Capítulo paralelo 2



—PRESENTE—

—Ya, déjate de juegos, sabes muy bien lo que somos— se aparta Rebeca empujándole las manos. Cristian levanta el entrecejo con un aire aliviado en su pecho—Pequeña— responde Bartolomé con su voz de actor en radio—Ya lo que pasó, pasó, sé que fue un error, no volverá a pasar.

—Lo siento, pero ya fui clara con mi decisión— expresa de forma seria extendiendo sus pies para agarrar vuelo en la ida—Vámonos Cristian.

—Rebeca por favor—Extiende sus palmas— ¿Así vas a dejar todos los años que estuvimos juntos?— ella camina sin responder y Cristian gira su atención en él y luego a la chica, la ve con la cabeza baja y una mirada atribulada—Sabes, no puedes terminar lo nuestro con un simple mensaje de texto ¡e irte así de repente!—Expone Bartolomé en voz alta y algunos transeúntes se detuvieron a escuchar la escena—Rebeca explícame porque, Rebeca, no es justo, Rebeca, REBECAAAAA...

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—Capítulo 22: "Perdida"—

Desde hace muchos años conocí a ese chico alto de mirada encantadora y una despampanante sonrisa, en mi curso de guitarra pues era el asistente de mi profesor. Con el tiempo empecé a obtener mucho más su atención que a los demás e incluso se quedaba al final de la clase a charlar conmigo, me encantaba su compañía, era muy halagador y bien guapo. Con el pasar de los meses manteníamos contacto, después del curso seguíamos escribiéndonos, al principio era una vez a la semana preguntando si vendría a la clase hasta que después era casi todo los días, me encantaba la atención que me daba y desde allí comencé amarlo.

Al principio era miel sobre hojuela, era bien atento, divertido y servicial, a veces sin que mi padre se enterara salíamos, cada vez lo quería más, quería estar a su lado por siempre, quería declararle mi amor, estaba dispuesta a ir al siguiente nivel a formalizar nuestra unión pero en ese tiempo las cosas fueron cambiando. De vez en cuando mostraba mis afectos de cariños y se veía que le gustaba al igual que a mí pero todo a escondida, a él no le gustaba que nos vieran, como si se estuviera ocultando de alguien, eso me extrañaba y más cuando venía alguien conocido o un amigo suyo porque me trataba como si tan solo fuese una simple conocida para él y no algo más.

Pasaba el tiempo y me preguntaba — ¿Por qué no me pide el noviazgo?— era la inquietud de todos mis días—¿Será que es tímido para el amor?, cuando estaba con el buscaba la manera de llegar al tema pero de la nada cambiaba a otro como si no quisiera hablar de eso, hasta que por fin me desesperé y se lo propuse. Estaba emocionada, quería ver su expresión de alegría y alivio, sentir algo de lo que se ve en esas películas que veía mi mamá pero, fue todo lo contrario, si, sonrió y vi una tez más rosada en sus mejillas pero tenía una mirada no muy complacido como si la propuesta fuese un fastidio o incomodidad suya. Baja el rostro de forma pensante y me dice —Pequeña, sabes que te quiero mucho y estoy seguro de que lo sabes pero, no podemos apresurar las cosas así. No por ahora.

—Pero... ¿Por qué? Tú me quieres y yo también ¿Por qué no?

—Es difícil pequeña, créeme que lo hago por tu bien, sabes que soy mucho mayor que tú y no creo que a tu padre le guste, no quiero causarte ese desagrado.

—Pero no entiendo, si para el próximo año cumplo dieciocho, solo me falta un año para ser mayor a igual que tú

—Si comprendo pero las cosas son diferentes.

— ¡No es justo!

Veo que baja la cabeza tratando de no ver mi rostro pues yo estaba a punto de soltar una lágrima, siento que me acaricia la cabeza, subo mi frente y veo sus brillantes ojos enmarcados en una mirada comprensiva diciendo lo que dijo...

