Capítulo 39

Al otro día, casi no he dormido nada gracias a la verdad que me conto Alfonso y mi mente está en eso, aún así no me puedo dejar vencer y tengo que salir adelante.

A Alfonso no le gusto tanto la idea de que regrese al conservatorio pero me va a apoyar en lo que decida y siendo completamente sincera, quiero hacerlo, porque quiero y deseo demostrarme a mi misma que soy una mujer fuerte y que voy a salir adelante por mis propios medios.

– Quiero que te cuides. – Luce preocupado y solo me limito en tomar su mano.

– Estaré bien. – Le sonrió. – Estoy feliz de volver.

– Ya se pero igual me preocupo por tu bienestar, por el bebé.

Asiento en silencio y palmeo despacio su mano.

– No pienses en eso, ya no soy la misma... me siento más fuerte y se que no estoy sola.

Alfonso suspira y me abraza con suavidad.

– Solo cuídate...

– Lo hare. – Le susurro.

Más tarde, entro al conservatorio y un sentimiento de nostalgia invade mi pecho, pensar que casi pierdo el trabajo por un amor que nunca valió la pena.

Nunca tuve que haberme entregado a ese amor que se me presento, nunca tuve que haber entregado mi corazón a alguien que no lo merecía.

Suspiro en silencio mientras sigo caminando, encontrándome con las miradas de todos, no obstante, no bajo la cabeza, no hice nada y no tengo que sentir vergüenza.

Tengo que salir adelante por mi bebé y por mi felicidad, solo eso importa.

Subo las escaleras con cuidado y cuando llego al piso, me encuentro con Leandro en los pasillos y su mirada está fijamente hacia mi persona, sus ojos están llenas de arrepentimiento y decido alejar mi mirada de la suya, sigo caminando hasta el salón de clases.

Cierro la puerta y apoyo mi cuerpo en ella, soltando una importante cantidad de oxigeno que estuve acumulando.

– Tranquila Mercedes... algún día lo vas a olvidar.

Cierro los ojos y respiro hondo.

¿Por qué tengo que amarlo? ¿Por qué no puedo odiarlo? Todo seria más facil si pudiera arrancar mi corazón para no sentir ningún sentimiento por él.

Me llevo una mano a mi vientre y mis ojos se llenan de lágrimas.

– No. – Limpiándome la lagrima que corre por mi mejilla. – No puedo llorar por el, ni por nadie que me lastime.

Logro recomponerme y voy a mi escritorio, esperando a los estudiantes para dar la clase.

Narra Leandro:

Me siento ansioso, una desesperación recorre todo mi cuerpo al saber que Mercedes está a solo unos metros de distancia, tengo que hacer algo.

No puedo dejar escapar está oportunidad de hacer las cosas bien.

– Tranquilízate un poco. – Lucas me llama la atención.

– ¿Cómo me voy a tranquilizar? Mi Mercedes está en el edificio, ya no aguanto más, Lucas, quiero estar con ella.

Mi amigo me mira con un poco de lastima y chasquea la lengua.

– No puedo perderla... tengo que luchar por ella.

– No se porque le creíste a Belén. – Serio. – Ya sabía que lo ibas a lamentar.

– Se que me equivoque y daría cualquier cosa para retroceder el tiempo pero no lo puedo hacer, estoy pagando el precio por todo el daño que le hice a Mercedes. – Alterado. – Lo único que te puedo decir es que voy a luchar para recuperarla.

Mi corazón está inflado por todo el amor que siento por Mercedes, voy a luchar desesperadamente por su amor y nadie me va a detener.

Luego de la jornada del conservatorio, estoy por salir del edificio cuando veo a Mercedes caminando a su auto y no pierdo más el tiempo, me apresuro para alcanzarla.

– Mercedes... – La llamo con el corazón agitado.

Ella frena en seco y cuando se da la vuelta puedo observar como sus ojos marrones me miran con molestia.

– ¿Qué quieres, Leandro?

– Solo quiero hablar con vos... – La voz me tiembla. – Estoy tan arrepentido por todo lo que hice, necesito que me escuches.

Ella niega rápidamente y puedo notar que su rostro está más pálido que de costumbre.

– Déjame tranquila, Leandro. No quiero escucharte.

Ella retrocede pero la tomo suavemente del brazo.

– Por favor, mi amor. – Desesperado. – No puedo imaginar mi vida sin vos... te amo Mercedes, todavía lo hago y siempre lo hare.

Mercedes intenta protestar y se lleva una mano hacia la frente antes de cerrar los ojos, está a punto de desvanecerse y la agarro con mis brazos antes de que se cayera al piso.

Me lleno de pánico al ver que no reacciona.

– Mercedes... mi amor, por favor. Despierta. – Muerto de miedo.

La acuno en mis brazos y la llevo a su auto, colocándola suavemente en el asiento del pasajero antes de pasar al lado del conductor. Mientras enciendo el auto y empiezo a conducir, no puedo dejar de pedirle disculpas, pedirle perdón y decirle cuánto la amo. Pero ella sigue sin responder, con los ojos cerrados y la respiración entrecortada.

Cuando llegamos al hospital, una enfermera me ayuda a acostarla en una camilla y me quedo con Mercedes, sostengo su mano, observándola atentamente, esperando a que despierte. Enseguida le sacan sangre y nos dejan a solas.

Ella está con los ojos cerrados y beso su mano con ternura, jurándome compensarla toda mi vida.

Después de unos minutos, se mueve y abre lentamente los ojos, su mirada se encuentra con la mía.

– ¿Qué pasó? – Pregunta todavía atontada.

– No lo sé, te desmayaste. ¿Te sientes mejor ahora? – Pregunto, mi voz llena de preocupación.

