Cap. 23: Fiesta de compromiso (Parte II)
Su corazón latía desbocado y aquel delatador sonrojo se negaba a desaparecer de sus mejillas. Ese peliblanco se veía condenadamente atractivo en ese traje hecho a medida, como siempre, haciendo alarde de su porte imponente, elegancia y poder... Rin respiró profundo, intentando controlar su pulso acelerado. No quería volver a mirar hacia aquel lugar y el nerviosismo estaba comenzando a apoderarse de ella. Lo mejor por ahora, sería buscar a Kohaku o algo que hacer para distraer su mente.
La aguardaba una noche verdaderamente difícil.
- ¡Rin! - La suave voz de esa mujer la hizo voltearse.
- ¡Señora Izayoi! Qué gusto verla. - se acercó a saludarla con un abrazo, agradeciendo internamente que la sacara de ese suplicio.
- Igualmente querida, te ves preciosa. - Saludó también a Sara y a Sango. - Todas se ven preciosas. - sonrió.
La castaña le sonrió de vuelta con sus mejillas sonrojadas por su tierno halago.
- Muchas gracias, usted también se ve hermosa... Debe estar muy feliz por Inuyasha, ¿no?
Sara las miró a ambas con cuestionamiento... La forma tan familiar en la que se saludaron le causó extrañeza.
- Si que lo estoy, Kagome es una chica maravillosa, me alegra que se hayan encontrado. - sonrió - Linda, antes de que te vayas recuérdame devolverte tu pañuelo, además tengo un regalo para ti. Le dije a Inuyasha que te lo pasara el día de su cumpleaños, pero parece que no pudiste venir.
- Si, lo siento, viajé a ver a mi papá.... Y no tiene que preocuparse, señora Izayoi, le dije que no era necesario... - respondió bastante cohibida.
- Claro que lo es. ¡No te vayas sin avisarme! - le guiñó un ojo, Rin le sonrió tímidamente - Con permiso, chicas, nos vemos más tarde.
La mujer siguió su camino, mientras Sara veía a Rin de reojo.
- ¿Por qué te tiene un regalo? - se atrevió a preguntar al fin, con un ligero tinte amargo en su voz, que puso a Rin nerviosa.
- No lo sé, un día me la encontré y le presté un pañuelo, eso es todo. La señora Izayoi es muy amable...
- Si, es verdad. - Dijo Sango - A veces me cuesta creer que Inuyasha sea su hijo.
Rin soltó una risita.
Después de un rato de aperitivos, saludos y conversaciones, todos tomaron asiento en sus mesas y la cena transcurrió sin problemas...
Aunque no sabía si era su imaginación, pero estaba casi segura de que podía sentir el peso de esos ojos dorados en su espalda, como si la estuvieran siguiendo a cada momento. Esa sensación era como un déjà vu del día en que lo conoció; esa mirada de miel derretida era tan intensa que quemaba su piel aún bajo su ropa y simplemente le pareció imposible de ignorar. Y es que así era todo con él...
Imposible de ignorar.
Pero aún así, tenía que intentarlo... Prefería evitarlo y no mirar en su dirección, porque... tenía miedo. Tenía miedo de descubrir que esa sensación era sólo producto de su imaginación y que en realidad, él no la miraba a ella, que en realidad... él miraba a alguien más.
Las horas pasaron y todo el ambiente se sentía bastante más relajado. Algunos ya bailaban y Rin aprovechó el momento para acercarse a conversar con Kagome e Inuyasha.
- ¿Cómo lo están pasando?
- Hmph. Dímelo tú... No he podido comer ni beber tranquilo, cada vez que me siento llega alguien a felicitarnos y cuando veo, ya han retirado mi plato de la mesa.
Rin se carcajeó al escucharlo.
- Acostúmbrate, eres el hombre del momento... Además, deberías estar orgulloso, tienes a tu lado a la chica más linda de la fiesta. - Le guiñó un ojo.
Inuyasha se sonrojó y miró hacia otro lado.
- Lo sé. - murmuró. Kagome sonrió y besó su mejilla, gesto que hizo al pelinegro sonrojarse aún más. Rin soltó una risita al notarlo.
