Carta 25

Querido Diario:

Finalmente llegó el último maldito día de clases, por desgracia todavía me falta cursar otro año más de bachillerato antes de mandar el estudio al demonio.
No obstante me emociona la idea de apartarme un rato de esté patético ambiente escolar y olvidarme de la existencia de mis compañeros.

No diré que fue un estupendo año y que creé invaluables recuerdos y experiencias que me marcarán de por vida, porque estaría mintiendo.
La verdad fue un año ordinario e intrascendente, con algunas pequeñas excepciones poco agradables de recordar.

Quisiera pensar que esté próximo año que está por llegar será diferente, que de algún modo mejorarán las cosas en el instituto. Probablemente mis notas mejoren, el ambiente escolar se vuelva más pacifico, o quizá viva un romance juvenil.

¿Que carajos estoy diciendo? Mi mente últimamente se ha encontrado muy distraída, necesito un descanso de todo urgentemente. No obstante si me gustaría creer que tanto en la vida como mi último año de instituto será algo memorable.

Mientras escribo ésto sentada hasta el último asiento junto a la pared, yacen un montón de sillas vacías a mi alrededor, mi abrigadora cazadora no evita que siga temblando de frío.
Espero no enfermarme al terminó de curso, odiaría iniciar las vacaciones con gripa.

Sin embargo eso no es lo peor de todo esté asunto, mis lágrimas corren y queman mis mejillas con su ardor. Sentada en un rincón lamentándome por una cama discusión con mi padre.
Sé que no debería darle importancia a cosas insignificantes en este momento, más sin embargo no puedo evitar sentirme miserable en este momento.

He intentado hacerme la fuerte pero nadie me dijo que hacerlo te destruía el doble.

Estoy tratando de ver cuánto aguanto antes de romperme en mil pedazos, pero siempre me decepciona la ironía de ser yo quién se destruyó.

Admiró la fortaleza de Lorraine de ser fuerte y sonreír ante las adversidades, o la seguridad que tiene Jampier de mandar todo al demonio sin que le afecte en lo mínimo. Más sin embargo yo no soy como mis amigos, al contrario, cada situación por minúscula que sea logra afectarme de manera exagerada.

Ya deseó que terminen las clases y todavía ni siquiera inician, me urge que esté maldito día llegué a su fin. Solo quiero llegar a casa, encerrarme en mi habitación y llorar desconsoladamente.

Mi refugio, ese lugar seguro que me protege de todo el caos que ronda en el exterior.
No negaré que un fuerte y reconfortante abrazo me ayudaría en éste momento de crisis; lamentablemente no hay nadie a mí lado en este momento en quien pueda apoyarme.

Es doloroso aprender a caminar sola, y peor aún sintiéndote derrumbada por dentro.

*****

Sentí un enorme alivio cuando vi a Lorraine cruzar la puerta, me saludo con una enorme alegría pero al verme su sonrisa desapareció. No puede evitar abrazarla y llorar desconsoladamente entre sus brazos. Su calor reconfortante me ayudó a tranquilizarme.

El resto del día fue totalmente intrascendente e inecesaro, fue uno de esos días en que no debí levantarme de la cama.

Ahora entiendo a lo que se refería la teoría de la relatividad de Einstein. Parece que el destino está empeñado en joderme la vida.
Cuándo odias algo y deseas que el tiempo pasé rápido, transcurre con más lentitud.

Entre quejas, murmullos y lamentos logré sobrevivir lo restante de la mañana. Apenas y comí a la hora del desayuno; literalmente me sentía muerta en vida.
Estoy segura que tenía un semblante espantoso.

Todas las clases las sentí abstractas, me sentí ausente; mi cuerpo se encontraba ahí pero mi mente no.

Para ser el último día no lo sentí muy emotivo, independientemente de mi estado de ánimo el ambiente no fue muy grato.
El camino o casa resultó muy reflexivo, hice una pausa en una glorieta sentándome en una banca cubierta por la sombra de un árbol.

Sentí una extraña sensación de paz recorrer el cuerpo con la suave brida qué me golpeaba. No tenía idea de lo que me pasaría después, estos últimos días han sido insufribles que no espero ningún cambio favorable en el panorama.

No obstante, está mala racha llegar a su fin. No hay mal que dure cien años ni cuerpo que los guante.

Ya pasará el dolor.

Debo tener fe en que de algún modo todo mejorará tarde que temprano, aunque por ahora me siento hecha una mierda y no soy de las personas que vean la copa medio llena.

Sin percatarme del transcurso del tiempo, perdí noción de él. Simplemente permanecí sentada, escribiendo en ti mientras el cielo se nubla y el día daba paso al crepúsculo.

Al llegar a casa me sentía mucho más calmada, La tempestad había llegado a su fin, trascendiendo a la calma.

La comida y mimos de Consuelo fueron La dosis perfecta que necesitaba para aliviar mi penumbra. Al terminar de comer subí inmediatamente a mi habitación, dentro de mi fortaleza de la soledad no pude evitar sollozar ligeramente, pues me sentía cansada de sentirme deprimida todo el día por un hombre que no me queria, simplemente ya no me quedaba lágrimas para llorar.

Y ese es precisamente el problema, a pesar de los múltiples rechazos que he recibido de su parte toda la vida, seguía esperando que cambiara.
Después de todo es mi padre y no sería descabellado pensar que algún día podría llegar a quererme.

Tal vez si fuera otra persona; más alegre, más inteligente, más bonita o sencillamente no fuera la asesina de su esposa podría ser diferente.
Pero no lo es, y sin importar nada de lo que haga es un hecho innegable que no podrá cambiar jamás.

Nos leemos pronto Diario.

Att. Kim

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