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-Bueno ya esta -dijo el doctor apareciendo en el salón, en donde se encontraba Thom esperando-. No se lo ha roto, pero sí que tiene una contusión por el golpe. Que procure descansar un par de días con el pie en alto y ya está, más unos antiinflamatorios y la tendrás corriendo nuevamente por aquí -dijo el hombre muy sonriente.
-Bien -contestó levantándose del sillón -. ¿Quieres que te sirva alguna cosa?
-No, déjalo -sonrió, mientras caminaba al recibidor seguido por Thom-. Dale recuerdos a tu padre y si surge cualquier cosa, no dudéis en llamarme a casa ¿Vale?
-Estate tranquilo -lo acompañó a las escaleras-. Que pases buenas fiestas si no nos vemos -sonrió.
-Igualmente hijo - se despidió con la mano antes de entrar en el coche y alejarse de allí con tranquilidad.
¿Bueno y ahora qué? Se preguntó el hombre en cuanto hubo cerrado la puerta de la casa y se hubo quedado a solas en el silencioso vestíbulo. Tenía que subir arriba para comprobar si Helen necesitaba alguna cosa. Al volver a pensar en ella, le vino nuevamente a la mente el encuentro que habían tenido cuando subió la última vez. Una sonrisa atractiva apareció en su rostro al recordar tal belleza... Pero se riñó, por que no podía tener tales pensamientos con ella. Fue entonces, cuando sus pensamientos fueron interrumpidos por el pequeño ladrido que procedía de la cocina. Vaya, el pequeño cachorro había despertado por fin desde que lo hubo dejado allí con una manta pequeña, antes de darse él una ducha. Nada más entrar en la cocina el pequeño diablillo se le tiró entre las piernas para que le prestara atención. Seguramente el pobrecillo tenía hambre. Sonriendo se agachó para acogerlo en brazos y subir con él al dormitorio de Helen.
Escuchó como Thom paraba enfrente de su dormitorio y llamaba a la puerta, antes de entrar con una preciosidad entre sus brazos. Aquello hizo que a Helen, se le olvidara por el momento el bochornoso encuentro y apareciera en su rostro una gran sonrisa. -¡OH! -dijo extendiendo los brazos hacia el hombre-. Pero si es mi pequeñín... Anda tráemelo conmigo, por favor.
-Aquí lo tienes -se acercó a la cama y le entregó al cachorro-. Me parece que tiene hambre -dijo con una sonrisa al ver como el cachorro había reconocido a Helen, lamiéndole la cara y moviendo la cola como un desesperado.
-Seguro que sí -dijo riendo al ver la alegría del cachorro-, ¿Haber pequeñín cuantos días as estado sin comer? -preguntó en tono cariñoso.
-¿Qué le doy de comer? -preguntó el hombre-. Un poco de leche...
-Sí. Pero no sé si tenemos algún biberón por aquí...
-Puede que sí. Recuerdo que a papá le gustaba alimentar alguna vez a los terneros pequeños... Veré si guarda alguno en la cocina.
-Vale, yo bajaré ahora al salón...
-¿Para qué? -preguntó Thom extrañado.
-No pienso estarme todo el día encerrada en mi dormitorio, el doctor te habrá dicho que no tengo el pie roto...
-Muy cierto -contraatacó-. Pero si que me dijo que tenías que hacer reposo.
-Pero si puedo caminar bien -replicó-. Venga Thom, sabes perfectamente que no haré nada para lastimarme más el pie -lo miró a los ojos-. Te prometo que descansaré, pero no aquí encerrada las veinticuatro horas del día -señaló levantando los brazos para abarcar el gran dormitorio.
El hombre la observó un momento, mientras meditaba su petición, para sonreír seguidamente aceptando la propuesta.
-Muy bien -seguidamente levantó un dedo apuntándola-. Pero como vea que no lo cumples, prepárate para recibir un castigo.
-Tampoco eres mi padre para poder castigarme -protestó con cierta ironía en la voz.
-Helen, Helen... —sonrió maliciosamente-. Mejor no hablar de ese punto, porque acabaremos muy mal.
-Qué... -protestó un poco exasperada-. Lo único que intento señalar, es que yo ya soy mayorcita para que tengas que venir tú a reñirme.
-Sí claro, tan mayorcita eres que saliste a montar a caballo en un día de fuerte lluvia, —dijo en burla.
-Siempre echando todo en cara -refunfuñó-. No me extraña que te llamen ogro -dijo a media voz.
-Y a ti no te gusta que te llamen niña, pues entonces compórtate como una persona adulta -dijo con una gran sonrisa-. Y lo de ogro —dijo empezando a dirigirse a la puerta-. Solo lo soy para los que necesitan que lo sea.
-Thom, eres... -empezó a decir enfadada por lo que le había dicho sobre su comportamiento.
-¿Qué Helen? -preguntó el hombre divertido, con la mano sobre el pomo de la puerta.
-Nada es igual... -mejor era callarse-. Porque no bajas a prepararle el biberón, enseguida iré yo.
-Cobarde... -dijo riendo antes de salir y cerrar la puerta. Consiguiendo que Helen se enfadara y le tirara a la puerta un cojín de la cama.
Diez minutos después...
