algún motivo, su sola presencia la hacía sentir segura.
Él estaba ahí, con ella... Todo iba a estar bien.
- Buenos días señor Sesshomaru - Lo saludó con su melodiosa y suave voz, se acercó a él y lo besó con delicadeza en su mejilla - ¿Me estaba esperando? - le preguntó con un tono juguetón, sin borrar la sonrisa de su cara.
Y él no iba a negar que, después de pasar toda una mañana en molestas reuniones, escuchar y ver a Rin sonriéndole de esa manera, era... agradable.
Más que agradable.
Por supuesto, tampoco perdió el tiempo en recorrerla de pies a cabeza con una intensa mirada que la hizo sonrojar. Le fascinaba saber que tenía ese poder sobre ella, saber que podía hacer que sus mejillas se encendieran con sólo mirarla.
Y estaba exquisita.
Esa ajustada falda tubo con un pequeño corte en la parte de atrás, le llegaba un poco más arriba de las rodillas y resaltaba sus curvas de una manera absurdamente deliciosa. Más aún porque él sabía exactamente como todas esas curvas se sentían entre sus manos, sabía exactamente qué sabor tenían. Todo un espectáculo para su vista, sobre todo con esos altísimos zapatos de tacón que la hacían ver tan dolorosamente sensual.
- Vamos, Takahashi - le dijo con su serio tono habitual, quitándole la mirada de encima y alejando de su mente todas las perversidades que lo invadieron al tenerla frente a él.
Apoyó su mano grande en su espalda con suavidad, justo un poco más arriba de su trasero y la guio hasta el elevador, dónde apretó su cintura, acercándola a su cuerpo, dejándole saber implícitamente que era de él y que no tenía escapatoria, y le robó un beso tan intenso y descarado, que por un momento la hizo olvidar todo su nerviosismo y hasta qué era lo que hacía ahí en primer lugar.
Y cuando sus labios se separaron, Rin no pudo hacer más que pestañear un par de veces, mirándolo a través de sus largas pestañas con su boquita entreabierta, intentando salir del trance en el que había quedado...
- Yo también te extrañé - le dijo risueña después de algunos segundos, aún aprisionada contra su firme cuerpo y divertida al darse cuenta de que aún con esos altos zapatitos le llegaba con suerte a sus hombros.
Él simplemente sonrió de medio lado, sin decir nada, pero sin negarlo tampoco. No iba a perder su tiempo en admitir o renegar de lo que era bastante obvio; si, la había extrañado, aunque no había pasado más de un día desde la última vez que se vieron...
- Si no te sientes cómoda, no es necesario que hagas esto - dijo mientras la miraba sutilmente de reojo -. No debes sentirte obligada.
- Está bien, Sesshomaru - le respondió con su tierna sonrisa -, me siento mejor ahora y quiero dejar este asunto atrás.
El asintió y la liberó una vez que llegaron a su piso, la guio por los pasillos hasta la oficina de su padre y finalmente entraron.
- Padre - habló el peliblanco, llamando su atención.
Rin caminó tras Sesshomaru, tan preocupada de mantener sus nervios a raya, que ni siquiera tuvo tiempo de detenerse a admirar la gran oficina y la magnífica vista desde el lugar, sólo respiró profundo y con su sonrisa más cordial saludó al serio hombre sentado tras su escritorio, justo frente a ellos.
- Buenos días, señor Taisho.
- Buenos días - saludó Toga desinteresadamente desde su escritorio -. Hijo, ¿puedes esperarnos afuera? Me gustaría conversar en privado con Rin.
- Olvídalo - espetó con frialdad.
- No necesita guardaespaldas, Sesshomaru.
- Tsk. Puedes hablar con ella en frente mío.
Rin no tardó en notar la mirada desafiante de Sesshomaru, y la tensión en el lugar la hizo sentir levemente incómoda.
- Está bien, no será nada malo, no es necesario que estés aquí, puedo encargarme sola - le dijo con suavidad, acariciando con gentileza su brazo.
Él la miró con sus ojos entrecerrados y finalmente salió del lugar, molesto, sin estar completamente seguro de que era una buena idea dejarlos a solas.
Se dio la vuelta para dirigirse a su oficina y pudo escuchar un cuchicheo cerca. Levantó su mirada, irritado y se encontró con Inuyasha, Mikoru, Koga y Bankotsu espiándolo desde un costado del cubículo de la secretaria de Toga y no pudo decidir cuál de los cuatro se veía más idiota intentando disimularlo.
