💌 SEGUNDA PARTE 💌
Un par de días después del encuentro con el jefe de la tribu de los hombres lobo, Inuyasha y el resto del grupo caminaban cerca de una aldea más grande de lo habitual.
–Oiga, excelencia... ¿No le parece raro que en una aldea tan grande haya tan pocos habitantes?– Preguntó la exterminadora con un tono tembloroso
–Así es, Sango... Ya me había percatado de ese detalle– Respondió el monje tocando su barbilla
–Es probable que los habitantes tengan cosas que hacer fuera de la aldea– Explicó Inuyasha sin preocupación
–No lo creo Inuyasha– Dijo la sacerdotisa mirando todo al rededor– Si así fuera no dejarían a la aldea tan desprotegida
–Es verdad, sería más lógico que se organizaran en grupos para salir y otros para quedarse a custodiar la aldea– Agregó Sango
–Sango tiene razón...– Exclamó el monje Miroku– Inuyasha, será mejor que nos acerquemos a alguien para preguntar por los detalles
–Me parece bien– Inuyasha respondió y siguió a Miroku quien se dirigía lentamente con un par de aldeanos entrados en años
–¿Qué tal, señores? Somos unos humildes forasteros– Miroku hizo una breve pausa cuando ambos aldeanos saludaron con sus cabezas– Al pasar por aquí nos hemos percatado de que la aldea es demasiado grande como para tener tan pocos habitantes
–Así es, joven monje– Respondió uno de los aldeanos– Esta solía ser una de las aldeas con mayor número de habitantes. Pero desde hace unos días, las personas han estado desapareciendo misteriosamente.
–¿A qué te refieres con misteriosamente, anciano?– Preguntó Inuyasha con extrema descortesía
–¿Eres un demonio?– El otro aldeano preguntó observando las orejas de Inuyasha
–Al parecer son varios demonios– Corrigió el compañero mirando con recelo a Shippo y a Kirara
–Pueden estar tranquilos, Inuyasha es un buen muchacho– Explicó Aome
–No te molestes en explicarles eso, Aome– Dijo Inuyasha con notorio fastidio– Después de todo son ellos los que están en problemas...
–Oigan, ninguno de ellos los dañará– Sango interrumpió a Inuyasha para evitar más las desconfianzas con los aldeanos
–Ah un monje, una exterminadora de demonios y además una sacerdotisa viajando con criaturas sobrenaturales– Concluyó uno de los ancianos
–Creanme que todos tenemos las mejores intenciones de ayudarles– Intervino el monje para que Inuyasha no complicara más más cosas– Así que sean tan amables de contarnos lo que éste sucediendo aquí
–Verá, los aldeanos solían ir en pequeños grupos hacia la profundidad del sendero, lo hacían para recolectar plantas medicinales, pero hace unos días, estos grupos empezaron a desaparecer– Dijo uno de los ancianos
–Si, después de eso, grupos más numerosos se encargaron de ir a buscar a los desaparecidos...– Agregó el otro aldeano– pero eso no duró mucho ya que uno de ellos volvió con una aterradora noticia
–¿Qué noticia?– Preguntó Miroku
–El joven nos habló de una criatura monstruosa– Continuó el anciano.– La describió como una persona de casi cuatro metros de altura, con cuernos y afilados colmillos sobresaliendo de su boca.
–También mencionó que tenía la piel roja, pero que por algún motivo parecía hecha de barro... Con cuarteaduras. Una cosa horrible– Terminó de describirla el otro aldeano
–Por la descripción es muy probable que se trate de un Oni– Dijo Sango
–¿Qué es eso?– Preguntó Aome
–Un Oni es una criatura que habita los pantanos. Se caracteriza especialmente por hacer que los viajeros se pierdan para secuestrarlos y robar sus almas– Explicó el monje
–Tenemos que ayudarlos, Inuyasha– Dijo Aome
–¡Hmmp!– Inuyasha se limitó a hacer un sonido de desaprobación
–Vamos, Inuyasha. Cualquier cosa podría ser una pista de Naraku– Dijo Aome con seguridad
–Ay está bien, pero que quede claro que lo hago solo por encontrar a Naraku– Respondió molesto el Hanyo
–Si, como tú digas, Inuyasha– Exclamó la joven sacerdotisa con aires de exagerada aprobación
–¡Ay qué cinismo!– Agregó Inuyasha
Luego de adentrarse por el sendero que los aldeanos habían indicado, el grupo empezó a desesperarse. No habían encontrado rastro alguno de aquel monstruo.
