Capítulo 18
Narra Leandro:
Estamos caminando por la ciudad y puedo notar que Mercedes está un poco seria. Envuelvo mi brazo alrededor de su cuello y la atraigo a mi cuerpo.
– ¿Qué pasa mi amor?
– Nada. – Suspira y baja la cabeza.
– ¿Cómo que nada? Mira como estás.
Miro hacia el frente y noto que las personas que pasan nos miran con seriedad, acaricio su espalda y nos detenemos por un momento.
– Ay mi vida. – Apoyo la mano en su mentón para levantarle la cabeza. – No me importa que la gente nos mire. – Muevo los hombros. – No me importa que para la sociedad nuestro amor este en contra de las reglas.
Sus ojos se llenan de lagrimas y la abrazo con fuerza.
– Que la gente se vaya a la mierda. – Sonrió y beso su frente.
Ella sonríe un poco y retomamos con la caminata.
A medida que vamos paseando, nos encontramos con un negocio donde tiene juegos de arcade y alzo la ceja al mismo tiempo que la observo.
– ¿Entramos?
– Hace tantos años que no juego a uno...
– Entremos entonces.
Al entrar, compramos unas fichas y nos acercamos a uno de los juegos de autos, colocamos unas fichas y jugamos entre risas.
Estamos comportándonos como si fuéramos adolescentes y se siente tan bien compartir este momento con la mujer que amas. Estuvimos un rato largo jugando en ese lugar y su humor subió un cien por ciento, olvidándose de su edad y viviendo el momento.
Más tarde, volvemos a la cabaña y ella me observa con atención.
– Estoy notando que eres un jovencito atrapado en los ochenta, lo digo por tus gustos.
– ¿Y eso te molesta?
– La verdad que no. – Sonríe. – Me haces recordar a mi infancia y juventud.
– Hoy te comportaste como una adolescente y me encanto verte así.
– Es que te sientes como si eres mi primer amor. – Relajada. – Me devolviste aquella ilusión que había perdido.
Se sienta en mis muslos y mis brazos la envuelven.
– Y yo me siento suertudo por tenerte a mi lado. – Sonrió y beso sus labios con intensidad. – Y estaría dispuesto a hacer cualquier cosa por defender nuestro amor.
Sus ojos brillan con intensidad y mi corazón se derrite al verla de esa manera, tan hermosa y angelical. Mi mirada está llena de amor y cuando nos volvemos a besar, la beso con tanta necesidad, como si sus besos fueran el oxígeno que necesito para vivir.
Mis manos aprietan su cintura y la deposito con cuidado sobre el sillón, besando lentamente la piel de su cuello y mis manos se mueven traviesas por encima de su ropa, desabrocho su pantalón y mi mano izquierda se interna rápidamente, me encuentro con sus bragas mojadas y acaricio su clítoris por encima de la tela.
Sus manos tiran de mi cabello a la vez que un jadeo escapa de su maravillosa boca. La masturbo con agilidad y mueve su pelvis suavemente. Nos miramos con una excitación tremenda. Sus ojos marrones están dilatados gracias a la lujuria y con las manos temblorosas empieza a desvestirme.
A medida que fuimos desnudándonos, mis manos exploran cada rastro de su cuerpo que conozco y que adoro con todo mi ser, como se siente besar y oler cada rastro de su piel desnuda.
Cierro los ojos y jadeo cuando sus manos toman mi entrepierna dura. Me masturba lentamente y el momento previo antes de hacer el amor me esta calentando demasiado.
Ansió tanto hacerla mía y me pongo de pie, tomo su mano y hago que ella haga lo mismo. Ambos de pie, mis manos se mueven lentamente por sus clavículas hasta sus senos, pellizcando sus senos y noto que eso provoca que sus ojos se cierren y un suspiro placentero.
Poco a poco voy descubriendo lo que le gusta a medida que hacemos el amor, mi cuerpo se pega con el de ella y voy conduciéndola a la pared. La tengo de prisionera con mi mano y sigue sonriendo, mis manos van a su trasero y la alzo, sus piernas encierran mi cintura y palmeo su glúteo, lo hago dos veces y jadea despacio.
Estamos desesperados y acabamos con el juego previo. Agarro mi pene y la embisto con una estocada. Ella echa la cabeza hacia atrás al recibirme con sus paredes vaginales apretadas, gruño en voz baja al sentirla tan apretada y nuestras frentes se unen.
La agarro con fuerza y empiezo a moverme lentamente pero con dureza, cada embestida la hace gemir y mis ojos se mantienen en sus ojos, mirándola de cerca y solo mi cabeza baja para besar su piel sudorosa.
Ella apoya la cabeza en mi hombro y utiliza sus dientes para morder mi piel, no lo hace con fuerza y me excita está sensación.
Gemimos al mismo tiempo y puedo sentir como mi interior es una llama ardiendo al mismo tiempo que la hago delirar en cada embestida.
Narra Mercedes:
No soy capaz de apartar mi mirada de Leandro, a medida que me va penetrando con fuerza mi cuerpo tiembla cada vez más y siento como estoy cerca del orgasmo.
Mis brazos envuelven su cuello y mi pelvis se mueve con él, encontrando un ritmo que me hace gritar en medio de la lujuria y estamos empapados de sudor.
