Capítulo 16
El buen tiempo acaba y vuelve la lluvia, lo que es habitual en Escocia y tiene la consecuencia de que pasemos todo el día dentro del castillo, entre pergaminos y libros de estudio. Los gemelos no se preocupan por sus notas, y yo he dejado de intentar que se pongan a hacer algo, por lo que puedo centrarme en lo mío y consigo llevar todo al día, al módico precio de no tener vida social. O más bien, permitirme como única actividad social de abril el Ejército de Dumbledore y la fiesta que los gemelos habían realizado el primer sábado de abril, ya que su cumpleaños cayó en lunes. Había acabado bastante borracha, al igual que los demás, pero por lo menos esa vez no hice nada como tocarle el culo a Fred o besarle. Aunque creo que mi yo borracha tenía ganas de hacerlo. Ahora estábamos a finales de abril, y lo único que me quedaba como actividad social era la reunión del ED de ese día.
— ¿Estamos todos? — Preguntó Harry, de una manera bastante retórica cuando entró el último por la puerta. — Hoy vamos a ponernos con el encantamiento patronus.
Los murmullos de felicidad empezaron a llenar la sala de los menesteres, y Harry tuvo que esperar a que los ánimos se calmaran para poder explicar el hechizo. Ante la insistencia de muchos, tuvo que mostrar como era su patronus, lo que logró una ráfaga de aplausos. No todos los días podías ver un patronus corpóreo como ese.
Decidí que lo mejor que podría hacer era acercarme a los gemelos, con los que tenía muchos recuerdos felices, no por nada habían sido mis primeros amigos y los mejores. Aunque últimamente tenía mucha más relación con Fred que con George, quien parecía demasiado interesado en Angelina, igual que yo en Fred. O Fred en mí. O yo en Claire, Olivia y Sam. Era alguna de las tres opciones.
Si hubiera seguido con Gemma, ella hubiera sido mi recuerdo feliz, y a pesar de que no habíamos quedado en malos términos, sabía que no sería suficiente como para lograr un patronus corpóreo. Sabía que no me saldría a la primera, pero por si acaso lo intenté.
— Piensa en algo mucho más feliz, Abby, casi lo tienes. — Me dice Harry al ver el patronus incorpóreo que sale de mi varita. — ¡Bien hecho, Hermione!
Una nutria apareció pronto por el suelo de la sala de los menesteres, andando entre todas las piernas que había en la sala. Hermione no podía parar de sonreír, no por nada había sido la primera. Elegí otro recuerdo, esta vez con los gemelos y la primera Navidad que pasé con ellos, pero de nuevo solo salió la niebla. Pensé en las bromas que habíamos hecho durante todos nuestros años, siempre conmigo negando que había participado en ellas, pero tampoco fue suficiente. Pensé en Claire, Sam y Olivia, pero tampoco era capaz de lograr nada con ellas. Y mi mente fue inevitablemente al pensamiento que llevaba evitando todo el rato.
— Expecto patronum. — Dije sin pensar, y de mi varita salió un patronus perfectamente corpóreo, que reconocí rápidamente. El grim, augurio de la muerte.
— ¿De quién es el grim? — gritó Ron desde la otra punta de la sala y sin tacto alguno, y yo levante la mano. — ¡Muy bonito, Abby!
— Tratad de pensar en los recuerdos más felices que tengáis, tal y como lo están haciendo los que ya han logrado su patronus.
La voz de Harry retumba por toda la sala de nuevo y me aprovecho para observar como todos tienen ya sus patronus corriendo o volando. Veo un caballo, un cisne y una raza de perro que no sé cuál es, pero parece que le encanta la nutria de Hermione. También veo una hiena y un coyote por la sala, y a los gemelos totalmente orgullosos de sus patronus, no como yo del mío que me infunde demasiado respeto. Todo son risas, hasta que la pared empieza a temblar. Todos los patronus desaparecen de golpe y miramos a la pared.
— Harry Potter, ella está ahí.
— ¿Umbridge? — Dobby asintió y todos empezamos a movernos deprisa. — ¡Salid corriendo, que no os cojan, evitad los grupos!
La sala de los menesteres nos da las puertas que necesitamos para salir corriendo y todos las aprovechamos. Corro detrás de los gemelos, y oigo los pasos de Olivia, Claire, Sam y Jordan detrás. Nos separamos rápidamente, Claire se va con Jordan, Olivia con Sam y George y yo me quedo con Fred. Nosotros tenemos una excusa ante Umbridge que debería colar, a pesar de que hemos hablado sobre que eso se va a terminar. Fred tira de mí hasta que quedamos muy cerca, él tapándome de la vista de todos y con la cabeza inclinada hacia mí.
— ¿Una última actuación para Umbridge? — Asiento y lo siguiente son los labios de Fred sobre los míos. Otra vez. Podría haber evitado que nos pillaran, pero no he tenido la cabeza donde debía estar. Y menos mal que esta vez la había contado.
— Ejem. — Un carraspeo agudo interrumpe nuestro beso, y los dos sabemos perfectamente que es Umbridge, pero no evita que me separe de Fred roja. — Los advertí en el Gran Comedor, que esa vez se habían librado pero esta vez...
— Pero profesora, no puede cortar las alas al amor. — Dice Fred de la forma más descarada posible, y yo solo puedo sonreír, aunque lo que de verdad quiero hacer es soltar una carcajada. — Nos habíamos escondido aquí adrede, Abby no puede tener ningún castigo con la pluma y usted lo sabe.
— No me importa, señor Weasley, además en San Mungo me han proporcionado un remedio para el problema de la señorita Stone.
— ¿Existe algo para curarme eso? — Pregunto inmediatamente, es algo que me interesa bastante teniendo en cuenta la guerra y la Orden. Si por algún casual caigo herida, quizá no me dé tiempo a curarme a mí misma antes de desmayarme por la pérdida de sangre.
— ¡Profesora, tengo a Potter!
— ¡Estupendo! — Dice ella, y se va hacia la voz de Malfoy, pero en el último segundo se gira para mirarnos. — Han tenido suerte, Potter es bastante más importante que ustedes dos.
Con su sonrisa y un andar rápido, se va corriendo para ir a por Harry, y tanto Fred como yo no dudamos en salir corriendo de allí. Cuando ya estamos casi en la sala común de Ravenclaw, Fred empieza a frenar hasta que para totalmente y yo con él, totalmente agotada. Llevo demasiado tiempo sin hacer nada de ejercicio.