Chasqueó su lengua con molestia.
- ¿Acaso no tienen trabajo que hacer?
- Te vi llegar con Rin y quería preguntarte cómo estaba... - dijo Inuyasha - Y estos tres se me pegaron.
- Puedes preguntárselo tú mismo cuando salga de la reunión con mi padre.
- Hpmh. Simpático como siempre...
- ¿Esa preciosura vendrá a trabajar aquí? - preguntó Bankotsu e Inuyasha pisó su pie para que guardara silencio cuando vio la manera en que Sesshomaru tensaba su mandíbula con molestia. - ¡Ouch! Inuyasha, aprende a caminar, idiota... - murmuró y los demás rodaron sus ojos.
- No - respondió secamente el peliblanco -, no trabajará aquí.
- Que lástima, hubiese sido lindo tenerla tan cerca.
- ¿Estás saliendo con la señorita Rin, Sesshomaru? - le preguntó Miroku al ver la mirada fría y sombría que le dirigía a Bankotsu y la forma tan cercana en que lo vio llegar con ella le pareció bastante extraña.
- ¡¿Kyaaa?! - gritó Bankotsu - Joder, Sesshomaru... no puedes tenerlas a todas.
- Idiotas... - soltó con frialdad - No se metan en mis asuntos - Continuó su camino, dándoles la espalda.
- ¿Eso fue un sí? - preguntó Miroku.
- Si, y dejen de espiar o yo mismo vendré a sacarlos.
- Toma asiento, Rin - le dijo el hombre adoptando una postura más relajada, con una amabilidad que no había usado antes con ella. Rin le sonrió y aceptó, sentándose en la silla frente a su escritorio -. Me imagino que tanto a ti como a mí nos gustaría terminar rápido con todo esto - la castaña asintió -. Lamento lo que sucedió el día de la fiesta de compromiso de mi hijo, fue un hecho repudiable. Izayoi creyó que lo mejor sería despedir al culpable y tiene toda la razón. No queremos vernos involucrados con gente así - le alcanzó un documento por sobre el escritorio -. Aquí están los términos, léelos y dime si te parece.
- Gracias, señor - Rin tomó el documento entre sus manos y le dio una rápida leída.
Se trataba principalmente de una carta de disculpas, que le pareció bastante burocrática e impersonal, pero prefirió no decir nada al respecto y valorar la intención más que las palabras allí escritas. También se estipulaba el término inmediato del contrato del causante y un poco más abajo un acuerdo de confidencialidad.
- ¿Este acuerdo...?
- No queremos que el nombre del conglomerado por el que tanto hemos trabajado se vea afectado por las acciones de un solo individuo. ¿No opina lo mismo, señorita Takahashi? Después de todo, el apellido de Sesshomaru también está en juego - Rin simplemente lo miró en silencio, sintiéndose cada vez un poco más incómoda. Las palabras de ese hombre y el acuerdo, era como... si la estuviera manipulando -. Accedemos a finalizar el contrato de esta persona y así poder dejar atrás el asunto. Lo único que pedimos en retorno es su discreción.
La castaña leyó ese párrafo por última vez...
"Dejar atrás...", pensó.
Tomó la elegante lapicera que ese hombre amablemente le ofrecía y sin darle más vueltas al tema, firmó el acuerdo.
- Hay algo más que me gustaría discutir contigo, Rin.
- Dígame, señor Taisho.
Toga sacó una carpeta de un cajón cerrado con clave bajo su escritorio y se la acercó por sobre la mesa. Rin lo miró con confusión y él se limitó a guardar silencio, analizándola. Al no recibir más explicación, la castaña tomó y leyó los documentos que se le extendían.
- ¿Qué es esto? - preguntó con el ceño fruncido, rompiendo el silencio y sin querer comprender lo que estaba ahí claramente escrito.
- Eso, señorita Takahashi, es un pequeño incentivo - respondió con serenidad y una retorcida y oscura sonrisa de lado que la dejó perturbada -. Véalo como un bono por su excelente trabajo en la fábrica. El pequeño detalle, es que ese bono viene atado a una condición...
- Tengo que irme de Tokio - murmuró, aún sin despegar sus ojos del dichoso documento.
La cantidad de dinero que ese hombre le estaba ofreciendo era... ridícula. Más del que vería en toda su vida. Y no sólo eso, también había algo más...
