Capítulo 33

Fue realmente difícil volver a la rutina después de aquella semana de vacaciones, y lo peor de todo; lo que creí sería una placentera experiencia con Caín, utilizando los juguetes sexuales, terminó en el peor y más doloroso orgasmo de mi vida, si es que se le podía llamar así, más una absurda pelea donde proyecté mis malditos problemas y me atreví a romper las reglas, cuestionándolo sobre sus métodos al coger, al igual que el nombre que tenía tatuado a un costado de su abdomen junto a una herida de bala.

La situación se acaloró, se enfadó, me enfadé, nos gritamos y me marché. No supe más de él, fue como si se lo hubiese tragado la tierra. ¡Qué hombre más bipolar, narcisista, arrogante y testarudo! Pero, jodidamente bueno en el sexo, por ello a pesar de todo no dejaba de recurrir a sus llamados. Lo extrañaba, debía confesar, al igual que a Seth, Ra y Anubis.

Mi vida sexual era un desastre, con un prometido aburrido y casto, sexualmente hablando, que al parecer pretendía acostarse conmigo hasta el matrimonio, un amante ausente, y mi negativa a salir de fiesta sin mis amigas presentes para saber mi paradero una vez que decidiera enrollarme con algún extraño. Estaba jodida, por lo que elegí concentrar todas mis energías en lo único que me quedaba; el club nocturno.

Decidí no comentarle a papá sobre el obsequio de Elías, hasta que hubiese llevado el lugar a otro nivel. Quería mostrarle mi valor y demostrar que no perdí el tiempo en la universidad, como él decía. La única que tenía conocimiento de lo que hacía durante el día y la noche, era mi amada abuela, quien se alegró por mí, y me brindó su apoyo.

Era extraño asistir a un Club como dueña, en lugar de ser solamente la misma mujer alocada que buscaba bailar beber y enrollarse con alguien. Los empleados en su mayoría fueron muy cordiales una vez que me presenté con ellos, aunque también les resultó difícil el cambio de no tener comunicación directa con el propietario del lugar, a verme ahí casi todos los días, y se debía a que, si bien era una persona extrovertida, libertina y un tanto descarada, cuando se trataba de negocios, era seria y demandante.

Por dicho motivo decidí no enrollarme con los sensuales y coquetos strippers, por más desesperada que estuviese.

Creí que por tratarse de un lugar tan exclusivo y concurrido habría mejores ganancias, pero las cifras dejaban mucho que desear, por lo que comencé a emplear algunos cambios en el club, comenzando por el nombre, el cual sustituí por "Leo's NightClub" en honor a mi amado hijo gatuno, y una ligera remodelación, sustituyendo la mueblería. También me reuní con el grupo de empleados, desde meseros y guardias, hasta bailarines, para mencionarles que implementaría mejores técnicas al momento de trabajar, y me abrí a sugerencias y quejas, después de todo, éramos un equipo.

Les prometí mejores condiciones de trabajo, después de todo el club no podría funcionar sin ellos, y un aumento a las bailarinas que debía colgarse del jodido techo, pero primero, necesitaba descubrir cual era el motivo por el que los números no cuadraban, y los ingresos eran tan poco. Para ello, una reunión privada con un muy pedante gerente, quien no paraba de mofarse de su larga experiencia en el lugar, desde su apertura, y la estrecha relación con los anteriores dueños.

Analicé su comportamiento durante semanas, hasta que finalmente le pedí realizar un informe detallado sobre las cuentas del lugar, algo que claramente no le agradó, y su actitud empeoró cuando le ordené darme acceso a la contabilidad del local... de ahí en más, todo fue de mal en peor.

—Bonsoir, Chére. —me saludó Elías, esbozando una enorme sonrisa antes de acortar el poco espacio que nos dividía para darme un beso casto en los labios.

—Hola. —torcí una diminuta sonrisa, y acomodé un mechón de mi cabello tras la oreja, mientras posaba la mirada en mis pies.

