61. Capítulo Extra: Baba
Baba: Forma cariñosa de decir papá en árabe.
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Sarah miraba fijamente la prueba de embarazo positiva que sostenía en su mano. Era la cuarta que se había hecho ese día desde que Hamdan se fue temprano en la mañana, y decidió tomar esa última después de acostar a Fatima y antes de que su esposo volviera a casa.
Colocó la prueba en la encimera del baño junto con las demás. Tres tenía dos líneas y otra mostraba la palabra embarazada en la minúscula pantalla. Miró su reflejo en el espejo; rostro fresco, cabello largo y trenzado a un lado sobre el delgado tirante de su conjunto de pijama, deseando poder estar más emocionada con la inesperada noticia.
Escuchó la puerta de la habitación que se abría y la voz de Hamdan resonó hasta el baño. Rápidamente, Sarah abrió uno de los cajones y metió todas las pruebas de embarazo dentro. Hamdan continuaba hablando, seguramente estaba al teléfono y ella exhaló antes de seguir su voz hasta el vestidor.
Recargada en el marco de la puerta, lo observó; estaba sentado en el sillón, la kandura blanca se estiraba sobre la espalda encorvada. Hamdan se quitó el gorro de oración, lo dejó a un lado suyo y se rascó la cabeza.
La conversación estaba llegando a su fin, parecía que el día siguiente iba a ser uno bastante ajetreado. La llamada terminó, colocó el teléfono en el sillón junto a su "gorro", se puso de pie y giró, finalmente dándose cuenta de que ella estaba allí.
"Hola, hermosa." Le sonrió, caminando hacia ella.
"Hola." Le contestó Sarah luego de intercambiar un beso rápido en los labios. "¿Viste a Fatima?"
"Si. Me pareció tan grande..." Suspiró él, desabrochando los botones de su kandura. "No puedo creer que ya vaya a cumplir 18 meses."
"Una noche vendrás a casa y ella ya se habría ido a la universidad." Bromeó Sarah.
Hamdan resopló y negó con la cabeza. "Si es que quiere ir a la universidad."
Sarah se enderezó. "¿Disculpa?"
"Si. Digo..." Hamdan pasó por su lado para entrar al baño. "No todas mis hermanas han ido a la universidad y están bien."
A Sarah le sorprendió lo rápido que el enojo hizo que le ardieran los orejas, así que trato de mantener un tono calmado y se dio la vuelta para seguirlo. "Nuestra hija va a ir a la universidad, no tiene otra alternativa."
"¿Por qué?" Preguntó él encogiendo los hombros y quitándose su kandura para tirarla al cesto de ropa sucia.
Ella se detuvo unos segundos, esperando a que su esposo admitiera que estaba bromeando. Pero no fue así. Se quedó ahí parado en ropa interior esperando a que ella de verdad contestara la pregunta.
"Porque necesita tener una educación, Hamdan. El matrimonio y los hijos pueden esperar."
"¿Y qué pasa si ella no quiere?"
"¡No importa! ¡Va a ir de todos modos!" Arremetió Sarah. "Nació en esta posición ultra privilegiada, ¡podría ir a la universidad que quisiera! ¡Y no va a desperdiciar eso!"
"¿Por qué te molesta tanto esto? ¡Es una bebé!"
"¡Porque te necesito de mi lado! ¡Tenemos que ser del mismo equipo!" Gritó Sarah y Hamdan la veía anonadado. Ella tomó un respiro y regresó a su tono normal. "Quiero que ella salga a ver el mundo y que vaya a fiestas y que haga amigos de diferentes orígenes y que se enamore... ¿Sería tan terrible que ella experimente lo que yo tuve? Porque no pareciste tener ningún problema conmigo cuando nos conocimos."
"Sarah--"
Ella lo interrumpió. "Dime Hamdan, si algún día tenemos un hijo, ¿va a ir a Sandhurst?"
"Si." Le contestó él en un murmullo.
"¿Y después de eso?"
"Este..."
Sarah no podía creerlo. Para ella no sería diferente si Fatima hubiera sido un varón. "¡Eres un hipócrita!" Lo acusó.
"¡Así es como nosotros hacemos las cosas!"
No era la primera ocasión que recibía eso como explicación. Entrar a la familia real como la única mujer no emiratí había resultado ser todo un desafío, pero no iba a ceder con la educación de su hija.
"¿Y qué hay de la forma en yo hago las cosas?" Retó Sarah. "¿En dónde cedes tú?"
