Introducción-Rebeca
El motivo por el que me estaban mandando allí era asqueroso. Todos sabían que mi padre y su hermano nunca se llevaron bien, pero últimamente mi tío estaba haciéndose muy rico. ¿Adivinais quien tenía que meterse en medio para que mi padre recibiera ayuda económica? Exacto: yo, su sobrina favorita.
Lo único que me animaba un poco a ir a la fiesta de mi tío Magí es que Blas estaría allí. O eso prometió, porque tras diez minutos dando vueltas, no estaba con ninguna parte. Para ser sinceros, no dejaba de dar vueltas sobre mí misma en su busca. Por si fuera poco, había un chico rubio que no dejaba de repasarme con la mirada, dándome bastante yuyu. Estar sola en un sitio como este me estaba poniendo muy nerviosa.
Me giré para evitar al rubito acosador, con tan mala suerte que apoyé mal sobre mis tacones de aguja y casi me caí. Repito: casi. Acabé agarrada al hombro de un chico que hablaba con otra persona. Este pegó un respingo del susto. Solo a mí me salen las cosas tan mal.
—¿Estás bien? ¿Te duele el tobillo? —Se preocupó una vez se repuso del susto.
Sonreí lo mejor que supe , aunque me estaba matando el tobillo.
—Un tropezón sin importancia. —Me encogí de hombros. Odio dar pena y darle importancia a algo tan pequeño como esto.
Me sonrió y se volvió hacia su amigo, pareciendo más tranquilo que cuando me caí. Mordiéndome el labio, cojeé de manera muy ridícula hasta el sofá, justo cuando Blas se dignó a aparecer. Curiosamente ni el chico rubio acosador ni el moreno al que me había agarrado lo miraron.
—¿Qué te ha pasado? —Arrugó la frente. Tanto tiempo juntos, y esa era su expresión de "preocupación" por mí. Me la sabía de memoria. Hasta el que no me conocía tuvo más empatía.
—Estoy bien, no te preocupes. Ya sabes cómo soy, siempre tropezándome. —Volví a forzar una sonrisa. Esta vez, me arriesgaba a que mi novio me pillara.
—Ten más cuidado a la próxima, Becky... —Me regañó con dulzura y me besó.
Pasamos buena parte de la noche hablando con mi tío, ya que no conocíamos a nadie más. Cuando Blas fue al baño, Magí me presentó a varias personas, entre ellas a Álvaro, el chico al que me había agarrado minutos antes. Fue ahí cuando me di cuenta de que algo estaba pasando. Algo muy extraño. Pude observar que ni Álvaro, ni el chico rubio, ni mi novio se cruzaron en ningún momento, como si no estuvieran destinados a conocerse. Pero lo dejé pasar, aún sabiendo que era la segunda vez que ocurría.
Poco después, un youtuber llegó tarde y se unió al desmadre. Y después otro chico, que decía que iba a representar a España en Eurovisión. Y ellos se unieron al club de ignorarse entre ellos.
¿Solo a mí me pareció extraño? ¿De verdad fui la única en toda la fiesta que notó que no se cruzaron ni una vez? Y aquí es donde comienza la historia. Estamos en 2017, casi ocho años después... y las cosas están por cambiar
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