No hacía falta mencionar lo incómoda que se había tornado nuestra interacción desde el viaje. Pese a que seguía siendo el mismo de siempre, tan atento, sonriente y cortés, yo no sabía cómo debía actuar junto a él, en especial cuando mis jodidas hormonas se descontrolaban al tenerlo cerca, anhelando algo que seguramente no iba a obtener.

¡Cielos! ¿Siquiera se daba cuenta del infierno que me estaba haciendo vivir?

—¿Está todo bien? —le oí preguntar, antes de sentir su mano posarse en mi mejilla y hacerme alzar el rostro. —. Si no se siente bien, podríamos cancelar.

—No, descuida. —suspiré, antes de avanzar en dirección al auto.

No quería tornar incómodo el momento, ni actuar de manera indiferente con él, pero se trataba de uno de esos días en que no estaba de humor para nada, en especial luego de lo ocurrido en el club con el Gerente. Me sentía agotada, agobiada y frustrada, con un gran peso sobre los hombros. Solo deseaba llegar lo más pronto posible al lugar predestinado, para comer, y volver al trabajo a gastar energías.

A eso se había reducido mi vida.

Hugo me saludó con una carismática sonrisa, mientras me habría la puerta trasera del auto. Le agradecí, y una vez que ingresé me encontré con alguien a quien realmente no había echado de menos, en lo absoluto.

—Señorita Stain.

—Ander. —suspiré, mientras me acurrucaba cerca de la ventana.

—Pon el auto en marcha. —ordenó Elías, una vez que se sentó a mi lado.

Suspiré profundo, y observé el exterior. No tenía idea de hacia dónde nos dirigíamos, pero el camino se me estaba haciendo eterno.

—Chére —Elías trató de llamar mi atención. —. ¿Se siente mal?

Negué con la cabeza.

—Sabe que puede comentarme cualquier incomodidad que tenga, ¿no es así?

Tomé una profunda bocanada de aire, en tanto me giraba para verlo. Tenía una ligera expresión de angustia, y me suplicaba con la mirada que le confesara mis pesares. Mordí mi labio inferior, meditando en sí podría hacerlo o no, cuando de pronto tomó mi mano y le dio un ligero apretón.

—Es sobre el club. —decidí declarar. —. Yo despedí al gerente general.

Él enarcó una ceja, viéndome con curiosidad.

—Y-Yo sentí que eso era lo correcto, aunque ahora pienso que debí consultar contigo ya que no sé la clase de trato que hiciste con los anteriores dueños; él no dejaba de mofarse sobre la estrecha relación que tenía con ellos, como si ese fuese su salvavidas y yo aun así lo despedí.

—Chére... —me interrumpió. —. Es su club, puede hacer con él lo que le plazca. Le dije que lo que pasara ya no estaría en mis manos, así que ni siquiera tengo que conocer de sus asuntos —se detuvo unos segundos, inspeccionando mi rostro. —. A menos que usted quiera hablarlo conmigo, como si fuese un amigo con quien podría desahogarse luego de un mal día.

Torció una diminuta sonrisa, generándome la confianza de hablar con libertad.

—Bueno, yo... yo descubrí que desviaba el dinero de las ganancias del club.

Él alzó las cejas, viéndome con sorpresa.

—Y, ¿cómo se enteró?

—El porcentaje de las ganancias no concordaban, revisé los libros de cuentas y todo apunta a que llevaba mucho tiempo haciéndolo; calculé los gastos externos, impuestos, pagos a los empleados... Elías, le pagaba muy mal a esas personas, y tenía la regla de que las propinas que recibían le pertenecían al club. Era la más grande de las estafas. Hablamos de que desviaba miles al mes y cuando lo confronté no tuvo justificación y optó por acudir a insultos.

—¡Mon Dieu! —exclamó, sorprendido. —. Me encargué de ese lugar por meses e incluso hice vida social con ese idiota, ¿Cómo no me di cuenta?