Hamdan dejó caer los hombros y giró lo ojos. "Habibti, por favor, estoy exhausto y con todo lo que está pasando--"
Las expresiones de Hamdan y el habibti fueron la gota que derramó el vaso.
Sarah dio un paso hacia adelante, sin que le importara no poder controlar su respiración. "¡No me importa lo que esté pasando en la ciudad! ¡O en todos los 7 emiratos juntos! ¡No me importa el Golfo Pérsico entero! ¡Me importa mi familia!"
Los ojos se le estaban llenando de lágrimas, lo que no ayudó a aplacar su enojo, así de se dio la vuelta y marchó hacia la habitación.
"¡Sarah!"
Él la siguió y trató de tomarla por el codo, pero ella dio un giro y le arrebató el brazo.
"¡Esta noche no duermes aquí!" Lo amenazó antes de continuar su camino hacia la cama.
"¿Qué? ¡No! ¡Odio al habitación de huéspedes!" Suplicó Hamdan. "¿Por qué es que estamos peleando?"
Sarah deshizo su lado de la cama. "No quiero hablar. ¡Vete!"
"Pero--"
"Solo vete..." Le rogó ella, cubriéndose la cara con ambas manos.
Lo escuchó yendo de regreso al baño y luego salir de la habitación. Una vez que se hubo ido, ella dejó salir los sollozos.
Todo era mucho más de lo que podía manejar al mismo tiempo, los cambios no cesaban. A riesgo de sonar malagradecida, Sarah extrañaba su antigua vida; sus padres, su trabajo, montar a caballo... Todo solía ser tan fácil y justo cuando estaba considerando volver a entrenar, resultó que estaba embarazada otra vez.
Pero lo que más extrañaba era a Hamdan.
Las lágrimas cedieron y Sarah se secó el rostro. Echando un vistazo a la pantalla del monitor para bebés en su mesa de noche, vio a Fatima profundamente dormida, con el trasero levantado como siempre lo hacía. Se metió en la cama y observó el lado de la cama de él, aún intacto. Fatima estaba dormida esa mañana cuando Hamdan se fue y estaba dormida cuando él regresó a casa. Era la tercera vez en la semana que pasaba lo mismo y Sarah se preguntaba si las extrañaba así como ellas a él.
La bebé empezó a quejarse y Sarah se sentó en la orilla de la cama para prestarle mejor atención al monitor.
Por favor duérmete otra vez, por favor duérmete otra vez...
Fatima se dio la vuelta en la cuna y los quejidos se convirtieron en llanto. Sarah se tornó cabizbaja y arrastró los pies hacia la puerta, pero antes de llegar a ella, escuchó la voz de Hamdan proviniendo del monitor. Se dio la vuelta y regresó a donde estaba sentada.
Hamdan había comprado un sistema de monitor para bebés ultramoderno con varias cámaras que les permitían ver cada rincón del cuarto de Fatima incluso en la oscuridad. Sarah cambió la cámara a una que mostraba una vista panorámica de la habitación.
Hamdan caminó hacia la cuna descalzo y sin camisa, vistiendo pantalones deportivos solamente, levantó a su hija y la recostó en su pecho, meciéndose de un lado a otro con la cabeza de la bebé sobre su hombro. Fatima se acurrucó en los brazos de su papá y Hamdan empezó a decir algo que Sarah no podía escuchar bien, así que subió el volumen.
Un nudo se le formó en la garganta cuando escuchó a su esposo recitar el poema que había escrito para Fatima poco después de que nació. Sarah cerró los ojos y escuchó, sintiéndose como la más tonta por los ridículos pensamientos que le habían estado rondando por la cabeza durante las últimas semanas.
Aún así, necesita escucharlo de él y hacer cambios era necesario.
Hamdan acarició el cabello de Fatima y le besó la cabeza antes de ponerla de vuelta en la cuna y cubrirla con su manta. Sarah se apuró hacia la puerta de la habitación y caminó en puntillas por el corredor hasta el cuarto de su hija.
Hamdan salió y cerró la puerta lentamente. "Está bien." Le aseguró en un susurro. "Ya está dormida de nuevo."
Sarah envolvió el cuello de Hamdan con sus brazos, incapaz de decir una sola palabra, buscando el abrazo que necesita de manera tan desesperada. Encontró consuelo cuando Hamdan la abrazó y en el fresco aroma proveniente de la suave piel de su marido.
