4
Tras las cortinas de la ventana de su dormitorio, miraba como los coches iban llegando con sus ocupantes bien elegantes para celebrar la noche de navidad, una tradición que su padre seguía manteniendo aunque su madre ya no estuviera. Era ella a quien le encantaba montar la decoración, preparar el menú, enviar las invitaciones a la gente del pueblo, y hacer que se lo pasaran bien.
Aquella era siempre una noche un poco dura para su padre. Todo el mundo le preguntaba cómo se encontraba, consiguiendo así avivar sus recuerdos... Esperaba que aquella noche fuera un poco diferente a las anteriores noches de los siete años atrás. Pero lo veía un poco difícil, porque exactamente el día anterior ya había discutido con Thom. Y en todo el día con los últimos preparativos, no lo había visto para nada.
Estaba un poco asustada, porque no sabía cómo iba a ser su reacción ante él. Si no recordaba mal, la última vez que lo vio con el esmoquin puesto le faltó aire en los pulmones por lo arrebatador que estaba. Y sabía perfectamente que aunque estuviera enfadada con él, ya no era tan fuerte como lo era antiguamente para protegerse. Porque desde que había trabajado para él, sus defensas se habían venido abajo y habían ocurrido ciertas cosas, que hacían que lo mirara de forma distinta. Y era por eso, que estaba asustada.
¿Y si Thom lo veía todo en sus ojos? ¿Y si se daba cuenta que estaba locamente enamorada de él?...
No quería abrir la puerta de su dormitorio y bajar abajo, pero tenía que hacerlo. Había invitados que atender y estaba segura, de que si no bajaba su madre se sentiría defraudada con ella. Además, tenía que aparecer por que estaría Rafa, el nuevo veterinario del pueblo y era ella quien lo había invitado. Fue entonces cuando le vino a la cabeza, que años atrás Thom siempre aparecía del brazo con una rubia modelo verdaderamente guapísima, pero algunas veces un poco tonta. Aquella noche sabría si Thom tenía nuevamente una amante o una novia escondida. Sería algo duro de soportar durante toda la velada, pero tenía que ser fuerte como siempre le decía su madre.
Eran cerca de las diez de la noche y ya habían llegado bastantes invitados, todavía faltaba mucha gente pero estaba segura de que su padre estaría empezando a preocuparse de que no estuviera allí para recibirlos. Pero cada vez que dirigía su mirada hacia la puerta, sus piernas empezaban a temblar.
¡Basta ya! Parecía una niña. Soltando un profundo suspiro, reunió el suficiente valor como para acercarse a la puerta, abrirla con decisión y bajar las escaleras con la cabeza bien erguida.
Pero no estaba preparada para encontrarse tan pronto con la directa mirada de Thom, quien se encontraba a mitad de las escaleras. Este se detuvo de pronto y la miró de arriba abajo, para seguidamente esbozar una débil sonrisa...
Estaba realmente preciosa con aquel vestido verde de satén sin mangas y su cabello esparcido con delicadeza por encima de sus hombros. A quien iba a engañar, estaba celoso porque sabía que todos los hombres solteros que habría allí aquella noche, no podrían apartar la mirada de su querida hermanastra.
-No tengo palabras para describir... -empezó a decir, pero Helen lo cortó velozmente. –Thom no quiero escuchar nada que...
-Solo quiero decirte que estas radiante -la miró con pesadez. Por lo visto todavía seguía resentida con él-. Y pedirte disculpas, Helen...
-Por favor... -lo calló con una súplica en la mirada-. Es solo que todo esto es muy confuso para mí.
-Ya veo -la miró a los ojos con un poco de tristeza-. Bueno será mejor...
-Thom entiéndeme -dijo sujetándolo por el brazo, pero al darse cuenta de aquel gesto apartó la mano rápidamente-. Es que es un cambio muy radical. Han sido siete años y ahora así como la nada... No te entiendo y yo necesito una explicación,
-Lo siento no puedo darte ninguna explicación -respondió contundentemente y dando media vuelta empezó a bajar las escaleras-. Bajas... -se giró y la miró con intensidad-. Creo que es lo más adecuado, ya que nuestro padre nos está mirando.
