Cap. 26: Suyo
[Quedó un poco largo el capítulo, espero que les guste ❤]
***
Cuando llegaron al lugar, Rin agradeció en su mente por haber decidido salir con vestido y sus zapatitos de tacón en vez de jeans y camiseta, por más tentadora que había sido esa idea, sobre todo luego de esa autoritaria invitación y ni siquiera saber a dónde pensaba llevarla. Pero bueno, después de todo... era Taisho Sesshomaru.
El lugar era maravilloso y con esto podía confirmar que su peliblanco valoraba bastante la privacidad y... la exclusividad. No había más de 10 mesas en ese acogedor y lujoso restaurante de grandes ventanales, rodeado por un precioso bosque de bambúes.
La comida era exquisita, por supuesto. Aunque para ser franca, la mayor parte del tiempo ni siquiera sabía qué era lo que estaba echando a su boca. Y los platos eran tan hermosos, que más que comerlos, quería quedarse a vivir en ellos. Realmente parecían una obra de arte, un precioso cuadro abstracto inspirado en algún paisaje de ensueño.
Pero lo mejor de todo en esa mágica noche, por lejos... era él.
Su acompañante, sin duda alguna, era el hombre más maravilloso que había conocido en su vida...
La tenue luz del farol que iluminaba su mesa, llegaba a sus ojos dorados de una forma tan... etérea, haciéndolo parecer un ser fuera de este mundo; totalmente inalcanzable. Y cuando él parecía no mirarla, Rin se aprovechaba de admirar su perfil perfecto e imponente, disimuladamente, disfrutando del culposo placer que era él, como si fuera su más oculto secreto.
Hasta que en una de esas tantas veces, él levantó su mirada, atrapando sus ojos de chocolate y la castaña se sonrojó como una pequeña niña, a la que acababan de descubrir en la más grande de sus travesuras.
Él sólo sonrió de medio lado, completa e irremediablemente encantado con ella, con sus gestos, con su melodiosa risa y con su suave voz.
Nunca fue la clase de hombre que disfrutara de la compañía de alguien más, pero con Rin... con Rin realmente, todo era muy diferente.
- Sesshomaru... - Lo llamó después de algunos segundos, tímidamente. - Sobre lo que... quería preguntarte.
- Te escucho.
- Es que... creo que lo dejaré para otra ocasión. No me parece un tema para hablar en una cena tan linda como esta. - murmuró bajito.
- Está bien, Rin, pregúntame. Quiero que aclares lo que sea que te inquieta.
La castaña le sonrió enternecida.
- Sólo... quería saber sobre ese hombre... Naraku. El tema me ha estado molestando y supongo que... quiero dejarlo atrás.
- ¿Qué quieres saber?
- ¿Cuál es su trabajo en el conglomerado? Debe ser cercano a su padre si estaba en la fiesta de compromiso de Inuyasha y Kagome... - calló por un momento - No quiero sonar entrometida, sólo... quiero entender.
- Naraku está a cargo de la seguridad de la mayoría de las compañías del conglomerado. - Técnicamente no era una mentira, ese era su cargo en papel. Aunque la realidad era tan sólo un poco distinta. Naraku era... quien se hacía cargo de los "inconvenientes" del conglomerado, por ponerlo de alguna forma. - Trabaja cerca de mi padre.
- ¿Y tú lo conoces? O sea, sé que lo conoces, quiero decir... ¿eran cercanos?
Él la analizó detenidamente, intentando descubrir cuáles eran las intenciones en esa pregunta, porque por un momento, le pareció percibir un atisbo de preocupación en sus palabras...
Calló por unos segundos, meditando su respuesta...
¿Él y Naraku eran cercanos? Lo conocía hace muchos, muchos años, habían compartido un par de tragos, salidas, trabajaban "juntos" y tenían varios... "secretos" en común. Quizás eran cómplices, pero definitivamente no eran amigos, había algo en él que simplemente le causaba repulsión.
- No somos cercanos, pero lo conozco lo suficiente para saber la clase de hombre que es y te prometo que no permitiré que vuelva a acercarse a ti.
