Capítulo 8
Mil dispulpas por no haber subido el capítulo a la mañana. Hoy tuve mucho trabajo y recien ahora tengo un poco de tiempo. Ojala les guste <3
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Después de realizar el examen, estoy sentado en las escaleras con Lucas y mi cabeza se despegó de mi cuerpo al estar distraído. Se me hace tan difícil dejar de pensar en ella, la tengo metida en mi corazón y en mi pecho.
– Creo que perdí a mi amigo. – Se burla.
Escucho a Lucas y se me escapa una risita.
– Encima que después del recreo tenemos su clase, vas a estar todo embobado. Ya eres muy serio, un día se va a dar cuenta que sientes algo por ella.
Y no se equivoca, cada vez que ella da clases en nuestro grupo soy incapaz de negarle la mirada, la miro con tanto amor y siento como mi corazón se derrite.
– Ay que cara de estúpido pones cada vez que la ves o piensas en ella. -Se queja. – El amor te pone tonto.
Solo muevo los hombros y empieza a sonar el timbre de cambio de clases, nos ponemos de pie y caminamos hacia el salón.
En el medio, los alumnos de cuarto año están repartiendo invitaciones para su fiesta de fin de año. Cuando un grupo está por terminar la carrera de actor/actriz, hacen una fiesta para despedirse. Nos dan las invitaciones y al leerla, me doy cuenta que la temática es de disfraces y hay que ocultar nuestra identidad en modo de juego.
– ¿Vas a ir? – Pregunta mi amigo.
– Pienso que si... es después de los exámenes.
Entramos al salón y veo que Mercedes ya está en el salón. Ella me mira y sonreímos al mismo tiempo, me acomodo en mi asiento.
– ¿Les parece si vamos al teatro? Quiero que descompriman la tensión por los exámenes.
Todos asentimos y nos ponemos de pie, salimos en orden del salón y la profesora nos acompaña.
Entramos al teatro de la institución y bajamos las escaleras, subimos los tres escalones del escenario y ella hace que hagamos un círculo. Mercedes se pone en el medio y nos pide que caminemos sin destruir el circulo. Ordena que movamos los brazos y respiremos hondo.
A medida que va pasando la clase, hay momentos que nuestras miradas se chocan y me doy cuenta que me mira de otra manera, como si quisiera decirme algo y no se que es. Cada vez que la veo me palpita el corazón, nunca pensé sentir un amor así, tan puro y sincero.
Hace dos años que me siento así, quede deslumbrado la primera vez que la vi y sin pensarlo me di cuenta que me enamore de ella.
Termina la clase y vamos saliendo del teatro, me detengo para dejarla salir primero y me lo agradece. Somos los últimos en salir y Mercedes empieza a hablar.
– ¿Cómo te fue hoy en tu examen?
– Creo que bien.
– Viendo lo buen estudiante que eres se que lo hiciste muy bien.
Sonrió y caminamos despacio.
– ¿Tienes novia?
– No profesora, no tengo novia.
– Que raro, eres joven y lindo. – Me sonrojo. – Pensé que si... pero al menos te debe gustar alguien.
No espere esa pregunta para nada, solo siento como los nervios me quieren paralizar.
– Si...
– ¿Ella lo sabe?
– No... además no creo que ella quiera.
– ¿Y eso por que? – Sonríe. – No pienses así, seguro que te diría que sí.
– No lo se... ella nunca se fijaría en mí. – La miro con tristeza.
– ¿Por qué piensas así? Después de todo nunca se lo dijiste.
No digo nada, no quiero ser tan obvio porque ya se lo que me espera.
– Tengo que irme profesora... cuídese.
Ella se da cuenta de lo que pasa y me despido de la profesora, camino con rapidez hasta la salida y busco mi motocicleta. La enciendo y manejo hacia mi trabajo.
Narra Mercedes:
¿Le dije algo que le molesto?
Espero que no pero a lo ultimo me miro con tanta tristeza... ¿Por qué será?
Pienso en eso mientras observo como el estudiante se va y suspiro en silencio. Sigo caminando y veo como Ricardo se me acerca.
– ¿Cómo estás?
– Bien, ¿y vos?
– También. – Sonríe. – Estaba pensando si quieres salir a tomar algo, ¿qué te parece?
Recuerdo lo que me dijo Lucila y me quedo pensando por unos segundos, meditando si decirle que si o no.
– Está bien pero después del trabajo. – Seria.
– Lo sé. -Contento. – Voy a estar esperándote a la salida.
Me da un beso en la mejilla y se aleja, dejándome pensando si hice bien el decirle que sí. Me muerdo los labios mientras me detengo a pensar en Leandro.
– Profe...
Un estudiante me saca de mis pensamientos y lo observo.
– ¿Si?
– Tenga. – Me entrega una invitación. – Es la fiesta de fin de año, está invitada.
– Gracias.
El chico se va y leo la invitación de la fiesta, me doy cuenta de la temática y la guardo en mi bolso.
No pienso ir.
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