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Seis años antes; en el edificio XIV...


Se encontraba en un enorme despacho, con veinte personas más esperando al gran jefe que hiciera su aparición.


Estaba un poco nerviosa. No conocía a nadie de allí, por que solo llevaba dos días en la ciudad. Su empresa de marketing de Nueva York, había decidido trasladarla a Londres para hacer las próximas campañas navideñas de Mujeres De Hoy, nueva revista famosa en todo el mundo.


Ni siquiera, le habían dado tiempo de averiguar el nombre del dueño. Y toda aquella gente allí reunida, no creía que quisieran hablar con ella y hasta seguro que se reían de su simple pregunta.

Bueno, al menos había llegado bien allí. Porque jamás había visto tanto bullicio por las calles.

Londres... Allí en aquella ciudad tan grande, se encontraba su hermanastro Thom.

Le gustaría tanto el poder verlo otra vez. Lo reconocía, amaba a Thom desde que tenía quince años. Bueno, a esa edad fue cuando comprendió sus sentimientos hacia él. Antes cuando era más pequeñita, había sido su héroe. Siempre se habían llevado bien. Pero llegó un día, que de pronto su actitud hacia ella cambió convirtiéndose en un hombre brusco y desapareciendo de casa, para labrarse un mundo después de haber terminado la carrera.

Y desde hacía unos siete años, que solo lo veía para el día de navidad. Y como si no lo viera, porque apenas le dirigía la palabra...


En aquel momento, sus pensamientos fueron interrumpidos por la apertura de la puerta, que se abrió dando paso a dos personas. No pudo verles bien el rostro, por que se encontraba en el fondo de todo, detrás de la gente y sentada en un cómodo sofá.

Fue verdaderamente increíble el ver como toda la gente allí reunida, se había callado rápidamente, e incluso habían enderezado los hombros. Aquello parecía el ejército... Sonrió para sí. ¿Quién tenía tanto poder?


Fue en ese preciso instante, que el hombre que tenía delante suyo se moviera de lugar, consiguiendo que quedara completamente destapada a la vista de quien se sentase en el enorme escritorio que había enfrente de ella, en el otro lado de la habitación.

Pues bien, hubo quien se sentó y clavó su mirada en ella con gran fijación. Consiguiendo que se quedara paralizada al momento, tras reconocer rápidamente quien era el dueño de Mujeres De Hoy.

Vaya, parecía que el destino le había escuchado hacía un momento. Quien tenía delante, era ni más ni menos que Thom. Que al reconocerla había puesto los ojos como platos, para seguidamente fruncir el ceño y mirarla con cara de pocos amigos.

Genial, era el Thom idiota de siempre. Pero eso sí, seguía igual de guapo. Lo único que había notado diferente en él. Eran las canas que le empezaban a salir en las sienes dándole un toque todavía más seductor. Y sus ojos, que hacían muchos años tenían cierto brillo lleno de vida, aún seguían arrastrando con aquella tristeza desde hacía siete años.

¿Y ahora qué? La verdad no tenía ni idea de qué hacer. Porque seguro que no quedaría bien, si se levantaba y lo saludaba llamándole hermanito, como solía hacer siempre de pequeña. No, aquello no. Por que de seguro que la gente de allí pensaba mal...

Entonces. Marcos pareció recuperar su actitud e ignorándola como había hecho en los últimos años, empezó a soltar la charla sobre la campaña navideña...

Se había quedado de piedra.

Primero había pensado que era una visión, pero enseguida comprobó que no. Estaba enfadado, por que no entendía que es lo que hacía ella en Londres. Y menos en una reunión de su revista. Todo parecía irónico.

Él, que había salido de Texas para alejarse de ella y resulta, que en un lugar tan grande como aquella ciudad, tenía que encontrársela y seguramente que iba a trabajar para él. ¿Pero en qué? Realmente, no sabía nada de su vida. Siempre había sido lo mejor...

Realmente estaba preciosa. La verdad es que siempre lo había sido, con aquel cabello tan largo y aquella mirada tan dulce, y sus labios tan plenos... ¡Basta! No podía seguir pensando de aquella manera con Helen, era su hermanastra y de seguro que su padre no lo consentía. Tenía que averiguar qué estaba haciendo allí.




Y media hora después, la reunión llegó a su fin.