-Sí -intentó responder con un tono indiferente, después de lo que le había dicho consiguiendo descorazonarla por entero.
Con gran orgullo, bajó los pocos escalones que la separaban de Thom para asir su brazo y empezar la larga noche. Porque estaba segura de que lo iba a ser y de que algo iba a ocurrir con él. Últimamente había algo extraño entre ellos dos.
La cena transcurrió sin ningún problema, si se miraba a ojos de cualquiera que no fuese de la familia. Jared se encontraba sentado presidiendo la gran mesa. Todo estaba exquisito y la gente se lo estaba pasando muy bien. Pero desde su silla podía observar como la actitud de sus hijos era diferente. Desde la discusión del otro día que no se habían vuelto hablar. Habían intentado simularlo en lo alto de las escaleras, pero todo había sido una actuación falsa por parte de ellos. Lo sabía perfectamente porque eran sus hijos y los conocía. Por una parte el comportamiento que tenían en aquel momento, distaba de ser el inapropiable que habían tenido en las anteriores cenas de los últimos siete años. Sabía que algo ocurría entre ellos. Desde un principio no se habían peleado como siempre, y Thom no la había ignorado para nada. Al revés, parecía que se preocupaba de ella pero hacía mal en señalar que la veía como una niña. Porque Helen se había convertido en una preciosa mujer independiente, que tenía control sobre su vida y eso le gustaba a él. Pero no parecía hacerle mucha gracia a su hijo...
Estaba que mordía de celos. Tenía sentado enfrente de él a Helen en compañía de Rafa, el nuevo veterinario del pueblo. No es que fuera mal hombre, pero no le gustaba nada el que pusiera el brazo alrededor de la silla de Helen en gesto posesivo. Sabía que su hermana lo había cautivado sin ella quererlo, y que si no intervenía este iría a por todas en conquistarla. Y al parecer ella se encontraba muy a gusto con él, ya que no paraba de reírle a todos los comentarios que hacía e interesarse por su vida. No señor, no le gustaba nada de lo que estaba ocurriendo ante sus ojos.
-Thom querido... -lo llamó la sensual rubia que tenia sentada a su lado, y que no paraba de molestarlo todo el rato-. ¿Has escuchado lo que te he dicho?
-Perdona querida -le sonrió amablemente-. Pero por un momento tenía la mente en otro lugar...
-Siempre pensando en los negocios -rió quedamente la rubia-. En vez de pensar en mi, empiezo a ponerme un poco celosa -dijo melosamente, y acogiéndose por un momento a su brazo.
Thom miró un momento a su hermana, descubriendo una mirada reprobadora de esta que le era dirigida a él. ¿Por qué? No creía que se sintiera celosa como se sentía él de su acompañante. Seguramente era porque no encontraba simpática a Julia, la rubia modelo que desde que había entrado por la puerta se le había enganchado al brazo sin soltarlo para nada en toda la velada. Y porque ella la describiría como típica modelo tonta, que solía llevar él siempre a las cenas familiares.
Cerca de las doce de la noche acabaron de cenar y todos los invitados fueron conducidos al salón para empezar el baile. Eran cerca de ciento cincuenta personas, por lo tanto iba a ser una noche muy animada. Helen se encontraba junto a su padre, que estaba en la entrada del salón mientras les iba preguntando a los invitados que qué les había parecido la cena.
-¿Té estas divirtiendo hija? -preguntó su padre con tono inquisidor.
Helen sonrió para sí. Sabía que en toda la velada su padre no le había quitado la vista de encima, porque tenía un acompañante. Y si mal no recordaba era la primera vez que tenía uno en una cena familiar, que no fuera Jack. Aquello la divertía, el pobre estaba deseando que se animara con Rafa. Era cierto que Rafa era un hombre muy atractivo y listo, agradable, buen compañero... Pero lo que su padre no sabía era que no era Thom. Pensó soltando un suspiro.
Thom... Había tenido la mala suerte de que le había tocado tenerlo enfrente en toda la cena, y tener que aguantar a su tonta acompañante. Que como no, era una mujer impresionante en cuerpo, pero en mente no creía que fuera más lista que un niño de diez años. Ahora sabía que su hermano tenía a una mujer en su vida, no creía que se tratara de una relación en serio sino más bien de cama que otra cosa... Pero ahora sabía certeramente que toda idea que se había concebido en su cabeza de una posible oportunidad con él. Era imposible...