-¡Vaya si que estaba hambriento! —dijo sorprendido Thom, al ver como Helen le daba el biberón al cachorro y este lo aceptaba encantado, sin dar ningún respiro al tomárselo.
-Sí -miró al pequeño con encanto-. Seguro que llevaba más de un día perdido.
-Eso me recuerda que habrá que ir al pueblo a ver si alguien lo reclama -dijo serio, mirando la reacción que tendría la joven tras decir aquello.
No dijo nada. Solo se limitó aceptar con un movimiento de cabeza, sin apartar la mirada del pequeñín. Pero estaba seguro que su mirada se había tomado triste, porque Helen le había cogido mucho cariño. Y quien no... Pensó Thom. Era imposible que uno no se volviera tierno con aquella cosa peluda. Solo esperaba que nadie lo reclamara...
-Bueno si necesitas cualquier cosa, estaré en la cocina.
-¿Y eso? -preguntó.
-Voy a preparar la comida —dijo-. ¿Es que no tienes hambre?
-Sí un poco. ¿Pero tú sabes defenderte en la cocina? -preguntó con cierta burla.
-Muy graciosa Helen -sonrió-. Pero resulta que sé preparar la mejor ensalada y la mejor tortilla de champiñones que nadie -respondió dirigiéndose a la cocina, sin querer presenciar la carcajada que soltó la joven.
-Ya lo veo. Todo un chef del futuro -se regocijó-. Me muero de ganas por comer.
-Ya vale -se escuchó desde el fondo-. Si sigues así, no probaras ni un solo bocado.
-¡Que cruz! -chilló en tono divertido para que la oyese.
Thom, entró en la cocina con una sonrisa en el rostro y silbando. Al decidir venir unos días antes para pasar las navidades, pensó que los días se le harían insoportables, que no podría aguantar el estar junto a ella y comportarse de forma normal. Pero se había equivocado. Sabía que no le haría nada bien a su corazón el estar allí, pero lo necesitaba. Habían sido muchos los años que se había torturado, pero tenía que estar junto a ella, verla sonreír, escuchar su voz, observarla... Volver a sentirse parte de ella, como lo habían estado siete años atrás. Helen estaba enfadada con él, por su forma de tratarla en los últimos años. Se lo merecía. Pero su bondad podía más que su enfado. Ella lo quería. Siempre lo había querido. Pero lo malo, era que aquel amor era muy diferente al que él sentía por ella. Ella lo miraba como a un hermano mayor y él la miraba como a una bella mujer, dulce, delicada... Estaba claro que en la vida no se podía tenerlo todo. Y sabía, que en algún momento tendría que volver a ponerse duro de carácter sino quería volverse loco. Porque tarde o temprano llegaría el día en el que ella conocería a un hombre...
Soltó un profundo suspiro, intentando quitarse aquel doloroso pensamiento de la cabeza y se dispuso a preparar la comida.
Tres días después, el pie ya no le dolía tanto y podía caminar bien. No largas caminatas, porque se le cansaba y entonces le molestaba un poco, pero si moverse por el rancho con tranquilidad.
A lo primero dado el trato que habían tenido en aquellos años y el encuentro raro del dormitorio, había habido un poco de tensión en el ambiente. Pero luego se evaporó. No es que volviera a ser como en los viejos tiempos, pero era mucho mejor que en los últimos encuentros.
Le encantaba encontrarse en compañía de Thom. Quería aprovechar hasta el máximo. Nunca lo volvería a ver tan relajado, estando ella cerca. Unos golpes discretos en la puerta la distrajeron de sus pensamientos.
-¿Helen? -se escuchó la voz del hombre, que había estado hacía unos instantes en sus pensamientos. -Sí. Pasa - dijo acomodándose en la cama y cubriéndose bien el cuerpo con la sabana.
Thom entró con una sonrisa en la mirada. Éste se encontraba ya vestido, pero no con la ropa habitual de estar por allí, sino con uno de sus trajes de Armani. Algo ocurría...
-¿Ocurre algo? -preguntó preocupada.
-Mmm..., sí bueno -empezó acercándose a la cama, para pararse enfrente de ella con las manos apoyadas enjarras-. Me temo que voy a estar toda la mañana fuera y no sé sí la tarde...
-OH. Vaya... -dijo con desilusión.
-Hay un cliente que quiere enseñarme unas cosas y resulta que ha venido expresamente aquí para ello, es algo relacionado con sus tierras. Así que me temo que hoy te quedaras sola... -la miró fijamente.
-De acuerdo, ya veré que puedo hacer para no aburrirme -dijo con una sonrisa.
-¿Segura?-preguntó preocupado-. Si quieres le digo que no y...
-¡Thom! Por favor... -se rió-. Ya soy mayor y sé cuidarme...Y no me vengas con tonterías -le recriminó enseguida, en cuanto vio que el hombre iba a responder ante aquello.
-Está bien —resopló-. Procuraré estar para la hora de comer.
-Como quieras, pero no te preocupes por mí. Estaré bien...
-Vale, pues me marcho ya... -se la quedó mirando fijamente a los ojos. Estaba en un gran dilema. Porque lo que tenía muchas ganas de hacer en aquel momento, era acercarse hasta ella para acogerla en sus brazos y besarla hasta dejarla sin aliento. Pero claro, sonrió. Aquello era cosa de locos, pero estaba tan bella allí en la cama, con el cabello alborotado y las mejillas sonrojadas... -. Hasta luego.
