Cap. 14: Pasado (Parte I)

[Capítulo con drama😱]

***


- Padre. ¿A qué vino? - Se paró con su porte imponente entre él y la puerta, que mantenía aún levemente abierta y afirmada de la manilla casi con posesividad.

- Pasaba a ver cómo te fue con Inuyasha y revisar los últimos puntos para la reunión que tendremos mañana en las oficinas del centro, pero al parecer estás ocupado. Estás con la mocosa, ¿no es así? - El peliblanco menor no respondió y chasqueó su lengua con molestia ante aquel comentario. - Lo sabía... Sabía que sería un error permitir que ella quedara a cargo. Es por ella esa repentina urgencia por zafarte del compromiso, ¿cierto?

- El trabajo con la consultora va bien y lo demás no te incumbe. - Cerró con firmeza la puerta, quedando ambos en el pasillo. - Hablaremos sobre el resto en la sala de reuniones.

- Claro que me incumbe. - Su voz grave, autoritaria y casi prepotente podía escucharse dentro de la oficina, aún con la puerta cerrada, logrando que Rin se sintiera alarmada. - Sobre todo si estás pensando en mandar todo al carajo por ella... Joder, Sesshomaru, una Takahashi. ¿Sabes cuántos Takahashi hay en Japón? ¡Está plagado! Y yo no voy a permitir que mi apellido se vea involucrado con uno de ellos. 

- Suficiente. No me tomes por imbécil, no está en mis planes mandar todo a la mierda. Sé que a ti también te conviene que sea yo a quien elijan de presidente, así que por qué mejor, en vez de preocuparte tanto con quién carajos me involucro, no usas ese tiempo en pensar en una manera de que voten por mí, sin la necesidad de ese jodido compromiso.

- Ahí es donde te equivocas, Sesshomaru, porque la verdad, es que no necesariamente tiene que ser a ti a quien elijan de presidente... Con que sea alguien de la familia, me basta.

- ¿Inuyasha? Por favor...

- Inuyasha está bastante más centrado últimamente, el concejo votaría por él. Y quizás tienes razón, definitivamente tú eres la mejor opción, sin dudas, pero a diferencia de ti... Inuyasha es manipulable y eso me servirá por ahora. - Sesshomaru frunció su ceño con molestia y apretó su mandíbula. - En este momento, la única ventaja que tienes sobre él, es ese compromiso. Lástima que haya sido idea tuya, ¿no? Demasiado inteligente para tu propio bien, hijo, porque fue una idea jodidamente perfecta. - soltó una risa. - Si no tienes el apoyo de Asano, no me sirves más que Inuyasha.

El peliblanco menor relajó su rostro tenso, volviendo a su serenidad y estoicismo tan propios de él.

- No me subestimes, Toga, porque voy a encontrar la manera, como siempre. 

- ¿Sabes? Me hubiese esperado esto de cualquiera... Hasta de tu hermano, pero ni siquiera él me ha dado este tipo de problemas... ¿Pero tú, Sesshomaru? Tú que haces alarde de ser superior, que siempre has cuidado tanto tu imagen y de no involucrarte con escoria como ella... - Soltó una risa burlona e irónica. - Me cuesta creerlo.

- ¡Suficiente, dije! - Gritó desafiante. - Y escúchame bien, no voy a permitir que vuelvas a referirte a ella de esa manera. 

- No te confundas, hijo, porque muy bonita, educada e ingeniera podrá ser, pero las raíces no cambian. Y esa Takahashi nunca será más que una pueblerina hija de algún pobre y simple borracho sin ambiciones, al igual que todos sus ancestros.

Rin al otro lado de la puerta, apretaba con fuerza sus ojos para evitar que las lágrimas que amenazaban con derramarse. Toda esta situación la tenía muy afectada, ahora podía comprender un poco más las razones de Sesshomaru, aunque cada vez más cuestionamientos asaltaban su cabeza. Y le costaba creer la forma en la que ese hombre hablaba de sus propios hijos. Lo que Kagome había dicho de él... se quedaba corto a lo que realmente era.

