Capítulo 22

Parece mentira que me haya podido acostumbrar a Shediac tan rápido.

Ya se termina el segundo mes desde que volví y por más de que no sea tanto, es suficiente como para sorprenderme.

Pasar de compartir piso con dos amigos, sacando fotografías en otoño y emborracharme en fiestas gays a dormir con mi hermana de doce, volver a trabajar al salón y esta vez, sin un novio con quien pasar los domingos familiares.

La ausencia de Adam en casa generó momentos de descontento en mis padres, sobre todo en mi papá. Daniel supo entenderme e incluso bromear al respecto y Joy, digamos que no entendió mucho. A veces pregunta si Adam vendrá a cenar o a pasar el día pero creo que es la costumbre más que nada.

No volví a ver a Adam pero Daniel si. Dice que está bien, pensando en comenzar sus estudios en ingeniería mecánica y mudarse a Ottawa. Me alegra por él.

Se merece un buen tiempo de descubrimiento personal y aunque no lo sepa, solo le sucederá en un viaje.

Recuerdo que al llegar a casa después de tanto tiempo, abracé a Daniel y a mamá que estaban esperándome abajo. Joy dormía así que intenté no despertarla cuando fui a sacar a Ferinard que por cierto, está gordísimo.

Logré continuar esa promesa personal de darme unos días para mí misma antes de entrar en la locura West, a la que inevitablemente me iba a ver obligada de vivenciar pero por algún extraño motivo, no fue como lo imaginé. Daniel ha hecho un buen trabajo en mantener a mamá y Joy fuera de casa, lo suficientemente ocupadas como para no pasar tiempo innecesario cerca de papá.

Aproveché esos días para caminar por la playa, leer, enseñarle algunas recetas a Joy. Pasada la semana decidí volver a trabajar en el salón de la señora Blanchard. Me recibió gruñona, pero no se limitó a negarme el trabajo. Sé que estaba contenta de que volviera. Así volví cortar 'solo puntas', rapar cabelleras y barrer el piso. Volvimos también a tener cenas en familia sin momentos incómodos o ataques de ira por parte de papá, por ahora. Aunque le cueste decírmelo al igual que la señora Blanchard, noté que le agradó mi regreso. Además de festejar la comida que hago, sonríe al verme en casa cuando me pilla por ahí. Como si se hubiese olvidado o hasta hubiese imaginado que nunca volvería.

Con Joy, le enseñamos a Daniel a cocinar. Admito que después de tener cierta expansión de conciencia no podía volver a jugar un rol que no era el mío. Asimismo, Dan descubrió una nueva pasión en la cocina más que sentarse a comer y ha sido emocionante. A papá no le agradó tanto al comienzo pero solo le bastó probar sus canelones para olvidarse de todo tipo de estigma. Ha sido muy reconfortante.

Con Joy hemos instalado un pequeño foco de luz Led giratoria que imita a una bola de boliche en nuestra habitación, un pequeño regalo que le hice. Echamos el pestillo, bailamos, reímos y luego le comparto algunas anécdotas del viaje. Le conté sobre los alumnos con pelos de colores y vestimentas diferentes, que los hombres usan vestido y que las chicas pueden estar con chicas. Al principio le resultó extraño pero después, se dejó llevar por la intensidad de cada historia-apta y reversioanda para una niña de doce.

Me alegra haber llegado a tiempo para ella. Al contrario de lo que creía antes, ella me necesitaba más que nadie en esta casa.

Un mediodía en el salón, me tomé unos minutos de descanso para almorzar y aproveché para terminar El extranjero. Digamos que muchas dudas respecto a Jesse se respondieron automáticamente al cerrar ese libro pero también aparecieron otras a las que no sé si alguna vez hallaré respuesta.

Volvemos a la playa con mis hermanos y esta vez, llevo la cámara conmigo.

No se si era descanso mental o respeto obligatorio lo que sentí junto con un tipo de rechazo tranquilo al colgarme esa cámara otra vez en el cuello. Seguro se lo debía a los recuerdos que ella misma me vio vivenciar, o los que solo ella conoce por haberlos retratado. Como sea, esa sentencia terminó y me sentí bien al volver a ver a través de ella. Eso me dio a entender que no hay mayor motivación que el entusiasmo y no hay mejor estadío mental que aceptarlo.

Les saco fotos mientras Daniel corre sosteniendo a Joy en sus brazos. La arena que me tira en su corrida me hace sonreír y verme impulsada a dejar la cámara sobre nuestras cosas para correr a divertirme con ellos.

Joy y Daniel juegan en el agua y yo decido descansar sobre las olas, mientras el sol juega con la luz que se refleja en mi cuerpo flotante.

Esa noche se termina en un libro nuevo. La luz de noche me da con qué leer mientras Ferinard duerme encima mío y Joy en la cama contigua.

Es como si desde mi llegada, estuviese redescubriendo un hogar al cual no creía entender o que quizá no existía; al menos no como ahora. Eso tampoco quiere decir que ahora lo entienda, es solo que dejarse llevar por una rutina amena, a veces, es una buena forma de encontrar paz interior.