"¿Qué está pasando? No estás bien." Se preocupó él.
Lágrimas rodaron por las mejillas de Sarah y él se apartó para mirarla, el rostro de Hamdan cayó cuando lo hizo. Seguía sorprendiéndolo el verla llorar.
"Oye..." Él secó las lágrimas con sus pulgares. "Ven, vamos a hablar." La tomó de la mano y caminaron hacia su habitación, pero él se detuvo abruptamente en la puerta. "¿Puedo entrar de nuevo?" Cuestionó.
"Si." Murmuró Sarah.
Hamdan cerró la puerta detrás de ambos, sentó a Sarah en el lado intacto de la cama y se agachó frente a ella, tomando las manos de su esposa entre las suyas.
"Habibti, háblame, porque me encuentro totalmente perdido." Le rogó apretando sus manos.
"¿Eres feliz?" Preguntó ella.
Hamdan juntó las cejas. "¿Qué?"
"¿Eres feliz?" Repitió Sarah. "Conmigo. Con nosotras. Fatima y yo. ¿Eres feliz con nosotras?"
"No entiend--"
Ella no lo dejó terminar. "¡Contesta la pregunta!"
"¡Si! ¡Mucho! ¡Si!"
"¿Entonces por qué ya nunca estás en casa?"
Las cejas de Hamdan se juntaron aún más, así que Sarah continuó.
"Solías estar obsesionado con nosotras y últimamente te vas más temprano y regresas más tarde de lo normal. Hay tantos días enteros en los que no ves a Fatima despierta y yo me la paso luchando para no dormirme antes de que llegues a casa para que al menos podamos darnos las buenas noches antes de irnos a la cama. Haces tantas cosas y te vas en esos viajes y nosotras no podemos ir contigo."
Hamdan abrió la boca para hablar pero Sarah lo detuvo con la palma de la mano y continuó.
"Y si, nos vemos seguido con tus hermanas para que los niños jueguen, y vamos a almuerzos y me encanta trabajar con tu mamá haciendo caridad y conocer a todas esas señoras importantes con Haya, ¿pero qué hay de nosotros tres?"
Sarah notó como él empezaba a darse cuenta de lo que pasaba.
"Ser mamá es tan difícil, Hamdan." Recalcó ella. "Y siento que yo estoy haciendo todo el trabajo, pero el asunto es que no tengo la más mínima idea de lo que tengo que hacer." La voz se le quebró y las lágrimas regresaron, pero se las arregló para seguir hablando. "Antes, sabía exactamente lo que hacía y era buena en ello, pero ahora no sé nada y mi cuerpo es extraño después del embarazo y tú nunca estás y yo... yo también estoy perdida."
Después de un breve momento de silencio, Hamdan inclinó la cabeza y plantó un largo beso en las manos de Sarah.
"Lo siento." Se disculpó él, mirándola a los ojos.
"Mira, yo entiendo que la gente te necesita, que tienes un trabajo importante y que siempre vas a ser un hombre ocupado pero yo te necesito, tú familia te necesita." Ella se acercó para hacer énfasis. "Tienes que hacer tiempo para nosotras porque no podemos ser las últimas en la lista."
Hamdan parpadeó un par de veces y Sarah secó las últimas lágrimas en su cara mientras él se puso de pie para sentarse al lado de ella.
"Siento mucho haberte fallado." Se disculpó él nuevamente.
Las palabras apretaron el corazón de Sarah.
"Bueno, no lo digas así." Consoló ella, pasando sus dedos por el cabello mojado de Hamdan. "Eres un papá grandioso y un buen esposo, pero he notado un cambio."
"Supongo que poco a poco he caído en mi vieja rutina. Todo el mundo me jala en direcciones diferentes y a veces es difícil encontrar el balance." Le explicó, bajando la mirada a su regazo. "Tú fuiste la única que no dijo nada y esperó pacientemente... hasta ahora."
"¿Estoy equivocada?"
Hamdan se enderezó y giró su cuerpo hacia ella, subiendo una de sus piernas a la cama. "No, no, no." Le aseguró, tomándola de la mano nuevamente. "Solo desearía que dijeras algo antes y no hasta que saliera de ti como un volcán en erupción."
Habían muchas cosas que Sarah llevaba en el corazón y no estaban saliendo de la mejor forma. Se dio cuenta de que necesitaba decirle con exactitud a Hamdan lo que ella necesita. Su esposo era muchas cosas, pero adivino no era una de esas.
