Capítulo 17

Narra Barbara:

Estoy viajando hasta la casa de mi hermana y al llegar, aprieto el botón del timbre y espero varios minutos. En la espera, Mercedes no contesta y me acerco a las ventanas del frente. Están las cortinas cerradas y todo oscuro.

¿A dónde se fue? Ella nunca hace algo así.

Suspiro y busco la llave de su casa en mi cartera, por suerte la encuentro y abro enseguida la puerta. Al entrar, me encuentro con las luces apagadas.

Camino por todo el piso de abajo y subo las escaleras para ir a su habitación. La abro y reviso sus cosas, al abrir el placerd noto que algunas de sus pertenencias no están y cierro las puertas.

– Está se fue a un lado. – Susurro.

Hace años que no sale de vacaciones, viviendo presa en estás cuatro paredes y se me hace tan raro que lo haya hecho.

¿Dónde está? ¿Se fue con ese tipo?

Salgo de la habitación y regreso a la planta baja. Me voy acercando a la puerta de entrada y cuando abro la puerta, me encuentro con un hombre sosteniendo un ramo de flores y me apoyo en el marco de la puerta.

– Buenas tardes... ¿está Mercedes?

– No... se fue de vacaciones. ¿En que lo puedo ayudar?

– ¿De vacaciones? – Confundido. – ¿Con quién?

Sonrió con provocación y apoyo las manos en su pecho.

– No lo se... pensé que usted sabe algo que yo no sé. – Alzo las cejas. – Y por lo que veo usted se siente atraído por mi hermanita.

– ¿Qué quiere?

– Que sea mi aliado. – Entrecierro los ojos. – Quiero saber con quien está mi hermana y de paso usted puede hacer algo al respecto.

Su mirada es de plena confusión y queda en el limbo en cuestión de minutos pero se que va a terminar cayendo. Los hombres son tan imbéciles cuando están enamorados y voy a sacar provecho de este hombre.

– ¿Por qué siente tanta curiosidad para saber con quién está su hermana?

– Porque es mi hermana y quiero saberlo. – Levanta los hombros. – Además debes ser del conservatorio.

– Así es, trabajo con ella.

– Entonces es fantástico. – Me cruzo de brazos. – ¿Qué me dices?

– ¿Qué es lo que sabes de ese tipo?

Muevo los hombros y acomodo su remera antes de hablar. Me muero por saber que tiene para decir.

– Mejor no hablemos acá. ¿Qué te parece si vamos a otro lado y lo charlamos, cuñado?

El imbécil termina asintiendo y sonrió con satisfacción.

Narra Mercedes:

Mis manos descansan en su espalda mientras Leandro se mueve sobre mi, penetrándome una y otra vez. No se cuantas veces me he venido y estoy tan cansada.

A veces me olvido de la vitalidad que tienen los jóvenes con respecto al sexo y el no se detiene. Sigue con las embestidas y puedo escuchar sus gruñidos, su respiración errática haciendo cosquillas en mi cuello mientras besa con delicadeza mi piel.

– Por favor mi amor. – Agonizando. – Ahhh... estoy muy cansada.

– Eres tan exquisita... ver como tu cuerpo se baña en sudor y sentir como nuestras pieles se frotan cuando nos unimos. – Susurra en mi oído y me muerdo los labios. – me encanta como me miras cuando te mueres del placer... eres tan hermosa por dios.

Cierra los ojos y nuestros gemidos se mezclan en toda la habitación.

Cierro los ojos al sentir como el placer desgarrador me tortura de una forma exquisita., mis uñas se hunden en su carne y siento como estoy al borde de la cornisa. Los brazos de Leandro me abrazan con fuerza y arqueo la espalda al sentir como su pene se hunde más y más en mí.

Una descarga eléctrica envuelve todo mi cuerpo y mi boca no puede cerrarse debido a mis gritos de éxtasis, Leandro me besa apasionadamente y utiliza mi lengua para explorar mi boca.

Me pierdo por completo y nos venimos al mismo tiempo. Mi cuerpo se rompe y me siento tan sensible, todavía sus caricias se sienten en mi piel y el cosquilleo me hace temblar.

– Ay mi amor. – Gruñe con fuerza. – Te sientes tan bien.

Acaricia mi cabello despeinado y lo lleva hacia atrás. Me mira con una sonrisa tierna que me hace volar la cabeza.

Nos quedamos en la misma posición, acariciando mi rostro y llenándome de besos. Se acuesta a mi lado y sus brazos envuelven mi cintura.

– Creo que estoy destruida. – Suspiro y sonrió. – Pero me siento tan bien, eres un amante increíble.

Leandro rie suavemente y nuestras piernas quedan entrelazadas.

– Y esto recién empieza mi vida, solo quiero que te sientas amada en todos los sentidos. – Besa mi mejilla. – Pero quiero hacer otra cosa antes de seguir haciéndote mía.

Mis mejillas se ponen rojas al ruborizarme tanto y me apoyo en su pecho.

– ¿Qué tienes pensado? – Curiosa.

– Ya lo sabrás, mi vida. – Sonríe. – Mejor descansa un poco, te prefiero con energía.