Todos empezaban a recoger sus cosas y marcharse de allí, mientras que otros hacían preguntas a Thom y a su ayudante. Sería mejor que se marchara de allí cuanto antes, aunque tuviera ganas de cruzar unas palabras con él. Pero sabía que aquello era una tontería.


Así que cogió su bolso y salió por la puerta con paso apresurado, sin despedirse de nadie. Ya que todos se encontraban centrados en la charla, incluso apostaba que Thom no había echado cuenta en ella. Ciertamente no le gustaba Londres, por lo poco que había visto, la gente iba mucho a la suya, no se preocupaban por nada por los que estaban a su alrededor.


Estaba a punto de entrar en el ascensor, cuando un hombre con traje de vigilante la detuvo por el brazo y le pidió que lo acompañara un momento. ¿No lo entendía, ella no había robado nada?


-¿Disculpe, me puede decir qué ocurre? -Preguntó con gran confusión. Recibiendo como única respuesta, una sonrisa del guarda mientras le habría una puerta de madera y le pedía que esperase unos segundos allí dentro.


Aquella puerta te conducía a un gran despacho, adornado con estilo modernista. Pero la seriedad que reinaba en toda la estancia, supo que aquel despacho era de Thom. Estaba sorprendida, por que por lo visto sí que había prestado atención en ella. Pero claro estaba, todavía no podían sonar campanas de alegría porque no sabía qué es lo que quería de ella.

Fue en aquel preciso momento, que la puerta se abrió y dio paso al objeto de sus pensamientos. Quedándose un momento allí parado, observándola con ojos de tigre sin decir nada. Ciertamente, se estaba poniendo nerviosa.


-Hola Thom -Logró decir con voz neutra.

-¿Qué estás haciendo en Londres? –Preguntó, no...Mejor ordenó con gran seriedad, mientras se acercaba a su escritorio y se sentaba en el sillón, dando una imagen todavía de más poder.


Nada. Ni siquiera la había saludado, pensó Helen bien frustrada. ¿Pero quién se creía qué era? Ella, ya era mayor para ir a donde le diera la gana. No entendía qué es lo que había hecho mal, para que la tratase con aquella frialdad.


Pues bien si él se comportaba así con ella, pues ella también lo trataría por igual. Bueno eso intentaría...


-Pues ya lo ves. Estoy trabajando –Le contestó con cierta rudeza.

-¿Lo sabe papá?


Aquello sí que la enfureció. Pero quien se creía que era ella, una especie de monstruo acaso.


-Pues claro que lo sabe -Soltó en un gruñido-. ¿Pero se puede saber por quién me tomas?

-Por una cría, que no está hecha para la gran ciudad -Farfulló con chulería y mirada dura-. Tú tendrías que estar en Texas con papá, viviendo tranquila en el rancho. A ti no te hace falta el tener que ganarte la vida, para poder comer...

-¡Eres un! .... -Aquel hombre era idiota. Pero acaso no la había llamado cría. Y encima, le había dicho que ella estaría bien en casita comportándose como una niña de papá... ¡Oh, en aquel momento lo cogería por el cuello y...!

-¿Dime Helen, qué soy? -La provocó, con mirada burlona.

-Un imbécil, eso es lo que eres ahora -Dio unos pasos valientes, hasta llegar a detenerse a escasos centímetros del escritorio.

-Vaya -Se burló él-. ¿Has tenido que pensar mucho para llegar a esa conclusión?


Lo mejor era marcharse de allí, porque aquella conversación como las siete en el día de navidad, nunca conducían a nada.



-Hipócrita -Gruñó, dándose media vuelta y dirigiéndose a la puerta-. Me voy. Ya nos veremos en éste mes para la campaña y si no, pues hasta el día de navidad.

-¿Te crees muy graciosa, verdad? -Dijo levantándose del sillón-. Tú no te marchas, hasta que no me digas el motivo de tú presencia aquí y en que sección vas a trabajar para mi revista en ésta campaña.


Helen se detuvo un momento con la puerta entre abierta, para girarse y mirarlo con cierto brillo de rabia en los ojos.


-Por qué no llamas a papá y se lo preguntas a él. ¿No es con quien has mantenido más conversaciones en estos últimos siete años? -Dicho esto, salió de allí con una sonrisa de triunfo en los labios y dando un fuerte portazo para su disfrute.