"Si..." Admitió ella, mordiéndose el labio. "Perdón por eso."
"Y Fatima va a ir a la universidad."
Sarah saltó asombrada y lo tomó en un abrazo que hizo que Hamdan cayera acostado sobre la cama.
"¡Gracias!" Le dijo emocionada encima de él.
Sarah podía sentir como la risa hacía que el pecho de Hamdan retumbara y levantó la cabeza para darle un beso en los labios.
"Con toda honestidad, no lo había pensado." Confesó él. "Lo que pasa es que..." Hamdan suspiró y Sarah rodó para acostarse junto a él y dejarlo hablar. "No quiero que crezca." Enunció. "¿Me hace eso un papá horrible?"
"Creo que eso te hace un papá normal." Contestó Sarah.
"Quiero siempre verla correr a mis brazos." Continuó él con los ojos fijos en el techo. "Quiero que siempre piense en mi como el más grandioso y más divertido de los hombres."
"Bueno, cariño, sabemos que de los dos yo soy la divertida." Bromeó Sarah.
Hamdan giró la cabeza para verla. "¿En serio? ¿Con esos chistes tuyos?"
Sarah le pegó en el brazo. "¡Te encantan mis chistes!"
Hamdan se acostó de lado, riéndose y tomándola por la cintura para que ella estuviera en la misma posición y estar cara a cara, con las piernas entrelazadas.
"Amo tus chistes y todo lo demás que viene con ellos." Finalizó él, dándole un beso en la nariz.
"No te preocupes." Trató de aliviar Sarah, siguiendo la línea de la barba de Hamdan con su dedo. "La seguiremos teniendo con nosotros por al menos otros 16 años antes de que se vaya."
"¿Pero tiene que ser lejos?"
"No lo sé, ¿qué tal si quiere ir a UT como mis padres? ¡Vamos, Longhorns!" Sonrió Sarah, haciendo la señal tradicional del alma máter de sus padres, extendiendo el dedo pulgar y el meñique.
Hamdan no compartía su emoción. "Pero eso-- Eso está tan lejos..."
Sarah rió y echó su trenza para atrás. "Quizás quiera ir a la Universidad Americana aquí."
Él parecía aliviado con la idea. "Esa sería mi elección. Pero está bien. No diré una sola palabra y la dejaré decidir."
Aquél era el hombre con el que sabía que se había casado y ella tomó su rostro para darle un gran beso en los labios. Cuando intentó apartarse, Hamdan la mantuvo en su lugar tomándola de la nuca, profundizando el beso y atrayendo su cuerpo hacia ella.
Sin separarse, el rodó hasta quedar encima. Su barba dejaba un sensación rasposa mientras los labios de Hamdan bajaban por el cuello de Sarah y la piel se le erizó cuando los dedos de él bajaron el tirante de su top.
"Pensé que estabas exhausto..." Le recordó ella.
Hamdan se detuvo y la miró, apoyándose en ambos brazos. "Lo estaba, pero entonces empezaste a gritarme y enojada es como te ves más sexy."
"No estaba gritando." Mintió ella descaradamente.
"¡Si estabas gritando! Y siempre soy bienvenido en todas partes, pero tú me echaste de nuestro propio cuarto." Acusó él con los ojos apretados.
Sarah encogió los hombros. "Te lo merecías."
Hamdan sonrió y negó con la cabeza. "Por cierto..." Su rostro se tornó serio y bajó su cuerpo para dejarlo descansar sobre el codo y con la otra mano pasar el cabello de Sarah por detrás de la oreja. "Tu cuerpo no es extraño. Tu cuerpo es maravilloso, nos dio una hija."
La mano de Sarah subió a la mejilla de Hamdan. "Te odio, jeque. No puedo enojarme contigo."
Hamdan rió y continuó con su tarea anterior, sus labios dejaban puntos húmedos en el cuello de Sarah.
"Yo también te amo, señora Anderson - Al Maktoum." Le dijo entre besos.
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A la mañana siguiente, Sarah fue a la recámara de su hija sosteniendo una caja larga de joyería que ya no contenía el brazalete que Hamdan le había dado para su aniversario de bodas. Fatima se sostenía del barandal de su cuna con las dos manos y comenzó a saltar cuando vio a su mamá.
"¡Buenos días, hermosa!" La saludó Sarah, dejando la caja sobre la cómoda.