*********

Han pasado un año, faltaba días para que llegara la fecha de mi cumpleaños número dieciocho —Dieciocho— pronunciaba ese número con tanta dulzura que sentía que estaba saboreando un rico helado de chocolate con galletas , cada día, veía con entusiasmo el calendario marcando una equis "X" el día anterior, la fecha 29 de Julio estaba marcada en un enorme círculo rojo, veía ese número, fijamente imaginando el día y la hora del inicio de mi nueva edad, recordando las palabras de Bartolomé "Cuando cumplas dieciocho seremos novios, te lo prometo" esa promesa dicha hace más de un año y medio me temblaba el piso, contaba los días restantes como si tarareará una bella canción —1,2,3,4,5... 20, faltan veinte días para mi cumpleaños— musitaba con un entusiasmo, viendo el brillo de mi mirada en el espejo, casualmente esa fecha era un día después de la graduación.

Me acuesto en la cama e imaginaba un cuento de hadas estando a su lado como una pareja formal de novios, por fin podía agarrarle la mano, sentir su calor sin que él diga "Detente nos van a ver" por fin podía darle un beso, completo, en pura pasión y no mero gesto de amor, sin el temor de una mirada indiscreta, seguía fantaseando hasta crear una escena del día de nuestra boda y tener en mi identificación el apellido "De Salvatore". Era la persona con que quería vivir el resto de la vida. Esa fecha se estaba convirtiendo en mi pequeña obsesión, pero, no me importa, si es por amor vale la pena.

Bartolomé Salvatore es mi primer amor, el chico alto y encantador que conocí en esa clase seria mi hombre y yo su mujer, cada mañana le escribía <<"Amor faltan 25...23...20 días para estar juntos">> como si fuese la rutina de lavarse los dientes, es más, antes de caer en el aseo matutino veía primero el calendario y luego le escribía pero no respondía.

Los días pasaban, cada vez lo veía menos, ya ni siquiera me escribía, le llamaba, el teléfono repicaba pero no respondía— ¿Qué le habrá pasado?—inquiría con mucha preocupación, deseando a que esté bien. Al día siguiente me decidí a visitarlo, le escribí <<"Tengo tiempo que no se de ti, estoy preocupada así que voy a tu casa">> en cuestión de segundos suena mi teléfono, era un mensaje <<"Hola pequeña, estoy bien, tan solo eh estado ocupado en estos días y estuve un poco enfermo, así que no te molestes">> insisto <<"No importa, solo quiero verte, voy para allá">> suena otro mensaje

<<"Pequeña ya te dije que estoy bien, además la casa esta desarreglada y no te gustará mi desorden">>

<< "No importa voy para allá" >>

Suena una llamada, era de él, contesto —Hola amor.

— ¡Rebeca, no insistas enserio me siento muy mal y no quiero enfermarte!

—Pero me dijiste que estuviste un poco enfermo ¿Qué pasó? ¿Qué tienes?

—Lo dije para no preocuparte, estoy mejor pero no quiero que me veas en estas condiciones, es capaz que te de asco de mí.

—Tranquilo, aunque estuvieses bañado en moco y saliva igual te seguiré queriendo amor.

— ¡Rebeca por favor, no! mañana si amanezco mejor te llamo ¿Ok?

—Está bien

—Perfecto, cuídate

—Hablamos mañana y que te mejores, te quiero mucho.

(Se cuelga la llamada)

Bajó los hombros con un suspiro desanimada pero aún seguía decidida, no me importaba si estuviese hasta oliendo a caca, estaba resuelta a visitarle, si eso le iba a molestar, tan solo quería escuchar su voz y sentir el dulce calor de su presencia.

Cuando por fin llego me abre una señora de mirada cansada y cálida a la vez, cabello castaño claro, de piel clara y cuerpo encorvado pero aún conservada su forma jovial, era su madre —Hola señora Patricia— sonreí guardando dulzura.

—Hola preciosa, me alegro de verte, mírate, estas más bella que la última vez que te vi ¿Cómo has estado?

—Gracias y usted sigue viéndose joven, enserio, eh estado bien. Quise venir a ver a Bartolo.

—Ayyy... linda él salió hace una hora

— ¿Salió?

Asiente la señora—Si, no sé a qué hora regresará, según me dijo que la función comienza dentro de media hora.

— ¡Función!... ¿Fue al cine?

—Sí, pensé que saldría contigo. Lo vi muy elegante y guapo

—Ah... ok pues... lo vendré a visitar otro día, fue un gusto a verla visto

—Igual el gusto es mío linda, pero ¿Le digo que viniste a visitarlo?

