Capítulo 30

Un suspiro salió de tu boca, cada que sales de un problema viene otro, y ahora es que la vienen los exámenes; vas a tener que estudiar durante toda la semana para el lunes aplicar, así que tampoco vas a poder ir trabajar. Recogiste tus cosas, vas a ir a la biblioteca sólo porque será más tranquilo que en casa, tus compañeros aún seguían saliendo mientras platicaban; esta es una de las tantas veces que agradeciste no haberte metido en ningún club. Justo cundo levantaste tu vista, tus ojos fueron a dar a los de un compañero; miraste hacia todos lados con confusión, él parecía querer decir algo, pero no lo hacía.

—¿Puedo ayudarte? —preguntaste intentando sonar amable.

—Sí, en realidad sí... —respondió en voz baja, casi en un murmuro difícil de escuchar.

Creías que sólo iba a molestarte y diría que no, ya te habías arrepentido.

—¿Qué es? —te colgaste la mochila a los hombros y comenzaste a caminar.

—Yo solía estudiar con Kiru y sus amigas... Pero ellas me dejaron de hablar y necesito a alguien con quien estudiar —explicó siguiéndote.

Otro suspiro salió de tu boca. Esas chicas son un total desastre, en ese grupito está la niña que intentó regalarte algo, y se enojó porque no la quisiste ayudar. Ahora te metieron en otro problema, bien puedes rechazarlo y dejarlo a su suerte, pero también necesitas estudiar; practicar con alguien más quizás sea más efectivo. Te gustaría ser tan prodigio como Shinobu para usar tu tiempo en más cosas de provecho, lo malo es que ella también está ocupada y no van a estudiar juntas. El hecho de que este chico te proponga esto te viene como anillo al dedo.

—Dejame recordar tu nombre... ¿Yuu?

—Ese es mi apellido.

—Lo siento mucho, te diré Yuu aún así —volteaste a verlo. —Tengo muy poco tiempo libre, ahorita iré a la biblioteca a estudiar un poco, si quieres vamos los dos.

—Está bien...

Los dos caminaron hasta el lugar mencionado, cuando llegaron ahí tomaron una mesa y se sentaron. Tomaste lugar al lado de él, dejaste tu mochila en la silla de al lado y sacaste algunos libros y libretas. Él azabache hizo lo mismo.

—¿Empezamos con historia? No quiero pensar demasiado ahorita.

—¡Claro!

—Por cierto... ¿Por qué me pediste ayuda a mí?

—Porque vi que Kiru te molestó y no fuiste mala persona con ella —respondió.

Kyojuro se recostó sobre sus brazos, bostezó. Se tuvo que levantar de su asiento para no quedarse dormido, no durmió bien la noche anterior debido a que se quedó calificando algunas cosas, haciendo la planeación para sus próximas clases y también quizo avanzar con las preguntas para el examen. Así que muy desocupado no está, intenta aprovechar la mayor parte de su tiempo para poder estar libre después. Caminó hacia la pared y se recargó en ella, luego sacó su celular y decidió escribirte un mensaje. Miró la sala vacía, tomó sus cosas y salió. Creyó que la biblioteca al ser un lugar tranquilo le sería de ayuda para terminar, de esta manera si Uzui lo llega a ver; ni podrá hacer tanto alboroto o preguntas incómodas.

Cuando entró con la mirada buscó un lugar en donde sentarse, sus ojos se fijaron en ti, pero también en la persona en frente tuyo. Vio como tomaste tu libreta y luego te inclinaste hacia aquel sujeto.

Si bien te tiene mucha confianza, no pudo evitar sentirse algo celoso de que ustedes no puedan hacer cosas así con normalidad. Se acercó a ti y al chico, tomó asiento a un lado de Yuu, quien lo miró con sorpresa.

—¡Rengoku sensei! —exclamó el azabache cuando volteó.

—¡Hola chicos!, ¿qué hacen?

—Estudiamos juntos —respondiste alejándote de tu compañero. —Para los exámenes.

—¿Quieren ayuda?

Una sonrisita se formó en tu rostro, tuviste que ocultar tu emoción; te mordiste la lengua para no decir ninguna estupidez, no puedes llamarlo por su nombre ahora y debes ser formal. Tampoco quieres molestarlo porque sabes que él también está ocupado, tuviste que tomar una decisión rápido.

—¡Sí!

—¡No!

Tú y tu compañero se miraron, mientras que tú respuesta fue negativa y la de el positiva dudaron, Kyojuro ladeó un poco la cabeza.

