La Profecía
Todo comenzó en una larga y fría noche de invierno cuando el príncipe Marcus contrajo matrimonio con una de las damas más hermosas e inteligentes del lugar, Días después, fue coronado tras la muerte del estimado rey de aquellas tierras. El y la reina tuvieron una hermosa niña llamada Caroline, desde entonces era un pueblo muy alegre, inundado por las risas y cantos de los niños que jugaban por las calles. Pero Marcus era cruel, avaro y cada vez más se le iba de las manos la responsabilidad de gobernar, tal que se convirtió en un rey malvado e injusto, pensaba que todos estaban en su contra y que lo único que tenía era su preciado trono. Entonces por miedo a que alguien le arrebatase su reino, consultó a una adivina que apareció misteriosamente a las puertas del palacio. Era una anciana con aire de vivir pobremente, con muchas arrugas en las manos y en la cara, pero con aspecto bondadoso. Vestía con una vieja camisa blanca metida por dentro de su falda verde oscura, y los cabellos de nieve, recogidos en un moño. Llevaba también un pañuelo que le tapaba desde los hombros hasta la cintura y se apoyaba en un bastón de madera para andar con menos dificultad.
La anciana le explicó que ella era capaz de averiguar el futuro de los demás, pero solo lo haría a cambio de un carro para poder transportar y viajar con mayor facilidad. El rey aceptó su propuesta. La viejecita tomó la mano del rey y pudo ver todo lo que él había vivido y también lo que estaba por llegar. Con la cara bastante seria le dijo que su futuro no era nada bueno y este insistió en que inmediatamente le contara lo que había visto.
'En un día de otoño, cuando las primeras luces del alba atraviesen el cielo una mujer dará luz a un hermoso y valiente bebé de piel sonrosada y dorados cabellos. Este pequeño infante no tiene ni idea de la batalla por la supervivencia a la que se tendrá que enfrentar para poder seguir con vida, pues cuando alcance la edad de 15 años será quien te conducirá a la muerte. El rey se quedó muy atemorizado ya que sus mayores temores estaban por cumplirse. El rey, enfadado, intentando creer que todo lo que le había dicho la anciana era una farsa, ordenó a los guardias que la echaran de palacio. La adivina enfurecida le echó una maldición haciendo que nunca pudiera cambiar el horrible futuro que le esperaba. Cuando todo estuvo en calma en el palacio, el rey se retiró a sus aposentos a pensar en todo lo que había pasado y se tranquilizó con la idea de eliminar a todos los niños menores de quince años para que el futuro que le esperaba no se pudiese cumplir nunca, era un plan retorcido y malvado pero al rey lo único que le importaba era él mismo y las riquezas y comodidades de ser rey, no le importaba matar a un recién nacido para poder salvar su cuello.
Al día siguiente, a media noche, los soldados ya estaban preparados para matar a todos aquellos pobres niños, pero sin embargo un astuto grupo de mujeres que había conseguido averiguar lo que tramaba el rey, gracias a que algunas trabajaban en palacio y habían escuchado conversaciones, consiguieron adentrarse en el bosque con el fin de esconder a los niños.
Aquella fue una noche terrible ya que muchas de las familias que se resistían a revelar dónde estaban sus hijos fueron también víctimas de aquel asesinato tan atroz. Algunos padres no tuvieron tanta suerte de morir junto a sus hijos sino que fueron testigos de la muerte de sus pequeños.
Tal era el egoísmo del rey que incluso quiso matar a su propia hija, pero la reina, que ante todo era madre, escapó con aquel grupo de mujeres. Ella sabía que corría el riesgo de morir, pero el amor hacia su hija era tan fuerte que no podía permitir aquella crueldad por nada del mundo, y prefería su propia muerte antes que la de su pequeña
A la mañana siguiente todo terminó aunque las gentes de allí estaban asustadas.
La reina estaba escondida, pero el rey la tomó por muerta y no le dio importancia ya que creía que su hija Caroline se habría muerto por falta de comida o junto a ella, pero no era así, la reina estaba viviendo en una cueva del bosque que todos desconocían por lo tanto nadie supo donde estaban.