-Hasta luego y ten cuidado -Ya está. Por fin podía respirar con normalidad. Se había puesto tan nerviosa en cuanto vio que Thom entraba en el dormitorio, encontrándose ella en la cama con un camisón... Y luego, es como si hubiese mantenido las ganas de hacer algo, pero se había contenido... Sonrió con cierta ironía. Sí claro, a Thom le habían dado deseos de lanzarse sobre ella para besarla apasionadamente... Y los burros volaban. Con aquella tonta idea, se apartó las sabanas y salió en dirección al lavabo para ducharse y prepararse para pasar un buen día. Aunque claro, no estaría su querido Thom para ello. No habría nadie que observara sus movimientos detenidamente... Lo iba a echar de menos.
Se encontraba en la cocina preparando la comida, cuando vio que un coche se acercaba por el camino levantando gran polvo. Una sonrisa apareció en su rostro al pensar que Thom había cumplido su palabra y llegaba a la hora de comer, pero a medida que el vehículo se iba aproximando a la casa veía que aquel no era Thom, toda sonrisa desapareció dando paso a la duda ya que no conocía aquel coche. Este llegó a la casa, deteniéndose con un pequeño frenazo. El coche brillaba con el sol de invierno, tenía que ser nuevo... Fue entonces cuando la puerta del conductor se abrió y dio paso a un hombre. ¡Jack!. Vaya que sorpresa, pensó volviendo aparecerle de nuevo la sonrisa en el rostro. Dejó la comida y salió lo más rápido, que le permitió su pierna a la entrada para poder recibirlo.
-¡Jack! -gritó antes de lanzarse a los brazos del hombre, que la recibió con muy buen gusto-. Que alegría el que ya estés aquí.
-Ya lo veo ya -sonrió el hombre tras depositar un suave beso en sus labios, como siempre hacían cuando se veían-. ¿Ocurre algo para tan buen recibimiento?
-Sí. Que estoy sola y aburrida —sonrió mientras entraban en la casa.
-¿Y Thom? -preguntó con las cejas entrecerradas-. Creí que estaba aquí...
-Sí bueno, pero ha tenido que salir por un asunto de negocios —comentó mientras le entregaba una cerveza fresca, y intentando no darle demasiada desesperación a sus palabras.
-Veo que todos te abandonamos por lo mismo -sonrió mientras le daba un trago a la botella-. ¿Y bien qué te ocurre? Y no me digas que nada porque he visto que cojeabas un poco y Thom, me llamó con un tono un tanto desesperado por qué no estabas en casa...
-OH, nada -sonrió mientras se sentaba en una silla-. Me caí en un agujero por rescatar a un perrito y me hice daño en el pie. Pero ya está curado...
-Casi curado -mostró una sonrisa atractiva-. Te he visto cojear.
-Sí vale, pero puedo moverme bastante bien... No necesito a nadie -se defendió como de costumbre.
-¿Y cómo se ha tomado esa respuesta Thom? -preguntó divertido.
-Bien.
-¿De veras? -preguntó asombrado.
-Sí. Bueno han ocurrido ciertas cosas por aquí -dijo un poco nerviosa, sin querer comentarle el incidente del dormitorio-. Por el momento nos llevamos bien, no hay ninguna riña.
-Bien -dijo antes de darle otro trago a la bebida.
-¿Bien? -dijo asombrada-. Eso es todo lo que piensas decir... -se levantó de la silla y se acercó a la encimera para seguir con la comida-. Sabes lo que siento por él y los problemas que he tenido, y no me dices nada más.
-Helen, ya eres mayor -tiró la botella vacía al cubo de la basura-. Y yo no soy nadie para meterme en vuestros problemas...
-No estoy de acuerdo -lo interrumpió enseguida.
-Sí, es verdad -volvió afirmar con más seguridad en la voz-. Yo no puedo hacer nada respecto a ese asunto y lo sabes muy bien.
Helen, se lo quedó mirando por un momento en completo silencio. Algo le había ocurrido durante el viaje que había hecho a Londres. Se lo veía mucho más serio de lo normal.
-¿Y bien?, -inquirió poniéndose seria.
-¿Y bien qué?-repitió sin comprender la repentina actitud de la joven.
-Es obvio que algo te ha ocurrido en este viaje y no me lo niegues, sabes perfectamente que te conozco -se acercó hasta él, parándose enfrente y mirándolo a los ojos con los brazos en jarra-. Estoy esperando una respuesta y no te dejaré en paz, hasta que no me la des.
Jack sonrió abiertamente.
-Lo siento, pero no pienso comentarte nada de mi viaje a Londres -respondió empezando alejarse al salón, para encender el televisor. Llevándose una grata sorpresa, al encontrarse en el sofá al pequeño cachorro que dormitaba en completa paz-. Cállate si no quieres despertar a tu nueva adquisición -sonrió entre dientes, mientras se acercaba para inspeccionar al nuevo habitante de la familia-. ¿Tiene nombre?
-Todavía no -dijo acercándose para mirar por un momento con amor al cachorro, y seguir seguidamente acosando al hombre-. Pero no me cambies de tema, quieres...
-Hay Helen -soltó un suspiro-. Ya te lo contaré a su debido tiempo, vale... -La miró a los ojos en una súplica.