- Se pone gruñón cuando tiene hambre... - dijo riendo - ¿Y tú, Rin? ¿Cómo lo estás pasando?
- Yo, bien, muy bien... He estado conversando con Yuka y Eri, me caen muy bien, me reí mucho escuchando historias tuyas. - Dijo con una risita traviesa.
- Esas traidoras, siempre hablando de más... - murmuró. Rin se carcajeó.
- También conocí al amigo de Miroku, Bankotsu... es muy simpático.
- Cuidado con esos, Rin. - Dijo Inuyasha, La castaña negó riendo y rodó sus ojos. Luego escuchó a Inuyasha bufar, con su ceño fruncido. - Tsk. ¿Qué quiere ese idiota ahora? Seguro que ya viene a regañarme por algo...
Rio se volteó al escucharlo, para encontrarse con quien tanto había intentado evitar, caminando hacia ella con toda su calma, acechándola sin tapujos ni titubeos en frente de todos.
Y Rin no pudo evitar perderse en esos ojos ambarinos que la miraban sólo a ella, como si no existiera nadie más... Como si ella fuera la única persona parada en ese precioso jardín además de él, como una respuesta a todas sus dudas, miedos y cuestionamientos...
Inconscientemente y completamente rendida ante él, la castaña le sonrió por primera vez en la noche, admitiendo esa emoción que crecía en su pecho con sólo verlo.
¿Y es que cómo no hacerlo, cuando él la veía de esa manera?
- Rin - La saludó. Su nombre salió de sus labios como un grave y maravilloso ronroneo que no quería dejar de escuchar y ella batió sus largas pestañas con rapidez en respuesta, intentando recomponerse y salir del hechizo en el que se encontraba...
- Hola señor Sesshomaru... - Dijo al fin después de algunos segundos, con toda su ternura y esa dulce sonrisa que lo tenía irremediablemente cautivado.
Kagome e Inuyasha los miraban sin comprender absolutamente nada, como dos incrédulos y curiosos espectadores, que recibieron una fría y seria mirada de parte del albino, obligándolos a guardar silencio.
- ¿Me acompañas? - Le preguntó a Rin con suavidad, ofreciéndole su brazo en un gesto de caballerosidad para nada propio de él.
Y Rin pareció olvidar dónde y con quién estaban por un momento, ni siquiera alcanzó a incomodarse por su obviedad o por lo que los demás pensarían, sólo pudo sentirse halagada de que en ese lugar, él sólo tuviera ojos para ella.
Así que tomó su brazo con sus manos temblorosas, olvidándose de todo el resto y sin ser consciente de lo que había provocado en él con ese simple gesto.
Él, desde su altura, la admiró de reojo, más que complacido con su aceptación y caminaron alejándose de los ojos curiosos.
Sesshomaru podía jactarse de que a su joven edad ya era un experto conocedor en muchos temas y fácilmente se podría decir que las mujeres calificaban como uno de ellos. Quizás no en el sentido de comprenderlas, porque aquello nunca le había interesado hasta ahora. Pero más en el sentido de que había disfrutado del placer que le brindaban esos encuentros casuales de una noche, con incontables mujeres de distintos rasgos y lugares del mundo, todas objetivamente hermosas, algunas realmente extraordinarias y dispuestas a hacer lo que él quisiera e incluso más.
El sueño de cualquier idiota.
Y pensó que eso era todo lo que había... hasta que la conoció a ella. Porque ninguna de todas las mujeres con las que se había cruzado en su acomodada y lujosa vida, podrían si quiera compararse con Rin.
Rin era hermosa de una forma antes desconocida para él. De una forma que te hacía pensar en que podría acabar contigo y tú se lo permitirías gustoso... Podría hacerte cuestionar toda tu existencia con sólo sonreírte.
Así de hermosa era Rin.
Y lo más extraño para él, era que se había acostumbrado a esas bellezas que le parecían a veces artificiales, que parecían arrancarse junto con la noche y terminar al amanecer, pero Rin... Rin era hermosa en todo momento y parecía que cada día un poco más, como si aquello fuera posible. En sus ropas de trabajo, en sus vestidos primaverales y en pijamas, cuando despertaba, cuando sonreía y cuando sus ojos amenazaban con colapsar en lágrimas. Realmente en todo momento, pero esta noche...