—No, de seguro también estás... Está cansado, profesor, y no queremos molestarlo.

Explicaste dándole leves codazos al azabache a un lado tuyo para que no se quejara. Rengoku al ver eso se sintió extraño, ni siquiera puso atención a tus palabras. Se quedó callado un momento, la expresión en su rostro demostraba que se encontraba pensando en algo, pero antes de que él pudiera hablar, Yuu se adelantó por él.

—Estamos estudiando historia, si nos ayuda sería perfec-...

—Que no, Yuu, podemos estudiar los dos sin tener que molestar a nadie más —lo interrumpiste.

—¡Pero tú ya has estudiado junto al profesor!

—¡Pues por eso no quiero molestarlo más!

Los dos se callaron, bajaron la voz de inmediato; al cayeron en cuenta de que se encuentran en la biblioteca. En el rostro del mayor apareció una sonrisita, también un gran deseo de no dejarte sola, le pesa demasiado el hecho de que tenga que tratarte como su alumna. Se aclaró la garganta haciendo que los dos le pusieran atención.

—¡Puedo ayudarlos a estudiar un poco y trabajar junto a ustedes!, ¿Está bien?

Un suspiro salió de tu boca.

—¡Eso sería perfecto! —exclamó Yuu.

Le diste un leve codazo.

—Lo siento —dijo mirándote y bajando la voz.

—No hay nadie, pero ten respeto.

—Hace un momento grita-...

—¡Bueno!, ¿en qué necesitan ayuda?

Kyojuro interrumpió al joven antes de que terminara de hablar, le sacaste la lengua a tu compañero para después ponerle atención a tu maestro. Le explicaste que están estudiando, también le dijiste que tratan de recordar las fechas; todo esto enseñándole tu libreta. Pasó un tiempo que los ayudó, el chico de cabello azabache tuvo que irse porque quería ir al baño; así que te quedaste sola con el rubio. Lo miraste de reojo cuando Yuu se fue, estaba escribiendo en unos papeles, él subió la mirada y se encontró con la tuya; tu rostro se puso rojo, desviaste la mirada.

Tu pareja sonrió, dejó a un lado el bolígrafo con el que estaba escribiendo y te puso atención.

—Me enorgullece que te sigas esforzando en historia —dijo murmurando.

—¿Cómo podría dejar de hacerlo? Tampoco puedo aprovecharme...

—¿Puedo pedirte algo?...

Se inclinó un poco hacia delante, pues estaba sentado en frente tuyo.

—¿Qué es? —preguntaste con curiosidad.

—Bésame.

—¿Eh? —no creíste que las palabras que dijo fueran las que escuchaste.

Todo tu rostro se ruborizó, tus mejillas ardieron, una risita se escapó de la boca de Rengoku; dejó de verte y volvió a tomar el bolígrafo poniendo atención a sus papeles de nuevo, sin embargo siguió hablándote a murmuros.

—¿Por qué dices ese tipo de cosas aquí? —también volviste a ver tu libreta.

Tragaste saliva.

—Me gusta ver cuando estás nerviosa, eres muy linda —te miró. —Aparte...

Se quedó callado durante un momento, también levantaste la mirada para verlo.

—¿Estás bien? —preguntaste. —Lo digo por tu trabajo, debe ser estresante. Por favor cuida de tu salud, Kyojuro.

—¡Está bien, estoy perfectamente! —respondió.

Vaya mentira.

Al día siguiente llevaste un abrigo, ya no es época de lluvias, pero aún así llovió el día de ayer. Al llegar a la escuela te encontraste con Shinobu mientras caminabas hacía tu clase. Aún era temprano así que decidieron salir a sentarse y platicar un poco. Estuvieron así hasta que tocó el timbre y las dos tuvieron que ir corriendo a sus salones; pasaron un par de clases hasta que recibiste un mensaje suyo, a ella le toca historia, pero Kyojuro no asistió a la escuela; el último mensaje que recibiste de su parte fue uno de buenos días. Tragaste saliva, sabiendo que ibas a cometer una tontería levantaste la mano para hablar con Kanae.

Inventaste una mentira creíble, la pensaste tan rápido que hasta te pusiste nerviosa, saliste rápido del aula y también del colegio.

