Capítulo 8

-Me encanta teneros aquí - Comentó Marcos, el cuñado de Lucas-. Estoy muy contento del reportaje que me has hecho por San Valentín. Fue todo éxito. Quiero hablar para unas futuras ideas que tengo en mente...

-Por supuesto, no te preocupes... -Le aseguró Thom.

-Y ciertamente, me gusta que estéis vosotros dos prometidos. Pero podríais haberme dicho algo -Se quejó con una sonrisa agradable.

-Lo siento Marcos, Sabrina es un poco tímida sobre ese tema...

-Bueno, yo me marcho a casa que me espera tu hermana Bianca. Quiero estar con ella antes de que se me vaya una larga temporada a Sídney.

-No se como lo aguantas -Dijo Lucas-. Pídele que no viaje tanto...

-Que le vamos hacer, su trabajo es así.... Le quito eso, y le quito la vida –Rió mientras se despedía de las dos parejas.

-Veo que le va muy bien con ésta compañía de teatro -Comentó Helen.

-Sí, dice que tiene muy buenos compañeros de trabajo y con ésta obra se siente muy a gusto. Supongo que está aprovechando un poco, antes de quedarse embarazada. Luego se cogerá obras más pequeñas...

-¿Cómo se encuentra Hannah con la pierna? -Preguntó Sabrina al haber mencionado él, el tema de niños.

-Enfurruñada -señaló Helen con cariño-, la pobre no puede salir al patio a jugar con sus compañeros.

-En el fondo le está bien empleado -Interrumpió Thom-. Es una chica, no tiene por que subirse a un árbol para demostrarse mejor que a los chicos.

-Tiene catorce años -observó Sabrina-, mejor para ti que aún piense en retar  a los chicos, que querer ligárselos -. Sonrió al ver el fruncimiento de su amigo, ante la idea de que su hija tuviera novio a tan temprana edad.

-En eso tiene razón -Apoyó Helen.

-Pues que quieres que te diga -contradijo en tono burlón Lucas-, si no tiene un novio pronto. Corres en peligro de tener a una mini-Sabrina -Dicho aquel comentario, solo se escucharon las carcajadas de los dos hombres. Mientras que ellas dos los fulminaban con la mirada.

-¿Qué? -Protestó Thom-. Venga vamos, ha sido una observación cariñosa. Acertada, pero con cariño... -Carraspeó un poco, al ver que sus expresiones seguían sin producir cambio alguno-. ¿Oye Lucas, verdad qué no lo has hecho sin ningún ánimo de ofender?

-Por supuesto, es solo que me ha recordado mucho a ti Sabrina -Se giró hacia ella, poniéndole ojitos de cordero degollado-. Vamos mujer, no seas así... siempre decías que no querías tener aún pareja. Y con cualquier cosa, ibas demostrando la igualdad de sexos...

-Pero ahora no es así, ya que al fin declaró que estáis muy enamorados y que tenéis pensado en casaros... -Señaló en broma Thom.

-¡Thom! -Lo reprendió su esposa.

-¡Qué! Se besan y salen en una revista. Pasa un poco de tiempo y me los encuentro yo besándose otra vez. No sé, si se vuelven a besar después de aquella última vez. Pero aparece que están prometidos y luego San Valentín -Miró a su mujer exasperado-. Y hoy, me los encuentro a los dos en el sofá de su oficina...

-¿Cómo? -Helen abrió los ojos y miró a Sabrina en busca de una respuesta. Y la vio, con la cara roja pero sin saber si era de vergüenza o de ira.

-Que culpa tengo yo, de que éste sea un pulpo y se aproveche de cualquier
situación... -Acusó en su defensa.
-¡Lucas! -Lo recriminó Helen, pero sin poder ocultar mucho la sonrisa que le
asomaba a los labios.
-Que culpa tengo yo -Se defendió, pero sin ocultar su expresión de diversión en ningún momento-, de que ella no pare de provocarme en todo momento y yo me sienta atraído. Estoy esperando a que admita lo que siente por mí, y así poder...

-Acostarte conmigo -Murmuró ella-. Por que eso es lo único que buscas.

-Si yo fuera soltera... -Empezó Helen bromeando.

-Os juro que se volvería a fijar en mí -Puntualizó Thom.

-Creído -Dijeron las dos a la vez.

-Creo que estas desperdiciando tu vida al encerrarte solo en el trabajo-Expuso Thom.

-Y yo creo, que hay un momento en ésta vida para cada cosa-Se defendió.

-La felicidad, entra en todos los momentos -Puntualizó aquella vez Lucas.

-¿Desde cuando un revolcón, entra en la categoría de la felicitad? –Preguntó mientras se llenaba nuevamente su copa de champan.

-Desde que me conociste a mí... -Dijo sin ninguna vergüenza y con voz sexy-. Pero nadie a dicho nada de un solo revolcón.

-¡Cuidado! -Bromeó ella con ironía-. Dejar un hueco más, que en cinco minutos viene a cenar con nosotros el ego de Lucas. Son tan inseparables...

-¡Ja, Ja!...  –Rió éste con sarcasmo-. Que graciosa.

-Pues sí -Miró a Helen y las dos se pusieron a reírse a carcajadas, mientras brindaban y le daban un buen trago a sus respectivas copas.

-Parecéis dos brujas aquí brindando por cada comentario feminista –Subrayó Thom.

-Al menos, nosotras reconocemos que podemos llegar a ser arpías -Comenzó Helen.

-Pero vosotros, jamás admitiréis que vuestro ego es más grande que...

-¡Sabrina! -La cortó Helen riendo.

-Brindo por nosotras... -Alzó la copa Sabrina, después de volver a llenarla por cuarta vez-. Las arpías más guapas... -Y volvieron a bebérselas de un solo trago.

-Helen, mi amor -Comenzó Thom-, vamos por la mitad de la cena y os habéis bebido entre las dos una botella de champan.

-¿Qué ocurre mi vida, si querías un poquito haberlo dicho? -dicho aquello, levantó la mano y el camarero acudió de seguida-. Podrías ser tan amable de traernos... ¿Una? -Miró a Sabrina, para después sonreír traviesa-. Sí, mejor dos botellas de champan.

-Mejor nos traes agua -Interrumpió Thom.

-Pero yo quiero champan -Señaló Helen.
-Y yo también -Pidió Sabrina.

-Me parece que ya habéis tenido suficiente por ésta noche -Comentó con voz dulce Lucas.

-No estoy embarazada, ni conduzco... -Indicó Helen con risas-. Y tampoco veo doble... -Se le escapó un poco de hipo-. Así que... Tráiganos esa botella.

-Mejor, que sea un benjamín. Como queda muy poco para pedir los cafés -sugirió Thom, un poco desesperado pero divertido por la situación.

-Eso, yo tampoco... -Comentó un poco tardía Sabrina-. Así que traiga el benjamín, por favor.

-¿Tú tampoco, de qué? -Le preguntó Lucas.

-Veo doble...Mmm...Estoy embarazada...Y sí conduzco...-Dijo satisfecha y con una gran sonrisa.

-Me parece que vas un poco chispa -Comentó él divertido.

-Sch… Sí, pero no digas nada -Le pidió, mientras con el dedo índice le indicaba silencio.

-De acuerdo, con una sola condición.

-Eres muy aburrido, no nos dejas reír... -Comentó soltando un suspiro.

-Ya claro, qué me dices si te digo que mejor conduzco yo tú coche y te llevo luego a tú casa.

-Te digo, que no me caes nada bien –Frunció el ceño.

-Que lástima -Sonrió-. Ya ves lo que eso me preocupa a mi, mi amor.

-¡Buf! -Gruñó-. No me llames así... Solo lo haces para provocarme.

-Y a ti, bien que te gusta que lo haga para poder responderme con esa lengua tuya tan afilada.

Soltó una carcajada, al ver como Sabrina le hacia una burla, sacándole la lengua como una niña pequeña. Parecía bien a gusto así, al menos se estaba soltando la melena. Y eso le gustaba, así podría atacarla más adelante recordándole todo lo ocurrido.

-Creo que mejor será irse para casa -empezó a sugerir Thom-. Quien iba a decir que estas dos se iban a soltar de tal manera.

-OH, que aburrido...-se quejó Helen, guiñándole el ojo a Sabrina-. Que te parece si nos damos una vuelta por un puf, hoy es Viernes...

-Mmm...Vale. Creo que abrieron uno nuevo hace dos semanas.

Thom y Lucas, se miraron con horror. Aquello se estaba volviendo demasiado irreal. Pero no pudieron esconder una sonrisa, ante la ocurrencia de las dos mujeres.
-Helen, tenemos a Hannah en... -Empezó a excusarse el hombre.

-Karol, es su canguro y no le importará quedarse hasta tarde. Para cuando es una de tus reuniones, bien que no te preocupas por ella -sonrió traviesa. Sabiendo que llevaba la razón-. Así que no hay ningún problema. Pero si este cansado, puedes volverte tú para casa. No te preocupes por nosotras -se giró hacia Sabrina-. Pero me parece que te toca conducir, estoy un poco contentica y no quiero que me paren y ya sabes...

-No hay problema... -Aceptó sin más Sabrina.

-Tú no conduces -Le zanjó Lucas riendo.

-OH, vale...Como me mandes mi comandante -se llevó la mano derecha a la cabeza, a modo de saludo militar-. Mira, otro viejo mandón.

-Sí -Admitió Helen-. Tenemos unos maridos...

-¡EH! Pro...Prometido -puntualizó ella riendo-. Aún no me he casado.

-Pero lo será, así que es lo mismo -alzó los ojos al cielo-. No me seas quisquillosa.

-Cierto. Y éste futuro marido tuyo, dice que es el momento de ir a la discoteca. Tú -le dio un golpe con delicadeza en la nariz con su dedo índice-, te vienes en mi coche y ellos en el suyo.

-¡Bien! -se levantaron las dos animadas por lo dicho de Lucas-. ¡Fiesta,
Fiesta!

Media hora después, Lucas llegaba a casa de Sabrina con ella durmiendo en el asiento del copiloto. Habían tenido muchísima suerte, que cayeran dormidas profundamente nada más sentase en el vehículo. Buscó las llaves en su bolso y se las metió en el bolsillo de la chaqueta. Dio media vuelta al vehículo y la cogió en brazos. Justo, cuando llegaban a la puerta, Sabrina se despertó un poco.

-¿Ya hemos llegado? ¿Dónde está Helen? ¿Y toda la gente?...

-Han cerrado la discoteca por una enredada, de manera que Helen se fue para su casa -Comentó rápido, mientras con ella intentaba sacar las llaves de su bolsillo.

-Vaya...-Sonrió con travesura-.Que fuerte que eres. Y que romántico de llevarme en brazos... Es justo lo que hacen todas las parejas en su feliz noche de bodas -Lucas, abrió la puerta y atravesó la entrada con ella aún en brazos-. ¡Que pena verdad! -Suspiró.

-¿El qué? -Preguntó sin mucho interés, pensando que no se sabía lo que decía la chica con tanto champagne.

-Que nosotros dos, no tendremos esa noche. Quiero decir que no la celebraremos...

-¿AH, no? ¿Y porqué? -Comentó al dejarla sobre la cama.

-Pues por que unas horas antes de que llegue ese momento, te darás cuenta de que nuestra boda habrá sido un fraude. No te enfades...-Puso morritos-. Fue principalmente idea de tu madre. Creo que el cura será falso.

-¿En serio? -Aquello, ya le parecía interesante.
-No lo sé aún, dado que está todo por confirmarse...Es decir, creo que ella quería saber si me atrevía....Uy! Se me están cerrando los ojos -Bostezó, mientras se abrazaba a la almohada y en milésimas de segundo pasaba a roncar con mucha delicadeza.

Algo rasposo y húmedo, le estaba acariciando la mano. Extrañada, abrió un poco los ojos para encontrarse con Bigotes, su pequeño gatito persa. Sonriendo, le acarició entre las orejas y soltó un profundo suspiro. Tenía que levantarse, era día de limpieza en su piso. Pero se estaba tan bien en la cama. ¿Cama? ¡Un momento! No recordaba como había llegado a su cama. Solo recordaba haberse subido al coche de Lucas... ¡OH, dios mío! Con temor se incorporó con velocidad, para llevarse enseguida las manos a la cabeza.

-¡OH! -Sollozó-. Mataré a Helen, me duele la cabeza de tanto champagne -Con gran frustración, volvió a recostarse. Momento que Bigotes, aprovechó para acercar su nariz a su cara-. Hola chiquitín -lo acarició con cariño-. ¿Sabes si ayer hice algo malo, aparte de emborracharme? ¡Maldita sea! No recuerdo mucho. Se que me trajo Lucas, y que me metió en la cama... -Asustada, se volvió a incorporar y con los ojos bien abiertos, levantó la sábana y miró con temor bajo ella.

-Tranquila, tú virtud sigue intacta -Indicó una sensual voz desde la puerta, consiguiendo que se llevara la sábana al cuello.

-¡AH! -Chilló asustada y mirándolo sorprendida y avergonzada-. ¿Qué diantres haces en mi dormitorio?-Su mirada se tornó de enfado-. ¡Y un cuerno, qué haces en mi casa!

A Lucas, le dio igual que ella estuviera enfadada. Cruzándose de brazos, se apoyó en el marco de la puerta y la miró detenidamente.

-Vaya...Así que eres de las que se levanta con mal pie.

-¡Fuera de mí casa! -Señaló con un brazo hacia él, con mucha energía.

-Increíble... -Se incorporó y metió sus manos en los bolsillos del pantalón, mientras con mirada divertida se acercaba un poco-. Ayer por la noche, no me decías eso.

-¡Mentiroso! -Le gritó furiosa consigo misma, por no acordarse de nada de lo ocurrido.

-Mira que eres mal pensada, a mi me parece que quien piensa siempre en sexo eres tú.

-Tú, eres el único culpable que me hace pensar mal -Lo acusó con enfado.

-No te cansas nunca, de señalarme siempre como el malo de la película -Inquirió con tono de humor.

-Déjame en paz  y prometo que dejaré de hacerlo.

-No puedo, soy tú prometido...-Levantó una mano, deteniendo su protesta-. Y antes de que incluyas algo ingenioso, te recuerdo que fuiste tú quien comunicó ésta noticia para que los paparazzi, nos dejaran en paz de una vez por todas -La miró con seriedad-. ¿No hay nada oculto por ahí verdad?

-¿Cómo? -Preguntó nerviosa. ¿Acaso él sabia algo del plan de su madre?

-Nada, que creo que lo ocultas de esa manera...

-¿El qué? –Apretó aún más fuerte la sábana.

-Que te sientes profundamente...

-Claro -Se golpeó la frente con la palma de la mano-, se me olvidaba que tengo que arrastrarme de deseo ante tu sola visión.

-Está bien, mejor lo dejamos -la miró-, tienes el mismo mal carácter hasta recién levantada. Y creo, que te tiene que dolerte bastante la cabeza -Sabrina le sacó la lengua, ante su comentario-. Vaya, ese gesto no te sienta bien, señorita seria. Es más típico de una cría...

-¿Quién lo dice, el jovenzuelo?

-Hoy te tengo piedad, pero otro día no me piques con una cama por el medio -le advirtió en tono sensual-. Te espero en la cocina, con el desayuno...Mapache -Rió.

¿Mapache? Se preguntó desconcertada ¡AH! Sus ojos debían de estar con el maquillaje corrido ¡Que ridícula había sido!...  Con las prisas por salir de la cama y mirarse en el espejo, se hizo un lío con las sábanas y acabó cayéndose al suelo con ella liada entre las piernas.
¡No! ¿Por qué a ella? Es que nunca iba a ir por delante de Lucas. El muy cretino, se lo tenía que haber pasado de maravilla con su doble espectáculo. Uno; su borrachera compartida con Helen. Y dos; por dejar que la viera con aquella pinta. Ahora, segurísimo que no se la tomaba en serio. Muy a pesar suyo, enchufó la ducha.

Antes de entrar en la cocina, se detuvo para poder observarlo a escondidas. Éste, se encontraba de espaldas a ella preparando algo que no lograba ver. Llevaba la misma ropa que el día anterior, más arrugado pero estaba igual de atractivo. Como iba aguantar la tentación que presentaba Lucas, para sus hormonas. Ahora lo tenía allí en su casa, era como tenerlo a tiro... Desde luego, cada vez le parecía más atractiva la sugerencia de Thom. Era joven, por lo tanto según se suponía tenía que divertirse. Un besito por aquí, otro por allá y como postre, un revolcón...Bueno, mejor dos. Pero con él, le era imposible tener una aventura. Su corazón había decidido otro destino, diferente a sus pensamientos. ¿Por qué, era tan facilona en lo que correspondía a meterse en líos? ¿Cómo iba hacerle aquel engaño? Cuando lo único que le apetecía, era conquistarlo... Aunque, sabía que no sería como quitarle un caramelo a un niño. Más bien, sería como realizar la búsqueda del Santo Grial.

-¿Puedo darme la vuelta ya, o quieres seguir admirándome un poquito más?

¡Qué! El muy canalla sabía que estaba allí espiándolo. ¡Dios que vergüenza!

-No seas tan creído -entró con la barbilla bien levantada y orgullosa-. Solo estaba intentando averiguar que estabas preparando. En dos palabras, si eres persona fiable.

Lucas, se la quedó mirando durante toda la parafernalia que había soltado con cara de póquer, para después alzar los ojos al cielo.

-Por supuesto Blanca nieves -Se giró y cogió de encima la encimera un plato lleno de fruta cortada-. Para ti, pero puedes respirar tranquila. Llamé a la bruja malvada, para que me diera su receta de la brillante manzana. Pero su espejo, me comunicó que se encontraba de vacaciones -soltó un fuerte suspiro-. Anda, siéntate y come. El café está también listo, junto con las tostadas...
-A sus ordenes mi comandante -lo miró con burla-, supongo que tendré que hacer caso a una persona más mayor que yo... -Vio como Lucas se giraba y la miraba fijamente-. Dicen que saben más.

-Creo que lo que necesitas, son un par de azotes en tu trasero como a modo de disciplina.

-Estoy segurísima, de que a ti te encantaría ponerlo en práctica...-Mordió un trozo de manzana-. Pero que pena, hoy no es tú día de suerte.

-No llames al buen tiempo, querida. Nunca se sabe como puede ir la cosa.

-Cambiando de tema. ¿Has dormido aquí? –Preguntó con sumo interés.

-Sí, en tu grandioso sofá de dos plazas...

-¡Ei! -se rió-. No haberte quedado...

-Pensé, que tal vez a media noche te hacia falta...

-¡Ha! -Atacó enseguida sin dejarlo terminar.

-Por culpa de las nauseas -acabó impaciente la frase-. Ves como la única que piensa mal siempre eres tú.

-¿Pero quién tiene la culpa de ello? Tú -Se rió desenfadada-. Quien va por ahí, diciéndoles siempre a Thom y quien se cruce, que quieres sexo conmigo.

-Pero nunca te atacaría, mi niña-Le guiñó un ojo.

-Que yo sepa, ya lo has hecho unas cuantas veces.

-Pero porque siempre me estás provocando –Rió-.  Y cambiando de tema....Hay que ir a buscar tú coche al hotel de mi cuñado.

-Gracias, pero no hace falta que me lleves. Precisamente hoy, había quedado con Marta. Queremos ir a dar un paseo por las tiendas.

-Así que no te da vergüenza, planificar tu vida sin tenerme en cuenta –Se burló-. Eso, no se le hace a un prometido, querida.

Masticó con tranquilidad el trozo de pan, que se había introducido en la boca.Por que si no, se le tiraba encima y se lo comía a él como plan del día.

-Creo que todas las parejas, tienen su pequeño espacio donde poder respirar...

-Cierto, no te lo discuto -Dejó su taza en la pica del fregadero-. Pero se supone que somos una feliz pareja prometida. Y creo, que es cuando apenas se toman ese pequeño espacio -se acercó a ella y se la quedó mirando, sin darse cuenta que le estaba poniendo los pelos de punta por no saber qué iba hacer o decir-. Creo que organizar una boda, les obliga a ello  Soltó con un poco de humor.

-Te recuerdo, que dije aquello para que me dejaran en paz... -Le recriminó, con los nervios alterados por tanta proximidad.
-Te recuerdo, que conoces a mi encantadora madre y ella, se espera otra cosa. Y me sabe muy mal, mentirle en una cosa como esa...

Sabrina, se atragantó con el trago a su taza de café, en cuanto escuchó aquellas palabras. Tosiendo para coger aire, se levantó mientras Lucas le daba palmadas en la espalda.

-¿Te encuentras bien? -le preguntó, un pelín preocupado. Pero escondiendo su sonrisa al saber que sus palabras habían provocado aquello. El timbre sonó, extrañándolo.

-¡Que bien! Debe de ser Marta -Dicho aquello, Sabrina se dirigió abrirle la puerta a su amiga, con gran alivio en el cuerpo. Seguida de Lucas, que tras pasar por el comedor agarró su chaqueta de encima del sillón-. ¡Marta! -Le abrió con gran alegría.