Rin le sonrió débilmente y asintió en un agradecimiento silencioso.
- Y... esa mujer, Kagura. - mencionó. Sesshomaru la miró con cuestionamiento. - Es su hermana, ¿no es así? - él asintió - ¿Tú y ella estuvieron juntos?
- Fue sólo sexo. - admitió de malas ganas. La castaña tragó pesado y asintió - Nunca he "estado" con alguien, Rin... No de verdad, al menos.
- ¿Y qué pasaría si yo le dijera que... quiero tomarme las cosas con calma?
- Eso ya lo sé. - Respondió con toda su tranquilidad, atravesándola con sus ojos dorados que comenzaban a ponerla nerviosa.
- Me refiero a que... esta noche nosotros no...
- ¿Crees que te quiero sólo para eso? - Arremetió, pareciendo molesto.
No iba a negar que quería devorarla, porque eso era bastante obvio. Quería llevarla a la cama y cogerla hasta el cansancio desde el primer momento en que la vio y cada vez que se atrevía a besarla sentía que iba a colapsar de puro placer contenido, pero definitivamente, no era eso lo único que quería de ella y estaba dispuesto a esperarla hasta que se sintiera lista, no iba a presionarla con esto. Después de todo... ya llevaba más de 3 años esperando por ella, esperar un poco más no iba a matarlo. ¿O si?
Tomó su mentón levantando su mirada, para poder verla a los ojos.
- Ya te lo he dicho, Rin, lo quiero todo de ti, no sólo sexo.
- ¿Todo? - Preguntó nerviosa.
- Todo, sin restricciones.
Y eso, al igual que su invitación, había sonado como una autoritaria y seductora orden, pero una a la que jamás se podría negar. Así que solamente le sonrió rendida en respuesta, con ese adorable sonrojo en sus mejillas, mientras lo miraba por debajo de sus largas pestañas.
- Mi turno. - Dijo él, haciendo un esfuerzo titánico por controlar las reacciones de su cuerpo ante ese exquisito gesto. La castaña asintió.- ¿Cómo te fue con Sara?
Rin había estado evitando hablar del asunto y él sabía perfectamente que ese tema la tenía mal, pero tenían que sacarlo de en medio. Sabía que por eso se había escondido detrás de una pila de trabajo y que también por eso no lo había llamado. Por un momento hasta pensó que Rin decidiría no volver a verlo y eso... eso no pudo aceptarlo.
- Como era de esperarse... supongo. - admitió con un gesto más decaído. - No muy bien.
Él frunció su ceño y se reprendió mentalmente por haber escogido a Sara, de todas las mujeres que habían... Que Rin estuviera así ahora, en realidad, era su culpa.
Y le molestaba que ella se sintiera mal por alguien que no valía la pena, estaba completamente seguro de que esa mujer ni siquiera le había preguntado a Rin si estaba bien luego de lo que pasó con Naraku, porque sólo estaba preocupada por ella misma y sus dramas vacíos, en realidad, a Sara no le interesaba nadie más que ella.
Y aún así, a Rin le preocupaba perderla.
Le causaba bastante curiosidad saber cómo es que Rin terminó siendo amiga de alguien así, aunque claramente no era el más indicado para cuestionarlo. La única conclusión a la que llegaba cuando se lo preguntaba era que, realmente, su castaña tenía un don para encontrar algo bueno en todo lo que la rodeaba, incluso en la gente que no la merecía...
Precisamente como él.
- ¿Por qué te comprometiste con ella, Sesshomaru? - se atrevió a preguntar finalmente, rompiendo el silencio - Después de todo lo que me dijiste... ¿Por qué le pediste matrimonio?
Los músculos de su mandíbula se tensaron al escucharla y al ver ese triste brillo en sus ojos.
- Tuve que hacerlo, Rin.
- Esa no es una respuesta de verdad, Sesshomaru.
El peliblanco bufó por la nariz.
La verdadera razón...
¿Poder? Por más extraño que fuera, esos ya no eran sus motivos, no por completo, al menos.
