#𝐃𝐚𝐲 7: 𝐅𝐫𝐞𝐞 𝐃𝐚𝐲.
El día de San Valentín.
Un día hecho especialmente para que las parejas sean libres de expresar cuanto se quieren y que el mundo vea la miel que pueden derramar.
También es el día que los enamorados toman como oportunidad para declararse a las personas que le gustan, o bien, para dar un pequeños detalles queriendo hacer notar su presencia.
Para Dazai, ya era rutina tener su casillero lleno de pequeños regalos, cartas en papel rosa pastel regadas con el perfume de alguna de sus compañeras, además, de chocolates de distintos sabores y formas.
En su asiento siempre encontraba algunas cartas y bolsitas con chocolates caseros. Ya conocía a todas las damas que le dejaban obsequios, también a todas aquellas que se habían atrevido a confesarsele.
Había salido con algunas, las que lograron captar su atención. Sin embargo, sus relaciones no duraban lo suficiente como para ser tomadas enserio. Parecían ser solo tomadas como una fuente de inspiración para las pinturas del joven pintor, y cuando este mismo ya no veía las aguas de la creatividad en ellas, se buscaba otra.
Sus ex's parejas comenzaron a ser tomadas como las musas de Dazai Osamu.
El castaño ignoraba aquella parafilia qué la gente se creaba, él solo era un adolescente con el talento para retratar su realidad, un chico que sentía la necesidad de amar, y podía darse el lujo de hacerlo si la mujer que lo pretendía le gustaba.
Sin embargo, ahora se sentía frustrado, y algo enojado. No había pintado nada desde hace tres semanas, la galería en la que trabajaba lo estaba presionando para obtener otra pintura; el dueño de la galería era flexible al saber que el castaño era un estudiante con obligaciones y tareas que realizar, pero, tampoco se podía permitir perder clientes.
Dazai había acordado entregar las tres pinturas que llevaba atrasadas, añadiendo una extra por el tiempo de tolerancia dado.
Él no era mucho de comer dulces, prefería los chocolates amargos y un buen café negro; pero ahora, comía las bolsas de chocolates en su mesa, mientras, aprovechaba qué tenían la clase de historia libre para comenzar a hacer bocetos en su libreta sobre lo que podía pintar a continuación. Jalaba sus cabellos con frustración, las ideas en su mente eran mundanas y comunes, no le convencía en lo absoluto.
Arrancó con enojo la hoja de su cuaderno donde antes estaba el dibujo de gato jugando con una bola de estambre. Hizo añicos la hoja, luego la tiro al bote de basura del salón que se había jalado a su lado.
——¿Te conviertes en el nuevo Rampo? —Cuestionó su amigo Kunikida, el rubio revisaba los ejercicios de matemáticas de sus compañeros, estos mismos le habían pedido ayuda en revisar los problemas.
—Me ayuda a controlar la ansiedad —Dijo comenzando a garabatear con la punta del lápiz —. ¿Preferirías qué lo hiciera cortándome las venas?
El de lentes frunció el ceño. —Solo, alejate de la estudiante de medicina.
—Uy~, a Kunikida-kun le gustan mayores. —Se burlo, su sonrisa duro poco al ver como la orquídea qué dibujaba quedaba deforme.
—No es tan mayor. —Justificó acomodando sus lentes cuadrados.
—Lo que la mantendrá joven para ti es su carrera. Cuando tu termines de profesor de matemáticas ella todavía seguirá estudiando el corazón.
A un lado de ellos se paro un albino de ojos heterocromáticos, en sus manos lleveba una caja de chocolates con un moño dorado decorativo.
—Disculpe, Dazai-san.
—Ahora no, Atsushi-kun, estoy tratando de embellecer una orquídea. —Junto sus dedos índice y corazón para sobar su sien.
—Creí que era una papaya abierta. —Intervino el rubio.
—Es obvio que Kunikida-kun no tiene ojo de crítico.