Los años pasaron, Caroline cada vez era más hermosa a medida que transcurría el tiempo. La reina estaba muy contenta de que su hija fuera feliz, y aunque ellas dos se tuvieran que enfrentar a aquellas condiciones de vida tan difíciles, vivir perseguidas no era nada fácil, y ella se lamentaba todos los días de no poderle haber dado la infancia que hubiera deseado para su pequeña.
Cuando Caroline alcanzó la edad de diez años ya sabía cocinar, cazar, hacerse su propia ropa, curarse las heridas, defenderse...en definitiva, podía cuidar de sí misma perfectamente. Su madre estaba muy orgullosa de ella y nunca perdonaría al rey lo que les había hecho. Un día, la reina fue a por un poco de leña al bosque para encender un fuego y pasar la noche, Caroline se quedó sola en la cueva y como estaba agotada, se durmió. Al cabo de un rato empezó a oír ruidos extraños y se despertó rápidamente, ella temía que fuesen los guardias que enviaba cada día su padre para ver si había algo sospechoso, se acercó a la entrada de la cueva y encontró a un joven muchacho de su misma edad con las ropas rotas y sucias. Junto a él, dos niños pequeños de unos cinco años, estaban comiendo la costilla de un conejo que se asaba en el fuego.
Ella se sorprendió, ya que no pensaba que hubiesen más niños en su misma situación e inmediatamente les dijo:
Eh!, sois unos groseros-dijo con aire burlón- no se empieza a comer hasta que todos estén sentados en la mesa.
Los niños, asustados, intentaron coger todo lo que pudieron y largarse pero no tenían ni idea de que Caroline tenía varias trampas alrededor de la cueva para atrapar a animales, así que enseguida cayeron en una de ellas e inevitablemente quedaron atrapados en una red,
Caroline riéndose por las caras que ponían dijo:
Tranquilos no os haré daño yo también estoy en la misma situación que vosotros y también habría robado comida si hubiese tenido oportunidad, sólo que lo habría hecho mejor que vosotros- les contestó con una sonrisa
Gracias- dijo el mayor de todos- Yo soy Lucas y estos son mis hermanos Óscar y Alejandro.
Encantada de conoceros, yo soy Caroline. Si queréis os podéis quedar conmigo una temporada y con mi madre que ha ido a buscar leña, no creo que tarde.- dijo Caroline contenta de haber hecho nuevos amigos.
Ese día se lo pasaron muy bien, riendo, jugando , incluso les enseñó a cazar con sus rudimentarias armas de fabricación propia. Lucas lo hacía muy bien, Alejandro era un poco más torpe pero ya le estaba pillando el truco cuando Óscar, que tenía poca puntería, casi estuvo a punto de tirarle una flecha accidentalmente a su hermano pequeño.
El día casi había terminado y su madre aún no había llegado, era muy extraño, nunca se había retrasado tanto. Caroline estaba asustada, tenía el presentimiento de que a su madre le había pasado algo, así que decidió ir a buscarla acompañada de sus nuevos amigos.
En un árbol vio una nota clavada que decía:
“Mi amada Caroline. Ha llegado el momento de separarnos. Te las arreglarás sin mí. Es muy difícil para mí no poder seguir a tu lado, pero si continuamos juntas tú también corres peligro. Te prometo que nos reuniremos pronto, cuando todo esto haya pasado. Siempre estaré contigo. Mamá.''
Caroline estaba muy triste pero sabía que su madre no lo habría hecho si no fuera necesario y decidió asumirlo.
Desde ese día ella y sus nuevos compañeros siguieron unidos aprendiendo los unos de los otros, y ayudándose mutuamente.
En sus salidas al bosque en busca de recursos se unieron al grupo más niños, entre ellos la pequeña Claudia y su hermano el valiente Álvaro, también lo hizo la astuta Elena que había vivido sola desde los ocho años desde que mataron a su hermano en un intento de huida de los soldados del rey. Juntos iban a todos lados, Mientras unos vigilaban el campamento otros iban a por leña, otros a cazar y otros construían nuevas armas más precisas.
