Cap. 20: Encuentros inesperados
Aún le quedaban algunos días libres antes de regresar a su trabajo en la consultora y había decidido ir a pasarlos con su papá. Estaba bastante emocionada por verlo, tenía todo listo para partir mañana por la tarde y, en este momento, se preparaba para ir a comprar algunas medicinas y cosas para llevarle. Tomó su bolso y se envolvió un pañuelo al cuello, estaba lista para salir, cuando escuchó su teléfono sonar...
Kagome... Dudó por un momento en contestarle. Es que todo este asunto con Sara se le estaba complicando demasiado. Porque no sólo sentía que la había traicionado a ella, pero también se sentía mala amiga con Kagome... La había estado evitando, porque no quería tener que mentirle a ella también. Nunca antes lo había hecho y temía que si ella le preguntaba algo... simplemente iba a contarlo todo. Se sentía bastante ahogada con todo el asunto.
El teléfono sonó por algunos segundos más, tomó aire y finalmente respondió.
- ¡Rin! ¿Cómo estás?
- Hola amiga, bien, ¿y tú?
- ¡Bien!
- Que bueno escucharte, te extraño, sé que no nos hemos visto hace un rato...
- Si, yo también te extraño, has estado bastante alejada estos últimos días... La verdad es que por eso mismo te llamaba... Sólo quería saber si todo estaba bien.
- Ehm, si, bueno... Estoy bien, pero hay algunas cosas que quizás sea mejor hablar en persona.
- ¿Pasó algo?
- Kirinmaru y yo ya no estamos juntos...
- ¡¿Qué?! ¡Rin! ¿Por qué no me habías dicho nada? ¿Cuándo nos veremos? Al parecer tenemos harto que conversar...
- Si... Es verdad, puedo ir a verte hoy, si es que no tienes otros planes.
- ¡Ouch! Tengo turno en el hospital... ¿Te parece si nos juntamos antes del cumpleaños de Inuyasha? Podemos almorzar y después nos preparamos juntas para ir...
- Kagome, sobre eso... No podré ir al cumpleaños de Inuyasha. - Si, por supuesto que no iría. Esa sería la más grande de las torturas, ver a Sesshomaru en el mismo lugar y ocasión en que lo conoció... Pero ahora él iría con alguien más, con su amiga, su prometida. Nop. Definitivamente no. - Mañana en la tarde viajo a ver a mi papá, estaré allá un par de días, no alcanzaré a regresar a tiempo para su cumpleaños. - "¡Qué mala suerte!"
- ¿De verdad? Esperaba poder estar contigo ese día...
- ¡Lo siento!, de verdad, pero no es como que sea la última fiesta del mundo, podemos salir otro día, lo prometo... Y dale mis disculpas a Inuyasha.
- Si, si, como digas... Por lo menos almorcemos mañana antes de que te vayas.
- ¡Eso si! Te busco en el hospital, nos vemos mañana... Ahora tengo que cortarte, voy saliendo a comprar algunas cosas para mi papá.
- Bueno, nos vemos mañana... Y Rin, si me dejas plantada...¡Te mato! ¿Oíste?
La castaña se carcajeó al escucharla.
- ¿Cuándo te he dejado plantada antes?
- Bueno, yo sólo digo, para que no pienses en hacerlo...
- ¡Nos vemos mañana, Kagome!
Cortó la llamada y dejó escapar un suspiro. Finalmente tomó sus cosas y salió de su apartamento. No le tomó mucho tiempo comprar todo lo que necesitaba, así que aprovechó de dar una vuelta más larga, se sentía con ganas de caminar y así poder despejar un poco su cabeza...
Iba distraída como siempre, cuando vio algo bastante desagradable que llamó su atención... Una mujer realmente hermosa y elegante salía de una veterinaria algunos metros más allá, cuando un hombre se acercó a ella. No alcanzaba a escuchar muy bien desde ahí lo que le decía, pero supuso que le estaba pidiendo dinero. Ella buscó en sus bolsillos y al no encontrar nada, se excusó amablemente con el hombre, pero este pareció insultarla y lanzó el líquido que tenía en una botella directamente a ella, para luego salir corriendo.
