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Tres de Febrero de dos mil diecinueve
Despertar esa mañana fue más difícil de lo normal. Mis ojos no querían abrir, mi cuerpo pesaba más de lo habitual y mis pies querían con todas sus fuerzas huir lejos.
Lo conocí un día aburrido de Junio, en el que no hacía más que escuchar música. Me escribió porque se cambiaría de colegio al mismo donde yo estudiaba, y teníamos un amigo en común, así que no fue difícil coincidir.
Dudé en contestar, pero decidí finalmente hacerlo. No me arrepentí al descubrir que era una persona con tanto dentro de sí. Hablamos de cosas banales, como también hablamos de átomos, de la creación, de las personas, de las almas; todo tema tocado con él parecía interesante, limpio, puro.
Con el pasar de las semanas, llegó el día donde lo conocería en persona, estaba sumamente nerviosa, me probé muchas cosas antes de llegar al atuendo ideal, peiné mi cabello de distintas formas frente al espejo, preguntándome "¿por qué hago todo esto?" y es que mi corazón se negaba rotundamente a aceptar que un alma penetrara nuevamente mi vida.
Al verlo, mi pulso se detuvo, el aire parecía desvanecerse y mi corazón amenazaba latente con salir de mi pecho. Lo primero que hice fue abrazarlo, fue uno de esos momentos que supe que no se me olvidaría nunca.
Nos vimos solo media hora, treinta minutos los cuales nos la pasamos riendo, bromeando, molestándonos.
Por alguna razón, desde ese día fuimos más unidos, comenzamos a contarnos todo, a escribirnos diariamente, a hablar de madrugada hasta que el otro tomara iniciativa de irse, a hablar algunas veces por llamada, donde mi estómago me avisaba ferozmente que lo que sentía no eran mariposas, sino un huracán.
Y lo acepté: estaba enamorada. Me gustaba aquel chico que aparentaba seis años más que su edad, con su barba, su tez morena y sus ojos escandalosos. Me gustaba y no había marcha atrás, tenía que sostener fuertemente mis sentimientos y acarrearlos por el camino adecuado. Así que callé, porque él no sentía lo mismo.
Por obvias razones, al iniciar clases comenzamos a vernos diariamente, él estaba en un grado superior, pero pasaba los recesos conmigo y me llevaba hasta mi aula, donde me despedía con un beso en la mejilla. Cada viernes por la noche, hablábamos por llamada hasta altas horas de la madrugada. Se convirtió en una rutina, en algo que me hacía sentir feliz, me hacía sentir viva.
Así pasaron los meses, ocultándole todo lo que sentía por él.
Hasta que un miércoles siete de diciembre me llamó, y entre charlas banales, me preguntó:
—¿Quién te gusta?
Y ahí estaba, esa pregunta que por meses me preguntó, pero siempre le contesté que nadie. Ahí estaba, esta vez sonaba diferente, esta vez él sabía lo que sentía.
—¿Por qué preguntas?
—¿Soy yo?— soltó.
—Sí.
Y se hizo el silencio. Un silencio, que por poco, llegaba a ser asesino. Él lo sabía, y lo que seguía después era un completo misterio que martillaba mi cabeza.
—Vaya, lo siento— fue lo que dijo.
Sentí un agujero en la boca del estómago.
—¿Por qué lo sientes?— pregunté.
—Por no haberte dicho antes que también me gustas.
Algo en mí dio un vuelco, y ahí fue donde todo comenzó.
Los meses pasaron fugaces, las risas, las salidas, los besos, las miradas cómplices, su mano sobre la mía, se volvieron sólo sombras con el pasar de los meses, los cuales, traían problemas consigo.
¿Qué estaba mal? No lo sabía. Él actuaba de una forma extraña. Comenzó a decirme cosas hirientes.
"Haz deporte para que tengas un mejor cuerpo."
"Esa blusa no te queda bien."
"Deberías comer mejor, sólo digo."
¿Dónde se había ido ese chico dulce que conocí, con sus palabras cálidas, sus ojos estrellados, sus palabras extrañas y sus manos tranquilizantes? ¿Dónde estaba? ¿Cuándo dejé de ser su niña, su cielo, su amor? Al parecer él se había ido lejos, sin regreso alguno, sin retorno.
Una vez me llamó llorando, me afirmó que en su casa todo iba mal. Escuché cada palabra, lo consolé. Esa noche me repitió infinitas veces que me amaba, que lo sentía.
—Dime que me amas.— pidió.
¿Qué pasaba? Él estaba en un momento tan débil, tan frágil. Algo sucedía, algo que no me estaba contando.
—Te amo.
En ese momento, se cortó la llamada.
Entendí todo un mes después, cuando, me pidió hablar.
—Es que algo está sucediendo.— dijo.
Respiré, intentando calmar los nervios que afloraban por mis poros. Sabía que lo venía a continuación, así que luché para que mis lágrimas se quedaran donde estaban, ahí dentro.
Asentí, indicándole que siguiera.
—Hace un tiempo fui a una fiesta— hablaba temeroso, en voz baja. —Fiesta a la que asistió una amiga.— cerré los ojos con fuerza, intentando eliminar lo que estaba escuchando. —Estaba muy borracho, sólo quería olvidar todo. Ella se acercó a mí, me abrazó y consoló. Sin darme cuenta, pasó, simplemente pasó, nos estábamos besando.
Una parte de mí desapareció al oír esto, mi corazón se oprimió en mi pecho, comencé a respirar con dificultad. Él, sólo me miraba, esperando una reacción por mi parte.
—Olvídate de nosotros.— fue todo lo que le dije.
—Lo siento. Yo...— se calló, sabía que cualquier cosa que dijera, no iba a enmendar lo que había hecho.
Esa noche lloré, lloré hasta que me cansé de llorar, hasta que mis ojos dolieron y mi cabeza parecía estallar.
El día siguiente fue peor, cuando, por una amiga que teníamos en común, me enteré que no sólo se habían besado ese día, sino dos veces más.
Así que sí, ese día despertar esa mañana fue más difícil de lo normal, porque no sólo tuve que abrir los ojos a ese día, sino a un sin fín de sucesos.
. . .
Quiero añadir que meses después de esto, seguía mal. Este suceso trajo consigo miles de inseguridades, que tarde o temprano tendría que afrontar. Me costó un año entero perdonar a esta personita, pero lo hice y no hay nada más liberador que el perdón, tanto hacia ti mismo como hacia la persona que te dañó. Esto me hizo fuerte, me hizo amarme más a mí misma, me enseñó que no siempre conocemos a alguien, que hay que estar alerta ante las señales, que no todo suceso malo es el fin del mundo, sino el comienzo de otra historia. Ámense, lindos lectores. No estén con alguien que los dañe, sino que los haga crecer. Son fuertes, son inspiración, son almas en corazas. Son vida. Ustedes pueden. ❤
♥3/14♥
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