Capítulo 13
La segunda y última semana de nuestro viaje se pasa como hora en sueño. Rápido y sin avisar.
Apenas entrada la semana, pasamos la tarde en otro parque nacional, exactamente en la zona de camping. Quentin trabajaba en su computadora tomando excesivas cantidades de café y Jesse escribía en su cuaderno recostada sobre él, fumando. Recuerdo que compartíamos un cigarrillo y después de mi pitada me paré a tomarles una fotografía.
Al día siguiente tocó una ciudad a pedido exclusivo de Quentin. Pensé que eso significaba ir a museos de arte contemporáneo y monumentos de mal gusto pero nuevamente, me equivoco. Vamos a tiendas de ropa usada donde Quentin me hace vestirme con ropa más provocativa e inusual y Jesse me sorprende en el vestidor para besarme apasionadamente.
En varios besos espié a Quentin mientras se probaba prendedores o gafas pero lo interesante era la manera en la que nos observaba. Además de sonreír pícaro, hay algo en este imaginario de nosotras dos que le agrada.
Siempre pensé en Quentin como una de esas personas enamoradas del amor además de ser divertidamente promiscuo, no como esos hombres heterosexuales de cincuenta. Quizá todavía no encontró a alguien con quien estar de esa forma pero siento que lo anhela más que cualquiera. En cuanto a mientras estar con quien quiera en el momento que quiera, es también una decisión lógica. Siguiendo su línea de pensamiento ¿cómo encontraría a ese otro?
Es por eso que su apertura de mente nunca deja de sorprenderme, al igual que la de Jesse. Admiro sus capacidades de libertinaje casual y causal. Tanto como si fueran mías.
Los últimos días vuelan al dedicarlos exclusivamente a nuestros trabajos prácticos.
Nos detenemos en la ruta en un campo de cultivo para aprovechar la naturaleza como escenario. Quentin posa para mi y para Jesse con una de sus gafas nuevas. Giro mi cámara hacia Jesse. Quentin sigue leyendo algo en voz alta, quizá sean ideas. Jesse aprovecha la pausa para girarse hacia mi con la súper ocho. Apunta hacia mi entre risas, lo cual hace que dispare sin pensarlo dos veces.
Esa noche la pasamos en una cabaña algo más pintoresca que los moteles. Al despertar y después de bañarme aprovecho la intimidad del espacio para tener una video llamada con Adam. Quentin y Jesse hacen de las suyas en la galería.
Lo primero que señaló en la conversación fue el remerón de Jesse que llevaba puesto. Supe responderle algo pero por primera vez sentí cómo el corazón se me detuvo. Hay ciertas voces internas que sigo decidiendo no escuchar. Me siento bien así, ¿verdad? Estoy bien.
Como era de esperarse, todo sigue igual. En casa y con él. No sé si eso me reconforta o me hace sentirme inestable. Tiro el celular sobre nuestra cama deshecha mientras tarareo alguna melodía bien Quentin. Cama deshecha, nuestra cama deshecha, Jesse y mía...conversación con Adam...Jesse y Adam. No tengo por qué analizarlo, no tengo por qué analizarlo.
Tarareo más alto mientras recorro la casa en dirección a la galería. El espejo del pasillo me obliga a volver a verme con el remerón ancho y bragas. ¿Hace cuánto que no podía pasear por una casa vestida así?
Abro la puerta para encontrarme con un olor a marihuana. Ya no me resulta fuerte, digamos que me acostumbré al uso diario de esta substancia a veces bastante provocativa. Jesse me sorprende de atrás y me besa el cuello con sus labios húmedos. Sonrío sintiendo por fin la calma que logra apaciguar mis pensamientos y me doy vuelta para besarla. No pasa más de un minuto para que Quentin nos tire agua de su botella encima...y menos pasa para que riamos, gritemos y comencemos una nueva guerra de agua.
Quentin alquila unos disfraces de los ochenta con la excusa de probarse posibles looks para la fiesta de disfraces. Nuestro set es nuestra nueva habitación de lujo y neón en un motel recomendado por internet. Q se prueba los disfraces mientras le tomo fotografías. Jesse toma cerveza y escribe en su cuaderno.
