¿Qué pasa conmigo?
By Izuku
Estaba jodido.
Después de platicar con mi madre, la nueva perspectiva me había hecho reflexionar en todo lo malo que estaba haciendo con mi vida últimamente, en cómo mis acciones no estaban siendo las mejores ni de lejos.
Yo mismo me había auto impuesto alejarme de Katsuki Bakugō, mantener mi distancia al menos hasta que las cosas se arreglaran.
Entonces, si lo mejor era alejarme de él, ¿por qué me había arrojado tan urgentemente a sus brazos en el momento en que había puesto un pie dentro del baño conmigo?
La primera vez que nos encontramos solos en los baños de la academia, él me trató con desprecio.
La segunda, únicamente me ignoró.
¿Cómo es que en la tercera habíamos terminado de este modo?
Dios mío, olía tan bien.
Me encantaba descubrir facetas nuevas de Katsuki, como cuando había sido amable conmigo y se había preocupado por mí después de la fiesta de disfraces, o como cuando se había emborrachado y había sido cien veces más gracioso en mi departamento. Sí, me fascinaba encontrar más allá del chico eternamente molesto con el mundo, sólo que esto.. esto era demasiado.
En verdad nos estábamos besando, y no se trataba de un beso suave, pequeño, rápido. No, no era nada comparado al fin de semana que habíamos pasado juntos. Nada que hubiese experimentado antes con nadie.
En lo absoluto. Este beso era sediento, feroz, era un beso que me exigía y lo hacía tanto que el alfa y yo terminamos contra la pared sosteniéndonos ambos el uno al otro con posesividad, como si ya supiéramos que teníamos dueño.
¿Qué era?
Sus feromonas olían aún más deliciosas que de costumbre, ni siquiera aunque hubiese querido hacerlo, habría podido apartarme. No, lo cierto era que yo deseaba estar ahí.
Cuando nos detuvimos un poco en busca de aire, Katsuki me observó durante un momento de un modo en el que nunca antes me había observado. Su mirada ardía, provocando una serie de olas de calor que comenzaron a recorrer todo mi cuerpo.
Sin darse más tiempo para descansar, una vez más se lanzó hacia mí, besándome con la misma intensidad que al principio, quizá un poco más violento.
Jamás había sentido algo parecido, nunca en mi vida había experimentado una sensación tan placentera o tan demandante. Supuse que ese era el verdadero poder que un alfa tenía sobre un omega.
Era como si estuviera evaporándome lentamente, pero al mismo tiempo como si una ráfaga de descargas eléctricas me azotaran las cervicales y se extendieran por mis extremidades haciéndome hormiguear, despertándome.
Se sentía delicioso.
Estaba tan perdido en mis emociones que no me di cuenta sino ya tarde del camino de besos que plantaba sobre mi cuello mientras mis manos se encargaban de acariciabar su espalda por debajo del uniforme, explorando su piel ardiente.
Mientras los segundos transcurrían podía percibir mejor como un bulto firme chocaba contra mi abdomen. Aquello me puso más de lo que era capaz de explicar.
Al final ninguno de los dos se detuvo a pesar de que ambos éramos conscientes de la presente erección de Katsuki.
Me sentía vulnerable. Apenas habíamos estado dentro de ese baño unos cuantos minutos, pero yo ya había perdido el pudor y estaba dispuesto a hacer algo de lo que no me imaginaba capaz hasta ese entonces.
— Kacchan — lo llamé impasible mientras dirigía una de mis manos a su pantalón.
Él me miró con sorpresa. Ambos sabíamos lo que planeaba hacer, y ninguno se detuvo.
— Kacchan, yo..
*Toc Toc toc*
— ¿Eh?
— Carajo.
"Oye, hermano, ¿todo bien?" se escuchó al otro lado de la puerta.
Ambos cruzamos miradas y de inmediato regresamos a la realidad.
Mierda.
Nos habíamos dejado llevar.
— S-Sí, idiota — vaciló. — ¿Qué se te ofrece?
Katsuki puso el índice sobre sus labios, indicándome guardar silencio.
Yo me quería morir ahí mismo.