-Papá -lo recriminó con una tierna sonrisa en los labios-. No empieces con tus tonterías... -Qué -protestó este haciéndose el loco.
-Sabes perfectamente que invite a Rafa porque era nuevo en el pueblo y porque me pareció simpático, pero no quiero que pienses nada más. No creo que haya ninguna posibilidad entre nosotros dos. Solo lo veo como un buen hombre y punto...
-Sí claro, lo que tú me digas -acabó por aceptar-. Pero es que ni siquiera le das ninguna oportunidad...
-¿Y por qué tengo que darle una oportunidad? -lo miró de forma desafiante.
-Hija no te enfades -la miró con disculpa-. Es solo que todavía no te he visto hablar de ningún hombre que no sea con el adjetivo de solo amigo por delante. Sé que todavía eres joven, pero...
-No me enfado papá, es solo que no creo que en mi vida haya un amor como en el que hubo en tu vida con mamá —declaró en tono decidido.
-Hija por qué dices eso -se giró su padre horrorizado por las palabras de la joven.
-Por que en mi vida el único amor que voy a recibir es el de mi familia y amigos... -dijo ahogando un sollozo, bajo la atenta mirada del preocupado hombre-. Sí, conozco el amor -soltó con ironía-, pero mi amor no puede ser correspondido papá.
-Por qué dices eso hija -le puso una mano en el hombro.
-Porque es enteramente imposible que el hombre que amo, me pueda corresponder -le confesó con gran dolor en las palabras.
-Pero...
-Es igual, no creo que sea el mejor momento para hablar de ello -lo miró con una débil sonrisa, hay invitados que atender y se supone que tiene que ser una noche de diversión y no de tristeza.
-En estos momentos me importa más mi hija que todos los invitados que hay en este maldito salón, si lo que hay es un corazón roto y más si es el de mi pequeña -susurró con gran cariño en la voz.
-Gracias papá, pero saldré un momento afuera y me calmaré pronto -lo acalló poniéndole una mano en la boca, al ver que el hombre iba a replicar ante su sugerencia-. Créeme, es lo mejor si no todo el mundo empezaría hablar del por qué nos hemos retirado del baile.
Llevaba cerca de diez minutos afuera en el patio, cuando notó una presencia detrás de él que le echaba encima de los hombros una chaqueta. Se dio la vuelta sorprendida para encontrarse con la mirada preocupada de Rafa. ¡Dios que idiota que había sido! Se había olvidado de él, dejándolo solo ante tantos invitados...
-Perdona yo... -empezó a disculparse pero el hombre la detuvo.
-No hace falta que te disculpes -sonrió sinceramente-. Es obvio que estas preocupada por algo... Vi como hablabas con tu padre.
-OH -lo miró enfada consigo misma, porque todo aquello hubiera ocurrido en aquel momento-. Pero igualmente quiero hacerlo, eres mi invitado y no me he comportado debidamente como anfitriona...
-¿Es así como ves, verdad? -preguntó apacible.
-¿Qué? -soltó sorprendida la joven y levantando la mirada rápidamente a la del hombre.
-Que solo me ves como a otro hombre más del pueblo... -dijo apoyando sus brazos en los hombros de la joven-. Solo quiero saberlo. Verás quiero que sepas que me has gustado mucho desde el primer momento en que te conocí, pero creo haber notado esta noche que no sentimos lo mismo...
-Así es -dijo a media voz y bajando la mirada-. Perdóname si desde el primer momento al invitarte te hice que pensaras otra cosa, pero no era mi intención -confesó sinceramente-. Y quiero que sepas que me gustas mucho pero como amigo, y que no hay ninguna posibilidad yo...
-Tú estás interesada en otro hombre... -con el dedo índice le levantó la mirada hacia él-. No tienes por qué preocuparte, nos acabamos de conocer no es que llevemos mucho tiempo viéndonos así que no hay de qué preocuparse. Sé que me pierdo la oportunidad de estar con una maravillosa mujer, pero que se le va hacer... -sonrió quedamente-. Y no te preocupes, no es que no te vaya a dirigir la palabra ahora. Me encantará tener amistad contigo.