Óscar y Alejandro pronto se convirtieron en grandes espadachines y había pasado de ser unos niños rebeldes a convertirse en unos hábiles cazadores, Claudia era muy buena fabricando nuevas trampas para cazar animales. Elena fabricaba muy buenas armas que tenían más precisión, Caroline y Lucas eran excelentes con el arco y no fallaban ningún tiro y Álvaro que ya era un joven de diecisiete años sabía manejar perfectamente la espada. Los inocentes y pequeños niños habían crecido y todos estaban muy unidos entre sí.
Un día mientras cenaban Álvaro dijo:
-Sabéis, yo ya estoy harto de tener que estar huyendo siempre, ya tengo diecisiete años y quiero poder ser libre de hacer lo que quiera sin tener que esconderme, quiero que acabe todo esto- dijo triste
-Yo también estoy harta -dijo Elena- me gustaría darle su merecido a ese malvado rey. Se hizo el silencio ya nadie hablaba, en ese momento, pensaban en las palabras de Álvaro, y de pronto dijo Caroline
-Estaría bien poder pararle los pies, si alguien pudiese hacerlo...
-Eso es Caroline!!!!!- dijo Álvaro- No hay otra opción, podríamos ser nosotros los que hiciéramos que todo se solucione!!!!!!
Y si fallamos?- dijo Óscar con miedo
No fallaremos si creemos en nosotros mismos y colaboramos entre todos, podría realmente funcionar- dijo Lucas.
Todos querían que esto acabase pronto y eran los únicos que tenían el valor suficiente para hacerlo pero era un plan arriesgado y complicado, y aún así todos aceptaron la misión así que pronto tendrían que prepararlo todo si no querían que saliera mal.
Al siguiente día Lucas fue con Caroline a dar un paseo por la mañana, lo pasaron muy bien pero Lucas se sentía nervioso y sus manos empezaban a sudar. De pronto se puso colorado, a lo mejor lo que sentía hacia Caroline no era solamente amistad sino algo mucho más fuerte ¿y si se estaba empezando a enamorar de ella? Caroline también estaba muy nerviosa y sentía los latidos de su corazón tan fuertes que tenía miedo a que Lucas los oyese.
Desde entonces todos los días de esa semana iban a dar paseos y ambos se iban enamorando más el uno del otro. Lucas se volvió más atento con ella y ella era cada vez más dulce con él.
Cuando volvieron a casa de uno de sus largos paseos, Álvaro, que todas las noches ideaba algún plan y tácticas para entrar a palacio y derrotar al rey Marcus, comentó a todos lo que había pensado:
Entraremos por la noche al castillo con nuestras armas, Elena, Óscar y yo nos quedaremos vigilando la entrada principal, Caroline y Alejandro subirán hacia las habitaciones donde se encuentra el rey acompañados de Lucas y Claudia que os cubrirán las espaldas por si alguien intenta atacar mientras tanto y subiréis por las escaleras de la torre de la derecha que lleva a las habitaciones.
De esa manera es muy poco probable que seáis descubiertos -dijo Álvaro orgulloso de si mismo- Iremos vestidos con ropas oscuras para que los guardias que estén vigilando no nos vean. Elena, Óscar y yo, que nos quedaremos vigilando, lanzaremos flechas somníferas para dormir a los soldados y asegurarnos de que no nos molesten. Es un plan difícil pero unidos lo podemos lograr ¿entendido?- dijo Álvaro con un tono firme y serio.
¡¡¡¡Lo conseguiremos!!!!- dijeron todos a coro.
Luego todos se fueron a dormir y Lucas no podía parar de pensar en que si el plan salía mal, lo peor de todo sería que no volvería a ver más a Caroline.
En el castillo el rey no paraba de pensar en lo que le dijo la adivina hacía quince años. Estaba atemorizado, pero intentaba tranquilizarse con la idea de que había eliminado a todos los niños y era imposible que lo matara un simple renacuajo y no era nada en comparación a sus grandes tropas de soldados, pero una parte de él seguía pensando que eso no era cierto y sus días estaban contados.