— Es que me preocupó la forma en que nos dejaste allá. Hoy estás actuando muy extraño , y bueno.. — se detuvo un segundo. — Olvídalo. Sólo quiero asegurarme de que estás bien, ¿sí?
— Me duele el estómago, eso es todo.
— ¿Seguro?
— ¡Sí, ya vete!
— De acuerdo. Voy a regresar con los demás, pero si en cinco minutos no vuelves con nosotros te juro por tu patético trasero malhumorado que entraré por ti a la fuerza.
— Es un dolor de bolas — Katsuki siseó en un tono bajo para que únicamente yo pudiera oírlo.
— ¿Entendiste?
— ¡Ya lárgate!
Su amigo no respondió. Los dos nos mantuvimos extremadamente quietos durante lo que a mí me parecieron horas, por mi parte con miedo incluso de respirar y terminar siendo descubiertos.
Después de asegurarnos que Eijiro se encontraba lo suficientemente lejos de nosotros, yo fui el primero en hablar.
— Kacchan..
— Lo lamento.
— ¿Perdón?
— No quería que esto pasara — admitió, aún se hallaba exaltado, pero también apenado. — Es decir, claro que quiero.. ya sabes.. quiero muchas cosas contigo, es sólo que no de este modo, no en unos estúpidos baños. Yo no vine para esto.
Ambos guardamos silencio, lo suficientemente avergonzados como para seguir con aquella conversación, hasta que Katsuki una vez más agregó:
— Escucha, vine porque quiero saber por qué diablos me estás evitando.
— Kacchan..
— No no, déjame terminar — me interrumpió. — Si tú en verdad piensas que lo mejor es alejarnos, lo entiendo.
— Kacchan..
— Si realmente lo piensas así, entonces puedo mantener mi distancia.
— Kacchan..
— Lo único que te pido a cambio es que no me des ningún tipo de esperanza de mierda, porque si lo nuestro no está destinado a ser, pues que no lo sea y punto. Me esforzaré en dejarte ser feliz si tú te comprometes en no ilusionarme más.
— ¡Katsuki!
— ¿Qué?
— ¿Tienes planes hoy en la tarde? — me observó como si me hubiese crecido una segunda cabeza. — Quiero decir, tus amigos te están esperando y no me gustaría que Eijiro entrara y nos encontrara a los dos.
— ¿Planes? — preguntó como si aquello fuera la propuesta más extraña que hubiese escuchado en la vida.
— Creo que lo mejor es que continuemos con esto en otro lado, más tranquilos.
Lo pensó un poco.
— T-Tienes razón — balbuceó. — Lo mejor será hablar las cosas en otro lugar, no en la academia. Aquí nos arriesgamos demasiado.
— ¿A qué hora puedo verte?
— ¿Te parece a las cuatro?
— De acuerdo. a las cuatro en mi departamento.
— Bien, pues.. supongo que te veré ahí.
Un silencio incómodo se hizo presente de nuevo, pero como siempre, el alfa sabía arreglárselas para continuar.
— Entonces.. lo que pasó hace un momento..
— No, lo hablamos allá — lo frené. — Ahora enjuágate y sal antes de que tus amigos vengan a buscarte.
— ¿Quieres que yo salga primero?
— Sí, me enjuagaré también y saldré después — expliqué, observándome en el espejo, intentado acomodar el desorden de mi cabello gracias al beso que habíamos compartido.
— Como gustes — se encaminó hacia la puerta, no sin antes olfatearme entero. — Aunque me encantaría que salieras oliendo de este modo.
— Tú lo dices porque huelo a alfa.
— No, no a cualquier alfa, hueles a mí.
No dije nada. No supe qué responder.
— Pero bueno, me voy. Por cierto, si no quieres hablarme durante las próximas clases.. creo que lo entiendo, pero agradecería que no me trataras como un cero a la izquierda. No te hará daño devolverme un saludo.
Me limité a asentir.
— Nos vemos a las cuatro, Kacchan.
Nos lanzamos una última mirada antes de que saliera del baño.
¿Qué pasaba conmigo?
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