Helen, se calló por un momento mientras meditaba.
-De acuerdo -aceptó no muy convencida-. Me voy a la cocina a terminar de preparar la comida, tú quédate aquí relajándote y cuidándome al pequeño...
-¡En! -dijo de pronto el hombre incorporándose y levantándole la barbilla a la joven para que lo mirase a los ojos-. No estás enfadada conmigo, verdad.
-Claro que no, tonto -sonrió mirándolo a los ojos-. Es solo que no quiero perderte como amigo...
-Sabes que eso nunca ocurrirá -le susurró con cariño.
-Lo sé, pero...
-Ningún pero -la acalló poniéndole un dedo en los labios para que no siguiera diciendo nada-. Sabes que te quiero mucho...
-Y yo también Jack -susurró ya más tranquila.
-Entonces no debo preocuparme por nada verdad -la chica asintió levemente con la cabeza-. Bien esa es mi chica —sonrió depositando un beso en sus labios-. Y ahora a la cocina...
-Vaya que escena tan tierna... -los interrumpió la voz de Jared.
-¡Papá!
-¡Jared! -dijeron los dos jóvenes al unísono, al no esperarse que el hombre llegara en aquel momento sorprendiéndolos de aquella forma.
-Hola chicos -sonrió divertido-. Seguid, no quiero molestaros con lo vuestro... Yo ya me marcho a la cocina para...
-Un momento papá -lo detuvo Helen poniéndose seria-. Sabes perfectamente que lo que has visto no significa nada...
-Claro, claro -sonrió mirando a Jack divertido-. Yo no he visto nada...
-¡Papá! -dijo con energía la joven, empezando a desesperarse un poco-. No me vengas con tonterías, entre Jack y yo, lo único que hay es amistad.
-AH, vale así es como lo llamáis hoy en día -siguió mirando al muchacho, con una sonrisa divertida en la mirada.
-¡No! -gritó eufórica.
-Helen -empezó a decir Jack con voz tranquila-. No sigas, tu padre te está gastando una pequeña broma...
-¡Qué! -miró expectante a los dos hombres, para lanzar una mirada chispeante al hombre mayor y salir de allí-. Cualquier día de estos me vais a matar... Estoy en la cocina, poniendo veneno en la comida.
-¡Guay! A mí ponme doble ración -siguió bromeando el hombre mayor-. Me encanta ver como se me enfada, su madre era igual.
-Jared, Jared...-empezó a decir el hombre joven-. Desde luego estas majareta...
-Ha, estoy más cuerdo que...
-Era broma... -sonrió divertido-. ¿Y bien como te ha ido el viaje?
-OH, bien -empezó a encaminarse al sofá, pero cuando se encontró con una pequeña bola de pelo se detuvo de golpe-. ¡Pero bueno qué es esto? -dijo bastante sorprendido.
-Eso pequeño -sonrió-, es el motivo por el que tu hija cojea...
-¡Que mi hija cojea...!. -repitió sorprendido-. ¿Qué...?
-Por lo visto lo rescató de un agujero, pero con la consecuencia de lastimarse un pie -sonrió para tranquilizar al hombre-. Tranquilo se encuentra perfectamente, no has visto que se enfada como siempre...
-Vaya, eso es lo que piensas de mí -los pilló Helen, entrando nuevamente en el salón.
-EH... no mujer, sabes que es broma... —dijo en tono embarazoso.
-No sé -lo miró divertida.
-¿Hija te encuentras bien? -los interrumpió el hombre mayor.
-Sí papá, no es nada solo un golpe -lo tranquilizó.
-¿Y quién te ayudó? -preguntó con curiosidad.
-Thom...
-Por eso de su llamada -empezó a comprender el hombre-. ¿Y se puede saber en donde se encuentra en estos momentos tu hermano?
-En la ciudad con un cliente -respondió escuetamente.
-Como no, quien diría que no es mi hijo... -sonrió el hombre-. Bueno si no os importa, yo me voy a dar una ducha y a tumbarme un poco...
-¿No vas a comer? -preguntó preocupada.
-Sí. Pero un poco más tarde -se acercó y le acarició una mejilla-. Estoy un poco cansado del viaje, comprendes verdad...
-Está bien -aceptó un tanto preocupada-. Sube que ya te llamare yo más tarde.
-Bien -se giró hacia Jack-. Bueno chico, ya nos veremos más tarde.
-Como no, Jared -aceptó cordialmente.
Eran cerca de las doce de la noche, cuando Helen escuchaba como se acercaba un coche. No podía ser nadie más que Thom. Estaba un poco enfadada, ya que le había dejado la cena preparada en la cocina y lo estaba esperando desde las nueve sentada en el sofá del salón, con un libro en las manos. Entendía que él no tenía ninguna culpa, solo hacia su trabajo... Pero le molestaba, que no hubiese cumplido su promesa. Suspiró. Se estaba comportando como una cría, pero es que lo había echado en falta.
Le extrañó el que todavía hubiese luz en la casa. Seguramente se había quedado dormida, mientras veía el televisor. Pero al ir a dejar el coche en la parte trasera de la casa, se llevó una gran sorpresa al encontrarse el coche de su padre. Entonces el que estaba levantado era él... Estaba un poco molesto, porque no había podido pasar el día con Helen. Su cliente no había tenido otra cosa que hacer que traerse a su hija y como no, había tenido que llevársela a cenar. Y no es que hubiese sido una velada muy agradable... Dejó el abrigo en el armario del vestíbulo y se dirigió al salón, para hablar con su padre.
