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Nueve de Febrero de dos mil diecinueve

Bueno, creo que uno de mis miedos siempre había sido enamorarme de alguien, confiar tanto en esa persona al extremo de que mis secretos queden en sus manos y pueda hacer lo que quiera con ellos, de que pueda usarlos en mi contra.

Para poder llegar al punto, debo ir al origen de todo.

Cuando mi interés estaba en un gusto pasajero, en Ángel, el chico que me gustó los tres años en que cursé la secundaria. Mi objetivo al principio había sido olvidarlo, sentía que jamás podría haber algo entre los dos, él sabía lo que sentía y la forma tan estúpida e inesperada, en cómo reaccionó fue lo que me llevó a mis intentos por fingir que nada pasaba, que todo sentimiento se había ido.

Entonces un bendito concurso de baile apareció. Para ser sinceros, en ese tiempo bailar era lo más bello que podría hacer, y desde el momento que supe del concurso, me animé a juntar un grupo para hacer una presentación. Los grupos podrían ser conformados por alumnos de diferentes salones.

Tenía una amiga que había propuesto que Ángel fuera parte y que haría lo posible para que me tocara bailar juntos de nuevo, porque sí, ya habíamos hecho una presentación para una de las clases de inglés, era una obra, él era el príncipe y yo cenicienta, odié demasiado esos momentos juntos, porque él actuaba increíble, me hacía las cosas demasiado confusas, no sabía estaba dentro de su papel. Pero el caso aquí, es que no, no baile con él de nuevo; y no porque yo no quisiera, sino porque alguien más había aparecido.

Adan Contreras, era un alumno del tercero "C", otra recomendación de la misma amiga, porque se suponía que él era bueno bailando, y já, sí lo era.

Él nunca tuvo interés en mí, ni yo en él, pero fue una excusa para decir que Ángel era asunto olvidado.

Mis sentimientos se estaban aclarando y Ángel realmente quedó en el pasado, hubo un tiempo en el que preferí enfocarme en lo importante; mis amigos .

Estaba por salir de la secundaria y disfruté mucho de ellos, pero nunca creí que pasar a otra escuela sería dejar lo que más me hacía feliz.

Sí, entré en tremenda depresión en ese entonces, porque ya no tendría a las personas que me dejaban ser yo misma. El cambio fue brusco, no me lo esperaba. Conocí personas detestables y volví a sufrir el bullying de la secundaria.

Jamás imaginé caer en un estado extremadamente vulnerable, cualquier comentario me hacía sentir rota.

A inicios de la secundaria, yo me había prometido ser fuerte y no permitir que alguien más tenga el poder de herirme, pero los problemas en casa y lo horrible que fue dejar ir a mis amigos, me sobrepasó. Permití demasiado, había un chico del grupo al que le gustaba, pero de todas formas era un fastidioso, que yo por no sentir lo que él esperaba, aguanté sus burlas enfrente de otros.

Y fue entonces, que Adan Contreras volvió a hacerse presente.

Podría decir, que era lo único bueno de ese lugar. Él había quedado en el grupo de un amigo —a dos salones del mío—, y fue por eso que lo veía a diario. En esos últimos días, mi internet se había marchado y me la pasaba aburrida todo el tiempo en mi casa. No sé cómo y si sé, no me acuerdo; Adan había conseguido mi número de celular. El caso es que, yo no contaba con saldo y él lo sabía. Ese día me envió un mensaje diciendo "Hola, soy Adan", ni siquiera podía responderle y entré en shock, cuando me llegó una notificación de que había depositado saldo a mi número, minutos después, un "de nada" de parte de él.

1. Una buena persona se equivocó de número.

2. Era mentira y Telcel me estaba jugando una broma.

3. Él prefirió meterme saldo para conversar conmigo.

Yo no podía aceptarlo, y ni siquiera sabía cómo procesar lo ocurrido.

Le pregunté unas mil veces si había sido él, pero todo el tiempo lo negó, con emojis riendo, já.

Y en mi cabeza sólo existía una pregunta: ¿por qué?

Pero bueno, creo que la mejor parte, fue hablar día y noche, sin descansar. Él fue la primera persona con la que hablé demasiado, nunca nos aburríamos y siempre había un tema que sacar.

Y perdón, pero el chico estaba enamorándome poco a poco, ¡ni siquiera me había dado cuenta! Fue hasta el día en que me invitó al cine con unos amigos, cuando supe que algo andaba mal en mí. Me había preocupado por lo que usaría, quería verme bien, por él.

