Capítulo 2
Una mujer pelirroja de cabello corto y mirada oscura se encuentra de pie delante de mí. Lleva un vestido negro corto, ceñido al cuerpo y tacones altos del mismo color.
Su bata blanca me hace pensar que ella también me tratará como basura...
—¿Qué es todo esto? —pregunta fríamente cruzada de brazos —¿por qué la perra está desnuda? —baja la mirada hacia el suelo para poder mirarme; y por si no lo mencione, me encuentro en el suelo luego de que el desgraciado me golpeara por no saber cerrar la boca... La mujer taconea repetidas veces esperando una respuesta —Axel va a molestarse si se entera
— ¿y acaso piensas decírselo? —Charlie camina hasta ella, desafiante, su rostro queda a pocos centímetros del de ella.
Me gustaría aprovechar su descuido para correr, pero mi cuerpo está demasiado débil para colaborar conmigo; eso y que el imbécil de Dan se sitúa detrás y me sujeta del cabello...
—Tal vez lo haga... O tal vez no... —habla mirándolo a los ojos.
Noto algo particular en el ambiente, no lo sé, pero algo me dice que el sentimiento de odio es mutuo entre ambos —Por ahora necesito experimentar con la perra —lo aparta y se dirige a mí. De su bolsillo saca un collar parecido a los que les colocan a los perros, solo que este es de plata...
— ¿Q-qué hará con eso? —Aun en el suelo trato de alejarme de ella —Por favor, no se me acerque —su sonrisa me asusta. La mujer se acuclilla y toma mi cabello, su rostro queda peligrosamente cerca del mío
—Quieta cachorra. No querrás que yo también me ponga agresiva contigo —me suelta para poder colocar el collar en mi cuello al que al final adiciona una cadena. La pelirroja se pone en pie y hala de la cadena para atraerme hacia sí —Ahora, sé buena perra.
Con mucha vergüenza hago lo que se me ha ordenado; no puedo darme el "lujo" de desobedecer sabiendo que mi vida se encuentra en sus manos...
Si algún día llego a salir de este lugar, juro vengarme de todos aquellos que me han hecho daño, principalmente ese tal Axel...
Al pasar por esas puertas no puedo evitar inquietarme al ver la cantidad de objetos de tortura que se encuentran en una de las mesas, a los que ella se refiere como "implementos" para realizar sus estudios, lo cual me pone aún más nerviosa.
—Siéntate —ordena al momento de desenganchar la cadena del collar. Obedezco sin refutar sintiendo por instantes que es mejor estar con ella que con esos malditos.
— ¡Hey Wallace! No sabía que traerías tu mascota al trabajo —escucho una voz masculina detrás de mí, me vuelvo y veo a tres hombres con batas blancas. Dos de ellos susurran y se ríen haciendo bromas y burlándose de mi patética situación; el otro, simplemente se queda en un rincón, observando en silencio a sus compañeros...
—Par de idiotas —murmura Wallace lanzándoles una mirada que los hace enmudecer; luego camina en mi dirección, deteniéndose justo delante de mí, levanto la mirada para poder ver su rostro, en sus labios se forma una sonrisa maliciosa al tiempo que saca algo de su bolsillo: Se trata de una inyectadora que contiene un líquido de un extraño color
—No... ¿Qué hará con eso? —retrocedo lo más que puedo para alejarme de ella hasta que mi espalda desnuda choca con la mesa
—Tranquila cachorra, será como la picadura de un pequeño insecto —puedo notar el sarcasmo en su voz, aun así la dejo tomar mi brazo para que pueda introducir la aguja en mi piel, siento como si el líquido quemara mi cuerpo poco a poco... —Es necesario hacerlo, por el bien del proyecto —dice al final, palmeando mi cabeza un par de veces antes de salir de la sala.
— ¿Qué era esa cosa? —pregunto al cabo de unos minutos, sintiendo como mi cuerpo comienza a calentarse
— ¿Lo sientes perra? —el más alto se acerca a mí, pasa su dedo índice por mi cuello y me estremezco.
—Wallace te inyecto un estimulante —habla por primera vez el hombre del rincón, esta vez se acerca a mí con cautela.
Mi respiración se vuelve irregular, y, por alguna extraña razón deseo estar a solas con esa tal Wallace...
—Muy bien, fuera de aquí los tres; yo me encargaré a partir de ahora —como si leyera mi mente la pelirroja entra de nuevo en la sala, me dirige una mirada lujuriosa mientras los dos bromistas se quejan por no poder quedarse
— ¿Estás segura de esto Wallace? —la mujer me mira por unos segundos antes de asentir
Los tres salen de la sala, no sin antes hacer un par de bromas e insinuaciones
—Ahora si lobita... te haré mía —su voz profunda me hace jadear; odio sentirme de esta manera, sobre todo sabiendo que solo soy una muñeca sexual para ellos... pero no puedo evitarlo.
Culpo a ese maldito estimulante...
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