- Al parecer, si es tan inteligente como todos dicen, señorita Takahashi - sonrió con ironía -. Lo mejor de todo, es que no tendrá que preocuparse de nada. Con todo ese dinero no necesitará volver a trabajar ni un día en su vida y si aún quisiera hacerlo, su incentivo también viene con una propuesta de trabajo incluida, para el puesto de subgerente en la mejor fábrica de autos de Kioto, un gran avance para usted... aunque, si ese puesto no es de su agrado, no me costará encontrar uno que sí. Eso es lo bueno de tener los contactos de un hombre de mi categoría.
- ¿Me está sobornando para que... me vaya de aquí? - murmuró con su voz quebrada - Me quiere lejos de Sesshomaru...
- Es simplemente un incentivo, no me parece correcto llamarlo soborno, Rin.
- Eso... es exactamente lo que es - tragó pesado, juntando fuerzas para hablar, antes de levantar su cabeza y mirarlo fijamente a los ojos, con la poca determinación que aún le quedaba -. Esto no habla muy bien de su manera de hacer negocios, señor. Si lo hace conmigo, que no tengo nada en contra de usted, no me imagino que hará con quienes sí, y eso es igual de... repudiable - sostuvo, evidentemente molesta.
- Quizás, pero así funcionan los negocios, Rin - respondió con tranquilidad, encogiéndose de hombros con una sonrisa socarrona -, y es una lástima que no puedas decirle nada de esto a nadie.
La castaña lo miró confundida y luego miró nuevamente el acuerdo que había firmado hace escasos minutos atrás...
La confidencialidad no era únicamente para los eventos ocurridos esa noche, sino también para lo conversado durante ese mismo día en sus dependencias. Al leerlo no le pareció extraño, pero ahora... tenía mucho más sentido aún.
- ¿Por qué...? ¿Por qué le molesta tanto que su hijo tenga algo conmigo?
Esa pregunta tenía una muy fácil respuesta. Estaba completamente seguro de que más temprano que tarde, Sesshomaru terminaría contándole a esa niña todo lo que había sucedido, podía verlo en sus ojos... con cada día que pasaba, se encontraba cada vez más expuesto y no pensaba quedarse sentado de brazos cruzados a ver como todo lo que había construido se caía a pedazos por culpa de esa simple e insulsa mocosa.
Había llegado el momento de ponerle un fin a todo este asunto.
- Voy a ser sincero contigo, Rin... - descansó su espalda en el respaldo de su silla en una posición relajada, sin despegar sus fríos ojos de ella - Supongo que estás al tanto de que este es mi último año como presidente del conglomerado que lleva como nombre mi propio apellido, para el que incluso tu misma has trabajado... - pausó. Rin sólo lo miró en silencio, con sus ojos cafés más brillantes que lo normal. Toga continuó: - Entenderás que con los años, la carga del trabajo se vuelve cada vez más pesada, por lo que he decidido adelantar mi retiro para poder pasar más tiempo con Izayoi... - contaba tranquilamente - En un principio, Sesshomaru no se tomó para nada bien la noticia y menos aún mis razones, de hecho, tuvimos un desagradable enfrentamiento al respecto. Con el poco tiempo que llevas conociéndolo no sé si podrás entender que para él, retirarse por amor es algo impensado... "débil y patético", en sus propias palabras - Rin bajó su mirada, repasando sus palabras -. Pero para mi nunca fue un problema, sabía que al retirarme no estaría tirando todo mi trabajo por la borda, porque Sesshomaru sería mi sucesor y siempre he tenido la certeza de que lo hará incluso mejor que yo. Su trabajo es excepcional y sé que se ha preparado para esto, porque es lo que él siempre ha querido, más que cualquier otra cosa. Pero verás, Rin... - se inclinó en el escritorio y la miró fijamente -, aún hay un pequeño problema.
- ¿Yo? - le preguntó acusatoriamente.
- Exacto... - suspiró - No sé si sabes algo al respecto, pero Sesshomaru puso mucho en juego al terminar ese compromiso. Él dice que conseguirá la presidencia de igual manera, pero la verdad es que yo no estoy tan seguro de eso, porque el directorio no lo ve con muy buenos ojos... El problema, Rin, es que si no lo consigue él, alguien más lo hará y nadie me asegura a mí que esa persona no decida comenzar a vender todo por partes una vez que las acciones caigan un poco. Miles de trabajos perdidos y todo el esfuerzo de una vida por el caño...
- ¿Por qué no confía en él? Si su trabajo es tan excepcional como dice, ¿por qué su presidencia tiene que depender de un estúpido compromiso? ¡es su vida!, ¡déjelo hacer lo que él crea correcto!