Narra Ricardo:

Estoy sentado al frente de la hermana de Mercedes y ella se pide un té con limón, agarra un sobrecito de edulcorante y lo coloca en la taza antes de revolver con la cuchara.

– ¿Qué es lo que necesita saber? – Le pregunto.

– Sera mejor que me presente, me llamo Barbara.

– Ricardo.

– Bueno Ricardo. – Sonríe. – Necesito tu ayuda porque capaz vos sepas algo que yo seguramente no se.

– ¿Y qué seria?

– La viste a mi hermana con ese tipo.

Respiro hondo y recuerdo la fiesta de disfraces de casi un mes. No le vi el rostro por el disfraz pero me doy cuenta de algunas características.

– No se si era el. – Tomo mi café. – Solo vi a Mercedes con un hombre en la fiesta de disfraces, te imaginaras que no se quien es porque iba disfrazado del zorro. – Entrecierro los ojos mientras pienso por un momento. – Pero el tipo es alto y delgado.

Me tomo un momento para observar a Barbara y ella no me está mirando, su mirada está perdida y sus uñas golpean la mesa.

– Una vez mi hermana me pregunto si le creería a una persona que me declara su amor. La vi muy rara esa vez, como asustada.

– ¿Qué le dijiste?

– Depende de quien sea. Me conto que la beso y que se sintió muy bien pero sabe que no está bien porque es un muchacho joven.

– ¿Joven?

Esto tiene que ser una broma, ¿Cómo que está con un joven?

– Y después no me dijo nada más. ¿Tienes idea de quien podría ser?

– Si fue a la fiesta de disfraces me temo que es alguien del conservatorio.

– O Mercedes lo invito.

Golpeo la mesa y Barbara no se inmuta.

– Me niego a que ella este con alguien más joven que ella.

Me llevo las manos a la cabeza y resoplo.

– ¿Quién podría ser?

– Por eso quiero tu ayuda, quiero que seas mis ojos.

– Pero ahora es un poco difícil, recién la voy a poder ver en febrero.

– Me ocupare yo en este tiempo, tu procura de tener ojos por todos lados.

– ¿En serio te dijo eso del muchacho? Es que lo veo muy descabellado.

– Eso es lo que me dijo, no se cómo habrá hecho ese joven pero se ve que la impresiono. Aunque estoy segura que ese muchacho se está burlando de ella.

Aprieto los dientes al pensar en eso y mi respiración es pesada. Cuando sepa quien es ese desgraciado juro que voy a matarlo.

– Cuentas con mi ayuda. – Contesto. – Ese tipo no se me va a escapar.

Narra Mercedes:

Me estoy preparando para salir a pasear con Leandro. Quiero colocarme el collar pero mi novio es más rápido que yo.

– Mejor te lo pongo yo.

Corro mi cabello hacia un costado y me coloca el collar con cuidado. Una vez que me lo pone, apoya las manos en mis hombros y besa mi nuca con delicadeza. Cierro los ojos y jadeo en voz baja.

Me da la vuelta y sus manos se apoyan en mis mejillas, besándome los labios y mi cabeza se desprende de mi cuerpo.

– ¿Por qué no vamos con mi moto?

– ¿Con tu moto? – Asustada. – Pensé que seria mejor con el auto.

Leandro me mira divertido y toma mi mentón.

– ¿Todavía te da miedo?

– No te rías.

Golpeo suavemente su hombro y toma mi mano.

– Es mejor que te enseñe así no te va a dar miedo, es como cualquier vehículo.

– ¿Y si nos caemos?

– Te voy a cuidar mi amor. – Besándome con dulzura.

Tira de mi brazo con cuidado y salimos de la cabaña. Vamos a buscar su moto y me entrega el casco.

– Sube.

Le hago caso y pone detrás de mí. Me pide que coloque el pie en el pedal y agarra mis manos para llevarlo a las manijas de la moto.

– Coloca la llave y gírala, cuando arranque quiero que enciendas este botón. – Lo señala.

Hago lo que me explica y lo hago en el segundo intento.

– Muy bien mi amor. Ahora quiero que tengas presionado el embrague.

– Ay no se si está bien que lo haga. – Nerviosa.

– No va a pasar nada, te voy a cuidar muy bien.

Respiro hondo y mantengo presionado el embrague, la moto se acelera cuando giro la maneja y me pide que lo haga despacio.

– Ay... – Asustada.

Apoya su mano en la mía y me ayuda a que no se acelere tanto la moto. Mi corazón se acelera con fuerza y trato de respirar correctamente mientras la motocicleta va despacio.

– ¿Ves? Es muy fácil.

– Lo dices porque ya estás acostumbrado a una moto.

Trato de mantener el equilibrio mientras doblo y a medida que voy manejando un poco mejor los miedos que tuve van desapareciendo y llegamos a la avenida principal de la ciudad.

Bajamos de la moto y Leandro la asegura por seguridad. Toma mi mano y nuestros dedos se entrelazan. No puedo evitar mirarlo sin dejar de sonreír, tira de mi brazo para abrazarme y besa mis labios. 

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