Nadie se acercó a ayudarla, al contrario, la gente se quedó mirando alrededor y algunos idiotas sacaron sus teléfonos para fotografiarla. Ella vestía una preciosa blusa blanca, que al mojarse quedó casi transparente. Rin se apresuró en llegar al lugar, se sacó el pañuelo con el que envolvía su cuello y lo puso alrededor de ella, cubriéndola.
- ¿Se encuentra bien? - Le preguntó tiernamente, mientras con su cuerpo intentaba interponerse entre ella y quienes sacaban fotos. Todo el asunto le causó demasiado coraje... ¿Cómo podían hacer algo así en vez de ayudarla? - ¡Idiotas, eso no se hace! - Les gritó molesta con una expresión muy poco común en ella y al ver que no quitaban sus malditos celulares de en frente, levantó el dedo de en medio y sin prestar atención a lo que dijeron, tomó a la mujer de un brazo para sacarla rápidamente de ahí.
- ¿Está bien? - Le preguntó nuevamente. Ella parecía un poco paralizada, incluso algo asustada.
- Si, mejor, muchas gracias... - Rin vio como los ojos de la mujer se tornaban brillantes y puso su mano en su hombro intentando reconfortarla. - Yo... no sé que me pasó, quedé en blanco, no supe como reaccionar... Muchas gracias, de verdad...
- No se preocupe, no fue nada... No puedo entender cómo la gente puede portarse así en ocasiones. - Dijo aún sonando un poco molesta. - Vamos, la acompañaré.
- Mi hijo me está esperando cerca de aquí, su auto debe estar estacionado a un par de cuadras. - Rin la miró de reojo, ella parecía una mujer realmente joven para tener hijos y más aún, un hijo con edad suficiente para conducir. - ¡Ugh! - Suspiró la mujer viendo sus ropas sucias y mojadas. - Me va a regañar cuando me vea... Se ofreció a acompañarme, pero yo insistí en ir sola... Y lo peor es que de verdad no tenía efectivo conmigo para darle a ese hombre, ¡lo juro!
- No creo que su hijo la regañe por algo así, no fue su culpa. - Le dijo con una sonrisa un poco preocupada. - Además, ni siquiera se nota. - Agregó acomodándole el pañuelo, tapando su blusa y regalándole una tierna sonrisa. La mujer le sonrió débilmente de vuelta.
- No quiero ni pensar en mi esposo, se va a volver loco... Sé que no debería salir sola, pero a veces es un poco agobiante andar con niñeros todo el tiempo. Por eso aproveché que salí con mi hijo para poder tener un poco más de libertad y... ¡me pasa esto! - Rin la vio sollozar y se sintió muy mal por ella, seguramente estaba muy frustrada... - Ahora no me dejará salir sola ni a la esquina, sé que lo hace por protegerme, pero a veces es un poco asfixiante... Y seguro que armará un alboroto gigante si esas fotos salen a la luz... ¡Dios!, me siento como una tonta... - Limpió sus lágrimas, Rin le alcanzó un pañuelo desechable de su cartera.- Gracias y lo siento, creo que estoy hablando de más, seguramente pensarás que soy una exagerada...
- No se preocupe por eso, no lo creo en absoluto. Además, cuando me pongo nerviosa yo soy mucho peor, créame, hablo hasta por los codos. - Rin soltó una risita cómplice que la hizo reír, al fin.- Y si yo fuera usted, tampoco me preocuparía por esas fotos, todo lo que esos idiotas tendrán en sus celulares será a mi con un rostro nada agradable y un gesto un poco obsceno. - La mujer soltó una carcajada entre sus lágrimas. Rin le sonrió amablemente. - Son cosas que pasan. - Se encogió de brazos, quitándole importancia. - No les dé el gusto de sentirse mal por eso.
- No sé qué hubiese hecho si no hubieses estado ahí, no sé que me pasó, sólo quedé congelada... En serio, no sé cómo agradecerte.
- No se preocupe, de verdad, no tiene nada que agradecer.
- Ahí está mi hijo... - Dijo la mujer señalando un lujoso auto y a un chico que reconoció a la perfección.
- ¡¿Inuyasha?!