-Gracias... -dijo tímidamente.
-Gracias de nada -sonrió amablemente-. Y ahora qué te parece si entramos dentro y me invitas a bailar, te recuerdo que tienes ciertas obligaciones conmigo—bromeó el hombre consiguiendo que la joven sonriera al fin. Thom se encontraba en un rincón del gran salón observando toda la escena. No se había perdido ningún detalle de la agradable reunión que había tenido lugar en el patio de la casa. De qué demonios habrían estado hablando aquellos dos. que no se hubieran podido decir allí dentro de la casa. Estaba que soltaba humo por las orejas. Y encima ahora, se encontraban en medio de la pista bailando bien alegres. Dios tenía ganas de acercarse al hombre y propinarle un puñetazo en todos sus morros. Quien se creía que era para arrimarse tanto a Helen... No. no podía estar ocurriendo al fin y ante sus ojos. No era posible que ya la hubiese perdido. Pero si solo conocía aquel individuo de un día, y sabía que Liliana era una mujer que... ¿Qué qué? Todo era posible que se hubiese enamorado de él a primera vista. No fue así como sucedió con sus padres y con él, en cuanto un día llegó de viaje y se encontró con que su hermana pequeña ya no era tan pequeña, consiguiendo cautivarlo para siempre.
-¿Bailamos querido? -de repente Julia se le acercó, sacándolo de sus pensamientos. -Claro -aceptó con tal de poder acercarse a su hermanastra.
Helen se puso un poco tensa en cuanto vio a Thom acercarse a ella con Julia entre sus brazos. Pero enseguida retiró la mirada, no quería que este viera que lo observaba.
-¿Ocurre algo? -preguntó Rafa, girándose en dirección a donde ella había mirado y volviendo la mirada enseguida a ella.
-No, nada —mintió un poco nerviosa.
-Mientes -la miró fijamente a los ojos-. Hace un momento estabas relajada en mis brazos y de pronto he notado como todo tu cuerpo se ponía en tensión.
-¿De veras? —dijo nerviosa-. Pues vaya, no me había dado cuenta...
-Helen... -dijo con pesadez-. No soy tonto, sé perfectamente porque te has puesto así. Se trata de tu hermanastro...
-¿De Thom? -intentó disimular-. ¿No entiendo, que ocurre con mi hermano?
-Dirás con tu hermanastro —señaló con énfasis las palabras-. ¿Es él? Durante la cena, estuvisteis el uno delante del otro. Y bueno algunas veces le mirabas a él y a su acompañante como si quisieras matarlos... Y de él también digo lo mismo.
-¿Qué? -dijo incrédula y parando de golpe de bailar. Pero Rafa volvió a acogerla por la cintura y siguió bailando con ella.
-¿Es de él de quien estas enamorada verdad? Y no me mientas, mirándote a los ojos obtengo tu respuesta...
-Sí... -confesó al fin sin rodeos con una débil sonrisa en los labios-. Perdóname, pero seguro que piensas que es algo repugnante...
-¿Y por qué tendría que pensar eso? -Bueno él es mí...
-Mirándolo correctamente, es tu hermanastro -la miró fijamente-. No sois de la misma sangre así que sois como dos desconocidos, y no hay nada de malo en que tuvieseis una relación...
-OH, pero eso es imposible -saltó rápidamente Helen-. No tengo la gran suerte de que mi amor sea correspondido sabes,... -Rafa observó como el cuerpo de la joven empezaba a temblar levemente en producto a las lágrimas que se le iban agolpando en los ojos.
-Será mejor que vayamos a un sitio más tranquilo... -rápidamente paró de bailar y cogiendo a la mujer por el codo se la llevó al interior de la casa.
Thom paró por un momento de bailar, al ver como su hermana se retiraba del salón con Rafa detrás de ella. Tenía la intención de seguirlos, pero Julia se agarró más a su cuello y le pidió que no se detuviera. No podía hacerlo, que explicación le iba a dar a la mujer. Que quería saber a dónde iba su hermana con aquel hombre, y entonces se ponía la soga al cuello...