— ¿Así es como te sientes cuando tienes una visión y solo la dejas ocurrir? Me siento como el culo. — Dice Fred, y se apoya contra la pared.
— Depende de lo que vea, ahora por ejemplo me siento terriblemente culpable porque a quien han pillado es a Harry. Aunque no me siento tan culpable teniendo en cuenta que lo sabíamos siete y ninguno nos hemos dado cuenta. — Me encojo de hombros y veo como Fred niega mientras que sonríe, supongo que piensa que no tengo remedio.
— Bueno, me voy a ir a ver si Harry llega pronto y nos cuenta que ha pasado.
Pensaba que Fred no podría sorprenderme, pero claramente me equivoco cuando me quedo parada en el pasillo, mirándole fijamente porque me acaba de besar para despedirse.
— Yo... bueno... eh... — Las orejas de Fred empiezan a ponerse rojas y mi cara las acompaña. — Nos vemos, Abby.
No me da tiempo a decir nada ya que Fred se va corriendo, y yo hago lo mismo, pero en dirección contraria. No entiendo que acaba de pasar, y no es que me desagrade es solo que... ¿no me lo esperaba? Trato de calmarme un poco antes de entrar a la sala común, ya que dentro habrá gente del ED que querrá saber si sé algo. Y estarán Claire, Sam y Olivia, o al menos espero que hayan llegado ya. El águila me formula el mismo acertijo por el que me quedé fuera una hora entera en primero y le contesto en un segundo, logrando entrar rápidamente. Y allí, como me esperaba, hay gente esperando.
— Umbridge tiene a Harry. Supongo que todo quedará cancelado a partir de ahora, recordad que no podemos ir a preguntarles en masa mañana, por favor.
Oigo varios mierda seguidos y algunas cosas que harían que cualquiera acabara castigado todo el verano si sus padres lo oyeran, pero ahora mismo no me interesa. Veo a Sam en la escalera, que me hace un gesto y me dirijo hacia nuestra habitación. Cada vez que subo estas escaleras estoy más cerca de no volver a hacerlo. Saludo a Luna, que está en su habitación con la puerta abierta y cuando llego a la mía, noto el ambiente que vamos a tener hasta mañana.
— Sé que es una mierda que no lo hayamos evitado, no os preocupéis, pasa a menudo.
— Pero tiene a Harry. — Murmura Claire, y yo solo asiento, no hay nada que podamos hacer ya más que esperar. — Podríamos haber tenido más cuidado hoy, solo teníamos que habernos dado cuenta.
— Estábamos demasiado emocionados por los patronus. — Dice Olivia, y Sam asiente.
— ¿Cuáles son los vuestros? No los he visto, estaba pendiente del augurio de muerte que es el mío.
— El mío es un ratón. — Dice Claire.
— Un colibrí. — Murmura Olivia, y yo sonrío al ver que encajan bastante bien con ellas, solo falta Sam.
— Una tortuga. — No puedo evitar echarme a reír. Sam es de todos menos tranquila como una tortuga. — No entiendo cómo puede ser eso.
— Bueno, por lo menos tienes un animal normal, no te ofendas Abby. — Añade Claire, y yo me limpio las lágrimas de la risa.
— No te preocupes, no me ofendo. — Le sonrío mientras que me pongo el pijama. — ¿Nos vamos a dormir ya? Quiero saber qué pasa con Harry y por mucho que me gustaría ahora mismo ir a colarme a la sala común de Gryffindor y esperarle allí sé que me meteré en un lio por hacerlo y prefiero evitarlos.
— No voy a poder dormir, demasiadas emociones en un día. — Dice Olivia, y veo como Sam solo se ríe.
— ¿Qué es lo que ha pasado, Olivia? — Claire se sienta en la cama de Olivia, quien solo se esconde debajo de las mantas.
— ¿Se lo cuentas tú o se lo cuento yo? — La sonrisa de Sam me hace pensar en el gato de Chesire, del cuento muggle de Alicia en el país de las Maravillas. — Bien, lo hago yo, ¿conocéis a Mia Sonset?
— ¡No lo digas! — Chilla Olivia, que está tan roja como lo estaba yo cuando Fred me ha besado por segunda vez.
— ¿La rubia de Slytherin? ¿La de séptimo por la que todos los tíos y tías de Hogwarts babean? — Pregunta Claire, y Sam asiente de manera maquiavélica. — ¡Olivia!
— ¡Necesitaba una coartada para explicar que estábamos casi en las mazmorras! — Vuelve a chillar y se esconde de nuevo bajo las sábanas.
— ¿Has besado a Mia y no te ha matado? — Digo, con la boca totalmente abierta de la sorpresa.
— De hecho, le ha devuelto el beso, y si no llega a ser por George y por mí, se acuestan ahí en el pasillo.
Olivia le lanza la almohada a Sam, y consigue darle en toda la cara, por lo que empieza la primera guerra de almohadas a la que he ido en mi vida. Conseguimos olvidar todo lo que ha pasado en el día, y en cuanto paramos las cuatro nos quedamos dormidas en la cama de Olivia, donde había sido la batalla campal. Algo que lamentamos a la mañana siguiente porque no habíamos dormido casi nada, pero era hora de enterarnos que había pasado con Harry.
Nadie nos había preparado para la marabunta de gente que se amontonaba en la entrada al Gran Comedor, leyendo el nuevo decreto de Dolores Umbridge.
— Decreto número veintiocho, Dolores Jane Umbridge, la Suma Inquisidora, ha reemplazado a Albus Dumbledore como directora del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. — Leo en voz alta, ya que soy la única de las tres que consigue ver algo entre las cabezas, y eso que tampoco es que sea muy alta.
— Menuda hija de puta.
— Sam, recuerda, su madre no tiene la culpa, y las putas tampoco. — Le recuerda Olivia, y Sam asiente. — Estamos insultando a gente que no tiene la culpa de lo estúpida que es.
— Yo votaría por decir algo como cabrona, imbécil, gilipollas o...
— O cállate porque una mancha rosa viene hacia aquí. — Tapo la boca de Claire y la empujo, logrando que todas vayamos dentro del Gran Comedor. Saco disimuladamente mi varita y, cuando ya hemos atravesado las puertas, hechizo los decretos para que vuelvan a caerse.