Nada más escuchar aquel portazo, Thom dio una patada al sillón bien cabreado. Se lo tenía bien merecido el que le hubiese contestado de aquella manera. Y la culpa la tenía él. Por estar enamorado de ella... Si es que la vida era cruel la mayoría de las veces. Lo mejor sería que se calmase un poco, y llamase a su padre para preguntarle varias cosas sobre su encantadora hermanita Helen.


Estaba tan absorta, haciendo las fotografías a las modelos vestidas de papá Noel con estilo provocativo. Que no se dio cuenta, que había entrado alguien en la sala provocando un enorme silencio, haciendo que solo se escuchase a ella dando órdenes a las modelos con cierta voz entusiasta. Pero rápidamente se dio cuenta, cuando gritó la palabra descanso y todas las modelos en vez de dispersarse para cambiarse, se quedaban quietas y mirando con coquetería a un punto determinado.

¿Quién podía ser? Nadie más que Thom, porque su hermanastro era un hombre verdaderamente atractivo. Y la verdad le encantaría fotografiar su cuerpo al desnudo... ¡Dios, que hacía pensando en aquello! ¡No estaba bien! Aquellos pensamientos provocaron que sus mejillas adquirieran un delicado tono rosa.


-Buenas tardes, Helen -Se exaltó un poco... ¡Mentira, se exaltó bastante! Porque no se esperaba que Thom acudiera a ella.

-Lo mismo te digo, Thom -Lo saludó con gran frialdad en la voz, empezando a preparar su equipo para la siguiente sesión.

-¿Ya has terminado de hacer tus fotos? –Preguntó con cierta curiosidad.

-No -Contestó sin levantar la mirada de su cámara de fotografiar.

-¿Entonces, por qué recoges tu equipo? -Volvió a preguntar, con cierta impaciencia.

-No es evidente -Dijo en una réplica de tono-. Lo estoy recogiendo, para utilizar otra parte de mi equipo. ¿Satisfecho?

-Solo espero que sepas lo que estás haciendo –Ordenó con seriedad.

-¿Me estas amenazando? -Preguntó indignada.

-No. Solo te estoy advirtiendo...

-Acaso no es lo mismo -Protestó.

-Será mejor que sigas con tu trabajo -dicho esto, se marchó del estudio haciendo que volviese a reinar la tranquilidad.


Pero Helen no estaba tranquila, más bien estaba indignada por el comportamiento de él. ¿A qué había venido ahora el hablar más de tres palabras con ella? Tampoco tenía por qué comerse la cabeza ahora, ya que por las conversaciones que habían mantenido era como si hubiesen cruzado un par de palabras de educación, como el día de navidad.

-¿Te ocurre alguna cosa con Thom? –Le preguntó una chica, que es había escuchado la conversación.

-¿Perdona?

-Qué si te está molestando –Soltó con gran con sinceridad.

-No, no es nada de eso pero gracias por preocuparte -Parecía una chica simpática.

-De nada, me llamo Susan y soy su ayudante, o secretaria personal, como quieras calificarlo -se presentó.

-¿Eres la mano derecha de Thom? -Se sorprendió porque había escuchado muchas veces como Thom hablaba con su padre sobre un Sus. Su ayudante, siempre decía que era una maravilla pero lo que no sabía es que era una mujer... ¿Tendrían alguna relación ellos dos? ¿Aquello significaba que su amor ya no iba a poder ser correspondido? ... - Él siempre ha hablado muy bien de ti, con mi padre.

Aquello extrañó un poco a la joven.

-¿Con tu padre? -Preguntó extrañada-. ¿Qué es alguien qué...?.

-Soy la hermanastra de Thom -La interrumpió, haciendo que Susan abriera los ojos como platos.

-¡Tú eres Helen! -Exclamó con alegría.

Se sorprendió un poco al averiguar que Thom había hablado de ella con Susan. Aquello era un tanto extraño.

-Sí. Soy Helen -Sonrió con timidez.

-Me alegro mucho de conocerte –Sonó con gran sinceridad-. Pero Thom no me dijo nada de que ibas a venir, y menos ser nuestra fotógrafa para la campaña...

-Tranquila -su expresión se tornó un tanto triste-. El no sabía que venía hasta ayer.

-Pero me lo podía haber dicho ésta mañana, cuando me ha visto.

-No debes preocuparte por ello –Susan, se dio cuenta del cambio de expresión que sufrió el rostro de la chica-. Es normal éste comportamiento en él hacia mí -Mostró una débil sonrisa-. Bueno, si me permites tengo que acabar unas fotografías.

