Capítulo 34-Blas
Me va a dar un ataque de ansiedad. Y no me da miedo decirlo. No puedo hacerlo. No puedo plantarme frente a ella y disculparme. ¿Cómo se supone que me va a perdonar después de lo que hice? Y sin ningún motivo, además. Ya lo dijo Dani, ella estaba borracha, no fue su culpa. Dios, soy tan estúpido...
La puerta se abre y me giro. Rebeca entra centrada en una carpeta, pero no tarde en levantar la cabeza y verme. Su cara no parece muy agradable en estos momentos.
—Lo siento, pero no puedes estar aquí. —Habla, seca—. Es solo para empleados, tienes que marcharte.
—He venido a hablar contigo.
—¿Tú también? —Se cruza de brazos.
Oh, Dios. Con Dani no ha salido bien... Seguro que ella le ha gritado... y yo soy un idiota por no haber llamado a Dani antes de venir.
—Quiero arreglar esto. Entiendo que con Dani no haya salido bien, pero nosotros nos conocemos desde hace mucho tiempo...
—Espera —me interrumpe—. ¿Qué te hace pensar que Dani y yo no lo hemos arreglado?
—Pues... Yo... —balcuceo como un niño. Y también lo parezco.
—Dani me besó, solo eso. Yo he besado a más de una persona y luego me he arrepentido. Pero tú. —Corta la frase de golpe y aprieta los labios. Mira sus botas. No sé en qué piensa, ni siquiera yo estoy pensando con claridad.
—Escucha, no te estoy pidiendo que volvamos ni nada por el estilo. Solo quiero que me des la oportunidad de demostrarte que solo fue una vez. Y, como ya te he dicho, me conoces de bastante tiempo como para pensar así de mí. No soy un desconocido.
—A partir de ese momento, lo fuiste. Cuando te miré, no quedaba nada del Blas que me ayudó a adaptarme al nuevo instituto, del Blas que me llevó a un picnic cuando fuimos a Cantabria..., del Blas del que me enamoré.
Sus ojos están cristalizados, y temo estar así yo también. Entonces, contra todo pronóstico, se abalanza sobre mí y me abraza con fuerza. Sin siquiera darme cuenta, los dos estamos llorando a lágrima viva.
—No quiero seguir odiándote...
—Te quiero. Lo sabes, ¿verdad?
La noto sonreír, aunque no quiero mirarla y estropear este ambiente.
—Yo también te quiero —susurra con dulzura.
Escucho un golpe en la puerta, pero no le doy importancia. Se suelta y estrechamos las manos.
—¿Amigos?
Asiente, parece realizada.
—Amigos.
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