Se sienta y se frota la frente.

– No lo sé, me da vueltas la cabeza. – Admite.

Tomo su mano entre las mías y le doy un suave apretón.

– No te preocupes, estoy aquí para ti. – susurro, inclinándome para besar su frente.

Mercedes me mira con una mezcla de emociones, sus ojos llenos de tristeza y dolor.

– ¿Por qué me hiciste esto Leandro? ¿Por qué tuviste que lastimarme tanto?

Bajo la cabeza, sintiéndome tan avergonzado por todo lo que hice. Se que no tengo perdón de Dios pero aún así no voy a parar de luchar por ella.

Demostrarle todo lo que siento, todo mi amor y sueños que tengo con ella.

– Me equivoque Mercedes. Cometí el peor error al creer en Belén pasaré el resto de mi vida compensándote.

Mercedes me mira con escepticismo y entrecierra los ojos mientras me estudia.

– ¿Por qué debería creerte ahora, después de todo lo que me has hecho pasar?

Respiro profundamente, tratando de estabilizarme y la miro con seriedad.

– Porque te quiero, Mercedes. Nunca dejé de amarte, ni siquiera cuando estaba con Belén. Fui un tonto, cegado por mi propio egoísmo e inseguridades. Pero te juro que pasaré el resto de mi vida compensándote. Déjame mostrártelo, déjame demostrártelo.

No dice nada, se queda callada cuando la doctora se acerca con tranquilidad hacia nosotros y nos observa por un momento antes de darle la total atención a Mercedes.

– Tienes la presión baja y mucho stress. Tiene que estar cuidándose y más por su estado.

Entrecierro los ojos y observo a Mercedes.

– ¿Qué estado? – Confundido.

Mercedes cierra los ojos y la veo tragar saliva.

– ¿Qué estado, doctora? – Giro la cabeza para mirar a la médica.

– Está embarazada.

Mi corazón se detiene por un momento, una oleada de emoción llena mi pecho mientras miro a Mercedes, mi mente corre con un millón de pensamientos y sentimientos diferentes, mis dedos se entrelazan con los de ella mientras la miro a los ojos, tratando de transmitir todo el amor, la gratitud y el asombro que estoy sintiendo. Ella me mira con expresión cautelosa pero de alguna manera vulnerable al mismo tiempo.

– Dios mío, mi amor. – Mis lagrimas amenazan con salir por la emoción que tengo. – Vamos a ser padres.

Se queda callada y puedo ver el miedo que irradian sus ojos. Cierra los ojos y aleja su mano de la mía. La doctora se retira de la sala y nos quedamos solos.

La expresión de Mercedes es seria y dolorosa.

– Que esté esperando un hijo tuyo no van a cambiar las cosas, Leandro. – Susurra. – Ni va a cambiar todo lo que me hiciste sufrir.

Sé que lo que dice es verdad, que no puedo esperar que me perdone por el bebé, pero no puedo evitar sentirme agradecido por esta pequeña vida que crece dentro de ella. Es un recordatorio del amor que compartimos y la posibilidad de un futuro juntos. Respiro profundamente y extiendo la mano para tocar su mano.

– Lo se, mi amor pero es una esperanza. – Emocionado. – Nuestra historia de amor no termino y nuestro hijo es la prueba de lo que compartimos.

Sus labios tiemblan y cierra los ojos, dejando escapar un suspiro.

Narra Mercedes:

No quería que supiera del embarazo y ahora todo se salió de control. Sus manos agarran las mías y como extrañaba está sensación de estar con él pero el dolor todavía sigue en mi corazón y no puedo perdonarlo.

Todavía quedan cosas por la que sanar y no se si puedo confiar en él.

Enseguida, Alfonso irrumpe y puedo ver su expresión llena de preocupación al verme. Se sienta en el lado libre de la cama y me abraza con suavidad.

– ¿Estás bien?

– Si... me dijo la doctora que fue un bajón de presión.

Resopla en voz baja y asiente antes de besar mi frente.

– Fui a buscarte al conservatorio y cuando me dijeron lo que paso casi me vuelvo loco pensando lo peor.

– Pero estuve yo para socorrerla y mientras este yo nada le va a pasar a Mercedes y a mi hijo.

Puedo notar los celos en Leandro y la verdad que no tengo ganas de que se produzca un enfrentamiento.

– Puedes irte Leandro. – Hablo con dureza. – Te agradezco lo que hiciste por mi pero ya te puedes ir.

El dolor está escrito en todas sus facciones. Se levanta de la silla al lado de mi cama y me mira con ojos suplicantes.

– Por favor, Mercedes. No hagas esto. – Ruega, su voz apenas es más que un susurro.

Miro a Alfonso, quien mira a Leandro con el ceño fruncido antes de volver a mirarme con preocupación.

– Mercedes, ¿estás segura de que quieres que se vaya? – Pregunta, su mano apretando la mía para tranquilizarme.

Asiento, mis ojos nunca abandonan los de Leandro.

– Sí, estoy seguro. – Digo con firmeza.

Leandro parece querer decir algo más, pero al final se limita a asentir, con la mirada baja.

– Está bien. Me iré pero no voy a dejar de luchar por vos Mercedes. – Dice, con la voz llena de emoción.

Mientras camina hacia la puerta, no puedo evitar sentir una punzada de culpa en el pecho. Sé que lo que estoy haciendo lo está lastimando, pero no puedo perdonarlo.

Leandro se va y mi corazón se rompe por completo. Quiero saltar de la cama y correr hacia él, pedirle que no me deje pero no puedo.

Suelto un sollozo y Alfonso me abraza con fuerza.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top