Atsushi carraspeo un poco. —Se lo manda Naniko, de mi clase. —Dazai tomo como si nada la caja de sulces y la aventó al resto.
—Gracias, si es la rubia de ojos turquesa dile que no estoy interesado, usa uñas postizas tan largas que la última vez que nos besamos me rasguño la mejilla —El castaño señaló el parche que llevaba en el cachete —. Aún no la perdono por tener que usar esto en mi cara.
—Eso ya lo llevabas desde el año pasado. —Acuso Kunikida ladeando su cabeza para tratar de descifrar los números que escribió alguno de sus compañeros.
—Que comparas moda a herida —Se giro para ver al menor de los tres —. ¿Qué clase tienes Atsushi-kun?
—Biología, pero la maestra esta ausente por incapacidad, se rompió el brazo y la veremos hasta dentro de dos semanas. —Explico con una sonrisa, biología era su materia favorita, pero como estudiante agradecía no tener clases.
—Deberíamos romperle el brazo al de historia; así no se presenta nunca. Me aburren sus clases, me aburre como habla con su voz de anciano durante una hora, si quisiera irme a dormir iría a una iglesia a escuchar el mismo sermón que el profesor da.
—Tú solo quieres más tiempo para dibujar. Las clases son importantes, Dazai, no seas vago; ni siquiera me has dado tu tarea para revisar.
—Esta en mi mochila, no te preocupes, lo revise yo mismo y todo está bien. Como siempre. —Comenzó a volver a dibujar.
Kunikida rodó los ojos y suspiro.
Unos toquidos se escucharon en la puerta, antes de que un joven de cabellos pelirrojos se asomara.
—Disculpen, ¿se encuentra aquí Kunikida? —Llamó con una voz educada. Sus rizos jengibre caían por su frente, seguramente había tenido problemas con el comité disciplinario por no usar un corte escolar apropiado.
Dazai levanto la vista al captar la nueva voz, sus ojos quedaron impresionados al ver la angelical figura parada en el umbral de la puerta.
Los ojos eran de un azul que nunca había visto, no era el azul marino del mar, tampoco el de un cielo azulino. No, era una combinación única de los zafiros con el cielo y el mar. Pequeñas pecas estaban regadas alrededor de sus mejillas, solo podían notarse por los rayos del sol chocando en su piel nívea.
El rubio se levantó para ir a su encuentro con el pelirrojo. El ojiazul le entrego una nota y agradeció por su atención, para luego retirarse a su salón.
—¡¿Quién era?! —Dazai se apresuró a cuestionar a su amigo apenas se sentó. Jamás había sentido ese bochornoso sonrojo en sus pómulos, sentía que su cara competía con las cerezas por quien era más rojo.
—Es un chico de otro grupo. Le doy asesorías en matemáticas los jueves por la tarde, vino a darme la dirección de la cafetería en la que va a empezar a trabajar.
—¿Por qué le da la dirección de su trabajo, Kunikida-san? —Cuestionó sin entender el menor.
—La cafetería es de su madre y están a punto de abrirla; se le ocurrió hacerla con temática vintage, ya saben, tocadiscos, libros y macetas con plantas. No pude ocultar mi interés y le pedí la dirección, la abrieron hace dos días, y yo muero por ir el fin de semana.
—¡¿En qué salón va?! —Cuestionó el castaño poniéndose de pie con su cuaderno y lápiz en mano. En sus ojos estaban flamas de determinación por poder conversar con aquel pelirrojo.
—En el salón A-5. Esta en la planta de arriba. —Kunikida estaba más que confundido por la actitud de su amigo, nunca lo había visto tan emocionado.
Dazai salió corriendo del cuarto.
Unos minutos después regreso con un semblante tímido. Camino hasta el asiento de Kunikida y agachó la cabeza.
—¿... Cómo se llama?
—Chūya Nakahara, Dazai idiota. —Golpeó su nuca con un cuaderno.