Esperaste a que pasara un taxi cuando te alejaste algunas calles, te subiste y le dijiste la dirección de la casa de tu pareja para que te dejara ahí; cuando llegaste te bajaste, pagaste y luego buscaste las llaves para poder entrar. Casi te da un infarto porque no las podías encontrar, caminaste hasta su puerta y la abriste, la cerraste con cuidado. Lo viste en el sillón, sentado y envuelto con una manta; volteó a verte, en su rostro apareció una expresión de sorpresa.

—¿Qué haces aquí?, ¿no deberías estar en la escuela?

—Larga historia... ¿por qué no me dijiste que estás enfermo?

—Porque iba a suceder esto —respondió.

Se quitó la manta y dio algunos golpecitos al sillón, indicandote que te sientes a su lado, lo hiciste.

—Si me lo hubieras explicado, pudo no haber pasado —dijiste mientras podías tu mano en su frente. —Ayer me dijiste que estabas bien.

—¡Son cosas que pasan! —una risita salió de su boca.

—Sabías que me iba a preocupar y te preocupaste de que lo hiciera —suspiraste. —¡Ahora sólo por eso me quedaré aquí, cuidándote!

—Pero, amor, ¿y tus cla-...?

Pusiste uno de tus dedos en frente de sus labios, guardó silencio.

—Estaré aquí todo el día, vamos a tu habitación, la cama es más cómoda.

Kyojuro asintió, se levantó, tomó la manta y te siguió. Cuando llegaron se acostó en la cama y tú lo arropaste; sus mejillas no solo están rojas por la fiebre, le está dando mucha ternura la manera en que lo cuidas.

—¿Te sientes muy mal? —preguntaste.

—Un poco —respondió.

Un suspiro salió de tu boca.

—Ayer fui al doctor, tranquila, cariño. Estaré bien —dijo mientras estiraba su brazo para tomar tu mano.

—También es porque estás estresado, ¿verdad? —lo miraste. —Date un descanso y libera tu estrés... ¡Hoy te ayudaré! Así que asegurate de descansar bien, mañana también vendré si te sientes mal.

Exclamaste. Una risita salió de tu boca, soltó tu mano cuando vio que querías levantarte. Fuiste a buscar un paño para mojarlo con algo de agua y volviste para ponérselo en la frente. Ibas a ir a buscar una silla para sentarte a su lado, pero Kyojuro se inclinó hacia ti y te detuvo tomándote de la cintura, te jaló a la cama; caíste a su lado. Lo miraste, había una expresión tranquila en su rostro a pesar de lo mal que se ve. Tomaste sus mejillas con tus dos manos y las acariciaste, lo atrajiste hacia ti, cerraste los ojos y lo besaste. Rengoku se sorprendió, no esperó que fueras a hacer eso y en cuanto iba a corresponder ya te habías separado.

—Ayer me lo pediste —fue tu respuesta.

Sus labios se curvaron, con su mano te quitó un mechón de cabello de la cara.

—A veces eres mala conmigo, ¿sabes?

—Tú también podrías serlo y no me quejaría nunca. ~

Se le escapó una risita.

—No digas ese tipo de cosas, bebé, mucho menos ahora que estoy enfermo —suspiró.

—¡Oh! ¿Ya desayunaste?

Negó.

—Desperté hace poco, no tengo mucha...

—¡Te haré algo, desayunemos juntos!

Te levantaste de golpe de la cama, Kyojuro vio como saliste de la habitación corriendo; se estiró mientras sonreía. Dio en el blanco contigo, aunque debe admitir que, sí le molestó un poco que salieras de la escuela sólo por venir a cuidarlo. Quitó el paño de su frente y se levantó para seguirte, salió de su habitación y esperó en el comedor, iba a preguntar si necesitabas ayuda, pero está más que seguro que vas a responder con un rotundo no. Puso sus codos sobre la mesa y recargó su cara sobre sus manos; mirando con atención como cocinas, un suspiro salió de su boca, se siente muy feliz de tenerte con él y que te encuentres en este momento lo pone aún más alegre; después de todo dejaste la escuela sólo para cuidar de él.

Buscaste que es lo que había, algo que te sorprendió la primera vez que estuviste en casa de Kyojuro, es que, toda la alacena está muy completa para que una sola persona viva en un lugar tan grande. No sabías que preparar, optaste por hacer unos hotcakes; no es muy tardado y saben bien.

Terminaste como media hora después, un poco más. Le serviste a Rengoku y luego te sentaste a su lado, no te quedaron tan bien como aquella vez que él los hizo, pero son comestibles.

—¿Qué hay de tus estudios? —preguntó el rubio.