Esta noche lo había dejado sin palabras.
No podía detenerse de admirarla. Parecía una verdadera diosa griega en ese delicado vestido de seda color cobre. Aunque por supuesto, sus más bajos instintos le decían que se vería aún mejor sin nada puesto...
Ya llevaba mucho tiempo aguantándose las ganas que tenía de acercarse a ella y sentía unas ganas irracionales de arrancarle los ojos a todos los idiotas que se giraban a mirarla. Aunque ella, como siempre, ni siquiera parecía percatarse de aquello.
- Se ve muy guapo esta noche. - Dijo inocentemente cuando dejaron de caminar, tomándolo por sorpresa.
Rin... realmente era una criatura única.
No pudo evitar la tonta sonrisa que se asomó en su frío rostro...
- ¿Me has estado evitando, Rin? - Le preguntó con esa grave y seductora voz que la hacía fantasear.
Sus mejillas se sonrojaron al instante.
- ¿Qué?, n-no, yo... no... - suspiró rendida. No tenía caso mentirle a él, sabía que podría hasta adivinar sus pensamientos con sólo mirarla a los ojos. - Lo siento...
Él sonrió de medio lado. Quería hacer pedazos ese bonito vestido que llevaba puesto.
- ¿Cómo estuvo tu viaje? - Le preguntó cambiando el tema y dándole tregua a su evidente nerviosismo, con su serio tono de siempre, pero con esa casi imperceptible suavidad que usaba sólo con ella.
- ¡Muy bien! Fui a ver a mi papá, los días pasaron volando, regrese hace poco... - Le sonrió y luego lo miró confundida... ¿Cómo sabía él que había estado fuera? ¿Él... la había buscado? - ¿Cómo sabe que estuve de viaje? - él la miró de reojo y Rin suspiró al comprender que ya no diría más. Finalmente negó y le sonrió rendida - ¿Y usted, cómo está?
- Bien... - dio un paso más, acercándose a ella y robándole un suspiro con su cercanía - Rin, hay algo que me gustaría hablar contigo.
- Si... a mi también. - admitió - Pero... no creo que ahora sea un buen momento. Quizás... - Y como una confirmación a sus palabras, una reconocible voz llamo la atención de los dos, interrumpiéndola.
- ¡Rin, al fin te encuentro! - Sara se acercó a ellos, con una fingida sonrisa que ocultaba a la perfección la desagradable sensación que la invadió al encontrarlos juntos - Hola Sesshomaru. - Lo saludó con un sugestivo beso en su mejilla que incomodó a la castaña de sobremanera - ¿Qué hacen?
- Sara, hola... - Rin carraspeó nerviosa - Sólo conversábamos...
- En privado. - Espetó el albino con sequedad, Sara arqueó una ceja con cuestionamiento y Rin se apresuró en hablar...
- ¡De trabajo! Hablábamos de trabajo... - Miró a Sesshomaru con un cómplice gesto de súplica, para que no dijera nada más. Él frunció su ceño.
- La señora Izayoi te busca, Rin... Será mejor que vayas, no querrás hacerla esperar.
- Si, bueno... Gracias por avisarme... - El peliblanco bufó, irritado por la interrupción y la castaña le sonrió débilmente a modo de disculpa, antes de salir de ahí, dejándolos solos.
Sabía que tendría que hablar con Sara en algún momento y decirle la verdad, pero... todavía no y menos ahí.
Algunos metros más allá, Inu no Taisho analizaba la situación en silencio. El actuar de su hijo y la forma en que no podía apartar sus ojos de esa mocosa, le parecía simplemente... patético.
Taisho Sesshomaru, su más digno sucesor... andaba como perro faldero detrás de esa niña poca cosa. No podía seguir permitiendo ese circo, ni que avergonzara su apellido de esa forma. Tendría ayudarlo a ver las cosas con claridad, demostrarle a su hijo qué era lo que realmente importa.
- Naraku.
- Dígame, jefe. - respondió con una oscura sonrisa, mirando en la misma dirección.
- Encárgate de ella.
- ¿Tiene algo en mente?