Fatima comenzó a balbucear, sus gruesos rizos marrones rebotaban de arriba abajo sobre su rostro y al rededor de su cabeza.
Sarah rió y le quitó el cabello de la cara, dejando ver las mejillas rosadas y grandes ojos expectantes. "Tu cabello al despertar es de otro mundo."
Besando el rostro de su hija, la llevó hacia el cambiador por un pañal nuevo. Después, Sarah escogió un gran moño que combinaba con las diminutas flores rosas y amarillas de la pijama de Fatima y le recogió los rizos, manteniéndolos lejos de su cara de forma permanente.
"Ahora ya puedes ver por donde vas, cariño." Dijo la nueva mamá, poniendo a su bebé en el suelo alfombrado.
Sarah se dirigió al cajón de accesorios para el cabello nuevamente para tomar una cinta, mientras le echaba un ojo a Fatima, quien se fue directo a despertar a Rooster. Desde que la cuna fue movida de la recámara principal al cuarto de Fatima, Rooster decidió pasar allí las noches, durmiendo en el tipi de la esquina, lleno de cómodos cojines en tonos pastel.
Sarah observó a Rooster aguantando pacientemente los ataques de amor de Fatima mientras envolvía la cinta amarilla alrededor de la caja de joyería, terminando con un lindo moño. Llamó a su hija y la bebé fue seguida por el labrador negro.
Sarah se arrodilló frente a ella y le presentó la caja. "Fatima, vas a darle esto a baba, ¿de acuerdo? Es un regalo para baba."
Los dedos regordetes de Fatima trataron de deshacer el moño.
"No, no, no." Corrigió Sarah.
Los grandes ojos cafés de Fatima se alzaron para encontrar los de su madre. Para Sarah era como ver los ojos de su esposo, enmarcados por largas pestañas rizadas.
"No es para ti. Es para baba. Vas a darle esto."
Fatima miró la caja y de nuevo a su madre. "¿Baba?" Preguntó la bebé.
"¡Si! ¡Baba!"
Fatima sonrió al entender y Sarah le dio la caja.
"¡Baba! ¡Baba!" Repitió Fatima.
Sarah se puso de pie y tomó la mano libre de su hija para caminar hacia la puerta. Rooster fue el primero en salir en un apuro obvio para ir a visitar los jardines, mientras que las dos chicas se dirigieron hacia la recámara principal.
Hamdan estaba despierto, sentado en la cama, terminando una llamada telefónica. Fatima se zafó de la mano de su mamá al verlo.
"¡Baba!" Gritó corriendo hacia él.
Hamdan le abrió los brazos a su hija y sonriendo la levantó, besándola en la barriga varias veces. Sarah permaneció junto a la puerta, mirando la escena. Fatima rió con las cosquillas de su papá y le puso la caja frente al rostro cuando la sentó en su regazo.
"¿Qué es esto? ¿Para mi?" Preguntó Hamdan, mirando a Sarah.
Sarah asintió.
Hamdan tomó la caja y Fatima se empujó hacia el suelo para ir por un par de juguetes que había dejado olvidados. Él deshizo el moño, abrió la caja y se detuvo por un momento cuando vio el contenido. Lentamente, puso la tapa a un lado suyo para sacar la prueba de embarazo.
Miró rápidamente a Sarah y de vuelta a la prueba. "¿Cómo?"
Sarah no contestó y solamente levantó las cejas.
"Quiero decir, sí sé cómo." Aclaró Hamdan una vez que vio la reacción de su esposa. "Pero no estábamos intentándolo."
"Lo sé... Pero ocurrió."
Una sonrisa comenzó a jugar en los labios de Hamdan. "¡Entonces ven acá!" Le pidió él, dejando todo sobre la cama y abriendo los brazos en la misma forma que lo había hecho unos momentos antes.
Sarah se apresuró y se abrazaron con la mejilla de él descansando sobre el corazón de ella. Hamdan miró hacia arriba y ella se agachó para un beso.
Gentilmente la empujó hacia atrás y le besó el estómago. "Es un niño." Afirmó él.
"¿Cómo podrías saberlo? ¡No hay forma!"
"¿Me equivoqué con Fatima?"
Sarah volteó los ojos. "No."
"Simplemente lo sé." Dijo Hamdan encogiendo los hombros. "¿Podemos llamarlo Rashid?"
Sarah pasó los dedos de ambas manos entre los gruesos rizos de Hamdan. "Si, si podemos."