—Mañana volveré a estudiar con Yuu, no pasa nada si no lo hago un día —respondiste tomando un poco de leche.

—¡Eres grandiosa, cariño!

—¿A qué se debe repentino halago? —tartamudeaste.

—Es sólo que estoy feliz, viniste aquí conmigo y me hiciste el desayuno...

—Tú has hecho mucho más por mí, esto no es nada —respondiste sonriendo.

Sus labios se curvaron.

—Te amo mucho, ________.

Tus mejillas se pusieron calientes, le diste otro trago a tu leche por puro nerviosismo. Dijo tu nombre de una forma muy diferente a lo usual, usó un tono distinto y sonó muy bonito.

—No digas mi nombre de esa manera... —murmuraste mientras seguías comiendo.

—¿Por qué? —preguntó.

Ahí caíste en cuenta de que está jugando, la mirada de Kyojuro, ese brillo en sus ojos, una risita se escapó de tu boca; negaste ante su pregunta. Los dos continuaron comiendo, al terminar también lavaste los platos para que él no tocara el agua fría. Se volvieron a acostar y poco después, Rengoku terminó quedándose dormido. Le quitaste el cabello que tapaba su cara para poder verlo bien, está respirando de manera tranquila, pero tiene el ceño fruncido. Se ve muy lindo de esa manera, tan indefenso... Dejaste un beso en su frente para luego salir de la cama con cuidado, tomó tu mano, pero fue un reflejo pues seguía dormido; «¿qué estará soñando y por qué habrá dicho mi nombre?» te preguntaste.

No agarró tu mano con tanta fuerza, así que fue fácil que te zafaras de su agarre, tomaste su mano y le diste un beso en el dorso. Miraste el rostro de tu pareja y viste que tenía una sonrisa en la cara.

Saliste del cuarto para ir a la sala, te fijaste en la hora y tu celular te asustó cuando comenzó a sonar.

"¿¡En dónde estás, por qué te fuiste y por qué le dijiste esa mentira a Kanae!?"

Eso fue lo primero que escuchaste al responder, una risita nerviosa salió de tu boca; Shinobu suena molesta más no enojada, de seguro tuvo que mentir también por culpa tuya.

—Kyojuro está enfermo... —respondiste, ella suspiró. —Acaba de quedarse dormido, se ve muy lindo... ¡Oh! Espera, te voy a colgar, te marco en unos minutos.

Ni siquiera le diste tiempo de responder, volviste al cuarto, habías dejado la puerta entrecerrada así que no tuviste que hacer ruido al entrar. Pusiste la cámara en tu celular, y te acercaste a la cama para sacarle una foto a Kyojuro, quizás no es la situación más apropiada o el momento, pero casi no tienes fotos suyas. Encontraste el ángulo correcto muy rápido, Rengoku es realmente atractivo, un suspiro salió de tu boca. Esta vez apagaste la luz de la habitación y saliste para no molestarlo.

Volviste a llamar a Shinobu y estuvieron hablando mientras ella comía, fueron unos 20 minutos, tuvo que colgar después.

No querías procrastinar, así que te pusiste a estudiar ya que tu pareja sigue dormida. Luego de un tiempo te cansaste de ver tantos números, decidiste tomarte un descanso; te paraste y buscaste la escoba para barrer, limpiar un poco tal vez, sin embargo el lugar sigue estando impecable. Barriste un poco, luego volviste al cuarto de Kyojuro para revisar como estaba, cuando prendiste la luz frunció el ceño un poco. Tocaste su frente y viste que estaba sudando, un suspiro de alivio salió de tu boca.

Fuiste al armario para buscar ropa más fresca. Ya no te acordabas y al parecer a tu pareja también se le olvidó; en la esquina del armario, hasta el frente estaba la ropa que tenías la primera vez que lo hicieron; te diste un par de palmadas en las mejillas y así concentrarte, no obstante, el color carmesí tardó en desaparecer de tu rostro. Cuando encontraste algo más fresco, lo tomaste y fuiste a donde el rubio.

—Kyo... —lo moviste con cuidado —Kyo, despierta... Amor.

En cuanto dijiste la última palabra, abrió los ojos lentamente. Le quitaste el paño de la frente y con ese mismo le limpiaste el sudor que tenía.

—Me llamaste amor... —se sentó en la cama mientras bostezaba.

—¡Sip! Amor —una risita se escapó de tu boca, él sonrió. —Hay que cambiarte ese suéter por algo más fresco, Kyo.

—¿Me ayudas?