-Hola-sonrió su amiga, mientras le daba dos besos-. Hace un magnífico día para ir de compras.

-Sí, tienes razón....

-¡Hola Marta! -interrumpió Lucas, que apareció por el quicio de la puerta poniéndose la chaqueta-. Me alegra el volver a verte... -Sonrió abiertamente, al ver en el rostro de la joven la sorpresa de encontrárselo allí.

-Hola...Lucas... -Sonrió forzadamente-. No sabía que estabas aquí –Arrastró las palabras, mientras miraba de reojo a su amiga.

-Si, bueno... -Empezó Sabrina.

-Pero ya me voy, quiero pasar por mi casa y cambiarme de ropa -Miró un momento su reloj-. Siento no poder quedarme y ayudarte arreglar el desorden del dormitorio mi niña -Las dos mujeres abrieron los ojos tras aquel comentario. Suponía, que Marta de sorpresa y su Sabrina, de vergüenza. Aquello le gustaba, ahora iba a ser él quien llevara siempre la sartén por el mango-. Luego a la noche te llamo -Se movió con gran rapidez, para coger desprevenida a Sabrina y propinarle un buen beso de despedida. Aquellos que provocaban envidia a cualquier mujer que los viera.

El martes, cerca del mediodía se encontraba en su despacho catalogando fotografías, cuando le sorprendió que Susan, la interrumpiera por el intercomunicador de Marta.

-Creo que tienes visita...

-¿Cómo? -se extrañó aún más. Miró por encima su agenda-. Pero si no tengo nada programado...

-Es sorpresa -¡Lucas! Pensó enseguida...-. Se trata de tu futura suegra.

-¡Sophía! -exclamó horrorizada, sabiendo a lo que venía.

-Cuando entraba en el ascensor, ella entraba por la puerta del edificio...Creo que ya viene...

-Bien -Suspiró hondo-. Dile a Marta, que no la haga esperar.

Desde San Valentín, que aquella mujer no sabía como iba el plan dado que no había sido noticia de ninguna revista del corazón. Y se suponía que ese era más o menos el plan. Salir en diferentes portadas, durante un tiempo para que se vieran como una feliz pareja. Y que la boda, viniera sola... Pero ya no deseaba aquello. Cerró los ojos y apoyó la frente en su enorme escritorio. ¿Cómo le decía aquella mujer, que se estaba pensando lo de seguir en adelante? ¡Pero sí es que era igual de insistente que su hijo! Aquello la iba a matar... Tenía que escaparse como fuera.

Dos golpes consistentes en la puerta, y se abrió para dar paso a una impactante Sophía.

-¡Sabrina, querida! -Sonrió acercándose a ella.

-¡Sophía! -Sonrió por igual y levantándose para abrazarla-. ¡Que sorpresa!

-Me han dicho, que no has salido a comer.

-Cierto, aún me queda trabajo por hacer.

-Estoy segura, que Thom no dirá nada si te escapas conmigo para ir aquí a la esquina.

-¡OH, no!... -Sonrió nerviosa-. Podemos ir tranquilas.

-Bien, en marcha hay mucho que hablar.

Fueron al Temsun, un restaurante tres calles más abajo. No creía que a Sophía, le gustara el Mctrish, un pintoresco local en donde servían toda variedad de bocadillos. Todo iba muy tranquilo, hablando del tiempo y salones de belleza, hasta que les sirvieron el primer plato. Lo supo por el brillo que apareció en sus ojos, el mismo que Lucas cuando tramaba algo.

-¿Y qué noticias tienes para mí?

-Bueno, el caso... -¡Dios, estaba segura que el sudor le debía de resbalar por las sienes! -. Es que, voy paso a paso...

-Sabrina...

-¿Tampoco tenemos prisas, no hay fecha de entrega, no?

-Cariño...-La miró con ternura-. ¿Estás muy enamorada de él, verdad?

-¡No! -Exclamó de seguida y nerviosa-. Es solo que...

-Lo quieres -Afirmó con seguridad la mujer-. Mirándote lo veo, no quieras negarlo querida.

Se quedó sin palabras, solo la miraba a los ojos fijamente sin saber que decir. Pasados unos segundos, asintió sigilosamente a su afirmación. Admitió la verdad de sus palabras, una verdad que le dolía.

-¿Y él lo sabe? -Sabrina negó antes de dar un trago al vino rosado que les habían servido.

-Espero que no...Supongo, que solo cree que me siento atraída hacía él de forma física.

-Eso es lo que más le gusta -reconoció-. Pero que no adivine tus sentimientos hacia él. Sino, todo se perderá. Y puede que él, incluso se aprovecho un poco de ello. Espero equivocarme...

-¡Sophía! -Fue a protestar, pero ella no la dejó ni empezar.

-Cariño, ese sentimiento para ellos es como un tarro de miel. Y Lucas, no es diferente por que sea mi hijo. Que yo sepa, creo que nunca le he visto ir en serio con una mujer. Aunque hayan sido pocas como él dice... Se merece una pequeña reprimenda. Mira que meterte en éste lío y todo, para intentar llevarte a la cama...

Ahí tenía la verdad de porque no tenía que estar enamorada de ese hombre. ¡Dios!. No podía buscar excusas, era su madre quien reconocía todo aquello. Y tampoco tenía que ser muy bueno, el quedar mucho con Sophía. Por que cada vez que la veía, se le encendía la mecha de la venganza. Por lo que veía, no le quedaba más remedio que seguir adelante. Sabía que cuando llegara el día, él la odiaría y sería una manera de no volver a verlo más. Y entonces, solo entonces, podría curarse su amor por él.

-Mira que bien, allí se encuentra Harry...-La mujer levantó la mano y le hizo señas a un hombre de treinta y pocos años-. Él, va a ser nuestro siguiente paso. Es periodista.

¡Paso!.¡Periodista!. Las alarmas en su cabeza empezaron a sonar con doble campanada. ¿A qué le tocaría enfrentarse los siguientes días? ¿Quién iba a decirle, que en su futuro iba a salir en la prensa rosa? Debería de parar aquella locura... ¿Verdad?

-Sophía, creo que no...

-Tranquila, querida -Le apretó una mano con afecto-. ¿Hola Harry, qué haces por aquí?

-Sophía, encantado de verte... -se giró con una sonrisa hacia Sabrina-. Señorita García...

-OH, déjate de formalidades. Es mi futura nuera, no una mujer de ochenta años -Rió coqueta.

-Encantada, Harry -Sonrió con sutileza, cuando en verdad quería salir de allí corriendo.

-¿Es cierto, qué estáis prometidos?

-Sí –No dijo nada más por temor a meter la pata.

-¡Harry! -Protestó Sophía-. ¿Es que solo te importa el trabajo?

-Perdona, pero es que me resulta increíble que Lucas se nos haya prometido...

-Pues más sorprendido te vas a quedar -Sugirió la mujer. Aquello la alertó mucho...-. Quieren casarse para Septiembre.

Soltada aquella bomba, tanto Harry como Sabrina abrieron los ojos como platos. Estaba segura de que ya estaba sentenciada para la orca.

Una media hora después.

-Sabéis una cosa, me caso en Septiembre -Escupió nada más llegar de la comida, ante sus amigas-. Sois mis damas de honor.

-¿Cómo?

-¿Qué?

-¡Dios mío, qué has hecho!-Las tres chicas dejaron de trabajar, para agarrarla y meterla corriendo en el despacho. Allí, la sentaron en el sofá y se quedaron mirándola.

-Sabrina -interrumpió Thom, que vio la llegada de ésta-, tienes las fotos de...

-¡Fuera! -Gritaron las tres a la vez.

-¿Ocurre algo? -Preguntó preocupado, en dirección a Sabrina.

-¡No!

-¡Sal de aquí!

-¡Largo!

Volvieron a insistir de forma impaciente.

-¡Oye, soy vuestro jefe! Un poco de... -Calló enseguida, al ver la mirada asesina de todas. Se dio la vuelta para salir, no sin refunfuñar-. Quien demonios se han creído, no hay quien las aguante. Seguro que es uno de esos días....

Se cerró la puerta y se dejó de escuchar a Thom. No se oía nada, solo el respirar nervioso de las cuatro.

-Yo no tengo la culpa -Empezó a excusarse Sabrina.

-No creo que te apuntaran con una pistola -Acusó Marta.

-¡Marta! -la regañó Karolaine-. Anda, cuéntanos como te has complicado tanto la vida en tan solo cincuenta minutos. Por que creo que te llevas el premio a la estupidez...

-¡Karolaine! -La regañó Susan-. Habla ya, no quiero escuchar ni una palabra hasta que no acabe -Amenazó a las dos jóvenes.

-Casi al final de la comida, apareció un periodista que conocía Sophía. Y fue ella, quien soltó la bomba... Me quedé tan conmocionada, que no supe reaccionar a tiempo.

-¡OH! ¡Maldita sea, no ibas a dejar todo esto a un lado! -apuntó Karolaine.

-No pude...No se que me ocurrió, pero pude... -Empezó a llorar-. ¡Nos hizo una foto, seguro que mañana sale publicada!-Siguió llorando de rabia-. Acabo de arruinarme la vida, lo sé.

-Perdona, ya lo hiciste al aceptar ésta locura de venganza -Señaló Karolaine-. Nunca me escucháis.

-Me gustaría ver la cara de Lucas, en cuanto se entere de la noticia -Se rió Susan-. Ánimo, seguro que salimos de ésta. Solo piensa que tienes más cogido a Lucas. Solo tienes que reírte un poquito. Hazle tener miedo y seguro que sale con el rabo entre las piernas.

-¿Cómo? -Preguntó Sabrina.

-Me parece genial. Vas a tener durante unos días a la prensa detrás. Pues utilízala. Ponte muy mimosa, dile en público que lo quieres. Que deseas tener pronto muchos niños...

-¡Sí! -Rió Marta.

-Estáis piradas-Soltó Karolaine-. Espero que sea imposible acabar en la cárcel por esto Suspiro Karolaine, animándolas con su apoyo.

Se miraron las cuatro y empezaron a reír como verdaderas brujas.



Silvia, colgó por décima tercera vez el teléfono con un fuerte estrépito. Estaba muy mosqueada, todas las treinta últimas llamadas eran periodistas que querían hablar con su jefe, o que querían sonsacarle información a ella de algo. Como no sabía nada y tenía permiso, les decía que no estaba cualificada para responder y colgaba. Y tampoco podía decirle nada, por que se encontraba manteniendo una conferencia importante por teléfono. Éste volvió a sonar. Alzando los ojos al cielo, pidió que fuera sobre algún asunto de su trabajo.

-¡No sé nada, lo siento! -Respondió un tanto agresiva y colgó-. ¡Pero qué diantres les ocurre!

-¿Silvia, qué ocurre? -Se acercó Lucas, que acababa de salir justamente en aquel preciso momento.

-Pensé, que tú me darías la respuesta -le pidió un tanto molesta-. Llevo media hora, atendiendo llamadas de periodistas y algunos son unos indeseables. Y eso, que solo son las tres de la tarde...-Lucas se extrañó. Algo debía de haber ocurrido-. Me preguntan por si la noticia es cierta y otros, solo quieren que les pase contigo. Te quieren ofrecer algo a cambio de la exclusiva.

-¿La noticia? -El teléfono volvió a sonar.

-¿Cosméticos Carpi, oficina de Lucas Carpi...-Dijo Silvia, conteniendo el aire-.En qué puedo ayudarle? -Al momento, le hizo señas a él. Volvían a ser periodistas.

-Pásamela a mí despacho  -Ordenó y salió corriendo hacía allí-. ¿Sí? -Cinco minutos después, colgaba el aparato sorprendido pero sonriendo.

Así que en Septiembre se casaba. Pero como podía ser su madre así, y desde luego estaba deseando ver que decía Sabrina, ante aquel anuncio. Una vez más, se volvía atar más fuerte a él sin darse cuenta. A quien le dijera, que todo aquello era una treta de su madre. No se lo creía. Soltó una fuerte carcajada. Quien iba a decirle, que aquel tropiezo iba a cambiarle tanto la vida. Por suerte, ya conocía el plan de sus dos chicas. Ahora, solo tenía que mover las piezas en la dirección correcta.

A las seis de la tarde, Thom llamó a su despacho. Entró con cuidado, no tenía ganas de que volvieran amenazarlo. Y allí se encontró a Sabrina, mirando pensativa por la ventana. Y ahora entendía porque no le cogía el teléfono, se encontraba descolgado.

-¿Puedo entrar ya? ¿Qué ocurría antes? ¿Estás bien, llevo intentando llamarte más de quince minutos? -Sabrina, se giró hacia él con una gran sonrisa en la cara-. ¿Es cierto, lo que he escuchado por ahí fuera?

-Sí -Tenía que disimular ante él-. ¿Querrás ser mi padrino?

-Eh...Mmm... Sí, claro -Estaba extrañado-. ¿Cuando a venido Lucas a pedírtelo? Sí, que lo tenías calladito...

-Oh -Sonrió nerviosa-, en verdad él no me lo ha pedido. Digamos que soy yo quien se lo ha pedido, y por medio de...

-Mi niña, yo más bien diría que lo estás obligando a casarse contigo –Expuso divertido.
-Digamos, que sí me quiere en su cama solo lo conseguirá de esa manera...

-¿Pero cuando vais a para con ésta guerra? No hay quien os comprenda. ¿Ahora mismo, vosotros dos qué tipo de relación tenéis? –Preguntó enfurruñado.

-Nada  -Se fue a sentar en su sillón, un poco bastante nerviosa-. Bueno, él sabe que me gusta físicamente...  –Estrujó sus manos con gesto nervioso mientras confesaba-. Pero ya sabes que no busco aventuras, y menos con él.

-Sabrina... –Volteó los ojos al cielo.

-Bien, que a la más mínima posibilidad él me besa –Replicó sabiendo que su jefe no estaba muy de acuerdo.

-Sabrina, por favor –Volvió a suplicarle con tono cariñoso.

-Así, que digamos que... –Lo fue ignorando.

-Estáis para que os encierren a los dos en un manicomio... -Soltó de repente enfadado-. No me gusta nada. Esto solo se trata de una puñetera lucha de sexo, entre vosotros dos.

-¿Cómo? –Frunció el ceño ofendida.

-Acaso me vais a negar, que esto parece una guerra para ver quien putea más al otro –Dijo con la vena del cuello un poco hinchada.

-No -Respondió con firmeza-. Yo diría, que quien tiene la culpa de esto eres tú.

Se levantó enfadada de su sillón, y apoyando  los brazos en el escritorio para inclinarse hacia él, ante el ataque verbal que se avecinaba.

-¡Qué!  -Exclamó molesto-. ¿Que yo recuerde, os habéis conocido solitos?

-Si te refresco la memoria, te hallaras a ti sonriendo como un estúpido y dándome el simpático consejo de que tuviera una libre aventura con él. Como es tú amigo... –Habló con cierto reproche en la voz.

-Por favor, eres muy joven y no hay nada de malo en enrollarte con alguien. Eso se hace desde hace tiempo, y no es pecado -Señaló con énfasis.

-Si tú no le hubieras permitido ese libre acceso a mí, tal vez ahora no estaría en ésta situación.

-Ni hablar, a mi no me cargues con el muerto -Se encaró con ella, bien enfadado-. Sabes que eso es cosa tuya y de él...

-Eso... –Fue hablar, pero nuevamente su jefe la interrumpió.

-¡Es así! -Gruñó-. Él te pincha, tú le quemas.

-Pero tú, seguiste con la bromita de que soy su novia delante de su madre -Lo acusó.

-Y tú también -Le replicó sulfurándose-. Maldita sea, admite que te encanta que te bese como se ve en las fotos y admite que te gusta.

-¡No! Él es un...

-Déjalo, hablar contigo en éste momento, es como hablar con una mula –La miró enfurruñado.

-No es eso –Protestó ante el carácter de él-. Es solo que esa pregunta, no pienso respondértela a ti.

-Pensé que éramos amigos –Alzó una ceja sorprendido.

-Y lo somos. Pero en éste punto, creo que estás más de parte suya que de la mía –Señaló con altanería.

-Pues no estoy con nadie, solo digo lo que veo –Apoyó las manos en la cintura-.  Que como sigáis así, la cosa va acabar muy mal.

-Lo siento, Thom. Pero no pienso parar yo –Dijo toda resuelta.

-Mira, hacer lo que queráis. Pero por cualquier cosa, sabes que puedes contar conmigo. Aunque digas todo lo contrario, pequeña.

Se fue, y Sabrina se quedó sola pensando otra vez. La noticia, saldría publicada al día siguiente. Pero por el momento estaba segura de que ya habrían llamado a Lucas, todos querrían saber detalles. Lo raro, es que no se hubiese presentado ya allí. Tenía que ser fuerte, ya había tomado la decisión. Ahora solo tenía que asustarlo un poco y ver como salía corriendo y ella quedarse con la victoria... Y con el corazón destrozado.

No lo entendía, eran las nueve de la noche y Lucas no había aparecido. O, estaba muy enfadado con ella, o se encontraba tramando alguna pequeña venganza. Mejor recogía y se marchaba para casa. Allí, sola sin nada que hacer, era perder el tiempo. Por mucho que quisiera, aquellas cuatro paredes no iban a protegerla de lo que había hecho. Además, se suponía que tendría que ser como un pulpo junto a Lucas, si quería que su plan saliera a la perfección. Apagó el ordenador y recogió sus pertenencias. Era mejor irse a casita y relajarse con una buena cena y película.

Al día siguiente, cerca de la hora de comer.

-Tú adonis, viene al ataque .Le comunicó Marta, por el intercomunicador.

Bien, era la hora de enfrentarse a lo que fuera. Pensó, mientras respiraba un poco profundamente para calmarse los nervios que llevaba encima, y que no paraba de decirse que no tenía motivos para tenerlos... ¿O sí? ¡Al cuerno! aún no se veía preparada... Se levantó corriendo de la silla y se fue a la puerta de su despacho. Si no calculaba mal, tenía tiempo para correr y meterse en una de las oficinas del pasillo y pasar desaparecida por un rato. Con los nervios de punta, abrió la puerta y miró. ¡Bien! Lucas, se había parado hablar con su amiga Marta. Agachándose un poco, corrió hacía la izquierda y se metió en la primera puerta que se encontró. Apoyando la frente contra la puerta, soltó un gran suspiro de alivio.

-Mmm...Ejem -Escuchó como alguien carraspeaba. Sobresaltada, se dio la vuelta para ser ella quien soltara la exclamación.
-¡Dios, perdón! -Había entrado en el servicio de caballeros... Tenía que haber ido hacia la derecha. Abrió la puerta y sin mirar a nadie de allí dentro, salió veloz al pasillo llevándose por delante a un chico cargado con un montón de carpetas. No, no podía sucederle aquello... El ruido de las carpetas al caer al suelo, hizo que bastante gente mirara hacia aquella dirección, incluyendo a su adonis.

¡Dios que horror! Colorada como estaba, pidió disculpas al joven y se puso a recoger el desastre que había ocasionado.

-Desde luego mi amor, un poco torpe sí que eres -Escuchó su burla, pero sin mirarlo aún-. Espero que sea eso, y no que intentes conquistarlo como hiciste conmigo. Y que el día que te dirijas a mí en el altar, no reluzca tu torpeza –Siguió con la broma.

Bien, tenía que actuar deprisa. Lo mejor, era representar el papel de novia empalagosa. Y comprobar si conseguía escaparse de ir hacia el altar. Solo tenía que calmarse un poco y no hacerle caso a las pullas que le lanzaba provocando que quisiera salir corriendo.

-¡Mi vida! -Exclamó, y como perfecta actriz se dio la vuelta y se lanzó a sus brazos-. Que gran sorpresa que hayas venido a verme -¡Bien por ella! Escondió la sonrisa que asomó a su cara, tras ver la expresión de Lucas. Se había quedado sin palabras ante aquel gesto. Ahora, el segundo tanto...-. ¿Que vienes para llevarme a comer? -Llevó sus manos a la nuca de él y seguidamente, atrapó sus labios de un sorprendido Lucas, en un dulce beso.-. Enseguida vamos, pero te molesta que vengan Marta, Susan y Karolaine...

-Mmm...Claro que no -Carraspeó un tanto incomodo-. Cuantos más seamos, mejor nos lo pasaremos.

-Bien -Sonrió, mientras le daba un nuevo roce a su boca-. Voy un momento a buscarlas. Puedes esperarme en mi despacho, no sé cuanto puedo tardar en reunirlas -Se acercó corriendo a Marta, que era a quien veía en aquel momento por allí-. ¿Dónde están Susan y Karolaine?

-Ni idea  -Sonriendo con malicia y mirando por encima de su cabeza le susurró-. ¿Dónde se encuentra él?

-En mi despacho –Le informó en un susurró nerviso.

-Y bastante sorprendido -rió-. Has estado genial.