- ¿Rin? ¿Mamá? ¿Qué hacen juntas? ¿Se conocen? - La castaña rio al escuchar todas sus preguntas y al ver su cara de confusión, aunque probablemente ella tenía la misma expresión en ese momento. - ¿Qué les pasó? - Preguntó con el ceño fruncido y Rin se apresuró en hablar al ver que la mujer no lo hacía.
- Tu mamá tuvo un pequeño accidente con una botella de jugo y la acompañé hasta aquí, pero todo está bien, no tienes de qué preocuparte.
- Si, tu amiga amablemente me ayudó, hijo. - respondió Izayoi más tranquila, sonriéndole a Rin. - Díganme, ¿y ustedes de dónde se conocen?
- Mamá, Rin es amiga de Kagome y también trabajó con Sesshomaru en la fábrica, ella era la encargada del proyecto que terminó hace unos días, lo mencionamos en la casa, ¿recuerdas?
- Si, claro que lo recuerdo, es bastante raro escuchar a tu hermano hablar satisfecho sobre algún trabajo y parecía muy conforme contigo, linda. - Rin no pudo evitar sonrojarse al escuchar aquello. - Recuerdo muy bien que habló sobre ti... Takahashi Rin, ¿no es así?
- Si, así es, señora. - respondió bastante cohibida. ¿Sesshomaru había hablado sobre ella?, en su casa, con su familia... Le costaba creerlo.
- Hpmh. Si, aunque el bastardo ni siquiera le dio las gracias... Es tan imbécil a veces.
- Inuyasha, tu boca. - Lo regañó su madre, Rin no pudo evitar soltar una risita. - No hables así de tu hermano. Y ya sabes cómo es él, pero eso no quita que en el fondo no esté agradecido y yo creo que si lo está... Por lo que escuché, era un tema bastante importante.
- En realidad no tenía por qué agradecer, sólo era mi trabajo.
- Eres demasiado modesta, Rin. - Izayoi tomó su brazo con ternura. - Al parecer, eres un lindo ángel... Siempre en el lugar indicado.
- Gracias, señora... - Respondió con una tímida sonrisa, aún completamente sonrojada y no pudo evitar recordar las palabras de Inu no Taisho, que resonaron en su cabeza...
"Parece que tienes una afición por estar donde no deberías".
¿Cómo es que una mujer tan tierna como ella, estaba con un hombre como él? Realmente eran todo lo contrario, no lo entendía...
- Sólo dime Izayoi, linda.
- Señora Izayoi, fue un verdadero gusto conocerla. - La abrazó tiernamente. - Ya tengo que irme, suerte... y nos vemos, Inuyasha.
- Nos vemos en la fiesta, enana.
Rin le sonrió algo nerviosa, prefirió no mencionar el detalle de que no estaría para su cumpleaños.
- ¡Rin, espera! - La detuvo Izayoi. - Tu pañuelo...
- Oh, no se preocupe, puede quedárselo, de todas formas, a usted se le ve mucho mejor. - La castaña le guiñó un ojo y la mujer le sonrió. - ¡Hasta pronto!
Finalmente, después de ese peculiar encuentro, Rin siguió su camino a su apartamento, pensando en lo ocurrido... No podía sacarlo de su cabeza...
Sesshomaru había hablado de ella...
¿Por qué no podía dejar de pensar en él? ¿Por qué era tan difícil? Y aunque sabía que había sido lo mejor, todavía le dolía que se hubiese ido así nada más de su casa ese día. ¡Y si!, ella se lo pidió, lo sabía, pero aún así... dolía.
***
Kagome la había llevado a un precioso restaurante italiano en el centro. Todo se veía maravilloso y como sus nombres estaban en lista, pudieron entrar sin problemas, pero al parecer, era un lugar de lo más exclusivo, tenía pocas mesas y todas las personas ahí se veían realmente distinguidas.
- Hermoso, ¿no crees? - Le preguntó la pelinegra al verla admirando el lugar.
- Si, lo es... ¿Cómo conseguiste reservaciones en un lugar así, de un día para otro y a esta hora?
- Inuyasha conoce al dueño, hemos venido algunas veces... La comida es realmente exquisita, sé que te gustará.