Pero desde entonces que no podía apartar la mirada de la puerta del salón, por si volvían aparecer. A lo mejor, Helen solo le iba a enseñar en donde estaba el aseo...
Helen lo condujo a la biblioteca, en donde Rafa cerró la puerta con la llave para que nadie pudiera molestarlos. Allí la joven se sentó en el sofá que estaba enfrente la chimenea encendida, mientras el hombre se acercaba al mini bar y le servía una bebida.
-Toma aquí tienes y no me la rechaces -le entregó sentándose a su lado-. Te sentirá bien.
Helen aceptó el vaso dándole un pequeño trago al líquido Rosado que contenía. Después se quedó observando las llamas de la chimenea, sin querer decir nada. Estaba preocupada, o mejor dicho estaba aterrada. Si Rafa que era un desconocido hasta aquel día, había averiguado sus sentimientos hacia Thom. Entonces no había ninguna duda, de que Thom ya los supiera también. Tenía que marcharse bien lejos de allí.
-¿En que estas pensando? -preguntó Rafa con voz calmada.
-En que debo marcharme de aquí -dijo muy convencida-. Debo volver a Nueva york, en donde Thom...
-¿Marcharte? ¿Por qué? -preguntó el hombre extrañado.
-Rafa por el amor de dios —lo miró con desdén-. Si tu que me acabas de conocer as averiguado mis sentimientos hacia Thom, eso significa que el también lo puede adivinar en cualquier momento.
-Quien sabe, puede que no sé de cuenta —la animó-. Yo soy muy observador... -Él no tiene ni un pelo de tonto, créeme.
-Helen cálmate -le puso un brazo alrededor de los hombros, para transmitirle un poco de calma-. Es muy diferente como te observa tu hermano a cono te observa un hombre cualquiera... -ésta lo miró un poco confundida-. Es decir nuestro interés por ti, es muy diferente al interés de tu hermanastro. Es cierto que no sois hermanos de sangre y por lo tanto podéis estar juntos como pareja. Pero según lo que tú me has dicho él no está interesado en ti, verdad...
-Sí, es cierto -se levantó del sofá acercándose al calor del fuego-. Además ya has visto que tiene compañera y qué tipo de compañera busca...
-Sí -concluyó con una sonrisa-. Y después de estas fechas no creo que os volváis a ver.
-Es cierto, él vuelve a Londres y yo a Nueva York. Pero y si llama a mi agencia reclamando nuevamente mis servicios...
-Supongo que tú eres libre de acción -se levantó acercándose a ella-. Una manera es que te llenes la agenda hasta que te sea imposible hacerle un hueco a nadie.
-Tienes razón -dijo después de haber meditado un rato-. Total, seguro que se marcha para fin de año...
-Así me gusta que te animes.
-Gracias -lo miró complacida por su apoyo.
-No tienes por qué dármelas.
-Intentaré venir más de visita por aquí...
-Como quieras, pero tienes él deber de presentarme a las solteras guapas del pueblo -comentó en broma, consiguiendo que Helen rompiera en carcajadas.
-Dalo por hecho.
-Una cosa, antes de volver ahí fuera... -dijo poniéndose de repente serio.
-Mmm, hay que volver ahí fuera... -protestó.
-Sí, si quieres que tu padre no nos obligue a casarnos por avernos encerrado en la biblioteca -volvió a sonreír-. ¿No crees posible la mínima idea de hablar de tus sentimientos con Thom?
-¡No! —se indignó enseguida.
-Tranquila, solo era una pequeña sugerencia.
-Ni loca. Jack, también me lo sugirió y le dije que no...
-¿Jack? AH, tu amigo.
-Sí, él...
-También opina lo mismo que yo, por lo que veo...
-Por lo que yo veo -pronunció con cierto desdén-. Los dos estáis igual de tarumba.
-De acuerdo, veo que el tema por ti ya está zanjado.
-Así es -concluyó con orgullo.
-Bien ese caso, creo que será mejor que salgamos fuera a reunimos con los demás invitados, antes de que empiecen a notar nuestra ausencia.