La expresión en su rostro se volvió un gracioso poema, y tuve que presionar los labios para no reír a carcajadas, mientras sentía un repentino alivio envolver mi cuerpo. Una reacción así de chistosa era lo que necesita, y no lo sabía.

—Eso es porque eres un programador, Elías, no un administrador.

—Touché —respondió, sonriendo de lado, antes de tomar mi mano y guiarla hacia sus labios para besarme los nudillos. —. Eres realmente asombrosa, Chére, detectaste en semanas lo que yo no pude en meses... sabía que me sorprenderías.

No pude evitar esbozar una sonrisa cargada de satisfacción, mientras alzaba la barbilla con un sentimiento de autosuficiencia. Al decirlo en voz alta, me di cuenta de que había hecho lo correcto, sin importar lo que alegara aquel pedante hombre.

—Llegamos. —anunció Hugo, ganándose mi atención.

Giré la cabeza hacia la ventana, y fruncí el ceño en confusión al darme cuenta de que nos encontrábamos en un estacionamiento subterráneo. ¿En qué momento habíamos ingresado? Quizás mientras me encontraba perdida en aquellos ojos ámbar cargados de ternura y orgullo.

—¿Dónde estamos, Elías? —le pregunté, girándome para verlo con una ceja arqueada de manera interrogante.

—Estamos en M-ODELL.

Abrí los ojos de par en par, antes de volver la mirada hacia el exterior. Nos encontrábamos en la sede principal de sus empresas, ahora entendía porqué el viaje en auto se había extendido tanto, ya que estaba en las afueras de la ciudad, aunque la conversación sobre el club me distrajo lo suficiente.

—¿Y qué hacemos aquí?

Aquella sería la segunda ocasión, en lo que llevaba de conocerlo, que visitaba la sede de sus empresas. Meses atrás me había dado un recorrido por las instalaciones, y vaya que era un lugar muy grande y lujoso, con cientos y cientos de empleados. No pude conocerlos a todos, pero hasta donde logré ver, le tenían un gran respeto a su jefe, y no porque les infundiera temor, como Caín lo haría. Elías era muy cortes y respetuoso con ellos.

—Solo un asunto del trabajo, le prometo que será rápido y luego podremos ir a almorzar... ¿está de acuerdo?

Asentí con la cabeza y él sonrió satisfecho.

—Venga conmigo, Chére.

Algo que amaba de aquel edificio cuyos pisos iban en circular, eran sus elevadores de cristal desde donde podía apreciar todo el panorama, era emocionante de ver, cada piso era único; en el primero se encontraba la recepción donde se podían apreciar varios modelos de los autos que ofrecía, luego las oficinas de telecomunicación, seguido el área de los informáticos, después los mecanices ensamblando los autos, y el los subsiguientes el resto de productos eléctricos que ofrecían, como paneles solares y otros que prometían ser seguros para el medio ambiente.

Era admirable, debía reconocer, como Elías había logrado todo aquello a tan temprana edad.

—Después de usted. —habló, una vez que las puertas se abrieron en el último piso, el cual componía su oficina y área de descanso.

Di un par de pasos antes de ser alcanzada por él, y no dudó en tomarme con firmeza de la mano para avanzar juntos por los pasillos de aquel lugar; había varias personas presentes, contaba con muchos asistentes, tanto mujeres como hombres, y todos ellos lo saludan con respecto y amabilidad cuando lo veían pasar, mientras a mí me observaban con curiosidad.

Y no por nada, de haberme dicho que iríamos a su empresa habría elegido un atuendo más formal que un corto vestido veraniego de tirantes y tacones de lazos que se anudaban hasta mitad de mis pantorrillas.

—Elías, hasta que llegas —exclamó Maura, saliendo de la oficina con la mirada puesta en la pantalla de la Tablet que cargaba en sus manos. —. Hice lo que me pediste, aunque no entiendo el motivo por el que... —alzó el rostro y cerró la boca de golpe al notar mi presencia.