- Sólo demuéstrale a Sesshomaru que es una puta más en disfraz de niña buena. Llévatela de aquí...
- Será un placer. - Y lo decía con sinceridad... Era problemático que esa niña anduviera revoloteando libremente por ahí, más aún si tenía a Taisho tan embobado... Lo mejor sería sacarla del camino de una buena vez y si antes podía divertirse un poco con ella, aún mejor.
- Sin escándalos, Naraku. - el pelinegro asintió.
- Entonces tú debes ser la señorita Takahashi Rin. - La interceptó mientras ella caminaba distraída, al parecer en busca de algo o de alguien...
- ¿Disculpe? - Preguntó levantando su vista y encontrándose con esos extraños ojos color carmín y una retorcida sonrisa que le causó escalofríos. Era un hombre atractivo y de voz amable, pero... había algo extraño en él - ¿Nos conocemos?
- Naraku, mucho gusto. - Extendió su mano. Ella dudó en tomarla por un momento, en su interior había algo que le advertía que saliera de ahí lo antes posible, pero finalmente, ignorando aquellas señales, tomó su mano por cordialidad. - Trabajo para el padre de Inuyasha en el conglomerado, escuché por ahí que una hermosa joven estaba trabajando en la fábrica Taisho, pero no tuve el gusto de conocerla, hasta ahora.
- Gracias... - respondió con una débil sonrisa, incómoda con la manera en que él se acercaba a ella lentamente y más aún porque se negaba a soltar su mano. Aclaró su garganta antes de hablar. - Que amable... Y lo siento, pero debo dejarlo en este momento, si me disculpa...
Cada paso que él daba acercándose a ella, ella lo retrocedía.
- ¿Tan pronto, Rin? - Le preguntó aún sin soltarla y con su mano libre acarició su rostro. La castaña frunció su ceño, ese hombre estaba cruzando los límites. - Vamos, regálame el placer de tu compañía un poco más. ¿Quieres algo de beber?
- No, gracias... Ya le dije que debo irme, me esperan. - respondió más seria que lo normal, intentó sacar su mano de un tirón.
El pelinegro sonrió, la agarró con más firmeza y con una torpe delicadeza echó sus cabellos castaños hacia un lado.
- ¿Entonces sólo te gusta tirarte a hombres comprometidos? - Le preguntó al oído en un susurro.
Rin se sintió palidecer al escucharlo y no pudo reaccionar cuando él la rodeo por la espalda con su brazo, obligándola a avanzar.
- Suélteme, por favor... - Le pidió con su voz temblorosa, sintiéndose asqueada - ¡Déjeme! - Nuevamente intentó zafarse de su agarre, pero él la sostuvo con más firmeza.
- Camina tranquila, preciosa, sólo vamos a divertirnos un rato... como te gusta.
- Sesshomaru... - Sara lo llamó, apenas vio a Rin alejarse. Él la miró por el rabillo del ojo y sin esperar a que dijera algo más, siguió su camino, alejándose de ahí.
La ojiazul frunció su ceño y apretó sus puños con frustración... ¿La estaba ignorando?
- Tanto tiempo, Taisho. - Lo saludó la oji carmesí, con una coqueta sonrisa de lado, acercándose a él disimuladamente, mientras aceptaba una copa de champaña de uno de los sirvientes.
- Kagura. - Saludó secamente, sin dirigirle la mirada ni prestarle atención. Buscando a alguien más, sin preocuparse en parecer disimulado...
- Supe que finalmente te aburriste de la loca esa. Duraron bastante, debo admitir que te tenía menos fe. - soltó una risita burlona - ¿Ahora si podemos volver a divertirnos como en los viejos tiempos? ¿O te volviste un aburrido?
Finalmente él la miró de reojo y sonrió arrogantemente de lado.
- Búscate a alguien más, Kagura, no molestes. - Volvió su vista al frente.
- ¿A quién miras tanto?
- No es tu asunto, déjame en paz.
- Si es a la niñita esa con la que hablabas hace un rato, la vi irse con Naraku. - sonrió irónicamente y tomó su corbata entre sus dedos, provocativamente. - Lo siento, cariño, parece que te dejaron plantado.
El peliblanco tensó su mandíbula al escucharla y sin pensarlo más, salió rápidamente de ahí.