Por la mayor parte del tiempo que duró esa conversación, luchó contra sus impulsos para mantenerse sentada en esa silla y no salir a enfrentarlo y si no lo había hecho aún, era porque no quería causarle más problemas a Sesshomaru de los que al parecer ya tenía... Pero ese hombre había cruzado un límite para ella.

Podía ignorar sus comentarios machistas y clasistas, porque se había malacostumbrado a ello en su universidad. Kagome fue la primera amiga que hizo en ese lugar, la primera persona que la trató con respeto, cariño, amabilidad y sin desprecio y le guardaba un inmenso amor por eso, pero al haber entrado en una universidad muy prestigiosa y cara, siendo "la niña becada", comentarios de ese tipo llegaban a sus oídos casi de forma diaria... Y había aprendido a ignorarlos.

Pero jamás podría ignorar que se refiriera a su papá de esa forma. Eso... ella jamás podría aguantarlo.

Así que en el momento que esas palabras llegaron a sus oídos, tomó su hoja, se paró de esa silla y caminó hacia la puerta.

- Rin. - Sesshomaru la llamó al momento que sintió la puerta abrirse tras él. Y como si pudiera prever problemas, se paró junto a ella en un acto protector que a la castaña le causó ternura.

Tocó el brazo de su peliblanco con suavidad, regalándole una débil sonrisa y, luego, con toda la determinación que ni siquiera sabía que tenía, dirigió toda su atención al hombre en frente.

- Señor Taisho, puedo dejar pasar el resto de sus comentarios, porque la verdad es que realmente no me interesa lo que piense de mi alguien como usted. Pero no dejaré pasar que se refiera a mi padre de esa manera, porque él no es ni un pobre borracho, es un hombre honesto y trabajador y ciertamente es un mejor hombre de lo que usted podrá llegar a ser. 

- Mocosa insolente, aprende a guardar silencio si no quieres terminar barriendo pisos, como deberías.

Sesshomaru mantenía su mirada desafiante clavada en su padre, apunto de encararlo cuando Rin intervino nuevamente.

- No me preocupan sus amenazas, señor. Sólo espero que le quede claro que me siento muy orgullosa de ser su hija, porque gracias a él soy la persona que soy. Jamás podría avergonzarme del apellido que tengo y estoy muy segura de que usted con su elegante y exclusivo nombre y con toda la plata del mundo, jamás podría llegar a ser ni la mitad de lo feliz que fue mi papá en su "simple" vida. Con permiso. - Pidió justo antes de seguir su camino a paso rápido hacia la salida.

- Ni se te ocurra seguirla, Sesshomaru. - ordenó su padre con firmeza y autoridad, al verlo con intenciones de ir tras ella.

El peliblanco menor lo miró de reojo por sobre su hombro e ignorando por completo sus palabras, la siguió.


- Rin. - La alcanzó casi a la salida, llegando al estacionamiento.

- Señor Sesshomaru... - Se limpió las lágrimas que cayeron de sus ojos antes de girarse a verlo. - No debió seguirme hasta aquí, no quiero causarle más problemas de los que ya le he causado.

- Eso no me importa. - Se acercó a ella, tomó su rostro con una mano y con su pulgar limpió los rastros de lágrimas que aún quedaban. - Y no le des importancia a sus palabras, porque jamás voy a permitir que alguien te haga algo, Rin.

La castaña sonrió, al tiempo que llevaba una de sus manos hasta la suya, que aún mantenía con ternura en su rostro y asintió cerrando sus ojos, dejando que las lágrimas que aún querían seguir saliendo, cayeran libremente por sus mejillas.

Y algo se removió en su frío corazón al verla llorar... Por su culpa. 