-Sí, claro -Sonrió-. Bueno, espero que quedemos un día de estos para salir a comer. -Genial, todavía no conozco a nadie -Se alegró.

-Pues eso tiene que solucionarse pronto -Le dio un beso en la mejilla-. Me marcho y así trabajas tranquila, no te canses.

-Lo mismo digo -Se despidió para volver a ocuparse en su equipo, ya que las modelos habían terminado de cambiarse.


-Puedes pasar Sus-dijo Thom, sin levantar la mirada del ordenador. Pero sabía que era ella, porque había reconocido su caminar y además nadie más que ella se atrevía a entrar en su despacho sin llamar antes a la puerta.

-Creo que el que tu hermana se encuentre en esta ciudad y encima trabaje para nosotros, es una cosa lo suficiente importante compara que me lo hubieses dicho esta mañana cuando me viste, verdad...


-De primera es mi hermanastra y de segundo, no creo que te incumba -Soltó en un gruñido, porque no se esperaba que fuera a encararle una cosa como aquella.

-Ella no se merece que la trates tan mal. Solo porque la...

-¡Cállate! -Exclamó alzando la voz a un gran nivel y mirándola con furia-. Nunca tendría que haberte contado lo que ocurría.

-Y no me lo contaste -Soltó una risa irónica-. Te encontré en las escaleras de mi casa, completamente borracho ésta última navidad. ¿Te acuerdas?

-Escúchame bien, no quiero escuchar su nombre ni que me menciones cualquier cosa referente a ella. ¿Me has oído?

-¿SÍ? Pues lo veo muy difícil, jefe... –Lo soltó con cierto retintín-. Te recuerdo que trabaja para nosotros y encima, te aviso que me ha caído genial. Es más, pienso llevármela por ahí -Sonrió con gran malicia, porque sabía lo que Thom concluiría con aquello conociéndola como la conocía a ella.

-¡Ni se te ocurra! Como Helen conozca... -Se levantó del sillón dando un fuerte puñetazo en el escritorio.

-¡Que ni se me ocurra qué!... -Lo encaró sin ningún miedo-. Es una mujer y puede conocer a tantos hombres como quiera, porque tú no puedes controlarla. Y te aguantas, sino declárale tu amor...

-¡Estoy hasta el mismísimo cuerno de ti! ¡Sal de aquí y déjame en paz por hoy! –Le chilló señalándole la puerta.

-Como quieras -lo miró desafiante-, me voy a comer con ella y la pondré al corriente de la ciudad. Porque resulta que no conoce a nadie y no ha visitado nada... -le reprochó-. ¡Ser cruel!

Susan salió del despacho dando un portazo y dejando el ambiente de allí bastante cargado.

Estaba que se tiraba de los pelos. Susan ya sabía que su hermana estaba allí y de seguro que no tardaba mucho en idear algún plan para ella y como no, él también estaría incluido. Suspiró profundamente. ¡Dios! ¿Por qué estaba ella allí? ¿Y porqué diantre tenía que ser tan hermosa? Y encima, era su hermanastra. Bien cabreado, tiró todos los papeles que había encima del escritorio en un simple manotazo.

Cerca de las dos. Helen empezaba a recoger su equipo fotográfico. Había sido una mañana muy movida y agotadora, porque era muy difícil de soportar a las modelos con sus tontos comportamientos.

Suspiró profundamente. En cuanto acabase de recoger, iría a buscar un lugar para comer, porque la verdad tanto trabajo le hacía tener hambre.

Se encontraba en la entrada del edificio, para ir en busca de un restaurante cuando alguien gritó su nombre. -¡Helen!

Era Susan, que se dirigía a ella con paso ligero y una gran sonrisa en el rostro. Se alegró mucho de volver a verla.

-Hola -dijo con sonrisa suave.

-¿Qué has comido ya? -preguntó.

-No, ha eso iba.

-Genial, pues te vienes conmigo que te llevaré a un lugar que se come de maravilla.


-¿Segura? No lo harás por que...

-¿Por Thom? -Acabó ella-. No, ni loca. Lo hago porque me caes bien y veo que no conoces todavía nada de aquí.

-Entonces acepto encantada -Aceptó con una enorme sonrisa en el rostro.