Inevitablemente recordó su cena con el peliblanco... "Es el restaurante italiano de un conocido... Hermano de Renkotsu". ¿Sería el mismo? Probablemente... Pero decidió no darle más vueltas al asunto.
El almuerzo se alargó por horas. Realmente tenían mucho que conversar; desde ese inesperado encuentro de ayer con la señora Izayoi, hasta su ruptura con Kirinmaru, entre otros temas que también surgieron... Como el compromiso de Sara, tema del que ella intentó no comentar mucho. Pensó que mientras menos hablara de eso o cualquier otro asunto relacionado con Sesshomaru, mejor sería. Después de todo, ese almuerzo era para despejarse. Y hasta el momento, le estaba resultando bastante bien...
Pero demasiado bien para ser verdad... porque al poco tiempo de finalmente dejar atrás el tema del compromiso, escuchó a Kagome susurrar:
- Mira, creo que lo invocamos. - señaló con la mirada hacia la puerta, por donde en ese preciso momento entraba el peliblanco. Al parecer si era el mismo restaurante... Rin tragó pesado al percatarse y lo evitó con la mirada, rogando que él no la viera a ella, hasta que su poco disimulada amiga gritó: - ¡Hola cuñado!
Sintió su rostro ponerse de todos los colores en ese momento. Lentamente levantó su vista, para ver como él miraba a Kagome con el ceño fruncido, evidentemente molesto.
- Uy, parece que no está de buen humor. - susurró la pelinegra.
A Rin se le hizo imposible contener la risa que le causó aquella situación. Vio como Sesshomaru dirigió una rápida mirada hacia ella y no tuvo más opción que sonreírle tímidamente en forma de saludo. Él simplemente la miró de reojo para luego dirigirse al que parecía ser el dueño del lugar.
Lo vio irse al poco tiempo después, sin haber almorzado y no pudo evitar cuestionarse si había sido por su culpa que arrancara tan pronto de ahí. Y como si todo el asunto ya no fuera lo suficientemente raro, cuando iban a pagar la cuenta, al parecer, "alguien" ya la había pagado por ellas.
- Qué tierno de su parte, ¿no crees? - Comentó Kagome. - Aunque me cuesta creerlo de alguien como él... Es un poco extraño.
La castaña asintió, evitando hablar más al respecto...
¡Es que realmente no lo entendía! Ese hombre iba a terminar por volverla loca.
Siguieron conversando tranquilamente, mientras caminaban hacia las oficinas del conglomerado Taisho. El edificio quedaba sólo a un par de cuadras del dichoso restaurante y se dirigían allí porque Kagome, muy tiernamente, le llevaba almuerzo a Inuyasha.
Obviamente, ella no iba a entrar a ese lugar, sólo pensaba dejar a su amiga ahí y tomar un taxi para volver a su apartamento lo más pronto posible... Porque bien parecía que el universo tenía algo en contra de ella ultimamente, de otra forma no se explicaba el porqué terminaba encontrándolo a él o cualquier cosa relacionada con él, cada vez que dejaba su casa... Así jamás iba a lograr sacarlo de su cabeza.
Y precisamente en eso pensaba, cuando lo vio parado justo afuera del edificio... "Tiene que ser una broma".
Pensó en simplemente ignorarlo y despedirse de Kagome, pero todos sus planes se fueron por la borda cuando él comenzó a caminar hacia ellas, con ese porte imponente y caminar etéreo, destilando elegancia, como siempre...
- ¡Sesshomaru! - Lo saludó Kagome, emocionada. - Qué amable de tu parte pagar la cuenta por nosotras, pero no era necesario que te molestaras. - Le habló con toda la tranquilidad del mundo, mientras Rin estaba que estallaba de los nervios.
Al parecer, él no tenía intención en dirigir su mirada hacia nadie más que no fuera ella, ni siquiera a Kagome, que le hablaba en ese momento... Era tan evidente que la estaba comenzando a incomodar.
- La mujer de un Taisho no debería pagar por almuerzo. - Respondió aún sin quitar su mirada de la castaña, con un tono arrogante, como si fuera la obviedad más grande del mundo. La pelinegra sonrió sin saber qué responder y Rin frunció su ceño, cada vez más incómoda. - Kagome, tengo que hablar con Rin, Inuyasha te espera en el edificio.
