Capítulo 2- Marcando el Camino

Dos años antes

El entrenamiento es agotador, los huesos me duelen, el sudor recorre cada centímetro de mi piel. Cada día que paso en la academia es un recordatorio de lo que quiero lograr y todo lo que he sacrificado para llegar hasta aquí. Al principio muchos me miraban con recelo, otros con incredulidad y algunos más con envidia.

Los motivos eran simples: era la única sobreviviente a un asesino serial que había menguado la población de una universidad y luego solo por diversión jugó con la mente de los agentes que buscaban detenerlo. Como prueba de aquellos días el agente Black seguía en coma y nadie sabía cuando despertaría si es que alguna vez lo hacía.

El golpe contra la lona me hizo volver al presente, un dolor sordo se hizo preente en mis pulmones.

― Estás distraída Reynolds, de esa forma no ganarás este combate, así solo demuestras que sigues siendo la chiquilla que entró por enganche a esta academia.

― No me quieras poner tu nombre Mattías, todos saben que eres el hijo de la alcaldesa y que solo por eso entraste. Tu IQ no supera al de un hámster y dudo que algún día seas lo suficientemente inteligente como para llegar a la unidad de Análisis del Comportamiento.

Al soltar todo aquello Mattías se descontroló y me atacó como si estuviéramos en una pelea real, sucia y callejera, pero hizo justo lo que yo quería, la diferencia entre él y yo era abismal y sus palabras nunca tendrían efecto en mi, muy por el contrario las mías habían dado en el blanco y la yaga estaba a la vista. El primer golpe fue directo a mis costillas, pero antes de retirar su pierna ya le había hecho una llave y con mi pierna derecha lo derribaba. Mi puño buscó su cara y fue a parar justo en la colchoneta a centímetros de su perfecto rostro de niño pijo.

― No te equivoques Mattías, yo se que nervios de tu cuerpo tocar para descontrolarte, en cambio tú nunca podrás hacerlo conmigo y eso me hace infinitamente superior niño bonito—
La cara de Mattías estaba roja de la furia y todos los otros cadetes que estaban a nuestro alrededor comenzaron a abuchearlo. Pero mi alegría no duró mucho ya que el oficial superior con su voz de pito que no soportábamos hizo su entrada arruinando mi humor de manera inmediata.

―Cadete Reynolds, preséntese a la oficina del director― dijo el flaco que me sacaba de mis nervios.

― ¡Si señor! ― respondí solo por respeto.

― Parece que alguien está en problemas ― se burló Mattías y me dieron ganas de haber terminado el trabajo en su preciosa y engreída cara.

― Habló el cadete de respaldo que solo está aquí porque había una plantilla que llenar ― dije mientras pasaba por su lado y chocaba su hombro.

Mientras caminaba hasta la oficina del director acomodé mi uniforme de cadete, retiré el cabello de mi frente y me abaniqué la cara con la mano para refrescar un poco. Al llegar a la puerta toqué y esperé a que me dieran la orden para entrar.

― Adelante ― dijo una voz varonil desde el otro lado de la puerta, una voz que conocía muy bien.

― Usted dirá señor― dije con la voz más sexy que pude.

― Te mandé llamar porque me dijeron que te estás comportando como una niña mala y necesitas un correctivo.

― No sabía que tenía que desarrollar buenos modales para tratar a los capullos que se creen superiores.

― Sabes tan bien como yo que hay cadetes que por muy imbéciles que sean hay que cuidar como si de una princesa se tratara― dijo mientras salía de detrás de su buró y caminaba hasta donde yo estaba.

― Muchos de esos cadetes merecen un palo en su trasero y un falo en su boca por andar quejándose con mami.

― Y tú sabes mucho de falos y traseros ¿no?

― Conozco uno mejor de los que usted se imagina comandante.

Su cuerpo imponía y yo lo conocía muy bien, con y sin ropa. Estaba completamente tatuado y lucía cada tatuaje con orgullo, su pelo negro estaba peinado hacia atrás y aquellos músculos debajo de su camisa hacían que me viera más pequeña y delicada a su lado. Su escrutadora mirada azul recorrió mi cuerpo y un calor comenzó a recorrer mi entrepierna. Caminó hasta la puerta y pe puso seguro, luego regresó hasta donde yo estaba.