Se acercó más a ella y besó con ternura y delicadeza su mejilla, atrapando con sus labios una de sus lágrimas, con tanta suavidad que realmente no parecía una acción propia de alguien como él.

Y Rin sintió que su corazón se aceleró ante ese gesto tan cálido, tan real, que por un momento se sintió como... amor. Y fue algo tan diferente a cualquier otra cosa que hubiese sentido antes en su vida...

- Ya debería irme... - Susurró con debilidad, completamente perdida en la intensidad de esos ojos dorados y él asintió, aún sin separarse de ella.

- Voy a encargarme de esto y espero que tengas claro que todo lo que dije hace un rato, no fue una calentura del momento. Me perteneces, Rin y te quiero a mi lado, pero es tu decisión, no te voy a obligar a nada...

Jamás se hubiese imaginado aceptando una propuesta como esa y quizás podría ser el error más grande de su vida, pero por alguna razón... simplemente no se sentía así. Había algo dentro de ella que la impulsaba a hacerlo, a estar con él y olvidarse de todo lo demás, sólo disfrutar como su corazón se volvía loco con su cercanía, como si nada más importara. Y aunque todo el asunto estuviera terriblemente mal, por donde sea que lo viera, estar con él... sencillamente se sentía bien, casi como si estuvieran hechos el uno para el otro. Como si sus labios se hubieran hecho a medida, perfectos para encajar de una manera tan especial, que jamás podría sacarla de su cabeza.

Así que una vez más, simplemente se dejó llevar. Se empinó en la punta de sus pies, hasta tomar su rostro con ambas manos y lo besó, en respuesta a sus palabras. 


***

Como todas las tardes, después de trabajar en la consultora, se subió al auto que la esperaba para llevarla a la fábrica con Haru y Eiji. Al llegar, los dos hombres se bajaron y cuando Rin se despidió amablemente, apunto de bajarse, el chofer del auto la llamó.

- Señorita. - Rin se devolvió a verlo, algo sorprendida, porque aunque ella siempre lo saludaba y se despedía, él cada vez simplemente respondía con un leve asentimiento de cabeza.

- Dígame. - Le sonrió.

- El señor Taisho dejó esto para usted. - Le entregó un pequeño paquete. - Dentro hay una tarjeta con su número, dice que lo llame.

- Bueno... ¡Muchas gracias! Adiós, que le vaya bien. - Y él nuevamente le respondió con un leve asentimiento de cabeza.

Rin guardó el paquete en su bolso y lo sacó al llegar a su oficina, una vez que estuvo sola. Abrió el envoltorio, sintiéndose nerviosa y bastante ansiosa, podía sentir como su corazón taladraba contra su pecho... ¿Sesshomaru le había dado un regalo?

Una vez que se deshizo del envoltorio, descubrió una elegante cajita rectangular y la tarjeta con su número de teléfono. Dejó la tarjeta a un lado y abrió con cuidado la cajita, para encontrarse con un hermoso brazalete de oro blanco y diamantes. Su boca se abrió de la impresión, era precioso... Era simplemente la joya más hermosa que había visto alguna vez en su vida.

Tomó la tarjeta y marcó su número.

- ¡Hola! Señor Sesshomaru...

- Rin. 

- Recibí su regalo, es... hermoso. Muchas gracias, de verdad, no sé que decir... - calló por un momento y mordió su labio inferior, levemente nerviosa. - Pero es demasiado, lo siento... No puedo aceptar algo así.

- Parece que no tienes otra opción. 

- Señor Sesshomaru...

- Rin, cuando te dije que te daría todo lo que tengo, lo dije en serio.

- Gracias, de verdad... Pero no es necesario que haga estas cosas por mi. Me gusta usted porque es usted, lo sabe, ¿cierto? 

- Lo sé. - Respondió con una corta sonrisa que ella no pudo ver. 

- Señor Sesshomaru... ¿Puedo hacerle una pregunta?

- Si.

- No he podido dejar de pensar en esto, ehm... ¿Cree que alguien nos haya escuchado ayer? Ya sabe...