— ¿¡Quién ha sido!? — Lo siento mucho por todos los que estaban delante de los decretos, pero no pienso confesar, así que le doy rápidamente la varita a Claire, que la esconde. Tampoco pienso ser tan estúpida como para llevarla encima teniendo en cuenta que se han caído cuando acababa de pasar al lado. — Abbigail, ¿ha visto algo?
— No profesora, si llevara encima mi varita lo arreglaría, pero me la he dejado en la habitación. — Contesto sin girarme y siguiendo andando hacia mi mesa, no puedo evitar tener una sonrisa de oreja a oreja. Me siento al lado de Olivia, con vistas a la mesa de Slytherin y no puedo evitar ver a Mia, que está desayunando justo enfrente de nosotras. — Mira, Olivia, tu ligue.
— Cállate. — Murmura ella, y luego me da un golpe que me hace reír.
— He oído de todo sobre ella, ¿besa tan bien como dicen? Gemma me dijo una vez que una de sus amigas había estado saliendo con ella y que besaba muy bien.
— Muy bien se debe de quedar corto, por como se comían la boca estaba claro que debía hacerlo más que bien. — Dice Sam pícaramente, y Claire y yo no podemos evitar echarnos a reír cuando vemos que Olivia se pone totalmente roja. — Ahora te da vergüenza, pero anoche ninguna, que os lo confirme George.
— Creo que se lo voy a preguntar ahora mismo. — Me giro hacia la mesa de Gryffindor y busco a los gemelos, sonrío de oreja a oreja y empiezo a gritar. — ¡Eh, George!
— ¿Qué, Abby?
— ¿Es verdad lo que dice Sam que pasó anoche en los pasillos? — La cara de pánico de Olivia lo dice todo cuando George empieza a reírse a carcajadas.
— ¿Qué son todos estos gritos? Abbigail, no me esperaba esto de usted. — Umbridge interrumpe nuestro momento de diversión, y consigue borrar la sonrisa de mi cara.
— No hay ningún decreto que nos prohíba gritar en el Gran Comedor, profesora. — Contesto, y le doy una gran sonrisa muy falsa, que hace que los gemelos empiecen a reírse. — Así que como no estoy incumpliendo ninguna de las normas del castillo, no puedo obtener ningún castigo. Ahora, si me disculpa, seguiré desayunando, profesora.
Me giro de nuevo sin esperar contestación y cojo una manzana que me guardo en el bolsillo de la túnica, pero sé que se va cuando Sam no puede evitar soltar una carcajada. Preveo que Hogwarts va a cambiar mientras que ella sea directora, y sé que los gemelos van a tener mucho que ver. Si antes no se preocupaban por su curso, ahora que no está Dumbledore mucho menos. Me despido rápidamente de Claire -que me devuelve la varita de forma disimulada-, Sam y Olivia cuando veo que Harry, Ron y Hermione se levantan de la mesa de Gryffindor, tengo que conseguir la información sobre qué pasó anoche antes de empezar a oír los distintos cotilleos que empezarán en breves. La información empezará a ser cada vez más falsa y al final no sabremos cual es la versión verdades.
— ¡Eh, Harry!
— Buenos días, Abby. — Dicen los tres a la vez, y yo sonrío al ver la amistad que tienen. En parte es un poco como la mía con los gemelos.
— ¿Vienes a saber que pasó anoche? — Dice Harry, y yo solo asiento, a lo que él suspira. — Dumbledore nos cubrió, Marietta fue la que se chivó y poco más, si oyes rumores de que Fudge está en San Mungo con una calabaza por cabeza es mentira.
— Si a alguien le pones una calabaza por cabeza lo matas. — Digo, y Hermione asiente con fuerza.
— Seguro que Dumbledore vuelve pronto y podremos escuchar la verdadera versión por su parte. — Ernie Macmillan, el Hufflepuf quejica de las reuniones del ED aparece de la nada, metiéndose en nuestra conversación. — Ni si quiera pudieron echarle con todo lo del basilisco, no lo van a lograr con esto. Además, el fraile gordo me ha contado que la gárgola no se abrió para ella.
— Se lo tiene merecido esa vieja loca por el poder con ganas de... — Dice Hermione, visiblemente enfadada, pero con bastante malicia y, para que negarlo, muy acertada.
— ¿Vas a terminar la frase, Granger? — Malfoy había aparecido también de la nada, pero no solo ya que los dos tontos que siempre iban con él parecían sus guardaespaldas. — Creo que voy a tener que quitar puntos a Gryffindor, Hufflepuf y Ravenclaw.
— Por muy prefecto que seas, Malfoy, no puedes quitar puntos. — Comento, y decido que es momento de comerme la manzana del bolsillo.
— Solo los profesores pueden, ¿lo recuerdas? — Dice el Hufflepuf completando lo que acabo de decir.
— Hermione y yo también somos prefectos, sabemos perfectamente que no puedes quitar puntos. — Dice Ron, y Malfoy se empieza a reír.
— Que perspicaz, Rey Comadreja. — Se burla el rubio, y los dos tontos le ríen la gracia. — La Brigada Inquisitorial sí que puede.
— ¿Qué coño es eso? — Digo sin poder contenerme la palabrota, no me gusta nada como suena eso.
— ¿No ves la insignia, Stone? — Dice él, mientras que señala su túnica donde hay una chapa con una I, y veo de reojo como Hermione frunce el ceño. — Somos un grupo de alumnos personalmente escogidos por la directora Umbridge que tenemos el poder de quitar puntos. — Explica con una sonrisa de autosuficiencia, y yo ya sé que viene ahora mismo. — Así que, Granger, cinco puntos menos por hablar mal de la directora, Macmillan otros cinco menos por contradecirme, Potter no me caes bien así que cinco menos, Weasley llevas la camisa por fuera, cinco menos. Ah, Granger, eres una sangre sucia así que diez menos y...
Veo como Ron saca la varita y apunta a Malfoy con ella, pero Hermione le empuja suavemente.
— No hagas eso. — Le susurra, pero todos lo oímos perfectamente.
— Bien hecho, Granger, ¿por dónde iba?
— Por Stone. — Dice uno de los estúpidos gorilas que tiene detrás, y Malfoy sonríe.
— Gracias, Crabble. Stone a ti te voy a quitar...