-Ya lo creo -Interrumpió Susan, que apareció de la nada con Karolaine-. Y no me sorprendería, que estuviera esperándote en el sofá de tu despacho sin nada de ropa.

-¡Susan! -Exclamó avergonzada Karolaine.

-¡Qué!  -Exclamó asustada-. A mi no me vengas con esas bromas -Protestó Sabrina.

-Pero mujer, estoy segura que con ese primer beso ya lo has...

-¡Susan! -Chillaron Karolaine y Sabrina.

-Cállate ya, quieres -Rió Marta-. Quiero ir a ver si tienes razón...

-¡Marta! Parad ya con la broma -Se molestó un pelín-. Para vosotras es más fácil, por que lo veis todo desde fuera.

-Amiga...Tú te metiste en éste lío –Señaló Susan.

-Sí, pero vosotras sois partícipe de que lo líe más aún –Inquirió entrecerrando la mirada.

-Creo que tiene razón -Sonrió Susan.

-Muy bien, quiero que vengáis a comer ahora con nosotros dos. Quiero que compréis una revista de novias, abajo en el kiosco...Mirad si os podéis escapar alguna un momento -Dicho aquello, las tres amigas pusieron a reírse como locas.

Antes de abrir la puerta de su despacho, cogió aire mientras se repetía mentalmente que Lucas no se hallaría esperándola desnudo. Desde luego, sus amigas aún la ponían más nerviosa de lo que ya estaba con todo aquel asunto. Entre abrió la puerta para mirar con cierto  miedo y  reprenderse rápido. Lucas se encontraba en su escritorio, escribiendo algo en un papel y con la ropa puesta. Las chicas la llevaban a un límite que era innecesariamente.

-Bueno, enseguida vienen a buscarnos –Habló  nerviosa, mientras se acercaba y se situaba a su lado-. ¿Cómo te ha ido el día hasta ahora?

-Como siempre -sonrió mientras la miraba fijamente a los ojos-. Creo que tenemos algo que hablar.

-¿Pues no sé el que? –Soltó el aire contenido mientras proyectaba una falsa sonrisa.

-¿El qué?-Rió sarcástico-. Que te parece como un anuncio de boda.

-Fue tú madre, quien se lo soltó al periodista-Culpó de seguida a la otra mujer-. Y como tú eres el que desea seguir con la bromita, pues pensé...Adelante.

La verdad, es que la excusa era factible pensó Lucas. Pero no creía que lo fuera a llevar tan lejos. Principalmente, siempre había sido él quien besara primero... Pobrecilla, se pensaba que iba ganando.

-Entiendo que a veces, mi madre suele ser muy persuasiva... Pero apoyarla plenamente en ese tema. Me parece un poco precipitado.

-¿Qué te ocurre? -Lo miró risueña-. Pareces asustado.

-La verdad...No -Respondió totalmente seguro.

-¿Entonces? -Lo miró extrañada-. Por fin, tu madre deja de hacer de casamentera. Y te dejan en paz con tus indeseables mujeres... ¡OH, ya entiendo! Te acabas de dar cuenta de que hechas todo aquello de menos.

-No-Respondió con una enorme carcajada-. Es solo que me sabe mal por ti. Con una broma mía, te metí en buen lío.

-Tranquilo, ya no ocurre nada. Creo que ya me estoy acostumbrando a que me sigan los periodistas –Disimuló alzándose de hombros para mostrarle cierta indiferencia.

-¿Pero te acostumbras a mi madre? -Allí si que la miró intensamente, como intentando ver muy afondo.

-Por supuesto -respondió veloz y con total sinceridad-. La verdad, es que nos llevamos increíblemente bien.

-Yo más bien diría, que parecéis amigas de toda la vida –Dijo con una sonrisa en los labios.

-OH, Lucas -Se rió, mientras se alejaba de él y cogía su bolso del perchero-. Ya sé a donde quieres llegar. Todo esto te da miedo, porque piensas que me pueda llegar a ilusionar con todo lo que está ocurriendo. Y también crees que me será difícil decirle a tu madre que todo esto ha sido una farsa.

-¿No te asusta cuando llegue el momento, que tengamos que decirle a toda la gente que no estamos juntos? –Entrecerró los ojos.

-Bueno...Sí, que le temo un poquito. Pero espero poder solucionarlo todo de manera satisfactoria contigo como apoyo –Confesó con cierta seguridad en la voz para que no viera como deseaba gritar que aquello era una completa locura y no veía como y cuando, ponerle fin aquel maldito embrollo. 


-Había pensado -Se levantó del sillón y caminó hacia ella con cierta cautela-. Solo es una idea, no quiero que me tires nada a la cabeza por ello...

-Me estas asustando -Se echó a reír.

-OH, no... Es solo, que creo que deberías de admitir que éste juego te está gustando. Admite, que te encanta que te bese y admite, que ya no sientes ese odio  que decías sentir hacia mí...

¡Sí!. Pensó hipnotizada, por la sensualidad de su cálida voz y su cercanía. ¡Maldita sea, estaba ardiendo por dentro!

-Sabes querido, puede que tengas un poquito de razón -Le señalizó con los dedos-. Admito, que no siento odio hacia ti. Y admito, que puede que esté empezando a gustarme éste juego de besarnos.

-Pues francamente querida -Hizo seña en la última palabra con burla-. Ten cuidado, por que quien juega con fuego acaba quemándose -soltó en tono Reed Badlertt y salió del despacho en busca de sus amigas, dejándola con la palabra en la boca. Podía ver que algo estaban tramando. Lo detectaba en las miradas risueñas, que no paraban de transmitirse disimuladamente. Pero le daba igual. Lo que le gustaba es que ella volvía a estar un poco nerviosa.

-Sabrina no te enfades conmigo -Empezó Marta-, es que no pude resistirme a ello...

Intentó disimular, que le importaba un pepino lo que fuera a sacar de aquel bolso. Pero francamente, sabía de la a advertencia de Thom sobre aquellas cuatro arpías, que trabajaban para él. Finalmente, por encima de su copa de vino pudo vislumbrar que lo que estaba sacando del bolso, era una abultada revista... ¡De novias! Inmediatamente, la risa que se le formó en la garganta hizo que se atragantara y empezara a toser como un loco.

-¡Dios, Lucas! -Se le acercó Sabrina, palmeándole la espalda mientras intentaba aguantarse la risa como hacían sus otras tres amigas. Había que ver lo poco que se diferenciaba a todos los otros hombres. Eran ver algo blanco y con cola, que salían por patas-. ¿Te encuentras bien, mi vida? -Preguntó con gran burla.

-Sí, es solo que me he atragantado con el trago que le di al vino –Carraspeó un poco-. Haber que tienes ahí, Marta.

Divertida, le pasó la revista para ver su reacción desde primera fila.

-Bueno, es un tema más bien de mujeres. Pero nunca sobra la opinión masculina.

-A mi me gustas con lo que sea -Comentó con voz dulce, mientras ojeaba detenidamente varios modelos-. Pero creo que con un corte sencillo, estilo romántico como éste de aquí estarías preciosa.

Por un momento, permanecieron las cuatro calladas y mirándolo con un poco de mosqueo.

-Creo que tienes razón -empezó Marta-. Pero no se, siempre me ha gustado el típico vestido de princesa. Es un día muy deseado para la mujer, el poder lucirse bella ante la mirada de todos los invitados...

-Pues creo, que mejor mi estilo. Pues podrá moverse mejor, sin tener que desplazar tantas capas de ropa. Date cuenta, que siempre suelen ser grandes las salas y no paráis quietas –Defendió Lucas su idea.

-¿Entonces, tu intención es de celebrar una gran boda? –Preguntó una de ellas.

-Sí, lo siento mucho cariño -la miró con burla-. Pero dado mi trabajo, tendré que invitar a muchísima gente que no conoces.

-¿No te molesta tener tan poco tiempo para casarte? –Preguntó interrumpiendo Karolaine.

-Me molestó un poco, que Sabrina se dejara dominar por mi madre –sonrió mientras buscaba su mano y le daba un apretón-. Y también, que fuera ella quien se me adelantara. Pero estoy deseando que llegue el día.

-Tendréis que fijar fecha pronto... -Inquirió Marta-. Bueno, en realidad creo que ya deberías de tenerla.

-Es lo que espero solucionar a lo largo de ésta semana. ¿Verdad cariño? –La miró risueño.

-¿Sabrina? -Empezó Karolaine-. ¿Te encuentras bien, llevas prácticamente toda la comida callada?

-Mmm... -La miró con rabia-. Sí, estoy bien. Me gusta escucharos hablar... –El teléfono de Lucas, empezó a sonar interrumpiéndole.

-Lo siento chicas, me ha salido una urgencia -Se giró a ella-. A la noche te llamaré. Invito yo a la comida -Acto seguido, se inclinó y en un gesto rápido le robó un beso-. Adiós.

-Adiós -Dijeron al unísono las cuatro.

-Sabrina, se supone que ibas a estar chinchándole...-La criticó Marta.

-¿Cómo? -Preguntó malhumorada-. Maldita sea, a veces creo que...

-¿Qué, qué?-Preguntó Karolaine intrigada.

-Que nos lleva la delantera, es como si supiera nuestros movimientos.

-Eso es completamente imposible -Aseguró Susan.

-Es solo, que el guaperas sabe defenderse -Rió Marta.

-Parece como si aceptara la idea de que fuéramos a casarnos.

-Perfecto, eso sería perfecto -Señaló Susan-. Lo tendrás mucho más fácil para lo que quiere Sophía.

-Pero yo quería trazar nuestro plan y poder evitar así, todo lo otro –Protestó con pucheros-. Quería que fuera él, quien saliera corriendo... Y como la cosa siga así, seré yo quien lo haga.

-No nos impacientemos -Comentó Marta-, venga solo hay que mirar cual de los dos caminos sale a nuestro encuentro... Allí, es cuando veremos lo que tenemos que hacer.

-¡Ah, pero tú sabes lo que hay que hacer! Por que yo ya no... –Protestó negativa e histérica.

-Primero hay que calmarse...Créeme, es lo mejor -Señaló con timidez Karolaine-. Si quieres un consejo, metete al gimnasio ésta tarde. Verás como en una hora te desaparece toda la frustración que lleves encima.

-No, mejor me voy de compras. Así, pensaré un poco en todo éste lío.

-Bueno, creo que también sirve como terapia -Rió la chica joven.

-Decirle a Thom, que más tarde lo llamaré -Les indicó mientras se levantaba de la mesa, preparada para el saqueo de tiendas-. Hasta luego.

A media tarde, le sonó el móvil indicándole que tenía un mensaje en la bandeja de entrada. Pasándose las bolsas a una sola mano, sacó el aparato y miró quedándose de piedra. “veo que no trabajas ésta tarde. Podrías haberme llamado y te habría acompañado encantado. Lucas.”. Miró a su alrededor, y sí, allí se encontraba el responsable de aquel mensaje mirándola divertido desde la mesa de una cafetería. De acuerdo, suspiró profundamente. No le quedaba más remedio que acercarse y seguir con todo el plan que había elaborado con las chicas.

-Hola cariño -Dijo con buen humor, una vez que se detuvo delante de él. Y pillándolo desprevenido, se agachó y le plantó de pleno en sus labios un encantador beso.

-¿Y eso? -Preguntó brindando una encantadora sonrisa-.Creo que no hay nadie de la oficina por aquí.

-Oh, es por si hay algún periodista siguiéndome. Mejor que tengan una dulce imagen a mi cabreo contigo...

-Si es por eso, era muy sosa tu representación -Comentó levantándose de la silla, al tiempo que la rodeaba con sus brazos y se inclinaba un poco para besarla, no sin antes susurrarle-. Aprende de un maestro, de como se recibe al amor de tu vida.

¿Quién decía que el séptimo cielo se alcanzaba una vez muerto?... Pero si se le habían puesto todos los pelos de punta, con la sensación tan dulce que estaba viviendo.

-Ahora sí, que tendrán una buena instantánea.

-Ejem... -Carraspeó un poco-. Ya te digo, pero mejor que te controles un poquito.

-Cariño, si tú quisieras...

-Me refiero, a que tampoco hace falta competir por un Oscar.

-Una vez más, me demuestras mi niña lo mucho que te hace falta pasar una noche conmigo -sugirió divertido y empleando un tono seductor.

-No me digas -Comentó con ironía, para cambiar de tema-. ¿Ahora te divierte darles coba a mis amigas?

-¿Perdona?-Preguntó haciéndose el inocente.

-Que no las animes con la boda. Un hombre cualquiera, no habría hecho ningún comentario sobre un vestido de novia.

-Tampoco es para que te enfades. Hay que representar que nos queremos, hasta que veamos que ha llegado el momento adecuado de romper.

-¿Por qué lo crees todo tan fácil?-Se quejó molesta.

-Siéntate, que te invito a un café.

-Me sabe tan mal por la gente -Suspiró-. Es mucha la que me ha felicitado por mi inminente boda... Y parecían tan contentos.

-¿Quieres que lo zanjemos todo ahora? –Preguntó con sumo interés.

-Y que excusa ponemos... Estoy segura de que lo descubrirían todo.

-Vaya, no sabía que sufrías tanto por ello -Soltó un poco pesaroso-. Como últimamente te veía tan animada.

-Es que estoy en uno de esos días del mes y siempre me deprimo un poco -Sonrió débilmente.

-¿Entonces qué me dices?

-Seguir un poco más, por tu madre -intentó parecer un poco resentida-. Estoy segura que seria la primera en averiguar todo y poner el grito en el cielo... -Lo miró con seriedad simulada-. Con todo esto, no quiero que pienses que es una trama mía para conseguirte al final en el altar, como sugeriste anteriormente.

-Tranquila mujer, te conozco lo suficiente -Dijo con un brillo un tanto extraño en la mirada.
-Bien -Con el trago a su café, pudo esconder la sonrisa de victoria que tenía fijada en los labios. Había funcionado. Un poco de carita de pena y Lucas, se creía que todo era por su madre. ¡Y un cuerno!-. ¡Huy, que tarde es! Thom, tiene que estar esperándome en el despacho -Se excusó falsamente.

-Como quieras, pues nos vemos pronto -Intentó acercarse a ella para despedirse como deseaba, pero la chica fue muy rápida viendo sus intenciones y alejándose veloz.

-Otro día, creo que por hoy los periodistas ya tienen suficiente material –Le guiñó el ojo y salió corriendo con una gran sonrisa.



Cerró la puerta de su casa, cerciorándose de que quedaba bien cerrada para que no entrase nadie, y como una costumbre más desde hacia poco, miró a su alrededor. Todo estaba en su sitio... ¡Un momento, no podía ser...! ¡No había ningún periodista a la vista! Ahora que se daba cuenta, llevaba un par de días sin ver al chico rubito sonriente... Ese, estaba desde el primer artículo apostado en su casa. Puede que ya se hubiesen cansado. Habían pasado tres semanas desde que vio a Lucas. Éste se había ido a Nueva York atender unos asuntos. Y lo echaba en falta...

¡Sí, vale!... Lo admitía. Habían sido unas semanas muy relajantes, en comparación con el estrés que solía llevar anteriormente. Pero lo necesitaba. Lamentaba enormemente reconocerlo, lo que en verdad quería era poder quitárselo de la cabeza. Bien que se lo había puesto fácil, en todas aquellas semanas desde su
marcha no le había hecho ni una llamada. El muy cretino... Pues si se esperaba que lo iba a recibir con los brazos abiertos... Bastante mosqueada, se dirigió a su viejo jeep. Lo mejor era en no pensar en él.

-¡Buenos días, guapa! -saludó a Marta, que se estaba acomodando en su mesa.

-Últimamente estas muy contenta -Puntualizó.

-Sí, verdad... -Soltó un profundo suspiro de satisfacción-. Todo me va de maravilla...

-Ni que lo digas, te recuerdo que vamos a entrar a Julio.

-¡Es verdad! Me queda un mes para coger mis vacaciones -Comentó contenta.

-Sí, es verdad. No había caído en ello...Pero yo me refería a otra cosa.

-¿El qué?-Frunció el ceño.

-A que te quedan unos dos meses para tu boda...Y que aún no he visto a nadie salir con el rabo entre las piernas....

-¡Oh! -al cuerno con su paz interior-. ¿Cómo quieres que lo haga? El muy cretino se encuentra fuera.

-Yo solo te digo, que el plan de Sophía se acerca.

-Gracias, me acabas de volver a bajar al infierno...-Gruñendo, se dio media vuelta y se dirigió a su despacho.

-¡No tan rápido! -La detuvo la voz de su jefe.

-¡Qué! -Gruñó exasperada-. Me acaban de fastidiar un bonito día, así que
cuidado con lo que me vas soltar....

-¿Y yo, sin ninguna culpa soy la diana perfecta para tus amenazas?

-Quiero mi café -Declaró rotundamente. Se dio la vuelta y entró en su despacho seguida de Thom. Mientras colgaba su bolso en el perchero y se dirigía a su escritorio, para encender el ordenador. Él, le preparaba su queridísima y legalizada droga-. Supongo que es café solo... -Preguntó cuando éste le entregó su taza.

-Sí, aunque le metería un poco de arsénico si eso te hiciera un poco más simpática hacia mí.

-¿Cómo? -Preguntó tras darle un buen trago.

-Últimamente estabas de un carácter maravilloso. Pero niña, ya vuelves a gritarme como un perro.

-¡Eso no es verdad!-Se defendió molesta.

-Ya bueno, creo que no hay nada que no se pueda arreglar con una semana en Sicilia. Con solo nombra aquel lugar, el bello de la nuca se le erizó produciéndole un leve escalofrío por toda su espalda. Aquel lugar, le hacía pensar en Lucas.

-¿Semana? ¿Sicilia? -adelantó su cuerpo en el sillón, mientras preguntaba con cierta cautela-. ¿Thom, hay algo que me quieras decir?

-Sí, me han pedido que le hagamos el catálogo de ropa interior de Secretos Íntimos, en el maravilloso paisaje de Sicilia -Comentó eufórico-. Por supuesto, pensé en ti...

-No -Interrumpió sacudiendo la cabeza-. Que lo haga, Larry o otro...

-Ni hablar -Protestó Thom-. Esto es un trabajo para ti. Sabes perfectamente que Larry, abarca otro tipo de reportajes... ¿Qué te ocurre? Nadie en su sano juicio, rechaza la oferta de pasar una semana con los gastos pagados en Sicilia, y menos en verano.

-Me gustaría realizar otro tipo de trabajo, por ésta vez... -Intentó disimular.

-Lucas no se encontrará por allí...

-¡Para qué me preguntas, si ya sabes que me ocurre! -Lo acusó con enfado.

-Para poder ver, lo miedosa que te me estas volviendo -Bromeó.

-Sabes perfectamente, que eso no es absolutamente cierto... Solo que no quiero encontrármelo.

-Claro que tonto -Chasqueó los dedos-. Lugar paradisiaco, paseos a la playa con la luna como compañera y única provocadora, de que te sientas seducida y te dejes llevar por los latidos de tú corazón y no de tú...Ejem, tonta y hueca cabeza.

-¡Eh! -Protestó ofendida-. No quiero y punto.

-Me da igual -se levantó con aire de chulito-. Aquí mando yo y se hace mi voluntad. Prepárate para irte en dos semanas -levantó los brazos en victoria-. Sí, niña. El jefe ha vuelto, y es quien manda aquí.

-¿Qué te ocurre?

-Que me dan igual vuestras miradas asesinas.

-Creo que es a ti, a quien le hace falta esa semana en Sicilia...-Apuntó con una leve sonrisa.

-Si, sí... Me da igual lo que digáis, os voy a estar vigilando a las cuatro... Algo tramáis últimamente -Y dicho aquello, salió del despacho tan campante y dejando a una Sabrina, un tanto confusa.

Las cinco de la tarde. Se le estaba haciendo el día interminable. Tenía tanta faena, que aún no había ni comido. El teléfono sonó, haciendo que dejara lo que estaba haciendo en aquel momento.

-¿Sí?

-Thom, dice que vayas a comer -Comunicó la voz de Susan.

-¿Cómo lo sabe?

-Supongo que les habrá preguntado a las chicas.

-Que pesado-Resopló-. Iré cuando acabe con unas cosas.

-No, tienes que ir ahora -Le zanjó Susan.

-¿Perdona? -Desde luego que su amiga estaba también rarita-. ¿Qué ocurre?

-Me han dado ordenes de que vayas a comer... -Se escuchó una queja-. Mira, tu sal un rato. Me da igual si comes o no, pero sal. Estoy harta, de aguantar hoy a éste hombre. No puedes llegar a imaginarte de lo insoportable y rarito que llega a estar hoy...

-Créeme, me hago una perfecta idea de lo que me cuentas... Pero no le hagas caso, ya sabes como es él.

-Por eso mismo, hoy me da miedo. Parece paranoico. Nos mira a las tres de una forma extraña.