Veinte minutos después, Thom observaba con los nervios de punta como su hermana y Rafa, entraban en el salón. No creía que le fuese llevado al aseo. Ni que le hubiese mostrado la casa... Por sus miradas, se les veía como mucho más unidos. Estaba por ir y exigirle una explicación. Pero se detuvo al ver como Jack se acercaba a la pareja.
-¿Hola preciosa, me concedes un baile?
-Claro -se giró un momento a Rafa-. ¿Te molesta?
-No, tranquila -sonrió-. Yo iré a sacar a una preciosa morenaza que he visto por ahí...
-Vaya, me parece que este es el único momento de la velada en el que os habéis separado -comentó con malicia.
-No es lo que parece, Jack.
-¿No? Pues quién lo diría. ¿Y además, en donde habéis estado en todo este rato? -preguntó con curiosidad.
-La verdad no sé si debiese decírtelo -lo miró con recelo-. Todavía no te he perdonado el que permitieras que Thom me echara aquella jarra de agua...
-¡UPS! -se sonrojó por un momento el hombre-. Es verdad, se me había olvidado el asunto por completo.
-Jack... -Lo miró fijamente-. Rafa, sabe mis sentimientos hacia Thom.
Jack estuvo durante unos segundos callado, meditando lo que le había dicho ella.
-Si vas a ir por ahí informándole a todo el mundo tus sentimientos hacia tu hermano, encuentro que es más práctico que se lo digas a él primero -le reprochó con enfado.
-¡No, tonto! Él lo ha averiguado, yo no le eh dicho nada...
-AH, vaya perdóname —se disculpó enseguida.
-Y cuando me lo dijo me puse nerviosa y estaba a punto de ponerme a llorar, así que él...
-Te sacó fuera, para que te calmaras -acabó la frase por ella.
-Sí...
Durante unos segundos no comentaron nada. Solo se limitaron a bailar abrazados, y pensar cada uno en sus cosas.
-¿Te encuentras mejor ahora? -preguntó preocupado.
-Sí, un poco mejor. Pero en aquel momento me entraron ganas de subir a mi dormitorio, hacer las maletas y salir por la puerta de atrás... -declaró con tono suave-. Pero Rafa me hizo razonar.
-Helen... —la abrazó más-. No puedes seguir así, no creo que sea nada bueno para ti. -Por favor Jack —le imploró sin querer mirarlo a los ojos-. No me digas nada que... -¡Hola pareja de tortolitos! -los interrumpió de repente la voz de Thom.
-¡Thom! -sonrió Jack de forma alegre. En cambio Helen lo miró tan solo unos instantes, para desviar enseguida la mirada.
-No es por nada, pero me gustaría bailar un baile con mi hermana antes de que la velada tocara su fin.
-Cla... Claro -aceptó un tanto incomodo el hombre.
-¿Pero no se enfadará tu querida Julia? —intervino Helen, con un poco de arrogancia en la voz.
-No creo, por que se iba a enfadar de que bailase con mi hermana... —dicho esto la cogió de la cintura y se la arrimó a su cuerpo, consiguiendo que la joven temblara de deseo y terror.
Thom era un bailarín excelente. Y en que no era excelente Thom, pensó con reproche.
¡Dios! Apenas se acordaba de cómo respirar. Sus cuerpos estaban tan juntos, que no creía que el aire pudiera pasar entre ellos. Era tan agradable el calor corporal que transmitía el cuerpo del hombre. Estaba segura de que Thom la observaba atentamente, pero no quería confirmarlo levantando la mirada de sus hombros y que le leyera en sus ojos sus sentimientos hacia él. Además, se sentía muy confusa. ¿AH que había venido el que Thom quisiera bailar con ella? Seguramente se sentía mal, porque estaban peleados por la discusión del otro día. ¡Pero y qué! No habían estado así durante nueve años. Y verdad que no había sentido entonces ningún remordimiento... ¿Entonces a que venía todo aquello?
-Vaya, vaya... -soltó con ironía, haciendo que Helen levantara la mirada en alerta-. ¿Quién lo iba a decir? -Por lo que veo. No me has sacado por el simple placer de hacerlo -escupió con enfado. -Quien sabe... —soltó mostrando una leve y enigmática sonrisa.
