Capítulo 17-David
Camino tan rápido en círculos que me temo que en cualquier momento me marearé. Los nervios me delatan. Miro una vez más el móvil. Me quedé con el número de Rebeca y le estoy haciendo uso. Y no, no penséis mal, no voy a salir con ella. Solo quiero hablar con alguien del sexo femenino sobre cómo debería conquistar a Eli.
—Buenos días.
Me giro y me la encuentro con una sonrisa. La rubia habrá dormido bien.
—¿Te invito a un café y hablamos? —Me ofrezco.
—He desayunado en casa de mi mejor amigo, no es necesario.
—Entonces... ¿Cuál es tu opinión del tema?
—Creo que si de verdad estás tan enamorado como dices deberías demostrárselo.
—Pero ya se lo confesé... —suspiro.
Exhala y se muerde el labio. Ahora parece agotada, como si me lo tuviera que explicar todo. Ahora entiendo lo tonto que se siente un niño pequeño.
—¿Nunca te han dicho que una imagen vale más que mil palabras? —Asiento, extrañado—. Pues eso es lo que tienes que hacer: demuéstraselo con acciones, no con palabras.
—¿Es decir...? —Con la mirada la animo a que siga hablando.
—Que hagas algo bonito por ella. Algo que no vaya a olvidar tan fácilmente.
—¿Se te ocurre algo?
—Tú no eres muy romántico, ¿verdad? —Se ríe.
—Quiero intentarlo. ¿Qué te gustaría que te hicieran a ti? Algo que jamás olvidarías.
Parece pensárselo un poco antes de responder, pero finalmente asiente, sonrojada:
—Que esa persona fuera capaz de hacer algo que odia o que le da pánico por mí.
—¿En serio?
—Sí. —Sonríe como una boba. A esta le gusta alguien—. Eso demostraría que esa persona haría cualquier cosa por mí, incluso odiándolo.
—Es bonito...
—Bien, hablemos de ti. ¿Qué cosa que odias estarías dispuesto a hacer por ella?
Me lo pienso, haciendo un globo con las mejillas. Es complicado en realidad. Si odio algo, no creo que me vaya a poner a hacerlo por amor.
—¿Te gusta bailar?
Niego levemente.
—No es que no me guste, pero no bailo demasiado bien y me moriría de vergüenza delante de alguien.
—Ahí lo tenemos. —Se echa hacia atrás en la silla—. Bailarás para ella, quizás de manera ridícula, pero funcionará.
¿Qué? Ay, Dios mío. ¿Se ha vuelto loca?
—No. —Me niego rotundamente.
—Dijiste que querías mi ayuda. Yo ya te he dado mi consejo. Puedes cogerlo o no. Yo tengo que irme a ver a Carlos. Tengo mucho que hacer.
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