El restaurante era un lugar muy acogedor. Les dieron una mesa junto a unos ventanales, que daban a la otra parte del edificio en donde se veía un precioso jardín. Después de que el joven camarero les cogiera el pedido, fue Susan quien empezó hablar.

-¿Te ha ido bien el día? -Preguntó para romper el silencio.

-Sí. Un poco cansada, pero he conseguido lo que quería.

-Fantástico, tengo ganas de ver tus fotos.

-Mañana podrás hacerlo -Le aseguró.

-¿Las vas a revelar en el estudio? -Preguntó con curiosidad.

-Sí. Porque todavía no me han mandado mi equipo al completo de Londres.

-¿Hechas de menos el no estar allí?

-Un poco, allí tengo a mis amistades...

-¿Novio? -Preguntó con sonrisa maliciosa.

-No -se rió-. No tengo tanta suerte.

-Lo mismo digo -Afirmó, después de dar un trago al agua.

-Pero a quien echo en falta es a mi padre -dijo con tristeza-. Hace más de seis meses que no lo veo... Y a mi madre, que lleva cinco años muerta.

-Lo sé -Afirmó-. Yo perdí a mi madre y también noto como un gran vacío en mí... Supongo que con el tiempo irá disminuyendo.

-No lo sé. Pero es la vida... -Fueron interrumpidas por el camarero que les traía la comida.

-Pero ahora para las fiestas como siempre ha sido, volveré a Texas para estar junto a mi padre -Sonó con cierta añoranza y amargura.

-¿Y Thom? -Preguntó intencionadamente, viendo como el cuerpo de la joven se ponía en tensión.

-¿Qué pasa con él? -Preguntó con voz nerviosa.

-Es del único del que no has hablado. ¿Qué es lo que ocurre?

-Nada -Contestó enérgicamente.

-No me lo creo, conozco a Thom desde hace mucho y siempre nos contamos todo...


-¿Entonces si te lo cuenta todo, qué quieres saber?... -Empezó a decir nerviosa.


-Pero algo ha ocurrido... Y sabes, que es el que tú estés aquí.

-¡Mira yo lo quiero mucho y jamás le he hecho nada para que adoptara la actitud que tiene ahora conmigo!

-Has dicho que lo quieres. ¿Y qué tipo de amor es el que sientes por él? Y no me mires con mala cara, dado que no es de tu sangre sois completamente como dos desconocidos.


Helen se calló un momento, para luego mostrar una débil sonrisa.


-Lo amo -Confesó con un hilo de voz-. Pero él no debe saberlo.

-¿Porqué?

-Por que estoy segura de que sui desprecio hacia mí sería mucho más mayor. Y mi padre se sentiría horrorizado, porque somos hermanos... Además, yo soy una cría para él. Y es imposible de que él llegue a sentir alguna cosa por mí...

-Confirmado, lo amas... -Sentenció con un brillo extraño en los ojos.

-Sí. Desde que era pequeña. Jamás he salido con ningún chico, porque siempre lo he amado a él... -Un par de lágrimas aparecieron en sus ojos, pero pronto fueron secadas.

-Pero por qué no hablas con él y averiguas el por qué de ese comportamiento contigo -La instó.

-No. conozco el carácter de Thom y créeme, prefiero que todo siga así. Allá él con su comportamiento.

-Como tú quieras, pero sigo pensando que lo mejor que puedes hacer es hablar con él -volvió a sugerir.

-Gracias por el consejo, pero todavía no lo veo muy seguro.

-Está bien -Aceptó un poco resignada, queriendo decirle que Thom la amaba.

-¿El qué está bien? -preguntó de repente una voz masculina, haciendo que las dos mujeres se sobresaltaran.

Allí se encontraba Thom, mirándolas detenidamente. Pero a quien más tiempo miró fue a Helen, la cual se puso un tanto nerviosa. No lo habían visto llegar, por que se encontraban enfrascadas en la conversación. ¿Lo habría escuchado todo? Esperaba que no.

-¡Thom! –Exclamó Susan-. No nos des más sustos como esos...

-No os habría asustado si no hubierais estado tan metidas en la conversación -miró un momento más a Helen-. ¿Por cierto, de qué hablabais?

-De mis amores -Concluyó Susan rápidamente.

-¿Seguro? -insistió él. No muy seguro de la respuesta.

-Sí -dijo con firmeza-. ¿Qué haces aquí?

