Capítulo 13


Narra Leandro:

Estoy incomodo al saber que Belén me está acosando y no me gusta cuando se pone insistente.

– ¿Por qué no quieres salir conmigo?

– Porque no quiero. – Serio.

– Esa no es una respuesta.

– Ay Belén, ya. – Suspiro. – No me gustas.

Ella se inclina suavemente en la barra y sonríe.

– ¿Por qué se que me estás mintiendo?

– ¿Por qué no te vas? Estoy trabajando.

– Buenas tardes.

Mercedes aparece con cara de pocos amigos y me quiero pegar un tiro. Ay mi amor no es lo que te imaginas.

– Buenas tardes profesora. – Dice Belén. – ¿Cómo le va? ¿Qué hace aquí?

– Vine a comer algo, ¿y usted?

– A charlar con Lean.

– Estoy trabajando Belén. – La fulmino con la mirada. – Sera mejor que te vayas.

Ella me mira con seriedad y asiente a regañadientes.

– Está bien, ya me voy.

Belén se va rápidamente de mi trabajo y cuando estoy por hablarle a Mercedes, me responde tajante.

– Mejor no me digas nada.

– No paso nada... ella me insiste varias veces y no se que más decirle para que me deje tranquilo.

– No se nota. – Pone los ojos en blanco. – Ay Lean. – Hace una mueca. – Mejor dame un jugo de naranja y unos sanguches de miga.

– Mi amor.

– Mi amor nada, solo quiero que me des la comida y me voy de acá.

– No te pongas celosa, te estoy diciendo la verdad.

– No estoy celosa.

– Belén no me gusta, vos lo sabes.

Ella se cruza de brazos y no dice nada, suspiro y le entrego las cosas, me entrega el dinero y antes de que se vaya tomo su mano.

– Te amo.

Suelta mi mano y se va enseguida de la cafetería. Me llevo las manos a la cabeza y trato de calmarme. Después arreglare las cosas con ella.

Pero que linda que se ve enojada y celosa.

Narra Mercedes:

Estoy tan enojada que hasta se me quito el hambre, como quisiera matar a esa estúpida por estar arrastrándose por Leandro.

Y encima le dice Lean, yo la voy a matar. Entro a mi auto y dejo las cosas en un costado. Arranco el motor y me voy de allí.

Al entrar a mi casa, cierro la puerta con fuerza y me voy al baño para darme una ducha a ver si me calmo un poco.

Dios... estoy tan celosa que no me acostumbro a esto. Es completamente nuevo para mi y eso me pone más enojada.

Me quito la ropa y abro la llave de la ducha. Entro enseguida y respiro más tranquila al sentir el agua helada en mi cuerpo.

Al rato, salgo del baño solamente con la ropa interior puesta y la cubre una bata blanca. Me acuesto en la cama y perdí el conocimiento casi enseguida.

Más adelante, el hambre hace que me despierte y me levanto de la cama. Me estiro suavemente y salgo de la habitación.

Bajo las escaleras y escucho el timbre de la casa.

– Ya voy. – Grito.

Me acerco a la puerta y cubro mi escote al cerrar más la bata. Abro la puerta y mis ojos quedan estáticos al ver a Leandro disfrazado de cartero. Sostiene un ramo de flores y extiende sus brazos.

– Llego su correspondencia.

Me cruzo de brazos y lo veo tragar saliva.

– Por favor mi amor, hablemos.

– Entra antes de que me arrepienta.

Lo dejo entrar y suspiro.

– Es riesgoso que te vean aquí.

– Por eso me disfrace. – Sonríe y toma mis manos. – ¿Te gustan las flores?

– Son muy lindas. – Las huelo y me obligo a permanecer seria.

– Perdón mi amor, se que estás molesta pero no es lo que piensas.

– No estoy enojada con vos, solo que a tu amiguita me dan ganas de darle una patada en el culo.

Suelta una risa y arqueo una ceja.

– ¿Qué te da tanta gracia?

– Es que me gusta verte celosa. – Sonríe. – Te hace más irresistible y más con esa bata.

Me abraza suavemente y quiero resistir, sin embargo, gimo cuando me besa con sorpresa y bajo la guardia.

Sus besos nublan mi mente y envuelvo mis brazos alrededor de su cuello. Mis dedos se hunden en su cabello y masajeo suavemente su cuero cabelludo.

Largo otro gemido al sentir como sus manos se adentran en mi bata y tiemblo al sentir su mano varonil sobre mi cuerpo. Llevo la cabeza hacia atrás y sus labios se van desparramando por mi mentón hasta mi cuello.

Mi boca queda ligeramente abierta mientras disfruto de sus caricias. Tiro de su cabello al sentir un cosquilleo por todo mi cuerpo y mis manos se desparraman por toda su espalda.

Permanecemos abrazados y de un momento a otro me toma en brazos. Volvemos a besarnos y en el beso muerde ligeramente mi labio, haciendo que muera de placer por dentro.

Mis bragas se mojan en un segundo y puedo sentir que su entrepierna está hinchada. Mis sentidos están alterados por darme cuenta de lo que está por suceder.

Llegamos a la habitación y me baja, apoyo los pies sobre el suelo y sus manos se apoyan en mi cintura.

Nuestras miradas se cruzan y no hablamos, unimos nuestras frentes y sonríe suavemente.