-¡Hola papá! -dijo nada más abrir la puerta-. ¿Cómo te ha ido?....
-No, papá se encuentra durmiendo -lo interrumpió con voz dura-. Pero como sigas con el mismo tono, de seguro que acaba por despertarse.
-OH, Helen -mostró una tímida sonrisa. Estaba claro se había enfadado con él-. Pido disculpas...
-¿Por qué? Por hablar tan fuerte -dijo escéptica-. OH, no te preocupes no creo que lo hayas desvelado.
Vaya estaba bastante más que enfadada, pensó Thom. Si supiera en realidad que se había pasado el día entero pensando en ella, en su sonrisa, en sus ojos, en su hermoso cabello y en cómo le hubiera gustado besarla...
-Helen, sabes perfectamente por que pido disculpas -le dijo mostrándole una de sus atractivas sonrisas.
-¿AH sí? -cerró el libro y lo miró con seriedad a la cara-. ¿Y porqué, Thom?
-Por favor, no hagas que me enfade yo -le advirtió-. Sabes de sobras, que no me gusta nada que adopte ese carácter conmigo...
-Y si es una mujer todavía menos -lo retó.
-Creo que será mejor que me vaya a dormir -la miró con burla-. Por cierto, que eso es lo que tendrías que haber hecho hace horas- dijo aquello, sabiendo que la provocaba.
-¡No soy ninguna niña! -dijo con energía en la voz y levantándose del sofá, para aproximarse hasta él.
-¿En serio? -dijo divertido.
-Sí, soy toda una mujer -lo miró con recelo-. Son muchos los hombres que querrían estar en este momento conmigo...
-Secretos de cama -sonrió-. Es eso lo que me vas a contar...
-¡OH, venga ya! Eres imposible y lo sabes.
-Ven aquí, pequeña tonta -la cogió del brazo y tiró de ella, hasta tenerla rodeada con sus fuertes brazos. Helen no supo cómo reaccionar a lo primero, estaba demasiado sorprendida. Thom la estaba abrazando con cariño... -. Haber pequeña, te pido disculpas por lo de hoy. Resulta que tuve que llevar a cenar a la hija de mi cliente, que por cierto vaya cena más aburrida... -sonrió mientras la cogía por el mentón con delicadeza y le hacía mirarlo a los ojos-. Perdóname, siento mucho el que te hayas aburrido.
-OH, no. Tranquilo no me he aburrido ya que también, estuvo aquí Jack y bueno, me entretuvo bastante.
-Jack, no —dijo casi en un murmuro-. Vaya, pues qué bien que estuviese él aquí... -se podía decir que estaba prácticamente dominado por los celos, pero era una tontería ya que Jack no iba tras Helen. Eso esperaba... -. Pues ahora que sé que no te aburriste, podré dormir plácidamente sin ningún remordimiento.
-Estás un poco raro -observó la joven.
-Puede que sea por el agotamiento, ha sido un día bastante duro –declaró, llevándose una mano al cuello para darse un pequeño masaje.
-Pues vete a la cama, porque eso es lo que voy hacer yo -empezó a caminar a la puerta.
-Veo que ya caminas muy bien -observó el hombre.
-Sí —sonrió apoyándose en el marco de la puerta-. Ya mismo volveré a correr.
-¡Dios, que peligro entonces! —dijo cómicamente el hombre, llevándose una mano al rostro.
-Muy gracioso, Thom -sonrió-. Pero cuando quieras, te propongo una carrera y veremos quién gana.
-Dalo por hecho -aceptó el hombre divertido-. ¿Qué habrá de premio?
-No tiene por qué haber un premio -protestó.
-Bueno, ya pensaré en algo apropiado se le acercó-. Y ahora nos vamos a la cama.
Se detuvieron en la primera habitación, que era la de ella. Helen estaba muy nerviosa, que ocurriría ahora...
-Buenas noches, Helen -susurró el hombre, mientras la miraba fijamente a los ojos. Para acercar su rostro al de ella y darle un casto beso en la frente.
Ya está. Tanto alboroto en sus nervios, para que simplemente le diera un beso en la frente. Pensó mientras se metía en la cama. Sí, Thom la había besado pero no en los labios, si no en su frente, y no apasionadamente más bien fraternalmente. Tenía que alejarse de él. Sus pensamientos cada vez se volvían más apasionados hacia él. Y no estaba bien. Tenía miedo de que en algún momento se le escapara algo. Además, su padre estaba allí bajo el mismo techo. Que diría ante sus... Mejor no pensar en ello.
Thom se encontraba en la cocina a la mañana siguiente, tomándose con tranquilidad una taza de café. Su padre había ido a la iglesia y Helen seguía todavía durmiendo. Eran solo las siete de la mañana. Unos golpes en la puerta de la cocina y entró Jack bien alegre.
-Buenos días, ¿Se encuentra Jared?
-Buenos días y no, no se encuentra aquí si no en la iglesia.
-¿Jared en la iglesia? -preguntó extrañado el joven.
