Silencio en el Tren 18

Las luces golpean mi rostro cual flash de cámaras de rollo.

La torpeza de mis pasos al caminar, acompañando el tropezar de la multitud a mi lado.

Sombras intermitentes ensanchan mi visión, haciéndome más dócil.

Admiro a la anciana con bolsas de supermercado de pié, y nadie le da asiento alguno. No soy yo el encargado de juzgar, estaba sentado, pero no estoy seguro de que ella esté tan cansada como yo.

Cerrando mis ojos ignorando el mundo que me rodea, con el sabor del ron Santa Teresa aún corriendo por mi garganta, respirando, pensando, ¿Pero qué es esto? El cosquilleo de lágrimas corriendo por mi rostro, la multitud no sabía de donde provenía, o cuál era mi destino, a diferencia de mí, ellos eran esclavos de las reglas y yo traficante de condiciones.

Demandante de dolor y drama, adicto al análisis propio en busca de algo mayor a lo que sé que hay en mí.

Para qué correr sino puedo esconderme, entonces para qué sentir sino puedo tenerte.

Es fácil olvidar conversaciones,
difícil es recordar sentimientos y emociones.

¡¡Hey!! ¡Sixtina!, Miguel Ángel aguarda con su pincel en la cubeta, un par de pinturas y serás nueva, un par de recuerdos hacen que en mis ojos rojos llueva.

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