Entre la moda y yo, siempre existió un largo espacio. No nos llevábamos. La combinación de ropa, los zapatos o el aspecto de mi cabello, bueno, eso está muy lejos de lo que puedo ofrecer.

En fin, yo me negué utilizando la excusa de que no tenía dinero y que mis padres no me dejarían. Fue buena, hasta que dijo que él pagaría.

Resumiendo las cosas, esa ida al cine lo cambió todo, después de ese día, entre los dos, hubieron más acercamientos, más abrazos, más mensajes de texto.

Hasta que ese día de septiembre, lo dijo: necesito decirte que me gustas susurró cerca de mi oído mientras me envolvía en un cálido abrazo. El día anterior me había comentado que quería hablar conmigo de algo, y escuchar esas palabras con la voz nerviosa, causó una sensación dentro de mí, inexplicable.

Quería llorar.

En vez de eso, lo abracé más fuerte y le respondí que a mi también me gustaba, no sé cómo pude hablar, pero lo hice y nos mantuvimos abrazados por un largo rato. Estaba muy nerviosa, yo no sabía qué hacer, nunca creí gustarle al que me gustaba. Lo veía lejos de la realidad.

Las semanas pasaron, estaba muy feliz, pasábamos todo el tiempo juntos. Charlas hasta la madrugada, la unión de su mano con la mía, la forma en que me trataba, nuestras familias llevándose bien y aceptando lo que teníamos. Él iba a mi salón o yo al de él, cuando se burlaban de mí, me defendía. Para mí, era perfecto. Lo creí por un momento, mi héroe.

Nada dura para siempre.

Eso era algo que debía memorizar.

Aún no superaba mi inseguridad —sigo sin hacerlo—, me guié por comentarios de terceras personas, las cosas se complicaron y mi cabeza estaba por explotar.

Mi madre hizo que me diera cuenta de que había un detalle que pasamos desapercibido:

¿Qué éramos?

Fue una pregunta que llegó de golpe, no sabía lo que éramos. Nos gustábamos, nos tratábamos como algo más que sólo amigos o compañeros, nos mirábamos de una forma distinta. Sin embargo, él nunca me pidió que fuéramos novios.

Yo estaba por hablar con él sobre eso, pero justo un día de salida en la escuela. Íbamos juntos, entrelazando nuestras manos y en frente de nosotros, mi mamá con el ceño fruncido estaba esperando.

Ella me dijo días atrás, que no había problema en que fuéramos novios, pero no quería que nos tratáramos como tal, si no lo éramos.

Entré en otro de mis colapsos nerviosos, solté su mano de forma rápida al verla y me sentí mal por eso.

Tomamos caminos separados, mi mamá no dejaba de bombardearme con sus preguntas y de un momento a otro, en mi plena desesperación, le mandé un mensaje a Adan pidiendo que sea lo que sea que fuéramos, terminará.

Rato después, cuando estaba más tranquila, iba a pedirle una disculpa y le iba a explicar las cosas, pero él dio por acabado todo con un "Está bien, tal vez estuvimos envueltos en algo que creímos diferente, es mejor quedar como amigos".

Esa tarde le lloré demasiado, me sentí la chica más tonta del universo. Había dejado ir a la única persona por la que llegué a sentir lo que era el amor de pareja. Nunca había utilizado la palabra te amo con un chico, pero sin duda, él me hubiera llevado a hacerlo, yo pude habérselo dicho, y ahora eso ya no importa.

Aunque agradezco no habérselo dicho, ni haberlo besado.

Porque días después ya andaba con otra, entonces me di cuenta de que su cariño hacia mí no era el que creía. De haberme enfrascado más con él, creo que el dolor habría sido mucho peor.

Fue ese el instante —o tal vez mucho tiempo después —, cuando me di cuenta de que si algo debería importarme, sería yo. Tenía mi autoestima tan debajo de los suelos, la depresión no se iba y yo no podía seguir pensando en que fracasé en un nada. Tenía problemas peores, no podía dejarme derrumbar por alguien, supe que clavarse tanto con una persona, era depender de ella. Yo no quería que mi felicidad dependiera de alguien más. Aprendí a aceptarlo, somos eso que él me pidió, amigos.

Tal vez no he podido superar algunas cosas o extrañe momentos, pero sin duda algo que debía abarcar mis pensamientos, era la idea de que debía empezar a amarme a mi misma, apreciar lo que tengo y no algo que ya no está, que ya no existe. Lo perdí, pero gané cosas mejores. Conocí gente increíble, aprendí cosas que veía lejos de mi zona de confort, y actualmente, vivo luchando contra mis miedos.

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♥9/14♥

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