-Sí -respondió divertido, ya que a él también le sorprendió el bajar por la mañana y que su padre le anunciara que se iba a escuchar la misa-. ¿Cómo te funciona el negocio? -preguntó cambiando de tema.
-OH, muy bien -se acercó y se sirvió una taza de café-. No puedo quejarme, todo va en popa. Y veo que a ti tampoco te va mal -sonrió abiertamente.
-Cierto, en ese aspecto la vida me sonríe.
-¿Solo en ese aspecto?
-Sí -dio un sorbo a su taza-. No lo tengo todo, por ejemplo me doy cuenta que necesito a una mujer a mi lado y el tener unos hijos a los que cuidar...
-Huy, huy amigo... -lo miró burlón-. Te ha llegado la hora en tu reloj biológico.
-Qué... -dijo confuso.
-Que te has vuelto un abuelo. Ya quieres tener una sola mujer a tu lado, y que esta te aporte hijos y mucha felicidad.
-No hay nada de malo en ello.
-Hombre no... Es solo que tan pronto...
-Jack, que ya no soy ningún crío para irme por ahí a coger grandes borracheras y...
-Aquello sí que era divertido -recordó.
-No sé. Me lo pensaría bastante, el tener que volver hacerlo si fuera unos años más joven.
-Pues si que estas decidido a cambiar -sonrió-. Esa mujer te ha dado bien fuerte... -lo miró con un brillo diferente a los ojos.
-Sí, esa mujer me ha hecho darme cuenta de muchas cosas que hice mal hace muchos años...
-¿Y quién es? -preguntó con curiosidad.
-Ya te la presentare en su momento.
Jack se calló un momento, dándole un sorbo a su taza de forma muy pensativa. Aquello último que había dicho, significaba que Thom no hablaba de Helen. ¡Maldita sea! Y él que estaba tan seguro de que el hombre amaba aquella muchacha.
-¿Y tú Jack? -preguntó con gran calma Thom.
-¿Y yo qué?
-¿Pues que si no tienes alguna mujer que te vuelva loco?
-Sí que la tengo, pero no me hace todavía la idea de querer casarme con ella, porque la acabo de conocer en este último viaje a Londres. Es una preciosidad, que no para de darme calabazas -sonrió tras este último comentario-. Pero estoy seguro de que conseguiré hacerme con ella.
-Vaya y dices que no piensas casarte con ella, pues bien que estas loquito por pillarla...
-Sí, es verdad -confesó al fin, sonriendo abiertamente con el hombre-. Me vuelve loco. Pero te juro que esa mujer acabara siendo mi esposa...
-Así me gusta, hay que defender lo nuestro -dijo mientras se levantaba-. Bueno, yo me voy a encerrarme un rato en mi despacho.
-Bien, yo iré a despertar a la dormilona de allí arriba.
-Como quieras, pero ojo que muerde -se rió. Estaba tranquilo, Jack no iba tras ella, así que podía ir por el terreno con absoluta tranquilidad. Aquello, era una situación que necesitaba ir muy poco a poco.
El pequeño cachorro por lo visto se había despertado y le había dado por jugar con la planta de sus pies, haciéndole suaves cosquillas. Con suma delicadeza, movió los pies de forma que el pequeño cachorro se detuviera. Al parecer funcionó, pero solo durante unos instantes ya que al pequeño pareció gustarle el librarse una batalla con sus pies. Pero por muy divertido que le pareciera, tenía que detenerlo porque le estaba haciendo cosquillas y porque le estaba molestando su placentero sueño. Volvió hacer un amago con los pies, pero no resultó ya que volvió a sentir el mismo ataque. Aquello ya era raro. Ladeó un poco la cabeza y abrió un ojo, descubriendo a un lado la imagen del pequeño durmiendo plácidamente. Contuvo por un momento la respiración. Así que tenía visita en su dormitorio. Tenía que ser cosa de Thom, pero le parecía extraño viniendo de él, ya que no entraba en su dormitorio sin antes llamar a la puerta. De manera que solo quedaba un impresentable, Jack.
Incorporó medio cuerpo rápidamente, sorprendiendo al hombre inclinado a los pies de la cama con una gran sonrisa en el rostro.
-¡Buenos días! -dijo Helen, intentando propinarle una patada desde la cama.
-¡Buenos días, dormilona! -se incorporó esquivándole el golpe-. Son las siete de la mañana y ya deberías de haber desayunado...
-Piérdete -sonrió tirándole un cojín-. Aquí sé está muy bien hasta las ocho.
-Va mujer, no me seas gandula -se reclinó y cogió a la joven por los pies, empezando a tirar de ella fuera de la cama.
-¡Jack!¡Para, por favor! -empezó a gritar, mientras reía e intentaba soltarse.
-Es hora de levantarse -seguía tirando hacia él.
-Si sigues molestándome así -lo amenazó riendo-. ¡No me levantaré! -Aquellas últimas palabras, hicieron que el pequeño cachorro que se había despertado empezara a ladrar a compás de los gritos de la mujer.
-Schh... -intentó acallarlo el hombre-. Si te callas renacuajo, te daré una buena recompensa -pero no, el pequeño prefirió seguir ladrando.
-¡Jack, suéltame! -siguió gritando.
-¡Pero bueno qué ocurre aquí! -interrumpió de repente la dura voz de Thom.