Para protegerla, quizás, pero si era completamente sincero consigo mismo, la verdadera razón había sido alejarla de él, porque no tuvo el valor suficiente para decirle la verdad y verla a los ojos cuando Rin finalmente terminara de comprender que él no era más que un hijo de puta sin corazón.
Y le diría la verdad, toda la verdad. Sólo... necesitaba un poco más de tiempo, para encontrar la manera de remediar lo que había hecho.
- Creí que debía alejarte de mí, que sería lo mejor..., pero no pude. - Respondió al fin. Estiró su brazo por encima de la mesa, hasta alcanzar su pequeña mano y la tomó con cuidado entre la suya. Para su sorpresa, ella no hizo el intento de apartarse, sólo se aferró igualmente a la suya, entrelazando sus dedos, con la misma extraña necesidad de sentirse cerca. Él acarició tiernamente su pulgar con el suyo y finalmente levantó su mirada, descubriendo sus preciosos ojos vidriosos y su frío y endurecido corazón dio un vuelco en su interior - Lo siento mucho, Rin.
Y aunque sus palabras fueron completamente sinceras, por la manera en que él la miraba, a Rin le pareció que esa intensa y precisa disculpa tenía mucho más que esconder...
Y ahí apareció de nuevo, ese lado más racional que le pedía arrancar de él como un pequeño animalito de su depredador, que le seguía repitiendo que ese hombre iba a romperle su corazón en mil pedazos, pero... nadie en el mundo es completamente racional, menos cuando se ha crecido entre historias de amor. Así que decidió ignorar a ese lado y obedecer a todo el resto de ella, que le suplicaba a gritos entregarse a él y perderse entre sus fuertes brazos.
- Creo que después de todo lo que ha pasado, nos merecemos empezar de nuevo, señor Sesshomaru. - Le dijo con una sonrisa, aceptando su disculpa. Él sonrió levemente al notarlo y asintió complacido al comprender que aún después de todo lo que había ocurrido, Rin no se arrepentía de estar ahí con él. - Pero antes, tengo una última pregunta.
- Puedes preguntarme lo que desees.
- ¿Por qué terminaste con Sara? - Él clavó sus ojos dorados en ella y Rin vio tal inmensidad en su mirada que le tomó un par de segundos comprender su respuesta implícita. Pestañeó un par de veces, sintiendo como un extraño calor la invadía y aclaró su garganta antes de volver a hablar - ¿No fue por... porque te enteraste de... Koga?
- Rin, ya sabía lo de Koga desde antes de comprometerme. - claro que lo sabía, esa era su carta de salida para cuando se aburriera de Sara, tarde o temprano iba a suceder, la única diferencia es que pensaba en ocuparla una vez que ya tuviera la presidencia.
Rin lo miró con confusión.
- ¿Lo sabía desde antes? - él asintió - Oh, entonces... ya consiguió lo que quería. - asumió.
- No, si te refieres a la presidencia, aún no.
- Entonces no entiendo... ¿Qué cambió?
- No quería perderte, Rin.
La castaña lo miró con sus ojitos cafés muy abiertos por la impresión, pestañeó un par de veces y mordió su labio inferior, intentando asimilar sus palabras...
Sin darse cuenta se aferró más a su mano, la que aún sostenía. Ahora más que nunca, no quería alejarse de él.
- ¿Y tú, cómo te enteraste de lo de Koga? - Le preguntó el peliblanco después de algunos segundos, al notar que ella seguía sin decir nada.
- Los vi juntos un poco después de que ustedes se comprometieron. - murmuró, aún bastante conmocionada.
Él asintió, comprendiendo que eso tenía bastante más sentido que Sara haya decidido contarle sólo porque sí. No pudo evitar dejar escapar una leve sonrisa que no alcanzó a llegar a los ojos de Rin, al recordar sus palabras...
"Lo quiero a usted, señor Sesshomaru... Pero soy egoísta y lo quiero sólo para mí. Aunque entiendo que eso no es posible..."