–¡Aome, deja de usar eso!– Estornudó Inuyasha.– ¡Esa cosa me lastima la nariz!
–Lo siento Inuyasha, pero por más que trato de ignorar esto no puedo, los mosquitos son muy molestos– Aome siguió rociando el repelente de mosquitos por todo su cuerpo
–¡Me estás mareando!– Dijo el Hanyo bastante irritado por el olor del repelente de la joven
–Eres un exagerado Inuyasha... No huele tan fuerte– Aseguró el pequeño zorrito
–Shippo, el olfato de Inuyasha es mucho más sensible que el tuyo– Explicó la exterminadora tapando a kirara.– También ella lo reciente mucho
–¡Bahh! Eres muy egoísta, Aome– Gritó el Hanyo.– Por tu culpa Kirara y yo estamos mareados
––Lo siento mucho, Sango– Aome sonaba arrepentida por usar su repelente
–¡Ay y ¿por qué no te disculpas conmigo también?!– Gritaba Inuyasha tapándose la nariz
Aome lo había ignorado. Estaba con su mochila recargada en un tronco guardando el repelente para mosquitos.
–¡Aome, no me ignores!– El Hanyo agitaba su mano para llamar la atención de la joven
–Calma, Inuyasha... – El monje Miroku daba ligeras y seguidas palmaditas en el hombro de su amigo– tienes que aprender a ser más tolerante con la señorita Aome.
–Es verdad, ella no está acostumbrada a estos lugares– Sango dió la razón al monje
–¡¿Qué les pasa que siempre me critican por todo?!– Inuyasha sonaba irritado.– ¡Además ella tiene la culpa por usar esa ropa tan pequeña! Es normal que los mosquitos...
–¡¡Inuyasha!!– El grito de la sacerdotisa interrumpió las palabras del Hanyo
–¡Aome!– Inuyasha observó a la joven, quien era levantada en el aire por el monstruo del pantano que habían ido a buscar
–Pero si es el Oni del que nos hablaron los aldeanos– Dijo Sango preocupada por su amiga
–¡Está horrible!– Gritó Shippo con exageración
–Si, al parecer es mucho más aterrador de lo que los aldeanos nos dijeron– Miroku observaba con angustia el momento
–Maldito... ¡Quita tus asquerosas manos de Aome!– El Hanyo amenazó desenvainando a su Colmillos de Acero
–¡Inuyasha!– Gritó aún más fuerte la sacerdotisa después de que el Hanyo cortará la mano del monstruo y ella saliera volando
–Descuida, lo tengo todo calculado– Inuyasha recibió a Aome antes de caer al lodo llevándola cerca de los demás.– Cuiden de Aome
–Si... ¿Aome te encuentras bien?– Preguntó la exterminadora
–Si, Sango... Estoy bien– Respondió la sacerdotisa con un ligero asco por el hedor del monstruo
–Ese monstruo huele bien feo– Dijo Shippo tapando su nariz
–Los monstruos de los pantanos son muy apestosos– Explicó Miroku cubriendo la mitad de su rostro con una de sus mangas
–Qué maravilloso manjar ha llegado hoy... Dos hermosas jovencitas– Habló por primera vez el Oni
–¡Aghh! ¡Eres desagradable!– Inuyasha se dispuso a volver atacar al monstruo, pero fue lanzado lejos con un oloroso lodo lanzado por la boca del monstruo
–¡Inuyasha!– Gritó preocupada la sacerdotisa
–Oh no, el olor de esa cosa podría ser un gran problema para Inuyasha... Incluso Kirara no ha podido transformarse– Explicó la exterminadora preocupada por su gatita demonio
–Tal vez la señorita Aome puede purificar sus energías– El monje no había terminado de decir cuando vio a Aome apuntando con su flecha a la boca del Oni
–No te preocupes, Aome... ¡Yo terminaré con este monstruo!– Inuyasha se lanzó en el aire pero sus movimientos, además de lentos, eran muy errados.