—Eso iba a hacer de cualquier manera, amor.

—Si tengo que enfermarme para que siempre me trates así, no dudaría mucho, es lamentable que no pueda tomar esa opción por ser profesor...

Suspiró.

Una risita salió de tu boca, desabotonaste los botones de su suéter y luego se lo quitaste, seguido de la playera que tenía. Tuviste que contener tus pensamientos cuando lo viste con el abdomen desnudo, le pusiste la camisa que buscaste y luego acomodaste su cabello.

—De cualquier manera eres la única persona con la que tengo este tipo de atención —respondiste tomando su mano.

—No quiero volver a dormir, ¿qué hora es?

Miraste el reloj en tu muñeca.

—Son las 12:48 de la tarde, ¿quieres que me quede contigo?

—Acuéstate conmigo un rato —te tomó de la cintura y los dos se acostaron en la cama.

Él está detrás de ti, su calidez llegó a tu cuerpo, sus brazos te apretaron con cariño; parece que no quiere que te vayas y se nota. Sentiste su respiración en tu cuello, te relajaste en sus brazos.

—¿Qué hiciste mientras dormía? —preguntó.

—Me puse a estudiar un poco, hablé con Shinobu y limpié la casa.

—No debiste de molestarte, bebé...

Movió su mano y la puso encima de la tuya, sonreíste, cubre tu mano casi por completo.

—Está bien, no fue nada —respondiste.

—¿Puedo hacer algo personal? Está bien si no quieres contarlo, pero tengo algo de curiosidad.

Te volteaste, él se hizo un poco hacia atrás para que te pudieras acomodar bien, cuando lo hiciste te volvió a abrazar acercándose.

—Sé que yo lo pedí, pero no quie- —lo interrumpiste, negaste.

—Pregunta.

Kyojuro suspiró.

—¿Por qué tu madre se lleva tan mal contigo?

—Es una historia muy larga, antes éramos buena familia. No tengo muchos recuerdos de mi padre, pero sé que se fue y antes de hacerlo dejó una carta. Yo fui quien la encontró y se la dio a mi mamá, la había leído antes, pero...

Desviaste la mirada.

—De verdad entiendo si no quieres contarlo, cariño —negaste.

—Eres mi pareja, lo preguntaste, está bien si lo sabes.

Kyojuro acarició tu mejilla.

—Lo recuerdo perfectamente, en aquella carta decía que quería que yo fuera buena persona, lo cual es una ironía. Había un mensaje para mí, antes no lograba entenderlo, pero mi padre dejó de querer a mi mamá. Él intentó regresar, ¿sabes? Ella no lo dejó, al parecer él había dejado de quererla, mi mamá no pudo aceptarlo. Tenía 12 años cuando me enteré que había fallecido...

—Bebé... —el rubio limpió la primer lágrima que salió de uno de tus ojos.

Te abrazó con fuerza, escondiste tu rostro en su pecho intentando no llorar. Se formó un nudo en tu garganta, te relajaste un poco cuando sentiste las caricias que tu pareja te da en la espalda. Un suspiro salió de tu boca, llevaste tus manos al pecho de Rengoku, él te acercó más.

—Lamento haber preguntado... —murmuró.

—Está bien, ya no somos sólo alumna y profesor —respondiste con una risita.

Te alejaste un poco para verlo a la cara, te estiraste un poco y dejaste un beso en su mentón. Kyojuro sonrió.

—Tengo muchísimas ganas de besarte, pero no puedo hacerlo...

—Parece que lo dices para que yo lo haga.

Río.

—No es eso de verdad, es solo que me encanta estar contigo, ________.

—No digas mi nombre de esa forma, Kyojuro... —desviaste la mirada.

—¿Cómo? —preguntó con una risita.

Se acercó más a ti, murmuró en tu oreja.

—¿_______...?

Hizo que te dieran escalofríos, se separó riendo.

—¡Kyojuro! Me gusta, pero...

—¿No querías que fuera malo? —todo tu rostro se puso rojo.

Ocultaste tu cara en su pecho, tomaste un extremo de su camisa y la apretaste en tu mano; él puso una de sus manos en tu nuca y la otra en tu cintura.

—No de esa manera... —murmuraste avergonzada.

—Bueno... ¡Sólo porque estás aquí conmigo y cuidándome, te daré la oportunidad de pedir lo que quieras!

—Ya sé que quiero.

Te alejaste un poco para poder verlo.

—Quiero guardar la oportunidad para otra ocasión —él río.