— ¿Seguro que quieres hacer eso, Malfoy? — Pregunto suavemente, y en mi mano la manzana empieza a ennegrecer rápidamente. Harry me da un pisotón, pero cuando veo que Malfoy traga saliva sé que ha funcionado.
— Dejémoslo, Stone. Recordad, nueva directora nuevas reglas, portaos bien.
A pesar de que está acojonado y se le ve en la cara, Malfoy se marcha con una sonrisa de oreja a oreja, supongo que bien contento porque ha conseguido abusar de su nuevo cargo.
— ¿Cómo has hecho eso? — Pregunta Macmillan, y yo saco mi varita que había escondido en la manga. No soy tan tonta como para que se entere de que hago magia sin varita. — Me muero de ganas de llegar a séptimo.
— No quieras, es un estrés. — Le digo, y él solo sonríe y se va tranquilamente mientras que los demás nos giramos a ver los relojes. Tanto Gryffindor como Ravenclaw estamos bastante perjudicados, Slytherin va totalmente en cabeza gracias a la Brigada Inquisitorial y eso me pone de mal humor.
— ¿Ya lo habéis notado? — La voz de Fred se oye a nuestras espaldas y los cuatro nos giramos para verlos.
— Nos acaba de quitar casi cincuenta puntos. — Se queja Harry, y Ron asiente con ganas.
— Menos a Abby, ella le ha amenazado con esa cosa que hace ahora de matar. — Dice Ron, y Hermione le da una colleja. — ¡Oye!
— Acabas de contarles lo de Abby, Ronald, por la cara de George él no sabía nada.
— ¿Qué haces ahora de matar? — pregunta George, y yo suspiro, Fred no se lo ha contado y ahora me toca hacerlo. Así que devuelvo la manzana a su estado anterior y luego la vuelvo a podrir. Y aprovecho y la vuelvo a dejar como nueva para poder comérmela, sigo con hambre. — Guau.
— También puede curar heridas. — Dice Fred, y yo sigo comiendo mi manzana tranquilamente, bajo la mirada de George, lo que me hace estar bastante incómoda.
— ¿Puedes dejar de mirarme?
— Oh, sí, perdona. — Vuelve a mirar a los relojes y suspira al ver como van. — Montague acaba de tratar de quitarnos a nosotros puntos.
— ¿Tratar? — Pregunta Ron, y yo sé que no me va a gustar nada la respuesta de los gemelos.
— No ha podido decir todas las palabras, le hemos encerrado en el armario del primer piso, ese que metes cosas y desaparecen. — Dice Fred, y siento un escalofrío ante la mención del armario.
— ¡Os vais a meter en un lio!
— Solo si aparece, y probablemente no sea hasta dentro de unas semanas. — Fred está totalmente tranquilo, igual que George. — Tampoco es que nos importe mucho meternos en problemas.
— ¿Os ha importado alguna vez? — Insiste Hermione, y ambos sonríen y yo con ellos.
— Con Dumbledore no hemos cruzado nunca la raya. — Dice Fred.
— Quizá nos hemos pasado un poco, pero hemos vuelto al lado bueno. — Sigue George.
— Ahora que no está Dumbledore... — Fred sonríe maliciosamente y terminan de confirmarme que no piensan acabar el curso en Hogwarts, así que solo puedo suspirar.
— Creemos que nuestra nueva directora necesita un poco de caos. — Termina George, y Hermione se ve completamente horrorizada.
— ¡Pero os pueden expulsar!
— Hermione, ¿de verdad pensabas que estos dos iban a terminar séptimo? Cursan tres asignaturas cada uno, y podrían haber dado mucho más. — Digo, y ellos solo sonríen mientras que Hermione sigue aterrorizada.
— Nos hemos quedado por Dumbledore y por Abby — dice Fred, y no puedo evitar notar como me pongo un poco roja. — Ahora que el primero no está y ella quiere centrarse más en sus estudios, no nos importa mucho si nos expulsa.
— Por cierto, yo me alejaría de aquí, vamos a empezar la fase uno del plan. — Dice George, y a mi lado noto a Hermione nerviosa, así que decido alejarme de ella e irme con los gemelos.
— Enseñadme el armario, venga. — Les digo, y ambos me miran un poco sorprendidos. — No recuerdo en que parte del primer piso está, y tengo un presentimiento muy malo sobre él.
Los tres nos vamos hacia el primer piso, pero vemos como Filch se lleva a Harry a algún lugar, probablemente la oficina de Umbridge. Espero que sea lo suficientemente inteligente como para no beber si le ofrece algo. Los gemelos me llevan hasta el armario y entonces se me pone la piel de gallina, hay algo que no me gusta nada de este armario, pero no consigo entender el qué. Lo toco, esperando por alguna visión ya sea del pasado o del futuro, pero nada logra llegar a mí, así que desisto. Aunque tengo la sensación de que deberíamos destruir este armario una vez Montague vuelva a aparecer.
— ¿Qué pensabais hacer? — Les pregunto a los gemelos mientras que me alejo del armario. — Creo que Harry está con Umbridge, así que sería un buen momento para hacerlo.
— ¿Te apuntas? — Dice Fred, y yo asiento. No le voy a decir que no a mis dos mejores amigos, a los que pronto dejaré de ver.
— Vamos al Gran Comedor. — Dice George, y los tres nos dirigimos de manera disimulada hacía allí. Con lo tarde que hemos tomado hoy el desayuno, casi es la hora de comer.
Los gemelos me recomiendan esconderme mientras que ellos preparan todo, y yo les hago caso, sabiendo que tiene que ver con sortilegios Weasley. Puedo ver como de sus túnicas sacan unos petardos y en seguida los reconozco, cuando los hechizas se multiplican. Ambos vuelven con una sonrisa y Fred hace los honores de lanzar el hechizo que los encenderá.
BOOM.
El suelo tiembla por la explosión y casi me caigo, pero para mi suerte él me ha agarrado por la cintura y evita que mi culo acabe en el suelo. Le sonrío en agradecimiento y él hace lo mismo conmigo, para luego mirar hacia los petardos, esperando por Umbridge. Hago lo mismo y al minuto, aparece y empieza a chillar con su voz desagradable y aguda.
— ¡Haga algo, Filch, se van a dispersar por toda la escuela! — Veo como se tiene que agachar ya que una rueda iba en su dirección y no puedo evitar soltar una carcajada. — ¡No los aturda!