Si Kagura decía la verdad y Naraku había cometido la estupidez de acercarse a Rin... Lo iba a matar.
La pelinegra bufó al verlo desaparecer. Esa fiesta se le estaba haciendo de lo más aburrida y la única entretención que le interesaba, la acababa de ignorar monumentalmente. Estaba apunto de salir de ahí, cuando de un fuerte tirón en sus ropas, alguien la obligó a voltearse.
- ¡No vuelvas a acercarte a él!, ¿me escuchaste?
- ¿Qué mierda?, suéltame. - Se separó de ella y acomodó su vestido. - Niña loca... - rodó sus ojos - ¿Cuál es tu problema? ¿Te rompieron el corazón, bonita?
- Sesshomaru y yo volveremos, así que no te hagas ilusiones con él, zorra, puedo ver como lo miras... Mejor ándate de aquí, que estás quedando como una arrastrada.
Kagura rio.
- Qué tonta, por lo menos yo sé aceptar un no por respuesta. Tu querido Sesshomaru no me quiere a mi, linda. Ni tampoco a ti, al parecer... - Sara frunció el ceño.
- ¡Cállate! Vi como te acercabas a él...
- Entonces también viste como salió corriendo detrás de esa niñita... - negó irritada - Ahora sal de mi camino, loca.
Sara la miró con confusión en sus ojos azules... "¿Esa niñita?"
Unos extraños y fuertes ruidos no muy lejos de ahí la hicieron reaccionar. Comenzó a caminar en la dirección de donde provenían para ver lo que estaba ocurriendo, y cuando llegó al lugar, sus ojos se abrieron por la impresión...
Rin estaba comenzando a desesperarse, esa situación la estaba colapsando. Quería llorar, se sentía tan débil y ese maldito nudo en su garganta le impedía gritarle a ese hombre que la dejara de una vez. No había nadie cerca, nadie que pudiera verla, nadie la iba a ayudar...
Empezó a imaginarse lo peor. Intentó inútilmente soltarse del fuerte agarre de ese hombre, pero él tenía mucha más fuerza que ella y no parecía inmutarse con su resistencia.
Ni siquiera llevaba su celular...
- ¿A... dónde me lleva? - preguntó con su voz en un hilo - Suélteme... por favor... me duele, me está haciendo daño...
- Deja de lloriquear. - Finalmente se detuvo. Sujetó sus mejillas con una mano y apretó sus cachetes con fuerza. Se acercó a ella, analizándola, mientras Rin intentaba apartarlo, empujando con sus manos.
- ¡Déjame, idiota!
- Eso, así me gusta más, con carácter... - susurró en su oído con una sonrisa lasciva, respiró sobre la piel de su cuello y de pronto, sintió una mano en su hombro, que de un fuerte tirón lo apartó de ella.
El pelinegro no tuvo tiempo de reaccionar ante el puño cerrado que llegó hasta su cara con fuerza y lo dejó tirado en el piso.
Rin se sobresaltó e inconscientemente dejó escapar un grito al ver lo que ocurría. Sesshomaru levantó al sujeto del cuello y volvió a asestarle otro golpe en su estómago, antes de siquiera pensar en darle tiempo de explicarse.
La castaña ni siquiera supo en qué momento aparecieron Sara, Inu no Taisho y la señora Izayoi en el lugar, pero la voz de la última la hizo reaccionar.
- ¡Por dios! ¡Sesshomaru! ¡¿Qué está pasando?!
El peliblanco dejó caer a Naraku al piso y caminó hasta Rin, que lo miraba con sus manos cubriendo su boca y sus ojos empapados en lágrimas, paralizada en su lugar.
Tomó su mentón con delicadeza, levantando su mirada, para encontrarse con sus preciosos ojos cafés vidriosos. Limpió sus lágrimas con su pulgar y acarició con ternura su rostro.
- Sesshomaru... - lo llamó Sara al ver lo que sucedía. ¿Por qué se portaba de esa forma con ella? ¿Por qué la había defendido de esa manera?
Él jamás... había hecho algo así de cariñoso con ella.
- ¿Estás bien? - Le preguntó el peliblanco a Rin suavemente, ignorando a la ojiazul y sin importarle quién más estuviera viendo.