Su castaña realmente era como nadie que hubiese conocido antes. Ella pudo haberlo hecho posible, en ese momento, si le contaba lo de Sara y Koga era bastante obvio suponer que él terminaría las cosas con Sara, pero aún así... aún sabiendo eso, Rin decidió guardar su secreto.
Y lo peor de todo, era que estaba completamente seguro de que si Sara hubiese estado en sus zapatos, la hubiese vendido a ella sin dudarlo.
- Siento no habértelo dicho, pero se lo prometí... Además, creo que no me correspondía a mi ser quien te lo dijera.
- Está bien, Rin, lo entiendo. - ella le sonrió tímidamente - ¿Hay algo más que quieras saber? - Rin negó y él soltó su mano para tomar su mentón, se inclinó sobre la mesa y besó sus deliciosos labios dulces y con un leve sabor a vino, con necesidad, como había deseado hacer toda la noche, pero obligándose a separarse de ella antes de lo que le hubiese gustado. - Eso no fue para callarte.
Rin dejó escapar una risita, con su rostro completamente rojo.
- Lo sé. - susurró sin poder borrar la tonta sonrisa de su cara, sintiéndose inexplicablemente más liviana que antes.
Conversaron un poco más, sintiéndose bastante más relajados y en calma mientras compartían el postre, hasta que finalmente se alistaron para irse.
Sesshomaru cruzó un par de palabras con el encargado y luego salieron del lugar.
- Gracias por esta noche. - Le dijo la castaña con una tierna sonrisa al llegar al estacionamiento, aferrada a su fuerte mano.
El peliblanco asintió correspondiendo a su sincero agradecimiento y justo antes de que se inclinara para abrirle la puerta del auto con esa caballerosidad que surgía en él sólo para ella, Rin se acercó lentamente a él, hasta juntar sus labios en un tierno beso. Fue un roce dulce y suave, mientras sus manos acariciaban sus mejillas con una delicadeza tan sublime y nueva para él, que removió algo en su interior.
Cegado con esa ternura que lo tenía completamente cautivado, Sesshomaru llevó una mano a su nuca, enterrándola entre sus cabellos castaños y profundizando su beso, profanando su boca con intensidad y pasión, cediendo al deseo que lo invadía por ella y dejándose llevar una vez más, mientras su otra mano se aferraba con firmeza a su estrecha cintura.
Mandando al carajo todo su autocontrol y olvidándose de dónde estaban, bajó sus manos por su cintura, recorriendo todas sus curvas como si quisiera apropiarse de ellas, hasta llegar a su trasero. Lo apretó con fuerza entre sus manos, apegándola a él, sin dejar ni un milímetro de espacio entre sus cuerpos y Rin dejó escapar un suave gemido contra su boca que lo volvió loco.
Tenía que detenerse en ese momento, porque ese beso se estaba convirtiendo en una física tortura para él, así que con los últimos atisbos de cordura se separó de ella a regañadientes y susurró con su respiración acelerada:
- Vamos, te llevaré a casa.
Rin asintió, con sus mejillas sonrojadas y finalmente se subió al auto.
Después de algunos minutos de viaje en silencio, Sesshomaru aparcó el auto frente a su edificio, dispuesto a despedirse.
- ¿No me quiere acompañar? - Le preguntó Rin al comprender sus intenciones, con un puchero y luego una sonrisa tan inocentemente coqueta que lo hizo reaccionar de inmediato y tuvo que dudarlo por un momento. No estaba seguro de poder contenerse de saltarle encima estando a solas, pero finalmente accedió.
Sesshomaru rodeó su cintura, acercándola a él en un gesto de posesividad que a Rin le causó gracia y ternura, y caminaron juntos hasta su apartamento.
- ¿Quiere algo de beber? - le preguntó la castaña una vez adentro, desde la cocina.
- Lo que tú vayas a tomar está bien. - respondió con su tono serio habitual y tomó asiento relajadamente en el sillón de la sala de estar. Al regresar ahí, fue inevitable para él recordarla durmiendo en su pecho... Y dejó escapar una leve y fugaz sonrisa al pensar en esa imagen.