– No hare nada que no quieras. – Susurra. – No hasta que te sientas lista.

Sonrió suavemente y mis ojos se llenan de lagrimas de emoción. Besa la punta de mi nariz y mi piel se estremece.

– Estoy lista.

Mis manos se apoyan en su pecho y van desabrochando de a poco su camisa, deslumbrándome con su pecho desnudo y lo deslizo por sus brazos hasta que cae al suelo.

Me mira con tanta dulzura y deseo que no se donde meterme, es tan nuevo para mi que alguien me mire de esa manera pero desde el día que me percate de su existencia siempre me gusto como sus ojos me miran, como sus brazos me protegen y como sus labios me besan.

Su torso queda desnudo y me inclino suavemente para besar sus hombros, lo escucho suspirar y me voy deslizando suavemente hacia su pecho, dándole rápidos besos y su mano se apoya en mi cabeza, acariciando mi cabello y tira de el hacia atrás.

Su respiración es pesada como la mía y me besa apasionadamente. Sus manos van al nudo de mi bata y la desata, sacándomela rápidamente y sus ojos se abren al ver mi cuerpo en ropa interior.

Me mira con excitación y deseo, esa mirada me saco completamente el miedo de que me vea desnuda y sus besos me arrebatan el alma poco a poco.

Jadeo suavemente al sentir sus besos húmedos en mis hombros hasta llegar al escote de mis senos.

Las caricias y los besos me dejan sin respiración y ya no puedo pensar. Me lleva a la cama y me acuesta con cuidado, tratándome como si fuera una muñeca de porcelana.

Al estar acostados, me va quitando el brasier y solo quedo con las bragas puestas.

Sus labios se van desparramando por todo mi cuerpo y no puedo dejar de jadear al sentir las sensaciones de mi cuerpo, despertando a la mujer que dormía en mi interior.

Baja despacio hasta llegar a mis bragas y me levanta un poco las piernas para sacármelas, las tira suavemente en el piso y separa mis piernas.

Mi boca queda entreabierta y contengo la respiración cuando sus labios quedan cerca de mi vagina, trago en seco y mis ojos se cierran al sentir su lengua deslizándose suavemente en mi clítoris.

Echo la cabeza hacia atrás y sin quererlo, mi cuerpo empieza a moverse al sentir las vibraciones. Leandro sigue adelante con su lengua y se interna en mi interior.

Narra Leandro:

Mi lengua serpentea sobre su clítoris y escucho como empieza a jadear de placer, dejándome más duro de lo que estoy y sigo adelante con mucho deleite.

Mis ojos la miran con devoción al mismo tiempo que Mercedes arquea su cuerpo y uno de mis dedos se internan en su interior. Está tan mojada que puedo probarla completa y es tan deliciosa que no puedo parar.

No soy capaz de detenerme y sus gritos se escuchan en toda la habitación.

Utilizo dos dedos para darle placer y empieza a balbucear en medio del placer.

– Ahhh... – Arquea su espalda. – Me vengo... uhhh. No pares... – Ruega.

Cierra los ojos con fuerza y sigo adelante, no voy a parar hasta darle el primer orgasmo que merece y en pocos minutos, se rompe en pedazos y tira de mi cabello mientras llega al climax.

– Dios...

Su respiración es errática y sonrió satisfecho al probarla completamente. Me acerco a ella como un animal hambriento y mis labios comen su boca, nos besamos como locos y rodamos en la cama.

Mercedes jadea cansada y se sienta sobre mi pene hinchado, lo agarra con suavidad y me masturba mientras nos miramos con amor y deseo.

Ambos perdimos la cabeza y nuestra entrega es completa al sentir sus paredes vaginales apretando mi virilidad. Está tan apretada que mi piel se eriza y largamos un gemido al mismo tiempo.

Me siento sobre la cama y mis labios atacan sus senos pequeños, con la punta de mi lengua juego con sus pezones rosados y vibramos cuando empieza a moverse de arriba abajo.

Me cabalga con suavidad y nuestros gemidos de placer se mezclan. El sudor aparece en nuestros cuerpos y se mezclan, puedo oler su exquisito aroma de mujer y ella sigue gritando de placer, perdiéndose en la lujuria y en el delirio.

Esto es tan mágico, estoy compartiendo este maravilloso momento con la mujer que amo y no quiero que termine.

Mercedes llega al orgasmo varias veces hasta que siento como me voy a venir. Damos la vuelta y quedo encima a lo que la beso con ternura, moviéndome con fuerza y gruño al sentir sus paredes hinchadas.

Se siente tan bien estar dentro de ella, sentir su piel sudorosa chocando contra la mía hasta que ambos llegamos a la cima y gritamos de placer.

Mi rostro se oculta en la curva de su cuello y mi respiración falla.

– Te amo tanto. – Suspiro y beso su cuello. – Eres todo lo que siempre me imagine que serias.

– ¿Co... como? – Jadea cansada.

– Hermosa por fuera y dentro, inteligente, bondadosa... con un alma tan sensible como la mía. – Beso su mentón. – Me estoy dando cuenta que nacimos el uno para el otro. – Enamorado. – Te encontré como mi alma gemela.

Sonrió lleno de felicidad y la beso con mucho amor. 

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