— ¡Sí, profesora!
— Es un squib, no puede aturdirlos, ¿esta mujer es tonta? — Murmuro, mientras que los gemelos no pueden dejar de sonreír. — Oh, hola Harry.
— El doctor Filibuster se va a quedar sin negocio gracias a vosotros. — Dice él con una sonrisa, y a mi lado los dos se hinchan como pavos reales del orgullo.
— Espero que los intente hacer desaparecer, se multiplicarán por diez. — Fred se limpia las lágrimas de la risa mientras que George sigue carcajeando.
— Vais a ser unos héroes. — Les digo con una sonrisa, sabiendo que su ego va a subir por las nubes, pero ahora mismo lo mejor es ver como Umbridge no puede con todo eso.
— Por eso me quieres. — Dice Fred, y yo le saco la lengua.
— ¿Pero de verdad estáis juntos? — Dice Harry señalándonos, no me había dado cuenta de que Fred seguía agarrándome de la cintura.
— ¿No lo ves, Harry? — Dice Fred, antes de que yo pueda decir nada. Y entonces decide que, para probar lo que ha dicho, es buena idea besarme.
— ¡Fred, me habías dicho que era mentira! — dice George, y en ese momento Harry decide desaparecer, y yo quiero hacer lo mismo. — ¿De verdad que estáis juntos?
— No, George, solamente a tu hermano le ha dado por besarme cada vez que tiene oportunidad. — Digo, y mi comentario suena como si estuviera siendo irónica, cuando es la pura verdad. — Por cierto, tenemos que hablar de lo de anoche, Fred.
— No sé de que me hablas. — Dice sonriente, y yo pongo los ojos en blanco. — Vale, lo siento por haberte besado cuando me despedí, fue la ¿emoción del momento?
— Emoción del momento la de Olivia, cuando anoche besó a Sonset. — Dice George, y yo río. — Lo que te haya contado Sam creo que está por debajo de la realidad.
— Los sonrojos de Olivia me dan la pista.
— Bueno, os dejo, voy a hechizar algunos para que se dispersen por el castillo. — George sale del tapiz y Fred y yo nos quedamos solos, algo que ahora mismo hasta casi me resulta incómodo.
— ¿Vamos a fingir ante todos que estamos juntos? — Le pregunto, y él se encoge de hombros. — ¿Entonces que ha sido eso?
— Me gusta besarte. — Dice con una sonrisa. — Ahora mismo lo volvería a hacer.
— ¿Qué te impide hacerlo?
— Me falta tu permiso.
— Bueno, las veces anteriores no te ha hecho falta. — Comento, y suena como una pulla total, pero no me importa.
— Y por ello te pido perdón, ahora, ¿me dejas besarte?
— ¿Me prometes que no va a cambiar nada entre nosotros?
— Abby, cambió en el primer beso.
— Touché.
Sonrío, pero Fred no entiende que quiero que me bese, así que le cojo de la túnica y le acerco a mí para besarle. Puede que no quiera salir ahora con él, pero no me pienso negar a besarle, algo que no hace nada mal, y no puedo evitar preguntarme si estará a la altura de Mia Sonset.
Cuando nos separamos por la falta de aire, Fred sonríe de oreja a oreja y vuelve a besarme, esta vez tomando él la iniciativa en un beso mucho más subido de tono. Podría acostumbrarme a liarme con él todos los días, pero lo bueno acaba y el beso termina, con nuestras respiraciones aceleradas por la falta de oxígeno. Claramente nuestra amistad no va a volver a ser la misma después de esto, pero qué más da.
— Me voy a ayudar a George, queremos llevar el caos a todo el castillo. — Dice Fred, y yo solo sonrío. Me gustaría quedarme con él, pero hay que conseguir volver loca a Umbridge.
— Trataré de hacer que haya más fuegos, tengo que irme a encantamientos.
— Nos vemos luego, Abby.
Nos volvemos a besar y cada uno tomamos direcciones contrarias, esquivando los fuegos artificiales. Cuando veo que nadie me ve, no dudo en tratar de hacerlos desaparecer para que se multipliquen y me voy a clase disimuladamente. Es lo mejor que he podido hacer nunca, pronto veo pasar a Umbridge tratando de apagarlos.
— Directora, menos mal que ha venido. — Dice el profesor Flitwick con una gran sonrisa. — Podría haberme deshecho de ellos yo mismo, pero no sabía si tenía permiso para hacerlo.
A Umbridge no le da tiempo a responder cuando llega Lavender Brown, una Gryffindor del curso del trío de oro que Hermione dice que es insoportable. Por lo visto la profesora McGonagall también necesita ayuda con los fuegos artificiales de los gemelos, así que Umbridge se tiene que ir corriendo a ayudarla. Las clases durante todo el día son un completo desastre ya que cada dos por tres un fuego artificial se cuela y se decide llamar a Umbridge, que pasa un primer día como directora corriendo de un lado a otro, algo totalmente merecido.
La noche para los gemelos fue una de las mejores de su vida, todos sabíamos que habían sido ellos, y por donde pasaran la gente les aplaudían, excepto si eran de Slytherin, que como mucho veías a alguno sonreír al ver uno de los petardos que todavía seguían quedando encendidos, lo que ocasionó que dormir fuera toda una odisea para mí. Nunca había tenido problemas durmiendo, pero esa noche y las siguientes, dormir era casi una bendición. Me quedaba dormida a las dos de la mañana e incluso más tarde, y cuando despertaba a las siete solo quería seguir durmiendo por al menos cinco años. Pero como alumna responsable, tenía que ir a clase, y eso es lo que hacía. Hasta que, pasando por el pasillo del armario evanescente, vi salir de él a Montague.
— Mierda. — Murmuré, seguro que se acordaba de que los gemelos le habían metido ahí dentro, y no pensaba dejar que los expulsaran, no todavía. — ¡Eh, Montague!
Me acerqué a él y saqué la varita de la túnica, apuntándole. El chico estaba bastante desorientado, pero aún así no pensaba arriesgarme.
— Obliviate. — Murmuré, robándole todos los recuerdos de Fred y George empujándole dentro del armario. Cuando terminé, le di una suave palmadita en la espalda, como si le estuviera limpiando la túnica. — Tenías una mancha, no te preocupes, ya estás limpio.