-¡Thom! -sonrió Helen de ver ayuda-. Es Jack que no me deja, se está comportando como un bruto.
Thom, miró detenidamente la escena que estaba ocurriendo ante sus ojos. Jack tenía cogida a Helen por los pies, y estaba tirando de ella fuera de la cama. Por lo visto su querida hermanastra no quería levantarse de la cama, una sonrisa apareció en su rostro.
-Yo lo único que hago es ayudarla a que se levante de la cama -miró al hombre con expresión divertida y sin soltar a la joven-. Por lo visto, hoy esta muchachita está muy perezosa y dice que todavía es muy temprano para sacar el trasero de la cama.
-¡Thom! -volvió a gritar con desesperación al ver que no la soltaba-. Dile que me suelte.
-Así que hoy estamos perezosos -comentó Thom acercándose un momento a la cama, y mirando a la joven muy sonriente.
Helen se calló rápidamente y miró al hombre detenidamente. No, no podía ser que Thom se ajuntara con Jack, para molestarla de aquella manera a primera hora de la mañana. Aquello era una pesadilla.
-Pues es hora de levantarse -dijo sin más y volvió sobre sus pies. Dejando a Helen con Jack, que no tenía ganas de soltarla.
-Ahora me levantare -suplicó al final-. Pero por favor, porque no sigues el ejemplo de Thom y sales de mi dormitorio, dejándome así cambiarme con tranquilidad.
Entonces, por el rabillo del ojo vio como su hermanastro volvía al dormitorio con algo en sus manos y una gran sonrisa maliciosa en su rostro. No le dio tiempo a ver que lo que llevaba en sus manos era una jarra de agua fresca, dispuesta para ser volcada sobre su cabeza. Y eso fue lo que ocurrió. Thom le volcó la jarra y salió de allí corriendo junto con Jack, riéndose a carcajada.
Imposible. No se podía creer lo que acababa de ocurrir. Pero a qué había venido aquello, con gran enfado apartó la ropa de la cama y se metió en el cuarto de baño dispuesta a darse una ducha y en pensar en una dulce venganza.
Tres cuarto de hora después, bajó a la cocina en donde sol halló a Rosa preparando la comida del día.
-Buenos días Rosa -saludó mientras se acercaba a la nevera y cogía una manzana.
-Buenos días niña -la miró por encima del hombro-. No me digas, que eso es todo lo que vas a desayunar.
-Tranquila -sonrió-. También un buen vaso de café.
-Y piensas, que me voy a quedar tan tranquila con un desayuno tan pobre -empezó a regañar la mujer mayor-. No me extraña que estés tan delgada.
-Puedo marcharme ya Rosa... -pidió divertida la joven, dejando un vaso en la pica y dándole un mordisco a la pieza de fruta.
-Y encima te lo tomas a broma, si es que...
-Si es que nada -la acalló cariñosamente acercándose a ella y dándole un beso-. Es solo que hoy me eh levantado desganada.
-Bueno, pero a la hora de comer no dejaras nada en el plato -la riñó.
-Puedes estar segura -sonrió-. Por cierto, ¿sabes por dónde andan Thom y Jack?.
-Sí, han ido con la furgoneta a mirar las vallas del lado oeste del terreno -se acercó a la nevera y sacó verduras-. Bueno, eso es lo que han dicho a tu padre en cuanto este llegó de misa y se encerró en su despacho.
-Gracias -dijo saliendo al encuentro de su padre.
Llamó a la puerta y entró en el despacho encontrándose a su padre mirando unos informes de pie al lado del archivador.
-OH, hola preciosa -sonrió alegremente-. ¿Ya te has caído de la cama?
-Ya veo -se le acercó para besarlo-. Thom y Jack te han dicho algo.
Su padre la miró extrañado.
-¿Es que tenían que comentarme alguna cosa?
-No, nada -lo miró-. ¿Así que no te me han nombrado?
-Bueno, dijeron que se iban a mirar las vallas más lejanas y que iban los dos solos, porque tú estabas muy perezosa hoy.
-Así que eso es lo que te han contado -dijo con un poco de rabia.
-Sí -la miró preocupado-. ¿Hija es que deberían de haberme contado otra cosa?
-OH, nada importante -sonrió-. Solo que tu hijo me ha tirado una jarra de agua fría en la cama, para que me despertara.
-¡Qué! —el hombre no sabía como aguantarse la risa.
-Sí claro, ríete -lo miró enfadada-. Pero a mí no me ha hecho ninguna gracia... Veras cuando pille a Thom.
-¡Eh! Ya sabes que no quiero peleas en esta casa -la advirtió el hombre.
-No es ninguna pelea, papá -se defendió la joven-. Es solo una pequeña venganza, como cuando éramos pequeños.
-Eso es lo que me preocupa -sonrió el hombre-. Que ya no sois pequeños, y vuestras venganzas pueden ser más peligrosas.
-Creí que lo eran más al ser uno un crío...
-Cierto, pero ahora sabéis más cosas que cuando erais pequeños.
-Bueno, tú no te preocupes -lo tranquilizó-. Por cierto, me voy al pueblo a llevar a mi pequeño cachorro al veterinario.
-Me parece muy bien, así te enteraras si es de alguien.
-Que espero que nadie lo reclame -dijo dándole un beso y saliendo de allí.