Mi espalda se arquea y mis uñas clavan su espalda blanca.
– No pares, mi amor. – Ruego y grito una vez más. – Sigue... así, así. Si, ahhh...
Sigue moviéndose tal cual lo pido y me rompo en pedazos, grito con fuerza al sentir el orgasmo a flor de piel y mi cuerpo tiembla sin detenerse.
Leandro deja de moverse pero se que no se vino todavía. Lleva mi cabello hacia atrás y su beso es delicado, pierdo la cordura al sentir su lengua dentro de mi boca y me toma con fuerza antes de llevarme a la habitación.
Nos acostamos en la cama y el se aleja un poco para colocarse boca arriba, me pide que me ponga encima y me acomoda para que mis piernas se coloquen alrededor de su rostro.
Mi respiración se detiene al darme cuenta de lo que hará y sostiene mis muslos.
– Tranquila mi amor... solo quiero que disfrutes.
Trago en seco y apoya las manos en mis caderas, tirándome hacia abajo y su boca besa mis labios vaginales. Mi respiración se paraliza y casi me olvide como respirar.
Su lengua serpentea en mi clítoris, provocando que una descarga eléctrica se expanda en todo mi cuerpo y no puedo mover por la fuerza que ejerce Leandro para que no me mueva. Me tiene a su merced y lo único que puedo hacer es tomar un poco de su cabello, tirando de este mientras el placer invade mi ser.
Mi espalda se arquea al sentir esas sensaciones placenteras que me da su lengua, introduciéndola en mi vagina y un grito se escapa de mis labios.
Puedo notar como el orgasmo se va a acercando con ocasionar un estallido en todo mi ser y largo otro grito.
– Por favor, mi amor. No se cuanto voy a aguantar.
Su lengua se mueve de arriba abajo, saboreándome como si fuese un dulce manjar y mis labios se secan, los humedezco con mi lengua y mis jadeos de lujuria invaden la habitación.
Me inclino hacia la pared y apoyo la pared en ella. Lo estoy disfrutando tanto y Leandro no deja de comer mi clítoris.
– Ohhh si. – Delirando. – Así me gusta... ahhhh.
– Me gusta tanto escucharte así. – Me da otra palmada a mi vagina. – Gime para mi.
Agacho la cabeza para mirarlo y mi amante está disfrutando de mi goce, moviendo su lengua sin parar y muevo mi pelvis en círculos. Le da varias palmaditas a mi vagina y provoca que me vuelva loca por completo.
Utiliza uno de sus dedos para introducirlo en mi vagina y me muerdo los labios al presentir el orgasmo.
Cierro los ojos con fuerza y mi cuerpo colapsa, temblando profundamente al llegar a la cima. Mi grito es gutural y Leandro me mira con una sonrisa traviesa.
Palmea mi trasero y me siento tan agitada.
– Quiero que me montes. – Me ordena.
Asiento enseguida ya que no puedo hablar. Nuestras respiraciones son aceleradas y le hago caso. Me siento encima de su pene erecto y lo tomo con cuidado antes de introducirlo en mi vagina.
Leandro larga un gemido placentero cuando mis paredes vaginales lo abrazan y sus manos aprietan mis senos. Puedo apreciar sus caricias que ponen mi piel de gallina y ambos nos entregamos por completo entre las sabanas.
Lo cabalgo con fuerza y puedo ver como el sudor aparece en su frente. Me palmea los glúteos cada vez que lo vuelven loco mis movimientos y nuestros gritos invaden en toda la habitación.
No podemos mantenernos callados y Leandro me repite una y otra vez que soy su diosa, que se vuelve loco por mi y que me ama.
Eso me deja al limite de la locura y ambos colapsamos al llegar a un orgasmo exquisito.
Me derrumbo derrotada sobre el colchón y me mueve como si fuese una muñeca de trapo. Abro los ojos y me mira con una sonrisa tan tierna, tarda un poco en hablar por lo cansado que está.
– Te amo tanto, mi amor.
– Yo también te amo. – Jadeo.
Besa mis labios y me quita la poca respiración que me queda, nuestras lenguas se enredan en el beso apasionado que nos estamos dando y quedamos acostados sobre la cama.
Una vez que paso el fin de semana, ambos estamos tristes al saber que tenemos que volver a vernos en secreto. Leandro no para de darme besos y no quiere alejarse de mí.
– ¿Podemos quedarnos un día más? – Hace puchero.
Suelto una risa y ladeo la cabeza mientras nos miramos con ternura. Que más quisiera quedarme con el un día más.
– Tienes que trabajar, mi amor. – Beso sus labios rápidamente.
– Voy a extrañar vivir estos momentos con vos.
– Pero podemos vernos con cuidado, si seguimos así nadie se va a enterar de nada.
– ¿Y cuando me reciba? ¿Qué va a pasar con nosotros? No podría soportar que me dejes.
Niego enseguida y mis manos se apoyan en su pecho.
– Te amo Leandro... aunque quisiera no podría dejarte. – Apoyamos nuestras frentes. – Te quedaste metido en mi corazón.
– Te amo mi gitana hermosa. – Emocionado. – No sabes lo feliz que me haces.
Besa la punta de mi nariz y se detiene para mirarme con amor. Esa mirada tan linda y sincera que tiene, me mata de amor.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top