-Te estaba buscando, porque tenemos una reunión urgente y tu móvil se encuentra estropeado y como siempre vienes aquí...

-No tendría que haberte dicho que venía aquí.

-Mala suerte -Concluyó el hombre cortante.

-Así, que no puedo quedarme para terminar de comer...

-No, luego te invito yo. Pero ahora nos tenemos que marchar.

-¿Y Helen?


La expresión de Thom se puso dura.


-¿Qué pasa con ella? -Soltó éste con cierta sequedad en sus palabras.

-OH, no -Saltó la joven-. Por mí no os preocupéis.

-Pero eres nueva aquí y...

-Ya es grande Susan -Concluyó él, tirando de ella para sacarla de allí.


A Helen, se le acabaron las ganas de comer. Después de tener aquel encuentro con él. ¡Dios! Había estado loca, el aceptar que la mandaran a Londres.


Thom iba dos pasos por delante de ella, con mucha prisa y cara de pocos amigos. Le era igual si lo había cabreado. Porque ahora que había hablado con Helen, sabía que las cosas podían solucionarse. Pero lo veía difícil, porque ninguno de los dos hermanos se prestaría para soltar palabra el primero.


-¿Por qué? -Preguntó enfadada y dando los pasos más largos para ponerse a su altura.


Thom seguía callado, pero con la mandíbula apretada por la rabia.


-Te has portado de una manera muy fea con ella... ¿Y dices que la amas? -Soltó las últimas palabras con desprecio.

-¡Cállate! -Chilló de pronto, parándose en medio de la acera.

-¡No quiero! -lo enfrentó-. Es que no ves que le estás haciendo daño.

-Susan, déjame en paz en éste asunto -Pidió en tono impaciente, para luego volver a caminar dirección a las oficinas.




Eran las nueve y media de la noche, cuando Helen seguía todavía en el trabajo. Encerrada en el estudio fotográfico, revelando las fotos. Estaba enfadada, por el comportamiento que había tenido Thom con ella en el restaurante. Por lo visto le encantaba discriminarla delante de la gente, desde que había llegado a Londres no paraba de hacerlo. Bueno lo mejor era dejar de pensar en tonterías y empezar ha recoger un poco las cosas, que ya era tarde y seguro que no quedaba nadie en el edificio.

A las diez pasadas de la noche, se dirigía a la salida. En donde allí había un guarda de seguridad, sentado detrás de los mostradores.

-Buenas noches -lo saludó.

-Buenas noches, señorita y abríguese que está lloviendo y hace mucho frío-. ¿Quiere que le llame un taxi?

-Gracias, pero no hace falta -Dijo abriendo la puerta y saliendo a la calle, para permanecer un momento bajo el porche y comprobar que llovía con bastante fluidez. No había nadie por la calle, le gustaba aquella paz. Porque menudo día más completito que había tenido. Encima que no tenía coche, tenía que llover cuando aún no se había comprado un miserable paraguas por que el suyo estaba en Texas. Se ciñó el abrigo más al cuerpo y poniéndose los guantes empezó a caminar en dirección a la parada del autobús. Pero se asustó cuando notó como un coche se detenía a su lado y se escuchaba de repente, la voz de Thom llamarla.

-¡Helen!

Se extrañó mucho. Lo más normal hubiera sido que pasara de largo, pero no que se parara por ella. Con un poco de indecisión, se acercó a la ventanilla.

-¿Qué quieres? –Intentó que su voz sonara muy segura.

-Sube al coche, que te llevo yo -No le pidió con un por favor, ni con una sonrisa. Más bien fue una orden en tono frío y con tono agobiado por ello. Como si fuese una obligación suya.

-No gracias -cogió valentía y contestó con el mismo tono frío-. Cerca tengo una parada del bus.

-Y de aquí a que llegues, estarás calada hasta los huesos, así que sube -volvió a ordenar.

-Ya te he dado mi respuesta -Seguía con su testarudez.

-No me vengas con chiquilladas -gruñó-. Solo quiero llevarte a casa, para que no te mojes y te pongas enferma...

-¿Tanta amabilidad conmigo? -Soltó con retintín. Viendo como Thom se ponía todavía más serio.

-¿Tú misma, te llevo a casa sí o no? ¿Helen? -Preguntó en tono exasperante.