—Bonsoir, Maura —la saludó Elías, deteniéndonos frente a ella. —. Gracias por hacerme el favor.

—Ni lo digas —presionó una sonrisa, antes de posar la mirada en mí, y escrutarme de pies a cabeza. —. Así que, el almuerzo al que me invitaste luego de la reunión, ¿es con ella?

Enarqué una ceja, mientras me giraba para ver a Elías de manera interrogante, al igual que ella.

—Sí, necesito que ambas se lleven bien. —respondió tranquilo.

—No me lo informaste. —dije, en un ligero tono de reproche.

—Lo siento, Chére. Necesitaba que fuese una sorpresa, para ambas —guio mi mano hacia sus labios, procediendo a besarme los nudillos. —. Ahora, ¿estamos listos para la reunión?

—¿Reunión? —inquirí, confundida. —. ¿Estoy invitada?

—Elías, ¿podemos hablar un momento... a solas?

—Maura...

—Ven —tomó su mano y tiró de él. —. Rebeca, Discúlpanos un momento, querida... puedes esperar en la oficina y pedirle a alguien que te traiga algún bocadillo, di que yo lo ordeno y no te cuestionarán. —comentó con prepotencia, antes de avanzar junto a Elías hasta doblar el pasillo.

Contuve la respiración y presioné las manos en puños, gruñendo para mis adentros. Joder, ¡esa mujer era realmente insoportable! No entendía cual era su maldito problema.

Antes de que me diera cuenta, me encontraba avanzando en la dirección por la que ellos se habían marchado, y no porque sospechara de algo, simplemente quería saber qué era eso tan importante de lo que hablarían, y si tenía algo que ver conmigo.

—¿Cómo que planeas incluirla en la reunión? ¡Los miembros de la junta estarán ahí! —le oí decir a lo lejos, y sonaba muy molesta.

—Maura...

—¡No! Te lo dije, esa maldita obsesión que tienes con ella te llevará a tu ruina.

Fruncí el ceño en confusión, mientras me asomaba por el borde de aquella pared, deseando ver un poco más... ¿Obsesión? No sabía de qué rayos hablaba, pero; "Su ruina?" fue lo mismo que dijo Elías durante las vacaciones. ¿Acaso ella tenía algo que ver con que aún no se animara a coger conmigo?

Oh, eso sí me enfadaría, y mucho.

—¡Ella será tu perdición! Deja de pensar con el maldito pene de una vez.

—¡Maura! —le dijo con reprehensión. —. ¡Basta!

—Por Dios, Elías, esa mujer no tiene escrúpulos, desde que llegó a tu vida solo ha dado problemas. Eso sin mencionar que el origen de tu relación con ella ha sido objeto de rumores de pasillo desde que vino por primera vez a la empresa; los empleados cuchichean sobre el motivo por el que su padre repentinamente se convirtió en tu socio... Los miembros de la junta temen que estés perdiendo el rumbo solo por tu obsesión con ella, es decir, nos asociaste a esa empresa que no está a nuestro nivel. Al final, todos creen, y me incluyo, que tanto ella como su padre son unas aves rapaces que van tras tu fortuna.

«¡¿Qué dijo qué?!» Maldita Perra.

La sangre me ardió de furia, y mi primer impulso fue querer avanzar hacia ella con la intención de darle una bofetada, pero en eso, la voz de Elías me detuvo.

—¡Dije que basta! —demandó, con severidad. —. Maura, eres mi amiga desde que tengo uso de razón, pero no permitiré que te refieras de esa manera sobre mi prometida. No sabes la naturaleza de mi acuerdo con Stain, por lo que te pediré que no hables de lo que desconoces, y la respetes, porque te guste o no, esa mujer será mi esposa.

Me estremecí con fuertes escalofríos recorriendo mi cuerpo, y me sentí un tanto abrumada ante todo lo que estaba pasando. Joder, yo no había pedido nada de aquello, como para que ella se atreviera a tratarme de ave rapaz. ¡Ni siquiera sabía qué tan rico era Elías cuando acepté el jodido acuerdo!