-Creo que se siente un poco ofendido por todo. Últimamente, no hemos parado de gritarle y... mandarle -Admitió divertida-. Raro, que no tenga ni una cana después de tanto estrés. Y como, durante unas semanas a reinado la paz, tendrá miedo de que volvamos a lo mismo. Y seguramente lo esta intentando evitar de esa
manera.

-¿Quieres decir? -Preguntó no muy convencida-. Pues esperemos, que vuelva a ser el de siempre. Me gustaba mucho más, me lo manejaba de maravilla...- Se rió-. Bueno, tú sal un rato. Hazme ese pequeño favor.

-Esta bien -Suspiró-. Dile al mandamás, que en diez minutos salgo por esa puerta.

-Que sean en cinco -Regateó suplicando.

Eran las diez y media de la noche, cuando llegaban a casa de Sophía. Quien durante todo el trayecto, no había parado de renegar por que hubieran llamado a  sus hijos.

-Ahora, al sofá o a la cama -Ordenó con voz dulce-. Mientras te preparo algo ligero para cenar.

-Sabrina, muchas gracias por todo... Pero no hace falta que te quedes a cuidarme.

-Tienes que descansar, ordenes del médico -sonrió-. Me vas a tener aquí ésta noche contigo... Mañana, supongo que aparecerá alguno de tus hijos.

-Eso es lo que temo -Refunfuñó-. Me van a tratar como a una inválida... solo me he desmayado. Es normal, todo el mundo sufre un bajón de tensión. Pero como allí me quitan un tanto de mi cuenta cada mes, era normal que me tuvieran un buen rato en observación. Más les valía, si quieren seguir contando con mi aportación en las donaciones al hospital... -soltó un tanto cínica, pero entre risas-. Pero no me ocurre nada malo, así que llama a mis hijos para que no vengan. Lucas, como sabes se encuentra fuera y Bianca, en Australia. Menuda gracia les hará, cuando vean que el viaje ha sido en balde.

-Mira, nos vamos a la cama después de cenar. Y sabes que ha sido Thom, quien les ha llamado. Y ya vale de decir tantas tonterías...

Había dormido de maravilla... Fue a desperezarse, pero se detuvo en cuanto vio a Lucas tumbado a su lado completamente dormido. ¡Otra vez! Pero que descaro que llegaba a tener aquel hombre... Aguantando la respiración, se dedicó unos minutos a observarlo detenidamente. Míralo, parecía que no había roto en su vida ningún plato...Sin embargo, era un buen don Juan...

-Buenos días, guapa. ¿Te gusta lo que ves?-Soltó con los ojos aún cerrados.

-Los he visto mucho mejores -Le reprochó, mientras se incorporaba de cintura para arriba.

-Seguro, que en el calendario de bomberos.

Cretino. Le estaba diciendo, que ningún hombre con el que hubiese estado, era mejor que él. Y tenía razón. Aunque no hubiese estado con nadie. De seguro, que él los hubiese superado y con creces.

-Si tú lo dices -Respondió, mientras sentada en el filo de la cama, buscaba sus zapatos.

-Me ha gustado la experiencia. Eso de compartir mi vieja cama contigo...Ha sido maravilloso.
-Bien por ti, eso es lo único que vas a obtener por el momento...-Soltó con malicia.

-Mala...

-Pensé que llegaría antes tu hermana-empezó a explicar-. Me dijeron que no habían contactado aún contigo, por eso me vine a éste dormitorio.

-Claro mi niña, lo que tú digas -Se burló-. Cuando llegué, me pasé a visitar a mi madre y ésta se encontraba despierta. Así que charlamos un poco. Y cuando me vine a dormir, me llevé el mejor regalo de mi vida.

-¿Cómo se encontraba tú madre? -Cambió de tema fácilmente.

-Cansada. Siempre le ha costado un poco el dormirse...

-El médico, le ha pedido reposo total y nada de estrés.

-Por eso, me la voy a llevar a mi casa de Sicilia -No le pasó desapercibida la rigidez instantánea en la espalda de la joven-. Me gustaría que vinieras. Serían un par de semanitas. A mi madre, le gusta mucho tu compañía. Y mi hermana Bianca, está muy ocupada con la obra de teatro que están preparando.

-¿Has hablado con Thom?

-Aún no -sonrió-. Pero no te preocupes, seguro que te deja venir...

-No es eso... -Menuda casualidad, pensó.

-¿Me pierdo algo?

-Sí, bueno...No... -Comenzó un tanto nerviosa-. Verás, casualmente de aquí a dos semanas, se supone que tengo que ir a Sicilia para una sesión de fotos...

-Muchísimo mejor -se levantó de la cama-. No tendrás que hospedarte en ningún hotel.

-Bueno...

-Me da igual lo que me llegues a protestar -Se burló seguidamente-. Recuerda que dirían los periodistas, si vieran a mi prometida dormir en un hotel. Y te recuerdo, que según ordenes del médico, no hay que crearle ningún estrés a mi madre.

Como no, Sophía volvía a liarlo todo. Pensó agotada. Cada vez, todo se complicaba más.

-Y ahora que todo éste pequeño asunto está arreglado -Se acercó a ella, parándose justamente delante y con expresión un tanto... ¿Felina? Pensó Sabrina, con todos los sentidos en alerta-. Que te parece si te vienes a la ducha conmigo. Y de esa manera, te agradezco que... -Coginazo en toda la cara.

-Me voy a por un café -soltó alegre, mientras salía disparada de allí.

-No sabes, la experiencia que te pierdes si sales por esa...- Portazo. Riendo, empezó a quitarse la ropa.

Cinco minutos después, con una taza de café en la mano se sentaba en la terraza, junto a Sophía.

-¿Buenos días, cómo te encuentras?

-Bien, un poco cansada pero bien -sonrió amablemente-. Pero sabiendo que me voy a Sicilia por un tiempo, me animo muchísimo más. El clima allí, es...

-Oh, no digas nada -Protestó con melancolía-, me recuerdas a mi tierra.

-Podrías venirte y así te enamorarías también de la mía.

-Sí, es lo que acabo de hablar con Lucas-Vio como el rostro de la mujer se iluminaba-. Como tengo que ir de todas las maneras por asuntos de trabajo...

-Perfecto, será el lugar idóneo para seguir con nuestro plan.

-¿Cómo? ¡Sophía, no! -Exclamó horrorizada-. Yo pensé que después de lo ocurrido, todo quedaba olvidado. Tú hijo te adora, no hay más que verlo.

-Ya sé que me adora -Sonrió segura-. Es solo que soy su madre y creo que está hiendo por un mal camino, respecto a las mujeres...

-Cada vez, son más las veces que me siento culpable y sin fuerzas para seguir adelante...-Confesó con arrepentimiento.

-Lo comprendo, querida -la reconfortó cogiéndole una mano-. Es solo, que allí es el sitio idóneo para...

-¡Bueno, aquí se encuentran mis dos bellas damas!

Se le atragantaron las palabras. Pero mira que llegaban a ser tontas, a quien se le ocurría de ponerse hablar de aquel tema, cuando sabían que Lucas rondaba por la casa. Contaba con que no hubiese escuchado nada. Lo miró a la cara, pero no vio nada. Era muy difícil de saberlo, bien podía estar fingiendo.

-¡Lucas, querido...Ya te levantaste!

-Sí -Las miró con curiosidad-. ¿Ocurre algo?

-No...-Respondió nerviosa su madre-. No empieces con tonterías, solo estábamos hablando de Sicilia y Sabrina, me hablaba de su tierra.

-¿Barcelona, verdad? -La joven asintió-. Solo he ido unas pocas veces.

-Podríais ir para vuestra luna de miel -Sugirió su madre, consiguiendo una sonrisa de él y una furibunda mirada de ella.

-Eso me gustaría comentarte mamá -Sabrina se puso tensa. ¿Qué le iba a decir a su madre? Según lo que fuera, se podía liar una buena...-. Me dijo Sabrina, que quien tubo más culpa en el detalle del anuncio de la fecha de nuestra boda, fuiste tú...

-Sí, bueno sabes que tengo muchas ganas de que llegue el día. Y como vi, que no os decidíais a poner la fecha, decidí daros un pequeño empujoncito...

-No lo veo muy bien, dado que eso es cosa de mi prometida y yo. Pero como veo que tampoco protestara mucho -Le sonrió acariciándole la nuca con mucha suavidad-. No me parece tan mal... Incluso, no me molestaría que la boda se celebrase allí en Sicilia, y adelantándola a finales de Julio. Sería una excusa
perfecta para irme de vacaciones, al tener que irme de luna de miel.

-¡Oh, que bien! -Exclamó de alegría Sophía.

-¡Qué! .Ni hablar, me opongo -soltó con firmeza y levantándose de la silla con mucha energía.

-¡Querida! -Se asustó Sophía, ante el ímpetu con el que se levantó de la silla, derribándola a sus espaldas.

-¿No te gusta la idea de casarnos, antes y allí? -Preguntó burlón, consiguiendo que tuviera el fuerte deseo de tumbarlo de un solo golpe.

-No es eso, Lucas...-Respiró profundamente, lo necesitaba-. Pero te recuerdo, que tú madre va precisamente a Sicilia para descansar. No para volverse de los nervios con la organización de una boda... Recuerda, nada de estrés

-Recalcó con gran fuerza su última frase y dándole un pellizco en el antebrazo al hombre.

-¡Ya lo sé mi vida! -Masculló entre dientes, por el dolor de su pellizco-. Pero lo nuestro sería al final una boda íntima...

-¡Ha! -Se rió forzada y nerviosa-. Creo que ése término, precisamente tú madre lo entiende muy diferente a nosotros...

-Hola... Estoy aquí delante -Bromeó Sophía, al ver que hablaban sin tenerla en cuenta.

-Si, esa es mi mala suerte -Masculló en un susurro, pero que les llegó a los oídos.

-¡Sabrina! -Rió él.

-Déjala -Dijo en tono alegre la mujer mayor-. Es visible, que la pobre está aterrada con ese acontecimiento. Y cuanto más se aleje de la fecha, mejor para su miedo...

-Yo...

-Por mí, no tienes que preocuparte. Creo que el organizar la boda, me irá de maravilla para mi salud -Había un gran brillo de victoria en su mirada, cuando soltó las siguientes palabras-. Y os organizaré una magnífica boda, solo seremos unos cien invitados -¿Incluido los reporteros? No se lo creía, pensó con gran desconfianza hacia la mujer-. Y es verdaderamente maravilloso, que hayáis escogido el casaros allí...

¡No!. Maldita sea, ya estaba viendo en su imaginación como la mujer se estaba frotando las manos por su gran victoria. Su maldito y loco plan, iba avanzando y ganándole terreno. Acaso no veía Lucas, que le acababa de tirar el hueso directamente a la boca... ¡Pero qué hombre más idiota!

Era la noche antes de salir hacia Sicilia y se encontraba, en su terraza junto con la compañía de sus tres compañeras. Cada una, tumbada en una tumbona y con una copa de vino en sus manos. Su estado de ánimo, rozaba un tanto la melancolía. Y puede... solo puede, que un tanto nerviosa. No paraba de tener su sexto sentido incordiándola a cada segundo del día. Su suerte, había sido cuando solo habían podido partir hacia dos semanas a Sicilia, Lucas y Sophía. Ella, por motivos de trabajo había tenido que permanecer en Londres hasta aquel día. Aunque verdaderamente, todos los días había estado en contacto con ellos a través del teléfono. Si no era ella, era Sophía quien llamaba. Ahora, ya se le acababa su tranquilidad. Al día siguiente, se lo encontraría cara a cara y nada menos que por dos largas semanas si es que no se alargaba el asunto. ¿Qué ocurriría? Eso es lo que prácticamente la llevaba de cabeza loca...

Lucas, era mucho Lucas. Y últimamente, había que decir que lo notaba diferente. Es como si éste se encontrara esperando alguna cosa... ¡Otra vez! No podía pararse a pensar en ello, cada vez que lo hacía se le erizaba todo el bello del cuerpo. Es como si su cuerpo la estuviera avisando de algún peligro que fuera a
ocurrir.

-¡Despierta! -Chilló sonriente Marta-. Llevas un buen rato ida, me estas dando miedo.

-Yo si que tengo miedo- Soltó enfurruñada.

-No digas tonterías -La calló Marta.

-Pero es que...

-Es que nada -Interrumpió aquella vez Susan-. Vas a realizar un trabajo y punto. Vale -sonrió maliciosamente-, dormirás con Lucas...

-¡Dormiré en su casa, pero en mi cuarto! -Protestó ella.

-Sí, claro. Eso si logras evitar que te bese... Sabes que últimamente ya pierdes la cabeza cuando lo hace -Colaboró Karolaine.

-¡Cómo lo hago! -Dio un buen sorbo a su copa-. Sabéis que yo no tengo la culpa, que es mi corazón quien decide hacer lo que quiere hacer...

-Pues evita quedarte a solas con él... -Empezó aconsejar Marta.

-¡No aceptes pasear por la playa de noche! -Soltó Susan.

-Vete a dormir antes que él -siguió Karolaine-. ¡Oh, cierra la puerta de tu dormitorio con cerrojo!

-¿Y si no tiene cerrojo? Pongo la silla contra la puerta...-ironizó con negación-. ¡No digáis chorradas! Maldita sea... Me lo voy a llevar a la cama...-Soltó con voz trémula y mirándose sus cortas uñas y gruñendo a la vez, por no podérselas morder.

-¡Qué! -Soltó primero Marta.

-¡Cómo! -Exclamó la inocente Karolaine.

-¡Esto es increíble! -Soltó a carcajadas Susan.

-¡Lo sé! Me siento como si me hubiese tomado una maldita botella llena de afrodisiaco... -Se levantó, para mirarlas llena de frustración-. Vosotras, no os podéis llegar a imaginar lo que es día tras día, sentir una caricia de ese maldito playboy...

-Ya me gustaría a mí -soltó Susan.

-Me apunto -Levantó la mano, Marta.

-¡No os riais! -Las regañó-. Él ya lo sabe...Estoy segura, de que el muy cretino ya no ve reflejado odio en mi mirada, ni en mis labios cuando lo beso. Si es que lo veo, el muy canalla va a ganar la batalla.

-Thom se alegrará -Bromeó Karolaine, haciendo que todas se rieran por su comentario.

-Bueno, pensando de otra manera...solo tienes que cambiar tus objetivos, eliminar todo lo que teníamos pensado desde un primer momento- Empezó Susan.

-Me das miedo, cada vez que tus ojos brillan de esa manera-Comentó Karolaine.

-Antes, solo queríamos llevarle al altar para plantarlo... Pues ahora, primero nos aprovechamos sexualmente de él, para atraparlo más. Y después, lo dejamos igualmente plantado. Piensa el gustazo que te darás...

-Mira, una parte relajante en todo éste lío -Soltó en broma Marta-. Te quitarás todo el estrés acumulado si te lo llevas a la cama.

-¡Marta! -La regañó Karolaine, sin poder disimular una risa.

-Es cierto... Serás la primera mujer que se acuesta con él, solo para aprovecharte luego -Comentó Susan-. No hay nada de malo, así que chicas vamos hacer un buen brindis -riéndose se levantó y se puso junto a Sabrina-. ¡Un brindis, por la dulce venganza!

-¡Chin Chin!...-Riéndose, se tomaron lo que quedaba en sus copas de un solo trago.

-Ánimo, la diversión solo acaba de empezar para tí, Sabrina -Comentó Marta, mientras alzaba por una vez más la botella de vino para llenar sus copas.

El avión aterrizó despertándola de su pacífico sueño. Había habido demasiado vino, y pocas horas de sueño... Pensó sonriendo, mientras iba junto con todos sus compañeros de equipo a buscar el equipaje. Nada más salir por la puerta, topó de morros con su queridísimo prometido.

-Bienvenida, mi niña -Sonriendo con travesura se acercó a ella y la besó, suponía que lo hacía de cara a sus compañeros y no por que la hubiese echado de menos...

¡Tenía razón! Como iba a evitar que no la besara, pero si hasta de un grupo pequeño de personas sacaba provecho. Cuando fuera a solas, no quería ni pensarlo... Cogiendo aire, se preparó para empezar su representación de dulce prometida.

-¡Hola mi amor, que alegría! -dijo en cuanto sus labios se vieron libres de los del hombre. Y había que decir, que ni se atrevía a mirarlo por mucho tiempo a los ojos. Pues sabía, que lo único que vería en sus ojos sería burla... -Te presento a mi equipo, con quien voy a pasar la mayoría del tiempo...

-Y que yo intentaré evitar a toda costa -Bromeó Lucas, haciendo que muchos sonrieran

Cuarenta minutos después.

-Ésta es la casa. ¿Qué te parece? -Preguntó contenta Sophía, de tenerla al fin allí. Sus planes iban a realizarse. Pero un par de cosas iban a ser diferentes, pensó mientras se detenía en medio del salón.

-Es todo un paraíso -Confesó con sinceridad-. Me sabe muy mal por mí equipo...

-No digas tonterías, eres mi futura nuera...-La miró un poco molesta-. Tienes que quedarte aquí, nos cuidaremos mutuamente. Además, Thom les ha asignado un buen hotel. Y yo, estoy encantada de tenerte aquí a mi lado. Al igual que Lucas - Por el rabillo del ojo, llegó a captar una sonrisa en los labios de éste, ante tal comentario-. Sois una pareja, a punto de casaros. Os quedan semanas...

¡No!. Por que tuvo que decirlo. Le sonaba muchísimo mejor, dos meses, que pocas semanas... En aquel silencio que hizo Sophía, estaba segura que había algo que ocultaba.

-¿Oh, me vas a decir que no le has echado en falta?

-Claro, que lo he echado -¿Habría sonado enamorada o fría? Daba igual. Sophía se estaba pasando, y él, se estaba divirtiendo demasiado con todo aquello. Se iba a enterar-. Es solo, qué pensé que aún íbamos hablar sobre lo de adelantar la boda... ¿Y además, tú me echaste en falta mi amor? -Puso su voz lo más melosa que pudo y agitó sus pestañas, mientras se acercaba a él. Su pecho, contra el de él, al igual que su pelvis contra sus piernas... ¡Bien! Captó como se le hinchaban los orificios de la nariz, al coger más aire dado su cercanía. Sabía que aquel atrevimiento lo pagaría, pero valía la pena por ver su fuerza de voluntad.

-¿Acaso lo dudas? -Dijo inclinando su cabeza-. Sobre todo las noches se me
han hecho eternas...-sus labios se rozaban de forma peligrosa-. Pero mi sufrimiento ha tocado su fin. Ahora, estás aquí a mí lado, al igual que todas estas noches en nuestro dormitorio -Y la besó primero con burla, para después hacerlo con un poco de dureza.

¡Un momento! ¿Nuestro dormitorio? ¡No, no! Aquello no podía haberlo hecho... ¡Pero se trataba de Sophía y de Lucas! .Tanto por uno como por el otro, tenía que compartir el dormitorio... Lo dicho, iba a perder su virginidad. Estaba escrito, que tenía que ser así... No sabía cuando, pero si que durante aquellas dos semanas, le suplicaría a Lucas que acabara con aquel sufrimiento. Cogiendo fuerzas, desde su interior abrió los ojos y lo miró directamente con valentía, dándole a entender que era ella quien iba a mandar...

-¡Lucas! No digas esas cosas delante de tu madre... -Miró un momento a Sophía-. Sabes que no me gusta...

-¡Oh, querida! Seré vieja, pero no dejo de ser moderna... Por eso, os he puesto juntos. Sé que la juventud de hoy en día, no esperáis hasta el matrimonio. Y ojo, que es una cosa que veo bien -Sí, se veía como Sophía evitaba a toda costa de mirarla más de un segundo a la cara. Sabía que había hecho muy mal-. Bueno, hijo por que no subes sus maletas al dormitorio... -Lucas, sonriendo se acercó a las maletas y emprendió el camino, dejándolas atrás expresamente. Sabía, que Sabrina le quitaría los ojos a su madre por aquella emboscada.

-¡Pero cómo me pones en el mismo dormitorio! -Masculló entre dientes, pero con los ojos exaltados.

-Mi hijo, sabe que en ese punto no soy nada convencional -Puso como excusa barata-. Si te asignaba otro dormitorio, entonces si que sospecharía de conducta rara.

-¡Gracias! Ahora, solo tendré que dormir con un cinturón de castidad.

-Hay un enorme sofá en el dormitorio.

-¿Sabe de artes marciales? -Inquirió con ironía y molesta.

-¿Cómo?

-Nada, que ese sofá no creo que pueda defenderme mucho ante tu hijo.

-Algo, es algo...

-Si es que tienes unas ideas...

-Mira, ya está hecho -Se cansó-. Tira para el dormitorio.

-Y encima, me empujas a la caldera...-Dramatizó exageradamente.

-El plan tiene que avanzar.

-Como tú mandes...-Enfatizó-. Pero Sophía, que me estas tirando a los brazos de tu hijo y creo, que no te importa lo que pueda pasarme...

-¡No digas tonterías! -Se exaltó-. Es solo que sé que tú eres muy fuerte y sabes hacerle frente a mí hijo...