-¿Qué es lo que vienes a refregarme por la cara? —le recriminó con un poco de dolor en la voz, pero intentando disimularlo con mirada dura.
-Helen, Helen... -sonrió con expresión seductora-. La verdad es que no sabes nada de mí... Y eso que hace siete años nos conocíamos perfectamente.
-Que estas intentando decirme, Thom -preguntó con el corazón en un puño.
-Nada, querida Helen... -depositó un cálido beso en su frente y apoyando la barbilla en su cabeza siguió bailando. Pero ella no estaba dispuesta a dejarlo de aquella manera.
-Sabes perfectamente que tú tienes la culpa de todo.
Nada. Thom solo soltó una carcajada y siguió bailando, sin hacer caso a su provocación.
-¿Por qué me haces esto, Thom? —apuntó con gran tristeza.
-Ni yo mismo lo sé... -suspiró profundamente-. Pero créeme, nunca fue mi intención hacerte daño...
-No, no logro... entender nada... -tartamudeo a causa de los nervios.
-Y mejor que siga así, cariño -siseo en voz baja y dulce.
-Ni lo sueñes -le contestó en tono un poco frenético-. Han sido siete años Thom. Siete años en los que yo...
-Por favor, perdóname -La interrumpió consiguiendo que la joven levantara la vista a él-. Y por lo que más quieras no me mires con esos ojos, si no yo... Creo que es mejor que dejemos de hablar y bailar. No sé que me ocurrió para que tuviera el impulso de contártelo todo...
-¡No! -le cortó con firmeza-. No pares de bailar, ni de hablar, si no yo si que haré algo...
-Lo siento Helen -le acarició el cabello con dedos delicados-. Pero no puedo contarte nada, si no, lo único que conseguiría es haceros más daño a ti y a papá...
-Thom...
-Créeme —le sonrió con ternura-. Mañana por la mañana puede que me vuelva a Londres, será lo mejor...
-Thom... -volvió a repetir su nombre con lágrimas en los ojos-. No te marches así, por lo que más quieras.
-Tengo que hacerlo, preciosa -la música cesó y con ello también el bailar-. Ahora es mejor que olvides todo lo que te he dicho, y que vuelvas con Rafa... Es un buen hombre y tiene suerte de haberte conocido -pronunció con gran dolor las últimas palabras.
-Qué -dijo llena de confusión-. No. no... Thom. Rafa es solamente un amigo para mí...
-Tú solo haz caso a lo que te he dicho quieres -empezó alejarse hacia el interior de la casa, dejándola allí en un rincón de la pista de baile completamente sola y más confundida de lo que ya estaba en un principio. ¿Pero que le había querido decir Thom? Porque tenía la sensación de que él estaba sufriendo igual que ella.
-Helen... —la llamó Jack, con gran preocupación.
-Jack... -lo miró con lágrimas en los ojos-. Yo... Thom...
-Helen, cariño cálmate un poco —se acercó a ella y rodeándola por los hombros se la llevó de forma discreta fuera del salón atestado de gente. Pero cuando pasaban por delante de la cocina, esta se soltó de sus brazos y entró corriendo en ella, para salir a la parte trasera de la casa en donde vio como Thom se alejaba de su vida en su coche.
-¡No! -gritó con desesperación, justo cuando Jack la alcanzaba presenciando la dolorosa escena.
-Helen mi pequeña... -la agarró con fuerza temiendo que esta saliese corriendo tras el vehículo-. Por favor no llores...
-No dejes que se marche Jack -le suplicó sollozando-. Eh sido una idiota por no confesárselo, ahora lo he perdido para siempre por que se aleja de mí...
-Helen...
-Me dijo que era mejor que se alejara de mí y papá... Pero yo no quiero que se aleje Jack, me es igual si no me ama, pero yo a él sí...
-Helen, por favor. ¿Qué ha ocurrido mientras bailabais?
-No lo sé —le miró un momento con confusión, para volver a dirigir la vista en donde hacia unos instantes se veía el coche de Thom, ahora solo podía apreciarse la oscuridad de la noche-. Él intentó decirme algo, pero no se atrevió. Era sobre su comportamiento conmigo durante todos estos siete años... Jack fue tan raro todo...