Vi en él la intención de girarse, por lo que me aparté con prisa de la pared y comencé a andar de regreso a la oficina para fingir no haber presenciado aquella bochornosa situación. Sentía un nudo en la garganta, y no podía aclarar mis ideas en tanto observaba a mi alrededor, recordando sus palabras.

No entendía porque me afectaba tanto el saber lo que todos en aquel lugar pensaban de mí, era algo que en una situación común me hubiese importado un comino. Quizás se debía a que me parecía injusto que todos tuviesen una idea tan horrible, cuando en realidad nunca me ha interesado el dinero.

—Chére —Elías ingresó a la oficina, se veía muy serio. —. Vamos.

Asentí con la cabeza y me puse de pie para acompañarlo, esforzándome por no dejarle entrever mi malestar, ya que eso solo me delataría ante él. Me concentré en su rostro, mientras intentaba seguirle el paso, ya que avanzaba a grandes zancadas, y parecía totalmente ensimismado, hasta podría decir que se veía molesto.

—E-Elías. —le hablé, con la intención de pedirle que se detuviera, ya que mi zapato se estaba desanudando, pero ni siquiera escuchaba mi voz.

Volteé hacia a atrás, y me di cuenta de que éramos seguidos por los guardaespaldas, y Maura, quien tenía el rostro rojo de furia, e intentaba ocultarlo llevando la tableta casi a la altura de sus ojos, fingiendo hacer algo cuando en realidad solo realizaba movimientos torpes con el dedo sobre la pantalla.

«Carajo»

—Chére —se detuvo finalmente, una vez que estuvimos frente a una puerta, y se giró para verme. —. Durante las vacaciones se preguntó sobre el qué representaba usted para mí, ¿Un trofeo dijo?

Abrí la boca, con la intención de responder, pero su mirada me hizo sentir tan diminuta, que no fui capaz de formular palabras, y solamente inentendibles balbuceos brotaron de mis labios. Él miró por encima de mi hombro, y un escalofrío me recorrió de pies a cabeza al darme cuenta de que le estaba dedicando una mirada desafiante a Maura.

«Joder, Elías, ¿qué planeas hacer?»

—Justo ahora le demostraré lo que usted representa para mí. —comentó, antes de estirar la mano y abrir la puerta a su espalda.

—¡Elías! —se escuchó el llamado de advertencia de Maura, pero fue demasiado tarde cuando él me hizo cruzar a grandes zancadas el umbral.

Mi corazón se detuvo por cuestión de segundos cuando alcé la mirada y me topé con cientos de rostros desconocidos. Tragué saliva y observé en derredor, dándome cuenta de que me encontraba en un escenario con pantallas gigantes que mostraban el logotipo de la empresa, y frente a mí se encontraban lo que parecían ser todos los empleados de M-ODELL, viéndome igual de consternados.

Elías se aferró con firmeza de mi mano y comenzó a avanzar hacia un podio de cristal que se encontraba a escasos metros del borde. Y cuando comenzó a hablar me di cuenta de que era una reunión improvisada, ya que se disculpaba por haber interrumpido las labores de todos. Se trataba del favor que le había pedido a Maura, sin explicarle el motivo por el que los reunía a todos, incluyendo a los miembros de su junta directiva, quienes se encontraban sentados en las filas delanteras, vistiendo elegantes trajes.

—Cuando decidí organizar esta reunión, no esperaba que el sorprendido fuese yo al enterarme de algunos acontecimientos dentro de esta empresa, ni sabía la necesidad de esta —suspiró con pesades. —. Ahora seré directo, quiero hablar de algo importante —comentó, girándose para verme con adoración. —. No es secreto para nadie que me encuentro comprometido, pero me he dado cuenta de que no todos conocen a la asombra mujer que se convertirá en mi esposa —volvió la mirada hacia ellos y su expresión cambió de súbito a una más seria, e imponente. —. Su nombre es Rebeca Stain, sí, hija de uno de mis más recientes socios, Héctor Stain. Quiero que la conozcan, porque una vez que se convierta en mi esposa, nadie dentro de esta empresa tendrá más poder que ella.