No sabía qué hacer, aquel gesto en él era muy raro. Y además, tampoco estaba de humor para tener que soportar de camino a su casa reproches de él. Aunque su instinto le indicaba que no subiera al coche, ella no le hizo ningún caso. Abrió la puerta y se sentó en el lujoso BMW. Pero allí fue en donde se dio cuenta de su enorme error, al estar en un espacio tan reducido con Thom. ¡Madre mía! Ahora olía perfectamente su olor, de seguro que no lo conseguía olvidar en toda la noche...

-Bien hecho –Soltó lleno de orgullo, por haber ganado en aquella pequeña batalla.

-Solo me he subido, porque no quiero resfriarme para estas fechas de navidad -Contestó mofándose, como para demostrarle que no era él quien llevaba el control en aquel momento.

Pero ante aquella respuesta. Thom solo se limitó a sonreír por lo bajo y emprender el camino. No hablaron para nada. Solo escuchaban la música de Enya de fondo. Que aunque se supusiera que era una música para relajarse, dentro del coche la tensión no paraba de crecer por momentos.

Por fin llegaron a su casa. Cuando Thom detuvo el coche enfrente de la puerta, Helen se dio mucha prisa en desabrocharse el cinturón de seguridad y hiendo abrir la puerta para desaparecer de allí lo más pronto que sus piernas le permitieran, pero la orden del hombre hizo que se detuviera.

-No tan rápido -Ordenó urgente.

-Mira, si vas a empezar a insultarme... La verdad Thom, no tengo ganas de quedarme quieta escuchando como lo haces –Soltó muy enfadada.

-Solo quiero saber una cosa –Habló soltando un suspiro, un tanto molesto por las palabras de ella. Pero sabía, que él tenía la culpa de que pensara aquello.

-¿Y? -preguntó levantando las cejas en señal de impaciencia.

-¿Bajaras estas navidades?

-Claro -contestó automáticamente-. Tengo muchas ganas de ver a papá... ¿Es que bajaras con compañía y no quieres que esté presente? -Comentó con cierto reproche.

-¿Porqué eres así? –Le soltó exasperado.

-Soy así. Por cómo me tratas desde hace unos siete años Thom -Sin decir nada más, abrió la puerta del coche y entró corriendo en la casa. No encendió las luces. Prefirió quedarse refugiada en la oscuridad y ver como Thom seguía allí con el coche. Parecía como si estuviera debatiéndose consigo mismo. ¿Por qué? Tal vez por si tenía que bajarse y acabar la tonta pregunta que había hecho.

Pero aquellos no eran los pensamientos de Thom. Distaban de muy lejos de ser aquellos. Sí. Estaba teniendo una lucha consigo mismo, pero no era de una tontería. Era de sí bajar y besarla, para después confesarle su amor. Sabía que aquella era una completa locura, de manera que miró por última vez a la casa y se extrañó de no ver las luces encendidas. Puede que no ocurriese nada, pero era mucho mejor asegurarse.

Soltó las cortinas, nada más ver que Thom salía del coche y caminaba dirección a su casa. ¿Qué es lo que quería de ella? El timbre sonó, pero no hizo gesto de ir abrir la puerta. Se había quedado bloqueada. Pero reaccionó al fin, después de escuchar su voz...

-¡Helen! ¿Estás bien, no te ocurre nada?

¡Dios! Ahora lo comprendía. Al no encender ninguna luz. Él pensaba que le había podido ocurrir cualquier cosa. Rápidamente fue abrirle.

-¿Dime? -preguntó un poco azorada.

-OH. Nada -Se quedó un momento mirándola-. Como no vi que encendieras ninguna, luz... ¿Te ocurre algo? -Toda aquella galantería, hacía tiempo que la echaba de menos. Aquel, era el Thom que ella amaba. Los mejores tiempos de su vida, se le pasaron con rapidez por la mente.

-No tranquilo -Sonrió con nostalgia-. Es solo que a veces me gusta estar a oscuras...

-Como en tu cuarto oscuro de fotografía –Señaló él.

-Sí -no sabía qué hacer o decir. Hacia tanto tiempo, que había perdido a su amado Thom.

-Bien, entonces me voy -bajó los escalones-. Buenas noches... -Y se alejó con paso tranquilo y sin mirar en ningún momento hacia atrás.

Por unos momentos, es como si hubiese tenido a su Thom de siempre. Estaba segura, que había sido un lapso por el agotamiento... Cansada, se fue a la cocina a prepararse la cena para ir acostarse luego.

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