Nunca había sido muy perspicaz, y eso lo demostró cuando me dio las gracias y empezó a andar tambaleándose hasta que se chocó con alguien. Eché a correr en sentido contrario para que no me vieran y no pudieran relacionarme con la pérdida de memoria repentina que tenía, y me dediqué a buscar a los gemelos. Se suponía que hoy tendría que tener clase de Defensa contra las artes oscuras con ambos, pero ya nadie de séptimo iba a las clases de Umbridge. Y con nadie me refería a todas las casas de Hogwarts excepto Slytherin, que parecían ir siempre en contra de las alianzas que formábamos los demás.
— ¡Lo siento! — Digo cuando me choco con alguien y caigo de culo en el pasillo.
— Podría quitarte puntos por esto, Stone. — Delante de mí está la deslumbrante Mia Sonset, con la que llevo sin cruzarme meses a pesar de que tenemos exactamente las mismas clases.
— No creo que quieras. — Me encojo de hombros y veo un esbozo de sonrisa que pronto desaparece. — ¿Has visto a los gemelos Weasley?
— No sabía que te separabas de ellos.
— También salgo con Claire, Sam y Olivia. — Lo que menos me esperaba ahora mismo es que se empezara a poner roja, así que no puedo evitar soltar una carcajada. — ¿Qué te pasa con Olivia, Sonset?
— Absolutamente nada. — Dice con orgullo, pero se le nota que está mintiendo. — Nunca rechazo un beso de alguien que me puede llegar a atraer.
— Por lo que me han contado eso fue más que un beso.
— Si no quieres que tu casa se quede sin puntos no sigas por ahí, Stone. — Me amenaza y después me rodea para irse, pero le freno agarrándola del brazo.
— No le hagas daño a Olivia, por favor.
Ella no dice nada y solo se suelta, yéndose por donde yo venía así que sigo andando por el castillo, tratando de encontrar a los gemelos. De verdad que espero que no haga daño a Olivia, no quiero que ella se enamore para que luego le rompan el corazón en trocitos pequeños, como probablemente se quede el mío si sigo con Fred.
— Nos han dicho que nos buscabas. — La voz de George suena por el pasillo del quinto piso, por donde les estaba buscando ahora.
— Por fin. — Dramatizo, y ellos ríen, pero cuando me ven ponerme seria saben que es importante. — Montague ha aparecido.
— Mierda. — Dice Fred, y ahora la que sonríe soy yo. — ¿Qué has hecho?
— Obliviate. — Sonrío de oreja a oreja y más cuando los dos me abrazan. — No debería recordar que habéis sido vosotros.
— Eres maravillosa, si no estuvieras con Fred te besaba ahora mismo.
— Ya lo hago yo por ti, George. — Fred se acerca a mí, pero le freno antes de que haga nada y George suelta una carcajada. — O quizá no.
— Quizá la próxima vez tienes más suerte... o no. — Le guiño un ojo mientras que George sigue riendo, incluso se limpia una lágrima que le ha salido de la risa. — Por cierto, ¿vais a liar alguna por las vacaciones?
— Vamos a dejar a la gente estudiar, queremos que compren nuestros productos, no que nos odien. — La intención parece buena, pero las sonrisas de los gemelos me hacen pensar que tienen algo preparado para más tarde.
— Bueno, pues cuando hagáis algo que no provoque mi expulsión contad conmigo. Ahora me voy a ir a cenar ya que he perdido toda la tarde buscándoos por los pasillos y tengo hambre.
— Te acompañamos. — Dicen a la vez, y cada uno me coge de un brazo.
Siempre he pensado que nos debemos de ver muy cómicos, los gemelos me sacan más de una cabeza y media, así que cuando deciden que vamos a ir andando conmigo en el medio deben de parecer mis guardaespaldas. Cuando llegamos al Gran Comedor, veo a Hermione y Ginny hablando con Harry, que parece de mal humor para variar. Últimamente no me he atrevido a acercarme mucho a él, desde que los gemelos soltaron los fuegos artificiales ha estado completamente raro y con solo mirarle sabía que no le gustaría que le preguntara nada. Así que, en lugar de saludarles, me despido de los gemelos y me voy a cenar a la mesa de Ravenclaw, en la que ninguna de mis amigas está cenando. Me gustaría pensar que es porque no se han dado cuenta de que era hora de la cena y no porque las haya pasado algo, así que ceno rápidamente y me voy a la sala común. Pero allí tampoco están, al igual que tampoco en la habitación.
Ninguna de las tres aparece en todas las vacaciones de Pascua, así que no me queda otra que empezar a preocuparme. No se hubieran ido si no fuera algo importante. Pregunto a todo el mundo, profesores incluidos, pero ellos se niegan a decirme nada, así que paso todas las vacaciones sin poder hacer nada por la ansiedad y la preocupación. Los gemelos no se separan de mí en ningún momento de las vacaciones, que las pasamos en los jardines sin hacer nada. O más bien yo sin hacer nada que no sea liarme con Fred ya que ha descubierto que con eso consigue distraerme de mi preocupación por las chicas durante un rato. Pero el último día, por fin puedo respirar cuando veo llegar a las tres, ojerosas y totalmente cansadas. Las veo a lo lejos en los jardines, y en cuanto estoy segura de que son ellas, salgo corriendo hasta que las abrazo. No me había dado cuenta de lo mucho que las echaba de menos.
— ¿Qué ha pasado? ¿Estáis bien? — Pregunto rápidamente, y ellas solo niegan.
— Somos huérfanas. — Dice Sam, dejándome sin palabras por lo que las vuelvo a abrazar. — Que el ministerio se atreva a negarme que han sido los mortífagos.
— La profesora McGonagall nos llamó el día de las vacaciones y nos hizo irnos. — Murmura Olivia, que está mucho más tranquila que Claire y Sam, que están a poco de echar humo. — Hubiera preferido no tener que ir a ocuparme de todos los papeles ahora mismo.
— Si necesitáis algo, decídmelo.
Sé que no hay nada que pueda hacer ahora por ellas, pero aun así me ofrezco. Las vuelvo a abrazar y cuando nos separamos, veo que los gemelos ya han llegado hasta nosotras. No necesitan explicaciones para abrazarlas, y los seis formamos una piña, como tendremos que estar los próximos dos años. Si antes pensábamos que las cosas iban a ser duras, no nos acercamos a la realidad ni de lejos.
