26

Agarraba el teléfono, para desconectar del todo la alarma de repetición, cuando reparó en una llamada perdida cerca de las seis de la mañana, por parte de Thom.
Aquello, hizo sonar su alarma interior, dado que viniendo por parte de él y a ésas horas, algo malo debía haber ocurrido.

Se sentó de golpe en la cama, retirándose el cabello de la cara, mientras daba a devolver la llamada. Notando en su oído como trasfondo, el tono de comunicación y la palpitación nerviosa de su pulso.

Lo retiró de su oído, para mirar la pantalla y confirmar, como el mensaje de teléfono ocupado, salía en él.

Maldita sea, aquello no era bueno. Y ella, se hallaba con quilómetros de distancia para poder acudir de forma inmediata. ¿Sería Helen o Susan? Aún no salían de cuentas, por dios.

Completamente nerviosa, salió de su dormitorio. Fue al baño y de allí, con el teléfono en mano, se aventuró a la cocina para preparar la cafetera. Tan absorta iba, escribiendo un mensaje a Marta, que no reparó en la presencia de Sebas, sentado en el sofá con un portátil en la mesilla del café.

-Ya te tiene tan absorbida, que nada más levantarte, solo tienes ojos para el teléfono - Masculló con desagrado, al ver que no le había prestado atención.

Al momento, la cabeza de ella apareció por el marco de la puerta con el ceño fruncido.

-Tal vez, un buenos días, habría servido también - Reprochó, para volver a desaparecer dentro, no viendo cómo la paciencia del hombre mermaba un poco.

-Deja que vaya a Londres ¿Qué puede pasar? - Soltó con muecas éste-. Tú hermano debería...

-Dejarme vivir la vida, como tú y él, habéis hecho -Lo cortó, apareciendo para sentarse en el otro sofá con su café y unas magdalenas, y el teléfono.

-¿Y no podrías vivirla aquí? - Inquirió, bebiendo de su presencia. Recién levantada, la cara lavada y con aquella maldita camiseta, que empleaba de camisón... Normal, que tuviera hombres como Lucas y Matt, pululando a su alrededor. Y ella, inocente, en sacarle partido, como harían tantas otras.

Y se quedó sin respuesta, al sonar en aquel preciso momento el teléfono de ella, quién con desespero descolgó.

-¿Qué ocurre Thom?

- Vaya... - siseo Sebas-. Qué también tenemos un Thom - Su mirada se achicó, cuando ella ante su comentario le alzó el dedo corazón.

- ¿Susan? - Frunció el ceño-. ¿Estáis bien? Recibí una llamada de Thom... - Calló, ignorando al hombre, mientras Susan le explicaba-. ¡Cómo! - Exclamó sorprendida, causando más curiosidad en su acompañante -. Dios mío, pobrecilla, va a necesitar os a todas...Ni hablar , déjate de tonterías, me cojo un avión de vuelta - Las cejas de Sebas se alzaron-. Pero... ¡Se puede saber a qué estáis jugando ahora! Nunca me hacéis caso, y mirad qué os ocurre - gruñó por un segundo, escuchando a su amiga-. Está bien, pero quiero que me vayáis reportando su estado-. Apareció una dulce sonrisa-, pobre Ramón, pasadle mis ánimos - Sus mejillas se sonrojaron de repente y él, se dio cuenta de ello-. Sí, Matt vino a verme - y dicho aquello, que sonó el timbre de la puerta, causando que se mirarán con extrañeza al no esperar a nadie.

Obvio, que quién acudió, fue Sebastián y al minuto, apareció con cara de verdugo al traer tras su espalda,  a un Matt, muy sonriente.

- Hola linda, pensé que podríamos dar un paseo y mirar regalos - saludó animado.

- Susan, debo colgar - dijo apurada -. Tengo a Matt que acaba de llegar, y debería salir rápido del piso, si no quiero que mi perro guardián le ladre - Habló con tono de humor, sabiendo que aún era peor para él -. Sí, besos y enviad mensajes.

El hospital se hallaba en completo silencio a la una de la mañana, por increíble que pareciera, después del ajetreo diario de cada día, todo el mundo o casi todo, ya dormía, menos él.

Su teléfono, acababa de vibrar con la llegada del mensaje que llevaba esperando, casi al punto de morderse las uñas.