Abrí los ojos de par en par, con una expresión consternada, e instintivamente volteé en busca de Maura, quien se encontraba de pie en una esquina cercana a la puerta, viendo a Odell con una expresión de pocos amigos en el rostro y no era la única, se podía ver el disgusto en las personas sentadas en primera fila.

—Ella es mi futura esposa, una mujer que, aparte de hermosa es muy inteligente, y le deben el mismo respeto que me tienen a mí. Necesito que eso les quede cien por ciento claro. Cualquier ofensa o comentario negativo que realicen en su contra, tengan por seguro que lo tomaré personal, como si fuese a mí.

En ese momento fue víctima de los nervios, carajo, tenía cientos de miradas sobre mí. Retrocedí un paso, y di un ligero traspié, ya que mi zapato se había desanudado por completo. Por suerte para mí, Elías me mantenía aferrada de la mano, y con un ligero tiró pudo ayudarme a recuperar el equilibrio.

—Déjeme ayudarle, Chére. —dijo, y bajo mi mirada consternada, y la de todos los presentes, se puso de rodillas ante mí.

Sufrí un Mini-infarto.

—E-Elías, ¿qué haces? —murmuré, nerviosa, una vez que me hizo colocar el pie en su rodilla flexionada, para comenzar a anudar mi zapato. Y como si eso no fuese suficiente, una vez que terminó, se inclinó para besar mi pie.

Tuve que hacer un gran esfuerzo para no colapsar en aquel momento, ¿de verdad se había humillado ante mí, de aquella manera, frente a sus empleados? Y peor aún, frente a los miembros de la junta directica de su empresa, quienes claramente no estaban a favor de nuestro compromiso.

—Si se pregunta, Chére, ¿qué representa usted para mí? La respuesta es Todo. —me murmuró al oído, antes de besar mi mejilla.

La reunión terminó, y yo seguía en estado de shock. Me senté en el sofá de su oficina, mientras veía a través de las paredes de cristal traslucidas las figuras de Odell y Maura, claramente entablando una calurosa discusión sobre lo que acababa de hacer. Y la verdad, joder, yo tampoco sabía cómo sentirme al respecto.

Era una sensación extraña; sus palabras, sus acciones, las muestras de apoyo y las miradas de adoración y orgullo, al igual que la forma en que me trataba como lo más preciado que había pisado el planeta tierra... no estaba acostumbrada a nada de ello, y eso me hacía sentir abrumada.

—Chére —Elías se asomó a la puerta. —. Solo hablo con un par de personas y nos iremos a almorzar.

Asentí con frenesí.

Una vez que él se marchó, alguien más cruzó el umbral y sentí una terrible vibra en el ambiente. No hacía falta voltear para saber de quien se trataba, su aroma a amargura se sentía a leguas.

—Joder —le oí decir, antes de ver cómo se sentaba frente a mí. —. Tienes que decirme qué le diste para idiotizarlo de esa manera.

Enarqué una ceja, y suspiré profundo mientras me acomodaba en el sofá, y cruzaba las piernas. La miré directamente a los ojos, los suyos reflejaban arrogancia y desprecio, por lo que alcé la mano derecha hecha un puño a la altura de mi mejilla, y comencé a empujar con la lengua el lado izquierdo, al compás del movimiento de mi mano, insinuando un oral, antes de regalarle una sonrisa presuntuosa.

Una expresión de ira se reflejó en su rostro, enrojeciéndole hasta las orejas mientras se ponía en pie, de súbito, pero su berrinche se vio interrumpido cuando Elías cruzó el umbral, viniendo en mi dirección para extenderme su mano.

—Ahora sí, Ma Chére, vamos a almorzar —besó mis nudillos. —. Maura, acompáñanos, aún tenemos mucho de qué hablar.

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