Rin ni siquiera lo sabía, pero esa fue la primera vez que durmió así con alguien más... Joder, y ni siquiera habían cogido.
La primera vez que la vio, jamás imaginó que las cosas iban a resultar de esta manera y si lo hubiese sabido, quizás... no la hubiese dejado marcharse.
La vio aparecer pocos minutos después, con dos tazas de té que dejó en la mesita frente a él y por supuesto, no se perdió de verla caminar y recorrer sus piernas perfectas y torneadas con su mirada y sus manos le picaron por colarlas bajo su vestido y aprovecharse de toda su suavidad. Rin se veía fascinantemente hermosa en ese vestido, lo estaba llevando peligrosamente a su límite y no estaba seguro de poder contenerse mucho más.
- No te lo había dicho, pero quiero que sepas que valoro mucho que hayas venido hoy con la señora Izayoi. - admitió la castaña, caminando hasta quedar muy cerca frente a él, y apoyó sus manos en sus hombros.
- Necesitaba verte. - Respondió él de manera inconsciente, embriagado por su cercanía y con unas ganas enfermizas que quemaban su piel por arrancarle ese bonito vestido.
Rin sonrió y se acercó aún más, quedando de pie entre sus piernas. Subió sus manos desde sus anchos hombros hasta su cuello en estimulantes caricias en su piel sensible y él se agarró de su cintura con firmeza, sin intenciones de dejarla ir.
- Fue algo muy tierno. - susurró la castaña inclinándose más hacia él, mientras con sus manos tímidas comenzó a soltar lentamente el nudo de su corbata.
Aquella dulce tortura lo estaba arrastrando al borde de la locura.
- Rin... - gruñó grave y gutural en un mal intento por detenerla, entornando sus ojos dorados, brillantes de puro deseo y afianzando aún más su agarre en su cintura. Ella, divertida con su débil resistencia, terminó por quitarle su corbata sin problemas.
- Póngase cómodo, señor Sesshomaru, porque usted va a pasar la noche aquí. - susurró pegándose a su cuerpo y el peliblanco, sin pensárselo mucho más, la agarró con firmeza de sus muslos y la sentó a horcajadas sobre él.
- No juegues conmigo, Rin, porque no te voy a dejar escapar. - gruñó entre dientes, peligrosamente cerca de su boca, enterrando sus dedos en sus caderas y meciéndola suavemente sobre él, restregándola contra su dura erección.
Rin se estremeció entre sus brazos y dejó escapar un suave gemido al sentirlo.
- Está bien, porque está vez no voy a escapar. - susurró rozando sus labios y él atrapó el inferior, mordisqueándolo suavemente.
- ¿Segura? - Rin asintió y Sesshomaru se paró del sillón, con su castaña a cuestas y caminó así con ella rodeando sus caderas con sus piernas, hasta llegar a la habitación.
Rin soltó una risita al ser cargada con tanta facilidad y una vez adentro, él la bajó de sus brazos.
Sin la necesidad de decir algo más, atrapó sus labios con fiereza y necesidad contenida, con hambre de ella y de sus labios perfectos con sabor a cereza y Rin buscó corresponderle de la misma forma, casi con la misma intensidad y pasión que desbordaba de él.
Sesshomaru comenzó a desvestirla sin prisas, deshaciéndose de ese vestido que hasta ahora le había impedido admirarla como tanto había deseado y repartió besos, lamidas y mordidas en el proceso, por cada rincón de su cuerpo, adueñándose por completo de todas sus curvas.
Exquisita.
Por fin podía confirmar todos sus perversos sueños y pensamientos: Rin se veía aún más deliciosa sin absolutamente nada puesto.
Sencillamente perfecta, al igual que sus labios.
Y ella se encargó de desvestirlo a él de la misma manera, acariciando y besando cada uno de los músculos de su ardiente y firme cuerpo. Es que realmente, le costaba creer que semejante hombre se hubiera fijado en alguien como ella, pero le costaba creer aún más que él la viera de esa forma... como si ella fuera de verdad, la mujer más hermosa que hubiese visto alguna vez en su vida.