—De verdad eres inteligente.

Él te soltó, te alejaste un poco más, con tus dos manos tomaste sus mejillas, cerró los ojos pensando que le darías un beso en los labios, pero estos fueron a dar a su frente. Volviste a acomodarte como estabas antes, él te volvió a rodear con sus brazos.

—No me quejaré sólo porque estoy enfermo —exclamó.

Te quedaste callada por un momento.

—¿Tu mamá era una buena mujer? —preguntaste volviendo a esconder su rostro.

Bajó su cabeza para verte, sus labios se curvaron formando una sonrisa.

—Lo era, le debo a ella lo que soy ahora.

—Me habría encantado conocerla, de seguro también era una mujer hermosa —murmuraste.

—Estoy seguro que a ella también le habría encantado conocerte, estaría feliz de que salga contigo —respondió y dejó un beso en tu cabeza.

—No es para tanto... —dijiste con pena.

—Bueno en realidad una vez me acompañaste a visitarla, lo hiciste como mi alumna, pero... ¿Te parece bien si volvemos a verla? Para presentarte como mi pareja, oh y mi padre también se enteró.

—¡Me encantaría! Aunque no me recuerdes eso, que pena... Y no creo estar preparada para ver a tu padre.

—Está bien, no te pido nada, hagámoslo cuando te sientas cómoda.

Apretaste la ropa de Kyojuro y la soltaste al instante. Asentiste para después volver a verlo, le diste un beso en el cuello que fue lo que más cerca te quedó. Tu pareja entrecerró los ojos, un suspiro salió de su boca, se movió un poco y te movió a ti para quedar a la misma altura. Acercó su rostro a tu cuello y empezó a dar muchos besos, te sobresaltaste, se alejó un poco después.

—¡Yo también puedo hacer lo mismo! —te dijo mirándote y haciendo un puchero.

—No ahora, por favor... —respondiste tomándolo de la mano.

—¿Entonces quieres hablar de ello?

—¿Eh?

Tu rostro estalló en color rojo, Kyojuro río, de verdad le encanta verte nerviosa o avergonzada, mientras más tiempo pasan juntos va descubriendo más formas para que te pongas así. Te tomó de las mejillas para verte a los ojos, pusiste tu mano encima de la suya y cerraste los ojos.

—¿Sabes? Debo admitir que siento algo de celos cuando estamos en el colegio...

Cuando abriste los ojos viste que veía hacia otro lado, no ibas a hacerlo, pero esas simples palabras hicieron que te dieran ganas de besarlo. Te acercaste a él y cerraste los ojos una vez sus labios estuvieron a un centímetro de separación de los tuyos, lo besaste por sorpresa, Kyojuro te miró; se relajó y también cerró los ojos para corresponder, pero poco después fue él quien se separó.

—Me voy a sentir realmente mal si tú si llegas a enfermarte, bebé —besó tu mejilla.

—No se vale, pero lo aceptaré sólo porque así piensas.

Revolvió tu cabello.

—Avísame cuando quieras comer para preparar algo. Quiero empezar a practicar para el futuro. ~

Tus palabras lo hicieron ruborizarse, iba a hablar, pero le ganaste.

—Te saqué una foto mientras dormías... —confesaste. —Aunque yo quiero una de nosotros dos...

—Más al rato podemos tomarnos algunas y que tramposa eres.

—Eres más tierno de lo que imaginas, solecito.

Su rostro se puso más rojo, esta vez sí fue notorio.

4K de palabras OMG

¿Les gustó?, ¿si es uno de sus favoritos? 😔🙏🏻

Ya sabemos un poco más sobre el pasado de la rayita, también comienzo a desear una relación con la confianza que se tienen estos dos y... Una relación XD

ACLARO que si bien los CELOS son MALOS, todos los sentimientos son inevitables y no son malos si se saben sobrellevar pues... Son buenos XD Todo sin exceso plisu 😭🙏🏻

Gracias de nuevo a las personas que se preocupan por mí, pero escribir no es difícil... Sí cansa un poco, mentalmente, pero no es nada del otro mundo. Si puedo actualizar diario lo hago con gusto, igual me cuesta mucho esperar para publicar un capítulo so... Mejor lo publico de una XD 🧸

Pd: publico en la noche pa' despertarme y leer sus comentarios, así que si comentan me harán la escritora más feliz del mundo, besos xoxo (๑'ᴗ')ゞ🌺

Perdon x los errores ortográficos 🙏🏻

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