— ¡No!— extiendo mis palmas enfatizando—No se moleste, no importa, hasta luego.

—Hasta luego mi niña.

Cierra la puerta, estaba inmóvil, ya no hallaba en que pensar, si en este momento viera mi rostro no sé cómo lo definiría — ¿Por qué me habrá mentido?— me preguntaba con mucha pesadez en el corazón. Caminando buscaba muchas escusas para justificar su mentira pero algo me decía en lo más profundo de mi ser "Te está engañando" prefería imaginar que estaba viendo película con sus amigos y no quería que le molestara en vez de estar con otra. Confió en él, no es esa clase de hombre, estoy segura pero el extraño dolor que padecía por dentro no lo amortiguaba aunque pensara las mil y un razones justificables de su mentira.

Al día siguiente esperaba con entusiasmo su llamada, era la hora del receso, intenté llamarle pero seguía sin contestar — ¿Por qué no contestas?— inquiría desesperada entristeciendo la mirada, estaba cansada, me restriego los ojos, no quería llorar pero una lagrima logró resbalarse en la mejilla, cuando subo la vista observa del otro lado de la cancha a un chico de tez débil y una mirada triste con el cabello semi ondulado leyendo una revista de "Nintendo", no sé por qué pero me llamaba la atención aquel inusual joven como si observara una perlar metida en una fea ostra, algo en él me atraía y me daba mucha curiosidad saberlo. Por un instante olvido mi amargo dolor deseando hablar con aquel chico, por lo visto le gusta los videojuegos cosa que a mí me apasionaba pero lo guardo con sumo secreto, encerrado por el candado de mi silencio ya que no tengo con quien compartirlo, temo quedar en ridículo pues mis amigas consideran eso tipos de temas muy infantiles y de nerd, incluyendo a Bartolomé.

Enseguida observo que se acerca un joven muy familiar pues era el más conocido por hacer ganar el equipo del colegio la temporada anterior en futbol, era casi una celebridad. Percibía que los dos hablaban con suma confianza y agradabilidad como si de una amistad a través de los años se tratara, un chico friki, tal vez, con el más popular de colegio, dos polos opuestos juntos, parecían hermanos.

Eso me llamaba mucho la atención, quería pertenecer a esa amistad, olvidarme de Bartolomé por un tiempo y tener otras amistades, una diferente, una que me haga sentir como yo misma, sin miedo a que piensen una cosa diferente, una que valore los detalles que guardo con anhelo sin temor a ser juzgada, quizás intentando eso sentiría que esos días pasarían como si fueran segundos. Eso esperaba.

... ... ... ... ... ... ...

El día de los diplomas llegó, la graduación estaba marchando con suma gracia, todos asistieron, estaba emocionada, me veía en el espejo sintiéndome como una pequeña mujer, mi padre estaba conmigo, orgulloso, tomándome foto de arriba abajo sin perder cada recuerdo en una imagen. En fila entramos al auditorio, me siento adelante, la silla número 12 tenía inscrita mi nombre en el espaldar, veía de reojo hacia atrás, insistentemente como si buscara a alguien, una persona con mucho significado , solo vi el rostro de mi padre y la abuela pero no a esa persona.

Conservaba la esperanza de su presencia —tal vez esté del otro lado, tal vez este atrás o tal vez esté llegando— pensaba con fervor, aún guardaba ese picoso amor—de los diez o más mensajes que le envié el mismo día, uno tuvo que a ver leído de vista, eso espero— pensaba.

El evento marchaba, era el turno del peculiar joven, el joven que salvó mi vida, el responsable de que estuviese aquí, subía al estrado un tanto cohibido, se veía que era tímido, su mirada quebradiza observando el atril un tanto inseguro o tal vez indiferente, como si no esperara gran cosa, recibió el diploma pero nadie le aplaudía — ¿Por qué será?— inquiría intrigada —Es un buen chico ¿Por qué no le aplauden?— en el auditorio se escuchaban susurros pero no el sonido de las palmadas, sorpresivamente se levanta el joven querido por todos, aplaudiendo, proclamando su nombre, el único que lo apoyaba en medio de un auditorio impasible, animándolo desde abajo, eso me conmovió, quise hacer lo mismo y me levanté, escucho los susurro de una amiga —¿Qué haces?— y grito

— ¡Felicidades Mac! Mac, Mac, Mac...—todos apoyaron unos segundos atrás hasta que los aplausos retumbaron los vidrios de las ventanas, vi su mirada y me encantó la alegría sorpresiva que emanaba, sentía que era un pequeño gesto de compensación por a ver hecho algo muy grande por mí y nunca lo olvidaré.