Él sonrió y bajó la mirada al torso de Sarah. "Hola, Rashid." Saludó, frotando la nariz sobre la tela sedosa del top de su esposa. "Bienvenido a la familia."
Sarah contuvo las lágrimas y Hamdan la miró de nuevo.
"¿Tú cómo estás? ¿Estás bien?" Le preguntó. "Querías volver a montar..."
"Estoy bien." Le aseguró ella. "Eso tendrá que esperar."
"¿Acabas de enterarte?"
Sarah negó con la cabeza. "Ayer."
Hamdan la observó con empatía. "Esa es la última pieza del rompecabezas." Dijo casi que solo para él mismo y se levantó para abrazarla apropiadamente.
Sarah enterró su rostro en el pecho de Hamdan y sus dedos se aferraron a su espalda musculosa.
"Todo va a estar bien." Le susurró él al oído. "Aquí estoy. Aquí estaré, no estás sola."
Ella tuvo que tragar el nudo en su garganta y asintió con la cabeza como respuesta.
"¡Fatima!" Llamó Hamdan.
Su hija se dio la vuelta con un oso de peluche en las manos.
"¡Vas a ser una hermana mayor!" Le anunció Hamdan, dejando a Sarah para levantar a su hija. "¿Qué opinas? ¿Quieres tener un hermanito?" Le preguntó mientras la cargaba.
"¡O hermana!" Añadió Sarah.
"Es un niño." Insistió Hamdan.
Sarah rió y caminó hacia ellos, extendiéndole los brazos a Fatima. "Ven acá, cariño, baba necesita prepararse para trabajar."
"De hecho, cancelé todas las citas del día." Le informó Hamdan. "Quizás podrías llamar a la cocina para tener un desayuno relajado aquí arriba y celebrar."
Las lágrimas se acumulaban nuevamente y Sarah no pudo contenerlas más.
"¿Estás llorando?" Le preguntó Hamdan,
Sarah se cubrió los ojos con la mano. "¡Calla!"
Hamdan la trajo hacia él con un brazo para un abrazo familiar. "Habibti, creo que estás muy, muy embarazada." La consoló él, besándole el cabello.
"¡Lo sé!" Lloró ella.
Hamdan le acarició la espalda amorosamente. "¿Compraste la casita de juguete que querías para Fatima?"
Sarah levantó la cabeza, secando sus mejillas. "No."
"Pues podríamos ir por una. ¿Y qué hay de ese restaurante nuevo que querías probar?"
Sarah quedó boquiabierta.
"¿Qué?" Preguntó Hamdan. "Estoy ocupado pero aún así escucho todo lo que me dices."
Aquello era todo lo que ella necesitaba, un abrazo, apoyo y tiempo. Sintió que el corazón le iba a explotar. Sarah tomó el rostro de Hamdan con ambas manos y le dio un largo beso que fue interrumpido por la mano de Fatima que la apartaba.
"¡Oye!" Protestó ella. "¡Es mío! ¡Yo lo vi primero!"
Fatima se envolvió alrededor del cuello de su papá posesivamente y reposó la cabeza sobre su hombro.
Hamdan rió y jaló a Sarah de la mano para hablarle al oído. "Siempre serás mi chica número uno."
Sarah sonrió y se dio la vuelta para ir a llamar a la cocina y darles nuevas instrucciones. Después de colgar, observó a Hamdan y a Fatima al otro lado de la habitación, él la lanzaba por los aires y la atrapaba con ambas manos para hacerle cosquillas con la nariz. Las risas de su hija alegraban su ya de por si brillante mañana de primavera.
Las manos de Sarah bajaron instintivamente a su estómago, finalmente sintiéndose llena de gozo por traer una nueva vida a su feliz familia, teniendo la certeza de que todo iba a estar bien.
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¡Holaaaa!
¡No me morí! Aquí sigo. Este es el final absoluto de esta historia, si llegaste hasta aquí... no tengo palabras para agradecer tu tiempo.
¿Qué sigue después de esto? Pues si no has leído Coming Home y si no te molesta tener al mismo protagonista, pero viviendo en un universo alterno entonces, ¡deberías leerla!
Además, estoy cerca de terminar otra historia (que nada tiene que ver con estas) y esta vez empecé a escribirla en español para después traducirla al inglés, así que esa será la primer versión disponible.
¡No dejes de seguirme para que no te pierdas de nada!
Besos,
Sophie.
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