–¡Ja ja ja! Así nunca lograrás matarme... Mi escencia es especialmente para deshacerme de seres con olfato muy desarrollado– El monstruo lanzó más lodo al cuerpo de Inuyasha
–¡Mejor cállate! ¡No eres más que un monstruo apestoso!– Gritó el Hanyo mientras cubría su nariz
–Inuyasha está muy mareado... Así no podrá vencerlo– Pensó la joven sacerdotisa
–¡Inuyasha, a un lado!– Dijo el monje.– ¡Lo absorberé con mi agujero negro!
––¡Ay no te metas, Miroku!... ¡Yo puedo acabar fácilmente con este debilucho!– El Hanyo atacó de nuevo, pero igual que antes, no consiguió herir al monstruo
–Señorita, Aome. Quizá usted podría usar su conjuro contra Inuyasha para que caiga y le sea difícil ponerse en pie por el lodo, así yo podría aprovechar para absorber a ese monstruo– Explicó el monje
–Está bien, monje Miroku– Aceptó la sacerdotisa
–Excelencia, antes de eso deje que Aome utilice una de sus flechas para purificar el lodo que el Oni expulsa por la boca– La exterminadora sonaba preocupada. Pero seguía cuidando de Kirara y Shippo
–Es verdad, Sango. No parece venenoso pero jamás había visto algo así. Será mejor prevenir cualquier situación– El monje se preparaba para absorber al monstruo
–¡Inuyasha!– Aome gritó para llamar la atención del Hanyo
–¡¿Qué pasa, Aom...?!– Inuyasha volteó preocupado por la joven pero fue llevado hasta el lodo por el conjuro
–¡Abajo!– Dijo la sacerdotisa antes de que Inuyasha pudiera terminar de hablar
Cuando Inuyasha calló al lodo se quedó inmóvil. En eso Aome lanzó una de sus flechas sagradas directamente en la boca del Oni provocando que la cabeza de éste se partiera en muchos pedazos. El monje Miroku aprovechó para absorber por completo el gigantesco cuerpo del monstruo.
–Por fin terminó...– Dijo Aome y después corrió hacia el Hanyo.– ¿Inuyasha estás bien?
–No– Respondió Inuyasha muy mareado y asqueado por el hedor del monstruo
–Inuyasha...– Aome agitaba su mano para darle aire a Inuyasha
–Aome... Hueles igual de mal– Después de decir eso, Inuyasha se desmayó
–¡Inuyasha...!– Gritó preocupada la joven sacerdotisa
–No te preocupes, Aome– La exterminadora trató de calmarla.– Deberíamos llevarlo lejos de aquí
–Sería bueno ir al río más cercano para que Inuyasha pueda lavarse– Dijo el monje
–Está bien...– Respondí Aome tratando de levantar al Hanyo.– Oye Shippo ¿crees que podrías llevar a Inuyasha? La pobre Jirafa también está afectada
–Claro que puedo intentarlo, Aome– Aseguró el pequeño Shippo
Poco tiempo después de caminar, el grupo encontró un río de poca profundidad y Aome con la ayuda de un recipiente pequeño, se encargaba de lavar el largo cabello plateado de Inuyasha ya que él seguía inconsciente.
–¿Creen que tarde mucho en despertar?– Preguntó la sacerdotisa
–No lo sé con seguridad pero es probable que no tarde mucho en hacerlo– Aseguró el monje
–Si, Aome. Kirara ya está mejor, pero el pobre de Inuyasha recibió directamente el oloroso ataque– Dijo Sango acariciando la cabecita de Kirara
–Pobre Inuyasha... Después de todo su olfato es como el de un perrito– La sacerdotisa rió mientras sacudía despacio el cabello del inconsciente Hanyo
–Aome... No me trates como un perro– Dijo Inuyasha pausadamente como si estuviera ebrio
–Lo siento, Inuyasha. Sólo estoy tratando de limpiar tu cabello lo más que pueda– Aome continuaba masajeando despacio la gran cabellera plateada
–Amhh es muy relajante eso que estás haciendo– Inuyasha hablaba con un tono lleno de satisfacción.– Oye ¿Qué ha pasado con tu olor, Aome? Ya no hueles tan bien como antes
–Ay Inuyasha... ¿Qué cosas estás diciendo?– La joven se sonrojó.– Primero estoy tratando de quitarte el olor a ti, después seguiré yo
–Aome, quítate esa ropa sucia– El Hanyo pidió sin ningún otro motivo más que el de la esperanza de que así la sacerdotisa recuperara su aroma natural
–Inuyasha, por favor no digas más tonterías– Contestó nerviosa y con las mejillas completamente enrojecidas
–Es como si estuviera borracho– Dijo Sango observando de lejos la escena con un poco de incomodidad
–Así es, Sango– Respondió Miroku.– Nosotros también deberíamos quitarnos esto y darnos un relajante baño mientras nos limpiamos mutuamente...