Cuando las clases empiezan al día siguiente, las cuatro notamos que estamos cerca del colapso por estrés. Dejo de tratar de ayudar a los gemelos con las bromas y me encierro en la biblioteca con Claire, Sam, Olivia y Hermione, que está tan estresada como nosotras. Las cinco dejamos pasar el mes de mayo como si nada, y pronto estamos en la primera semana de junio, con las reuniones con los jefes de casa a la vuelta de la esquina. Primero vamos los de séptimo, para que nos terminen de orientar en algunos casos, así que Claire, Sam, Olivia y yo perdemos un día entre las cuatro en la puerta del profesor Flitwick. Ninguna tiene ganas de ir a clase, y sale mucho mejor esperar allí que tener que ir de un lado a otro.
— Te toca, Abby. — Claire sale del despacho, con poco ánimo y me tiende una mano para que me levante del suelo. Luego ocupa mi lugar, sentada entre Olivia y Sam, que ya han tenido su orientación.
— ¿Ha pensado ya en que quiere hacer? — Me dice Flitwick en cuanto cierro la puerta, y yo niego. — Creo que podrías tirar por medimagia o auror, Stone, todos los profesores hablan de tus buenas notas.
— ¿En Defensa también? — El profesor Flitwick se limita a levantarme una ceja y entonces entiendo que no la está teniendo en cuenta.
— Podrías llegar a sacar cinco Extraordinarios, con eso entrarías a cualquiera de las dos, pero tienes que saber cual quieres primero.
— Medimagia. — Respondo sin pensar. No voy a aguantar los entrenamientos de auror, y quizá eso me ayuda a perfeccionar mi poder, que estoy dejando de usar. Aunque tampoco es que tenga tiempo para eso.
— Medimagia será, Stone. Recuerda que tienes que sacar los cinco Extraordinarios, pero por favor, la salud primero.
— Se lo prometo, profesor.
Veo como anota en un pergamino que mi preferencia es la medimagia y con eso salgo de su despacho. Vamos tranquilamente al Gran Comedor, y me acerco a la mesa de Gyffindor donde están los gemelos junto con el trío de oro, y Hermione parece que va a matar a Harry.
— ¿Qué os pasa? — Les digo, y Hermione tira de mí para sentarme con ellos en la mesa, evitando que llame tanto la atención.
— Harry quiere hablar con Sirius, dile que es una mala idea. — Murmura Hermione.
— Yo también quiero hacerlo, no sé por qué tendría que decirle que es mala idea. — Me encojo de hombros y Hermione se desespera, si de verdad esperaba que me opusiera es que no ha aprendido nada de mí en estos cinco años que nos conocemos. — ¿Cómo planeas hacerlo?
— Ellos se han ofrecido. — Harry señala a los gemelos, quienes sonríen de oreja a oreja.
— Entonces os iréis mañana. — Murmuro.
— Probablemente nos expulse después de lo que hagamos. — Dice Fred, y yo solo asiento. — No te preocupes, pensábamos despedirnos de ti.
— Me preocupa más lo que vuestra madre va a decir de mí por no haberlo evitado.
Me despido de los cinco y vuelvo a la mesa de Ravenclaw, donde Claire, Sam y Olivia están comiendo un poco. Entre lo de sus padres y los EXTASIS, las tres han perdido el apetito, y yo con ellas. Al menos, cuando salgamos de aquí, quizá logramos despejarnos, o al menos esa es mi intención.
— Los gemelos se van mañana. — Anuncio cuando me siento en la mesa, y las tres me miran y luego asienten.
— Queremos hablar contigo de otra cosa, lo hemos estado pensando y queremos unirn-.
— Aquí no. — Interrumpo a Claire justo a tiempo, sé perfectamente que lo que quieren decir es que se quieren unir a la Orden, y el Gran Comedor no es lugar para hablar de esas cosas. — ¿Qué habéis elegido de carrera?
— Auror. — Dice Sam, y aprovecha para coger un poco de la ensalada que están comiendo las tres. — En realidad no voy a formarme, pero me han dicho que tengo que decir algo así que...
— Yo también he dicho auror, después de lo que ha pasado... Pero a diferencia de Sam, voy a formarme todo lo que pueda. — Dice Olivia, que no puede ni levantar la vista del plato. Sigue siendo la más afectada de las tres, y probablemente lo seguirá siendo un tiempo más.
— Yo quería hacer medimagia, pero cuando he visto que vosotras teníais puesto auror en la lista.... — Dice Claire, y entonces sé que las tres al final iniciarán sus estudios en ese campo. — ¿Tú que has dicho?
— Medimagia. Creo que con ese poder que tengo podría serme útil, además, dudo mucho que pudiera aguantar los entrenamientos de los aurores.
— Medimagia tampoco es sencilla, Abby, tu salud va antes que los estudios, por favor — Sam hace notar mi problema, y yo no digo nada. Soy perfectamente consciente de mis limitaciones.
— Solo necesito aprender un poco, nada más.
Terminamos pronto de cenar, y nos dirigimos a la habitación. No me he molestado en despedirme de los gemelos esta noche, ellos tampoco pensaban decirme hasta mañana que se largaban. Hechizo la habitación en cuanto las cuatro estamos dentro, y nos vamos todas a mi cama.
— ¿Os queréis unir a la Orden? — Pregunto directamente, y ellas asienten, por lo que suspiro al ver que de verdad están dispuestas a asumir los riesgos que conlleva. — ¿Estáis seguras?
— Tanto como de que las cuatro somos amigas. — Dice Claire, y yo solo puedo sonreír ante eso. — ¿Vamos a viajar este verano al final?
— Sí. — Dice Sam, y no admite réplica alguna. — Cuando salgamos de Hogwarts, buscamos un apartamento para cuando volvamos en agosto y como mucho en una semana tendríamos que tener todo preparado.
— ¿Forma de viajar mágica o muggle? — Pregunta Olivia, y las tres nos asombramos ante la pregunta. — Los aviones están bastante bien, además de que podremos desconectar de toda esta guerra que hay casi montada.
— ¿Pero los aviones no se caen? — Mi turno de preguntar es ahora, y la risa de Olivia llena la habitación, una risa que suena verdadera por primera vez en mucho tiempo.