Al finalizar la entrega, todos querían tomarse fotos conmigo, me sentía una celebridad por afuera o estaré presumiendo, irradiaba alegría como la luz del sol pero por dentro sentía que me partía pues Bartolo ¡ahss...! mi querido Bartolo, no aparecía ni apareció.

La noche se acercaba, la fiesta de la Promo comenzaba, todos querían ir juntos a la discoteca y a celebrar toda la madrugada hasta el amanecer. A muchas suplicas eh insistencia logro convencer a papá, aquel maduro hombre por fin dejó que anduviera sin compañía paternal como una mujer, solo por esta noche, con una condición—A las 12 te vengo a recoger ¿Está bien?— afirmó muy entusiasmada, por fin podía ir a una discoteca.

Fui a mi casa, quería quitarme ese viejo uniforme marrón y la falda azul marino, guardarlo en el rincón más oculto del closet pues esta fue su último día de uso. Ahora venía lo bueno,  me estaba vistiendo con un top de rayas y una falda corta negra, bueno, por insistencia de papá me llegaba al tobillo pero se veía genial, me maquillé hasta parecer una muñeca de porcelana y más por mi piel clara. Seguí insistiendo, le volvió a escribir << "Sé que no pudiste venir pero quisiera que me acompañaras a la fiesta, por favor responde" >> espero con anhelo un mensaje, estaba nerviosa, me seguía retocando como mera excusa de pasar las ansias, vibra el teléfono, de un solo salto, lo cojo y reviso un mensaje, con desanimo me recuesto en la almohada pues era un mensaje de una de mis amigas << "Querida, ya voy saliendo ¿Quiere que te vaya a buscar? >> Resoplo ya que no era a quien esperaba. Decidida llamo pero adivinen que...   si, no contestó, volví a intentarlo hasta que me cansé, no quería ponerme a llorar otra noche como una tonta enguayabada, esperando un simple "hola" en un mensaje. Estaba cansada, acudo al teléfono y le respondo a mi amiga <<Si, te espero>>

... ... ... ... ... ... ... ...

De camino a la discoteca, andaba rodeada de mis dos leales, confidentes y mejores amigas, hablando de lo genial que será y que bailarían sin parar, incluso una se propuso en querer pasar la noche con un chico que le gusta. Mientras conversábamos observo desde lejos una escena que con toda mi vida deseaba a no a verlo visto jamás pero era inevitable y tal vez necesario, en un pequeño bar detrás de una ventana de vidrio, observaba una pareja sentada, hablando plácidamente hasta que por fin pasó lo que pasó, se besaron. Quería estar equivocada, volteo los ojos para seguir adelante, dándome ilusiones de lo que vi es tan solo una confusión de identidad hasta que escucho — ¿Ese no es Bartolomé?— inquiere una de mis amigas entrometiéndose en el mismo punto fijo donde aparté la vista.

—No, no es él, se parece pero no— cuestiono bajando el mentón.

— ¿Estas segura? Pues, se le parece tanto que hasta se diría que es el— dice otra.

—No, es imposible. El jamás me haría una cosa como esa y se los voy a probar.

Cruzo la calle, decidida, quería probarles que se equivocaban o tal vez quería probarme a mí misma que Bartolomé si me amaba, cada paso que daba mi corazón más se hundía en un abismo negro de la decepción, más detalle le veía y mi convicción se derrumbaba como un pilar de arena, hasta que por fin sedo al insoportable dolor. Entro al local y veo a ese asqueroso hombre intercambiando saliva con otra mujer, una más linda y mayor que yo, estaba tan destrozada que quería salir corriendo y llorar pero algo me impulsó a enfrentarle, cosa que no suelo hacer. Cuando me acerco, su rostro queda tan impactado como si hubiese visto la aparición de un espectro deseando robarle el alma y tal vez en su interior deseaba a que fuera eso y no yo.

—Rebeca— suspira sobresaltado, sin saber que decir.