- Cuida tu tono. Tú crees que yo hago todo esto por mi, pero te equivocas - dijo grave y golpeado -. Sí, realmente me dolería perder todo el trabajo de una vida, pero como padre, me dolería aún más verlo fracasar... Tener la presidencia ha sido su meta desde que era sólo un crío, puedes preguntárselo, no te mentirá, nunca lo hace... Sesshomaru nunca ha sido un hombre de relaciones ni nada por el estilo, es más; lo aborrece. Pero estaba dispuesto a casarse con Sara por esto; así de tanto lo desea... - soltó una risa irónica y negó - Hasta que apareciste tú... - dijo con desprecio - Sólo te has convertido en una muy grande distracción para él.
Rin agachó su mirada nuevamente y sin poder evitarlo, las palabras de Sesshomaru llegaron a su cabeza...
"Yo tampoco esperaba esto, créeme, todo iba perfecto hasta que apareciste tú... Intenté alejarme, Rin, pero al parecer, hay una parte de mi que necesita sentirte cerca".
- Y sí, sí confío en él, pero no llegué hasta donde estoy dejando detalles al azar y sé que Sesshomaru tampoco, menos cuando está en sus manos asegurar que todo salga bien... - pausó y clavó sus fríos ojos dorados en los de ella; vidriosos y amenazantes con colapsar - Si tú no estuvieras aquí, lo haría sin pensarlo dos veces, pero... no hará nada que pueda lastimarte y lo entiendo, yo haría lo mismo por Izayoi. La pregunta es, ¿qué harás tú por él? ¿Estás dispuesta a dejar su futuro a la suerte?
La castaña cerró sus ojos con fuerza y una lágrima cayó por su mejilla.
"No quería perderte, Rin..."
- Si está tan seguro de que él no me lastimaría... ¿Qué lo hace pensar que yo si haría algo para herirlo a él?
- No vas a romperle el corazón si te vas, eso tenlo por seguro, lo superará... Pero, si que lo lastimarás si te quedas y no consigue su objetivo por tu culpa - calló al verla llorar -. Escucha, Rin... - la llamó con un tono más comprensivo, después de algunos segundos de silencio que se sintieron eternos - Luego de que salgas de esta oficina, dejaremos este asunto atrás para bien y voy a respetar cualquiera sea la decisión que tomes. Eres inteligente y sé que harás lo correcto. Este dinero no sólo te servirá a ti, también podrás ayudar a tu papá... Tengo entendido que está enfermo; podrás llevártelo contigo, será una oportunidad para empezar de nuevo y nadie lo cuestionará. Si desperdicias esta oportunidad, no tendrás otra igual en la vida, te lo puedo asegurar...
La castaña guardó silencio, limpió sus lágrimas y leyó el documento en sus manos, una y otra vez. Cerró la carpeta y se la extendió, mirándolo a los ojos con determinación.
- No voy a hacerlo - decidió. Toga tensó su mandíbula al escucharla y tomó la carpeta en sus manos -. Puede que tenga razón y no vuelva a tener otra oportunidad así en mi vida, pero... eso está bien, porque todo lo que tengo, lo tengo porque me he esforzado para conseguirlo y me siento orgullosa de eso, puedo arreglármelas sola y si aceptara su dinero, jamás podría dormir tranquila sabiendo la forma en que lo obtuve.
- Dinero es dinero, Rin, esta es la vida real, no siempre le llega justamente a quienes más lo merecen, pero ahora te está llegando a ti y tú si lo mereces, lo sabes... ¿De verdad vas a dejarlo pasar por alguien que no conocías hace tan sólo algunos meses? Nadie te asegura que él no despertará mañana, aburrido de ti y decidirá hacer lo que es mejor para él, y en ese momento, no sólo te irás con las manos vacías, pero también con el corazón roto... ¿De verdad vale la pena?- dejó caer la carpeta sobre el escritorio - Puedes tomarte el día para pensarlo, pero eso es todo. Mañana esta oferta ya no estará.
"¿Vale la pena?" La respuesta a esa pregunta llegó de forma inconsciente a su cabeza...
En el momento en que lo vio por primera vez, fue como si algo se hubiese encendido en su interior.
Pasó muchas noches cuestionándose si algún día encontraría a alguien más que la hiciera sentir así nuevamente, pero esos pensamientos siempre terminaban en lo mismo; en ella, culpando a sus sentimentalismos sin sentido y diciéndose que quizás lo estaba exagerando o idealizando, que no había sido para tanto, que quizás, todo lo que había sentido esa noche no había sido más que una simple y extraña ilusión...