— No te preocupes, son el transporte muggle más seguro. — Dice con una sonrisa, y las tres asentimos, fiándonos por completo de Olivia.
— Entonces por mí está bien hacerlo así. ¿Teníais pensado algún destino?
— Ámsterdam, París, Madrid, Berlín, Praga y Bruselas habíamos pensado. — Dice Sam, y empiezo a calcular rápidamente cuanto tiempo podríamos estar en cada sitio. — Habíamos pensado pasar una semana en cada sitio, para volver a Londres justo cuando nos den las notas de los EXTASIS, en la segunda semana de agosto más o menos.
— Perfecto entonces. — Sonrío de oreja a oreja y las tres me imitan.
— ¿Podemos dormir todas juntas esta noche? — Pregunta Olivia con un tono de voz tan bajo que me cuesta entenderla.
— Por supuesto, O.
Claire mueve su cama, que es la más cercana a la mía, y entonces las cuatro nos tumbamos, listas para dormir. A pesar de que seguimos llevando el uniforme, ninguna nos movemos para cambiarnos hasta que no suena el despertador a la mañana siguiente. Y los gemelos se van hoy.
Nos cambiamos de uniforme y nos dirigimos al desayuno, para luego pasarnos un poco por nuestras clases del día, que por suerte empiezan a ser de repaso para los EXTASIS y nos resultan bastante útiles. Aunque a este paso van a acabar conmigo, ya no me queda ninguna poción para la ansiedad y Fred se va a ir. Al menos tengo a Claire, que también ha aprendido a calmarme.
— Abby. — Al acabar la comida, los gemelos me llaman, y yo suspiro de manera dramática. — Veníamos a despedirnos.
— ¿Qué vais a hacer?
— No te lo vamos a contar, pero no vayas al pasillo del quinto piso del ala este, al menos no hasta que lo hayamos puesto y nos hayamos ido. — Dice Fred, y yo solo asiento. — Te vamos a echar de menos.
— Y yo a vosotros. — Murmuro, y entonces nos abrazamos fuertemente, no por nada son mis mejores amigos. — ¿Si la medimagia no me funciona tengo trabajo en la tienda?
— ¡Por supuesto! Dile a Sam, Claire y Olivia que también lo tienen si lo necesitan. — Dice George, y Fred asiente conforme. — Nos vemos cuando salgas de aquí, Abby.
— ¿Vendréis a la estación?
— Por supuesto. — Dicen ambos a la vez con una sonrisa, y entonces me permito sonreír de oreja a oreja.
Les vuelvo a abrazar y entonces me separo de ellos para volver con las chicas. No pensamos ir a clase sabiendo que los gemelos la van a liar, así que aprovechamos el buen tiempo y nos dirigimos hacia el vestíbulo gracias a mi idea. Si los gemelos piensan largarse, sé que lo harán a lo grande, y así es cuando aparecen a media tarde, con algunos miembros de la Brigada Inquisitorial cubiertos de una especie de moco que no sé qué demonios es y el resto de Hogwarts mirando expectantes que pasará ahora.
— ¿Pensáis que es divertido convertir uno de los pasillos del colegio en un pantano gigante? — Umbrigde se veía bastante molesta, pero a la vez alegre de haber conseguido pillar a los gemelos por una vez.
— La verdad es que sí. — Dice Fred, sin miedo alguno, pero yo sí que temo por ellos cuando veo que Filch no deja de agitar una hoja con emoción.
— Déjame hacerlo, profesora, por favor. — Filch estaba a unos segundos de gritar de la emoción. — Tengo los látigos preparados.
— Muy bien, Argus, tienes mi permiso. — Umbridge empieza a sonreír un poco más y yo solo trago saliva, con bastante miedo. No me han dicho como piensan irse de Hogwarts. — Van a saber que les pasa a los malhechores en mi colegio.
— Creo que la educación a jornada completa se nos ha quedado pequeña. — Dice George con una gran sonrisa. — ¿Verdad, Fred?
— Es hora de que probemos nuestro talento en el mundo real. — Fred también sigue con su sonrisa y noto un pinchazo en el corazón, voy a echarles mucho de menos.
A Umbridge no le da tiempo a decir ninguna palabra más ya que los gemelos levantan sus varitas y a la vez, convocan a sus escobas, que llegaron incluso con las cadenas. Ambos se subieron y empezaron a volar, pero de repente uno de ellos se empezó a dirigir hacia donde estamos nosotras y me tendió un brazo que no dudé en coger.
— Ahora te devuelvo al suelo, pero primero tengo que hacer algo. — Dice Fred, subiendo cada vez más arriba para estar protegido de los hechizos.
Consigue encontrar una ventana que no está ocupada por los alumnos de Hogwarts y donde seguimos a la vista de todos, y allí aprovecha para dejarme lentamente. Cuando ve que estoy segura, me mira fijamente y entonces entiendo que quiere hacer, así que sonrío de oreja a oreja y él no duda en besarme. Desde las vacaciones de Pascua no habíamos tenido mucho tiempo para hacerlo, y en parte era gracias a que me estaba centrando en los EXTASIS, pero ahora que se iba era el momento. De fondo empezamos a oír mucho más jaleo e incluso vítores cuando Fred se separa.
— Te iré a buscar a la estación cuando llegues. — Fred vuelve a sonreír y se aleja para ir con George, mientras que yo no puedo de dejar de sonreír. — ¡Quien quiera comprar un pantano portátil que venga a Sortilegios Weasley!
— ¡Estamos en el número noventa y tres del Callejón Diagon! — La voz de George está llena de orgullo, igual que estaba la de Fred segundos antes. — ¡Habrá descuentos especiales para todo aquel que jure deshacerse de este viejo sapo!
— ¡DETENGALOS! — Los miembros de la Brigada Inquisitorial tratan de lanzar hechizos a Fred y George, pero pronto se nota que están demasiado lejos para que puedan hacer nada.
— Hazle la vida imposible, Peeves. — Dijeron los gemelos a la vez, y para sorpresa de todos, el poltergeist les hizo una reverencia.
___________________________________________________________
8607 palabras en este capítulo. Es básicamente el doble de uno normal peeeeeeeeeeero aun así va a haber otro. Os pongo esta nota breve y nos leemos mañana, he decidido adelantar por un día la fecha de publicación de uno de los dos ;)
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top