-¡Ja! -rió sarcástica-. Sabes que ahí he flaqueado, intenté pararte el otro día en todo éste lío...

-Fue un miedo pasajero.

-¿Sophía? -La miró detenidamente-. ¿Me estás ocultando alguna cosa?

-¿Me estás acusando de algo? - Se defendió con tanta rapidez, que le creyó. Pero seguidamente algo en su mirada, la hizo callarse y meditar para sí...

-No...Es solo que estoy un tanto nerviosa con todo esto, más el trabajo que tengo entre manos...

-Te entiendo -Sonrió-. ¿Subimos a tus aposentos?

-Claro...-Fue la manera en que lo dijo, lo que la hizo creerse que la llevaban al calabozo-. Le dijo la bruja a la princesa...

-Sabrina....-Alzó los ojos al cielo la mujer.

En el dormitorio, sus maletas se encontraban al pie de la cama. Y en ésta, tumbado a sus anchas un Lucas, con una gran sonrisa y mirada felina. Al momento, sus pies quedaron clavados en el suelo, mientras que sus oídos se quedaban sordos ante el eco de sus aceleradas pulsaciones.

-Como éste será tu futuro dormitorio, cuando vengamos a Sicilia - empezó con una mirada sensual por su cuerpo, para luego pasarla por la habitación-, te dejo que realices todos los cambios que creas convenientes para que te encuentres a gusto. Lo mismo con el resto de la casa...

-¡Oh, no! -dijo nerviosa-. Me gusta como está todo...-Acabó siseando entre dientes.

-Querida, al dormitorio le hace falta un toque femenino-Afirmó Sophía-. Ahora es muy elegante, pero frío para un futuro matrimonio.

¡Lo que les hacía falta, era un toque a cada uno! La estaban volviendo loca. Cada uno hacia su papel, pero era ella quien se encontraba en medio... Era ella, quien tenía que soportar todas todos los dardos... Y empezaba a estar bastante 
harta.

-Bueno, ya veré lo que se puede hacer...

-¡Uy, tengo que llamar a Júlia! Bueno querida, te dejo para que te acomodes. Estaré por abajo...

Y desapareció. Desde luego, Sophía no es que le estuviera poniendo las cosas muy fáciles...Y ahí estaba, sola en un dormitorio con Lucas. Tumbado en una enorme cama, que era lo que estaba evitando a toda costa de mirar. Pero era difícil, sus ojos se sentían atraídos por la enorme fuerza sexual, que desprendía
aquel maravilloso cuerpo de adonis que había tumbado en ella. ¿Dios mío, qué iba a ocurrir por las noches en aquella cama?

-Será mejor que te haga sitio en el armario, así podrás ducharte y descansar un rato.

-Te lo estás pasando de maravilla...

-Sí -se levantó y se acercó al armario-. ¿Te molesta? ¿O te preocupa algo? -Inquirió divertido.

-No pienso dormir contigo.

-Entonces, explícale a mi madre de tu traslado a otro dormitorio.

-No hace falta, tienes un maravilloso sofá...

-No pienso dormir en un sofá, teniendo mi cama a tres pasos...

-Muy bien, pues ya dormiré yo en él...-Señaló molesta.

-Tú misma, me parece una tontería -comentó riéndose-. Como puedes observar, si quieres acercarte más... No pienso morderte, cariño. Te he dejado el lado derecho del armario para ti, pero compartiremos el perchero.

-¿Y ya está? -comentó sorprendida y desconfiada-. No me vas a insistir en lo de la cama...

-No -rió-. ¿Pero si quieres qué lo haga, te señalo que tengo mis propios métodos?... -Dicho aquello, Sabrina retrocedió un paso son suma rapidez-. Puedes estar tranquila, ya te he dicho que serías tú quien vendría a mí...

-Pues espera sentado.

-Mejor lo haré tumbado, será muchísimo más cómodo cuando lo hagas.

-Eres imposible.

-Tú me has picado -se le acercó veloz, antes de que ella reaccionara y se apartara. La sujetó por los hombros y cintura-. Sabrina, mi niña... -La miró por unos segundos-. Esa cama es muy grande...

-No me fío -Y era cierto. No se fiaba de ella. En aquel momento, aunque pareciera que quería salir corriendo. En verdad, estaba ardiendo por dentro, con el contacto de sus manos. Quería más...

-Muy bien, rómpete la espalda si eso es lo que deseas... -Soltó malhumorado-. Si quieres, puedes echarte una siesta en ella. Yo me voy un momento a la ciudad, tengo asuntos que atender -Y apartándola con brusquedad, desapareció de allí. Aquello iba a resultar muy difícil. Era el primer día y ya estaban enfadados.
¿Cómo iba a realizar el maldito plan, si tampoco hacía nada por colaborar?.. Suspirando con profundidad, se dispuso a deshacer su equipaje.

Eran las seis de la tarde y se encontraba en una tumbona, en la piscina. Lucas, no había aparecido desde que se marchara aquella mañana. Y Sophía, parecía que la estaba evitando. Se había ido con su amiga Júlia de compras. Sabía que recibiría bronca... Estaba aburrida. Mejor era que se cambiara y cogiera un coche, como le había informado Sophía. Se iría a dar una vuelta por su cuenta. Todo era muy bonito. Paró en un semáforo y miró a su alrededor en busca de una cafetería, para parase y tomar algo. Cuando una pareja, que estaba sentada en una de ellas le llamó la atención. ¡Era Lucas! En actitud muy cariñosa, con una magnifica morena. ¡Pero como podía ser tan cerdo! Peor aún, como había sido tan tonta de llegar a enamorarse siquiera un poco de él. Ahora sí que quería efectuar inmediatamente el plan de Sophía. Quería darle su mismo pan, aquel cretino...Con mal humor se alejó de allí, dejando atrás sus lágrimas con el hombre que su corazón había querido para él.

Salía de la ducha, cuando ella entraba en el dormitorio. Se había sorprendido un poco, al encontrarse su deportivo en la calle y más aún al ver quien lo conducía. Pero se hizo el despistado e hizo como que no la había visto. Pidiéndole a Lis, que le hiciera carantoñas. Ésta se había reído, para hacerle caso a su petición sabiendo que aquello era por alguna mujer que rondaba por allí. Tenía ganas de reírse un poco con Sabrina. Quería ver cual era su reacción...

Eran las diez de la noche y se encontraba sentada en la terraza del jardín 
junto con Sophía, esperando a Lucas para cenar. Si mirabas a Sophía, le encontrabas en la mirada un brillo de satisfacción en los ojos. Ella tenía la culpa de ello. Antes de empezar arreglarse para la cena, había ido hablar con ella. Y ésta, había demostrado una gran alegría cuando le había comunicado que quería llevar a cabo su plan lo más rápido posible.

Quería darle a Lucas una patada en su trasero. Y ahora, si que no iba a llevárselo a la cama. Ciertamente, había sido muy tonta al creer que éste mantenía algún tipo de celibato. Pero ya le había quedado muy claro que no era así. Muy bien era el momento de reírse de él.

-¡Por fin estás aquí! -Exclamó su madre con buen humor-. Voy a indicarle a Rosa, que puede servirnos la cena.

-¿Hola mi niña, cómo te ha ido tu primer día?

-Muy productible -Pensó en responderle en un gruñido. Pero haciendo un pequeño esfuerzo, puso una de sus mejores sonrisas -Muy bien, he ido a dar un paseo con uno de tus coches -sonrió y acto seguido le dijo con voz melosa-. Pero te encontré a faltar mucho, mi amor...

-¡Como se te ocurre irte a la ciudad y no llevarte a tu prometida! -Le regañó su madre, que aparecía en aquel momento.

-Por que había quedado a comer con Paolo, para hablar de negocios... -la miró un momento, esperando a ver si decía que aquello era mentira, pero no hizo nada-. No quería que se aburriera. Además, pensé que estaría cansada mamá.

¿Paolo?...No querría decir, Paola. Que ganas de tirarle por encima de la cabeza la botella de vino. Pero como se podía ser tan cretino.

-No te preocupes, cariño -Soltó entre dientes-. Me lo pasé bien, viendo los alrededores. Ya tengo algunos sitios, para las fotos... Pero no te canses mucho con el trabajo, que me tienes que llevar a conocerlo todo...

-Por supuesto, mi niña. Trabajaré lo justo para poder llevarte a un montón de sitios -Y para vigilarla. Pensó después de ver su mirada... Había esperado un pequeño enfado o algo, pero tanto cariño... Sin duda, su cabecita estaba tramando algo. O solo esperaba a estar a solas con él.

Después de cenar, entraban en el dormitorio...

-¿De verdad que no quieres que te lleve a ningún sitio? -Preguntó Lucas.

-No, mañana trabajo -Soltó escuetamente, mientras cogía un juego de sábanas del armario.

-¿Se puede saber qué haces con eso?

-Prepararme para dormir.

-Oh, venga ya Sabrina -soltó molesto-. La cama es muy grande, prometo que dormirás tranquila.

-Me da igual todo lo que me digas, pienso dormir en el sofá.

-Al segundo día, tendrás la espalda rota.

-Pues cámbiame el sitio.

-Ni hablar -se rió-. Aquí, la única cabezona eres tú - Empezó a quitarse la camisa.

-¿Qué haces?

-Desnudarme -soltó divertido-. Es el procedimiento a seguir, para poder ir a dormir...

-Pues hazlo en el baño.

-No -Respondió con firmeza.

-¿Por qué no puedes cambiarte en el baño?

-Date la vuelta y listo -se lo estaba pasando muy bien-. ¿Te da vergüenza?

-No es eso...-No quería que sus defensas se derrumbaran, en cuanto vieran tanto musculo-. Además, te recuerdo que ya te vi desnudo.

-Cierto -sonrió tras recordar lo ocurrido en su oficina-. Desde entonces, que no has podido resistirte a mi encanto...

-No me seas creído -soltó, tras acabar de montar su improvisada cama.

-Demuéstramelo durmiendo conmigo en la cama.

-¡Ja! -soltó una risa falsa-. No pienso aceptar ningún reto más contigo, eres un tramposo.

-¡Tramposo! -rió con ganas-. Me besaste por tu voluntad, mi niña.

-Es igual, déjalo quieres -Soltó malhumorada-. Voy a cambiarme al lavabo y luego a dormir.

-Que aburrida... -Susurró en su oído, cuando pasó por su lado.

Apenas eran las siete de la mañana, cuando Lucas se disponía para abandonar el dormitorio con una tierna sonrisa en el rostro. A media noche, se había levantado y había llevado dormida a Sabrina a su lado. Suponía que del viaje estaba tan agotada, que ni se había percatado de ello. Había dormido poco, el mayor tiempo se lo había pasado observándola detenidamente. Era tan preciosa. Era la primera vez que podía observarla tan detenidamente y a sus anchas, sin recibir ninguna queja por parte de ella. Estaba convencido, que cuando pasara toda aquella tormenta todo iría por el camino que él quería que fuera... Solo tenía que tener un poco de paciencia. Sabrina y su madre, eran unas mujeres muy testarudas. Acariciando su mejilla, apenas en un delicado roce salió de allí. Tenía reuniones que atender y quería acabarlas cuanto antes, para poder regresar allí y estar al lado de Sabrina.


-¡Muy bien, qué os parece a todos si paramos dos horas para comer! -Gritó a todo su equipo.

-Vamos a bañarnos en la cala que hay un poco más abajo...-Comentó Judith, una de las modelos-. ¿Te apuntas?

-De acuerdo, pero antes tengo que llamar a Thom. Ir hacia allí...-Guardando todo en la furgoneta, sacó su teléfono móvil y marcó.

-¡Hola, mi pequeña ninfa!-dijo una voz, al otro lado de la línea.

-Menos pitorreo, Susan -Rió-. ¿Dónde se encuentra mi jefe?

-Salió para comer, con un posible cliente.

-Así me gusta, que trabaje un poco.

-¿Ocurre algo?

-No, todo va muy bien. Solo comunícale, que puede que acabe mucho antes de lo que pensaba. Hay sitios tan preciosos, que no me paran de venir ideas...

-¿Y cómo va lo otro?

-OH, bien... ¡Quiero venganza a muerte!-Soltó con coraje-. Me he animado más, ahora lo veo todo desde la perspectiva de Sophía...

-¡EH! ¿Qué ha ocurrido? -Exclamó preocupada-. Pensé que había otros tipos de intereses, antes...

-Mmm...Sí, bueno. Creo que me complacerá más el pisotearlo...

-¡Sabrina!... ¿Cómo consigue Sophía salirse siempre con la suya?

-Mira, ya os lo contaré... Te voy a colgar, mi queridísimo prometido acaba de aparecer. Dar besos a las chicas...

-Pero...

-Quien me lo iba a decir, me acabo de encontrar con la bella durmiente más bonita de la isla -soltó con doble sentido.

-¡OH! No me lo digas, tú eres la malvada bruja que viene a traerme la manzana -Masculló con cierta ironía y amargura en la voz.

-Bueno, en verdad venía en categoría de caballero armante a rescatarte -Bromeó.

-¿En serio? ¡Qué quieres! -Fue al grano con gran enojo.

-Venía a invitar a mi prometida a comer...

-Vaya, ésta mañana no me invitaste a que ocupara tu lecho, humilde caballero. Más bien me secuestraste.

-Estabas muy cansada, no me parecía bien que durmieras en el sofá... Tú virtud, querida princesa sigue intacta.

-Vete al cuerno, querido -Le dio la espalda.

-Lo hice por tu bien...

-¡Ja! Tú no haces nada por mi bien, te recuerdo en el lío que estamos metidos...

-Te recuerdo, que te ofrecí el acabar con ello...

-Te recuerdo, que lo denegué.

-Entonces, no te me quejes de las consecuencias que surjan por el camino, tras jugar mis cartas.

-Juega todo lo que quieras... Pero éste cuerpo, jamás será tuyo.

-Sabes que esas palabras no deberías de haberlas pronunciado, mi amor -le señaló con voz ronca-. Y lo siento mucho, pero debo contradecirte... Tu cuerpo me pertenece, me lo demostraste mientras dormías en la cama conmigo. Roja de ira, así estaban sus mejillas ante sus palabras.

-¡Cerdo!...-Insultó enfadada, por que no sabía que es lo que habría hecho por la noche-. Declino tu oferta. Ya he quedado para comer. Buenos días, mi caballero.

-Hasta ésta noche, entonces -Susurró divertido y con mirada sensual.

¡No!. ¡Seria imbécil! ¡OH, por que tenía que decir él la última palabra! Esa noche, en la cena comenzaba su actuación...Haría todo lo posible, por intentarlo. Había llegado el momento, de exponer todos sus encantos hacia Lucas. ¿No decía que imploraba por él? Pues bien, eso es lo que iba hacer. Tenía que hacerle creer, que su deseo hacia él había despertado y que le era imposible parar... Tenía que hacerlo sufrir con su misma moneda. Ahora, solo le quedaba de formarse una fuerte armadura. Tenía que resistirse al fuego que iba a despertar. Iba a enterarse de quien llevaba mejor, todo aquel farol.


Aquella noche, por petición de Lucas se las había llevado a cenar fuera. Se encontraban en una magnífica terraza, a orillas del mar. Era un ambiente romántico. Las mesas decoradas con flores y vela, y la gente susurraba por no estropear la magia de aquel lugar. Era todo muy relajante, para el estrés que llevaba encima...Dando un buen trago a su copa de vino, se armó de valor para comenzar su pequeña actuación de la noche.

-Me encanta de que nos trajeras a éste lugar...-Comenzó con voz melosa-. Es muy relajante.

-Me alegro de que te guste, lo mejor para la dueña de mi corazón.

¡OH, que bonito! ¡Y que puñetazo le propinaría en aquel momento!

-¡OH! Que tierno que eres conmigo, cuando no hay nadie -Sonriendo con picardía, arrimó su silla a la de él, para seguidamente rodearlo con un fuerte abrazo

-¡Así te ahogues! Pensó con gran sarcasmo... ¡Vaya! El pobre no se esperaba aquel movimiento de ella. ¡Bien!.

-Pero que contenta que estoy -Comentó Sophía-. Al final me hiciste caso, y encontraste a una magnífica mujer. Hacéis tan buena pareja... Que ganas de que llegue la boda...

-Sí -sonrió también Sabrina-. Ahora que estoy aquí, me doy cuenta de que también estoy esperando con ganas ese gran día... ¡Dios, cuanto te quiero! -Sujetó el rostro de Lucas y lo besó. Pero haciéndose el corazón trizas. Por que estaba poniendo toda su voluntad en aquel beso. Olvidándose por un momento, que tenían a Sophía de compañía. Cuando se separó, no era la única que tenía problemas para respirar con normalidad. Aquello le gustó. Ver a Lucas, nublado por el deseo... Y el juego, solo había comenzado. ¡Que su ángel de la guarda la ayudara!-. ¡Perdón Sophía! -Exclamó con voz dulce, haciéndose la inocente.

-No hay nada que perdonar. Me alegra que os queráis tanto- Soltó un gran suspiro de felicidad.

-Luego, no quiero ninguna amenaza o queja cuando yo te bese así -La amenazó Lucas, en un susurro.

-Que os parece si nos vamos a caminar un poco por la playa, así bajaremos un poco la cena -Sugirió nerviosa tras la amenaza de él.

-Perfecto, creo que nos irá de maravilla remojar a los dos el remojar los pies en agua fría, fría...-Comentó con doble sentido él.

Era una preciosa noche. Corría una pequeña brisa, lo suficiente para refrescar del calor agobiante del día. Iban los tres juntos. Sophía iba en medio, pero se acercó un momento a la orilla a coger una caracola que había visto, dejándola por unos instantes a solas con él. Lo justo, para aprovechar y abrazarse a él, muy acaramelada.

-Caliente, caliente...-Volvió a susurrar Lucas, con voz sensual-. Atente a las consecuencias, niña.

-¡No tengo que atenerme a nada! -Protestó entre dientes, al ver que Sophía no estaba tan lejos.

-Muy bien...Prohibido atacarme -Sonrió al ver que ella no comprendía y acto seguido, la obligó a besarlo al sujetarle el cuerpo con más fuerza y levantarle el rostro hacia él.

-No... -Para que gastaba saliva tontamente. Si eso es a lo que se había expuesto. Maldita sea, es que no podía resistirse ni un segundo. Solo le faltaba ronronear como los gatos...Lucas, le devoraba los labios con un hambre que la perdía en su mundo. No escuchaba nada más que las respiraciones entrecortadas de los dos. Quería sentirlo más. Alzó sus brazos hacia su nuca, en donde empezó acariciarlo con gran desesperación. Pedía algo, pero no sabía el qué... Ante aquel
abandono de ella, Lucas se atrevió a deslizar sus grandes y fuertes manos a lo largo de su espalda, hasta llegar a la base de su trasero. Se mareaba, estaba perdida...

-Sophía...-Susurró él. ¿Sophía? No, ella se llamaba Sabrina... ¡Dios, que idiota!

De un fuerte empujón, pudo separase de él. Refrescándose con la brisa que la envolvió, al encontrar paso entre ellos. ¡Pero como había podido ser tan!... ¡Mejor no decirlo! Peinándose el cabello con gesto nervioso, miró a su alrededor para
divisar a Sophía a unos metros más adelante detenida delante del mar. Era tal su vergüenza, que ni se atrevía a mirar a Lucas a los ojos. ¿Y ahora qué? De todas las veces que se habían besado, aquella era la segunda vez que lo habían hecho con tanta entrega. Como sucedió en el nidito de amor de Lucas, que tenía en su oficina. Si no hubiese sido por él, ella aún seguiría pegada a su pecho. Pero no, justamente era él quien había tenido un poco de cordura y había detenido aquello.

¡Ja!. Su plan, se la iba a comer enterita de un solo bocado. Ahí había tenido la prueba. No estaba preparada para llevarlo acabo. Tenía que admitirlo, hacia falta una feminista de pura cepa, para pararle los pies aquel hombre. Pero ya no había
marcha atrás... Sintió como Lucas le rodeaba los hombros y la conducía por la playa, dirección a su madre. Lo miró de manera fugaz. Se lo veía decidido, orgulloso... Seguro que su mente se encontraba tirando cohetes por la victoria.

¡Maldita sea, por que cuando conseguía avanzar un paso, se encontraba que de manera inmediata retrocedía dos!

-¿Asustada? Te lo advertí -Le iba susurrando en el oído-. Estabas jugando con fuego. Ahora, has comprobado por ti misma lo que yo decía... Somos...

-No pienso acostarme contigo -Parecía que se auto convencía ella misma. Lucas soltó una carcajada.

-Di todo lo que quieras, pero una cosa Sabrina. Poco a poco, estas viniendo a mí... Yo no estoy haciendo nada. Solo esperarte con los brazos abiertos...

-Le dijo la araña a la mosca... -Intentó mofarse, para restarle veracidad a sus palabras.

-Bien, como quieras... Te cedo la ducha a ti primero, para cuando lleguemos...

-¿Por?