Vaya, Thom había intentado contarle toda la verdad. Ya era hora, pero maldito fuera porque en el último momento se había echado atrás.
-¿Y que fue exactamente lo que te dijo?
-Nada, no sé... Estoy muy confusa ahora...
-Bueno, yo solo te digo que no debes preocuparte mucho...
-Tú sabes algo -inquirió salvajemente.
-Quien... Yo -se puso nervioso-. ¿Qué iba a saber yo?
-Sois hombres y amigos de toda la vida-concluyó de forma rápida.
Helen pudo observar apuro en el rostro del hombre, en cuanto le hubo presentado aquella acusación. Pero este tuvo suerte, ya que Rafa se acercaba a ellos con cara de preocupación.
-¿Va todo bien? Eh visto con quien bailabas y...
-Sí, va todo bien -contestó agradecida por su atención hacia ella-. Gracias por preocuparte.
-No hay de qué. Pero verás, acabo de recibir una llamada de los Hender Son. Su yegua está teniendo problemas en el parto y debo acudir urgentemente...
-OH, vaya -dijeron Helen y Jack a la vez.
-Sí. Podríais decirme más o menos, por donde queda el rancho.
-Si quieres te acompaño -se ofreció Jack con rapidez.
-OH, como quieras -agradeció Rafa.
-Cobarde —lo acusó Helen
-¿Qué?... -preguntó Rafa.
-Escapa todo lo que quieras, pero quedan más días por delante...
-¿No tenemos prisa? -apresuró con burla Jack.
-Sí, es verdad -se acercó a Helen-. Siento mucho el tener que marcharme. ¿Seguro que estas bien? -volvió a preguntar.
-Sí, tranquilo -sonrió con lágrimas-. Ya nos veremos así que márchate ya, tienes una urgencia.
Helen esperó a que los dos hombres desaparecieran de la vista, como había hecho Thom. Dio media vuelta y miró a la casa. Esperaba que la fiesta acabase pronto, pues no tenía ganas de sonreír, solo quería llorar.
Ahora sí, definitivamente había perdido a Thom. Este se alejaba de la vida de su padre y de ella, por no querer hacerles daño. ¿Pero a qué daño se refería? ¿Qué es lo que había intentado decirle mientras bailaban? Había visto tanto sufrimiento en su mirada, pero este había intentado disimularlo con su típico carácter de despreocupado con ella. ¿Qué iba hacer ahora...?.
Con la cabeza hecha un lío, entró en el salón en donde su padre se encontraba esperándola preocupado.
-¿Hija estas bien? -se acercó a ella-. ¿Qué es lo que te ha dicho tu hermano? ¿Y en donde se encuentra ahora?
-Mmm, si papá estate tranquilo todo va bien -intentó simular una bonita sonrisa-. Y tu hijo se ha ido, no se ha donde pero creo que tardáremos en volver a verlo, o solo seré yo quien tarde en volver a verlo...
-¿Pero hija, que me estás diciendo no entiendo nada? -la retuvo su padre con mirada suplicante-. ¿Por qué desde que falta tu madre, en todas las fiestas de navidad ocurre algo entre tu hermano y tú?
-Papá... -sus ojos se iban agolpando de tristes lágrimas.
-Hija creo que ya es el momento de que tenga una respuesta... -demostró una conciliatoria sonrisa.
-Créeme -susurró entre jadeos por las lágrimas-. Si yo supiera lo que ocurriera de verdad te lo contaría, pero es que ni siquiera yo misma lo sé papá -sin poder aguantar más el dolor que sentía en su corazón, se dirigió al piso de arriba para encerrarse en su dormitorio y escapar de cualquiera-. Disculpa a los invitados de mi parte, diles que no me encuentro demasiado bien esta noche.
-Como quieras hija... -respondió con mirada ausente.
Suerte que los invitados ya iban a empezar a marcharse, así podría subir a intentar hablar con su hija. ¿Qué es lo que le ocurría a sus hijos? ¿Creyeron entonces mal cuando adoptaron a Helen, que Thom la había aceptado al igual que ella a él? No lo creía, había visto como estos dos a medida que habían crecido su amor por el otro siempre había ido aumentando y...
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