Paso mis manos haciendo círculos entre el pelo rojizo de la última clienta del día. El champú hace espuma abundante, la cual no tarda en salir con un chorro de agua. Suena el timbre justo a tiempo. Me seco las manos mientras camino hacia la puerta.

Es un día soleado. Hay poca gente en la calle pero...¿el timbre? No se puede ver a nadie. De todas formas, abro la puerta para confirmarlo.

Sobre la calzada y frente a mi, hay una margarita.

—Este lugar es tan pequeño que juro haber olido tu perfume desde la ruta.

Sigo la voz familiar hasta dar con él.

Está cerca de un taxi, apoyado contra la pared de la fachada contigua con un sombrero de pluma y gafas oscuras. Hay un bolso rojo a su lado. El bolso rojo.

—¡Oh dios mío, Quentin!— grito mientras corro a abrazarlo.

—¡Hola rebelde!

Después de secarle el pelo a la clienta, aprovecho la hora de la siesta y la ausencia de la señora Blanchard para cerrar el local y sentarnos a tomar un café. Lo llevo a un sitio que está cerca, de los pocos que tenemos y mi favorito. Es limpio, agradable y sirven batidos. Todo lo importante.

Le doy un sorbo a uno de caramelo mientras Quentin le pone el cuarto sobre de azúcar a su café. Sonrío al ver este pequeño gesto que es tan suyo y tan mío por conocerlo tanto.

Tengo tantas preguntas para hacerle.

—¿Cuándo viajas a Montreal?— le pregunto mientras observa las fotos de la marcha que me animé a revelar hace un par de semanas.

—El miércoles a la noche pero ya ansío volver a Quebec y empezar a filmar...¡o quizá Toronto! Tengo contactos.

Sonreímos.

—¿Derek irá contigo?— le pregunto.

Quentin deja de pasar las fotografías y suspira.

—Mierda...supongo que me olvidé que te fuiste.— admite.

—¿A que te refieres?

Suelta las fotografías sobre la mesa y se inclina un poco más sobre la mesa para acercarse a mi.

—Un periodista fotografió a Derek en la marcha. Su hermoso y musculoso torso desnudo sosteniendo una bandera del orgullo fue primera página de The Guardian y luego replicado en otros diarios locales...Algo completamente cool, ¿verdad? Bueno, no para sus padres medievalmente católicos-y si, esa especie no se extinguió todavía-...ahora dice que es hetero, y cito 'que ser gay fue solo un momento de crisis que pudo superar'. Un imbécil, ¿verdad? Incluso invitó a una chica a nuestra fiesta de graduación. Ya no hablamos siquiera. ¡Joder, ni siquiera lo stalkeo! Bueno...a veces. Sigue siendo una bomba sexual ¿¿okay??

Me río y él sonríe. Vuelve su mirada a las fotografías mientras comprendo lo mucho que lo extrañé. Incluso desde antes de irme, cuando Jesse comenzó a ser lo único que ocupaba mi mente y mi amigo dejó de ser parte del mismo centro.

Es alguien a quien nunca dejaré de querer.

—Oh Jesús, ¡mira este culo!...¿puedo quedarme con esta?...¡OMG, esta también!— comenta mientras encuentra más fotos de Derek y entre ellas, la del beso.

—Ya las tengo en mi computadora, te las puedes quedar todas.

—Era tan genial tenerte cerca...— Sus labios se acomodan en una sonrisa sincera. Me toma las manos sobre la mesa y yo me muerdo el labio, recordando.

—¡Ahora que Jesse también se va voy a tener que buscarme un reemplazo doble! ¡Ustedes chicas no se pueden quedar quietas!

—¿Se va? ¿A dónde se va?—Aprovecho para disfrazar mis preguntas en algo casual.

—Oh, aplicó a esta pasantía súper-cool para una productora de cine súper-artsy en Berlín. Se va en cuatro meses.

No me esperaba menos.

—¿Cómo está ella?

—Nunca la vi mejor, para serte honesto...ella, uh...Jesse es no binaria ahora. Rechaza la suposición de genero binario, ser una cosa o la otra. Ahora se hace llamar '(El)la' pero oralmente es solo Ella, así como suena. Ella dice que ni siquiera lo definiría pero el tener un pronombre, una etiqueta des-etiquetada es su manera de protestar... Anarquistas.— Agrega revoleando los ojos en tono irónico.

—Eso suena como ella.— Digo mientras sonrío.

Quentin pasa otra fotografía. Esta es la del beso de Jesse con la otra chica.

La tomo en mis manos.

—No le digas que te conté igual...es mejor si ella te lo cuenta.

—No hablamos más.— Junto mis manos y corro mi mirada hacia la ventana.— Tu Playlist... 'No-escuches-esto'...¿la sigues teniendo?

Quentin sonríe. Sabe que mi pedido viene desde un lugar roto, casi lúgubre y ahogado en nostalgia. Quentin entiende de eso.

Siempre lo entendió.

***

¿Listxs para el próximo y último capítulo de la historia? 💔 →

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top