Por la tarde Caroline y Lucas fueron a recolectar fruta al bosque. No habían hablado en todo el día. Sabían que podían conseguirlo pero tenían miedo.
Lucas le dijo a ella tristemente:
¿Y si no sale bien el plan?¿ Y si alguien resulta herido? Y lo peor de todo ¿y si no te vuelvo a ver?
El corazón de Caroline se iba acelerando cada vez más, no podía evitar enrojecer pero intentó decir con naturalidad:
-Yo creo que el plan saldrá muy bien.
-Caroline, si te pasara algo yo nunca me lo podría perdonar- dijo poniéndose cada vez más triste. Te quiero demasiado!- y le dio un beso, los dos se dejaron llevar. Caroline estaba muy nerviosa pero a la vez feliz de poder estar con la persona a quien amaba. Por un momento pensaron que todo era perfecto, incluso se habían olvidado de todos sus temores, ya que juntos se sentían más fuertes. Ambos iban a luchar por su futuro.
Cuando anochecía se reunieron con los demás que habían organizado una cena todos juntos.
Y allí Álvaro dijo antes de que se prepararan para ir al castillo:
-Hemos convivido, pasado muy buenos ratos, pase lo que pase siempre estaremos unidos. ¡¡¡¡¡¡Nosotros podemos!!!!!!- dijo con una sonrisa en la cara.
Esa frase les motivó a todos y se fueron sigilosamente hacía al castillo con todas las armas.
Pusieron en marcha el plan establecido. Óscar, Álvaro y Elena se quedaron en el patio principal del castillo vigilando, y los demás se fueron de inmediato y sin hacer ruido.
Caroline y Lucas seguidos de Claudia y Alejandro subieron las escaleras muy deprisa pero de pronto, por la ventana, vieron a Óscar, Álvaro y Elena que eran atacados por unos de los guardias que vigilaba. Alejandro que no podía dejar solo a su hermano les dijo:
-No puedo dejar a mi hermano solo, son demasiados guardias. Tengo que ayudarles. Estaréis bien vosotros- y se fue rápidamente antes de que nadie pudiese decir nada.
Sus compañeros habían sido capaces de derrotar a los guardias, pero Álvaro resultó herido, una flecha se le había clavado en la pierna y Alejandro tuvo que curarle la herida.
Al llegar al piso más alto del castillo, donde estaban los aposentos del rey, Caroline, Lucas y Claudia oyeron unos pasos, alguien se acercaba, eran dos soldados que habían bebido mucho y por lo tanto estaban muy borrachos. Los niños estaban asustados por si eran descubiertos, Entonces se escondieron todos menos Lucas que no había sido lo bastante rápido y se hizo pasar por una estatua, los soldados de lo borrachos que estaban, no se dieron cuenta y pasaron de largo cantando muy contentos una canción un tanto peculiar, Cuando pasó todo aquello soltaron un suspiro y acto seguido entraron al dormitorio del rey. Lo encontraron durmiendo en una enorme cama que ocupaba gran parte de la sala. Caroline se acercó a el con un cuchillo y con gran sigilo y se lo acercó al cuello.
El rey despertó azorado y dijo:
-No es posible, yo ordené matar a todos los niños de este pueblo.
Caroline asustada, triste y a la vez con mucho rencor hacia él le dijo:
-¿Papá?- mientras las lágrimas caían pos sus mejillas- ¿Por qué has hecho esto? ¿Por que has sido tan egoísta? Nunca pensé que tendría que matar a mi propio padre.
-Hija mía no me mates. Soy tu padre. Juntos seremos felices- dijo muy arrepentido.
Caroline no tuvo el valor de clavarle el cuchillo, porque ante todo quería a su padre, y se fundieron en un largo abrazo. Ya le había perdonado.
Mientras tanto los soldados habían despertado de su borrachera y pensaron que Caroline estaba atacando al rey, y al intentar defenderlo clavaron por error su espada en el pecho del monarca. La profecía de la vieja adivina se había cumplido. El tirano había muerto y todo había terminado.
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