La castaña lo miró asombrada y confundida, sus ojos se abrieron más de lo normal... ¡¿Cómo es que no le importaba ser tan evidente?!
- Oh, bueno... Gracias por avisarme. - La pelinegra abrazó a Rin de despedida. - ¡Nos vemos, amiga! Y llámame, ¿si? - Le guiñó un ojo y finalmente entró al edificio, pero no pudo evitar quedarse mirando por la puerta de vidrio a los dos que comenzaron a caminar, alejándose del lugar.
- ¿Qué haces, Kagome? - Preguntó Inuyasha con curiosidad al encontrarla pegada al ventanal.
- Ay, me asustaste, tonto.
- ¿Esa es Rin? - Preguntó al notar lo que ella veía. Kagome asintió. - ¿Y qué hace con Sesshomaru? ¡Qué imbécil! ¡¿Por qué la agarra así?! Iré a decirle algo, se está pasando...
- ¡Inuyasha, no!, no irás a ni un lugar... - Lo afirmó del brazo. - Quédate aquí.
- ¡Kagome! ¡¿Por qué no?!
- Déjalos, quizás tienen algo importante que conversar... Me extrañó mucho la actitud de tu hermano, se estaba comportando muy extraño, pero no creo que sea buena idea interrumpirlos.
- Si, bueno, él es extraño, Kagome. - Respondió intentando quitarle importancia al asunto. Hace bastante tiempo que él intuía que había algo raro entre esos dos... Pero quizás sería mejor no decir nada al respecto. Si abría la boca y Sesshomaru se enteraba... Seguramente lo mataría.
- Si, ya lo sé... Pero más extraño de lo normal, de verdad parecía querer hablar sobre algo importante con Rin. - Resopló. - En fin, quizás sólo son cosas de trabajo. Mira, te traje almuerzo... ¡Comida italiana!
- Mmmmmh, eres la mejor, ¿sabías? - Recibió la comida con una feliz sonrisa. Kagome también sonrió al verlo.
- Ven conmigo. - ordenó el peliblanco, tomando su brazo y caminando en dirección contraria.
- ¡¿Pero qué haces?! ¿Te volviste loco? No iré a ni un lado contigo, Sesshomaru, fuiste demasiado evidente, seguramente ahora Kagome empezará a pensar cosas... ¿Cómo se te ocurre?
- No me interesa. - Respondió tranquilamente, sin soltarla e ignorando su débil resistencia.
- ¡A mi si! - bajó su voz, intentando no llamar la atención de la gente que caminaba por el lado. - No quiero más problemas. Y no me lleves así, suéltame, cualquiera podría verte...
- Entonces sígueme, porque si te quedas ahí, te cargaré en brazos y ahí si que te verán.
- ¡Estás loco! - intentó inútilmente soltarse de su agarre. - ¡Suéltame! O al menos dime a dónde me llevas, si no, prometo que gritaré que me estás secuestrando.
- Grita. - Respondió con su grave voz y una arrogante sonrisa de lado.
- ¡Ugh! - La castaña hizo un puchero de enojo y finalmente dejó de resistirse. - Idiota. - Murmuró molesta y siguió caminando rendida a su lado, mirándolo de reojo de vez en cuando, intentando descifrar qué carajos pasaba por su cabeza en ese momento... Aunque al parecer, esa era una tarea verdaderamente imposible.
Caminaron hasta que Rin se percató de que estaban entrando al mismo restaurante italiano...
- ¿Qué hacemos aquí? - Preguntó en un susurro y nuevamente, fue olímpicamente ignorada por él, quien siguió caminando sin soltarla. Cruzaron todo el restaurante ante las miradas curiosas de los demás comensales, sin dar explicaciones a nadie, hasta llegar a una puerta al otro extremo del recinto, que daba a una preciosa terraza en un patio exterior y escondido. Ese lugar era aún más exclusivo y hermoso que el restaurante en sí. No había nadie ahí afuera y sólo un par de mesas separadas, rodeadas de flores y algunos árboles de cerezo florecidos. Era realmente maravilloso, parecía sacado de un cuento, como un pequeño jardín japonés. - Qué... bello. - admitió bastante asombrada.