Cerca de las dos de la tarde, la hora habitual en que solían comer en aquella casa. Helen, aparcaba el coche en la parte trasera de la casa. Estaba un poco impaciente por ver la cara de Thom, algo tenía que hacerle por el remojón de aquella mañana. No sabía el que, pero algo había cambiado en Thom y aquel cambio afectaba la relación que tenían ellos dos. Tampoco sabía que rumbo iban a tomar las cosas, solo esperaba y deseaba que aquel cambio fuera para bien.
Subió a su cuarto, para dejar al cachorro en su cesta y lavarse las manos en el cuarto de baño. Cuando entró en el comedor se encontró a los dos hombres de la casa, hablando sobre el estado de las vallas del terreno del lado oeste. En cuanto la vieron, dejaron de hablar y la saludaron. Helen se acercó a su padre y le dio un beso en la mejilla, para levantar la cabeza seguidamente y brindarle a Thom una mirada dura. Pero el hombre ni se inmutó. Se quedó allí, aguantándole la mirada con cierta recreación en el rostro. Estaba nerviosa. No sabía cómo reaccionar ante tanto cambio. Así que por los nervios y por la rabia que la dominaba, le sacó la lengua a su hermanastro consiguiendo que este soltara una sonora carcajada mientras iba a sentarse en su sitio.
-Y bien hija -interrumpió su padre-. ¿Alguien reclama al cachorro?
-No -respondió sonriente de alegrarse por el cambio de situación-. No sabía que había un nuevo veterinario en el pueblo.
-AH, sí -respondió meditabundo-. Se llama Rafa, si mal no recuerdo es un joven muy amable... -Sí -sonrió con timidez-. Me ha invitado para cenar...
Thom, levantó la mirada con rapidez de su plato y miró a la joven en el rostro con desesperación esperando su respuesta.
-Vaya -respondió su padre asombrado-. Y que le has respondido, a mí me parece un chico muy simpático y agradable...
-Papá... -lo riñó soltando un gruñido.
-Qué...-contraatacó el hombre expectante.
-Que no empieces con tus manías en buscarme un hombre.
-Pero si no he dicho nada...-empezó a quejarse.
-Es igual, de todas maneras le he dicho que no- dijo dando un sorbo a su copa de agua, sin ver el suspiro de alivio que soltó Thom-. Pero si no te molesta, lo he invitado a la cena de navidad que damos todos los años.
-No tiene ningún compromiso en venir mañana que es navidad -dijo reflexivo.
-No, su familia vive en España.
-Vaya, veo que sabes muchas cosas de él y eso que lo acabas de conocer hoy mismo -dijo Thom con cierto reproche.
-Bueno me invitó a tomar un café y estuvimos charlando -lo miró con recelo-. Es muy simpático y fíjate, es de tu edad.
-¿Qué se supone que quieres decir con eso? -preguntó arqueando una ceja.
-Que al menos no me trata como una niña, como sueles hacer últimamente tu -soltó con voz cortante.
-Eso es porque el pobre hombre no te conoce del todo, si no, ya verás como es de mi misma opinión.
-Algunas veces eres detestable -le soltó bruscamente la joven.
-Chicos estamos cenando y ya sabéis que no quiero peleas en mi casa -los riñó el hombre mayor, que miraba atentamente la escena que se estaba desarrollando ante sus ojos.
-Pues tranquilo papá -dijo la joven con orgullo levantándose de la silla-. No veras ninguna discusión más, porque me voy a mi dormitorio. Se me han quitado las ganas de comer.
-Hija no seas así -señaló el hombre con cierta aflicción en la voz, viendo como la joven salía del comedor-, ¡Por qué tenéis que pelearos! -dijo enfadado mirando a su hijo, una vez que Helen hubo salido del comedor-. Y deja de tratarla como una niña pequeña, ya es toda una mujer.
-Lo sé -dijo sombrío-, Y eso es lo que me preocupa -apartó la silla y se levantó-. Si no te importa, voy a montar a caballo, se me han quitado las ganas de comer.
-Lo que deberías de hacer -lo riñó-, es subir a su dormitorio y disculparte con ella.
-Lo haría —confesó francamente-, pero las cosas no son tan sencillas como parecen.
Dicho esto, salió en dirección a los establos enfadado consigo mismo. Lo que había sucedido aquella mañana en el dormitorio no era nada, solo un abroma con bastante mala uva como solían gastarse cuando eran pequeños. Pero su mal carácter en muchos momentos no era bueno si quería proponerse alguna cosa con Helen. Pero la culpa de todo la tenían sus celos. En cuanto hubo escuchado el nombre de un hombre que fuera menor de cuarenta y no fuera Jack, la alarma había saltado y más si este la había invitado a un café nada más conocerse y encima, pensaba en venir a la cena de navidad del día siguiente.
Tenía que andarse con cuidado con aquel individuo. Helen era una mujer bella y joven, que hacía que un hombre se volviera más de dos veces a mirarla. Esperaba conocerlo al día siguiente y averiguar cómo era, por que algunas veces ella era un poco inocente y no sabía reconocer a los libertinos.
Quién sabe, tal vez ya había llegado el día en que la iba a perder para siempre. ¡Pero no! Si era así, tenía que hacer todo lo posible por impedirlo. La amaba demasiado, como para perderla sin antes haber hecho algo.
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