Capítulo 7
Narra Mercedes:
Me tome un tiempo para comer algo rápido y Lucila se sienta a mi lado. Hace mucho tiempo que no hablamos, su mirada es tranquila y apoya los codos en la mesa.
– ¿Todavía sigues enojada conmigo?
– Nunca estuve enojada. – Tomando mi jugo. – Solamente no me gusta cuando te pones pesada.
– No es que sea pesada. – Sonríe y toma su té. – Solo me preocupo por la felicidad de mi amiga.
– Y lo soy, no necesito de un hombre para ser feliz.
– En eso tienes razón, te doy la derecha pero no puedes negar que una pareja te cambia la cara.
– Cuando se está enamorado y no lo estoy.
– Es que te niegas. – Alza la cejas. – ¿Acaso no extrañas que alguien te abrace? ¿Qué te bese con pasión? ¿Las caricias? ¿No te sientes sola?
Obvio que me siento sola, no soy una mujer de hierro... soy una mujer que siempre preciso de amor, de cariño, alguien que me quiera acompañar aunque no pensemos igual.
– Claro que me siento sola. – Resoplo. – Pero prefiero eso a que alguien me lastime.
– Pero eso no lo sabrás hasta que te animes a enamorarte.
– ¿Qué me enamore de quien? ¿De Ricardo?
– Uno se enamora con el tiempo.
– No pienso igual...hace años que conozco a Ricardo y nunca me atrajo como hombre.
Me apoyo contra el respaldo de la silla y ella suspira.
– Solo dale una oportunidad a Ricardo... puede ser una cena, un helado, lo que sea.
– Ya sabia que ibas a tocar ese tema. – Hago una mueca. – ¿Por qué esa obsesión de emparejarme con él?
– Porque le gustas y es lindo para vos. Vamos Mecha. – Agarra mis manos. – Veras que te sentirás mejor.
– Ricardo no me atrae. – Sincera. – Solo lo veo como un amigo y es difícil que cambie.
– Solo piénsalo, por favor. – Suelta mis manos. – Eres tan cabeza dura.
– Vos también que me hablas del mismo tema. – Sonrió. – Esta bien, lo voy a pensar pero no te prometo nada.
– Que tan solo me digas eso me pone muy contenta. – Alza las cejas. – Si quieres hablar con el está en el grupo de tercero, antes estuvo en el grupo de segundo tomando un examen.
Leandro está en el grupo de segundo año.
¿Cómo le habrá ido? Seguro que muy bien.
– Mercedes.
Mi amiga me llama la atención y levanto la cabeza para mirarla.
– ¿Eh?
– Te estoy hablando y estás en la luna... te estoy diciendo donde está para que vayas a verlo.
Me pongo de pie y niego suavemente.
– Ahora no, tengo cosas que hacer.
Agarro mi botella de jugo y me alejo de Lucila.
Es extraño que me haya perdido en el limbo al pensar en el estudiante Guzmán y más que me preocupe por él. Bueno... es un chico muy bueno y aplicado. Debe ser eso.
Mañana tengo que dar la materia de expresión corporal en su curso, solo quedan dos clases teóricas antes de los dos exámenes en su grupo y la cursada terminara a fin de mes.
Eso me estruja el corazón y no lo entiendo, me siento un poco extraña al comportarme de está manera. Suspiro despacio y camino hasta el salón de primer año.
Narra Leandro:
Estoy acostado en mi cama, tarareando la canción que empezó a reproducirse y la sonrisa no puede borrarse de mi rostro. Fantaseando en silencio con Mercedes, recordando como en las últimas semanas nos fuimos acercando poco a poco.
"Sobre la palma de mi lengua
vive el himno de mi corazón,
siento la alianza más perfecta
que en justicia me une a vos".
Canto a la par de la canción y miro al techo, sintiendo una alegría inmensa al volver a recordar el momento en que estuvimos en la sala de video, como nuestras manos se tocaron y sentí su piel tan sedosa.
Cierro los ojos y siento que estoy flotando en el cielo de tan solo imaginar cómo serán sus labios mientras la beso. Me mojo los labios y respiro hondo, mi corazón late como un loco y vuelvo a abrir los ojos.
"Nada me abruma ni me impide
en este día que te quiera amor,
naturalmente mi presente busca
florecer de a dos,
nada hay que nada prohíba.
Ya te veo andar en libertad,
que no se rasgue como seda
el clima de tu corazón".
Siento como mis ojos se llenan de emoción y me llevo las manos en el pecho, sintiendo como mi corazón se me quiere salir y mis ojos miran a la nada.
– Con total que me hables o me mires soy tan feliz, Mercedes... – Susurro. – Si tuviese la oportunidad de demostrarte que te puedo hacer feliz, de demostrarte que conmigo nunca sufrirás, que no soy como el desgraciado de tu ex marido.
Que nunca te abandonaría, mi amor.
Siento una sensación inmensa de protegerte que no me cabe en el pecho y que lamentablemente va a estar escondido en mi corazón porque nunca tendré de oportunidad de decírtelo porque sé muy bien que me vas a rechazar.
Resoplo en silencio y me levanto de la cama para ponerme a estudiar, mañana tengo otro examen y quiero aprobarlo.
Busco mis lentes y agarro los apuntes, me siento en la cama y empiezo a estudiar.
Al otro día, llego temprano a la institución y me apuro para dejar mis cosas en el aula, sin querer, me choco con Mercedes y me disculpo enseguida.
– Lo siento profesora... no la vi. – Nerviosa.
Ella solo sonríe y apoya su mano en mi hombro, lo que desencadena en una descarga eléctrica.
– No se preocupe, debes estar pensando en muchas cosas y estás distraído. Me entere que ayer tuviste un examen con el profesor Ricardo.
– Así es.
– ¿Y cómo te fue?
– Bien... hoy tengo otro parcial.
– Entonces mucha mierda. – Animada.
De pronto, se pone en puntas de pie para darme un beso en la mejilla y la piel se me eriza, cierro los ojos por un momento y me olvide de respirar.
– Gr... – Empiezo a tartamudear. – Gracias... profesora.
Mercedes vuelve a sonreír y va a su salón. Mi mano se dirige a la mejilla donde ella me beso y suspiro lleno de amor.
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