Futuros inmigrantes
El muchacho de mejillas rojas y pulso acelerado, observaba tambaleando cómo si en la cabeza le fuesen golpeado, más no, no era ésa la respuesta, el espíritu libre y lleno regocijo al que él estaba impregnado lo había tocado, los ojos de aquella alma a él fueron dirigidos, y no supo qué hacer, se cohibió, sonrió y hasta palabras blancas murmuró. Desentonando trató, intentó y persistió hasta que por fin algún sonido de su boca se liberó, tartamudeos lo fueron enterneciendo a la vista, aquella damicela prohibida, princesa de la torre, Dulcinea real aunque intangible, ella, le dijo «me voy» y de un respingo el preguntó «¿volverás?» «lo más probable es que no» aseguró la protegida del dragón, «comprendo» mintiendo respondió aquel joven inundado de dolor.
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