Buscaba la secuencia dada en las placas fuera de las puertas en los salones. Cuando encontró la buscada, suspiro tratando de quitar sus nervios, acomodo su camisa y apretó su lápiz con fuerza.
Toco la puerta dos veces, cuando fue abierta fue por un chico de pelo rojo quemado con una bandita en el puente de su nariz.
—Hola, ¿puedo hablar con Chūya?
El del curita lo miro con extrañeza, luego se giro al resto del salón y exclamó:
—¡Chūya, te hablan! —Otro pelirrojo con el pelo más brillante, guardo su teléfono con sus auriculares en el bolsillo de su pantalón para luego caminar hasta el extraño en la puerta.
—¿Pasa algo? —Cuestionó una vez que cerró la puerta del salón y estuvieron fuera del ojo público.
—¡Hola! Soy Dazai, no nos conocemos, pero no pude evitar fijarme en ti cuando fuiste a mi salón. Soy lo que se llamaría un pintor de medio tiempo, llevo meses sin pintar algo, y, siento que tú podrías darme la inspiración que estoy buscando. —Mostró con una sonrisa y timidez su cuaderno y lápiz.
—Entonces... ¿Quieres pintarme? —Enarco su ceja.
—¡Exacto!
Chūya medito la proposición, cruzandose de brazos inconscientemente. —¿Por qué quieres pintarme?
—Supongo que eres lo que llamarían: una belleza poco común. Me gustaste para retratarte, y siento que quedarías bien en un cuadro de arte, como la octava maravilla del mundo. —Hizo un cuadrado con sus dedos pulgar e índice con la cara de Chūya viéndose a dentro.
—¿Puedo ver tus dibujos?
—Ah~, dudando de tu servidor. Muy perspicaz, mi querido Chūya. —Abrió su cuaderno de bocetos para mostrarle algunos antiguos dibujos.
El ojiazul observó interesado los retratos conforme Dazai iba pasando las páginas.
La mayoría eran de un muelle con el oleaje marino por la playa. Aunque también había algunos de un gato blanco con manchas negras y naranjas.
—¿Tu gato? —Pregunto cuando llegaron al dibujo del mismo gato parado en una ventana.
—Oh no, es un gato callejero al que siempre me encuentro por alguna razón. Está parado en la ventana de un hospital, llegue allí por un ataque de asma, no tenía repuestos de mi inhalador y me llevaron de emergencia.
Chūya observó a su acompañante en un semblante crítico, sus manos vendada tenían callos, reflejo del arduo trabajo que podia ser manejar un pincel.
—Me convenciste —Dazai cerro el cuaderno con una sonrisa —. Pero, tendrás que hacerme una pintura especial para mí, tú pon el precio.
—Lo que mi musa pida. —El pelirrojo enarco una ceja por el apodo, aún así, lo dejo pasar.
—Bien, dime el lugar y la hora para encontrarnos.
—¿Estás libre para el almuerzo? Tengo en mente el lugar perfecto para comenzar.
El ojiazul lo pensó, cuando tuvo claro que no tenía tareas pendientes, asintió.
—Pasame tu número de teléfono, así cuando quieras agendar una sesión me mandas un. —Ambos adolescentes sacaron sus teléfonos para pasar su contacto.
Cuando terminaron se despidieron.
Dazai, pudo observar como una chica bajita y de pelo rosado se ponía frente a Chūya con una bolsa de chocolates.
—¿No se ve raro esta pose? —Pregunto algo incómodo. No quería ser retratado como algo vulgar.
—Descuida, se ve natural y el fondo contrasta bien con tu figura.
Chūya tenía la espalda recargada en una pared grisacea, sentado en forma de flor de loto con un libro de inglés abierto entre sus piernas, una flor violeta funcionaba como separador de las páginas.
Estaban en la azotea del edificio, con un cielo nublado por la lluvia imprevista, el viento sacudía los cabellos rojos de Chūya, logrando volver más natural en retrato.