-Para que te refresques y no vuelvas a saltar encima mío, yo puedo esperarme...Tengo un poco de más aguante.

-Serás...

-Pensé que tendría que llamar a los bomberos para separaros -Rió Sophía, quitándole la oportunidad de replicarle.

-La culpa la tengo yo...-soltó Lucas-. Me siento como un niño de dieciséis años. Tengo la necesidad de besar a mi niña a cada momento...

-Oh, que romántico...Así era tú padre...

¿De tal palo a tal astilla, pero más picarón? Pensó en silencio, mientras volvían al coche.

¡Por fin!. Pensaba que no iban a llegar nunca a la casa. Necesitaba espacio, poner sus nervios en paz. Ni en el coche había conseguido librarse de él. Casi todo el trayecto de vuelta, su mano había descansado en su rodilla. Lo malo, es que eran
las dos de la mañana y no quedaría muy bonito que se quedara rondando por la casa. Así, que nada de paz. En el dormitorio también se encontraría Lucas, y lo que era ella aún tenía las terminaciones nerviosas muy despiertas por el beso en la playa. Si acercaba sus dedos a los labios, estaba segura que aún seguirían un poco hinchados por la pasión desatada. ¡No quería ver aquella cama tan grande!

-Estoy muy cansada, me voy a ir a dormir pero que ya...

-Yo también, nos vemos mañana parejita.

-Ve subiendo cielo. De seguida voy yo, antes quiero mirar unos papeles en mi despacho -dijo, besándola con cariño en la frente.

-Lucas, es muy tarde para cosas del trabajo...-Protestó con energía Sophía.

¡Déjalo, si quiere trabajar! Deseó poder gritarle. Mejor para ella. Deseaba tiempo y distancia. Esperaba que si se entretenía, ella ya estuviera dormida y no notaría su presencia a sus espaldas, cuando éste se estuviera desnudando. Descubriendo primero su fuerte torso moreno, para seguir con la cintura...

-Está bien, lo dejaré para mañana...

Rápido, necesitaba hielo. Había vuelto a subir a un cien por cien, la temperatura de su cuerpo. ¡No!. ¡Hielo, no! Aquello era un arma, demasiado erótica... ¡Pero qué le ocurría! Solo tenía que hacer como ayer. Desnudarse en el baño y acostarse a toda prisa en el sofá, con la sábana hasta las orejas. Y eso sí, estar alerta. No quería volver a despertar en la cama... Bueno, podía ponerse el despertador del móvil a cada hora en punto, y ver si seguía en el sofá...

Aquello era de idiotas, parecía una histérica. Lucas no le había hecho nada. Aunque tampoco había ocurrido entonces, lo que había ocurrido... Ya estaban delante de la puerta. Respiró con profundidad un par de veces y le deseó las
buenas noches a Sophía, que siguió pasillo más abajo. Lucas, le cedió el paso al dormitorio de forma caballerosa y acto seguido, escuchó como éste cerró la puerta. Bueno, ya estaban solos y... ¡Una banqueta de piel negra!

-¡Dónde está mi sofá! -se giró con gran furia.

-Verás -Empezó con toda la calma del mundo-, lo veía una tontería -Se acercó al inútil mueble, se sentó y se quitó los zapatos-. Encuentro, que esto me es más útil, más cómodo...

-Eres un maldito...

-Ojo con lo que dices por esa boquita, que creo que ya te ha metido en bastantes problemas por hoy...

-Te crees muy listo -empezó furiosa-. ¿Dónde se supone que voy a dormir yo?

-En la cama... Y no quiero ninguna objeción. Puedes confiar en mí...

-Sí, claro...

-Que yo sepa, hoy as sido tú quien ha provocado todo. Así, que procura mantenerte quietecita en la cama y no ocurrirá nada. Te lo demostré ayer noche... ¿O te temes a ti misma?

-Menuda tontería...

-Pues no hay más que hablar.

Para él, el tema ya estaba zanjado puesto que estaba empezando a quitarse la ropa. Tenía que evitar el dormir con él. Con paso firme se acercó al armario, para llevarse otro chasco. No había ni un juego de sábanas, ni tan siquiera una manta...

-Ordené que retiraran todo, si dormías en el suelo o en la bañera, te harías más daño...

Vaya, había sido muy astuto...Con enfado, cogió su camisón y se metió en el baño para cambiarse, pero eso sí, dando un fuerte portazo.

¿Cuanto rato llevaría allí? Veinte minutos, media hora... ¿Se habría dormido ya? Se había duchado, lavado los dientes y peinado el cabello...Las uñas las tenía bien recortadas y pintadas, no tenía que hacerles nada. Y el cansancio ya empezaba hacerle mella. Aguantando la respiración, salió del baño intentando no hacer ruido. La única luz que veía, era la que producía la luna a través de las ventanas. Echó un rápido vistazo a Lucas, parecía que estaba dormido. Sin darse cuenta le dio un golpe con el pie a la maldita banqueta, que éste había comprado aquel mismo día.

-¿Te has hecho dañó? -Preguntó burlón y asustándola.

-No.

-Pues entonces, métete en la cama y deja de hacer ruido...

Con cierta brusquedad, se acercó a la cama y se sentó en ella. Al ir a destapar su lado, tiró con fuerza para quitarle también a él la sábana. Después, solo se tapó ella, pero antes poniendo su almohada entre los dos...

-Mejor que te duermas ya, y no me provoques más...

-¿Qué he hecho?

-Sabrina, Sabrina...Duérmete ya, y sé buena chica. O te demostraré lo poco que hace es almohada por ti...

-Inténtalo y saldrás escaldado -Apenas susurró en un murmullo, produciendo  que Lucas soltara carcajadas por aquel comentario a tan baja voz.

-Cariño, una frase más por esa boquita y te demostraré el resultado de tu actitud de hoy. Y no es una sugerencia, es una amenaza... Mi cuerpo, sigue despierto aún por tú numerito romántico. ¿Qué ya me contarás en algún momento, a qué diantres venía?

-Estoy intentando dormir...

-Pues si lo logras, te felicitaré... Teniéndote a mi lado, creo que me va a resultar un poco difícil el poder conciliar el sueño...

-Si quieres, te golpeo con algo contundente en la cabeza...Como con la banqueta... Y dulces sueños....

-No te daré ese placer, mi niña. Pero si quisieras podría...

-Estoy durmiendo junto a ti, en tú maldita cama... Me parece placer suficiente.

-Que inocente.

-Hasta el matrimonio...

-¿Pretendes hacerme creer, qué eres virgen? -Soltó con burla.

-No pretendo nada, bueno sí...Quiero dormir.

-Está bien, seguiremos con ello en otro momento- Dijo, divertido aún por el comentario de ésta.

¿A qué hora se levantaba aquel hombre? Con los ojos medio abiertos, salió de la cama sin ningún dolor de espalda. Vale, lo reconocía...Después de que consiguiera dormirse, lo había hecho muy bien. Tenía que darse prisa, solo tenía tiempo para un rápido desayuno. Era el segundo día que se quedaba casi dormida.

Normal, estaba agotada con tanto estrés...Y aún le quedaban casi dos semanas. Bueno, menos si se daba prisa con el proyecto. Abajo en la cocina, se encontró con Sophía que se estaba tomando un zumo de naranja.

-Buenos días, vieja bruja.

-Mmm...Creo que también te va a ti al guante esa descripción -Tragó rápido, por que se le escapaba la sonrisa-. Fue una actuación magnífica, la de ayer noche...

-¡OH, sí!...-Alzó los ojos al cielo-. Como tú no la sufres en tus propias carnes, solo eres una observadora... Tú queridísimo hijo, no tiene ni un pelo de tonto. ¿Sabes qué ha hecho? Ha cambiado aquel magnifico sofá, que tú me asignaste como mi protector oficial en aquel dormitorio, por una maldita banqueta negra de piel....

-¡OH!

-¿OH? ¿Eso es todo? ¿No tienes nada más original en esa maldita cabeza maquiavélica que tienes? Sophía, que ahora tengo que dormir con él en la misma cama...

-¡Qué quieres qué diga! Es muy astuto, pero eso ya lo sabíamos.

-¡Sophía, que no soy de hielo!

-No puedo hacer nada, lo siento querida.

-Genial. Cuando más necesito ayuda, es cuando menos la tengo...-Soltó con reproche-. No sé si te das cuenta, pero cuanto más lo provoco, más se aprovecha él... Sinceramente, temo por que al final no sabré decir que no. Y entones, todo tu plan se irá al garete....

-Te entiendo. Te prometo que tendré los dedos cruzados para que eso no llegue a ocurrir...

-¿Dedos cruzados?-Sus nervios estaban alterándose-. ¡Maldita sea! Que estamos hablando también de mí, de lo que me puede ocurrir.... ¡Veo que francamente te da igual que me abra de patas a él!

-¡Jesús, niña! -Soltó sorprendida por aquel comentario-. No digas más tonterías como esa, y deja de comerte la cabeza...Tú eres fuerte. Se que podrás con mi hijo. Lo siento debo marcharme, me están esperando.

-Entonces, veo que hoy al medio día estaré sola en la casa. Genial, unos momentos en los que podré relajarme tranquilamente. Hasta luego -Se despidió de la mujer, con un tono de amargura en la voz.

Eran las cinco y diez de la tarde, se encontraba tumbada en una tumbona de la piscina tomando el sol. Había llegado y había comido con Rosa en la cocina, para no sentirse completamente sola. Después se había puesto el biquini y había
salido a tomar el sol. Llevaba allí unas dos horas y media...De pronto, su teléfono empezó a sonar interrumpiendo su relax. Era Lucas. ¿Para qué la llamaría? En seguida se le vino a la mente la imagen de él, con aquella morena. ¿Le diría que tenía mucho trabajo y que no lo esperaran para cenar aquella noche?

-¿Dime amorcito? -Seguidamente al otro lado de la línea, se escuchó una carcajada de hombre.

-Buenas tardes, mi princesa protegida... -Que gracioso, pensó con odio-. Siento mucho el no haber podido comer hoy contigo.

-Yo no...-Soltó con cierta burla.

-Sabrina, querida...Si tienes en mente de seguir con el juego de ayer noche, te advierto que no es nada inteligente por tu parte...

-Que sepas, que no me produces ningún tipo de miedo -Respondió con gran valentía.

-Que sepas, que todo hombre tiene un aguante -Siguió el juego con diversión.

-¿Me estás amenazando en alguna cosa en especial?

-No querida, es solo una advertencia -Comentó en un profundo suspiro-. Además, te recuerdo que juegas con una pequeña desventaja.

-No me lo digas... -Siguió tomándoselo en broma-. ¿Qué soy una mujer?

-Que duermes bajo mi techo y justamente, mira por donde en mi cama...

-Puedo recordarte con mucho placer una de tus más repetidoras promesas..." Tú vendrás a mí". Por lo tanto, no me das miedo. Tendrás que tener paciencia y esperar...

-OH, mi niña. En ningún momento le faltaré mi honor a mis promesas...-le rió-. Que poco que me llegas a conocer.

Mejor que cambiara aquella conversación. Sin quererlo, estaba consiguiendo ponerla un pelín nerviosa. Y no quería que él lo notara, sino se aprovecharía de ello.

-¿Me has llamado para discutir tonterías, o querías algo en especial?

-Sí, avisaros de que ésta noche llevo a unos amigos a casa a cenar. Dile a mi madre y a Rosa, que son Paolo y su esposa...Quieren conocer a mi futura mujer.

-Vaya, al fin podré conocer a Paolo. Me intrigaba mucho...

-Ponte guapa, para mí.

-Me pondré lo que me venga en gana, no lo que...

-Hasta luego mi niña.

Le colgó. Había tenido el morro de cortarle la comunicación. Cretino. Bueno, ahora vería como era Paolo. Estaba segura que no era moreno y con una gran  melena... Enfurruñada, entró en la casa para avisar a Rosa y llamar a Sophía al móvil. Al menos, esperaba poner en práctica un plan que le había venido a la cabeza aquella mañana, ahora seguro que podría dormir muy bien. Era muy sencillo, se trataba de meterle somníferos en la bebida a Lucas...

¡Tenía que proteger a toda costa su virtud de aquel libertino! En el amor y en la guerra, todo era permitido...Además, se había leído el prospecto y hablado con el farmacéutico, no le producirían ningún daño a Lucas. Y ciertamente, había llegado la hora de devolverle el tanto que se había apuntado el muy listillo, con la maldita banqueta negra.

Se estaba arreglando el cabello, cuando la puerta del baño se abrió dando paso a su atractivo enemigo.

-Perdón -Comenzó burlón, mientras la recorría por entero con sus sugerentes ojos. Llevaba puesta únicamente la toalla anudada al cuerpo, ´la había pillado en desventaja-. No sabía que estabas aquí...

-No, estaba con mi amante en una terraza tomándome una última copa -Soltó con veneno y sarcasmo, mientras lo miraba por encima del hombro a través del espejo.

-¡Vaya, siento que estés enfadada! -Soltó ocultando una sonrisa. Sabía que era un dardo por lo del otro día con Lis, en la cafetería de la ciudad. Había tardado en responder sobre ello.

-No estoy enfadada -le replicó, girándose hacia él-, es solo, que si no estaba en ninguna habitación más de la casa, era de cabeza que me encontraba aquí. Y más, dada la hora que es...

-No pensé que te estarías arreglando, como sé que no me dejarías verte cambiarte -Le escupió con mucho humor-. Pensé que ya te encontraría completamente arreglada. Pero me alegro de haberme adelantado un poco, estas preciosa. Lástima, que no sea muy decoroso delante de unos invitados ese atuendo que llevas...

-No seas chistoso, por que no lo estas siendo -¡Vamos Sabrina, hazte lo más borde que puedas! Estas en una situación muy peligrosa. Tú, completamente desnuda debajo de aquella no muy grande toalla y enfrente, el objeto sexual número uno del mercado europeo. Y Lucas, sabía aprovechar cualquier situación. Tonto no era...-. Sí me dos unos cinco minutos, te dejaré todo el baño para ti solo.

-Somos mayorcitos, para mantener ese código de pulcritud. ¿No crees?

Empezaba el juego por parte de él. Tenía que ser más lista y esquivarlo.

-Lo decía, porque con el agua caliente se empañaría el espejo y me hace falta, para acabar de recogerme el cabello... Enterado -No pudo reprimir el impulso de sacarle la lengua. Y esperaba que se tragara aquella mentira.

-Me gusta mucho, como te queda suelto -dijo en tono suave y sensual-. Y no corres peligro de que se empañen los cristales... Por culpa de tu casto modelito, necesito ducharme con agua bien fría.

-Me peinaré como yo quiera y ten, el baño todo para ti mi amor. Puedo acabar de arreglarme en el dormitorio...

-Cobarde...-La acusó seductor y divertido.

-Que poco me conoces....

-Por eso me caso contigo, para conocerte más...Profundamente.

-Eres...-Sin acabar la frase, cerró la puerta del baño con un fuerte golpe.

Una hora después, esperaba sentada en el comedor la aparición de Paolo con su mujer. Ya escuchaba los pasos de Lucas, acercándose allí lentamente mientras bromeaba con ellos. Primero apareció un atractivo hombre rubio. Era más o menos, de la edad de Lucas. Y detrás, un momento... ¡Era ella, la morena de la terraza! Pero... ¿Cómo podía tontear con la mujer de su amigo? Solo de pensarlo le entraban arcadas.

-¿Sabrina, cariño te encuentras bien? Te pusiste blanca de repente -Preguntó un Lucas... ¿Regodeado? ¿Complaciente? ¿Pero qué ocurría allí?-. ¿Sabrina?...

-¡EH! ¡Oh, sí! -sonrió forzadamente-. Encantada de conoceros...

-Tenía muchas ganas de conocerte -habló Lis-. Soy Lis, Lucas me ha hablado muchísimo de ti. Me encanta que no se lo pusieras nada fácil. Es muy creído... Se lo tiene un poco merecido -Dijo por último, guiñándole un ojo con complicidad entre mujeres.

¡Cómo!. ¿Tenía que creerse toda aquella parafernalia? ¡Ni hablar! Qué gatita más...

-No sabes lo mucho que me reí el otro día -siguió la joven-. Pero pido disculpas por la primera confusión.... Lucas es muy malo, haciéndome que me pusiera cariñosa con él. Quería ponerte un pelín celosa...-Vio la sorpresa reflejada  en su rostro-. ¡Lucas, no le has dicho nada aún!

¡No!. Miró por un segundo a Lucas y lo vio alzar los ojos al cielo, mientras que un Paolo muy divertido por lo que estaba ocurriendo, ocultaba la risa que le venía al recordar el tema.

-Yo, estaba detrás hablando con un conocido -comentó en disculpa-. No tengo nada que ver en esa broma...

-Bueno, eso no viene nada a cuento en éste momento -interrumpió Sophía, sabiendo que podía explota en cualquier momento-. Que os parece si pasamos a la terraza, para cenar una suculenta cena preparada por Rosa.

Por supuesto, que en aquel momento no venía a cuento. Pero que Lucas, se esperara un par de horitas, cuando sus amigos se marcharan... No podía hacer nada por evitarlo, tanto Paolo como Lis, eran una pareja de enamorados. Y muy agradables... Pues, si que era bromista su prometido. Toda la cena transcurrió de maravilla, intentando no pensar en su cercana y dulce venganza...

Eran cerca de las dos de la madrugada, cuando se marchó la feliz pareja. Era su momento, tenía que actuar con rapidez. Último abrazo a Lis, y cerró la puerta junto con Lucas y Sophía.

-Ha sido una magnífica noche, tienes unos amigos muy simpáticos.

-Me alegro que sean de tu agrado, la verdad es que parecía que te llevaras muy bien con Lis.

-Sí, hemos congeniado de perla. ¡Que os parece si hacemos un último brindis!

-¿Un brindis, ahora? -Preguntó extrañada Sophía. Pero al ver su sonrisa, enseguida comprendió que se trataba de algo-. Según para lo que sea...

-Para una boda maravillosa. Y por que nuestro matrimonio se parezca como el de ellos, me han dado algo de envidia...

-¡OH, querida! Por supuesto que hago un brindis por ese objetivo...

-¡Bien, me adelanto para prepararlo! -simulando alegría, se inclinó sobre Lucas y depositó un veloz beso en sus labios, dejándolo sorprendido. Y mirándola salir corriendo hacía el salón.

Aquello no era muy normal, pensó Lucas. Bueno, todo podía ser que fuera por la presencia de su madre, y solo estaba haciendo su papel como habían determinado. No había visto ningún movimiento extraño entre ellas dos...

¡Mierda!. Se le había caído una pastilla de más en la copa. ¿Bueno, no creía que ocurriera nada malo por que se tomara tres pastillas con champan, cierto? Justo a tiempo, había acabado de disolverlas, cuando ellos dos aparecían en el salón.

-Aquí tenéis -Con mucho cuidado, le dio a cada uno la suya-. Bueno, pues lo dicho...

-Que tengamos una preciosa boda -Brindó sonriente él.

-Sí, eso es lo que más deseo -Comentó una feliz Sophía.

-Que no quede nada en la copa -Señaló inocente Sabrina-. Dicen que trae mala suerte... -¡Bien! Todo dentro, como tenía que ser. Ahora a la segunda parte, la más difícil.

-Será mejor que vayamos a dormir -Comentó Lucas-, creo que por hoy ha me he pasado bastante con la bebida.

-Ir vosotros, yo me quedaré un poquito más en la terraza -señaló Sophía.

¡Dios, como le sudaban las manos! Ahora, tenía que ser muy diferente... Nada de mostrarse débil al más mínimo roce...

-¿Quieres ir primero al baño, mi preciosa prometida?

-No, mejor ves tú primero...-Consiguió decir sin tartamudear en ningún momento.

-¿Ésta noche, estás un poco rara? ¿Te ocurre algo?

-No -Respondió rápida.

-¿Segura? ¿O las representaciones delante de mi madre, te gustan cada vez más? Dime, es eso lo que te asusta.

-¡Ja! Pero que tontería es esa -comentó mientras apretaba los puños-. ¿Quieres ir de una vez por todas al baño?

-Sí, mi señora... -Dijo, no sin mirarla detenidamente un momento fijamente-. Además, me está entrando bastante sueño...

En cuanto Lucas desapareció, saltó corriendo por encima de la cama y abrió el armario. ¡Rápido, rápido! Las pastillas comenzaban a surtir su efecto.

¡Increíble!. Era la primera vez, que le entraba tanta morriña de golpe. Bostezaba, cada diez segundos. Bueno, abrió la puerta y apagó la luz para quedarse clavado en el quicio de la puerta. ¡No podía ser! ¡Seguro que se había dormido en el baño, y aquello era un sueño! Delante de él, a tan solo seis pasos se hallaba el cuadro de sus sueños. Una nerviosa y sonrojada Sabrina, de rodillas en el centro de la cama con un... ¡Transparente camisón de color negro! Y con una copa de champan en cada mano, a medio llenar.... ¡Por eso que estaba tan nerviosa!