- No, Rin, no te preocupes por eso.

- Es que me preocupo porque... yo sí los escuché a ustedes. No debimos haber hecho eso, ahí..

- Es mi oficina, está hecha de esa forma, tengo conversaciones importantes y confidenciales ahí adentro, no puedo dejar que cualquiera las escuche.

- Oh, ya entiendo... - soltó una pequeña risita aliviada. - Creo que eso me hace sentir un poco mejor, de todas formas, no debería volver a ocurrir algo así...

- Bueno. - respondió con una corta y arrogante sonrisa de lado. - Rin, hoy no podré ir a la fábrica, debo estar en las oficinas del centro, pero tienes mi número... Si quieres verme, llámame. 

- Bueno... - Respondió con timidez.

- Ahora tengo que cortar, tengo otra llamada.

- Adiós, Señor Sesshomaru, que tenga un buen día.


El peliblanco cortó sintiendo esa agradable sensación de calma invadirlo, esa sensación que sólo ella podía transmitirle simplemente con su suave voz.

Después de lo que pasó ayer, le hubiese gustado poder verla hoy... Por alguna razón, le molestaba no poder sentirla cerca. Jamás se hubiese imaginado en una situación así, con todas esas extrañas sensaciones que se apoderaban de él con sólo pensarla. Y ya no quería tener que seguir luchando contra ellas... 

Rin lo había aceptado, contra todo pronostico, sonrió levemente al pensar en eso, al recordar su beso... Realmente esa castaña no dejaba de sorprenderlo. 

Y pronto... ya tendrían suficiente tiempo para estar juntos, para tenerla a toda ella, sin restricciones. Toda su ternura, sólo para él...

- Jaken. - Contestó la otra llamada entrante.

- Buenas tardes amo bonito. 

- Hpm. ¿Qué quieres?

- Me contactó el chofer de la niña... Ya le entregó su encargo.

- Ya lo sé.

- También me dijo algo más... Al parecer notó que alguien la seguía desde que salió de la consultora.

- ¿Qué?

- Quise estar seguro antes de molestarlo con esto, y ver si no era simplemente algún ex novio empalagoso o algo por el estilo... Así que le pedí las descripciones del hombre y del vehículo y al parecer... coinciden con los hombres que trabajan para el señor Naraku. ¿No lo solicitó usted, cierto?

- Jaken, quiero un hombre con ella en todo momento, que a alguien que se quede afuera de su jodido edificio todo el día y toda la noche, hasta que yo te avise de lo contrario.

- Entendido.

- Y ordénales discreción, no quiero que ella lo sepa y asustarla en vano si resulta ser nada. Encárgate, será tu responsabilidad y si algo le pasa...

- Si, señor Sesshomaru, no se preocupe, no tiene que decir más, déjemelo a mi.

El peliblanco cortó el teléfono y se encaminó molesto a la oficina de su padre.

- ¿Me puedes explicar por qué mierda hay hombres de Naraku siguiendo a Rin? - Preguntó con un tono grave y desafiante al entrar, viéndolo con sus ojos entrecerrados con cólera.

- Un hombre de tu categoría tiene que revisar a las putas que deja entrar, eso te lo enseñé hace mucho tiempo Sesshomaru, pero al parecer has estado tan embobado con esos bonitos labios, que olvidaste hacerlo con ella.

- Tsk. Te dije que cuidaras la forma en que te refieres a ella... ¿Y qué estás insinuando?

- ¿Sabes con quién se acuesta? - El peliblanco menor chasqueó su lengua en un gesto molesto y giró su mirada, evitándolo. - Si lo sabes... Entonces de eso se trata todo esto, lo estás haciendo para joder a Kirinmaru. - El mayor soltó una risa. - Es eso, ¿verdad? Porque no te compro ese acto de caballero preocupado, tú no eres así, Sesshomaru.