Dazai se encargaba de retratar con firmeza los rasgos delicados y varoniles del ojiazul, más tarde se encargaría de pasar de mejor manera los trazos al lienzo. Con ayuda de las acuarelas trataría de buscar la misma rebeldía y belleza que desprendían los ojos de Chūya.
—Me gustan tus ojos. —Murmuró el castaño concentrado en sus movimientos.
Chūya no pudo evitar sonrojarse.
—Mantén ese rubor en tus mejillas, hace resaltar más tu tono de piel.
El pelirrojo mordió su labio inferior.
—Sí te comportas de esa manera lo tomaré como un coqueto.
—¡¿Eh?! ¡Yo no-! —Es interrumpido.
—No fruncas el ceño, mueves tus músculos.
Chūya rodó los ojos, no era muy fan de resivir tantas órdenes.
—Tampoco hagas gestos.
—Ya mejor dime que este muerto.
Dazai medito la propuesta.
—Suena una buena idea para la próxima pintura.
—¡Maldito, bastardo!
—Nee~, nee~. Relajate ChuChu, yo hablaba de que estés acostado en el verde césped, pequeñas florecillas enredadas en sus rizos, con los ojos cerrados y unos auriculares colgando de tus orejas.
—Eso sería en el parque.
—¡Tiene toda la razón, mi estimado caballero! ¿Tienes algo que hacer después de clases?
—Tengo que ayudar a mi madre en su negocio.
—¿A qué hora te deja libre?
—Desde las 16:50 tengo el día para mi.
—Perfecto~. Dame la dirección y paso a buscarte.
—¿Hoy? ¿No tienes que salir con tu novia por el día de San Valentín?
—Naah~, no estoy saliendo con nadie actualmente —Terminó de dar los últimos retoques al boceto, miro a la persona frente a él con una sonrisa coqueta —. ¿Qué hay de ti?, vi a una chica teñida dándote chocolates.
Chūya suspiro cansado, jugo con la flor violeta en el libro. —No es mi ligue o algo parecido, es una amiga que no entiende que no siento por ella algo más que una amistad.
—Bienvenido al mundo adolescente, pequeño. —El pelirrojo lo miro mal por lo último.
—Deja de burlarte de mi altura, imbécil.
—¿Qué? Estas demasiado abajo como para poder escuchar lo que dices.
Chūya se puso de pie. —¿Quién es el enano ahora?
Dazai himito su acción. —¿Qué tal el clima allá abajo?
—Magnífico. ¿Qué tal el frío allá arriba?
—Yo diría que va a llover.
Fuera de broma, era cierto. Poco a poco, fueron cayendo gotas de lluvia, mojando rápidamente las superficies, no tardó mucho en volverse un aguacero.
—¡Rápido, salva mi cuaderno! —Dazai recogió a prisa sus materiales, Chūya lo espero dentro del edificio. Una vez los dos dentro, cerro la puerta y suspiro, ambos estaban empapados —¡A la mierda la clase de educación física!
—¡¿En serio te preocupas por eso?! ¡Mira mi uniforme. Estoy mojado a no más poder! ¡Mi cabello está esponjado!
—Chūya, no sabía que podías mojarte de esa manera, invitame a cenar primero. ¡Soy un niño de casa!
Esa fue la primera vez que Chūya Nakahara lo golpeó.
✨¡¿Cómo que ya se terminó tan pronto?! 🥺
✨Disfrute mucho participando en este evento; es la primera vez que hago algo como esto y no puedo evitar regocijarme por como quedaron mis escritos. 💎✨
✨Gracias por leer esta pequeña y darle una oportunidad. Espero que haya sido de su agrado, y muchas gracias por leer, comentar y votar. 💕✨🌷
✨Agradezco a la página de Facebook por darme la oportunidad de participar en tan maravillosa dinámica, me divertí bastante. 💙✨
✨Esto ha sido todo por mi parte y ¡mil gracias! 💖✨
✨Ladies and gentlemen, se despide Girasol_en_verano.
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