Esa noche Quentin decide ir a por un chico que conoció por Grindr, aplicación de chat gay cuya existencia recién conozco. 'El rey tiene necesidades' dijo antes de marcharse. Apenas deja la habitación es inevitable que mi cuerpo se una al de Jesse. Como dos imanes nos acercamos ya sabiendo que hacer y cómo pero al mismo tiempo dejándonos llevar por ese algo que en el fondo no sabemos qué es. Ese algo que el tiempo mismo maneja sin dejarnos saber bien de qué se trata. Ese algo que me tiene sumida a su cuerpo, mente y mirada.
Noto que ya aprendí bastante sobre ella al escucharla gemir y tirar de mi cabello cuando lamo rítmicamente su entrepierna. Presiono su clítoris y levanto la vista para verla acabar, mientras mis dedos ya cansados ansían ese momento pero al mismo tiempo sueñan con quedarse allí y guardar sus expresiones para siempre.
Hay algo que se afianza a cada encuentro sexual concluido, a cada abrazo cálido bajo la manta y a cada beso victorioso antes de descansar. Ese mismo algo que tengo miedo de aceptar, cosa que no se vuelva real y atormente mi maldita realidad.
Ya estamos en el coche de regreso a Quebec cuando doy cuenta que llevo leída la mitad de El extranjero. Interrumpo mi lectura al notar la mano de Jesse que se asoma por el costado del asiento delantero. A pesar de estar manejando y de tener gafas puestas, la observo por el espejo retrovisor desde atrás y le beso la mano.
Decidimos volver antes de cumplirse el último fin de semana para poder hacer la mudanza, de mi habitación a su departamento.
Como cualquier cosa que se les ocurre a estos dos, fue otra idea que no cesaron de repetir en la última semana. Después de intensas conversaciones y de repensarlo conmigo mima, decidí aceptar. No es solo por mi amistad con ellos y por lo bien que la paso cuando estamos juntos sino por que, siendo sincera, también por lo poco que quiero sentir mi soledad y tolerar mis propios pensamientos. Es más fácil no caer en mi nube negra de mal estar mental si no le doy espacio para existir y eso parece suceder cuando estoy con ellos dos. Además de poder pasar todas las noches con Jesse y el compartir todo esto con Quentin me llena de algo parecido a la felicidad.
Después de presentar sus documentos de identidad en la entrada, llegamos a mi habitación donde me ayudan a hacer nuevamente las maletas y ordenar las cajas. Limpio con concentración la cocina hasta que Jesse llega para subirme a la mesada y besarme desde abajo. Quentin llega trayendo las cajas a la puerta pero al vernos toma mi cámara para sacarnos una foto a ambas.
Después de un taxi y apenas diez minutos, llegamos al departamento. Lo primero que noto en la pared es un cartel que dice 'Bienvenida a casa, Skyler'. Hay velas encendidas y vino con tres copas sobre la mesa de la sala de estar. Con razón Quentin 'tenía que ir al banco'...era una simple excusa para montarme esto.
Ambos me observan con una gran sonrisa y yo no puedo evitar reír de la alegría.
Esa primera noche me mudo oficialmente a la habitación de Jesse. Parece que esto de tener camas de dos plazas es normal para ellos así que no va a ser necesario comprar un colchón o dormir en el sillón del living.
Con sus lentes de leer puestos, Jesse escribe ya adentro de la cama. Después de dar por terminada mi cuota de estudio para el examen, dejo mi manual de lado y le beso el hombro. La llamada de atención se hace obvia y Jesse me da un beso, el cual no considero suficiente. Le quito el cuaderno y la lapicera para subirme encima suyo y besarla más. Logro bajar la mano por su torso hasta la ingle cuando Jesse se da por vencida, deja sus lentes y me quita la remera. Así comienza un juego de poder en el que termino desnuda y ella me da la vuelta para penetrarme con sus dedos desde atrás. Me agarro de las sábanas disfrutando la extrañeza de este rol y poseo el momento por entero. Cuervo la espalda al sentir su lengua en mi oreja.
Escala variando el ritmo de sus dedos mientras siente que estoy por acabar.
—¿Te das cuenta?—murmura en una sonrisa provocativa.— Crees que tienes todo bajo control pero solo te hace falta una pequeña revolución para darte vuelta el mundo en cuestión de segundos.
***
¿Qué opinan de Jesse hasta ahora? →
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