Sin cuidado alguno llevó su mano hasta mi cuello y apretó cortando mi respiración por unos breves instantes.

― Estás más traviesa que de costumbre y sabes que me encanta cuando estás así. ¿Qué diría Black si te viera ahora? No sé como fuiste a caer en sus manos siendo un flojo.

― A veces me gusta que sean cariñosos y delicados, tal vez eso solo lo tiene Black.

― Pero te gusta más cuando agarro tu cuello y te rompo esa preciosa ropa interior que tanto me molesta cuando estoy contigo.

Cuando terminó con sus palabras pasó la lengua por mi boca y me agarró por la parte de debajo de mis nalgas, me levantó del piso y como un reflejo envolví mis piernas en su cintura mientras devoraba su apetitosa boca. Sin cuidado alguno tiró mi menudo cuerpo en el sofá para visitas que había al costado de la puerta y me quitó la ropa para luego sumergir su cara en mi intimidad y olfatear como un perro cuando busca el rastro oloroso de algo que le gusta mucho.

En un acto reflejo quise cerrar mis piernas ya que hacía nada estaba en medio de un entrenamiento, pero con sus manos impidió que las cerrara y las aguantó deleitándose con la vista que mi depilado centro le ofrecía.

Poco a poco bajó su cabeza y comenzó a darme placer con su boca logrando que en menos tiempo del que creía tuviera un arrasador orgasmo que me hizo temblar y dejar una linda marca de mi dentadura en su mano, que, había sido usada para callar mis gemidos.

Minutos después me recuperaba de aquel asalto que me había dejado sin fuerzas. Cuando levanté la vista vi que su erección estaba en todo su esplendor y cuando quise acercarme a él para calmar aquella bestia que tenía entre las piernas no lo permitió, diciendo que ese era mi castigo por hacer que Mattías mordiera el polvo.

― Ahora puedes retirarte y recuerda tu lugar y la lección que te acabo de mostrar. Ah, y cierra la puerta al salir estoy esperando que llegue mi prometida y no quiero que nadie me vea junto a tí cuando ella llegue.

Su prometida, su prometida.

Las palabras se repetían una y otra vez en mi cabeza. Mucho que se olvidaba de su prometida mientras tenía su verga dentro de mi cuerpo. En mi recién creada lista de personas que debían morir por mi mano habían dos que estaban justo en el top: Mattías Everglades y Christina O´connor.
Meses después me encargaría personalmente del primero en una misión de reconocimiento que nos había sido asignada por nuestros superiores y donde su cara de asombro había sido la mayor satisfacción de mi vida al darse cuenta que de nada le servía su entrenamiento conmigo ya que siempre estaría un paso por delante de él.

La navaja que había acabado con su existencia mientras pasaba por su garganta nunca fue encontrada, así como tampoco fue hallado su cuerpo. Todos creyeron que se había rajado y ahora vivía en un paraíso tropical bajo otro nombre, todo eso usando las influencias de su poderosa mami. No era tan tonta como para dejar evidencias que pudieran encontrar. A mi favor tenía que: había recibido entrenamiento de un asesino serial y sabía todas las técnicas que se usaban para cazar a uno de los de mi clase. Era la cazadora perfecta y eso me hacía superior a todos ellos y número dos: nadie creería que el mayor depredador se encontraba oculto entre sus filas.

Presente

La alarma de mi celular me despiertó anunciando que teníamos un nuevo caso y sin hacer mucho ruido me levanto de mi cama para no despertar a la persona que duerme placenteramente a mi lado. Años atrás quería asesinarla, pero encontré una mejor manera de hacerla sufrir, la atraje hasta mi cama y gozaba cuando la hacía mía mientras lloraba las infidelidades de su ahora esposo. El mismo que le era infiel en esta misma cama con la persona que ahora se levantaba para irse a una nueva misión.

Un nuevo asesinato acababa de ocurrir y el modus operandi utilizado era el mismo que años atrás se viera en la universidad de la que había salido. Una clara señal de que mi creador había despertado de su letargo y quería divertirse. Era hora de que comenzara un nuevo juego y ese era el punto de partida.

Jonathan había esperado mucho y yo sabía que todo comenzaría justo donde lo dejamos, en algún punto tendría que decidirme y mis elecciones no estaban claras aún.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top