El peliblanco apartó una silla para ella y se sentó a su lado, sintiéndose invadido por esa extraña y agradable sensación que sólo ella podía transmitirle... Esa adictiva paz, antes desconocida para él.
La admiró de reojo, complacido al verla más tranquila y haciendo uso del poco autocontrol que aún quedaba en él, para no saltar encima de ella como un lobo hambriento. Es que Rin en ese vestido primaveral era simplemente un pecado... Sus curvas lo invitaban a perderse en ellas de una forma tan escandalosa, que todo su cuerpo reaccionaba con sólo tenerla frente a él.
Sintió como su agradable aroma llegó a su nariz, embriagándolo, e intentó olvidar por un momento la tortura que era no poder tocarla y poder concentrarse en lo que tenía que decir.
Estaba completamente rendido a sus pies, como un idiota y estaba seguro de que ella no tenía ni la menor idea... Realmente, nunca antes había deseado tanto a una mujer como la deseaba a ella, desde el primer momento en que la vio y ahora... ahora podía admitir que era incluso mucho más que eso.
La necesitaba.
- ¿Ahora puede explicarme, por favor, qué hacemos aquí?
- Comeremos el postre. - Dijo con su voz grave y serena. Rin lo miró confundida... ¿Acaso estaba jugando con ella? - Y luego tengo que hablar contigo.
- ¿Qué? - Preguntó incrédula y él no dio más explicaciones. - ¿Y no podía sólo decirme eso? ¿Tenía que arrastrarme hasta aquí como un secuestrador?
- Ibas a rechazarme si te invitaba. Sólo me salté esa parte.
- ¡Claro que iba a rechazarlo! Y si piensa que ahora me quedaré aquí, con usted, está muy equivocado... - Él entrecerró sus ojos al escucharla molesta nuevamente. - No soy tan tonta como usted cree, señor Sesshomaru. No volveré a meterme en el mismo lío una vez más, menos ahora, que cualquiera pudo haberlo visto... ¿Es que no lo entiende? ¡Estábamos afuera de sus oficinas! - Se paró, haciendo el intento para salir de ahí y él tomó su mano.
- No creo que seas tonta, Rin, ya te he dicho lo que pienso. Y realmente me importa un carajo quien me vea, te hubiese besado ahí mismo si me lo hubieses permitido. - La castaña abrió sus ojos con sorpresa al escucharlo, mientras él, con su pulgar acariciaba con suavidad y ternura su mano.
- No me diga esas cosas...- Susurró la castaña, mirando sus manos y evitando verlo a los ojos.
- Es la verdad. Ahora siéntate.
Rin negó.
- Mejor dígame antes de que me vaya... ¿Qué es lo que quiere hablar conmigo? - Preguntó seriamente, cambiando el tema.
- Ya te lo dije, primero el postre, después hablaremos...
- ¡No! Es que realmente no lo entiendo... - Se soltó del agarre de su mano con brusquedad. -Primero se va y me deja sola y ahora me arrastra hasta aquí para comer y conversar... ¿Por qué se esmera tanto en acercarse a mi? ¿Por qué mejor no se busca a alguien más para sus juegos? Podría tener a la mujer que quisiera... No, En realidad... ¿Por qué mejor no invita a su prometida a comer el jodido postre?
- Porque te quiero a ti, Rin. Lo sabes. - Respondió con serenidad, se paró y puso sus manos en su cintura, acercándola a él. - Y si me fui ese día, fue porque pensé que eso era lo que tú querías.
- Nada de esto es lo que quiero...
Él la apegó aún más a su cuerpo y la castaña dejó de resistirse y comenzó a ceder ante su cercanía. Lamentándose nuevamente por ser tan débil ante él, por no poder sacarlo de su cabeza, por no poder olvidarlo...
- ¿Qué es lo que quieres, Rin? Dímelo.
- ¿Acaso no es obvio? - Levantó su mirada con toda la determinación que encontró y finalmente se atrevió a mirarlo a los ojos, completamente perdida y rendida ante su intensidad. - Lo quiero a usted, señor Sesshomaru... Pero soy egoísta y lo quiero sólo para mi.
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