-Yo...

-Sabrina, preciosa... -Fue al acercarse a ella, que notó sus piernas más cansadas. ¡Pues sí que le hacía efecto lo que se habían bebido en la cena! Pero aquella noche, no se la iba a estropear nadie. Iba aguantar su cansancio.

Tengo que ser fuerte, tengo que ser fuerte... ¡Dios, pero que cuerpo que tenía aquel hombre! ¡Y como la miraba, esos ojos!... ¡No, no! Fuerte, ella era fuerte... Bueno, medio fuerte, pensó al sentir como le acariciaba la mejilla con mucha
delicadeza. Desvió la mirada hacia abajo, para no ver la de él. ¡Grabe error! ... Que bonitos calzoncillos y vaya gran... Sonrojada, alzó la vista nuevamente a sus ojos.

-Schhh...No estés nerviosa -susurró con voz sensual-. Sé que te es muy difícil éste momento, pero tranquila no pienso hacerte daño, ni nada que tú no quieras mi amor...

-¡Brindamos! -Propuso bruscamente por los nervios, y alzando las copas hasta depositarlas ante sus narices.

-Creo que por hoy, ya he bebido bastante...

-OH, por favor...-Suplicó con ojos de niña buena.

-Muy bien -cogió su copa-. Chin, chin -Sonriendo y sin apartar su mirada de ella, apuró la copa de un trago. ¡Perfecto!.

Después, a cámara lenta vio como Lucas depositaba las copas en la mesilla de noche. Y acto seguido, empezaba a depositar pequeños besos por lo largo de su cuello... No sentía nada. No, nada de nada... Para nada, notaba el aliento cálido de él, ni sus suaves labios recorrer su cuello y subir al lóbulo de su oreja, para atacarlo de forma maestra... Para nada, ella era muy fuerte. Y si gemía y ronroneaba como un  gata, cuando capturó sus labios con gran pasión... Era todo simulación de su plan. Por eso, si se estaba tumbando en la cama y se llevaba con ella a Lucas, era porque estaba todo en las pautas... Sí, las pautas que su cuerpo estaba siguiendo por sí solo, arrastrándola a una desatada pasión, que no estaba anotada en sus planes ciertamente.

Cinco minutos después, ya no llevaba el camisón y Lucas, estaba muy centrado en sus senos.

-¡Dios mío Sabrina!... -Susurró con una voz apenas audible. Después, recorrió con su lengua un camino hacía su ombligo, en donde sintió como soltaba un profundo suspiro y luego... ¿Ronquido? Miró hacía abajo, y se encontró a un Lucas completamente dormido sobre su estomago desnudo... ¡Las pastillas! ¡El plan! ¡Maldita sea, no había sido fuerte! Más bien, había sido salvada por las pastillas. Con gran frustración, se recostó un momento contra la almohada...

¡Increíble!. Necesitaba darse una ducha fría, para seguir con su maldito olvidado plan.... Aquello era increíble, solo le podía ocurrir a ella...

¡Dios!. Pero como le dolía tanto la cabeza... Intentó abrir los ojos, pero ciertamente la poca luz que entraba por la ventana le molestaba un montón. Recostando nuevamente la cabeza en la almohada, suspiró profundamente. ¡AHHG!. Tenía la lengua áspera como la de un gato. ¿Estaba resacoso? Tampoco había bebido tanto, la última copa fue la de... ¡Dios! Se incorporó de seguida mirando hacia su derecha encontrando a su lado el cuerpo desnudo de Sabrina, mientras algunas imágenes iban pasándole por su memoria... ¡Al fin, Sabrina había sucumbido ante él! Un momento... No conseguía recordar nada más desde cierto punto... Todo iba de maravilla, ella se dejaba hacer... Pero, algo no iba bien. ¿Tanto había bebido? Se movió y con ello la sábana se deslizó hasta reposar en su cintura, en donde una mancha pequeña y roja, lo aclamaba a gritos.

¡Era cierto! Sabrina era virgen. Se llevó una mano a la cara, tapándose por su conducta... ¿Pero qué conducta? No conseguía recordar nada de lo sucedido. Aquello era una mala jugarreta del destino. ¿Pero cómo le ocurría aquello? ¿Cómo se suponía que tenía que mirarla ahora? ¿No sabía si le había hecho daño, si todo había ido bien, si habría quedado satisfecha? ... ¿Y él? .Tanto que deseaba aquel encuentro y comprobar como era aquella gatita en la cama... Mal humorado, apartó las sabanas y salió hacia el baño cerrando la puerta de un portazo.

Se secó con la toalla, sin una pizca de compasión. Ahora saldría al dormitorio y hablaría con Sabrina... Las cosas habían sucedido, pero no como él había pedido. Pero todo quedó igual, no había nadie allí. Por lo visto, se había levantado y había sacado las sábanas del medio. ¡Maldita sea! Se golpeó la frente con la palma de la mano, no había caído en eso. Si Rosa veía lo sucedido, su madre vendría en seguida exigiéndole su deber... Bueno, estaban en el siglo XXI y creía que por
desvirgar a una chica, nadie se veía obligado a casarse, ni por que estuviera la joven embarazada... ¡Un momento! Miró por la habitación, pero no encontró ningún envoltorio descuidado. ¿Los habría recogido ella? Y por qué los buscaba en plural,
si ni siquiera se acordaba del primero... Bueno, su curiosidad podía ser satisfecha. Solo tenía que acercarse a su mesita de noche, y descubrir cuantos faltaban en el paquete nuevo que compró al llegar a la isla. No lo hacía por ningún acto de
hombría, ni ninguna idea machista. Es solo que su mente se encontraba un poco nublada, y tal vez aquello lograba refrescarle un poco la memoria. Y también, por la seguridad de los dos... ¡Paquete intacto! La caja no había sido abierta... Al traste con la seguridad. ¡Dios, aquella mujer lo mataba! Seguro que en aquel momento lo odiaba, por darle ahora un problema como aquel... La pobre, podía estar embarazada. ¡Embarazada!. ¡Sí, señor! Ahora ya era suya... Todo el juego se
acabaría, nadie llevaría acabo su venganza. Ahora, solo tenía que darle su apoyo y demostrarle que todo les podía ir bien. Siempre y cuando, dejara de ser tan cabezona.

Allí se encontraba, sentada en la terraza junto a su madre desayunando tranquilamente. Se paró en seco y se escondió tras el marco de la puerta. ¿Cómo podía ser tan mal pensado? ¿Cómo podía estar ahí, escondido tras la puerta? Sinceramente, aquella conversación de mujeres resultaba un tanto peligrosa. Ya lo había comprobado. ¿Pero qué buscaba ahora? ¿Qué esperaba escuchar de los labios de aquellas mujeres? Que habían hecho que él, se acostara con Sabrina y todo por un fin. ¡Imposible!. No se imaginaba a Sabrina perdiendo su virginidad y quedándose embarazada, solo para obligarlo a casarse y luego... ¡Basta! ¡Se estaba pasando un poco! Lo mejor sería ir paso a paso. Primero, averiguar si había gato encerrado en lo ocurrido. Y después, actuar según lo que fuera.

-¿Y cómo te va con las modelos? -Logró escuchar, mientras se acercaba a ellas.

-Bien, pero...

-Buenos días, damiselas -Se acercó a ellas con una gran sonrisa y sin quitarle el ojo a Sabrina.

-Hoy se te han pegado las sábanas-Señaló su madre divertida.

-Muy graciosa -Riendo la besó en la mejilla-. Supongo, que la culpa la tiene la bebida de ayer noche. No estoy acostumbrado a beber... -Las miró
disimuladamente, pero no vio ningún gesto raro por parte de ellas. Solo un leve sonrojo en las mejillas de su querida prometida. Sería por el doble sentido de sus palabras. Normal al ser su primera vez que se sintiera de aquella manera, después de estar siempre negándole lo evidente. ¡No estaría ahora arrepentida! Lo único que le faltaba. No se acordaba de nada. No podía convencerla de que eran tonterías de ella. Después de conseguirla, no quería perderla tan pronto. ¿Pero es qué no iba a ocurrir nada sencillo con aquella chica? ¿Y cómo le sentaría, en cuanto le dijera que no se acordaba de nada? Se enfadaría, por que había sido su primera vez-. Buenos días mi niña, pensé que me esperarías ésta mañana... -Le susurró en el oído, antes de depositar un beso posesivo en sus labios.

-Tenía mucha hambre -Intentó excusarse, con las mejillas acaloradas. Aún no se le habían pasado los nervios, de haber tenido expuesto su cuerpo desnudo a él.

-Apuesto a que sí -Dijo burlón.

¡Dios!. No pudo evitar de abrir los ojos ante tan descarada respuesta, y de que sus mejillas adquirieran la tonalidad de un pétalo de rosa. Entonces, aquello significaba que él no sospechaba nada. Todo iba en marcha. Oh, no se sentía muy
bien. Sabía que no estaba bien lo que estaba haciendo. Se sentía sucia, estaba engañando malintencionadamente a una persona, que en aquel momento era un punto importante de subida. ¡Por dios vendito! ¿Qué estaba haciendo? Necesitaba
aire... Y lo necesitaba en aquel momento.

-Bueno, yo me voy -Cortó sus pensamientos.

-¿Cómo? ¿A dónde? -Masculló en seguida, consiguiendo que las dos mujeres lo miraran con sorpresa ante su actitud brusca y posesiva-. ¿Quiero decir, es domingo y no trabajas, verdad?

-Yo... Es que, quedé con las modelos para hablar de unos temas y comer con ellas. Pero si te molesta -Inquirió un tanto asustada y avergonzada.

-Es que pensé, que estaríamos los dos solos...

¡En tu cama, seguro! Pensó con rabia, Sabrina. Suerte que no veía mucho C.S.I... Si no, ya hubiese descubierto toda la trama.

-No pasa nada, mi amor -EL sonrió de manera cariñosa-. Luego más tarde hablamos.

Eran las siete de la tarde, cuando se atrevió a volver a la casa. Ya había dado suficientes vueltas. Era hora de afrontar lo que había hecho, y de lo que podía suceder. Si es que la sed de venganza, la había cegado totalmente. En ningún momento, había pensado en las consecuencias de aquella estupidez. Y Sophía, la que menos. Cerró la puerta de la entrada, con gran sigilo. Miró primero en el salón, pero no había nadie. Se acercó a la terraza y también se hallaba solitaria. ¿En
dónde estaba la gente? Corrió a la cocina, tal vez Rosa tenía que informarle de alguna cosa. Esperaba que Sophía, estuviera bien.

-La señora, está en el estudio y el señor, salió ésta tarde -Sonrió la mujer mayor-. No debe preocuparse por nada. La cena, enseguida será servida.

 ¿A dónde habría ido Lucas? Mejor, tenía una gran necesidad de llamar a las chicas.

-Gracias, Rosa -le sonrió-. Estaré en el estudio con Sophía.

Pero la mujer se encontraba manteniendo una acalorada discusión por teléfono. Se quedó escuchando un momento, y averiguó que estaba discutiendo sobre ropa. Sonriendo, decidió subir a su dormitorio y efectuar desde allí la llamada.

-¿Sí?

-Hola, Marta...

-¡Sabrina! -Chilló-¡Susan, deja las palomitas y corre!... Conectaré el manos libres.

-¡Hola Sabrina! Nos tenías preocupadas desde tu última llamada.

-Lo siento chicas...-La culpabilidad y el miedo la consumieron en aquel momento-. Chicas. Lo estropeé todo...

-¿A qué te refieres, cariño?-Preguntó Susan.

-Me he metido en un gran lío -Dijo nerviosa-. Drogué con somníferos a Lucas, para hacerle creer que nos hemos acostado juntos.

-¡Qué!

-¡Increíble! ¡Perfecto! -Rió a carcajadas Marta-. ¡Eres genial!

-¡Marta! -La regañó Susan.

-¡Qué! -Se indignó-. No me seas como Karolaine, en éste momento. Suerte que no se encuentra aquí, si no, con su pureza nos mata...

-¡Eres imposible! -Se rió Sabrina.

-Cierto, pero te hice reír.

-Chicas me siento muy mal... Cuando se durmió al fin. Me levanté, y con pintura acuarela y pintalabios, hice una pequeña mancha en las sábanas. Me desnudé y me metí en la cama. Apenas he pegado ojo, nerviosa por cuando él se despertara. Cuando lo hizo, me puse muy nerviosa. Pero Sophía, tenía razón. Supongo, que necesitó darse una ducha para aclararse la mente, dado que no recordaría nada. Me levanté corriendo, y saqué las sábanas para tirarlas. No quería que Rosa viera aquello y soltara cualquier tontería. Y ésta mañana, cuando lo vi... Me moría de miedo y vergüenza...

-Sabrina... -Intentó consolarla Susan.

-Y ahora, me siento más sucia que nunca. Sí, seguro que me lo llevo al altar cuando le mencione que no tomo la píldora...-Empezó a llorar-. Se supone, que es entonces cuando la venganza se habrá realizado.

-Eso es lo que querías desde un principio -Señaló Marta.

-Tú lo has dicho, en un principio...-Se sonó con fuerza-. Ahora, me doy cuenta que lo único que siempre he ansiado, es estar con él. Que tal vez, todo esto era rabia mía por que el solo me quería para una determinada cosa, en cambio yo lo
quería para compartir la vida... Toda esa rabia me ha cegado tanto, que la utilizaba como tapadera. Sin querer reconocer la verdad...

-Huye...

-¿Cómo? ¿Que huya, por qué?

-Sabrina, mi niña. Amas a Lucas. Te avisamos de que eso podía ocurrirte. Pensaste que simplemente te sentías atraída. Pero al fin te diste cuenta de la realidad. Y por eso, es mejor que te largues... Él, cree que os habéis acostado. Piensa que dará por hecho que puede volver hacerlo. Y sinceramente, no estas para entregarte a él. No te quiere. Y recuerda, descubriría que sigues siendo en teoría virgen. Toda ésta patraña sería destapada... Y tú, destrozada ...

-Yo...

-Huye, es lo mejor.

-No puedo hacerlo, quiero pensar un poco antes. Todo esto, es mucho para mí -Suspiró-. Tengo que dejaros, debo ducharme y bajar a cenar. Os quiero chicas.

Al otro lado de la pared, Lucas estaba pensativo. Había subido por las  escaleras del jardín, cuando Rosa le había comunicado que estaban en el estudio. Llevaba un enorme ramo de rosas y un anillo en su bolsillo. Quería darle una
sorpresa, había pensado dejar las flores allí para más tarde. Pero la sorpresa se la llevó él. Había escuchado toda la conversación. Sabrina, también tenía el altavoz conectado. Primero, le habían entrado ganas de irrumpir en la habitación lleno de rabia, pero había respirado profundamente y escuchado toda la conversación. Ya había llegado el momento de acabar con toda aquella pantomima. Y tenía el plan perfecto. Sonrió, mientras volvía a descender las escaleras. No sabían el daño que le habían hecho... Era el momento de su venganza. Lo sentía por Sophía y Sabrina, pero quería la normalidad de su vida nuevamente. Se había acabado el juego.




Entró nerviosa en el comedor, sabia que era imposible demostrar que no 

había llorado. Pero tenía que bajar. ¿Qué iba hacer? Según lo que viera, iría

haciendo. Pero Marta, tenía razón. Todo tenía que acabar. No huir. Pero si

afrontarlo. No sabía cuando, ni como.

-¿Cariño, estás bien? -Preguntó Sophía.

-Yo... -Estaba aterrorizada y nerviosa.

-Tesoro, ven aquí -Lucas la abrazó. Pero ella intentó zafarse, sin conseguir

gran cosa en el intento. No se merecía aquel abrazo, después de lo que le había

hecho-. ¿Mi niña, qué es lo que te ocurre?

-Lo siento, yo... -La silenció, tapándole con un dedo los labios.

-Te pido perdón, no me acuerdo de nada de lo de ayer noche. Siento mucho

si fui un tanto brusco...

-¡No! Yo...No es eso.

-¿Qué ocurre? -Sophía no entendía nada. Pero sabía que algo importante le

ocurría.

-Te compré unas preciosas rosas -La giró hacia la mesa, en dónde se hallaba

un encantador ramo de rosas.

¡Dios!. No podía hacerlo. Lucas le había comprado unas flores preciosas.

¡Tonta!. No te quiere, solo eres su supuesta amante. Todo aquello era una

simulación hacia su madre. Le dolía. Ella estaba completamente enamorada de él y

se lo estaba demostrando de una manera un tanto extraña. Haciéndole daño. Así,

jamás iba ya ha conseguir que él la mirase de otra manera... ¿Sería adecuado

confesarle todo en aquel momento, y en presencia de Sophía?

-Lo siento, no me encuentro muy bien...

-¿Quieres qué llame al doctor? -Preguntó Sophía.

-¡No! -Se forzó en sonreír, para demostrar que no ocurría nada malo-.No

hace falta, pero gracias.

-¿Qué te apetece más, cenar o tumbarte en la cama? -Preguntó un Lucas,

con una actitud muy dulce.

-Mejor tumbarme -Declaró completamente azorada.

-Mamá, dile a Rosa que cenaré más tarde -Sabrina se alarmó un poco ante

aquella confesión-. Siento que te quedes sola para cenar...

-¡OH! -Sonrió-. Eso no es ningún problema...Cuídate cariño....

Cuando entraron en el dormitorio, ya no podía retorcer más sus manos a

causa de los nervios. Lucas la hizo sentarse en la cama, y empezó a quitarle los

zapatos. Viendo aquel gesto, se alarmó.

-No debes tener vergüenza. Déjame que te mime un poco... -Le pidió con

mucho... ¿Amor? -. Sabrina, quiero pedirte disculpas por el comportamiento que

haya tenido contigo ésta noche -La miró fijamente, sin permitirle hablar-. Yo...

Bueno, bebí más de lo normal -Rió con gesto nervioso-. Y simplemente, recuerdo

un principio de la noche... -Vio como las mejillas de la joven se teñían de un rosado

intenso-. Sé, que al final decidiste entregarte a mí. Me lamento, por no saber como

me comporté. Ni tampoco sé, cuales son tus deseos o sentimientos hacía mí

después de lo ocurrido.

-Lucas, yo...

-No, pequeña -La calló rápidamente-. Quiero que antes aclaremos esto. Es

muy importante para los dos, créeme. Pero sí sé que anoche, me hiciste un gran

regalo al concederme tu virginidad. Pero mi preocupación es muy mayor, dado que

creo...Bueno, sé que tuviste la necesidad de alejarte de mí. ¿Hice algo mal? ¿Te

hice daño?

Las lágrimas comenzaron agolparse en sus ojos. ¡Lucas estaba

verdaderamente muy preocupado! ¡Como podía ser tan odiosa! Sinceramente se

había portado como la peor de las brujas. Jamás pensó que llegaría a ser tan

mezquina, para castigar a un hombre... ¿Quién se creí aquel era ella para haber

hecho aquello? Era mala, una mujer muy mala....

-¡No! -Respondió veloz-. Yo... Verás, quiero confesarte una cosa ...

-Quiero que nos casemos.

¡EH!. ¿Había entendido bien? ¿Casarse? ¿Ellos dos?... ¡Sí! ¡No! ...¡Dios mío!

¿Qué ocurría ahora?

-Va a ser así -La miró con gran seriedad-. Te robé tu virginidad, de una

manera vergonzosa a mí modo de ver. Y puede, que estés embarazada dado que

117

no utilizamos ninguna protección. ¿Por qué la píldora?

-¡Qué! -Estaba aturdida, ante todo aquel parloteo sin sentido-. ¡No! ...Pero

quiero que...

-Más razón a casarnos en pocas semanas. Yo lo veo bien, después de todo

es lo que espera todo el mundo. Más mi madre. Y le sentará de maravilla ésta

noticia. Sé que podemos llevarnos a las mil maravillas. Todo esto, solo ha sido un

punto diferente de opiniones. Y prometo, que lo de ayer noche lo olvidarás. Te

prometo, que te daré las mejores noches de placer jamás hayas podido conocer.

Tiene gracia, todo esto era una simulación para los dos. Pero lo estudié a fondo, y

vi que podía ser positivo para los dos. Yo dejaré mi alocada vida sexual, según la

prensa. Y tú, te quedarás en casa con nuestro futuro hijo...

¡Ni hablar! ¿Punto diferente de opiniones? ¿Noches de placer? ¿Quedarse

en casa? ... Las fosas nasales estaban abiertas ante tales palabras. Estaba a punto

de saltarle al cuello... Ya se empezaba a encontrar muchísimo mejor. Apenas veía

sus remordimientos.

-Pero pido que me disculpes, hoy en cuanto cene debo marcharme a Nueva

York. Tengo que atender un problema importante. Pero prometo ayudarte con todos

los preparativos de nuestra boda. Sé que dos semanas serán muy justas, pero

también tienes el apoyo de mi madre.