Sesshomaru no era la clase de hombre que la llenara de cumplidos, en realidad... las veces que lo había hecho eran contadas con los dedos de una mano, pero la verdad es que él no necesitaba hacerlo. No necesitaba decirle "preciosa" a cada segundo, porque podía verlo en sus ojos; en su mirada tan intensa, que hacía parecer vacíos todo el resto de los cumplidos que le habían hecho alguna vez en su vida.
Cada vez que Sesshomaru la miraba, Rin podía ver que sus profundos ojos dorados le decían a gritos que ella, realmente, era la mujer más hermosa que hubiese visto alguna vez en su vida.
Y entre besos y caricias, Sesshomaru la tomó en brazos y la sentó sobre la cama con extrema suavidad, cuidándose de no romperla o dañarla de alguna forma, como si Rin fuera lo más frágil que hubiese sostenido entre sus brazos, casi como un delicado cristal, o... su más preciado tesoro.
Y palpitante de deseo, se arrodilló frente a ella de la misma forma en que se dijo tantas veces que jamás haría, prácticamente en reverencia, venerándola como tal diosa; amándola. Y así, rendido ante ella, besó, masajeó y mordisqueó sus pechos y sus pezones endurecidos, bajó por su abdomen y hundió su cabeza entre sus piernas.
- Sessh... - recorrió su pliegues con su lengua pecaminosa de arriba a abajo y la castaña se retorció de placer mientras intentaba detenerlo con tímida vergüenza. ¡Es que nunca antes la habían besado ahí! - Ahhhh, Sesshomaru, n-no... qué haces...
Sin prestar atención a sus lloriqueos, clavó sus dedos en sus caderas y lamió y chupó contra ella, sin piedad, mientras Rin gemía, se estremecía y empujaba su cuerpo contra él, ciega de placer.
- Oh, por dios, Sesshomaru... - gimió y el peliblanco dejó escapar un gruñido de puro deseo al oírla. Había soñado tantas veces con ella, gimiendo su nombre con sus piernas alrededor de su cuello y tenía que admitir que la realidad superaba por mucho a sus depravados sueños - No... no puedo más...
Sus manos se perdieron en sus cabellos plateados, completamente rendida y expuesta ante él; vulnerable. Su cuerpo tembló y vibró mientras gritaba, liberándose por completo, sintiendo su intimidad palpitar como nunca antes, rogando por él, para que llegara a reclamarla y calmar ese ardor que quemaba su interior.
El peliblanco se relamió, extasiado con su sabor, se recostó a su lado y la besó, intenso y apasionado, hasta robarle el aliento, disfrutando la sensación de poder sentir su piel contra la suya, sus pechos llenos y exquisitos contra el suyo, subiendo y bajando por su respiración agitada.
Y Rin gimió en su boca al sentir su dureza presionando muy cerca de su intimidad y lentamente, comenzó a bajar sus besos y caricias por su cuello, por sus pectorales y su abdomen marcado.
- Rin, no es necesario que... - calló y gruñó cuando la castaña agarró su miembro entre sus manos, con firmeza y suavidad a la vez, moviendo una de arriba a abajo por toda su longitud, con su boca entreabierta por la sorpresa.
Si, lo había sentido antes a través de la ropa, pero no se había imaginado que sería tan...
- Dioses... - susurró aún impresionada.
Bajó tímidamente hasta besarlo en la punta, jugando con su lengua y se atrevió a tomar cada vez más de él en su boca, casi segura de que crecía aún más a cada segundo y se sintió muy complacida al escucharlo gruñir, jadear y maldecir por lo bajo.
Lo saboreó por completo y disfrutó cada milímetro de su piel, hasta que ya no pudo más, lo necesitaba como nunca antes había necesitado a algo, a alguien. Todo su cuerpo rogaba por él. Y él, comprendiendo su suplica silente, la arrastró por la cama hasta dejarla debajo de su firme y duro cuerpo.