Pero no, había sido mucho más que eso y ahora lo podía confirmar.
Nunca nadie la había mirado de la forma en que Sesshomaru lo hacía con ella; como si todo el resto del mundo desapareciera cada vez que estaba frente a él, nunca nadie la había tocado como él lo hacía; con tanto amor, casi con devoción y, definitivamente, nunca antes había sentido esa conexión con alguien más... Una conexión que parecía estar ahí desde mucho antes de que ellos pudieran siquiera percatarse.
Pertenecía a él, a sus labios y volvería a ellos una y otra vez, porque ahí era feliz.
- Si vale la pena - dijo con una suave sonrisa -. No tengo nada que pensar, señor Taisho... - se paró de su silla y se reverenció levemente ante él. Toga dejó escapar un suspiro cargado de frustración - Hasta luego y espero que cumpla su palabra, porque de verdad espero dejar todo esto atrás.
- Bien, respetaré tu decisión... - guardó la carpeta nuevamente en el cajón y asintió levemente con su mirada en forma de despedida - Hasta luego, Rin.
La castaña salió de esa oficina y le pidió indicaciones a la secretaria para encontrar el baño. No podía ir a despedirse así de Sesshomaru o sabría que algo no andaba bien. Se refrescó, y al salir se encontró con Inuyasha y algunos de sus amigos conversando en el pasillo.
- ¡Inuyasha!
- Hola enana, ¿cómo estás?
- Bien, todo bien... ¿Y ustedes, cómo están?
- Bien, Kagome me dijo que se verían hoy, ¿vas para allá?
- Si, ahora voy... sólo, quería pasar antes a... despedirme de Sesshomaru. - dijo bajito. Inuyasha rio.
- Si, anda a quitarle lo amargado - dijo palmeando su espalda y Rin se carcajeó.
- ¡Inuyasha, tonto!, mejor dime cuál es su oficina.
El pelinegro la llevó hasta el lugar y Rin entró una vez que escucho al peliblanco darle permiso.
- ¡Hola! - lo saludó alegre como siempre, asomándose por un costado de la puerta -, vaya... que linda oficina.
- ¿Cómo te fue? - Le preguntó caminando hacia ella.
- Bien, no tienes nada de qué preocuparte - respondió Rin con una sonrisa -, todo quedó arreglado.
- ¿Segura? - ella asintió - ¿Nada más que quieras decirme? - negó - Bien.
Rin sonrió y apoyó suavemente sus manos en su pecho, empinándose para besarlo en su mejilla, justo en la comisura de sus labios.
- Sólo pasaba a despedirme... No quiero molestarte en tu trabajo.
- Vamos, te llevo a casa, ya estoy por terminar.
- No, no te preocupes, no es necesario... quedé con Kagome, así que iré caminando, es cerca de aquí... - él frunció levemente el ceño, como si se hubiese disgustado por su negativa y Rin sólo sonrió, jugando con su corbata entre sus dedos - También quería preguntarte algo más...
- ¿Qué?
- ¿Quieres... cenar conmigo hoy?
Sesshomaru tomó su nuca con su mano perdida entre sus cabellos castaños y ondulados, acercándola a él, hasta atrapar sus labios en un profundo beso.
- ¿Eso fue un sí? - le preguntó Rin, con una amplia sonrisa y sus mejillas sonrojadas.
- Si.
La castaña soltó una risita, finalmente se despidieron y él la miró caminar hasta que entró en el ascensor.
Volvió a sentarse tras su escritorio a revisar su trabajo, pero no logró concentrarse. Vio su celular por algunos segundos, hasta que se decidió a llamar...
- ¿Ya tienes lo que te pedí?
- Hola Sesshomaru, ¿cómo estás? Yo no tan bien, ¡pero gracias por preguntar!
- Déjate de juegos, Kagura.
- Si, si lo tengo.
- Bien, iré a buscarlo.
- ¿Dónde nos vemos?
- Donde siempre.
- Okay, ¡hasta pronto cariñ... - colgó el teléfono y salió de su oficina.
***
[¡Hola! Espero que les haya gustado el capítulo de hoy. Fea la jugada del suegro, pero parece que las cosas quedaron "claras" entre ellos. ¡Quiero saber qué creen que va a pasar ahora!
Muchas gracias por todos sus lindos comentarios y por sus votos, si les ha gustado la historia hasta ahora, podrían ayudarme recomendándola a más lectores ❤ ¡Un abrazo grande!]
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