Se trataba de Thom, quién le informaba tal como le habían explicado anteriormente, de que era mejor quedarse en el piso enano de ella, fingiendo que nunca lo habían vendido por si venía familia de visita. Y a causa de unas obras que estaban realizando de baño y cocina, habían pasado a estar allí de mientras. Pues bien, ya habían traído algunas cosas suyas al piso de ella, tras haberle dejado las llaves con un fuerte ataque de nervios. Y además, se habían llevado de igual manera, cosas de ella, para que no lo encontrara demasiado lleno.

Mañana temprano, le acercarían las llaves de los dos pisos.

¿Y si al despertarse ella, recordaba algunas cosas, que no le cuadraran con todo aquello?

O en los peores casos, podía estar así más del tiempo que habían estipulado, y le iba a tocar hablar con sus padres y los de ella.

Dios, notaba presión en el pecho. Mejor buscaba a un enfermera, que le diera algo para los nervios.

Habían salido de forma apresurada del piso, para acabar en una cafetería, donde éste le había dado una sorpresa. Allí, los estaba esperando su sonriente novia, Jasmine.

Había que decir, que congeniaron a la primera. Podía decirse, que la chica tenía el mismo carácter que las del grupo de la oficina.

Habían decidido quedarse a desayunar, pues ella, tampoco lo había hecho al ser interrumpida con la llamada, y después, con la llegada de él.

-¡Joder! – Exclamó Matt sorprendido, al enterarse de lo ocurrido con Clarise-. De verdad, que el caos va siempre con vosotras -Señaló con cierto dejé divertido, mientras cogía su taza de café y le daba un trago.

- La verdad, es que no puedo negarlo -afirmó con cierto tono melancólico.

-Se va a poner bien, pequeña – Trató  de animarla, alargando el brazo por encima de la mesa, para sujetar su barbilla y alzarle la mirada hacia él -. No estés triste, no me gusta verte así.

Y justo en aquel momento, en donde Matt la tenía agarrada de aquella forma íntima y cariñosa, más un brazo por encima de los hombros de Jasmine, que tras el grueso cristal de la cafetería, tenían a un Sebastián con cara de malas pulgas. Logrando darles a los tres un pequeño susto.

-¡Coño! – susurró entre dientes Matt, al tiempo que le guiñaba un ojo y le hacía un gesto con su cabeza, invitándole a que los acompañara-. Pues sí que parece tú perro guardián, que te huele y sabe dónde estás – Bromeó divertido-. Creo que hay que empezar antes de tiempo la partida de damas, tesoro.

- ¿Damas? – repitió sin comprender karolaine.

- Tú, solo tienes que seguirnos a nosotros – le indicó una Jasmine con tono risueño-. No debes flaquear, ante lo que vayamos hacer.

- Porqué me acabo de sentir como en Londres y con las chicas, con éste comentario – protestó por lo bajo, nerviosa y con ganas de girarse para verlo llegar, pero fue fuerte y se contuvo de hacerlo.

 
El cosquilleo en su nuca, fue lo primero que la alertó, de que ya estaba allí, y después, fue el delicioso olor del perfume que utilizaba. Del cual, estaba segura, que podía tirarse horas oliendo con su nariz pegada a su yugular.

-  Hola – Gruñó como saludo, observando al pequeño grupo-. Os hacia de compras.

-  Iremos ahora – Respondió ella, alzando su mirada a la de él-. Es solo, que me di cuenta que no habíamos desayunado – Se encogió de hombros.

- Esto quería preguntarte – Suavizó su tono de voz-. ¿Todo bien? Me dejaste preocupado al verte algo alterada, con la llamada que recibiste.

- Sí, gracias -Mostró una delicada sonrisa-. Una de mis compañeras sufrió un accidente, pero dicen que todo va como debe ir – Se encogió de hombros.

- ¿No quieres sentarte unos minutos? - Le ofreció Matt de forma amable, al tiempo que Jasmine, se levantaba y ocupaba el lugar de al lado de Karolaine.

- Te cedo mi sitio - Dijo con tono dulce y risueño-. Así, estás enfrente de ella y podéis  hablar tú y Matt , cómodamente  mientras yo, trato de estrechar más lazos con vuestra inocente chica-Le guiñó un ojo de forma sensual a ella, logrando que tensara por un momento su espalda, al tiempo que se encendieron sus mejillas de forma violenta. Cosa que no pasó desapercibida por su perro guardián.

- ¿Y tú eres? - La atacó directamente con tono duro, dándole a entender, que de momento o le había caído bien.

- Jasmine - Ofreció su brazo por encima de la mesa-. Novia de Matt, deseosa de serlo también de karolaine - Soltó la bomba con un guiño de ojos y mirada decidida.




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