Con el preservativo puesto se acercó a ella hasta rozar su húmeda entrada con su dureza y Rin se estremeció entre sus brazos nuevamente y se aferró a sus hombros, como si no quisiera dejarlo ir nunca más.
- Por favor... - susurró en su oído. Él enterró sus dedos en sus caderas y clavó sus intensos ojos dorados en los suyos cafés, tan profundos, sinceros y transparentes que lo supo en ese mismo instante: Rin era suya y únicamente suya y él... él era irremediablemente suyo también, aunque ella no lo supiera, estaba rendido a sus pies.
Se rozó contra sus pliegues una y otra vez, agonizando y a la vez deleitándose con sus dulces súplicas y gemidos. Acunó su miembro en su humedad, sin entrar en ella, mientras Rin movía sus caderas, ansiosa por sentirlo aún más y él, acallando sus deseos, atrapó sus labios en un beso desesperado y hambriento.
- Mía - susurró grave y bajo contra su boca, mientras entraba poco a poco en su interior y luego volvía a salir por completo, con embestidas dolorosamente lentas y deliciosas, alargando su tortura hasta que ya no pudo más, hasta que cualquier rastro de autocontrol que pudiera quedar en él, se esfumó en el aire, en sus alientos y en las respiraciones agitadas que llenaban la habitación, y completamente cegado por ese acuciante deseo, entró de lleno en ella, con estocadas profundas y certeras que la hicieron gritar y enterrar sus uñas en su gran espalda.
Se meció con vehemencia entre sus piernas y Rin lo recibió como siempre; por completo, tan cálida y tierna, sólo como ella podría.
La embistió cada vez más rápido y duro, delirante con el sonido de sus gemidos y del choque de sus cuerpos, hasta que sintió su interior palpitar y aprisionarlo cada vez más, sus pequeños músculos tensarse bajo él y una oleada de placer los recorrió a ambos, seguido de un orgasmo fuerte y arrasador.
Rin gritó su nombre con sus ojos vidriosos de pura excitación y él no se detuvo de embestirla mientras la sostenía contra su cuerpo, amándola sin prisas, disfrutando el sentirla así, tan suya, únicamente suya y alargando todas esas sensaciones lo más que pudo.
Finalmente la castaña cayó rendida y la pudo sentir sonreír contra la piel de su cuello.
- Me encantas, Sesshomaru. - susurró satisfecha como nunca antes y casi aterrada por la inmensidad de todo lo que acababa de sentir.
Él acarició sus piernas con ternura y suavidad, besó sus mejillas y se acercó a su oído.
- Vas a ser mía toda esta noche, Rin. - susurró. La escuchó jadear y pudo ver como la piel de su cuello se erizó por él. Complacido, atrapó sus labios nuevamente, perdiéndose por completo en ellos, en su dulce sabor, y no pudo evitar preguntarse...
¿Cómo lo haría ahora? Ahora que conocía el sabor de su cuerpo, ahora que sabía exactamente como se sentía estar dentro de ella, ahora que por fin podía comprender que no era ella quien pertenecía a él, pero él quien pertenecía a ella, desde el primer momento en que la vio y Rin le sonrió con tanta luz como no había visto antes en una persona...
¿Cómo lo haría ahora para renunciar a ella?
Respiró profundamente sobre su cuello, embriagándose con su aroma a flores ahora mezclado con excitación, intentando alejar esos pensamientos de su cabeza y se abrió paso nuevamente entre sus piernas; deseoso, insaciable y hambriento de ella.
Esa noche le hizo el amor como nadie se lo había hecho en su vida, la recorrió por completo una y otra vez, con besos y caricias como si quisiera aprenderla de memoria, sin prisas, hasta cerciorarse de borrar de su cuerpo cualquier marca, cualquier recuerdo de otro hombre. Reclamó su cuerpo y su alma y la hizo suya como no lo había hecho con nadie antes y como nadie lo había hecho con ella; deseando que el recuerdo de esa noche quedara para siempre grabado con fuego en su cabeza, asegurándose de que su bonita e inocente castaña no pudiera olvidarlo jamás.
Pero temiendo que sería él quien no podría olvidarla a ella.
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