¡Dos semanas!. ¿Y si después de todo, las pastillas si tenían efectos

secundarios? Pero que ocurría allí arriba. No había nadie, ni un maldito ángel de la

guarda para arreglar aquel caos que había provocado... Es que no se habían dado

cuenta de que tan solo hacía unos minutos, iba a confesar la verdad. ¡Aceptaba ir al

purgatorio por todas sus mentiras! ¡Entonces, porque la ponían una vez más en

una situación como aquella! ¿Y de verdad, amaba aquel cretino dictador?...

Empezaba a dudarlo. Sinceramente se alegraba de haber abierto los ojos. Por el

amor de dios, hacía media hora que había estado llorando por aquel... Playboy

engreído. Él, no era nadie para mandarle de aquella manera. ¿Quería boda? Muy

bien, iban a ser dos semanas muy movidas. Pero estaba segura de que iba a

merecer la pena.

-¿Te marchas? Pero...

-Lo siento mucho.

-¿Y dos semanas? Yo... ¿Estás seguro?

-Sí, tú tranquila. Lo tengo todo estudiado, pequeña.

Lucas sonrió. Su plan funcionaba. Había visto el brillo de furia en su mirada.

Sabrina, era una mujer que no soportaba que le dieran órdenes. Ahora, solo tenía

que desaparecer unos días, para arreglar unas cosillas que tenía pensado... Había

tenido suerte, de desviar la idea de ella de confesarle todo. Aún no era el momento,

pero pronto llegaría.

Sola. Media hora después, Lucas había hecho una pequeña maleta y se

había ido. Se encontraba sola, en aquella única cama sin hacer nada. Mirando el

solitario jardín, empapado por la lluvia que tan solo unos segundos antes había

empezado a caer con gran fuerza. Incluso el tiempo iba a acorde con sus

sentimientos...

Era como las demás mujeres. Había intentado cazar sin darse cuenta a

Lucas. No queriendo ver más allá de la realidad. En todo ese tiempo se había

engañado, bueno había engañado a su corazón. ¿Y para qué? Para intentar dar

caza, al mismísimo demonio. Un atractivo hombre, encantador, brillante, amable...

Pero con un pequeño defecto. Era un poco despiadado. Bueno, podía colocarse

una medalla en su honor. No tenía su corazón, pero por lo visto lo iba a tener en su

vida, como su objeto sexual. Prácticamente, aquello era más o menos lo que iba a

ser su matrimonio, si se casara con él. Madre durante el día y esclava sexual, por

las noches. Ciertamente, los de ahí arriba tenían que quererla poco para darle un

destino como aquel.

Suspirando, se reclinó hacia atrás recostando la cabeza en la almohada.

Estaba cansada, pero por más que lo intentara no le entraba sueño. Su cansancio

era de otro tipo. Solo hacía que darle vueltas a la cabeza. Sí, estaba muy enfadada

con él. ¿Pero se merecía todo aquello que había pensado en hacerle? Ella, no tenía

culpa que él fuera así. En verdad, había cientos de hombres así. Y solo, por que él

se había topado en su camino, se iba a llevar la venganza de todas las mujeres. No

lo veía bien. Ahora, que estaba muchísimo más calmada, empezaba a venirle

nuevamente los miedos. ¿Qué es lo que debía hacer al amarlo? Ahora bien, o salía

corriendo como le aconsejaba Marta. O seguía adelante como le indicaba Sophía...

Thom, entraba en las oficinas cuando se sorprendió ante la presencia de su

amigo. Aquello no le hacia mucha gracia. ¿Habría ocurrido algo?

-¡Lucas! -Se acercó a él, con una gran sonrisa-. ¿Pensé qué estabas en

Sicilia?

-Fui atender uno asuntos a Nueva York, pero también tengo unos muy

importantes en ésta ciudad. Tengo que prepararlo todo bien, para poder marcharme

de luna de miel...

-Claro... ¡Un momento!

119

-Estás invitado a la boda, si eso es lo que te preocupa...-Dijo divertido.

-¿Va haber una boda? ¿En serio? -Preguntó extrañado-. Pero no era todo...

-Sí, pero ya ves. Cosas del destino -sonrió-. Me quedo con la señorita, así a

mi lado aprenderá a comportarse como es debido.

-¿Cómo?-Soltó divertido-. ¿Sabrina y orden? Esas dos no se llevan muy bien,

como ya sabes.

-Cierto, pero tengo la ciega esperanza de que aprenderá... Es lo que le toca,

después de todo.

-Me da miedo preguntarlo, pero... ¿Os casáis por que os queréis después de

todo, verdad?

-No -Le respondió con tranquilidad-. Nos casamos, por que se merece tener

que aguantarme después de todo lo que me ha hecho.

-No lo acepto -Habló tajante-. Es mi amiga, la aprecio mucho. Por lo tanto, no

te permito que vayas arruinarle la vida con vuestras locuras.

-Sabía que ésta sería tu respuesta -Lo miró serio-. Por eso he venido hablar

contigo. Subimos a la oficina, y te cuento una larga y entretenida historia de amor

-Le confesó con humor.

-Muy bien -Aceptó más esperanzado al escuchar sus palabras. Por fin, veía

que todo aquello iba acabar.

-Lucas, se encuentra aquí hablando con Thom - Fue Karolaine, quien les

soltó la bomba a las dos chicas en cuanto llegaron aquella mañana a la oficina.

-Imposible...-dijo incrédula Marta.

-Entonces, ha debido de ocurrir algo con Sabrina. Seguro que le dijo algo, y

éste le está exigiendo a Thom... -Comentó Susan asustada.

-¿Qué le ha dicho? ¿Qué ha pasado? ¡Chicas, qué es lo que sabéis!-Bramó

Karolaine, empezando a ponerse nerviosa.

-Ayer nos llamó. Y nos dijo que... -Con pesadumbre, Marta le relató todo lo

ocurrido-. ¿Viste si Lucas o Thom, demostraban enfado alguno?

-Pues ciertamente, a decir verdad, los dos estaban sonrientes.

-Aquí hay algo que no me gusta. Seguro que está intentando llevar algún plan

a cabo... -Lo acusó Marta.

-Genial -Soltó con fastidio Susan.

-¿Qué vamos hacer? -Preguntó Karolaine asustada.

-Llama a Sabrina, rápido -AL apremió Susan-. Puede que ella nos ayude.

-Sí... -Con dedos nerviosos marcó y esperó-. ¡No lo coge! -Comunicó con la

voz alterada.

-Voy averiguarlo -soltó con gran tenacidad Marta, hiendo en dirección al

despacho de su jefe.

-¡EH! -La agarraron las dos a la vez-. Estás loca, espérate a que se largue y

averiguamos entones que ocurre...

-No, no puedo aguantarlo.

Thom, se quedó parado al ver entrar al séquito de las embrujadas... Desde

luego, agallas tenían sonrió para sí. ¿Cuando se había complicado tanto aquella

situación? Desde luego, con Lucas o Sabrina en Londres, todo volvía a ponerse

patas arriba. Cuando recordaba la paz que había reinado allí, mientras aquellos se

encontraban en Sicilia... ¡Cómo no!... La primera de las tres, era Marta. ¿Qué

excusa pondrían, por haberse atrevido a entrar así?

-Os dije, que no podíamos venir a su despacho para... ¡Oh, Lucas!

Increíble, la muy bruja se merecía un Oscar como premio ante aquella

actuación. La única apurada del trío, era Karolaine... Hasta que le picaba la mosca y

se volvía como ellas, por lo poco que la estaban mal acostumbrando aquellas tres.

-Hola chicas... -Respondió intentando que no se le notara la sonrisa que se le

había escapado ante aquel espectáculo.

-¿Para qué entrabáis en mi despacho?

-Para una cosa...

-¿Qué cosa? -Preguntó curioso por saber la mentira que le iban a soltar.

-Una cosa nuestra, te importa -Respondió Marta desafiante. Siendo

castigada, por un disimulado codazo por parte de Karolaine.

-Marta, te... -Empezó Thom, con poca paciencia.

-Vamos Thom... -Interrumpió Susan-. No es la primera vez que entramos en

tú despacho... Tú lo sabes...

121

Era cierto, pero quería pillarlas por una vez en su vida.

-Tenéis el de Sabrina, completamente vacío ahora que no está aquí...

-No tiene la máquina de café -soltó orgullosa Marta. Habían conseguido

escapar.

-Bien, pues recordarme que le ponga una...-Bramó, haciéndose el molesto

por la interrupción.

-Te recuerdo, que es la que tienes aquí -Le recordó Susan-. Ella te la dejó,

pues se te estropeó la tuya...

-¿Qué haces aquí, Lucas? -interrumpió Marta, deseosa de descubrir al fin lo

ocurrido con su amiga-. ¿Y Sabrina?

-Eh, venido por unos asuntos... Y por vosotras ...-Soltó la última palabra con

una mirada peligrosa-. Y Sabrina, está muy bien.

¡Y un cuerno! Pensó Marta.

-¿Nosotras?

-Sí -Respondió divertido-. Creo que a mi futura esposa le gustaría tener a su

lado a sus amigas como damas de honor, en un día tan especial como el de su

boda.

-¡Qué! -Chillaron las tres.

-Lo que habéis escuchado -Se encontraba en su salsa, al fin delante de

aquellas arpías-. Hemos decidido adelantar la boda, así que partís lo más pronto

posible que tengáis las maletas listas.

-Por mí, si nuestro jefe nos deja plegar ya -Apuntó Marta, con una gran

sonrisa-. Ésta misma tarde podemos partir...

-Hacer lo que queráis, siempre lo hacéis -Soltó Thom.

-Estaremos en contacto chicas -dicho aquello, las tres mujeres

desaparecieron-. A estas tres, en Sicilia les tengo una sorpresa esperándolas.

Quiero tenerlas el mayor tiempo posible, alejadas de Sabrina.

-Sinceramente, a mí todo esto me da miedo. No tendría que apoyarte...

-Sabes que me lo merezco.

-Lo sé -Acabó por aceptar resignado, entregándole una nota-. Ahí, tienes la

dirección de Teresa. Y por favor, trata de ser un poco delicado con todo esto. Yo

voy a comunicarle la noticia a Helen... Madre mía, ya me veo el estrés que se me

avecina. Se pondrá histérica con encontrar un vestido y salir con prisas por ayudar a

Sabrina. ¿Y quién estará en medio de todo ese caos de histeria? Yo, un humilde

servidor... ¡Y por tú culpa!

-Vamos, no me seas tan melodramático -Le animó divertido-. Pero si te

alegras de lo ocurrido, te gusta que acabemos juntos.

-Sí, es cierto. Pero siempre me ha gustado el método tradicional para

conseguir esposa, no toda ésta pantomima.

-Qué culpa tengo yo, de que esa niña haya querido hacerlo tan complicado.

-No me hagas reír, podías perfectamente haber parado todo éste lío y

confesarte. ¿No crees?

-¿Y por qué ceder yo?

-Da igual, sois tal para cual.

-Te dejo, voy arreglar el avión para éstas y yo salgo para España. Si todo va

bien, en dos o tres días estoy aquí de vuelta para recogeros a ti y a Helen.

Lucas se había marchado de forma extraña con prisas. Ahora, ya habían

pasado cuatro días. Cuatro días de completa agonía, en donde Sophía

completamente radiante arreglaba las pocas cosas para la pequeña celebración.

Bueno, esperaba que Sophía tuviera la misma perspectiva ante lo que era mucho y

poco...

Por suerte, hacía dos días que sus tres amigas habían llegado para apoyarla.

Nada más verlas, sus nervios se habían despertado y había corrido a llorar en sus

brazos. Ciertamente, eran muchas las veces que se había echado atrás en todo

aquel asunto. Pero Sophía, se encontraba siempre cerca para inyectarle una

pequeña dosis de venganza en el cuerpo. ¿Cómo iba hacerle aquello a Lucas? Lo

amaba. Él no, eso lo sabía. Se casaban, por que su amarga trampa había

funcionado... Aquello no estaba bien. ¿De verdad iba a poder soportar el día a día

con aquello?

Sus amigas estaban muy preocupadas con todo aquello. Habían querido

hacerle recapacitar. Pero habían resultado ser un frente un poco débil, Sophía era

la reina de la colmena. No había nada más que decir... Tenía una gran influencia

sobre las cuatro.

Eran cerca de las doce del mediodía. Se encontraba sentada en la terraza,

intentando leer un libro en compañía de las chicas cuando escuchó aparcar un

123

coche en la entrada. Era Lucas, ponía la mano en el fuego. Solo quedaban cinco

días para quemarse en el infierno por lo que iba hacer. Y eran cinco noches, en las

que su prometido iba a dormir con ella. En donde le iba a reclamar lo que se creía

que ya había poseído.

-Respira... -Le susurró con voz tranquila, Karolaine-. Tú puedes con ello.

-Yo...-Se detuvo en cuanto escuchó la voz de Lucas dirigirse hacia alguien,

pero congelada se quedó cuando escuchó la vos de dos mujeres.

-¿Qué ocurre? -Preguntaron todas ante su aspecto.

-Es Helen, pero... OH, dios mío ... -Su rostro se puso blanco como la nieve-.

No puede ser... -Se levantó de un salto de la tumbona y echó a correr, seguida muy

cerca por las chicas.

Justo cuando llegaban al recibidor, su prometido habría la puerta de la

entrada. Sus miradas se encontraron y por unas milésimas de segundo, era como

si solo estuvieran ellos dos solos. Él, la devoró con la mirada como si lo hiciera con

sus manos. ¡Maldito fuera, el poder que tenía sobre ella! Sus pulsaciones, se

habían puesto por las nubes... Que guapo que era ... Y que poco quedaba para que

la odiase ...

-¡Mi niña, que sorpresa! -Sonrió de seguida él-. Me pillas con tu regalo en las

manos.

Echándose a un lado, vio a Helen y de su brazo a su queridísima madre. ¡Su

madre, en Sicilia! Soltando un sollozo, se colgó de su cuello mientras la llenaba de

besos por el tiempo que hacia que no la veía.

-¡Mami!

-¡Mi tesoro!

Todos sonreían mientras veían aquella escena.

-Mírate, que guapa que estás -Soltó con orgullo Teresa.

-Y tú también -Sonrió alegre-. ¿Cómo te encuentras de la pierna?

-De maravilla, para bailar en tu boda con tu apuesto prometido, bueno

marido... -Sonrió feliz.

Por un momento, su mirada se ensombreció. Pero lo ocultó con rapidez.

Sonriéndole a su madre y besándola una vez más.

-Siento no haber ido a visitarte -Soltó con pesar.

-No te preocupes tesoro -La miró con cariño-. Entiendo, que a lo primero

tenías que habituarte a vivir en Londres. Y no te esperabas que fueras a conocer a

tu futuro marido tan pronto. Mucho ajetreo para tan poco tiempo... Me presentas a

tus amigas...

-Claro.

-Pero mejor pasamos al salón -Interrumpió Lucas-. Estaremos muchísimo

mejor. ¿Y mi madre? -Preguntó él.

-En la ciudad, fue a buscar un catálogo de algo para la boda...

-AH -Es lo que pudo responder, antes de que ella se diera la vuelta y

condujera a su madre hacia el salón. No sin antes, haber vislumbrado un delicado

sonrojo en las mejillas de ella.

Todos fueron a prepararse para la comida, y ella también tenía que hacerlo.

Llevaba puesto el biquini con el pareo. Su madre, ya se encontraba en su dormitorio

deshaciendo su maleta y dispuesta para darse una ducha refrescante.

Aún no se creía que estuviera allí. Con la sorpresa, no había tenido momento

para hablar con Helen y Thom. Siquiera para reparar en la intensa mirada de Lucas.

Estaba pendiente de su madre. Solo había tenido ojos para ella. La había echado

mucho de menos. Después, había llegado Sophía quien había hecho buenas migas

con Teresa.

Pero ahora, si que empezaba a subirse por las paredes. Tenía que entrar en

su dormitorio. El cual también era de Lucas, por lo tanto seguro que estaba allí

esperándola... Cogió aire y abrió la puerta. Allí estaba, sentado en la maldita

banqueta con la camisa medio desabrochada, y las manos apoyadas en la cabeza.

Alzó la mirada y le entregó una cálida sonrisa.

-Hola -Susurró.

-Hola... -Respondió con timidez y apoyándose en la puerta cerrada.

-¿Estás bien? -Preguntó levantándose y acercándose a ella, hasta detenerse

a solo un paso.

-Sí, yo...

125

-Espero, que no estés enfadada por lo de tú madre.

-¡No! Te estoy muy agradecida...-Lo miró directamente, pero enseguida bajó

la mirada sonrojándose-. Te debo un favor grande, me ha gustado mucho. Será un

gran apoyo para mí, el día de... Nuestra boda ... -No lo miró en ningún momento, así

que no pudo ver la tierna sonrisa que le estaba dedicando.

-Me alegra el saberlo. Pero creo, que puedes agradecérmelo con un beso de

bien venida, como comienzo. Te eché en falta. ¿Y tú a mí?

- ... Sí -Consiguió responder al fin. Iban a besarse, con una cama a... ¡Cinco,

seis pasos! Tenía que evitarlo. ¿Pero cómo?-. Será mejor, que vaya a ducharme.

Tú también tienes que hacerlo y hay que bajar a comer.

-Cielo, queda por lo menos tres cuartos de hora para que se sirva la comida.

Y si quieres, podemos ducharnos juntos. Me acuerdo de tu cuerpo, y me muero por

volver a verlo...-Soltó una sonora carcajada, al ver como sus mejillas superaban a

un tomate en su tonalidad, y mantenía la boca abierta en suspenso, ante la

sorpresa de sus palabras-. Perdona, me olvidaba de tú inexperiencia y de lo tímida

que eres con el tema del sexo. Y eso me recuerda, que tú y yo tenemos que

mantener una seria conversación.

-No hace falta, yo...

-Sí, que hace falta. Sabes que recuerdo muy poco de lo ocurrido... -Le

acarició el cabello-. Tengo la imagen grabada de ti, encima de la cama de rodillas

con un sexy camisón...

-¡Lucas, por favor!

La ignoró y siguió hablando, con su tono sensual.

-Y que por culpa de la bebida, no recuerdo más. Me siento muy mal, dado

que fue tú primera vez... ¿Te hice daño? ¿Te gustó la experiencia?

-No debes preocuparte -Fue apartarse, pero él la cogió por la cintura con

delicadeza.

-Necesito saber si fue todo bien. No quiero que tengas miedo, pro que te

hiciera daño o...

-No ocurrió nada que no tuviera que ocurrir -Respondió apurada, y comida

por la culpa-. Un leve dolor, pero es normal...

-Lo siento -Y dicho lo cual, la besó sin que ella se lo esperara.

Sabrina, puso resistencia a lo primero. Después, tonta de sí se dejó llevar por

la dulzura del momento. Por que eso es lo que fue, un pequeño momento. Lucas,

separó sus labios con desgana.

-Quiero que sepas una cosa -Comentó cogiendo aire-. Dado por mi

delicadeza del otro día, quiero esperar hasta nuestra noche de bodas.

Una vez más, volvió a sorprenderse. ¿Bueno, no debería de sentir alivio?

Pero no. Ella sabía que no iba a existir la feliz noche de bodas. Y la verdad,

sabiendo que él la iba a odiar... Le gustaría ...No, la realidad es que quería vivir

aquella experiencia con él. Pero era imposible. Imaginaba la sorpresa del hombre, si

se acostaban y comprobaba que aún seguía virgen. Entonces, todo se iría al garete.

Aunque precisamente, su vida si se estaba perdiendo, a cada día que pasaba.

-¿Te ocurre algo? -preguntó él-. Pareces como triste, y sinceramente me

gusta tu reacción ante mi propuesta -rió-. Eso significa, que no fue una pésima

noche y que no me repulsas...

Sabrina, volvió a sonrojarse...

-Pero créeme, será muy especial si nos esperamos a esa noche. Es un

esfuerzo muy grande, lo sé, pero después de toda la guerra que hemos mantenido

por cinco días más, no creo que nos pase nada. Quiero que sea todo muy especial.

¡Ese no era el Lucas, que ella debía de castigar! ¿Estaba acaso

equivocada?..

-Y así, procuraremos no cometer ningún error más... Tendré mis cabales en

su sitio y no cometeré el error de no utilizar protección. Esperemos que no te haya

dejado embarazada. Muy bien, que nos casemos por todo éste lío y por que haya

pasión entre nosotros... También, está la salud de mi madre...-Bufó-. Pero un crío,

no nos dejaría disfrutar mucho. ¿No crees?

¡Cretino!. Sophía tenía toda la razón. Él, no iba a cambiar de la noche a la

mañana. Es que se había olvidado que estaba enamorada de un maldito libertino...

Que estúpida que llegaba a ser. Ese hombre, seguía cegado por el sexo. Su

objetivo seguía siendo el mismo, llevársela a la cama.

-Bueno, si no te importa me ducho primero. Me gustaría que me

acompañaras, pero no sería lo más apropiado, dado nuestro objetivo -dijo

guiñándole el ojo.



Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top