— ¿Cómo pudiste?— inquiero con los ojos derramando lágrimas

—Eh, eh, no es lo que tú crees, ella es una amiga.

— ¿Amiga?— inquiere la desconocida chica observándome toda extrañada — ¿Quién es ella?— inquiere mirándolo con vehemencia. Bartolomé se hallaba entre la espada y la pared—Es, es, un...una... — tartamudea sin resolver alguna explicación —Esa niña ¿Es tu novia?— pregunta la chica con un asco en su mirada—Ehh, no, no... eh... no lo es— para mí fue más que suficiente, me sentía destrozada y humillada, salí disparada a la calle, mis amigas me llamaban pero huí solo huí, deseando alejarme de todos.

Toda la noche lloraba y lloraba hasta que sedo al sueño, pasa el siguiente día y andaba desconectada de todo el mundo, metida en el cuarto, el teléfono vibraba por los mensajes de mis amigas pero solo respondí << "Quiero estar sola">> mi preocupado padre, si se enteraba de lo que me hizo ese chico de seguro saldría y lo buscaría con ganas de dejarlo lisiado o algo peor, tocaba a la puerta guardando respeto a mi privacidad pero me limité a actuar como si todo anduviera bien y que solo estaba resfriada, quería olvidarme de todos para poder ahogarme en el dolor que sangraba mi corazón pero poco a poco se metía sentimientos de no saber más de ese desgraciado con encantadora sonrisa que destruyó todo mi deseo de amar. Al día siguiente en la mañana recibe un mensaje pues era de él

<< "Rebeca, lo siento pero no podía seguir aguantando, era mucho tiempo, no pude esperar más, soy un hombre y quisiera que me entendieras ¿Cuándo podemos vernos para hablar mejor?" >>

Ese mensaje en vez de aliviarme o algo, desató una fuerte rabia en mí, respondí << "Entiendo, fui una estúpida, una estúpida por a ver amado a alguien como tú, de confiar, dedicar, llamar y esperar a alguien que creía que haría los mismo conmigo, siempre confié en ti, siempre pensé bien de ti y siempre eh sido comprensiva aunque no me des alguna razón ni motivos, a veces sentía que estaba amando a una estatua ya que no me respondía, lloraba en las noches esperando una llamada o un simple hola, ni siquiera me dedicaste un tiempo para decirme un te quiero o decirme que no me amabas, ahora me siento una tonta por a verte dado todo de mí, todas mis lágrimas pero ahora no, no quiero saber más de ti y no te molestes en hablar y escribirme porque sé que ni lo haces, adiós" >>

Abandono el teléfono en la cama, me coloco los auriculares y me vestí con una camisa deportiva más un mono, quería correr solo correr y liberar la mente para no caer en alguna depresión, no quería seguir perdiendo tiempo en más lágrimas a alguien que no se lo merece. Amarró mis trenzas y con un suspiro de aire me animo en ir al parque.

Mientras corría de la nada veo un bulto confuso entre la maleza hasta que se descubre a la luz del sol, me asusto, intento agarrar un salto en huida pues pensaba que me iban a robar hasta que distingo sus rostros —Un momento ¿Ese es Mac y Cristian? ¿Qué les pasó?— y de allí, tratando de ayudarlos me involucré en su aventura. No sé por qué lo hice, ¿Acaso lo hice porque querer ayudarlo? ¿Lo estoy haciendo para huir o huir de mi misma? Hasta ahora no consigo la respuesta...


Continuará...

Hola queridos "Protylectores" espero que les haya gustado este anexos de la vida de Rebeca, sé que para algunos ella a sido un personaje un tanto pesado tal vez, que genera cierto estereotipo sobre las chicas lindas y odiosas pero quería dedicar un capitulo o quizás más hablando de sus vidas, demostrar que las apariencias a veces engañan y nosotros sin darnos cuentas nos convertimos en los monstruos prejuzgando a los demás sin conocer. Algo que hasta el mismo Mac debe aprender jejeje. En fin siguiente intriga: Ese tal Bartolomé está acosando a Rebeca, la chica tomó su decisión ¿Acaso tienen oportunidad de volver? ¿Acaso Bartolomé se convertirá en otro protagonista o quizás un villano? ¿Cristian permitirá eso? ¿En dónde está Mac? Todo eso lo sabrán en los siguientes capítulos, un saludo ^^

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