Rin asintió, aún sin voz. Quería lanzarse a sus brazos, dejarse consolar por él y hundirse en su pecho. Sesshomaru había llegado por ella. Él había llegado a su rescate, como siempre. Realmente necesitaba abrazarlo, pero... no podía. Sara estaba ahí, viendo todo lo que ocurría.
Él tomó su brazo, detallándolo, fijándose especialmente en las marcas que Naraku le había dejado cuando la agarró... Tensó su mandíbula, intentando tranquilizarse y finalmente la soltó.
La señora Izayoi se acercó a ella y la abrazó con ternura.
- Toga, saca a ese hombre de aquí. - Ordenó la mujer, comprendiendo lo que había ocurrido.
El mayor chasqueó su lengua, en extremo irritado con todo el espectáculo y comenzó a caminar hacia Naraku, cuando la voz de su hijo lo detuvo.
- No. Yo lo sacaré. - Sentenció el peliblanco, con sus ojos entrecerrados con furia, pero antes de poder seguirlo, sintió a Rin tironear su ropa.
- No, no lo siga, por favor. - le pidió en voz baja. No quería ni pensar en lo que podría pasar si Sesshomaru iba tras él - Deje que se vaya...
- Rin...
- Señor Sesshomaru, estoy bien, por favor... no vaya.
Él asintió, rendido ante ella... Si eso era lo que Rin quería, entonces se tragaría su rabia y se quedaría a su lado. No la dejaría sola.
Después lidiaría con ese imbécil.
Sara seguía de pie, en silencio, sin decir absolutamente nada. La forma en que Sesshomaru miraba a Rin, cómo se preocupaba por ella y cómo la había tocado... De pronto todo comenzó a esclarecerse y un sentimiento muy desagradable comenzó a apoderarse de ella, sintió su estomago revolverse... Quería gritar.
¡Quería gritarle a esa maldita mojigata en su cara! ¡Le había robado a su novio!
Rin finalmente levantó su mirada, para encontrarse con los ojos azules de su amiga, que la miraban fijamente, con rencor.
- Creo que... será mejor que me vaya. - murmuró la castaña.
- Si, es lo mejor, Rin, creo que ya hiciste demasiado escándalo... - dijo ella con resentimiento. - No creo que quieras arruinar la fiesta de Kagome e Inuyasha.
Sesshomaru la miró por primera vez en la noche, pero fue una mirada tan fría e intimidante que la hizo callar al instante.
- ¡Sara! ¿Cómo puedes decir eso? - La mayor llamó su atención, con su ceño fruncido y tomó el brazo de Rin con ternura. - No te preocupes, cariño...
- No, está bien señora Izayoi. - Rin sonrió débilmente - Creo que... necesito ir a descansar.
- Yo te llevaré. - decidió el peliblanco.
Sara apretó sus puños al escucharlo, estaba casi al borde del colapso y Rin pudo notarlo.
No sabía qué hacer o qué decirle y todo lo recién ocurrido la tenía aún muy mal como para poder pensar con claridad...
- No es necesario, no se preocupe señor Sesshomaru.
- Si, si es necesario.
- ¡Déjala, Sesshomaru! - chilló Sara - ¡Sólo quiere llamar tu atención!
Rin agachó su mirada. La entendía, entendía perfectamente que se sintiera así, pero esas palabras le dolieron... ¿De verdad Sara creía que ella haría algo así para llamar la atención?
- Sara, cállate de una vez y sal de aquí. - Habló el peliblanco con autoridad - Rin, vamos, te llevaré.
La castaña lo miró sin saber qué hacer.
- Anda con él, cariño, será mejor que te acompañe, no es buena idea que estés sola ahora. - Le dijo Izayoi cariñosamente, acariciando su brazo. - Sesshomaru, hijo, vayan y llámame si necesitan algo...
Él asintió, se sacó su saco y lo puso sobre los hombros de Rin. La castaña tragó pesado y se giró para mirar a Sara, pero todo lo que recibió en regreso fue su evidente desprecio.
- Sara... - La llamó.
La ojiazul negó con una risa irónica y se dio la media vuelta para salir de ese lugar.
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