La exterminadora se limitó a pegarle una fuerte cachetada al monje Miroku
Minutos después de que la sacerdotisa terminara de lavar el cabello del Hanyo, y mientras esperaba a que él recupera completamente la conciencia, decidió tomar un baño, pero Aome estaba bastante acostumbrada a utilizar diferentes productos con ricas fragancias. Por eso mismo, no estaba conforme con los resultados que el agua, sin nada de jabón, le había dado.
–Ay Aome, ya déjalo así– Ordenó Inuyasha cuando despertó y observó a la joven lavar su cabello con mucha insistencia.– De cualquier manera ese olor sólo va a desaparecer después de varios días
–Lo decidí... Voy a regresar a mi casa– Dijo Aome bastante convencida
–¡¿Que qué?!– Preguntaron todos al mismo tiempo
–¡Ay Aome. Estás loca si crees que voy a dejarte regresar a tu casa tan pronto!– Agregó Inuyasha bastante indignado
–¡Pero ni siquiera te estoy pidiendo permiso, Inuyasha!– Dijo la joven sacerdotisa muy enojada
–¡Necia!... ¡No tienes nada a qué volver!– Inuyasha sonaba más irritado por la situación que de costumbre
–Solamente quiero ir a mi casa a tomar un baño con agua caliente y mucho jabón. ¡Voy a regresar mañana, Inuyasha– Aseguró Aome
–Inuyasha es muy egoísta– Dijo Sango cansada por la situación.– Ni siquiera fue su repelente para mosquitos el que te molestaba, Inuyasha... Siempre fue ese feo hedor del monstruo
–¡Arrrgh!– El Hanyo se limitó a hacer ese sonido
–Si, Inuyasha. La señorita Aome se preocupó bastante por limpiar y mejorar tu aspecto... No insistas más para que se quede– Explicó el monje Miroku
–Es más... Acompáñame, Inuyasha– Pidió la joven muy emocionada
–¿Aome, estás segura de estar bien de la cabeza?– Dijo el Hanyo muy sonrojado por la petición de la sacerdotisa
–Anda, Inuyasha... si dices que si, dejaré que tú también tomes un baño lleno de burbujas y mucho champú– Ofreció Aome con mucho entusiasmo
–Ay Aome, estás loca... No me gusta mojarme y mucho menos esa cosa a la que llamas champú– Respondió el Hanyo con mucha confusión
–Si, Aome. ¿Qué es eso?– Preguntó el pequeño zorrito con curiosidad
–Pues verás, Shippo... El champú es un líquido que con el agua hace mucha espuma, además es especial para limpiar el cabello y deja un delicioso aroma impregnado en él– Explicó Aome
–Uy qué interesante, Aome– Respondió el pequeño
–Ya veo por qué Inuyasha dice que la señorita Aome siempre huele bien– Dijo el monje con extrema serenidad molestando a Inuyasha con su comentario
–¡Ay ¿y yo cuándo he dicho eso, maldito monje mentiroso?!– Gritó Inuyasha molesto
–Tranquilo Inuyasha... Aunque no lo dijeras, todos sabemos que eso es lo que piensas– Respondió Miroku ganándose aún más el odio por parte de su amigo el Hanyo
–Vamos, Inuyasha... Será rápido ¿Si?– Insistió Aome con mucho entusiasmo
–¡Que diga que si! ¡Que diga que si!– Gritaban los demás animando a Inuyasha
–¡Ay cállense!– Gritó Inuyasha cuando Aome se unió a los demás
Continuará...
¡Hola, aquí la segunda parte de esta pequeña historia por San Valentín!
Me han ganado los tiempos por la universidad pero todavía es 14 de Febrero. Más tarde subo el resto de la historia... Mientras tanto
¡Que sigan disfrutando!
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