- No podría interesarme menos ese imbécil.

- ¡¿Entonces de verdad te encariñaste con la mocosa?!

- ¡Ese no es tu maldito problema! - Golpeó sus manos contra el escritorio, acercándose a él. - Saca a esos hombres de ahí, enseguida.

- Bien, no quería tener que decirte esto. - Le habló con un tono más calmado, casi con consideración, desconcertando al menor. - No te va a gustar lo que vas a escuchar, pero por favor... no hagas un puto escándalo.

Sesshomaru masajeó su frente con una mano, intentando calmarse y armarse de paciencia.

- ¿De qué carajos estás hablando?

- ¿Sabes en qué trabaja el padre de Rin, Sesshomaru?

- Es mecánico. 

- Si y uno bastante bueno, la chica tenía razón, es un buen hombre, honesto y trabajador, de esos que generalmente son los primeros en llegar a su trabajo y los últimos en irse...

- ¿A qué quieres llegar? - Preguntó pareciendo firme, pero con una extraña sensación en su interior y su estómago revuelto. Tenía un mal presentimiento de todo esto, uno muy malo...

~ Flashback ~

- Entonces tu padre también es mecánico.

- ¡Si!, también le fascinan los autos y es un muy buen mecánico... De hecho, trabajó varios años haciendo mantenimiento a equipos industriales en una gran empresa aquí en Tokio.

- Pensé que vivía lejos de aquí.

- Si, es que... bueno, fue sólo por un tiempo... ocurrieron algunas cosas y decidió volver al pueblo.

~ * ~

Y por un momento todo pareció esclarecerse; sus neuronas hicieron sinapsis juntando todos esos pequeños detalles, que lo llevaron a su perdición. Y en ese momento, no pudo hacer más que cerrar sus ojos y rogar porque lo que su padre dijera a continuación, no fuera lo mismo que se estaba imaginando...

- Entiendo tu confusión, después de todo... Takahashi es un apellido bastante común y fácil de olvidar. Déjame ponértelo más fácil... ¿Recuerdas el incidente en la fábrica Nakamura? - Sesshomaru abrió sus ojos al escuchar esas últimas palabras, sintiendo una desagradable punzada en su interior. - ¿Ahora comprendes a qué me refiero? Supongo que la vida tiene una cruel forma de restregarnos en la cara nuestro pasado... Quién iba a pensar que tú, de toda la gente, ibas a terminar encariñado con esa mocosa, con la hija de ese hombre al que acusaste y despediste sin escrúpulos, aún sabiendo que era completamente inocente.

- Hijo de perra. - Masculló entre dientes, con su mandíbula tensa y sus puños apretados.

- Más respeto con tu abuela, hijo. - Soltó con ironía, sin prestarle mayor atención mientras ingresaba una contraseña en un cajón bajo su escritorio, de donde sacó una carpeta que dejó sobre la mesa. - Aquí están los detalles, por si aún no me crees. - Sesshomaru tomó la carpeta y caminó hacia la puerta, dándole la espalda cuando su voz lo detuvo antes de salir. - Si esa niña se llega a enterar de algo, no sólo va a caer Naraku, tú y yo también estamos involucrados... Sobre todo tú. Así que deshazte de ella, Sesshomaru, porque si no lo haces tú, lo haré yo.

- Vete a la mierda.

- Y si sabes lo que te conviene, te casarás con Sara y dejarás todo este asunto atrás... Al menos ella sabe mantener su boca cerrada cuando debe. - Le dijo a sus espaldas, recibiendo como única respuesta un fuerte portazo que llamó la atención de la gente curiosa a su alrededor.



***


[OMG qué pasó... ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Qué creen que va a hacer Sesshomaru ahora?😰 ¡Quiero saber qué opinan!

Espero que les haya gustado, en el próximo capítulo se sabrá qué ocurrió realmente con el papá de Rin, entre otras cosas... Nos leemos luego, un abrazo gigante ❤]

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